La formación del hombre se ha producido paralelamente a la del
universo.
En el origen, el ser humano estaba constituido por una
simple esfera fluídica. No tenía ni pulmones, ni estómago, ni
miembros, sino solamente una cabeza que se desplazaba como una
medusa en un océano de fuego. Cuando una parte de este fuego se
condensó para producir el aire, se formaron los pulmones. Más
tarde, una parte del aire se condensó para producir el agua,
formándose el estómago, el vientre y los intestinos. Por fin, una
parte del agua se condensó para producir la tierra y los brazos y las
piernas quedaron formados.
Pero estos cuatro elementos que constituían la sustancia del
hombre y del universo, no eran los elementos materiales que
conocemos; eran de naturaleza etérica, sutil; y el hombre así
formado no existía aún en el plano físico.
El hombre no comenzó a
materializase hasta que se formaron sus pies y fueron
precisamente los pies los que primero se materializaron; después
las piernas, los muslos, los órganos genitales, el plexo solar, el
estómago... y así sucesivamente hasta la cabeza. La cabeza fue
la última en materializarse, aunque la primera en formarse; y
los pies, los últimos en formarse, fueron los primeros en materializarse. Estas dos corrientes la involutiva (aparición de
los órganos en el orden: cabeza, pulmones, etc.) y la evolutiva
(su materialización en el orden inverso), se encuentran en el
zodíaco.
Cuando enumeráis los signos del zodíaco en el sentido:
Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, etc. ... seguís el movimiento
involutivo. Así se formó el hombre, empezando por la cabeza.
Y Aries precisamente es la cabeza, ya que hemos visto que
cada signo del zodíaco corresponde a una parte del cuerpo
humano. Ya que el punto vernal1 se desplaza en el zodíaco en
sentido inverso, en el orden: Piscis, Acuario, Capricornio,
Sagitario, Escorpio, etc.... su trayecto corresponde al
movimiento evolutivo; sigue el orden según el cual se
materializaron los órganos. Si se considera el movimiento de
los planetas en relación al zodíaco, se encuentra la misma
oposición.
Las constelaciones del zodíaco ascienden en el cielo,
siguiendo el orden: Aries, Tauro, Géminis, mientras que los
planetas giran en sentido inverso.
También se puede estudiar la oposición entre los planetas y
el zodíaco desde otro punto de vista.
El zodíaco representa el lado estable, inmutable.
A
diferencia de los planetas que están siempre en movimiento, el zodíaco guarda un orden, una regularidad. Nunca se ha visto a
Aries al lado de Libra, ni a Piscis entre Leo y Virgo.
Las
constelaciones del zodíaco conservan el mismo orden desde la
eternidad mientras que los planetas no están nunca en, el
mismo lugar ni en el mismo orden los unos con respecto a los
otros. Estos últimos representan el aspecto psíquico, que varía
constantemente, en oposición al cuerpo físico que presenta
siempre la misma disposición.
Ni la cabeza, ni el estómago, ni los pies han cambiado
nunca de lugar. Los miembros, los órganos, conservan, como
los signos del zodíaco, un lugar fijo desde la creación del
mundo, mientras que en el interior del cuerpo todo es
movimiento : movimiento de la sangre, de los humores y de las
corrientes nerviosas que atraviesan el organismo. Exactamente
como los planetas, que están siempre en movimiento.
Por otra parte, sabéis que los planetas reciben una gran
potencia o, por el contrario, resultan debilitados, según sean
los signos por los que pasan y que, a su vez, influyen sobre
estos signos. Cuando Marte entra en Aries se fortalece, se
vuelve potente, porque Aries le da toda su energía. Marte y
Aries se tienen mutua simpatía, se comprenden y toman fuerza
el uno del otro.
Pero cuando Marte entra en otros signos,
como Cáncer o Libra, por ejemplo, se debilita porque estos signos le son extraños. De la misma forma, lo que representan
los planetas, es decir, los impulsos, las tendencias, los
sentimientos, resultan más o menos exaltados o debilitados de
acuerdo a los órganos, a los centros a través de los cuales se
manifiestan.
Si situáis vuestro amor en la cabeza, no actuará
de la misma forma que si lo colocáis en el corazón. Y si
colocáis la sabiduría en otra parte que no sea el cerebro, ¿qué
hará allí?... Sólo donde los órganos y las fuerzas se
comprendan» podrá producirse un intercambio energético
importante.
He ahí unos puntos que deben profundizarse. Así
como en ciertos signos los planetas se encuentran exaltados o
en exilio, de la misma forma nuestras facultades intelectuales,
afectivas y psíquicas se refuerzan o debilitan, según sean los
órganos a través de los cuales buscan exteriorizarse.
No basta contentarse con u estudio del zodíaco en sentido
abstracto o teórico, sino que es preciso aprender a encontrarlo
y a interpretarlo en todas sus manifestaciones de la existencia.
Verdaderamente entonces se vuelve viva cuando la Astrología
se vuelve viva y útil para vosotros.
El zodíaco es un libro de
una extraordinaria riqueza y profundidad; todos los misterios
de la vida están contenidos en él. Las múltiples combinaciones
que forman continuamente los signos y los planetas entre sí son como hilos que se van tejiendo. Constituyen
combinaciones que, día tras día, forman la trama de la vida.
OMRAAM

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