Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

sábado, 16 de febrero de 2019

Lectura del pensamiento del Maestro Petar Deunov



 Ahora puede que me preguntéis: “¿Por qué se ha creado así el mundo?”
No sé si el mundo se ha creado así por Dios o si son los hombres solos los que lo han creado y no lo han comprendido. La vida humana ha sido creada por la misma gente. ¿Cuál es la razón por la cual una nuera no puede vivir con su suegra? Diréis que hay una serie de causas para ello. Pero yo no conozco más que una: el hijo, nada más. Eso significa que hay tres autoridades: la nuera, la suegra, y el hijo. Admitid a esas autoridades en vuestro espíritu y encontrad un lugar para cada uno de ellos. Dónde se encuentra la nuera; dónde se encuentra la suegra, y dónde se encuentra el hijo?
Cuando decimos yerno suponemos que no está en su casa, sino en casa de su suegra.
Cuando decimos nuera suponemos que se encuentra en casa de su suegra. Decís: 
“Nosotros tenemos una nuera y un yerno.” Eso supone dos conceptos diferentes. No se pueden tomar dos situaciones simultáneamente. Si eres nuera, ocupas un lugar; si eres yerno ocupas otro. Como nuera tu función es una cosa; como yerno, tu función es otra cosa. Si eres suegro o suegra la situación y la función serán distintas.

La suegra, como madre del esposado, y la suegra como madre de la mujer, no son una sola y misma cosa. Esta mañana no hablaremos de esta página, sino sobre la página de ayer. Voy, pues, a volverla a leer: “Muchos se preguntan: ¿La vida terrestre es real o irreal? ¿Es efectiva o ilusoria?”
Eso depende de la comprensión que tiene la gente de la vida y de la aplicación razonable que hacen de su comprensión. Por ejemplo: cualquier cosa que digáis a un ángel sobre el sufrimiento de los hombres, será sólo teoría para él. Incluso si, por experiencia le mostráis vuestros sufrimientos, seguirá siendo para él un terreno desconocido.

Ellos consideran los sufrimientos de los humanos como un problema matemático.
Lo mismo sucede con vosotros. Algunas cosas reales son para vosotros problemas que no comprendéis. Decís que un ángel tiene una declinación de dos o tres grados de más, pero lo que es en el fondo una declinación no lo sabéis. Decís que esta declinación puede ser ascendente o descendiente sin que lo comprendáis. Decís: A más B igual a C. Sin embargo lo que representa esa relación A = B en la vida, no lo sabéis. B – C: Esas relaciones deben ser explicadas. Por ejemplo, el vapor tiene una relación con el agua; si no hay agua el vapor no existe. El vapor también tiene una relación con las gotas de lluvia, salidas de la misma fuente que el agua. No sabéis la relación que existe entre el vapor de agua y las gotas de la lluvia. Sólo sabéis que el agua se transforma en vapor que va por el espacio o que se enfría y, bajo forma de gotas de lluvia, vuelve a descender a la tierra. ¿Habéis caído de una altura de cuatro o cinco mil metros como las gotas de la lluvia, tocando la tierra y seguir vivos?

Diréis que eso es una relación; pero lo que decís vosotros no es suficiente. No podéis representar cómo el hombre puede tener relaciones, como el vapor de agua y el agua con el vapor. Aquí, el Maestro nos lleva muy lejos. Nos quiere hacer reflexionar y buscar las relaciones que existen entre las cosas que son en apariencia del todo diferentes las unas con las otras, como lo son el vapor y el agua. En realidad vapor y agua son la misma esencia bajo dos aspectos diferentes.
El Maestro utiliza lo que no es más que una imagen, por supuesto, pero que nos puede hacer reflexionar y llevarnos muy lejos en la dirección de la verdad. Nos dice que, cualquier cosa que le digamos a un ángel con relación al sufrimiento, para éste será un terreno desconocido.
Ya os he dicho que los ángeles no lo conocen todo. Son muy evolucionados, poseen grandes posibilidades y cualidades que nosotros no tenemos. Su poder es extraordinario, pero no conocen ciertas cosas, por ejemplo: el sufrimiento y el pecado. Preguntáis cómo puede ser, si tienen tanta sabiduría y luz, que no puedan conocer el sufrimiento. Por eso tampoco pueden sufrir.
El sufrimiento procede de la transgresión de una ley: eso es el pecado, el error, la falta que se puede cometer. Cuando se peca, viene la ley a cogernos y nos muerde.

Dado que los ángeles no tienen una voluntad personal que busque constantemente hacer lo que no va en unión con la divinidad, no sufren nunca. Es para conocer ciertas cosas que los ángeles vienen cerca de los humanos, los observan y les estudian. Los ángeles se preguntan por qué los hombres lloran y se lamentan. Tratan de ayudarles, pero no sienten por ello su sufrimiento. Con el permiso del Creador algunos de entre ellos se reencarnan y sobrepasan entonces a los humanos.
Hay una cosa que los humanos no pueden comprender: el privilegio que existe en poder sufrir.
Para los ángeles el sufrimiento es un nuevo mundo, una adquisición de virtudes y fuerzas que ellos no poseen. Por eso los humanos son ricos de poder conocer el sufrimiento y pobres en alegría.

Los ángeles son ricos en alegrías, pero pobres en sufrimientos. Es por esta razón que entre los mundos humano y angélico existe una relación y un acercamiento. Por eso cuando sufrimos, los ángeles están cerca de nosotros para podernos ayudar. Lo que os digo concierne a hechos un poco lejanos para algunos de vosotros. El sufrimiento es terrible, lo sé. Todos, sobre la tierra, lo hemos conocido y lo conocemos casi cada día. Pero desde ahora, hay que alegrarse de estar en la tierra y tener el privilegio de sufrir. El sufrimiento es un capital, una riqueza. Si leéis algunas obras de santos o santas, constataréis que a veces han sufrido de manera extraordinaria aunque fueran muy puros, nobles, y hayan cumplido la voluntad de Dios. Su camino estaba determinado y debía pasar por ciertos sufrimientos, enfermedades, tribulaciones. Se han enriquecido mucho siguiéndolo.

Dios les decía, en efecto: “Con este sufrimiento podéis comprar el paraíso y entraréis en el Reino de Dios.” Si empezamos a pensar así, qué sabiduría vendrá a nosotros! Podremos comprender los designios de Dios! A menudo, Dios no responde a nuestras lamentaciones, nos deja llorar y sufrir solos. Le gritamos: “Dios mío, por qué debo estar enfermo?” Dios no responde. El cielo responde siempre a nuestras llamadas menos a una. Esta llamada que se queda sin respuesta es la que dice: “¿Por qué debo sufrir así?” ¿Cómo se puede comprender esto? Cada uno de vosotros debe lograr comprenderlo y lo logrará a través del sufrimiento. Por él se comprende su utilidad y cuál es su riqueza, que se puede, por su llegada, adquirir bienes, y reforzarse.

No obstante, para obtener ese resultado hay que comprenderlo. Cuando se comprende el sufrimiento uno se vuelve poderoso, invulnerable, maestro de todas las situaciones.
 Los ángeles no comprenden el sufrimiento; piensan que es un terreno desconocido.
Ese terreno no es desconocido para los humanos. “Los ángeles consideran el sufrimiento como un problema matemático”, dice el Maestro, problema sobre el cual se inclinan e intentan resolver. Podemos comprender esto pensando que cuando los humanos dejan el plano físico y ya se encuentran en el otro lado, algunos sufrimientos les abandonan mientras que otros se quedan con ellos. A medida que abandonan más completamente sus diferentes cuerpos, los sufrimientos les abandonan cada vez más. Por ejemplo, los que han partido ya no conocen el sufrimiento de la enfermedad, ni el del frío o el de la sed. No sufren por no poder dormir, ni por fatiga. Se desplazan fácilmente, y son ligeros en la atmósfera. Esto nos puede hacer comprender por qué los ángeles no conocen el sufrimiento.

Es porque su cuerpo está hecho de luz y no contiene partículas impuras. No conocen el sufrimiento a causa de esta pureza. Dos cualidades pertenecen a los ángeles: la pureza y la alegría. Son los seres de la pureza y de la alegría, si los clasificar en alguna parte. Si queremos estudiar, más arriba, a los Principados, las Potencias, los Tronos, los Querubines, los Serafines, sabremos que más allá de su pureza, poseen otras cualidades superiores. Vamos ahora a la imagen del agua. El Maestro quiere decir que lo que miramos en la tierra, puede ser un objeto de instrucción para nosotros. Observamos los reinos de los minerales, de las plantas, de los animales, de los humanos, pero nos detenemos ahí. De la misma manera miramos el Sol, las estrellas, sin ir más allá de lo que vemos sin esfuerzo. Constatamos que las cosas son diferentes las unas de las otras y eso es todo. Sin embargo, si nos ponemos a estudiar la ciencia iniciática profunda, nos revela que todo está hecho de la misma esencia única salida de Dios. Al principio esta esencia era informe: era una emanación, sólo un ser que existía. Eso es lo que dice la ciencia profunda y única de los iniciados: “Al principio no existía nada, ni los hombres, ni los ángeles; sólo el Creador único, inconcebible, incomunicable, desconocido, existía. Él, por su propia voluntad, de esa esencia que no podemos conocer, que no es ni pesada, ni material, sacó todo el resto. Lo creó todo por un proceso de condensación.

Así pues, todas las cosas están hechas de la misma sustancia pero por diferenciación, salieron todas las cosas.” Los alquimistas conocían esta teoría, esta ciencia, y es por esta razón que creían firmemente que tenían el poder de transmutar los metales en oro, unos elementos en otros. Entre ellos conocieron bien los principios y lo lograron. Si nos detenemos para hacer un estudio profundo sobre el agua comprenderemos grandes secretos de la naturaleza. Los bebedores de vino dicen que los que beben agua son como ranas. Bien, como ranas que somos, nos interesamos por el agua.
El agua es una cosa extraordinaria. Cuando era pequeño, producía en mí una impresión imborrable. Esperáis que os cuente grandes fenómenos al respecto, lo que vi se grabó en mi cabeza y dio una dirección a mi vida. Es inexplicable, pero cierto. Tenía aproximadamente unos cuatro años, era muy pequeño. Me queda el recuerdo de haber visto brotar agua en nuestra propiedad. Esa agua salía de la tierra, tan clara, tan límpida” Me veo todavía inclinado para mirarla, tan transparente y viva! Eso pasó en Macedonia. Una segunda cosa que influenció mucho mi infancia fue el fuego.

Para el agua era inocente, no hice nunca nada malo con ella; pero del fuego no puedo decir lo mismo. Cuando era pequeño me gustaba encender la paja y ver cómo subian las llamas. El agua y el fuego me influenciaron muy fuerte. En esos tiempos no entendía como un ser humano podía estar tan influenciado por el agua y el fuego. En efecto, a causa de esas impresiones sentidas a los cuatro años, toda mi vida he sido atraído por las fuentes y por el fuego del sol. ¿De dónde proviene esto? Seguramente es toda una historia del pasado. La prueba que el agua lo es todo para mí, es el tema que traté en mi primera conferencia. Todo está allí. Empecé por el agua de la fuente de Rila. Os aconsejo que volváis a leer esta conferencia porque todas las demás están en ella.

Podemos meditar sin cesar sobre esta primera charla. Cuando explico en ella que bebemos automáticamente sin pensar en el agua absorbida, adjunto que si bebiéramos de otra manera, si meditáramos a cada sorbo al tragarlo, nos podríamos curar así. los diecisiete años, cuando hacía experiencias antes de conocer al Maestro, iba muy lejos. Estropeé mi salud con ello: exageraba tanto con algunas cosas en mí que me puse enfermo. Era una enfermedad aguda: no pensaba más que en los libros. Era casi una locura de tan exagerado. Leía, meditaba, no quería comer, y estaba decaído, enfermo de agotamiento. Mis padres se desesperaban. No paraba de pedirles, desde mi cama, que me fueran a comprar libros. Pensaba que me curaría si tenía de nuevos. Quería ir a todas las bibliotecas del mundo, ambicionaba leer todo lo que se encontraba en ellas. Os dais cuenta de eso! Hubiera necesitado siglos para hacerlo, y aun así! Y bien, me compraban libros pues insistía tanto que mis padres no osaban decirme que no pues temían por mi vida. Cuando me los traían, los cogía con amor, los ponía cerca de mi almohada, los acariciaba, y me parecía que estaba mejor; pero después empezaba a pedir más. Mi madre decía: “Se va a morir.”

Durante un mes estuve entre la vida y la muerte, y me curé por el sufrimiento. Es en ese momento que el Maestro llegó a Varna, en exilio. Ya veis que camino sobre la misma vía que el Maestro, pero mi exilio es un poco más largo, eso es todo. El Maestro me encontró y me dijo: “Vuestro hígado no está en buen estado, hay que curarlo.” Le pregunté cómo hacerlo y me respondió: “He aquí cómo: por la mañana en ayunas tomaréis un vaso de agua fresca y la beberéis sorbo a sorbo diciendo al hígado; no vas muy bien pero te voy a arreglar.” Escuchando sus palabras me dije: qué es este remedio, nunca he oído cosa semejante. No creía en él pero sin embargo le creía. Hice, pues, lo que el Maestro me dijo de hacer aunque pensara que eran bobadas. El Maestro me había dicho que masticara el agua sin tragarla inmediatamente. Empecé pues a hacerlo y tuve sensaciones extraordinarias como si fuera la primera vez que bebiera agua. ¿Os habéis inclinado alguna vez sobre una fuente cristalina de montaña? ¿Habéis tomado el agua en vuestras manos para beberla, o incluso habéis bebido directamente en la fuente en el agua? Sabéis las impresiones maravillosas que nacen de esos gestos. Beber masticando el agua me las dio parecidas.

Sentí una satisfacción, una calma de la sed que no os puedo explicar. Cuando bebéis agua de una fuente sentís casi un vértigo. Eso es lo mismo. Entonces comprendí que el agua es un misterio que los hombres todavía no han alcanzado. El agua es una riqueza. Os invito a hacer un estudio profundo sobre el agua. En química no se hace nada sin el agua. En la vida pasa lo mismo. El agua es la base de la creación. Los mismos cristales se llenan de polvo si en ellos no se encuentra el agua. La tierra no existía aun cuando el agua sí. El agua es un gran misterio. Jesús decía: “Si no nacéis de agua y espíritu, no entraréis en el Reino de Dios.” Un día se comprenderán estas palabras. El hecho de que haya impresionado por el agua y por el fuego siendo niño, parece poca cosa. Sin duda en el pasado trabajé con esos elementos. Si leéis los libros de las mil y una noches veréis que se habla muy a menudo de magos que pronunciaban palabras sobre el agua, y que transformaban a los hombres en bestias, y los rociaban con esa agua. ¿Por qué se bautizan a los niños sumergiéndolos en agua (rito ortodoxo), o rociándolos en la iglesia?

El sacerdote pronuncia algunas palabras y tira agua para exorcizar. Estas prácticas vienen de un pasado lejano donde los iniciados conocían estos grandes misterios. El agua es un medio que transporta la vida y la pureza. Posee las dos cualidades angélicas: pureza y vida que dan la alegría. ¿Por qué os alegráis cuando bebéis agua? Los ángeles son portadores de la vida, de la alegría y de la pureza. Los arcángeles son portadores del fuego mientras que los ángeles están unidos al agua.
He aquí los grandes misterios del agua y del fuego. Lo que os digo significa que si no estáis unidos a estas cualidades de un ángel y un arcángel, no pasaréis, no podréis entrar en el Reino de Dios, porque los ángeles y los arcángeles son los guardianes de la entrada al Paraíso. Cuando los hombres fueron expulsados del Paraíso, Dios puso a un arcángel portador del fuego resplandeciente para guardar la entrada. Desde ahora, para tener acceso al paraíso hay que nacer de agua y de fuego.

Hay que estar purificado, lavado por el agua (las virtudes y cualidades angélicas), hay que tener la luz, la pureza de los ángeles, y su alegría. Pero después hay que ir más lejos y franquear otro límite antes de llegar, y es el arcángel con la espada brillante el que nos barra el paso. Por eso se debe ser bautizado por agua y fuego, es decir tener las virtudes angélicas y las virtudes arcangélicas con el fin de poder ir más lejos. Para seguir la ruta hay que poseer aun otras cualidades, pero Jesús no habló de ello abiertamente; sólo hizo mención de ello en el Apocalipsis y a través de San Juan. El agua tiene relaciones con el reino angélico. Ese reino empieza por la región lunar; es a partir de la luna que empieza el reino de los ángeles. Es la Luna la que reina sobre el agua. El lado líquido, fluídico, es la Luna. El ángel Gabriel es quien reina allí. El fuego es gobernado por Mercurio. El primer arcángel empieza en Mercurio que es la región arcangélica. El fuego comienza allí y termina en el Sol. No es todavía un final porque hay otro Sol por encima, uno que no vemos.

El agua también tiene varios aspectos: hielo duro, agua líquida y vapor. Aquí termina? No.
Por encima está el agua etérica, que todavía no se ha explicado. El agua posee cuatro aspectos y no tres. Esta agua que vemos bajo forma líquida o hielo o vapor, se produce por el agua etérica. Por eso la Luna es la región etérica. La Luna dirige el agua etérica y no el agua dura (hielo), el agua líquida, o el vapor. Es un poco difícil seguirme en lo que os estoy diciendo en este momento pero se aclarará. Cuando Dios quiso manifestarse, dicen los libros sagrados, emanó algo de Él: un elemento imponderable y sutil que nadie puede describir. Ese algo era más sutil que la luz. Esta esencia se condensó, y produjo cada vez más formas diferentes hasta volverse piedras muy duras.

El agua nos explica cómo se pudo hacer. Estudiando el vapor de agua que no se ve en la atmósfera de tan tenue que es, constatamos que se condensa, se vuelve como una nube, y después una gota de agua que, cayendo, forma los ríos, los océanos y los mares. Así pues, según la filosofía esotérica, el vapor de agua existía antes que el agua. Según la ciencia física ordinaria, es el agua que precede al vapor. En realidad, el agua proviene del vapor por vía de condensación. Todos habéis leído en el Génesis que Dios había creado el Cielo y la Tierra. Primero todo era informe y vacío, y el espíritu de Dios se movía sobre el abismo. Y se nos dice que había el agua de arriba y el agua de abajo. Moisés quería decir que había agua del lado invisible y que, por vía de condensación, se volvió visible. Si estudiamos pues la condensación del agua, constataremos que nos explica cómo todas las cosas se vuelven visibles. Nuestro cuerpo precedió del mismo modo para materializarse. Ved cómo la araña teje su tela: segrega un líquido que después se condensa en el aire. ¿Cómo construye su casa el caracol? Segrega un líquido que se endurece. ¿Cómo crece la concha de la ostra?

Responderéis que la ostra, estando dentro, segrega materiales que se endurecen y hacen crecer la concha. Si fuera así la concha sería obstruida rápidamente y no crecería. Coméis ostras pero sin reflexionar en esta cuestión. Cuando te detienes en tales problemas comprendes toda la creación, pues todo se refleja por todas partes. Hay que saber observar a los insectos (gusanos, mariposas), y veréis lo que ocurre desde hace millones de años en la naturaleza. Todo se repite sin cesar, pero bajo formas diferentes. Por ejemplo, si estudiáis la gestación, descubriréis las transformaciones del feto en el transcurso del embarazo y conoceréis exactamente por él el camino recorrido por el hombre antes de ser lo que es hoy en día. Veréis cómo ha sido pez, después mamífero, y al fin hombre.

 Los iniciados se han detenido en todas estas cuestiones. Todas las cosas de la naturaleza eran muy importantes para ellos. Descubrían en ellas numerosos secretos. Por ejemplo, volvamos a la concha de la ostra. Comiéndola no veis que posee un cuerpo etérico unido a su cuerpo físico, os aparece sólo este último. Ahora bien, ese cuerpo etérico penetra el caparazón de la ostra. La concha está hecha de una materia porosa, puede, pues, haber una osmosis entre ella y el cuerpo etérico. Éste envía partículas a la materia de la concha, partículas que separan las moléculas y los átomos. Sabéis que éstos se encuentran a cierta distancia los unos de los otros. Bajo la influencia del trabajo del cuerpo etérico, esta distancia crece, haciendo crecer así la concha. El caracol hace exactamente lo mismo; la tortuga igual. Diréis que la concha de la tortuga es extremadamente dura, pero el cuerpo etérico penetra a través las paredes más espesas y este trabajo de separación de las moléculas se realiza. Es un trabajo prodigioso que se nos escapa. No sé si los sabios se han detenido sobre esta cuestión como los iniciados, pero no lo creo. La materia que se encuentra en un estado sutil se puede condensar, dar formas nuevas. La cuestión del agua es la de la creación del mundo. El mundo primero estaba en el estado de vapor. Este vapor se condensó en agua suspendida que después creó los océanos.
No solamente los procesos del agua explican la creación, sino igualmente la reencarnación de las almas que vuelven a la tierra. Esas almas pasan por regiones variadas, y suben de nuevo al cielo bajo forma de vapor.

El hombre es una gota de agua caída a la tierra y que vuelve a subir. El agua lo dice, pero no nos detenemos nunca en reflexionar. Hay muchos otros grandes misterios escondidos en el agua, pero están unidos a la sangre. La sangre es agua transformada. Son los seres químicos interiores los que han hecho esta transformación. La sangre de la tierra, es el agua que corre. El agua es la sangre para las plantas. Cuando comprenderemos lo que es el agua, comprenderemos muchas cosas. Si vamos más lejos comprenderemos que hay agua que es más elevada que el vapor, y que la sangre del Sol es la luz que sale de él. Por eso tenemos la vida. Podéis comprender ahora por qué Jesús decía: “Si coméis mi carne y bebéis mi sangre, tendréis la vida eterna.” Es decir: si bebéis mi sangre que viene del Sol, la luz. Cristo no hablaba de su cuerpo físico, y cuando su sangre fue absorbida por la tierra, ya era absorbida por el cuerpo etérico de la tierra cayendo, porque esa sangre, era tan pura e impregnada de substancias solares, que podía producir ese fenómeno.

Por eso, a partir de ese momento, la tierra vibró de otra manera que anteriormente, y empezó toda una evolución que seguirá y ya no cesará. Es posible que la iglesia católica conozca este hecho pero lo ignoro. El agua puede tomar diversos aspectos, en el plano físico no conocemos más que algunos de ellos. Debemos aprender a conocer los otros aspectos bajo la forma de sangre y de luz. ¿Qué quería decir el Maestro insistiendo sobre las relaciones entre gotas de agua y vapor de agua? Quería atraer nuestra atención con el fin de que comprendiéramos que existe una relación entre las apariencias diferentes. Si razonamos sobre muchas cosas de la vida como lo hacemos con el agua y el vapor, comprenderemos que nuestro cuerpo físico, nuestro cuerpo etérico, nuestra alma, nuestro espíritu, son una misma cosa bajo formas diferentes.

Nuestro cuerpo físico ha sido formado por nuestro espíritu. Existe una relación entre el cuerpo físico y el espíritu, lo que permite dar a la materia expresiones, colores, ritmos determinados. Sin embargo hay que comprender que esto no se puede hacer sin que el espíritu pase por el corazón como intermediario, y por la inteligencia y la voluntad. Lo que os digo es de una extrema importancia. Tendréis que reflexionar acerca de ello. Entre el lado etérico del agua y su lado sólido, el hielo, existen relaciones que tenemos que llegar a comprender. Cuando lo comprenderemos, sabremos que el cuerpo físico es una materia sutil venida del espíritu y que se ha endurecido por enfriamiento. Si queremos modificar algunos tumores o enfermedades de nuestro cuerpo físico, debemos vaporizar el agua en nosotros, calentándola por el fuego. El fuego es un agente mágico que determina los aspectos del agua en ese caso. Aumentaréis el fuego y el hielo se volverá agua. Aumentaréis más el fuego, el calor, y el vapor se volverá etérico. Calentando aun más obtendréis el agua astral, la mental, etc. ¿Empezáis a comprender que los dos principios: activo y pasivo, fuego y agua, Sol y Luna, lo han formado todo? El fuego y el agua lo han formado todo. Detrás del fuego, los iniciados comprendían el principio masculino y detrás del agua el principio femenino, es decir: la Sabiduría y el Amor, el Hombre y la Mujer. Comprendido así, lo que os digo sobre el agua y el fuego se vuelve profundo, luminoso, y eso lo explica todo. Los verdaderos magos no estudian más que el fuego y el agua: el aire y la tierra sólo les sirven de recipientes.

Eso se dice en la Tabla de Esmeralda de Hermes Trimegisto: “El Sol es su padre y la Luna su madre; el viento lo lleva en su vientre, y la tierra es su nodriza.” Hermes hablaba aquí de una cosa misteriosa, “Telesma”. La palabra “talismán” viene de aquí. Era un objeto que contenía una fuerza de Telesma. Todos los objetos que contienen una fuerza, una bendición, poseen en ellos esta fuerza misteriosa: Telesma. Telesma viene del Sol. El Sol es su padre, la Luna su madre. El aire la transporta hasta nosotros y la Tierra es su recipiente (su nodriza). Pero vayamos más lejos. El Sol es un espíritu, la Luna es un alma, el intelecto es el aire que transporta las cosas. El corazón y el cuerpo físico son el recipiente, la nodriza que conserva las cosas. Mirando al Sol por la mañana por nuestro espíritu, por nuestra alma, por nuestro intelecto, la fuerza se condensa en el cuerpo físico. Recibimos esta fuerza, Telesma. El Sol es el fuego, la Luna es el agua. Algunos de vosotros decís que ya he dicho que era Mercurio que era el fuego y que eso contradice lo que os digo ahora. En absoluto. Mercurio está más cerca del Sol y es de fuego; el intelecto es el aire y el cuerpo físico es la tierra. He aquí, mis queridos hermanos y hermanas, lo que significa la Tabla de Esmeralda.

Cuando un mago toma una materia y le comunica un calor interior, el hielo se vuelve agua.
Si persiste en el calentamiento, se vuelve vapor, y después etérico. Y entonces a alcanzado el resultado. Si, al contrario, disminuye el calor interno de su cuerpo etérico, se vuelve vapor, después agua, y después hielo. Es así como podemos modificar el cuerpo físico, los defectos, los vicios, las debilidades y todos los pecados, con la ayuda del calor del Sol. Hay que calentarlos con la ayuda de los rayos del Sol, es decir por el amor crístico. El agua, es decir la materia en nosotros, se vuelve cada vez más sutil, radiante, el hombre logra vibrar y volverse espiritual. Hoy os revelo uno de los más grandes misterios de la vida: el Fuego cambia los aspectos del Agua, el Agua modifica la Forma. Debemos, pues, exponernos al Sol del espíritu, con el fin de que trabaje sobre el cuerpo físico y lo modifique. Esta modificación nos hará volver cada vez más espirituales y ligeros.

Por esta razón Hermes Trimegisto dijo que esta fuerza que desciende a la tierra sube de nuevo y lleva todas las cosas hacia la perfección. “Me llamo Hermes Trimegisto, aquél que ha conocido los misterios de los tres mundos”, es decir que conoció esta fuerza que baja y que sube y que podía hacerlo con la ayuda del Sol y del agua. Aumentaba o disminuía el fuego, y producía así todas las formas de la materia que provienen, de hecho, del fuego y del agua. Veis este proceso cada día. El Sol calienta los océanos. Decís que esto no es nada; pero todo está ahí.

 A menudo miro cómo el Sol calienta el agua. Constato que se vuelve ligera, angélica, que parte elevándose hacia otras regiones donde se enfría. Entonces empieza a llorar, pero produce la alegría de los campesinos pues se pone a llover. Haciéndolo, da las fuerzas que conservaba en ella. Entonces los humanos y los animales se precipitan para recogerla. Sabéis que cuando un camión lleno de víveres se vuelca, todo el mundo se precipita para coger lo que puede. Después el agua volverá al mar y el Sol que tiene piedad de nosotros le dirá: “No te preocupes, te voy a calentar y a purificar.” 

El agua volverá ligera, subirá de nuevo a otras regiones. Es así como se realiza la vida. El aire transporta esta fuerza Telesma aquí o allá. Es por ese transporte que viene toda la vida sobre la tierra: los humanos, las civilizaciones, las guerras. En este momento despierta vuestra conciencia con el fin de que miréis las cosas de otra manera, para que veáis la creación del mundo, la reencarnación, y que comprendáis los textos de los libros más difíciles de comprender. Estos textos sin embargo son los más simples: son incluso de una simplicidad “asquerosa”. Hay que ahondar en la cabeza durante años para comprender esta simplicidad, y hay que observar la naturaleza. Agradezcamos al cielo por el Sol que nos revela las cosas, que nos instruye, nos calienta, y nos vuelve sutiles. El Sol cumple un trabajo gigantesco sobre nosotros y sin embargo refunfuñamos al hermano Mikhaël porque nos hace salir tan temprano por la mañana. Os lo digo: “No recéis para que esto termine, sino para que continúe el mayor tiempo posible porque todo lo que esta endurecido en vosotros desde hace siglos, expuesto al Sol terminará por vaporizarse y volar.” 

No tenemos necesidad de algunas cosas cristalizadas que están en nosotros. 
Hay que fundirlas con la ayuda del calor y darles nuevas formas. Sabéis lo que hace el herrero con el hierro? Lo calienta para ablandarlo y después con el martillo le da nuevas formas. Es así como el Sol lo hace con nosotros. Os calienta, os reblandece, y después el hermano Mikhaël os golpea encima para obtener nuevas formas. Os miráis en el espejo y decís que seguís siendo los mismos; pero en vuestro interior hay formas cambiadas. ¡Qué colores, qué simetría! Pero hay que llegar a cambiar también el cuerpo físico. Eso llegará un día, es obligatorio. No obstante, antes de ese momento tienen que cambiar los otros cuerpos primero, y, os lo digo, ya están modificados. Si no lo sentís, lo siento en el alma. Todos los amigos sinceros que trabajan con fuerza, convicción y fe, no pueden obtener cambios en ellos porque las leyes están ahí, y son verídicas. 

Decís que no veis estos cambios porque están lejos del plano físico; los veréis más tarde. Continuad con vuestros esfuerzos. Os deseo que los hagáis bien. Si un día contáis a los alquimistas el sentido de la Tabla de Esmeralda, se decepcionarán y estarán furiosos de haber simplificado tanto las cosas. Esta simplificación les quitará la alegría de romperse la cabeza sobre textos incomprensibles. Entonces les diréis: conservad vuestros misterios, pero cada día nosotros transformamos en nosotros mismos al menos una partícula de oro. ¿Dónde la hacéis, vosotros, esta transformación? En la Roca de la plegaria; pero los alquimistas pierden todas sus riquezas para poder fabricar la piedra filosofal materialmente y no la obtienen. Mientras no se comprenderá el gran libro de la naturaleza, no se obtendrá la piedra filosofal. La piedra filosofal somos nosotros mismos. Conserváis esta piedra filosofal en un cajón y decís que los metales viles no se transforman en oro. Poneros a trabajar, lanzaros sobre estos metales, trabajad sobre ellos y éstos cambiarán. 

No busquéis la piedra filosofal en ninguna otra parte. Ya se ha encontrado y ahora hay que saber manipular con ella. No hay piedra filosofal más poderosa que nuestro espíritu. 
¿Dónde están los metales pesados? Nuestros órganos. El espíritu debe dedicarse a estos metales y transmutarlos en oro, es decir, volvernos saludables. ¿Qué más puede haber para comprender? Sois la piedra filosofal y soy el primero en decíroslo. Los metales están en vosotros, manipulad como es debido con ellos. Tomad precaución de manipular bien con el fuego. Sois al mismo tiempo el crisol, los metales, la piedra filosofal, el espíritu. Así pues, en el crisol que sois encontrad los metales; el padre, la madre, la nuera y la suegra. Entonces veréis de qué manera los alquimistas comprendían las cosas. Ponían juntos a todos esos seres en la retorta. ¡Qué familia! ¿Qué familia más especial! El padre se volvía la madre, y después la hija. La hija se volvía la suegra, etc… Los textos de los libros alquímicos son inverosímiles; pero de hecho, lo que explican es de una gran simplicidad como ya os he contado. 

 OMRAAM

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