Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

lunes, 1 de abril de 2019

LOS EJES ARIES - LIBRA Y TAURO - ESCORPIO



La Ciencia iniciática nos enseña que el ser humano está constituido de diferentes cuerpos, es decir, que más allá del cuerpo físico posee otros cuerpos de naturaleza sutil: el cuerpo astral, el cuerpo mental inferior, el cuerpo mental superior (o cuerpo causal), el cuerpo búdico y el cuerpo átmico. 
El hombre tiene, pues, 6 cuerpos.


Estudiemos este esquema. Veis, en primer lugar, que se divide en dos partes: abajo la Naturaleza inferior y arriba la naturaleza superior, y que presentan, cada una, tres divisiones correspondiendo a los diez principios fundamentales en el hombre: el pensamiento, el sentimiento y la acción. 
A la naturaleza inferior pertenecen los cuerpos físico, astral y mental; a la superior los cuerpos causal, búdico y átmico. Los tres grandes círculos concéntricos muestran que existe una relación entre los cuerpos superiores e inferiores. En efecto, el cuerpo átmico, sede del espíritu, que representa el poder y la voluntad divinas, está ligado al cuerpo físico, que representa la voluntad, el poder en el plano material. El cuerpo búdico, sede del alma, con todos los sentimientos más elevados, está ligado al cuerpo astral, sede del corazón. El cuerpo causal, vehículo de los pensamientos más amplios y más luminoso, está ligado al cuerpo mental, sede del intelecto. 

Este esquema es de una gran simplicidad, pero contiene y resume una ciencia extraordinaria. Habéis notado que sobre estos grandes círculos figuran, para representar cada cuerpo, dos peque los círculos. Es un punto muy importante. En la literatura esotérica no encontraréis explicaciones sobre este tema más que para el cuerpo etérico, que es el doble de! cuerpo físico. El doble etérico penetra el cuerpo físico y le aporta vida, sensibilidad y fuerza. Si el nexo que une el cuerpo físico al doble etérico se cortara, el cuerpo físico no sería más que un cadáver, estaría muerto. El cuerpo físico tiene, pues, un doble y lo mismo sucede con los otros cuerpos. 

El cuerpo astral y el cuerpo mental poseen un doble astral y mental, hecho de una materia más sutil que ellos. Si estos dobles están ausentes o son defectuosos, los cuerpos correspondientes ya no pueden funcionar correctamente. Mirad también cómo está hecho nuestro planeta. Sobre el suelo, sobre la tierra, se encuentra el agua que recubre en parte su superficie o penetra en ella por todas partes. Después, por encima, se encuentra la atmósfera, igualmente constituida por dos elementos : el aire y el fuego (los rayos de luz que penetran el aire). Por todas partes, reencontramos este principio del doble que penetra y da la vida. Consideremos, ahora, el esquema de la página siguiente. 
En la parte inferior se ve, para cada cuerpo, el circulito de la tierra que representa, de alguna manera, la «forma» que el agua penetra y anima. 

En la parte superior, esta «forma» es el aire penetrado y animado por el fuego. Nosotros poseemos, pues, 3 cuerpos inferiores que están constituidos por los dos principios tierra-agua, y otros tres cuerpos más sutiles, constituidos por los principios aire-fuego. Los 3 cuerpos superiores representan, pues, de alguna manera, la «atmósfera» de los 3 cuerpos inferiores. Volvamos ahora al zodíaco. 
A estos 6 cuerpos corresponden las 12 constelaciones, 2 para cada cuerpo. En cuanto a los planetas, cada uno ejerce su influencia en los dos mundos: el mundo de arriba (los cuerpos superiores) y el mundo de abajo (los cuerpos inferiores). Veamos, pues, qué signos corresponden a nuestros diferentes cuerpos. Para el cuerpo físico, Capricornio, en donde reina Saturno, y para el doble etérico, Cáncer, su opuesto en el zodíaco, en donde reina la Luna. 

Para el cuerpo astral, Tauro, en donde reina Venus, y para su doble, Escorpio, (su opuesto), en donde reina Marte. Para el cuerpo mental, Virgo y, regido por Mercurio d, y para su doble, Piscis, regido por Júpiter. Si nos fijamos ahora en la parte superior del esquema, al cuerpo causal corresponden los signos Géminis e y Sagitario o; al cuerpo búdico, Libra u y Aries, y al cuerpo Atmico, Acuario y Leo. En cuanto a los planetas, los que están localizados en los planos inferiores se repiten en los planos superiores, pero en orden inverso. Sólo hay una excepción: la Luna, que está reemplazada por el Sol. Los planetas son los que establecen los lazos entre los cuerpos superiores e inferiores. Se tiene, pues, la siguiente tabla:

Mercurio y Júpiter rigen, pues, los dos planos del pensamiento (cuerpo mental y cuerpo causal). Venus y Marte rigen los dos planos del sentimiento (cuerpo astral y cuerpo búdico). Saturno - Luna y Saturno - Sol rigen los dos planos de la acción, de la voluntad (cuerpo físico y cuerpo átmico). Nuestro cuerpo átmico, por consiguiente, está influido por Acuario (Saturno), el hombre que piensa, que reflexiona; y por su doble, Leo (el Sol) que representa el corazón superior, mientras que el cuerpo físico está influido por Capricornio y Cáncer, es decir, por Saturno y la Luna, la sensibilidad. 

El Sol representa, en efecto, la naturaleza superior del hombre, brillante, estable, mientras que la Luna representa su naturaleza inferior, repleta de sombras, movediza, inestable. Más tarde estudiaremos este esquema más profundamente, relacionándolo con otros temas. De momento os mostraré cómo se puede, gracias a él, explicar la cuestión del pecado original, de la caída. 
El cuerpo astral, acabamos de verlo, es el ámbito de Marte y de Venus: Marte inferior se relaciona con la violencia, la agresividad, las fuerzas de destrucción, y Venus inferior con la sensualidad. Por otra parte, el cuerpo astral está ligado al cuerpo búdico, el cual está regido, a su vez, por los mismos planetas, pero en su aspecto superior: Marte se manifiesta entonces como coraje, actividad, dinamismo, espíritu caballeresco que lucha por proteger a los demás, y Venus como gracia, ternura, amor espiritual. En la parte inferior del esquema, Venus y Marte ocupan los signos de Tauro y Escorpio, mientras que, en la parte superior, ocupan los signos de Libra y Aries. Y, precisamente, en el círculo zodiacal, Aries está opuesto a Libra y Tauro está opuesto a Escorpio.


Esto forma dos ejes: Cada eje une dos polos: Venus, el principio femenino, está unido a Marte, el principio masculino. Para comprender la naturaleza de esta relación entre los dos polos masculino y femenino, basta un ejemplo muy simple. Si durante algunos segundos miráis fijamente el color rojo y luego dirigís vuestra mirada sobre un fondo blanco, veréis aparecer el color verde. E inversamente. ¿ Por qué están así relacionados el rojo y el verde? El rojo es el color de Marte y el verde es el color de Venus. El conocimiento de estos hechos nos permitirá comprender ciertas manifestaciones psíquicas. Si actuáis con Tauro, despertaréis a Escorpio; si actuáis con Aries, despertaréis a Libra y recíprocamente, pues existe una conexión entre los dos signos. 

En Tauro, Venus se manifiesta bajo su aspecto inferior; empuja a los seres a amar de forma primitiva, a tocar, gustar y sentir el amor físicamente; pero después de un cierto tiempo, a causa de esta alianza que existe entre los dos planetas, experimentan necesariamente las influencias de Marte en Escorpio. Y cuando Marte llega, arrastra consigo las querellas, la violencia, la destrucción. El que busca el amor físico se deja llevar, necesariamente, por la dureza, la rebelión e incluso la crueldad. Matará un buen pensamiento en sí mismo o en los demás, destruirá un buen sentimiento. Al contrario, suponed que cedéis a una mala influencia de Marte que os empuja a ser duros, violentos; poco después os veréis arrastrados hacia la sensualidad y las pasiones. 

En el aspecto superior, en el que Venus se manifiesta como amor desinteresado, bondad, belleza, abnegación, Marte se manifiesta también, pero no para trastornar o destruir, sino para sostener, preservar, defender, reforzar todo lo que es bueno en nosotros o en los demás. Es una ley absoluta. El que manifiesta amor en su cualidad espiritual, no puede caer en la violencia, sino que, contrariamente, atrae el poder benéfico de Marte. Suponed ahora que expresáis Marte a través del esfuerzo, del autocontrol, del dominio de las pasiones, del valor en las pruebas; entonces es Venus quien se manifestará como un ángel para traeros todos los tesoros del paraíso, dilatando vuestra alma. Os hará gozar de la vida inmortal, de un amor que vendrá a sosteneros, a reconfortaros y a sumergiros en la felicidad y en la luz. Escorpio puede ser interpretado aquí como otra forma del símbolo de la serpiente. Corresponde a la octava casa zodiacal, la casa de la muerte. 

El libro del Génesis cuenta que en el jardín del Edén, en el Paraíso, había árboles de todas clases, pero no menciona más que dos: el Árbol de la Vida y el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Adán y Eva podían comer del fruto de todos los árboles del jardín, excepto del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. ¿Por qué? Dios les había dicho que si probaban de este árbol, morirían. Ahora bien, Adán y Eva comieron del fruto y, sin embargo, continuaron viviendo. Sí, porque, en realidad, en la naturaleza la muerte no existe; lo que se llama «muerte» no es más que la modificación de un estado de conciencia o de un estado de la materia. 

Adán y Eva vivían, pues, en el plano búdico, que está influenciado por Libra y Aries. 
Su existencia se desarrollaba alegremente, en paz y en libertad ; vivían unidos a Dios, con todos los ángeles y los seres sublimes. Venus, regente de Libra, les daba la belleza y la dulzura, y Marte, regente de Aries, les daba la energía, la actividad infatigable. Gracias a Libra, que es la constelación del equilibrio perfecto, todas sus fuerzas estaban armonizadas; no conocían las tribulaciones que aportan las otras dos constelaciones relacionadas con estos dos planetas: Tauro y Escorpio. 
Pero Adán y Eva, que estaban acostumbrados a absorber las fuerzas benéficas de Marte y Venus, se acercaban poco a poco a las constelaciones siguientes: su deseo de conocer les empujaba cada vez más hacia Escorpio, que sigue a Libra en el zodíaco, y hacia Tauro, que sigue a Aries. 

Y queriendo conocer los nuevos elementos, las nuevas fuerzas de estas dos constelaciones, cometieron el primer pecado: se desplazaron, abandonando la región del equilibrio y de la paz que habitaban, para entrar, bajo la influencia de Tauro - Escorpio, en las regiones de las pasiones sexuales y de la violencia. Murieron, pues, a la vida de Aries y Libra, y nacieron a la vida de Tauro Escorpio, cuyas fuerzas empezaron a verterse sobre ellos. Ya no habitaron más en el plano búdico, la región de la perfecta felicidad, de la dicha, sino en el plano astral, donde se producen todo upo de trastornos y sufrimientos. 

He aquí el significado de las palabras de Dios al primer hombre: «El día en que comas de este fruto, morirás.» Dejándose arrastrar por las fuerzas inferiores de Venus y Marte, Adán y Eva murieron en el plano búdico para caer en el plano astral. A esto se le llama la «caída». En el zodíaco, el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal está representado por el eje Tauro-Escorpio, mientras que el Árbol de la Vida está representado por el eje Aries-Libra. El que vive en la sensualidad y en las pasiones, come el fruto del Árbol del Bien y del Mal y muere cada día al estado de conciencia superior; mientras que el que se domina, come del fruto del Árbol de la Vida inmortal, en el propio Reino de Dios. Si leemos el Apocalipsis, vemos que también contiene referencias de esta ciencia concerniente a los ejes Aries-Libra y Tauro-Escorpio. Dirigiéndose a la iglesia de Efeso, el Espíritu le dice: «Yo conozco tus obras, tu trabajo, tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, que has puesto a prueba a quienes se llaman apóstoles, descubriendo sus mentiras; que tienes perseverancia, que has sufrido a causa de mi nombre y que no te has cansado en absoluto. (Eso es Marte superior en constante actividad). Pero lo que te reprocho, es que hayas abandonado a tu primer amor (es decir, Venus superior, el eje Aries-Libra). 

Recuerda, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y practica las primeras obras... Tú, sin embargo, odias las obras de los nicolaítas, obras que yo también odio (Aries es herbívoro y es el símbolo de la pureza. Los nicolaítas eran una secta de herejes que aceptaban participar en banquetes, donde se ofrecían a los invita dos carnes inmoladas a los ídolos y que tenían costumbres muy relajadas...) 
Al que venciere, yo le daré de comer del fruto del Árbol de la Vida, que está en el Paraíso de Dios (es decir, en el plano superior, en el cuerpo búdico situado en la parte central, entre el cuerpo causal y el cuerpo átmico, de la misma forma que el árbol estaba en el centro del Paraíso).» 
Y fue dicho a la iglesia de Esmirna: «Yo conozco tu tribulación y tu pobreza aunque seas rica.» 

Ahora bien, Tauro corresponde a la segunda casa astrológica, la de la riqueza y la prosperidad, y aquí se trata precisamente de la pobreza espiritual de la iglesia de Esmirna que cayó bajo la influencia de Venus inferior en Tauro. «Yo conozco las calumnias procedentes de quienes se llaman judíos y no lo son, pero que forman parte de una sinagoga de Satán. Que tus sufrimientos no te hagan dudar, pues he aquí que el diablo echará a algunos de vosotros a la cárcel, a fin de que seáis probados, y tendréis una tribulación de diez días» en los sufrimientos de Escorpio. «Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida... Quien triunfe, no tendrá que sufrir la segunda muerte;» dicho de otra manera, aquél que se corrija, escapará a la muerte dada por Escorpio, que fue la muerte espiritual de Adán y Eva. 
Ved que estos textos corresponden exactamente a lo que os he dicho sobre los dos ejes Tauro-Escorpio y Aries-Libra. El Apocalipsis contiene todos los misterios de la alquimia, de la magia, de la astrología y de la cábala. La mayor parte de pasiones y sacerdotes no se atreven a interpretarlo, pues se verían obligados a aceptar todas estas ciencias y, en consecuencia, a cambiar ciertos aspectos de la religión. Se deja de lado el Apocalipsis porque es una prueba inequívoca de que los Libros santos tienen necesidad de otras ciencias para ser interpretados. Incluso las cartas del Tarot están contenidas en él, así como sus correspondencias con los números y los símbolos esotéricos.

OMRAAM

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