La Ciencia iniciática nos enseña que el ser humano está
constituido de diferentes cuerpos, es decir, que más allá del
cuerpo físico posee otros cuerpos de naturaleza sutil: el cuerpo
astral, el cuerpo mental inferior, el cuerpo mental superior (o
cuerpo causal), el cuerpo búdico y el cuerpo átmico.
El hombre tiene, pues, 6 cuerpos.
Estudiemos este esquema. Veis, en primer lugar, que se
divide en dos partes: abajo la Naturaleza inferior y arriba la naturaleza superior, y que presentan, cada una, tres divisiones
correspondiendo a los diez principios fundamentales en el
hombre: el pensamiento, el sentimiento y la acción.
A la
naturaleza inferior pertenecen los cuerpos físico, astral y
mental; a la superior los cuerpos causal, búdico y átmico.
Los tres grandes círculos concéntricos muestran que existe
una relación entre los cuerpos superiores e inferiores. En
efecto, el cuerpo átmico, sede del espíritu, que representa el
poder y la voluntad divinas, está ligado al cuerpo físico, que
representa la voluntad, el poder en el plano material.
El cuerpo búdico, sede del alma, con todos los sentimientos
más elevados, está ligado al cuerpo astral, sede del corazón. El
cuerpo causal, vehículo de los pensamientos más amplios y
más luminoso, está ligado al cuerpo mental, sede del intelecto.
Este esquema es de una gran simplicidad, pero contiene y
resume una ciencia extraordinaria.
Habéis notado que sobre estos grandes círculos figuran,
para representar cada cuerpo, dos peque los círculos. Es un
punto muy importante.
En la literatura esotérica no encontraréis explicaciones
sobre este tema más que para el cuerpo etérico, que es el doble
de! cuerpo físico. El doble etérico penetra el cuerpo físico y le aporta vida, sensibilidad y fuerza. Si el nexo que une el cuerpo
físico al doble etérico se cortara, el cuerpo físico no sería más
que un cadáver, estaría muerto.
El cuerpo físico tiene, pues, un doble y lo mismo sucede con
los otros cuerpos.
El cuerpo astral y el cuerpo mental poseen
un doble astral y mental, hecho de una materia más sutil que
ellos. Si estos dobles están ausentes o son defectuosos, los
cuerpos correspondientes ya no pueden funcionar
correctamente.
Mirad también cómo está hecho nuestro planeta. Sobre el
suelo, sobre la tierra, se encuentra el agua que recubre en
parte su superficie o penetra en ella por todas partes.
Después, por encima, se encuentra la atmósfera, igualmente
constituida por dos elementos : el aire y el fuego (los rayos de
luz que penetran el aire). Por todas partes, reencontramos este
principio del doble que penetra y da la vida.
Consideremos, ahora, el esquema de la página siguiente.
En
la parte inferior se ve, para cada cuerpo, el circulito de la tierra
que representa, de alguna manera, la «forma» que el agua
penetra y anima.
En la parte superior, esta «forma» es el aire
penetrado y animado por el fuego. Nosotros poseemos, pues, 3
cuerpos inferiores que están constituidos por los dos principios tierra-agua, y otros tres cuerpos más sutiles, constituidos por
los principios aire-fuego. Los 3 cuerpos superiores
representan, pues, de alguna manera, la «atmósfera» de los 3
cuerpos inferiores.
Volvamos ahora al zodíaco.
A estos 6 cuerpos corresponden
las 12 constelaciones, 2 para cada cuerpo. En cuanto a los
planetas, cada uno ejerce su influencia en los dos mundos: el
mundo de arriba (los cuerpos superiores) y el mundo de abajo
(los cuerpos inferiores).
Veamos, pues, qué signos corresponden a nuestros
diferentes cuerpos. Para el cuerpo físico, Capricornio, en
donde reina Saturno, y para el doble etérico, Cáncer, su
opuesto en el zodíaco, en donde reina la Luna.
Para el cuerpo astral, Tauro, en donde reina Venus, y
para su doble, Escorpio, (su opuesto), en donde reina
Marte.
Para el cuerpo mental, Virgo y, regido por Mercurio d, y
para su doble, Piscis, regido por Júpiter.
Si nos fijamos ahora en la parte superior del esquema, al
cuerpo causal corresponden los signos Géminis e y Sagitario o; al cuerpo búdico, Libra u y Aries, y al cuerpo Atmico, Acuario y Leo.
En cuanto a los planetas, los que están localizados en los
planos inferiores se repiten en los planos superiores, pero en
orden inverso. Sólo hay una excepción: la Luna, que está
reemplazada por el Sol. Los planetas son los que establecen los
lazos entre los cuerpos superiores e inferiores. Se tiene, pues,
la siguiente tabla:
Mercurio y Júpiter rigen, pues, los dos planos del
pensamiento (cuerpo mental y cuerpo causal).
Venus y Marte rigen los dos planos del sentimiento (cuerpo
astral y cuerpo búdico).
Saturno - Luna y Saturno - Sol rigen los dos planos de la
acción, de la voluntad (cuerpo físico y cuerpo átmico).
Nuestro cuerpo átmico, por consiguiente, está influido por
Acuario (Saturno), el hombre que piensa, que reflexiona; y
por su doble, Leo (el Sol) que representa el corazón superior,
mientras que el cuerpo físico está influido por Capricornio y Cáncer, es decir, por Saturno y la Luna, la sensibilidad.
El Sol
representa, en efecto, la naturaleza superior del hombre,
brillante, estable, mientras que la Luna representa su
naturaleza inferior, repleta de sombras, movediza, inestable.
Más tarde estudiaremos este esquema más profundamente,
relacionándolo con otros temas. De momento os mostraré
cómo se puede, gracias a él, explicar la cuestión del pecado
original, de la caída.
El cuerpo astral, acabamos de verlo, es el ámbito de Marte
y de Venus: Marte inferior se relaciona con la violencia, la
agresividad, las fuerzas de destrucción, y Venus inferior con la
sensualidad. Por otra parte, el cuerpo astral está ligado al
cuerpo búdico, el cual está regido, a su vez, por los mismos
planetas, pero en su aspecto superior: Marte se manifiesta
entonces como coraje, actividad, dinamismo, espíritu
caballeresco que lucha por proteger a los demás, y Venus
como gracia, ternura, amor espiritual.
En la parte inferior del esquema, Venus y Marte ocupan los
signos de Tauro y Escorpio, mientras que, en la parte superior,
ocupan los signos de Libra y Aries. Y, precisamente, en el
círculo zodiacal, Aries está opuesto a Libra y Tauro está
opuesto a Escorpio.
Esto forma dos ejes:
Cada eje une dos polos: Venus, el principio femenino, está
unido a Marte, el principio masculino. Para comprender la
naturaleza de esta relación entre los dos polos masculino y
femenino, basta un ejemplo muy simple. Si durante algunos
segundos miráis fijamente el color rojo y luego dirigís vuestra
mirada sobre un fondo blanco, veréis aparecer el color verde.
E inversamente. ¿ Por qué están así relacionados el rojo y el
verde? El rojo es el color de Marte y el verde es el color de
Venus. El conocimiento de estos hechos nos permitirá
comprender ciertas manifestaciones psíquicas. Si actuáis con
Tauro, despertaréis a Escorpio; si actuáis con Aries, despertaréis a
Libra y recíprocamente, pues existe una conexión entre los dos
signos.
En Tauro, Venus se manifiesta bajo su aspecto inferior; empuja
a los seres a amar de forma primitiva, a tocar, gustar y sentir el
amor físicamente; pero después de un cierto tiempo, a causa de
esta alianza que existe entre los dos planetas, experimentan necesariamente las influencias de Marte en Escorpio. Y cuando
Marte llega, arrastra consigo las querellas, la violencia, la
destrucción. El que busca el amor físico se deja llevar,
necesariamente, por la dureza, la rebelión e incluso la crueldad.
Matará un buen pensamiento en sí mismo o en los demás,
destruirá un buen sentimiento. Al contrario, suponed que cedéis
a una mala influencia de Marte que os empuja a ser duros,
violentos; poco después os veréis arrastrados hacia la sensualidad
y las pasiones.
En el aspecto superior, en el que Venus se manifiesta como amor
desinteresado, bondad, belleza, abnegación, Marte se manifiesta
también, pero no para trastornar o destruir, sino para sostener,
preservar, defender, reforzar todo lo que es bueno en nosotros o
en los demás. Es una ley absoluta. El que manifiesta amor en su
cualidad espiritual, no puede caer en la violencia, sino que,
contrariamente, atrae el poder benéfico de Marte. Suponed ahora
que expresáis Marte a través del esfuerzo, del autocontrol, del
dominio de las pasiones, del valor en las pruebas; entonces es
Venus quien se manifestará como un ángel para traeros todos los
tesoros del paraíso, dilatando vuestra alma. Os hará gozar de la
vida inmortal, de un amor que vendrá a sosteneros, a reconfortaros
y a sumergiros en la felicidad y en la luz.
Escorpio puede ser interpretado aquí como otra forma del
símbolo de la serpiente. Corresponde a la octava casa zodiacal, la
casa de la muerte.
El libro del Génesis cuenta que en el jardín del
Edén, en el Paraíso, había árboles de todas clases, pero no menciona
más que dos: el Árbol de la Vida y el Árbol de la Ciencia del Bien y
del Mal.
Adán y Eva podían comer del fruto de todos los árboles del
jardín, excepto del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del
Mal. ¿Por qué? Dios les había dicho que si probaban de este
árbol, morirían. Ahora bien, Adán y Eva comieron del fruto y, sin
embargo, continuaron viviendo. Sí, porque, en realidad, en la
naturaleza la muerte no existe; lo que se llama «muerte» no es más que
la modificación de un estado de conciencia o de un estado de la
materia.
Adán y Eva vivían, pues, en el plano búdico, que está
influenciado por Libra y Aries.
Su existencia se desarrollaba
alegremente, en paz y en libertad ; vivían unidos a Dios, con todos
los ángeles y los seres sublimes. Venus, regente de Libra, les daba la
belleza y la dulzura, y Marte, regente de Aries,
les daba la energía, la actividad infatigable. Gracias a Libra,
que es la constelación del equilibrio perfecto, todas sus fuerzas
estaban armonizadas; no conocían las tribulaciones que aportan las otras dos constelaciones relacionadas con estos dos
planetas: Tauro y Escorpio.
Pero Adán y Eva, que estaban acostumbrados a absorber
las fuerzas benéficas de Marte y Venus, se acercaban poco a
poco a las constelaciones siguientes: su deseo de conocer les
empujaba cada vez más hacia Escorpio, que sigue a Libra en el
zodíaco, y hacia Tauro, que sigue a Aries.
Y queriendo
conocer los nuevos elementos, las nuevas fuerzas de estas dos
constelaciones, cometieron el primer pecado: se desplazaron,
abandonando la región del equilibrio y de la paz que
habitaban, para entrar, bajo la influencia de Tauro - Escorpio,
en las regiones de las pasiones sexuales y de la violencia.
Murieron, pues, a la vida de Aries y Libra, y nacieron a la vida
de Tauro Escorpio, cuyas fuerzas empezaron a verterse sobre
ellos. Ya no habitaron más en el plano búdico, la región de la
perfecta felicidad, de la dicha, sino en el plano astral, donde se
producen todo upo de trastornos y sufrimientos.
He aquí el
significado de las palabras de Dios al primer hombre: «El día
en que comas de este fruto, morirás.»
Dejándose arrastrar por las fuerzas inferiores de Venus y
Marte, Adán y Eva murieron en el plano búdico para caer en
el plano astral. A esto se le llama la «caída».
En el zodíaco, el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal está
representado por el eje Tauro-Escorpio, mientras que el Árbol
de la Vida está representado por el eje Aries-Libra. El que vive
en la sensualidad y en las pasiones, come el fruto del Árbol del
Bien y del Mal y muere cada día al estado de conciencia
superior; mientras que el que se domina, come del fruto del
Árbol de la Vida inmortal, en el propio Reino de Dios.
Si leemos el Apocalipsis, vemos que también contiene
referencias de esta ciencia concerniente a los ejes Aries-Libra
y Tauro-Escorpio. Dirigiéndose a la iglesia de Efeso, el
Espíritu le dice: «Yo conozco tus obras, tu trabajo, tu
perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, que
has puesto a prueba a quienes se llaman apóstoles,
descubriendo sus mentiras; que tienes perseverancia, que has
sufrido a causa de mi nombre y que no te has cansado en
absoluto. (Eso es Marte superior en constante actividad). Pero
lo que te reprocho, es que hayas abandonado a tu primer amor
(es decir, Venus superior, el eje Aries-Libra).
Recuerda, pues,
de dónde has caído, arrepiéntete y practica las primeras
obras... Tú, sin embargo, odias las obras de los nicolaítas,
obras que yo también odio (Aries es herbívoro y es el símbolo
de la pureza. Los nicolaítas eran una secta de herejes que
aceptaban participar en banquetes, donde se ofrecían a los invita dos carnes inmoladas a los ídolos y que tenían costumbres muy
relajadas...)
Al que venciere, yo le daré de comer del fruto del
Árbol de la Vida, que está en el Paraíso de Dios (es decir, en el
plano superior, en el cuerpo búdico situado en la parte central,
entre el cuerpo causal y el cuerpo átmico, de la misma forma que
el árbol estaba en el centro del Paraíso).»
Y fue dicho a la iglesia de Esmirna: «Yo conozco tu
tribulación y tu pobreza aunque seas rica.»
Ahora bien, Tauro
corresponde a la segunda casa astrológica, la de la riqueza y la
prosperidad, y aquí se trata precisamente de la pobreza espiritual
de la iglesia de Esmirna que cayó bajo la influencia de Venus
inferior en Tauro. «Yo conozco las calumnias procedentes de
quienes se llaman judíos y no lo son, pero que forman parte de
una sinagoga de Satán. Que tus sufrimientos no te hagan dudar,
pues he aquí que el diablo echará a algunos de vosotros a la
cárcel, a fin de que seáis probados, y tendréis una tribulación de
diez días» en los sufrimientos de Escorpio. «Sé fiel hasta la muerte
y te daré la corona de la vida... Quien triunfe, no tendrá que
sufrir la segunda muerte;» dicho de otra manera, aquél que se
corrija, escapará a la muerte dada por Escorpio, que fue la muerte
espiritual de Adán y Eva.
Ved que estos textos corresponden exactamente a lo que os he
dicho sobre los dos ejes Tauro-Escorpio y Aries-Libra. El Apocalipsis contiene todos los misterios de la alquimia, de la
magia, de la astrología y de la cábala. La mayor parte de
pasiones y sacerdotes no se atreven a interpretarlo, pues se verían
obligados a aceptar todas estas ciencias y, en consecuencia, a
cambiar ciertos aspectos de la religión. Se deja de lado el
Apocalipsis porque es una prueba inequívoca de que los Libros
santos tienen necesidad de otras ciencias para ser interpretados.
Incluso las cartas del Tarot están contenidas en él, así como sus
correspondencias con los números y los símbolos esotéricos.
OMRAAM




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