A menudo se relaciona el frío con el mal, con todo lo que es
negativo, malo, con lo que contrae, paraliza: mientras que el
calor simboliza lo que es bueno, bello, vivo. La realidad es
mucho más compleja.
En primer lugar, lo que hay que comprender es que existen
dos tipos de calor y de frío. Existe el calor que dilata, vivifica y
hace madurar, pero también el calor que quema, destruye y
sólo produce cenizas. Existe el frío que conserva todo lo que es
bueno y propicia excelentes condiciones para el pensamiento,
para la sabiduría, así como el frío que paraliza todo tipo de
vida. Son, pues, estos dos tipos de calor y de frío los que
debemos estudiar.
Hay un calor que procede del Sol y un calor que procede de
Marte. Hay un frío que viene de Saturno y otro de la Tierra.
El Sol representa el calor vivificante, y Marte el calor
destructivo. Saturno es el frío de la meditación, de la
inteligencia, de la sabiduría, y la Tierra el frío de la separación,
de la muerte.
Cuando Adán y Eva vivían en el jardín del Edén, se
alimentaban de frutos del Árbol de la Vida, el cual les transmitía un calor vivificante. Luego, cuando quisieron comer
los frutos del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal,
descendieron a la Tierra donde reina el frío de la separación,
del odio, de la muerte; y; todavía se encuentran en ella!
Arropados por el calor, eran como células armónicamente
unidas, a semejanza de los átomos animados por un mismo
movimiento en el seno de una molécula gaseosa.
Pero una vez
en la Tierra, quedaron atrapados por el frío que los congeló,
los petrificó, y. al mirarse, se sintieron separados. Todos los
malentendidos entre los hombres provienen de esta separación
de las conciencias. Si se desciende al frío de la Tierra, no es
posible comprender el otro frío, el de la sabiduría.
El frío está, pues, representado por Saturno y la Tierra, y el
calor por el Sol y Marte.
«¿Y lo tibio?», diréis. Lo tibio
corresponde a la Luna. En efecto, todo lo que se refiere a la
Luna es indeterminado, soso, insípido. Por eso los hombres
que están bajo la influencia de la Luna son indolentes,
irresolutos, confusos, soñadores. Conocéis sin duda el pasaje
del Apocalipsis en donde el Espíritu dice a la Iglesia de
Laodicea: «Así, ya que eres tibio y no eres ni frío ni caliente, te
vomitaré de mi boca.» Si, porque si un hombre es tibio, no se
puede contar con él, siempre anda con vaguedades, no comprende jamás la verdad, no es capaz de formar algo sólido,
estable.
Las experiencias científicas realizadas muestran que no se
ha podido descubrir todavía el punto límite del calor, mientras
que para el frío el límite es - 273 C., el cual, por otra parte, no
se ha podido alcanzar jamás. En la naturaleza existe una
fuerza que impide alcanzar el cero absoluto. Dios ha puesto en
cada cosa, en cada ser. la chispa del fuego creador, y aun
cuando todos se juntasen para apagar esta chispa, no lo
conseguirían. Porque en ella está actuando el poder del fuego
creador, del Dios inmortal en el interior de cada cosa.
¡Cuántas veces el frío ha intentado apagar esta chispa, pero
sin conseguirlo! El odio, los celos, la duda, el orgullo, el temor,
el miedo, que son formas del frío y de la muerte, han intentado
millones de veces apagar la chispa de la vida, la luz que está en
el mundo. No lo han conseguido jamás. Nunca ha podido
ahogarse esta luz divina que brilla sobre la tierra.
El ser
humano jamás podrá destruir completamente este bien que se
encuentra en él.
Todos deben saberlo para que no pierdan el
tiempo intentando ahogar esta chispa divina que hay en ellos o
en los demás, sino que, por el contrario, trabajen para
alimentarla.
Veamos ahora cómo podemos reavivar nuestro calor o bien
disminuirlo. Estoy hablando aquí del lado positivo del calor y
del frío. Para refrescarse hay que subir a la cumbre, es decir,
llegar a ser un sabio, un filósofo, un erudito. Para acrecentar el
calor hay que descender un poco a los valles, acercarse a las
flores, a los ríos, a los árboles y a sus hermanos o hermanas
humanos. Por el amor reavivamos el calor, por la sabiduría
disminuimos su exceso. Observad a los que piensan mucho:
son fríos. Y, por otra parte, podéis observar vosotros mismos
que si meditáis durante largo tiempo, acabáis por tener frío.
Mientras que si sentís amor por alguien o por algo, os sentís
enseguida más cálidos. En invierno, cuando queráis luchar
contra el frío, llamad en vosotros el amor, la alegría, la
dilatación. Cuando estáis disgustados sentís el frío, incluso si
os halláis delante de una estufa encendida. Este es el frío
inferior de la Tierra y de la muerte.
Volvamos ahora al zodíaco y veamos cómo esta cuestión del
frío y del calor está relacionado con el eje Acuario - Leo.
Dirigiéndose siempre a la Iglesia de Laodicea, el Espíritu
añade: «Tú no eres ni frío ni caliente… Te aconsejo que me
compres oro purificado en el fuego, para que te enriquezca, así
como vestiduras blancas para vestirte, de forma que no
aparezca la vergüenza de tu desnudez, y también un colirio para que unjas tus ojos y veas.
Yo al que amo, le reprendo y
castigo.» Ahora vais a ver que este pasaje puede interpretarse
gracias al eje Acuario - Leo.
La constelación de Leo representa el fuego creador. Es la
casa del Sol, del calor más fuerte, el de los meses de julio y
agosto. Leo representa el corazón, el corazón cósmico, que da
la sangre, la vida. Es la quinta casa, la del amor, de la creación,
de los hijos. Al otro extremos del eje está Acuario, que está
regido por Saturno, que reina en invierno. Acuario está
representado por un anciano, Saturno (aunque Saturno no es
el único regente de Acuario, también lo es Urano) que posee la
sabiduría y que, simbólicamente, vierte agua para saciar la sed
de la humanidad. Los dos polos del eje son, pues, el amor y la
sabiduría, el calor y el frío, los valles y las cumbres. «Tú no
eres ni frío ni caliente», significa que no tienes ni amor ni
sabiduría.
Veamos ahora lo que significa el oro, los vestidos blancos y
el colirio.
«Oro purificado en el fuego »: según la alquimia, el oro está
relacionado con el Sol, es la condensación de las fuerzas
benéficas, de los rayos del Sol. Ahora bien, Leo representa el
oro pasado por el fuego y purificado: el amor espiritual que lo purifica todo. Por otra parte, la etimología señala estas
correspondencias. En hebreo, el corazón se denomina «lev», el
león «lavi»; en búlgaro y en ruso, el león se denomina «lev», y
el amor «liubov», raíz que se encuentra en el inglés «love»: el
amor, y en el alemán «Liebe»: el amor y «Lówe»; el león,
«Vestiduras blancas»: estas vestiduras blancas son un
símbolo de la pureza, siendo ésta comprendida como esa
ausencia de pasión que da la sabiduría.
«Un colirio para ungir tus ojos»: el colirio es Urano, la
verdad que está relacionada con los ojos. En las antiguas
iniciaciones, Urano se representaba bajo la forma de un ojo
volando por encima de un océano. Este era su símbolo.
No
penséis que los antiguos ignorasen la existencia de Urano y
que este planeta lo descubrió Herschell. Los antiguos lo
conocían, pero le llamaban Cielo (en griego Ouranos significa
cielo).
Así pues, el Sol nos da la vida, el amor. Saturno nos da la
sabiduría para vestirnos y Urano nos permite ver la verdad.
Por eso, el eje Acuario - Leo, que actuará a partir de ahora en
el mundo, ya que entramos en la era de Acuario, representa la
nueva época en la que los discípulos y los hijos de Dios trabajarán con el amor del Sol (Leo), con la sabiduría de
Saturno (Acuario) y vivirán en la verdad aportada por Urano.
La época Acuario - Leo será la del amor, la de la sabiduría
y, en cierta medida, la de la verdad. Pero la verdadera época
de la verdad vendrá más tarde, en la sexta y séptima razas,
cuando el hombre realice la síntesis perfecta del amor y de la
sabiduría; entonces la verdad se establecerá plenamente.
Aunque la Iglesia de Laodicea se crea rica («Tu dices: yo
soy rica, yo me he enriquecido y no tengo necesidad de
nada»), el Espíritu sabe que es miserable, pobre, ciega,
desnuda y le aconseja comprar oro, vestiduras blancas y un
colirio para los ojos. Esto demuestra que fuera de este eje
Acuario - Leo no se puede obtener ni el amor, ni la sabiduría,
ni la verdad, es decir, que se seguirá pobre, desnudo y ciego.
Así pues, el que es frío debe aprender a ser cálido, e
inversamente. Por el paso de un polo al otro, se reencuentra el
equilibrio; se descubre la vida que se encuentra en este
movimiento de ascenso y descenso. El que permanece
eternamente en el frío o en el calor no evoluciona, todo ha
terminado para él. ¿Cómo procedéis cuando cocéis vuestras
legumbres? Colocáis la cazuela al fuego, pero al cabo de poco
tiempo la retiráis. ¿Porqué no dejáis que todo se queme?
Porque sois sabios. Si sentís amor por alguien, eso está bien;
pero la sabiduría os dice que no es conveniente excederse. Si el
calor asciende en vosotros a causa de alguien, ¡ no dejéis la
cacerola sobre el fuego! Me comprendéis, ¿verdad?... El calor
(el amor) sea bienvenido, pero a condición de que le siga un
ligero enfriamiento (la sabiduría).
El Espíritu también le dice a la Iglesia de Laodicea: «A los
que amo (Leo), les reprendo y castigo (Acuario).»
El que ama
es el Sol; el que castiga es Saturno, pero también Urano
ocasiona grandes trastornos. Si el Cielo que nos ama nos
castiga, lo hace a través del destino, regido por Saturno.
Cuando veamos que se acercan los castigos de Saturno,
sepamos que es Dios quien se manifiesta a través de él. Para
ser amados, debemos estar en Leo y en Acuario, entre
Saturno, el viejo Adán, y el Sol, el Cristo, el que nació de la
tribu de Judá. Jacob, en efecto, tenía doce hijos, que fueron
los ascendientes de las doce tribus de Israel. Cada una de estas
tribus está relacionada con uno de los doce signos del zodíaco:
la de Judá corresponde a Leo, y de la tribu de Judá nació
Jesús, el Cristo.
Por último, el Espíritu dice: «Al que venza, le haré sentar
conmigo en mi trono, de la misma manera que yo he vencido y
me he sentado con mi Padre en su trono.» No hay otro trono que el de Leo, donde está sentado el Sol, Cristo. Cristo es el
Sol, el corazón que derrama su sangre, su amor por todo el
universo. Por lo tanto, el que venza el odio y la muerte (el frío
interior), dominará en el Trono de Dios.
La Esfinge de los egipcios es una representación del
zodíaco en relación a los cuatro elementos; posee una cabeza
humana (Acuario, signo de aire), un cuerpo de toro (tauro,
signo de tierra), patas de león (Leo, signo de fuego) y alas de
águila (Escorpio, signo de agua).
En el Apocalipsis de san Juan se vuelven a encontrar las
mismas figuras cuando habla de los cuatro Animales santos
que están delante del Trono de Dios y que, día y noche, no
cesan de cantar: «¡Santo, Santo. Santo, es el Señor Dios
Todopoderoso, El que era. El que es y El que viene!».
El
primero de estos animales es parecido a un león, el segundo a
un toro, el tercero a un hombre, y el cuarto a un águila. Diréis
que en el zodíaco no hay ningún Águila, sino Escorpio. En
realidad en el zodíaco original, el Águila ocupaba el lugar de
Escorpio, pero ésta es una historia que debe comprenderse
desde un punto de vista simbólico.
A causa de las fuerzas sexuales mal dirigidas, el Águila cayó
y se transformó en Escorpión. Por otra parte, en las correspondencias que los Iniciados han establecido entre las
diferentes partes del cuerpo y los signos del zodíaco, es
Escorpio el que está en correspondencia con los órganos
genitales. El Águila representa al que podía elevarse muy alto
en el cielo, pero que cayó porque comió del fruto del Árbol de
la Ciencia del Bien y del Mal.
Los cuatro animales santos, a semejanza de la Esfinge de los
egipcios, corresponden a los dos ejes Tauro - Escorpio, y
Acuario - Leo, que forman una de las cruces del zodíaco:
Acuario es el hombre, por consiguiente el pensamiento, la
sabiduría. Está representado por un anciano que vierte el agua
de un cántaro. Esta agua es el agua de la vida, pues la
sabiduría de Acuario es una sabiduría que aporta la vida, que produce la vida, que despierta a la vida. El agua que fluye del
cántaro del anciano enseña a los humanos que deben
alimentar, regar y hacer fructificar todo en ellos y a su
alrededor. El símbolo de nuestra Fraternidad, el áncora con
las dos manos que vierten agua, es también un símbolo de
Acuario. En la mitología griega, Acuario está representado por
Ganímedes, al que se le llamaba «el copero de los dioses».
El agua aporta la vida, y como los seres humanos han
olvidado el agua, no están regados; o quizás lo están, pero
¿con qué?... Necesitan, ante todo, de un agua vivificante. Por
eso, a pesar de que Acuario es un símbolo de sabiduría, no está
relacionado con el cerebro, sino con el plexo solar, que es el
único que puede hacer que fluya agua viva en las entrañas.
Está escrito en los Evangelios: «De su seno brotarán fuentes
de agua viva». Se trataba de Acuario, que ya fue profetizado,
pero de forma que nadie pudo comprender en esta época.
Mientras que no tengamos el agua viva, se puede contar lo
que se quiera, pero sólo será teoría, y la teoría reseca a los
seres humanos. Es lo que ocurre con ¡a cultura actual: los
seres humanos se instruyen, pero su sabiduría permanece en la
superficie, no es viva.
Pues bien, es mejor no saber nada de lo
que se encuentra en los libros, y, sin embargo, poseer la
ciencia de la vida, pues al que sabe vivir, es decir, vibrar al unísono, en armonía con todas las leyes cósmicas, se le
revelará el universo entero. He ahí por qué la Enseñanza de la
Fraternidad Blanca Universal aporta un elemento
completamente nuevo.
Los seres humanos nos presentan su
ciencia y yo me inclino ante ella y la admiro, pero esto no es lo
esencial. A mí lo que me interesa es vivir en armonía con las
leyes cósmicas.
Desde hace ya varios años, astrólogos y esotéricos hablan
de la llegada de la era de Acuario. En realidad hay que esperar
todavía doscientos años aproximadamente, antes de que el
punto vernal entre verdaderamente en la constelación de
Acuario, pero su influencia ya se hace sentir, lo cual es
completamente normal.
En el mes de marzo, por ejemplo, es
invierno todavía, y, sin embargo, en algunos días, a causa del
sol, de los pájaros, de las flores, se siente la primavera; por sus
efluvios, por su aura, por sus emanaciones, ya está ahí. Lo
mismo ocurre ante la proximidad de una nueva era: un cierto
número de signos precursores anuncian su venida.
Acuario es un signo de aire. Por eso, desde que su
influencia se hace sentir, la ciencia y las técnicas han sido
orientadas hacia el dominio del aire y del espacio. Durante la
era de Piscis, se explotaron básicamente los mares, a través de
la navegación.
Con Acuario se entra en el campo de las telecomunicaciones (el teléfono, la televisión), los aviones, los
cohetes...
Aunque no hayamos entrado completamente en Acuario
¡cuántos cambios!
Y, precisamente, lo que resulta un poco
inquietante es la influencia de Saturno y Urano, de los cuales
es su domicilio: Saturno que interfiere, bloquea, paraliza; y
Urano que produce choques, accidentes, explosiones, todo lo
que es brusco y violento. Todas las formas de explosión están
bajo la influencia de Urano: explosiones físicas (bombas de
hidrógeno, bombas atómicas) y explosiones psíquicas (todos
los movimientos de liberación). Por esto, la era de Acuario
producirá grandes rupturas.
Los que tienen varios planetas en el signo de Acuario, están
particularmente preparados para captar las nuevas ondas que
vienen de esta constelación. Son innovadores, inventores.
Todos los descubrimientos en el campo psíquico y esotérico
son debidos también a Acuario, y, sobre todo, la idea de
colectividad, de fraternidad. He ahí porque el mundo entero se
verá ahora obligado a doblegarse y a trabajar en esta idea de
fraternidad, de universalidad.
La era de Piscis ha sido la del cristianismo, cuyos rasgos
característicos corresponden exactamente al signo de Piscis, el signo de la abnegación y del sacrificio. Antes de la era de
Piscis, en la de Aries se había revelado la religión de Moisés, y
antes de ella, en la era de Tauro, las religiones egipcia,
babilónica... Con Acuario y su signo complementario, Leo, se
abre una nueva era, la de la verdadera sabiduría.
Sin embargo, no hay que creer que porque llega la época de
Acuario toda la humanidad va a transformarse de pronto.
Lo
que cambia para todos, son las posibilidades. Desde Acuario
se verterán fuerzas superiores, pero únicamente los que hagan
esfuerzos para absorber estas fuerzas, se transformarán.
El
Cielo nos enviará ondas, pero no nos impondrá la sabiduría; el
Cielo se contentará con darla a quien se hubiese preparado
para recibirla. Nosotros entramos en la época de Acuario, pero
si no intentamos beneficiarnos de sus influencias, Acuario
vendrá para los demás, pero no para nosotros.
OMRAAM


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