Desde hace miles
de años los humanos han intentado comprender el origen del mundo así como la
aparición del mal y su consecuencia: el
sufrimiento en este mundo.
Lo han presentado bajo la forma de mitos; por
eso en los Libros Sagrados de todas las religiones se encuentran relatos
simbólicos que hay que saber interpretar.
La tradición cristiana ha recogido el
relato de Moisés en el Génesis, pero, ¿lo han comprendido verdaderamente los
cristianos?
Estudiemos lo que escribe Moisés. Al sexto día de la Creación Dios hizo al
hombre y a la mujer, y los situó en un jardín llamado el Edén, en medio de
todas las especies de animales y de plantas.
Entre los árboles de este jardín, Moisés
distingue dos: El Árbol de la Vida, y otro que se ha vuelto desde entonces
particularmente famoso: el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, del que Dios
había prohibido a Adán y Eva comer sus
frutos. En tanto obedecieron las órdenes del Señor, vivieron en la felicidad y la
abundancia. Pero he aquí que la serpiente vino a
persuadir a Eva para que comiera del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal; y
después Eva persuadió a Adán para que probara también, y Dios les echó del
Paraíso. Recogeremos más tarde en
detalle algunos puntos de este relato.
Mucha gente ha ido en busca del Paraíso
terrenal, imaginándose que debía estar en la India, en América, en África,
pero, evidentemente, nunca han encontrado nada. El Paraíso estaba efectivamente en la tierra,
pero, ¿de qué tierra se trata? Todo es
simbólico, lo vais a ver. Oh, no os diré
todo, es imposible, porque esta historia del primer hombre y de la primera
mujer es un tema demasiado amplio, pero empezaré por hablaros de los dos
Árboles: el Árbol de la Vida, y sobre todo el Árbol de la Ciencia del Bien y
del Mal.
Así pues, Adán y Eva vivían en el Paraíso,
donde tenían derecho a comer los frutos de todos los árboles del jardín,
excepto el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Pero no sabéis qué es este fruto. Es el símbolo de las fuerzas que el primer
hombre y la primera mujer no sabían todavía controlar, transformar, utilizar.
Por eso Dios les había dicho. {Vendrá un
tiempo en que podréis comer de este fruto: pero actualmente sois todavía débiles,
y si lo coméis, al contactar con la energía que contiene, moriréis}, es decir cambiaréis de
estado de conciencia. Este cambio de
estado de conciencia está indicado en el Génesis, pero no siempre se ha sabido
interpretar esta indicación. Está escrito que cuando Adán y Eva vivían
felices en el Paraíso: {El hombre y la mujer estaban los dos desnudos y no
tenían vergüenza}; y más adelante, cuando comieron del fruto prohibido: {Los
ojos del uno y del otro se abrieron, supieron que estaban desnudos. Cosieron unas hojas de higuera y se hicieron
unos paños}. Esta conciencia súbita de
su desnudez prueba que algo había cambiado en ellos.
El Árbol de la Vida representaba la unidad
de la vida, donde la polarización no se manifiesta aún, es decir, donde no hay
ni bien ni mal: una región más allá del bien y del mal. Mientras que el otro árbol representaba el
mundo de la polarización, donde uno está obligado a conocer la alternancia de
los días y de las noches, de la alegría y de la pena, etc… Estos dos árboles son, pues, regiones del
Universo, o de la conciencia, y no simples vegetales. Y si
Dios dijo a Adán y Eva que no probaran del Árbol de la Ciencia del Bien y del
Mal, eso significa que no debían todavía penetrar en la región de la
polarización.
¿Por qué? ¿Creéis que esta prohibición era
un capricho del Señor? No. {Entonces, diréis, este Árbol, ¿era inútil?} Tampoco, Dios nunca crea cosas inútiles. La idea de un árbol produciendo frutos de los
que nadie coma y se beneficie es contraria a la sabiduría divina, que no crea
nada inútil.
Algunos seres comían de los frutos del
Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, pero eran capaces de soportarlos. Mientras que Adán y Eva no podían todavía
soportarlos porque estos frutos contenían fuerzas astringentes: la materia
sutil de sus cuerpos podía fijarse, condensarse a su contacto, y eso es lo que
se produjo. Por eso la tradición habla de una {caída}; este término de {caída}
simboliza el paso de una materia sutil a una opaca. Después de haber comido de la fruta prohibida,
Adán y Eva se densificaron, lo cual queda expresado por las palabras: {vieron
que estaban desnudos}. Desnudos lo
estaban ya antes, pero se veían vestidos de luz, tuvieron vergüenza y se
escondieron.
Después de haber comido del fruto del
Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, Adán y Eva continuaron viviendo pero
murieron a un estado de conciencia superior: fueron echados del Paraíso
terrenal (que simboliza este estado de conciencia), y un ángel armado con una
espada guardó desde entonces la entrada. Puesto que Adán y Eva fueron echados
del Paraíso {terrestre}, es que ya estaban en la tierra. Pero entonces, ¿cómo comprender que al dejar el Paraíso
fueran enviados {a la tierra}? ¿De qué tierra se trata? La Cábala enseña que la
tierra existe bajo siete formas. Da sus nombres, sus características, desde la
más densa hasta la más sutil, y la más sutil es justamente aquella de la cual
los hombres fueron echados. ¿Qué se
conoce de la tierra? Casi nada.
Según la Ciencia Iniciática, la tierra
posee un doble etérico que la rodea como una atmósfera luminosa. Es esta tierra etérica, sutil, precisamente la
verdadera tierra, no es ésta que tocamos aquí, dosificada, condensada. La verdadera tierra es la tierra etérica. En esta región, llamada Paraíso, en la que
Dios había situado a los primeros hombres, vivían éstos con su cuerpo radiante,
luminoso, del que acabo de hablaros, y no conocían ni el sufrimiento, ni la
enfermedad, ni la muerte.
Y, ¿sabéis que este Paraíso existe todavía, que
siempre ha existido? Aunque no se le
vea, ésta por todas partes, pero en el plano sutil de la materia; sí, el plano
etérico es material. Y el Árbol de la
Vida Eterna existe también, y se encuentra en ese Paraíso.
Este árbol presenta elementos que los primeros
hombres absorbían y de los que se nutrían. Vivían en esta sustancia etérica, la cual
mantenía la luz y la pureza de su vida. El Árbol de la vida no era un árbol, ya os he
dicho, sino una corriente, una corriente que procede del Sol, y los rayos del
Sol que circulaban en esta región. El
Árbol de la Vida, ¡es el Sol!
Y como el ser humano conserva la misma
estructura que tenía en los tiempos lejanos de su creación, posee todavía en sí
mismo la posibilidad de recibir de nuevo los frutos del Árbol de la Vida, es
decir, de retornar al seno de Dios. Cada
religión tiene su lenguaje propio, su forma particular de expresarse, pero
todas hablan de esta reintegración en Dios, de este retorno a la Causa primera.
Emplean expresiones diferentes, pero
hablan todas de la misma realidad.
Y ahora, ¿Qué es el Árbol de la Ciencia
del Bien y del Mal? Representa otra corriente que circulaba por el Paraíso y es
la que pone a los humanos en contacto con la forma más densa de la tierra. Dios
había dicho a los humanos: {Contentaos con explorar el territorio del Árbol de
la Vida. Todavía no ha llegado para vosotros el momento
de dejar esta región de luz para bajar a estudiar las raíces de la creación. Dejad
por el momento esta cuestión de lado, no intentéis conocerlo todo enseguida}. Puesto que este segundo árbol también existía,
no se podía arrancar, exactamente igual que a un hombre no se le pueden quitar
sus intestinos, su hígado, su bazo. Etc… Pues, como el Universo, el hombre está hecho
de dos regiones: una región superior que
corresponde al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, ahí donde se encuentran
la raíces de todas las cosas.
Los frutos del Árbol de la Ciencia del
Bien y del Mal poseían propiedades astringentes tan potentes que los primeros
hombres no podían resistirlas. Representaban la corriente {coagula}, y el
Señor sabía que si Adán y Eva entraban en contacto con ella, cambiaría
inmediatamente la calidad de su estado de conciencia. Y es lo que se produjo. Al contacto con esta corriente astringente, la
materia de su cuerpo se modificó, empezó a volverse densa, opaca y mate. Al prohibir a los primeros hombres que
comieran estos frutos, es decir estudiar esta corriente, experimentar estas
fuerzas de la naturaleza, Dios quería preservarles del sufrimiento, de la
enfermedad y de la muerte, la muerte del cuerpo físico, evidentemente, no la
muerte del espíritu, pues habían sido creados inmortales. Pero murieron a su estado luminoso, y
despertaron a otro estado, tenebroso y denso. Así pues, tuvieron que dejar este reino, este reino,
este Paraíso en el que vivían en la liviandad, en la luz, en la alegría, y
descender a las capas inferiores de la tierra donde vivimos hoy, pues si
estamos ahora sobre esta tierra, es porque abandonamos la tierra que fue
nuestra primera patria.
Ahora bien, ¿quién era esa serpiente que
tentó a Eva, esa serpiente tan inteligente que sabía hablar y decir cosas tan
persuasivas? La serpiente es un símbolo
extremadamente vasto y profundo que se encuentra en todas la religiones.
Todos los iniciados de todas la época se
han ocupado de la serpiente, aunque hayan preferido no hablar de ello
abiertamente. Este símbolo de la serpiente representa realidades en apariencia
muy diferentes: la fuerza Kundalini, el Mal, el Diablo, o aún, el agente mágico
que transmite todas las cosas del cielo a la tierra y de la tierra al cielo…
Los Iniciados no creen que la serpiente
sea únicamente el símbolo del mal: distinguen en ella una parte inferior
apagada, oscura, oscura, y una parte superior luminosa. Para ellos la serpiente es el agente mágico
que transmite igualmente el bien y el mal, es {la luz astral}, como la llama
Eliphas Lévi, que cuando está impregnada de elementos impuros produce a su paso
efectos nocivos, pero cuando está impregnada de los pensamientos luminosos de
los santos y de los profetas, los transmite hasta el trono de Dios.
La serpiente es, pues, luminosa en su
mitad superior y tenebrosa en su mitad inferior. En el Zohar, {El Libro del Esplendor}, se
encuentra una imagen representado una cabeza blanca, luminosa, que se refleja
en el abismo, en el lago de la materia opaca, bajo la apariencia de una cabeza
negra, una cabeza horrorosa. Es la sombra de Dios… Prefiero guardar estas cosas para más
adelante, cuando estéis mejor preparado para comprenderlas. La serpiente, o el
dragón es, pues un símbolo de este
agente mágico que impregna el universo entero hasta las estrellas, que
transporta tanto las buenas emanaciones como las malas.
Si conocéis el juego del Tarot, habréis
podido ver que la carta XV es la del Diablo.
Estanislao de Guaita comprendió la
profundidad de este arcano, y comenta la imagen que representa arriba el rostro
radiante, luminosos de un Iniciado victorioso, todopoderoso, y abajo invertido,
el rostro de un ser decaído, espantoso, retorcido y rabioso: la imagen del
Diablo. Y los dos juntos forman una sola
y única realidad que se puede representar por dos triángulos, no entrecruzados
como en el sello de Salomón (aquí va una estrella), sino simétricos con
respecto a su base (aquí va un rombo). Esta figura significa que el Diablo y el
agente mágico luminoso representan la misma realidad, pero en regiones diferentes. Lo mismo sucede en el
hombre: su parte inferior es sucia y desagradable, y su mitad superior es
bella, celestial, divina. Así pues, todo
depende de las fuerzas con las que trabaja, de la región en que se encuentra su
conciencia y de los elementos que toca y manipula.
La serpiente del Génesis representa, pues
una corriente que sube de la tierra y alcanza regiones muy elevadas: en las
alturas es pura y luminosa, pero en las regiones de abajo es mate y
desagradable. En cualquier caso, se
encontraba en el jardín del Paraíso, era también su terreno y Eva se paseaba
por allí… Como era muy curiosa, quería
saber lo que era este Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal; ella lo examinaba
a distancia para hacerse un poco a la idea, y la curiosidad la minaba. Se acercaba cada vez más, y a medida que lo
contemplaba, sin osar todavía tocarlo, se volvía más sensible a la voz de la
serpiente, es decir a la corriente terrestre que le hablaba muy
inteligentemente: {Ah, ¿ves? No lo conoces todo. Todavía puedes venir aquí
con nosotros para instruirte, porque poseemos una gran ciencia}.
Además, esta serpiente no era un ser
único, sino un conjunto de criaturas que Dios había creado mucho antes que a
los hombres, una generación de ángeles, de arcángeles, de divinidades
encargadas por el Creador para trabajar en las profundidades de la tierra sobre
los metales, los cristales, el fuego, etc... Para preparar todas las riquezas subterráneas,
y después volver a Él, una vez cumplida su misión. Sí, es
la Tradición la que lo dice, no yo; yo sólo añado de vez en cuando algunos
pequeños adornos, algunas conversaciones para que el relato sea más vivo, pero
no invento nada. Así pues, la tradición afirma que Dios había
creado unos seres luminosos, toda una jerarquía de ángeles y de arcángeles que,
una vez cumplida su misión, debían retornar al seno Eterno. Pero como eran
libres, algunos, influidos por esta vida de abajo, no quisieron ya retornar, y
así se produjo la rebelión de los ángeles.
No se rebelaron arriba, en el Cielo, sino
que se rebelaron cuando estaban lejos de Dios.
Pero el Creador no ha querido castigarles
con la muerte o la desintegración; les dijo.
{Permaneced ahí abajo, aprenderéis muchas
cosas, y el día que os hartéis de vivir
en la oscuridad y la limitación, volved, os recibiré.} Sí, dio la posibilidad hasta a las criaturas
más hundidas de volver a Él. ¿Ves? Esto es el amor de Dios. Si Dios
es amor, ¿cómo podría rehusar para siempre acoger a los culpables que deseen
volver a Él?
No, sería cruel, y ello no es posible. Puesto que en el Amor absoluto, hasta los
demonios pueden volver a Él. Pues no hay
que creer que son felices en esta situación, no; sufren, pero su orgullo les
impide volver a Dios. Y sin embargo, la
puerta les está abierta y cuando se arrepientan y dejen e molestar a los
humanos, reencontraran el lugar que han perdido, y Lucifer volverá a ser el
arcángel de la luz. Una tradición cuenta
que en el momento en que Lucifer se precipitó al abismo con los ángeles
rebeldes, cayó de su corona una enorme esmeralda, y que con esta esmeralda se
esculpió el Santo Grial, la copa en que se recogió la sangre del Cristo. Sí,
¿cuáles son las relaciones entre Lucifer y el Cristo? ¿Qué tienen que hacer
juntos?...
Pero volvamos a la serpiente. Os he dicho que se han separado de Dios.
Eran seres muy evolucionados que poseían una
ciencia y unos conocimientos fantásticos, y gracias a esta ciencia y a estos
conocimientos consiguieron seducir a Eva
prometiéndole iniciarla en sus arcanos. El Génesis presenta esto diciendo que Eva
comió la manzana… Comer una manzana,
¿qué hay de criminal en ello?
¡Todo el mundo come manzanas! Pero es el lado simbólico el que es
interesante. Detrás de esta manzana, hay
que entrever toda una enseñanza hasta entonces desconocida por Adán y Eva: {Dios os prohíbe come del fruto de este árbol
porque sabe que si coméis de él, os volveréis tan poderosos como Él, y Él no os quiere. Os dice que moriríais, pero no es verdad,
viviréis y conoceréis regiones que han permanecido desconocidas para vosotros
hasta ahora.
Entonces Eva se dejó tentar y, según la
Cábala, concibió por primera vez y se encontró encinta.
Era la primera iniciación Maravillada, Eva fue inmediatamente a
explicar a Adán.
Anteriormente ni el uno ni el otro
conocían este terreno.
Pero aquí debéis comprender que existen varias posibilidades de interpretación del
relato bíblico, pues el jardín del Edén, con los dos Árboles de la Vida de la
Ciencia del Bien y del Mal, es el símbolo de una realidad que existe no
solamente en el universo sino también en el ser humano.
Bajo una forma u otra, en su cuerpo físico
(simbólicamente el jardín del Edén) el hombre y la mujer continúan comiendo del
fruto del Árbol de la Vida o del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Adán y Eva poseían ambos este Árbol de la
Ciencia del Bien y del Mal, pero no comían de sus frutos, no conocían sus
propiedades. La primera iniciación de
Adán y Eva
Consistió, pues,
en tomar contacto con estas fuerzas de la naturaleza que no conocían. Puesto que en este egregor llamado la
serpiente había entidades femeninas, Adán fue iniciado por un demonio conocido
en la Tradición bajo el nombre de Lilith (mientras que el demonio que había
iniciado a Eva se llamaba Samael) y a su
vez comió del fruto. A partir de ese momento, Eva fue, pues, por un lado
y Adán por otro; la unidad de la pareja estaba rota.
Fue entonces cuando la fuerza astringente
empezó su trabajo de condensación, y ellos, que hasta entonces no tenían
vergüenza de verse desnudos porque su cuerpo estaba hecho de luz, al verse tan
densos y pesados, tuvieron vergüenza de su desnudez; por eso, dice la Biblia
que {se escondieron en el jardín}. Pero,
¿cómo esconderse? No se puede escapar a
la mirada de Dios.
Pero no hay que creer que cuando Dios vio
que habían comido de este fruto, se puso furioso.
¿Cómo podría ponerse furioso? Pregunto yo.
Diréis que habría sido una cosa normal
que se pusiera furioso puesto que Adán y Eva la habían desobedecido. Pero, ¿cómo sabéis que esta desobediencia no
estaba prevista en los planes del Señor? La historia del pecado original es la
historia del descenso del hombre a la materia, luego la cuestión que se plantea
es el saber si son únicamente los humanos quienes han decidido, o si el Señor
tenía proyectos incomprensibles, remotos, formidables, en los que a pesar de
todo los humanos podrían participar teniendo una cierta libertad de elección:
permanecer en el Paraíso o irse a explorar otras regiones de la Creación…
Lo que ciertas religiones llaman la caída
no es otra cosa que la elección hecha por los primeros hombres de descender a
explorar la materia.
También es posible explicar esta idea
mediante la imagen del árbol. Se puede
decir que los primeros hombres que vivían en el Paraíso estaban instalados en
la cima del Árbol. Pero la cima son la
flores, pues, en las flores, y ahí estaban en contacto con la luz, con el
calor, con la vida, la belleza, la libertad… Sin
embargo, he ahí que se planteaban cuestiones, diciéndose: {Pero,
¿qué es este árbol?¿De dónde es este
árbol? ¿De dónde viene esta energía,
esta savia?
Vemos un tronco, pero más abajo hay
también un lugar escondido. ¿Qué es?
Nos gustaría conocerlo}. Y como para conocer las cosas hay que ir al
propio lugar a explotarlas, dejaron sus magníficas moradas que tocaban el
Cielo, y descendieron a través del tronco hasta alcanzar las raíces. Pero, como siempre que se cambia de lugar hay
que soportar nuevas condiciones, ahora que están en las raíces, sufren, gritan,
ya que el lugar es oscuro, denso, y se sienten aplastados.
Pero lo que es consolador es que toda esta
vida que el hombre ha vivido en el Paraíso está grabada dentro de él de manera
indeleble. Está ahí y, de vez en cuando,
reencuentra un eco de esta armonía, de este esplendor, revive los momentos del
Paraíso en la belleza, la música y la poesía.
El Paraíso está dentro de cada alma humana,
porque el alma, en su origen, estaba en el Paraíso.
Pero ahora la vida que llevan los humanos es
tan prosaica, triste y limitada, que no consiguen recordarlo. Algunas veces, cuando se sumergen en una
lectura mística, cuando encuentran a ciertas criaturas, contemplan ciertos
paisajes o escuchan una bella música, algo se despierta en ellos, y de nuevo
reviven ciertos momentos del Paraíso. Desafortunadamente, algunos minutos más tarde
todo se borra, se olvidan de lo que han vivido, e incluso piensan que se
trataba una ilusión ante la que no hay que pararse. Es una pena razonar de esta manera, pues estos
estados celestiales corresponden a una realidad, incluso podríamos decir que es
lo más real que existe, y es deseable vivir lo más a menudo posible momentos
semejantes en espera de retornar definitivamente al Paraíso, al seno de Dios.
Y este retorno se hará un día, porque Dios
está siempre ahí para recibirnos y acogernos en sus brazos. No está furioso contra los humanos, sino que,
por el contrario les espera para el día en que quieran retornar. Y como les ha dado la eternidad, es tolerante,
es comprensivo, y dice:
{Sufrirán algún tiempo, ¡algunos millones
de años!, y después volverán y serán tan felices que lo olvidarán todo. Su espíritu es inmortal, y no es grave, no es
malo que sufran un poco.
¿Qué son
algunos millones de años, ante la eternidad?}
He ahí el razonamiento del Señor,
lo veis? Su razonamiento no es el
nuestro, Él no tiene tanta prisa…
Y en espera de retornar al seno de Dios,
los humanos aprenden muchas cosas. Pues sí, ahora que han empezado esta
exploración de la materia densa, deben de proseguirla hasta el final. Mientras vivían en el mundo divino, podían
permanecer en él eternamente, pero, una vez descendidos, están obligados a
recorrer todas las etapas. Imaginaos que estáis en la cima de una montaña: si
sois razonables, si prestáis atención para no deslizaros, no os caeréis, y
entonces podéis permanecer en ella tanto tiempo como queráis.
Pero desde el momento en que os dejáis
deslizar, os veis obligados a recorrer un camino determinado a través de las
rocas, con el riesgo de caer por los precipicios. Una vez
habéis desencajado una ley, un mecanismo, nada depende ya de vosotros, no
tenéis ya el poder de hacer lo que queréis, estáis obligados a para por toda
clase de peripecias.
No hay que imaginarse que la historia de
la humanidad ha podido desarrollarse sin el consentimiento del Señor, y que su
desobediencia y las peripecias de su destino no estuvieran previstas con
antelación.
El hombre se alejó de Dios, pero Dios no
era totalmente ajeno a ello, porque si se hubiese opuesto, el hombre no habría
podido nunca alejarse. Todo lo que el hombre hace, de alguna manera
lo hace con el consentimiento de Dios.
Y ahora va a retornar a Él. Después de la involución se produce la
evolución, o como se le llama en la Ciencia Iniciática, la reintegración, el
retorno el Seno Eterno.
Y para que veáis que esta idea no es
contraria a la filosofía de Jesús, os diré que está contenida en la parábola
del hijo pródigo.
¿Conocéis esta parábola? Un
joven había dejado la casa paterna para ir a un país lejano donde malgastó todo
su dinero, y no tenía ya ni siquiera con que alimentarse. Un día, para poder subsistir, se vio obligados
a guardar unos cerditos, pero no le daban ni siquiera las bellotas de las que
los cerditos se alimentaban, y tenía hambre.
Entonces se acordó de la casa de su padre
donde tenía alimento en abundancia y decidió volver a él. En este relato Jesús ha resumido la historia
de la humanidad. Y ya sabéis cómo
recibió después a su hijo: nada más verle de lejos, corrió para abrazarle, y
después ordenó que se matara un buey para festejar su regreso.
Es
exactamente lo mismo que os cuento.
El Señor espera el retorno del hombre que
ha querido recorrer el mundo.
Sentía
curiosidad, tenía ganas de explorar un poco, ¿por qué impedírselo?
El Señor sabía por adelantado que sería
desdichado, que pasaría hambre y sed, que sufriría porque nadie la amaría tanto
como Él, pero que después volvería y todo sería reparado.
Todo el mundo cree que el Señor se puso
furioso por la falta del hombre… ¡Pero
no fue así!
El Señor le permitió hacer lo que hizo.
Tenía sus proyectos, y dijo: {Tarde
o temprano, mis hijos volverán}.
Y como el padre del hijo pródigo, les prepara
un festín para obsequiarles.
OMRAAM MIKHAEL AIVANHOV

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