Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

martes, 9 de abril de 2019

LOS DOS ÁRBOLES DEL PARAÍSO




Desde hace miles de años los humanos han intentado comprender el origen del mundo así como la aparición del mal  y su consecuencia: el sufrimiento  en este mundo.  
Lo han presentado bajo la forma de mitos; por eso en los Libros Sagrados de todas las religiones se encuentran relatos simbólicos que hay que saber interpretar.
La tradición cristiana ha recogido el relato de Moisés en el Génesis, pero, ¿lo han comprendido verdaderamente los cristianos?
     
Estudiemos lo que escribe Moisés.  Al sexto día de la Creación Dios hizo al hombre y a la mujer, y los situó en un jardín llamado el Edén, en medio de todas las especies de animales y de plantas. 
Entre los árboles de este jardín, Moisés distingue dos: El Árbol de la Vida, y otro que se ha vuelto desde entonces particularmente famoso: el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, del que Dios había prohibido a Adán y Eva  comer sus frutos.  En  tanto obedecieron las órdenes del  Señor, vivieron en la felicidad y la abundancia. Pero he aquí que la serpiente vino a persuadir a Eva para que comiera del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal; y después Eva persuadió a Adán para que probara también, y Dios les echó del Paraíso.   Recogeremos más tarde en detalle algunos puntos de este relato.
     
Mucha gente ha ido en busca del Paraíso terrenal, imaginándose que debía estar en la India, en América, en África, pero, evidentemente, nunca han encontrado nada.  El Paraíso estaba efectivamente en la tierra, pero, ¿de qué tierra se trata?  Todo es simbólico, lo vais a ver.  Oh, no os diré todo, es imposible, porque esta historia del primer hombre y de la primera mujer es un tema demasiado amplio, pero empezaré por hablaros de los dos Árboles: el Árbol de la Vida, y sobre todo el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
     
Así pues, Adán y Eva vivían en el Paraíso, donde tenían derecho a comer los frutos de todos los árboles del jardín, excepto el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.  Pero no sabéis qué es este fruto.  Es el símbolo de las fuerzas que el primer hombre y la primera mujer no sabían todavía controlar, transformar, utilizar.   
     
Por eso Dios les había dicho. {Vendrá un tiempo en que podréis comer de este fruto: pero actualmente sois todavía débiles, y si lo coméis, al contactar con la energía que contiene, moriréis}, es decir cambiaréis de estado de conciencia.  Este cambio de estado de conciencia está indicado en el Génesis, pero no siempre se ha sabido interpretar esta indicación.   Está escrito que cuando Adán y Eva vivían felices en el Paraíso: {El hombre y la mujer estaban los dos desnudos y no tenían vergüenza}; y más adelante, cuando comieron del fruto prohibido: {Los ojos del uno y del otro se abrieron, supieron que estaban desnudos.  Cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos paños}.  Esta conciencia súbita de su desnudez prueba que algo había cambiado en ellos.
     
El Árbol de la Vida representaba la unidad de la vida, donde la polarización no se manifiesta aún, es decir, donde no hay ni bien ni mal: una región más allá del bien y del mal.  Mientras que el otro árbol representaba el mundo de la polarización, donde uno está obligado a conocer la alternancia de los días y de las noches, de la alegría y de la pena, etc…  Estos dos árboles son, pues, regiones del Universo, o de la conciencia, y no simples vegetales.   Y si Dios dijo a Adán y Eva que no probaran del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, eso significa que no debían todavía penetrar en la región de la polarización.
     
¿Por qué? ¿Creéis que esta prohibición era un capricho del Señor? No. {Entonces, diréis, este Árbol, ¿era inútil?}  Tampoco,  Dios nunca crea cosas inútiles.  La idea de un árbol produciendo frutos de los que nadie coma y se beneficie es contraria a la sabiduría divina, que no crea nada inútil.
Algunos seres comían de los frutos del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, pero eran capaces de soportarlos.  Mientras que Adán y Eva no podían todavía soportarlos porque estos frutos contenían fuerzas astringentes: la materia sutil de sus cuerpos podía fijarse, condensarse a su contacto, y eso es lo que se produjo. Por eso la tradición habla de una {caída}; este término de {caída} simboliza el paso de una materia sutil a una opaca.  Después de haber comido de la fruta prohibida, Adán y Eva se densificaron, lo cual queda expresado por las palabras: {vieron que estaban desnudos}.  Desnudos lo estaban ya antes, pero se veían vestidos de luz, tuvieron vergüenza y se escondieron.
     
Después de haber comido del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, Adán y Eva continuaron viviendo pero murieron a un estado de conciencia superior: fueron echados del Paraíso terrenal (que simboliza este estado de conciencia), y un ángel armado con una espada guardó desde entonces la entrada. Puesto que Adán y Eva fueron echados del Paraíso {terrestre}, es que ya estaban en la tierra. Pero entonces,  ¿cómo comprender que al dejar el Paraíso fueran enviados {a la tierra}? ¿De qué tierra se trata? La Cábala enseña que la tierra existe bajo siete formas. Da sus nombres, sus características, desde la más densa hasta la más sutil, y la más sutil es justamente aquella de la cual los hombres fueron echados.  ¿Qué se conoce de la tierra?  Casi nada.
     
Según la Ciencia Iniciática, la tierra posee un doble etérico que la rodea como una atmósfera luminosa.  Es esta tierra etérica, sutil, precisamente la verdadera tierra, no es ésta que tocamos aquí, dosificada, condensada.  La verdadera tierra es la tierra etérica.  En esta región, llamada Paraíso, en la que Dios había situado a los primeros hombres, vivían éstos con su cuerpo radiante, luminoso, del que acabo de hablaros, y no conocían ni el sufrimiento, ni la enfermedad, ni la muerte.
     
Y,  ¿sabéis que este Paraíso existe todavía, que siempre ha existido?  Aunque no se le vea, ésta por todas partes, pero en el plano sutil de la materia; sí, el plano etérico es material.  Y el Árbol de la Vida Eterna existe también, y se encuentra en ese Paraíso.
      
Este árbol presenta elementos que los primeros hombres absorbían y de los que se nutrían.  Vivían en esta sustancia etérica, la cual mantenía la luz y la pureza de su vida.  El Árbol de la vida no era un árbol, ya os he dicho, sino una corriente, una corriente que procede del Sol, y los rayos del Sol que circulaban en esta región.  El Árbol de la Vida,  ¡es el Sol!
     Y como el ser humano conserva la misma estructura que tenía en los tiempos lejanos de su creación, posee todavía en sí mismo la posibilidad de recibir de nuevo los frutos del Árbol de la Vida, es decir, de retornar al seno de Dios.  Cada religión tiene su lenguaje propio, su forma particular de expresarse, pero todas hablan de esta reintegración en Dios, de este retorno a la Causa primera.
     
Emplean expresiones diferentes, pero hablan todas de la misma realidad.
     
Y ahora, ¿Qué es el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal? Representa otra corriente que circulaba por el Paraíso y es la que pone a los humanos en contacto con la forma más densa de la tierra. Dios había dicho a los humanos: {Contentaos con explorar el territorio del Árbol de la  Vida.  Todavía no ha llegado para vosotros el momento de dejar esta región de luz para bajar a estudiar las raíces de la creación.   Dejad por el momento esta cuestión de lado, no intentéis conocerlo todo enseguida}.  Puesto que este segundo árbol también existía, no se podía arrancar, exactamente igual que a un hombre no se le pueden quitar sus intestinos, su hígado, su bazo. Etc…  Pues, como el Universo, el hombre está hecho de  dos regiones: una región superior que corresponde al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, ahí donde se encuentran la raíces de todas las cosas.
     
Los frutos del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal poseían propiedades astringentes tan potentes que los primeros hombres no podían resistirlas.  Representaban la corriente {coagula}, y el Señor sabía que si Adán y Eva entraban en contacto con ella, cambiaría inmediatamente la calidad de su estado de conciencia. Y es lo que se produjo.  Al contacto con esta corriente astringente, la materia de su cuerpo se modificó, empezó a volverse densa, opaca y mate.  Al prohibir a los primeros hombres que comieran estos frutos, es decir estudiar esta corriente, experimentar estas fuerzas de la naturaleza, Dios quería preservarles del sufrimiento, de la enfermedad y de la muerte, la muerte del cuerpo físico, evidentemente, no la muerte del espíritu, pues habían sido creados inmortales.  Pero murieron a su estado luminoso, y despertaron a otro estado, tenebroso y denso.  Así pues, tuvieron que dejar este reino, este reino, este Paraíso en el que vivían en la liviandad, en la luz, en la alegría, y descender a las capas inferiores de la tierra donde vivimos hoy, pues si estamos ahora sobre esta tierra, es porque abandonamos la tierra que fue nuestra primera patria.
   
     
Ahora bien, ¿quién era esa serpiente que tentó a Eva, esa serpiente tan inteligente que sabía hablar y decir cosas tan persuasivas?  La serpiente es un símbolo extremadamente vasto y profundo que se encuentra en todas la religiones.
     
Todos los iniciados de todas la época se han ocupado de la serpiente, aunque hayan preferido no hablar de ello abiertamente. Este símbolo de la serpiente representa realidades en apariencia muy diferentes: la fuerza Kundalini, el Mal, el Diablo, o aún, el agente mágico que transmite todas las cosas del cielo a la tierra y de la tierra al cielo…
     
Los Iniciados no creen que la serpiente sea únicamente el símbolo del mal: distinguen en ella una parte inferior apagada, oscura, oscura, y una parte superior luminosa.  Para ellos la serpiente es el agente mágico que transmite igualmente el bien y el mal, es {la luz astral}, como la llama Eliphas Lévi, que cuando está impregnada de elementos impuros produce a su paso efectos nocivos, pero cuando está impregnada de los pensamientos luminosos de los santos y de los profetas, los transmite hasta el trono de Dios.
     
La serpiente es, pues, luminosa en su mitad superior y tenebrosa en su mitad inferior.  En el Zohar, {El Libro del Esplendor}, se encuentra una imagen representado una cabeza blanca, luminosa, que se refleja en el abismo, en el lago de la materia opaca, bajo la apariencia de una cabeza negra, una cabeza horrorosa. Es la sombra de Dios…  Prefiero guardar estas cosas para más adelante, cuando estéis mejor preparado para comprenderlas. La serpiente, o el dragón es, pues un símbolo  de este agente mágico que impregna el universo entero hasta las estrellas, que transporta tanto las buenas emanaciones como las malas.
     
Si conocéis el juego del Tarot, habréis podido ver que la carta XV es la del Diablo.
     
Estanislao de Guaita comprendió la profundidad de este arcano, y comenta la imagen que representa arriba el rostro radiante, luminosos de un Iniciado victorioso, todopoderoso, y abajo invertido, el rostro de un ser decaído, espantoso, retorcido y rabioso: la imagen del Diablo.  Y los dos juntos forman una sola y única realidad que se puede representar por dos triángulos, no entrecruzados como en el sello de Salomón (aquí va una estrella), sino simétricos con respecto a su base (aquí va un rombo).  Esta figura significa que el Diablo y el agente mágico luminoso representan la misma realidad, pero en  regiones diferentes. Lo mismo sucede en el hombre: su parte inferior es sucia y desagradable, y su mitad superior es bella, celestial, divina.  Así pues, todo depende de las fuerzas con las que trabaja, de la región en que se encuentra su conciencia y de los elementos que toca y manipula.

La serpiente del Génesis representa, pues una corriente que sube de la tierra y alcanza regiones muy elevadas: en las alturas es pura y luminosa, pero en las regiones de abajo es mate y desagradable.  En cualquier caso, se encontraba en el jardín del Paraíso, era también su terreno y Eva se paseaba por allí…  Como era muy curiosa, quería saber lo que era este Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal; ella lo examinaba a distancia para hacerse un poco a la idea, y la curiosidad la minaba.  Se acercaba cada vez más, y a medida que lo contemplaba, sin osar todavía tocarlo, se volvía más sensible a la voz de la serpiente, es decir a la corriente terrestre que le hablaba muy inteligentemente:   {Ah, ¿ves?  No lo conoces todo. Todavía puedes venir aquí con nosotros para instruirte, porque poseemos una gran ciencia}.

Además, esta serpiente no era un ser único, sino un conjunto de criaturas que Dios había creado mucho antes que a los hombres, una generación de ángeles, de arcángeles, de divinidades encargadas por el Creador para trabajar en las profundidades de la tierra sobre los metales, los cristales, el fuego, etc...  Para preparar todas las riquezas subterráneas, y después volver a Él, una vez cumplida su misión.  Sí,  es la Tradición la que lo dice, no yo; yo sólo añado de vez en cuando algunos pequeños adornos, algunas conversaciones para que el relato sea más vivo, pero no invento nada.   Así pues, la tradición afirma que Dios había creado unos seres luminosos, toda una jerarquía de ángeles y de arcángeles que, una vez cumplida su misión, debían retornar al seno Eterno. Pero como eran libres, algunos, influidos por esta vida de abajo, no quisieron ya retornar, y así se produjo la rebelión de los ángeles.
     
No se rebelaron arriba, en el Cielo, sino que se rebelaron cuando estaban lejos de Dios.
Pero el Creador no ha querido castigarles con la muerte o la desintegración; les dijo.   
{Permaneced ahí abajo, aprenderéis muchas cosas, y el día que os hartéis  de vivir en la oscuridad y la limitación, volved, os recibiré.}  Sí, dio la posibilidad hasta a las criaturas más hundidas de volver a Él.  ¿Ves?  Esto es el amor de Dios.   Si Dios es amor, ¿cómo podría rehusar para siempre acoger a los culpables que deseen volver a Él?  
     
No, sería cruel, y ello no es posible.  Puesto que en el Amor absoluto, hasta los demonios pueden volver a Él.  Pues no hay que creer que son felices en esta situación, no; sufren, pero su orgullo les impide volver a Dios.  Y sin embargo, la puerta les está abierta y cuando se arrepientan y dejen e molestar a los humanos, reencontraran el lugar que han perdido, y Lucifer volverá a ser el arcángel de la luz.  Una tradición cuenta que en el momento en que Lucifer se precipitó al abismo con los ángeles rebeldes, cayó de su corona una enorme esmeralda, y que con esta esmeralda se esculpió el Santo Grial, la copa en que se recogió la sangre del Cristo. Sí, ¿cuáles son las relaciones entre Lucifer y el Cristo? ¿Qué tienen que hacer juntos?...
     
Pero volvamos a la serpiente.   Os he dicho que se han separado de Dios.  
Eran seres muy evolucionados que poseían una ciencia y unos conocimientos fantásticos, y gracias a esta ciencia y a estos conocimientos consiguieron seducir a Eva  prometiéndole iniciarla en sus arcanos.  El Génesis presenta esto diciendo que Eva comió la manzana…  Comer una manzana, ¿qué hay de criminal en ello?

¡Todo el mundo come manzanas!  Pero es el lado simbólico el que es interesante.  Detrás de esta manzana, hay que entrever toda una enseñanza hasta entonces desconocida por Adán y Eva:  {Dios os prohíbe come del fruto de este árbol porque sabe que si coméis de él, os volveréis tan poderosos como Él,  y Él no os quiere.  Os dice que moriríais, pero no es verdad, viviréis y conoceréis regiones que han permanecido desconocidas para vosotros hasta ahora. 
     
Entonces Eva se dejó tentar y, según la Cábala, concibió por primera vez y se encontró encinta.  
Era la primera iniciación Maravillada, Eva fue inmediatamente a explicar a Adán.
     
Anteriormente ni el uno ni el otro conocían este terreno.
Pero aquí debéis comprender que existen  varias posibilidades de interpretación del relato bíblico, pues el jardín del Edén, con los dos Árboles de la Vida de la Ciencia del Bien y del Mal, es el símbolo de una realidad que existe no solamente en el universo sino también en el ser humano.  
Bajo una forma u otra, en su cuerpo físico (simbólicamente el jardín del Edén) el hombre y la mujer continúan comiendo del fruto del Árbol de la Vida o del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.  Adán y Eva poseían ambos este Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, pero no comían de sus frutos, no conocían sus propiedades.  La primera iniciación de Adán y Eva

Consistió, pues, en tomar contacto con estas fuerzas de la naturaleza que no conocían.  Puesto que en este egregor llamado la serpiente había entidades femeninas, Adán fue iniciado por un demonio conocido en la Tradición bajo el nombre de Lilith (mientras que el demonio que había iniciado a Eva se llamaba Samael) y a su  vez comió del fruto. A partir de ese momento, Eva fue, pues, por un lado y Adán por otro; la unidad de la pareja estaba rota.
     
Fue entonces cuando la fuerza astringente empezó su trabajo de condensación, y ellos, que hasta entonces no tenían vergüenza de verse desnudos porque su cuerpo estaba hecho de luz, al verse tan densos y pesados, tuvieron vergüenza de su desnudez; por eso, dice la Biblia que {se escondieron en el jardín}.  Pero, ¿cómo esconderse?  No se puede escapar a la mirada de Dios.

Pero no hay que creer que cuando Dios vio que habían comido de este fruto, se puso furioso.
     
¿Cómo podría ponerse furioso? Pregunto yo.  Diréis que habría sido una cosa normal que se pusiera furioso puesto que Adán y Eva la habían desobedecido.  Pero, ¿cómo sabéis que esta desobediencia no estaba prevista en los planes del Señor? La historia del pecado original es la historia del descenso del hombre a la materia, luego la cuestión que se plantea es el saber si son únicamente los humanos quienes han decidido, o si el Señor tenía proyectos incomprensibles, remotos, formidables, en los que a pesar de todo los humanos podrían participar teniendo una cierta libertad de elección: permanecer en el Paraíso o irse a explorar otras regiones de la Creación…
     
Lo que ciertas religiones llaman la caída no es otra cosa que la elección hecha por los primeros hombres de descender a explorar la materia.
También es posible explicar esta idea mediante la imagen del árbol.  Se puede decir que los primeros hombres que vivían en el Paraíso estaban instalados en la cima del Árbol.  Pero la cima son la flores, pues, en las flores, y ahí estaban en contacto con la luz, con el calor, con la vida, la belleza, la libertad…   Sin embargo, he ahí que se planteaban cuestiones, diciéndose: {Pero, ¿qué es este árbol?¿De dónde es este árbol?  ¿De dónde viene esta energía, esta savia?  
     
Vemos un tronco, pero más abajo hay también un lugar escondido.  ¿Qué es?  
Nos gustaría conocerlo}.  Y como para conocer las cosas hay que ir al propio lugar a explotarlas, dejaron sus magníficas moradas que tocaban el Cielo, y descendieron a través del tronco hasta alcanzar las raíces.  Pero, como siempre que se cambia de lugar hay que soportar nuevas condiciones, ahora que están en las raíces, sufren, gritan, ya que el lugar es oscuro, denso, y se sienten aplastados.
     
Pero lo que es consolador es que toda esta vida que el hombre ha vivido en el Paraíso está grabada dentro de él de manera indeleble.  Está ahí y, de vez en cuando, reencuentra un eco de esta armonía, de este esplendor, revive los momentos del Paraíso en la belleza, la música y la poesía.  
El Paraíso está dentro de cada alma humana, porque el alma, en su origen, estaba en el Paraíso.  
Pero ahora la vida que llevan los humanos es tan prosaica, triste y limitada, que no consiguen recordarlo.  Algunas veces, cuando se sumergen en una lectura mística, cuando encuentran a ciertas criaturas, contemplan ciertos paisajes o escuchan una bella música, algo se despierta en ellos, y de nuevo reviven ciertos momentos del Paraíso.  Desafortunadamente, algunos minutos más tarde todo se borra, se olvidan de lo que han vivido, e incluso piensan que se trataba una ilusión ante la que no hay que pararse.  Es una pena razonar de esta manera, pues estos estados celestiales corresponden a una realidad, incluso podríamos decir que es lo más real que existe, y es deseable vivir lo más a menudo posible momentos semejantes en espera de retornar definitivamente al Paraíso, al seno de Dios.
     
Y este retorno se hará un día, porque Dios está siempre ahí para recibirnos y acogernos en sus brazos.   No está furioso contra los humanos, sino que, por el contrario les espera para el día en que quieran retornar.  Y como les ha dado la eternidad, es tolerante, es comprensivo, y dice:
     {Sufrirán algún tiempo, ¡algunos millones de años!, y después volverán y serán tan felices que lo olvidarán todo.  Su espíritu es inmortal, y no es grave, no es malo que sufran un poco.  
¿Qué son algunos millones de años, ante la eternidad?}   He ahí el razonamiento del Señor, lo veis?   Su razonamiento no es el nuestro, Él no tiene tanta prisa…
     
Y en espera de retornar al seno de Dios, los humanos aprenden muchas cosas. Pues sí, ahora que han empezado esta exploración de la materia densa, deben de proseguirla hasta el final.   Mientras vivían en el mundo divino, podían permanecer en él eternamente, pero, una vez descendidos, están obligados a recorrer todas las etapas. Imaginaos que estáis en la cima de una montaña: si sois razonables, si prestáis atención para no deslizaros, no os caeréis, y entonces podéis permanecer en ella tanto tiempo como queráis.
     
Pero desde el momento en que os dejáis deslizar, os veis obligados a recorrer un camino determinado a través de las rocas, con el riesgo de caer por los precipicios.   Una vez habéis desencajado una ley, un mecanismo, nada depende ya de vosotros, no tenéis ya el poder de hacer lo que queréis, estáis obligados a para por toda clase de peripecias.
No hay que imaginarse que la historia de la humanidad ha podido desarrollarse sin el consentimiento del Señor, y que su desobediencia y las peripecias de su destino no estuvieran previstas con antelación.
     
El hombre se alejó de Dios, pero Dios no era totalmente ajeno a ello, porque si se hubiese opuesto, el hombre no habría podido nunca alejarse.   Todo lo que el hombre hace, de alguna manera lo hace con el consentimiento de Dios.
     
Y ahora va a retornar a Él.   Después de la involución se produce la evolución, o como se le llama en la Ciencia Iniciática, la reintegración, el retorno el Seno Eterno.
Y para que veáis que esta idea no es contraria a la filosofía de Jesús, os diré que está contenida en la parábola del hijo pródigo. 
¿Conocéis esta parábola?  Un joven había dejado la casa paterna para ir a un país lejano donde malgastó todo su dinero, y no tenía ya ni siquiera con que alimentarse.  Un día, para poder subsistir, se vio obligados a guardar unos cerditos, pero no le daban ni siquiera las bellotas de las que los cerditos se alimentaban, y tenía hambre.         
     
Entonces se acordó de la casa de su padre donde tenía alimento en abundancia y decidió volver a él. En este relato Jesús ha resumido la historia de la humanidad.   Y ya sabéis cómo recibió después a su hijo: nada más verle de lejos, corrió para abrazarle, y después ordenó que se matara un buey para festejar su regreso.
     
Es exactamente lo mismo que os cuento.
El Señor espera el retorno del hombre que ha querido recorrer el mundo.  
Sentía curiosidad, tenía ganas de explorar un poco, ¿por qué impedírselo?  
El Señor sabía por adelantado que sería desdichado, que pasaría hambre y sed, que sufriría porque nadie la amaría tanto como Él, pero que después volvería y todo sería reparado.
Todo el mundo cree que el Señor se puso furioso por la falta del hombre…   ¡Pero no fue así!   
El Señor le permitió hacer lo que hizo.
Tenía sus proyectos, y dijo:   {Tarde o temprano, mis hijos volverán}.   
Y como el padre del hijo pródigo, les prepara un festín para obsequiarles.

                           OMRAAM  MIKHAEL AIVANHOV























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