El sol recorre todas las constelaciones del zodíaco en un
año. Cuando un niño nace, su signo solar es el de la
constelación en que se encuentra el Sol aquel día: Aries, del 21
de marzo al 20 de abril; Tauro, del 21 de abril al 20 de mayo,
etc...
Independientemente del signo solar, existen cuatro puntos
importantes en un horóscopo: la constelación que se eleva al
Este en el momento del nacimiento (Ascendente), la que se
pone al Oeste y que le es, por tanto, opuesta (el Descendente), la constelación que culmina en el cielo (Medio Cielo) y su
opuesta (el Bajo Cielo).
Los ejes Ascendente- Descendente y
Medio Cielo, Bajo Cielo, dividen el horóscopo en 4 partes, y
cada una de ellas, a su vez, se divide en tres, lo que da 12
casas.
Se coloca la primera casa a partir del Ascendente y así se
tiene, entre el Ascendente y el Bajo Cielo las casas 1, 2, 3;
entre el Bajo Cielo y el Descendente, las casas 4, 5, 6; entre el
Descendente y el Medio Cielo, las casas 7, 8, 9; entre el Medio
Cielo y el Ascendente, las casas 10, 11, 12. No se debe
confundir el orden de los signos del zodíaco (Aries, Tauro,
Géminis, etc... hasta Piscis) y el de las casas que, como acabo
de deciros, se calculan a partir del Ascendente, el cual puede
encontrarse en cualquier signo.
Veamos ahora rápidamente a qué corresponde cada casa:
Primera casa: el hombre en sí mismo, sus tendencias profundas.
Segunda casa: los bienes materiales, las adquisiciones
Tercera casa: las relaciones con el entorno, los hermanos y hermanas; los
estudios, los viajes cortos.
Cuarta casa: la familia, el hogar.
Quinta casa: los niños, el ámbito de la creación, los juegos, las
especulaciones.
Sexta casa: el trabajo, la salud.
Séptima casa: la vida conyugal, las asociaciones.
Octava casa: la muerte, el más allá.
Novena casa: los grandes viajes, la vida espiritual, la filosofía, la religión.
Décima casa: la situación social, los honores.
Undécima casa: los amigos.
Duodécima casa: las pruebas, los enemigos, los sufrimientos.
Pero estas indicaciones que nos da la astrología corriente,
no nos muestran por qué tal casa tiene tal sentido, ni la razón
de la sucesión de las casas en un orden determinado. Voy a
mostraros ahora estas conexiones.
A lo largo de su vida, cada ser sufre la influencia de las 12
constelaciones, y cada una de ellas le influye en un sentido
determinado. De hecho, una vez nacido en el plano físico,
todo hombre se ve obligado a seguir una determinada
evolución: crece, envejece y muere. Esta evolución, que no
depende de él, está indicada por los 12 signos del zodíaco.
Acabo de deciros que, en un horóscopo, no se deben
confundir los signos del zodíaco y las casas pero en el esquema
general que puede ser esbozado de la evolución de un ser, se
puede, sin embargo, ver una correspondencia entre los signos
y las casas.
1. El bebé que acaba de nacer se manifiesta mediante el
movimiento. Gesticula, trata de tocar y coger todo lo que está a su alcance. Si alguien se acerca a él, le tira de los vestidos,
los cabellos o la barba, e incluso le golpea. Pero todos
encuentran que el bebé es adorable, aunque haga tonterías. Es
Aries, la primera casa, la eclosión de las fuerzas vitales.
2. El niño crece y su entorno no cesa de proveer sus
necesidades: alimentarlo, vestirlo, darle juguetes, bombones,
cromos. Es la segunda casa, Tauro, , los bienes.
3. Ahora es el momento de instruir al niño, y se le envía a la
escuela. Se le dan libros y cuadernos, con los que aprende a
leer y a escribir. Observa y formula preguntas. Es ágil y
rápido, corre siempre por el camino de la escuela. Las idas y
venidas desde la casa a la escuela representan sus primeros
viajes. En la escuela aprende con otros niños. Es Géminis, la tercera casa, los estudios, las relaciones, los viajes cortos.
4. Luego, el niño se convierte en un joven: encuentra una
linda jovencita (al menos para su gusto) y dejándose llevar por
su imaginación, sueña con un hogar en donde él y su amada
vivirán juntos, e intenta presentar la joven a sus padres. Es la
cuarta casa, la de Cáncer, la del hogar
5. Ahí le tenemos casado, desde hace algún tiempo, y padre
de familia. Por la noche, al regresar del trabajo, encuentra a
sus hijos y se alegra de verles; sus juegos son un espectáculo
que él prefiere a todos los que le brinda el mundo externo, y
juega con ellos. Ante los demás, se siente orgulloso de ser
padre. Es realmente esto lo que caracteriza al signo de Leo, que quiere imponerse en su entorno, aprovechar las alegrías
de la existencia y mostrar con orgullo sus creaciones, sus hijos.
6. Ahora la vida se ha vuelto difícil: las cargas se acumulan,
el dinero falta, hay enfermos en casa.
El padre trabaja en
cualquier cosa, donde sea, para satisfacer las necesidades
urgentes de la familia. Su trabajo es muy penoso y, al fin,
completamente agotado, cae enfermo. Entonces, se le aconseja
atender su salud, tener una vida más equilibrada, etc... es la
sexta casa, la de Virgo, y , la casa del trabajo y de los
problemas de salud.
7. Con el tiempo los asuntos se arreglan, el padre ha
encontrado de nuevo un buen trabajo y, recuperada la salud,
se exhibe en las recepciones, acompañado de su mujer
elegantemente vestida. Comienza a dar consejos a los demás,
les dice: «Haced esto... no hagáis aquello... Yo también he pasado por dificultades y ahora tengo experiencia, puedo
aconsejaros».
Y, en efecto, da consejos de prudencia, de medida,
manifiesta el equilibrio de la séptima casa, Libra, .
8. Ocurre a veces que, durante este período, se da cuenta
que su mujer mira a otros hombres de una forma que no le
gusta. No sabe qué significa esto y se irrita. Hace pequeñas
escenas a su mujer, está celoso porque piensa que ella le
engaña: amenaza vengarse con las armas o el veneno.
Es
Escorpio, celoso, agresivo, la octava casa. Por otra parte,
también se rebela contra el orden social que encuentra injusto
y busca los medios de transformarlo. Lo cual también es una
manifestación del signo de Escorpio.
9. El es ahora jefe de una oficina, alto funcionario o
profesor respetado. Quiere conocer los demás países, sus
costumbres, sus formas de vida diferentes y emprende grandes
viajes.
Tiene también necesidad de reflexionar sobre el sentido
de su vida y se siente cada vez más atraído por los problemas
filosóficos y religiosos. Es la novena casa, Sagitario.
10. El envejece, y adquiere una gran reputación por su
posición social y su autoridad.
En esta posición, se considera
facultado para emitir juicios sobre todo y sobre todos y, poco
a poco, se siente aislado. Es la décima casa, la de Capricornio,
p, que corresponde a la más alta posición social, pero también
a una vida solitaria.
11. Pero llega un momento en que constata que no puede
continuar asumiendo su trabajo, para el que necesita fuerzas
que ya no tiene, y decide retirarse. Busca en su ambiente a un
hombre más joven capaz de reemplazarle. Ahora que no está
tan atado por su trabajo, puede dedicar más tiempo a sus
amigos, con los cuales conversa sobre temas espirituales. Es la
undécima casa, Acuario, [, la casa de los amigos y de la
espiritualidad...
12. Luego se encuentra cada vez más debilitado y se
despega tanto del mundo físico, que las tres cuartas partes de
su ser están ya en otra parte. No piensa en los bienes
materiales ni en las riquezas, sino en cómo se irá al otro
mundo.
Hace un testamento, por el cual se desprende de todos
sus bienes. Algunas veces es abandonado en un hospital. Es la
undécima casa, Piscis, la casa del sacrificio, de la renuncia,
de las pruebas.
Naturalmente estas indicaciones corresponden a un
esquema general.
En cada caso particular se dan variaciones,
distintos matices, ya que la existencia de cada ser está
determinada por sus vidas anteriores. Así, aquél que ha vivido
negativamente puede caer muy bajo en el período en que
hubiera debido, por el contrario, encontrarse en la cima. Otro,
llegada la época de la vejez, no sabe dar prueba de desapego
ni prepararse para la muerte, sino que se agarra a la vida
porque jamás pensó en trabajar sobre la renuncia y la
abnegación.
Cada horóscopo es individual y se aleja más o
menos de este esquema general que acabo de dar. Pero, en
cualquier caso, cada uno debe sufrir la influencia de las 12
constelaciones y de las 12 casas, y estar, pues, muy atento a
cada paso, de lo contrario, se seguirán consecuencias
perjudiciales para él en otra vida. Cada fase dura 7 años como
media, algunas veces 6, otras 8 ; esto depende de las
encarnaciones anteriores. Algunas fases se atraviesan
rápidamente, mientras que otras tienen una duración más
larga.
Si el regente de la casa 1 está en la 3, ello significa que el
período de los estudios se alargará mucho. Si está en la sexta
casa, estará preocupado por cuestiones de salud, etc.Estudiemos ahora, en el zodíaco, los ejes que forma cada signo
con el signo opuesto.
El primer eje (Aries-Libra) representa los intercambios entre el sujeto y su cónyuge (la mujer o el marido); la primera mitad del eje corresponde al estado de consciencia personal y la otra mitad a las posibilidades de intercambio con una persona del otro sexo. El segundo eje (Tauro-Escorpio) representa la potencia : poder en los sentimientos, abundancia de sensaciones y de pasiones (Tauro) y el poder de la penetración espiritual (Escorpio). El tercer eje (Géminis-Sagitario) es el de los estudios: estudios concretos (Géminis) y reflexión abstracta, filosófica (Sagitario).
El cuarto eje (Cáncer-Capricornio) es el de la situación en
la vida: situación familiar (Cáncer), posición en el mundo y
profesión (Capricornio).
El quinto eje (Leo-Acuario) es el del afecto: el amor y los
niños (Leo) y la amistad, las afinidades espirituales (Acuario).
El sexto eje (Virgo-Piscis) es el del sacrificio: el duro
trabajo del padre y de la madre para sus hijos, la abnegación
de ¡as enfermeras por los enfermos en los hospitales (Virgo) y
la abnegación y el sacrificio de los santos y de los Iniciados
para salvar las almas (Piscis).
Estos seis ejes forman 3 cruces, cada una formada por el
cruce de dos ejes perpendiculares.
1. Los ejes Aries-Libra y Cáncer-Capricornio.
2. Los ejes Tauro-Escorpio y Leo-Acuario.
3. Los ejes Géminis-Sagitario y Virgo-Piscis.
Cada ser que viene a la Tierra tiene, en su horóscopo, una
cruz especial formada por el Ascendente y el Descendente,
por una parte, y el Medio Cielo y el Bajo Cielo, por otra.
Según los signos del zodíaco en donde se encuentren los
brazos de esta cruz, el hombre enfrenta en su vida tal o cual
problema.
A esta cruz del destino se refería Jesús cuando decía: «Si
alguien quiere seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue
con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la
perderá, pero quien la perdiere por mi causa, se salvará.» Sí,
nuestra verdadera cruz está en nosotros mismos, y nuestro
horóscopo, en realidad, no es más que una indicación de los
problemas que debemos afrontar y resolver en nuestra vida.
Cualesquiera que sean las dificultades y los sufrimientos que
encontremos en nuestra vida, nos han sido dados por los Seres
superiores que han obrado con justicia.
Es preciso aceptar el juicio de estos Seres superiores, en
lugar de quejarse o de rebelarse, cada día debemos decirnos:
«Si sufro ahora es porque en una encarnación pasada no fui sabio, ni honesto, ni bueno, ni justo.
El mundo invisible quiere
darme lecciones. En adelante, tomaré voluntariamente mi cruz
y seguiré a Cristo.» Si el hombre se rebela, la justicia divina le
castiga doblemente.
Lo mismo sucede con los castigos terrestres. Si un
prisionero quiere escaparse, lo cogen de nuevo, lo devuelven a
su celda y le aumentan la pena en vez de atenuársela. El que
se rebela y no quiere aceptar el destino que le ha sido dado de
acuerdo con las leyes de la Justicia Divina, sufrirá más, la
justicia vendrá y le obligará a tomar de nuevo su cruz y a
entrar en el cuadrado, en la prisión.
Se dice que Jesús vino a la Tierra para salvarnos. Sí, vino a
esta prisión de carne que es el cuerpo físico, a fin de que los
demás fueran liberados. Y si nosotros también queremos
sacrificarnos por los demás, el mundo invisible disminuirá
nuestro karma.
El que trabaja según las leyes del amor no tiene que sufrir la
ley de la justicia, su pena es atenuada. Cuando un prisionero
manifiesta mucha paciencia y bondad, llama la atención de sus
jueces, que dicen: «Este hombre es notable, da un ejemplo
magnífico, reduzcamos sus penas», y abrevian su tiempo de
permanencia en prisión y, a veces, incluso deciden indultarle Sin embargo, para los demás la justicia es aplicada
estrictamente, y deben pagar hasta el último céntimo. Si son
condenados a prisión por 20 años, permanecerán allí 20 años.
De la misma forma, si en esta prisión del cuerpo tísico el
hombre manifiesta cualidades espirituales, se producirá un
cambio en su destino: disminuirán sus sufrimientos y
aligerarán su carga. Es en este sentido que cada cual es dueño
de su destino. Para el que vive exclusivamente en las pasiones
y los placeres, la cruz será cada vez más pesada; llegará a ser
incluso tan pesada que acabará por aplastarle.
Jesús dijo: «El que quiera seguirme que renuncie a sí
mismo».
El que ha renunciado cae bajo ¡a influencia del eje
Virgo-Piscis, la sexta y duodécima casas, al igual que Jesús,
que curaba los enfermos (sexta casa), y que aceptó los
enemigos, la soledad y la crucifixión, a fin de salvar a los que
debían sucederle, y a sus predecesores (doceava casa).
Y ahora, él nos pide que le sigamos: es el eje Géminis-
Sagitario, el interés por los estudios, la filosofía, la religión.
Cuando Jesús hablaba de la cruz, no pensaba en cualquier
cruz de madera o de metal, sino en la cruz del destino que está
inscrita en el horóscopo de cualquier ser.
Según las
constelaciones colocadas sobre los dos ejes del Medio Cielo y Bajo Cielo, del Ascendente y Descendente, el hombre tendrá
tal o cual problema particular que resolver en su vida.
Y Jesús sabía que él también sufriría y debería llevar su
propia cruz. Por esto, un día en que él hablaba de su próxima
muerte y Pedro le dijo «No, Señor, esto no sucederá», Jesús le
respondió: «Apártate, Satanás, porque tus pensamientos no
son los de Dios, sino los de los hombres.»
Debemos, pues, tomar nuestra cruz y llevarla. Para ello hay
que dejar de escuchar a nuestra naturaleza inferior, a la
personalidad, que nos aconseja sin cesar abandonarla, es
decir, descuidar nuestro trabajo y nuestras responsabilidades
para poder vivir en la indolencia y en los placeres como si
nosotros no viniéramos a la tierra más que para esto. Quien
trata de escapar a los esfuerzos y a las dificultades, encontrará
siempre dificultades más grandes. En lugar de eludir los
problemas, más vale que intentemos resolverlos, de lo
contrario, la situación en la que nos encontraremos será peor
que aquélla que se quiso eludir.
No podéis escaparos a ninguna parte sin resolver antes el
problema mediante el cual el mundo invisible quiere
instruiros.
Allí donde vayáis, se os impondrá otra lección más
dura aún.
El mundo invisible os dirá: «Tú no has querido aprender
nada allá abajo; pues bien, ¡Aquí tienes otras cosas que
aprender!» No hay que huir de las dificultades, sino esforzarse
en comprender su significado y hacer lo que sea necesario
para resolverlas. Cuando se ha llegado a este nivel, todo lo que
se haga después es beneficioso.
Aquél que cree poder escapar a sus obligaciones para
encontrar ocupaciones más agradables, no conoce las severas
leyes que rigen el destino. Una mujer piensa: «Mi marido es
aburrido, voy a buscar a alguien más divertido, más
seductor.» Lo encuentra, abandona a su primer marido, a
quien evidentemente hace sufrir, pero luego será ella la que
sufrirá más.
No está absolutamente prohibido dejar a un
marido o a una mujer, pero no antes de haber resuelto el
primer problema planteado. Lo que parece fácil es, en
realidad, extremadamente difícil, y viceversa. Si escogéis el
camino más difícil, el Señor os enviará ángeles para ayudaros,
pero si escogéis el camino fácil, tendréis también ángeles para
acompañaros, pero de otra índole... ángeles justicieros.
En lo sucesivo, aceptad el llevar vuestra cruz sin
lamentaciones. Decid: «Es mi tarea, es un problema que debo
resolver, pero, para ello, debo aprender. Resolveré estas dificultades a través de la sabiduría, el amor y la pureza.» Y las
entidades divinas que os observan desde arriba dirán:
«Disminuyamos de alguna manera las inquietudes y los sufrimientos
de este ser.»
«Si alguien quiere seguirme, que cargue con su cruz. » Es con
esta cruz que el discípulo construirá la base de la casa en la cual
encerrará su naturaleza inferior.
El mismo, es decir, su
naturaleza superior, vivirá sobre el tejado de esta casa. Desde
allí, verá salir el sol, contemplará los astros, leerá las reglas y las
prescripciones de la Inteligencia cósmica. La cruz es el
conjunto de todas las experiencias felices o desgraciadas que el
discípulo debe vivir para aprender una lección, y sobre las
cuales crucificará su naturaleza inferior, su egoísmo, su
orgullo. Si la cruz no fuera necesaria en la vida del discípulo,
Jesús habría dicho simplemente: «Id, dejad vuestra cruz y
seguidme, pues el camino es largo y para poder andar mucho
tiempo, debéis ser liberados, despojados de toda esta carga».
Pero Jesús dijo: «Coge tu cruz y sígueme», pues cogiendo su
cruz es como uno se libera.
OMRAAM


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