Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

sábado, 30 de marzo de 2019

LA CRUZ DEL DESTINO




El sol recorre todas las constelaciones del zodíaco en un año. Cuando un niño nace, su signo solar es el de la constelación en que se encuentra el Sol aquel día: Aries, del 21 de marzo al 20 de abril; Tauro, del 21 de abril al 20 de mayo, etc... Independientemente del signo solar, existen cuatro puntos importantes en un horóscopo: la constelación que se eleva al Este en el momento del nacimiento (Ascendente), la que se pone al Oeste y que le es, por tanto, opuesta (el Descendente), la constelación que culmina en el cielo (Medio Cielo) y su opuesta (el Bajo Cielo). 

Los ejes Ascendente- Descendente y Medio Cielo, Bajo Cielo, dividen el horóscopo en 4 partes, y cada una de ellas, a su vez, se divide en tres, lo que da 12 casas. Se coloca la primera casa a partir del Ascendente y así se tiene, entre el Ascendente y el Bajo Cielo las casas 1, 2, 3; entre el Bajo Cielo y el Descendente, las casas 4, 5, 6; entre el Descendente y el Medio Cielo, las casas 7, 8, 9; entre el Medio Cielo y el Ascendente, las casas 10, 11, 12. No se debe confundir el orden de los signos del zodíaco (Aries, Tauro, Géminis, etc... hasta Piscis) y el de las casas que, como acabo de deciros, se calculan a partir del Ascendente, el cual puede encontrarse en cualquier signo. 

Veamos ahora rápidamente a qué corresponde cada casa: 

Primera casa: el hombre en sí mismo, sus tendencias profundas. 
Segunda casa: los bienes materiales, las adquisiciones 
Tercera casa: las relaciones con el entorno, los hermanos y hermanas; los estudios, los viajes cortos. Cuarta casa: la familia, el hogar. 
Quinta casa: los niños, el ámbito de la creación, los juegos, las especulaciones. 
Sexta casa: el trabajo, la salud. 
Séptima casa: la vida conyugal, las asociaciones. 
Octava casa: la muerte, el más allá. 
Novena casa: los grandes viajes, la vida espiritual, la filosofía, la religión. 
Décima casa: la situación social, los honores. 
Undécima casa: los amigos. 
Duodécima casa: las pruebas, los enemigos, los sufrimientos. 

Pero estas indicaciones que nos da la astrología corriente, no nos muestran por qué tal casa tiene tal sentido, ni la razón de la sucesión de las casas en un orden determinado. Voy a mostraros ahora estas conexiones. A lo largo de su vida, cada ser sufre la influencia de las 12 constelaciones, y cada una de ellas le influye en un sentido determinado. De hecho, una vez nacido en el plano físico, todo hombre se ve obligado a seguir una determinada evolución: crece, envejece y muere. Esta evolución, que no depende de él, está indicada por los 12 signos del zodíaco. Acabo de deciros que, en un horóscopo, no se deben confundir los signos del zodíaco y las casas pero en el esquema general que puede ser esbozado de la evolución de un ser, se puede, sin embargo, ver una correspondencia entre los signos y las casas. 

1. El bebé que acaba de nacer se manifiesta mediante el movimiento. Gesticula, trata de tocar y coger todo lo que está a su alcance. Si alguien se acerca a él, le tira de los vestidos, los cabellos o la barba, e incluso le golpea. Pero todos encuentran que el bebé es adorable, aunque haga tonterías. Es Aries, la primera casa, la eclosión de las fuerzas vitales. 

2. El niño crece y su entorno no cesa de proveer sus necesidades: alimentarlo, vestirlo, darle juguetes, bombones, cromos. Es la segunda casa, Tauro,  , los bienes. 

3. Ahora es el momento de instruir al niño, y se le envía a la escuela. Se le dan libros y cuadernos, con los que aprende a leer y a escribir. Observa y formula preguntas. Es ágil y rápido, corre siempre por el camino de la escuela. Las idas y venidas desde la casa a la escuela representan sus primeros viajes. En la escuela aprende con otros niños. Es Géminis, la tercera casa, los estudios, las relaciones, los viajes cortos. 

4. Luego, el niño se convierte en un joven: encuentra una linda jovencita (al menos para su gusto) y dejándose llevar por su imaginación, sueña con un hogar en donde él y su amada vivirán juntos, e intenta presentar la joven a sus padres. Es la cuarta casa, la de Cáncer, la del hogar 

5. Ahí le tenemos casado, desde hace algún tiempo, y padre de familia. Por la noche, al regresar del trabajo, encuentra a sus hijos y se alegra de verles; sus juegos son un espectáculo que él prefiere a todos los que le brinda el mundo externo, y juega con ellos. Ante los demás, se siente orgulloso de ser padre. Es realmente esto lo que caracteriza al signo de Leo, que quiere imponerse en su entorno, aprovechar las alegrías de la existencia y mostrar con orgullo sus creaciones, sus hijos. 

6. Ahora la vida se ha vuelto difícil: las cargas se acumulan, el dinero falta, hay enfermos en casa. 
El padre trabaja en cualquier cosa, donde sea, para satisfacer las necesidades urgentes de la familia. Su trabajo es muy penoso y, al fin, completamente agotado, cae enfermo. Entonces, se le aconseja atender su salud, tener una vida más equilibrada, etc... es la sexta casa, la de Virgo, y , la casa del trabajo y de los problemas de salud. 

7. Con el tiempo los asuntos se arreglan, el padre ha encontrado de nuevo un buen trabajo y, recuperada la salud, se exhibe en las recepciones, acompañado de su mujer elegantemente vestida. Comienza a dar consejos a los demás, les dice: «Haced esto... no hagáis aquello... Yo también he pasado por dificultades y ahora tengo experiencia, puedo aconsejaros». Y, en efecto, da consejos de prudencia, de medida, manifiesta el equilibrio de la séptima casa, Libra, . 

8. Ocurre a veces que, durante este período, se da cuenta que su mujer mira a otros hombres de una forma que no le gusta. No sabe qué significa esto y se irrita. Hace pequeñas escenas a su mujer, está celoso porque piensa que ella le engaña: amenaza vengarse con las armas o el veneno. 
Es Escorpio, celoso, agresivo, la octava casa. Por otra parte, también se rebela contra el orden social que encuentra injusto y busca los medios de transformarlo. Lo cual también es una manifestación del signo de Escorpio. 

9. El es ahora jefe de una oficina, alto funcionario o profesor respetado. Quiere conocer los demás países, sus costumbres, sus formas de vida diferentes y emprende grandes viajes. 
Tiene también necesidad de reflexionar sobre el sentido de su vida y se siente cada vez más atraído por los problemas filosóficos y religiosos. Es la novena casa, Sagitario. 

10. El envejece, y adquiere una gran reputación por su posición social y su autoridad. 
En esta posición, se considera facultado para emitir juicios sobre todo y sobre todos y, poco a poco, se siente aislado. Es la décima casa, la de Capricornio, p, que corresponde a la más alta posición social, pero también a una vida solitaria. 

11. Pero llega un momento en que constata que no puede continuar asumiendo su trabajo, para el que necesita fuerzas que ya no tiene, y decide retirarse. Busca en su ambiente a un hombre más joven capaz de reemplazarle. Ahora que no está tan atado por su trabajo, puede dedicar más tiempo a sus amigos, con los cuales conversa sobre temas espirituales. Es la undécima casa, Acuario, [, la casa de los amigos y de la espiritualidad... 

12. Luego se encuentra cada vez más debilitado y se despega tanto del mundo físico, que las tres cuartas partes de su ser están ya en otra parte. No piensa en los bienes materiales ni en las riquezas, sino en cómo se irá al otro mundo. 
Hace un testamento, por el cual se desprende de todos sus bienes. Algunas veces es abandonado en un hospital. Es la undécima casa, Piscis, la casa del sacrificio, de la renuncia, de las pruebas. 

Naturalmente estas indicaciones corresponden a un esquema general. 
En cada caso particular se dan variaciones, distintos matices, ya que la existencia de cada ser está determinada por sus vidas anteriores. Así, aquél que ha vivido negativamente puede caer muy bajo en el período en que hubiera debido, por el contrario, encontrarse en la cima. Otro, llegada la época de la vejez, no sabe dar prueba de desapego ni prepararse para la muerte, sino que se agarra a la vida porque jamás pensó en trabajar sobre la renuncia y la abnegación. 

Cada horóscopo es individual y se aleja más o menos de este esquema general que acabo de dar. Pero, en cualquier caso, cada uno debe sufrir la influencia de las 12 constelaciones y de las 12 casas, y estar, pues, muy atento a cada paso, de lo contrario, se seguirán consecuencias perjudiciales para él en otra vida. Cada fase dura 7 años como media, algunas veces 6, otras 8 ; esto depende de las encarnaciones anteriores. Algunas fases se atraviesan rápidamente, mientras que otras tienen una duración más larga. Si el regente de la casa 1 está en la 3, ello significa que el período de los estudios se alargará mucho. Si está en la sexta casa, estará preocupado por cuestiones de salud, etc.Estudiemos ahora, en el zodíaco, los ejes que forma cada signo con el signo opuesto. 

El primer eje (Aries-Libra) representa los intercambios entre el sujeto y su cónyuge (la mujer o el marido); la primera mitad del eje corresponde al estado de consciencia personal y la otra mitad a las posibilidades de intercambio con una persona del otro sexo. El segundo eje (Tauro-Escorpio) representa la potencia : poder en los sentimientos, abundancia de sensaciones y de pasiones (Tauro) y el poder de la penetración espiritual (Escorpio). El tercer eje (Géminis-Sagitario) es el de los estudios: estudios concretos (Géminis) y reflexión abstracta, filosófica (Sagitario).
El cuarto eje (Cáncer-Capricornio) es el de la situación en la vida: situación familiar (Cáncer), posición en el mundo y profesión (Capricornio). El quinto eje (Leo-Acuario) es el del afecto: el amor y los niños (Leo) y la amistad, las afinidades espirituales (Acuario). El sexto eje (Virgo-Piscis) es el del sacrificio: el duro trabajo del padre y de la madre para sus hijos, la abnegación de ¡as enfermeras por los enfermos en los hospitales (Virgo) y la abnegación y el sacrificio de los santos y de los Iniciados para salvar las almas (Piscis). Estos seis ejes forman 3 cruces, cada una formada por el cruce de dos ejes perpendiculares. 

1. Los ejes Aries-Libra y Cáncer-Capricornio. 
2. Los ejes Tauro-Escorpio y Leo-Acuario. 
3. Los ejes Géminis-Sagitario y Virgo-Piscis. Cada ser que viene a la Tierra tiene, en su horóscopo, una cruz especial formada por el Ascendente y el Descendente, por una parte, y el Medio Cielo y el Bajo Cielo, por otra. Según los signos del zodíaco en donde se encuentren los brazos de esta cruz, el hombre enfrenta en su vida tal o cual problema. 

A esta cruz del destino se refería Jesús cuando decía: «Si alguien quiere seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, pero quien la perdiere por mi causa, se salvará.» Sí, nuestra verdadera cruz está en nosotros mismos, y nuestro horóscopo, en realidad, no es más que una indicación de los problemas que debemos afrontar y resolver en nuestra vida. Cualesquiera que sean las dificultades y los sufrimientos que encontremos en nuestra vida, nos han sido dados por los Seres superiores que han obrado con justicia. Es preciso aceptar el juicio de estos Seres superiores, en lugar de quejarse o de rebelarse, cada día debemos decirnos: «Si sufro ahora es porque en una encarnación pasada no fui sabio, ni honesto, ni bueno, ni justo. 

El mundo invisible quiere darme lecciones. En adelante, tomaré voluntariamente mi cruz y seguiré a Cristo.» Si el hombre se rebela, la justicia divina le castiga doblemente. Lo mismo sucede con los castigos terrestres. Si un prisionero quiere escaparse, lo cogen de nuevo, lo devuelven a su celda y le aumentan la pena en vez de atenuársela. El que se rebela y no quiere aceptar el destino que le ha sido dado de acuerdo con las leyes de la Justicia Divina, sufrirá más, la justicia vendrá y le obligará a tomar de nuevo su cruz y a entrar en el cuadrado, en la prisión. 

Se dice que Jesús vino a la Tierra para salvarnos. Sí, vino a esta prisión de carne que es el cuerpo físico, a fin de que los demás fueran liberados. Y si nosotros también queremos sacrificarnos por los demás, el mundo invisible disminuirá nuestro karma. El que trabaja según las leyes del amor no tiene que sufrir la ley de la justicia, su pena es atenuada. Cuando un prisionero manifiesta mucha paciencia y bondad, llama la atención de sus jueces, que dicen: «Este hombre es notable, da un ejemplo magnífico, reduzcamos sus penas», y abrevian su tiempo de permanencia en prisión y, a veces, incluso deciden indultarle Sin embargo, para los demás la justicia es aplicada estrictamente, y deben pagar hasta el último céntimo. Si son condenados a prisión por 20 años, permanecerán allí 20 años. 

De la misma forma, si en esta prisión del cuerpo tísico el hombre manifiesta cualidades espirituales, se producirá un cambio en su destino: disminuirán sus sufrimientos y aligerarán su carga. Es en este sentido que cada cual es dueño de su destino. Para el que vive exclusivamente en las pasiones y los placeres, la cruz será cada vez más pesada; llegará a ser incluso tan pesada que acabará por aplastarle. Jesús dijo: «El que quiera seguirme que renuncie a sí mismo». 

El que ha renunciado cae bajo ¡a influencia del eje Virgo-Piscis, la sexta y duodécima casas, al igual que Jesús, que curaba los enfermos (sexta casa), y que aceptó los enemigos, la soledad y la crucifixión, a fin de salvar a los que debían sucederle, y a sus predecesores (doceava casa). Y ahora, él nos pide que le sigamos: es el eje Géminis- Sagitario, el interés por los estudios, la filosofía, la religión. Cuando Jesús hablaba de la cruz, no pensaba en cualquier cruz de madera o de metal, sino en la cruz del destino que está inscrita en el horóscopo de cualquier ser. 

Según las constelaciones colocadas sobre los dos ejes del Medio Cielo y Bajo Cielo, del Ascendente y Descendente, el hombre tendrá tal o cual problema particular que resolver en su vida. Y Jesús sabía que él también sufriría y debería llevar su propia cruz. Por esto, un día en que él hablaba de su próxima muerte y Pedro le dijo «No, Señor, esto no sucederá», Jesús le respondió: «Apártate, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.» 

Debemos, pues, tomar nuestra cruz y llevarla. Para ello hay que dejar de escuchar a nuestra naturaleza inferior, a la personalidad, que nos aconseja sin cesar abandonarla, es decir, descuidar nuestro trabajo y nuestras responsabilidades para poder vivir en la indolencia y en los placeres como si nosotros no viniéramos a la tierra más que para esto. Quien trata de escapar a los esfuerzos y a las dificultades, encontrará siempre dificultades más grandes. En lugar de eludir los problemas, más vale que intentemos resolverlos, de lo contrario, la situación en la que nos encontraremos será peor que aquélla que se quiso eludir. No podéis escaparos a ninguna parte sin resolver antes el problema mediante el cual el mundo invisible quiere instruiros. 

Allí donde vayáis, se os impondrá otra lección más dura aún. El mundo invisible os dirá: «Tú no has querido aprender nada allá abajo; pues bien, ¡Aquí tienes otras cosas que aprender!» No hay que huir de las dificultades, sino esforzarse en comprender su significado y hacer lo que sea necesario para resolverlas. Cuando se ha llegado a este nivel, todo lo que se haga después es beneficioso. Aquél que cree poder escapar a sus obligaciones para encontrar ocupaciones más agradables, no conoce las severas leyes que rigen el destino. Una mujer piensa: «Mi marido es aburrido, voy a buscar a alguien más divertido, más seductor.» Lo encuentra, abandona a su primer marido, a quien evidentemente hace sufrir, pero luego será ella la que sufrirá más. 

No está absolutamente prohibido dejar a un marido o a una mujer, pero no antes de haber resuelto el primer problema planteado. Lo que parece fácil es, en realidad, extremadamente difícil, y viceversa. Si escogéis el camino más difícil, el Señor os enviará ángeles para ayudaros, pero si escogéis el camino fácil, tendréis también ángeles para acompañaros, pero de otra índole... ángeles justicieros. En lo sucesivo, aceptad el llevar vuestra cruz sin lamentaciones. Decid: «Es mi tarea, es un problema que debo resolver, pero, para ello, debo aprender. Resolveré estas dificultades a través de la sabiduría, el amor y la pureza.» Y las entidades divinas que os observan desde arriba dirán: «Disminuyamos de alguna manera las inquietudes y los sufrimientos de este ser.» «Si alguien quiere seguirme, que cargue con su cruz. » Es con esta cruz que el discípulo construirá la base de la casa en la cual encerrará su naturaleza inferior. 

El mismo, es decir, su naturaleza superior, vivirá sobre el tejado de esta casa. Desde allí, verá salir el sol, contemplará los astros, leerá las reglas y las prescripciones de la Inteligencia cósmica. La cruz es el conjunto de todas las experiencias felices o desgraciadas que el discípulo debe vivir para aprender una lección, y sobre las cuales crucificará su naturaleza inferior, su egoísmo, su orgullo. Si la cruz no fuera necesaria en la vida del discípulo, Jesús habría dicho simplemente: «Id, dejad vuestra cruz y seguidme, pues el camino es largo y para poder andar mucho tiempo, debéis ser liberados, despojados de toda esta carga». Pero Jesús dijo: «Coge tu cruz y sígueme», pues cogiendo su cruz es como uno se libera.

OMRAAM

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