Los doce signos del zodíaco han inspirado numerosos
relatos simbólicos en las mitologías y en las religiones. Entre
los más conocidos, se encuentra la historia de los 12 hijos de
Jacob, que son el origen de las 12 tribus de Israel, y los 12
trabajos de Hércules. Naturalmente, para ver la
correspondencia entre estos relatos y el zodíaco, es preciso
poseer la ciencia de los símbolos; cuando se la posee, todo se
aclara y resulta evidente.
Empezaremos por leer el capítulo 49 del Génesis:
«Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Reuníos
Y os anunciaré lo que sucederá en días venideros.
¡Reuníos y oíd, hijos de Jacob!
¡Prestad oídos a Israel, vuestro padre!
Rubén, tú eres mi primogénito,
Mi fortaleza y la primicia de mi vigor;
Superior en dignidad y superior en poder,
Impetuoso como las aguas, ¡no tendrás la preeminencia!
Pues subiste al lecho de tu padre,
Lo profanaste al subir.
Simeón y Leví son hermanos; Sus espadas son instrumentos de violencia.
En su consejo secreto no entre mi alma.
¡ A su compañía no se junte mi espíritu!
Porque, en su furor, mataron hombres,
Y, con su maldad, desjarretaron toros.
¡ Maldito sea su furor por cruel
Y su cólera por violenta!
Los dividiré en Jacob,
Y los esparciré en Israel.
Judá, tú recibirás los homenajes de tus hermanos.
Tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos.
Los hijos de tu padre se inclinarán ante ti.
Cachorro de león es Judá.
¡ Vuelves de la presa, hijo mío!
Se encorva, se echa como un león.
Como leona, ¿quién osará levantarlo?
No será arrebatado el cetro de Judá
Ni el bastón de mando entre sus pies,
Hasta que venga Aquél a quien pertenece,
Y a quien los pueblos obedecerán.
El ata a la vid su pollino
Y a la cepa el hijo de su asna.
El lava en el vino su vestido,
Y en la sangre de uvas su manto.
Sus ojos enrojecidos del vino,
Y sus dientes blancos de la leche.
Zabulón habitará en la ribera del mar,
En los puertos donde atracan las naves,
Y su límite se extenderá hasta Sidón.
Isacar es un asno robusto,
Echado entre los establos,
Ve que el lugar en que reposa es agradable,
Y que la tierra es magnífica;
El inclina su hombro a la carga,
Se somete a un tributo.
Dan juzgará a su pueblo,
Como una más de las tribus de Israel.
Dan será una serpiente en el camino,
Como víbora junto al sendero.
Que muerde los talones del caballo,
A fin de que el jinete caiga por detrás.
¡Tu salvación espero, oh Yavé!
Gad será asaltado por bandas armadas,
Pero él las someterá y perseguirá.
Aser produce un alimento excelente;
Procurará deleites regios.
Neftalí es una cierva en libertad;
El pronuncia palabras hermosas.
José es el brote de un árbol fértil,
brote de un árbol fértil junto a la fuente,
Cuyas ramas se extienden por encima del muro.
Ellos lo han provocado, lo han aseteado;
Los arqueros lo han hostigado,Pero su arco ha permanecido tenso,
¿ Y sus manos han sido fortalecidas,
Por la ayuda de! Fuerte de Jacob:
Se ha convertido en el pastor, en la Roca de Israel.
Es por obra del Dios de tu padre que serás ayudado;
Es por obra del Todopoderoso que serás bendecido.
Bendiciones de los cielos de arriba,
Bendiciones de las aguas de abajo,
Bendiciones de los senos y del vientre materno
Las bendiciones de tu padre se elevan
Por encima de las bendiciones de mis padres
Hasta las cimas de las colinas eternas:
Que desciendan sobre la cabeza de José ;
Sobre la cabeza del elegido entre sus hermanos!
Benjamín es un lobo rapaz;
Que por la mañana devora la presa,
Y por la tarde reparte los despojos.
Todos ellos forman las 12 tribus de Israel. Y esto es lo que
les dijo su padre al bendecirlos. Los bendijo, a cada cual dio su
bendición.»
Leyendo este capítulo del Génesis, constatáis que Jacob se
dirigió de forma muy distinta a cada uno de sus hijos.
Profundizando en las palabras que pronunció a cada uno, sus
profecías y sus bendiciones, se comprueba con sorpresa la gran relación que existe entre los 12 hijos de Jacob y los 12
signos del zodíaco.
Es lo que vamos a estudiar.
Rubén es designado por Jacob como « superior en dignidad
y en poder». Es impetuoso como las aguas, pero no tendrá la
preeminencia, porque profanó el lecho de su padre al subirse a
él.
Quizás penséis que esta descripción de Rubén, el
primogénito, corresponda a «Aries», que es el primer signo del
zodíaco según los astrólogos modernos, y que está
caracterizado por la impulsividad. No; Aries no es como las
aguas y, precisamente, esta comparación con las aguas
demuestra que se trata de Acuario, cuyo símbolo [ tiene la
forma de las olas. Por otra parte, este signo está regido por
Saturno, pero sobre todo por Urano, que representa la
audacia, la necesidad de oponerse a los convencionalismos, de
cambiar las normas establecidas, lo que explica el hecho de
que subiera al lecho de su padre. Pero, en su aspecto superior,
Urano aporta innovaciones en la vida colectiva, universal.
El segundo y tercer hijo de Jacob, Simeón y Leví, son
mencionados conjuntamente. Jacob dice de ellos:
«A su
compañía no se junte mi espíritu, porque en su furor, mataron
hombres...
Los dividiré en Jacob y los esparciré en Israel».
Casi son palabras de maldición las que pronuncia Jacob.
Simeón y Leví mataron a unos hombres pretextando vengar el
honor de su hermana Dina.
En efecto, Siquem, príncipe del
país, raptó a Dina, hija de Jacob, pero luego la pidió en
matrimonio a su padre, y Jacob aceptó. Pero Simeón y Leví,
con la excusa de vengar el ultraje hecho a su hermana,
mataron a Siquem a traición, así como a su padre Jamor y a
todos los hombres de su ciudad.
Después, se apoderaron de
sus rebaños y de todas sus riquezas. Jacob se disgustó mucho
por este crimen. Estos dos hermanos, tan prestos a actuar
astutamente, a matar, a robar, corresponden a Géminis e,
representados en la mitología griega por Castor y Pólux, cuya
leyenda cuenta, por lo demás, que liberaron a su hermana
Elena, raptada por Teseo.
La constelación de Géminis está relacionada con los
pulmones, los brazos y las manos, y regida por Mercurio, el
dios de mente rápida e ingeniosa, siempre presto a actuar,
incluso deshonestamente y sin escrúpulos.
De su cuarto hijo, Judá, dice Jacob que es como un
cachorro de león, y la descripción que de él hace («Tu mano
estará sobre la cerviz de tus enemigos... Vuelves de la presa,
hijo mío»), así como las imágenes del cetro y del bastón
soberano, corresponden exactamente al signo de Leo, que es el de la autoridad, de la expansión, de la realeza: «Tu
recibirás los homenajes de tus hermanos... Los hijos de tu
padre se inclinarán ante ti». Judá será soberano hasta la
venida de Squilo, al cual obedecerán los pueblos. Squilo es
uno de los nombres del Mesías.
Todo lo que se ha dicho de Zabulón, el quinto hijo de
Jacob, se refiere al mar: «Zabulón habitará en la ribera del
mar, en los puertos donde atracan las naves, y su límite se
extenderá hasta Sidón» (que es un puerto de la costa fenicia,
actual Líbano). Zabulón corresponde al signo Cáncer, que
es un signo de agua. Cáncer está representado por un cangrejo
de mar que vive junto a las costas.
Este signo rige el estómago;
toma, pues, el alimento para extraer de él todo lo necesario
para la conservación de la vida.
De su sexto hijo, Isacar, dice Jacob que es un asno robusto,
que duerme en los establos. Vosotros pensáis, sin duda, que en
el zodíaco no hay ningún asno... Así es, pero no hay que
interpretar siempre los textos bíblicos literalmente. Las
cualidades que se atribuyen aquí a Isacar, son también las del
buey y del toro: la resistencia, la paciencia, la tenacidad, el
amor al trabajo, aunque sea duro. Isacar representa, pues, el
signo Tauro, que es un signo de tierra, en contacto con la
plena expansión de las fuerzas de la primavera (del 21 de abril al 21 de mayo), los prados, los campos, los huertos, la tierra
fértil, lo que está también indicado en las palabras de Jacob:
«Ve que el lugar en que reposa es agradable y la tierra es
espléndida». Tauro está regido por Venus, pero en su aspecto
primitivo, instintivo, prolífico.
De su séptimo hijo, Dan, dice Jacob que juzgará a su
pueblo, pero que será como una serpiente en el camino. Estas
dos palabras son casi opuestas, ya que un juez está
generalmente considerado como un hombre recto, justo y, por
tanto, sorprende su comparación con una serpiente.
Pero estos
rasgos contradictorios, se encuentran en Libra. Libra, con
sus dos platillos, es el símbolo del equilibrio, del buen juicio,
de la conciliación; su influencia crea magistrados, hombres de
leyes, abogados e igualmente artistas: pintores, escultores,
músicos, etc... Venus está en su domicilio en Libra, pero
Saturno está en exaltación y si está mal aspectado, el equilibrio
se rompe, el signo se balancea hacia Escorpio, que es el signo
siguiente, y entonces inevitablemente se manifiesta la
serpiente.
Gad, dice Jacob, será asaltado por bandas armadas, pero él
las someterá y las perseguirá a su vez.
Gad representa el signo
de Escorpio, que es la octava casa astrológica; está regido
por Marte, el planeta de la violencia, de la guerra, así como por Urano y Plutón. Escorpio es el signo más misterioso del
zodíaco. Representa el lado subterráneo de la vida, el
subconsciente, la fuerza sexual, la fermentación, la
putrefacción, la muerte, todo lo que se fomenta en secreto: las
revoluciones, las conmociones, los complots, el espionaje. Pero
para los que hacen un trabajo espiritual con el fin de sublimar
y utilizar las fuerzas instintivas para el bien, Escorpio se
convierte en el Águila de mirada penetrante que vuela hacia el
Sol. Escorpio es el signo de los grandes poderes magnéticos y
mágicos.
Y entre los cuatro Animales santos que, como sabéis, están
también representados por los cuatro Evangelistas, san Juan
es el que representa el Águila, Escorpio divinizado.
De su noveno hijo, Aser, dice Jacob que produce un
alimento excelente y procura deleites regios. Aser corresponde
al signo Virgo y, que está representado por una doncella
llevando unas espigas de trigo. Virgo representa la sexta casa
astrológica, la casa de la salud, de la higiene, de la
alimentación.
Neftalí, el décimo hijo, es comparado a una cierva en
libertad y pronuncia hermosas palabras. A semejanza de lo
dicho sobre el asno a propósito de Isacar, el término «cierva»
no deber interpretarse literalmente. La cierva impetuosa se
asemeja a la cabra, y Neftalí corresponde al signo Capricornio.
Saturno, regente de Capricornio, es ordenado, metódico,
ahorrador, arrastra al espíritu hacia las más altas cimas donde
adquiere autoridad y maestría mediante el trabajo, la
perseverancia y la tenacidad. El Sol recorre el signo de
Capricornio entre el 21 de diciembre y el 21 de enero; entra,
pues, en Capricornio en Navidad, y las hermosas palabras que
pronuncia son las de los pastores, de los sacerdotes y de los
parientes durante las fiestas, pero, sobre todo, las del ángel a
los pastores: «Tranquilizaos, pues he aquí que vengo a
anunciaros una gran alegría, que será la de todo el pueblo:
hoy, en la ciudad de David, ha nacido un salvador que es el
Cristo Señor.
Y esto os servirá de señal: encontraréis a un
recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre...
Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de
buena voluntad». Durante este período, las noches son las más
largas y los días los más cortos; sin embargo, Capricornio trae
la esperanza del renacimiento y de la primavera.
A José, Jacob se dirige muy extensamente, pero nosotros
sólo citaremos dos rasgos principales que caracterizan las
bendiciones que éste pronuncia a su hijo. Por una parte
expresa la idea de elevación, de altura: «José es el brote de un
árbol fértil... cuyas ramas se extienden por encima del muro...
las bendiciones de tu padre se elevan por encima de las
bendiciones de mis padres, hasta la cima de las colinas eternas.
Que desciendan sobre la cabeza de José, sobre la cabeza del
elegido entre sus hermanos». Por otra parte, refleja la imagen
del arco y de las flechas: «Ellos lo han aseteado... Los arqueros
lo han hostigado, pero su arco ha permanecido tenso». José
corresponde al signo de Sagitario que representa un hombre
llevando un arco y unas flechas. Sagitario es la novena casa
astrológica, la de la elevación espiritual simbolizada por el
Centauro, criatura mitad hombre, mitad caballo que galopa i
tirando con el arco.
El Centauro representa el esfuerzo que
debemos hacer para liberar nuestra naturaleza superior (el
hombre) de nuestra naturaleza inferior, animal (el caballo),
lanzándonos hacia las regiones celestes bajo el impulso
indicado por la flecha. Sagitario es el signo de las grandes
luchas espirituales, de las que hacen de un hombre un
Iniciado. Por esto se dice que José fue hostigado, pero que su
arco permaneció tenso y sus manos fortificadas por las manos
del poderoso Jacob.
Sagitario está regido por Júpiter, cuyas cualidades:
rectitud, nobleza y generosidad acentúan aún más el carácter
espiritual. Ya conocéis la historia de José. Sus hermanos, que estaban celosos de él porque era el preferido de su padre y
notaban su superioridad, le vendieron como esclavo.
Llevado a
Egipto, José se granjeó la estima y la confianza del faraón por
sus cualidades, y éste acabó dándole el gobierno de su país...
Pero antes, sufrió todo tipo de desventuras.
La más conocida es la que tuvo con la mujer de su primer
amo, Putifar, que se enamoró de él. Pero como no quiso ceder,
ella le acusó de intento de violación y José fue encarcelado...
Años después, cuando José llegó a ser poderoso, encontró de
nuevo a sus hermanos, y no sólo les perdonó sino que se
mostró muy generoso con ellos. Esta capacidad de perdonar y
esta generosidad son cualidades de Júpiter, así como la
facilidad para triunfar. Las personas nacidas bajo la influencia
de Júpiter, sobre todo si se encuentra en la primera casa, son
siempre las primeras entre sus hermanos y hermanas, las
preferidas de sus padres, y, también muy a menudo, gozan de
grandes ventajas en la sociedad.
Sagitario, tal como hemos visto, es el tercer signo del
triángulo de fuego, formado por los signos Aries, Leo y
Sagitario.
A Aries corresponde la cabeza (el pensamiento), a
Leo corresponde el corazón (el sentimiento) y a Sagitario
corresponden los muslos, es decir, la ejecución, la realización
del pensamiento y del sentimiento. Sagitario ejecuta: realiza la sabiduría que está en la cabeza y el amor que está en el
corazón.
Benjamín es presentado como un lobo, y el lobo
corresponde aquí a la constelación de Aries T. Aparentemente,
hay una contradicción entre Aries y el lobo, pero realmente no
es más que una apariencia. Aries está regido por Marte y este
primer signo del triángulo de fuego que hemos estudiado,
cuando no está controlado, es un signo de agresividad, de
violencia y de destrucción.
Pero si se sublima, este fuego de la
violencia puede convertirse en el fuego del sacrificio: Aries,
entonces, ya no es el lobo destructor, sino el Cordero inmolado
al principio del mundo y que representa al Cristo. Por otra
parte, esta idea se recoge igualmente en Jacob cuando dice:
«Por la mañana devora la presa, y por la tarde reparte los
despojos».
Por supuesto, estas palabras pueden interpretarse
literalmente: por la mañana el guerrero destruye a sus
enemigos y, por la tarde, distribuye el botín conseguido en el
combate. Pero la mañana y la tarde representan el comienzo y
el fin de la jornada, y una jornada puede ser un período de
evolución, como los siete días de la creación. Comprendidas de
esta forma, las palabras de Jacob significan que a lo largo de
la evolución, la constelación de Aries se convertirá en la
constelación del Cordero, es decir, del amor, del sacrificio que no sólo no destruye a los hombres, sino que da su vida por
ellos.
Os habréis dado cuenta, sin duda, que puesto que la
constelación de Géminis está representada por Simeón y Leví,
los doce hijos de Jacob no pueden representar más que once
signos del zodíaco, y que no hemos estudiado todavía el signo
de Piscis.
Para encontrar a Piscis, hay que leer el capítulo
precedente del Génesis (capítulo 48, versículos 8 al 20), donde
Jacob da su bendición a los hijos de José: Efraim y Manases.
«Israel ( Otro nombre de Jacob) miró a los hijos de José y
dijo: «¿ Quiénes son éstos?», José respondió a su padre: «Son
mis hijos, los que Dios me ha dado aquí». Israel dijo:
«Acércalos a mí, te lo ruego, para que yo ¡os bendiga»... Israel
extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraim,
que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de
Manases; puso las manos así, intencionadamente, pues
Manases era el mayor. Y bendijo a José diciendo: «¡Que Dios
en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el
Dios que me ha guiado desde mi nacimiento hasta hoy, que el
ángel que me ha librado de todo mal, bendiga estos niños!
¡Que por ellos se difunda mi nombre y el nombre de mis
padres Abraham e Isaac, y se multipliquen en gran número
sobre la tierra!».
José se disgustó al ver que su padre ponía su mano derecha
sobre la cabeza de Efraim; tomó la mano de su padre para
llevarla de la cabeza de Efraim a la de Manases.
Y le dijo: « No
es así, padre mío, porque el mayor es éste; pon tu mano
derecha sobre su cabeza».
Su padre se opuso y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé. También él
llegará a ser un pueblo y será también grande, pero su
hermano menor será más grande que él y su descendencia será
una muchedumbre de naciones». Aquel día los bendijo,
diciendo: «Por ti Israel bendecirá diciendo: ¡Que Dios te haga
corno Efraim y Manases! Y puso a Eírairn delante de
Manases».
Según este texto, podemos ver que Jacob bendijo ve a los
hijos de José exactamente igual como bendijo luego a los
suyos.
Efraim y Manases corresponden al signo de Piscis La bendición de Jacob: «Que se multipliquen en gran número
sobre la tierra», y mas adelante, al decir: «También él negará a
ser un pueblo, pero su hermano menor será mas grande que él
y su descendencia será una muchedumbre de naciones», hace
hincapié en el aspecto de la fecundidad del signo de Piscis, en
es que Júpiter está en su domicilio, Venus en exaltación.
La
constelación de Piscis simboliza el océano cósmico de donde
proceden todos los mundos. La creación comienza con la constelación de Piscis: la vida surge del mar y recorre
sucesivamente todos los otros signos, para regresar
nuevamente a Piscis. Para todo lo que existe, se produce este
retorno a Piscis, el retorno si caos, de donde surgirán, una y
otra vez, nuevos mundos.
Ya que Sagitario (José) y Piscis (Efraim y Manases) están
regidos por Júpiter, los dos hijos de José actúan conforme a.
las reglas de su padre. Pero el padre y sus dos hijos no están
influenciados de la misma forma por Júpiter, Sagitario
manifiesta sobre todo la ambición, la autoridad, el dominio de
Júpiter, mientras que Piscis manifiesta su bondad, su dulzura,
que puede llegar a la abnegación, la renuncia y el sacrificio.
El zodíaco ha inspirado a casi todos los pueblos, mitos y
relatos legendarios que reflejan las características propias de
cada uno de los doce signos.
En la mitología griega, son los
doce trabajos de Hércules.
Conocéis la historia de Hércules (en griego Heracles). Era
hijo de Zeus y de la mujer de Anfitrión, general tebano,
Alcmena, a la cual había seducido adoptando la figura de su
marido. Cuando Heracles nació, Hera, esposa de Zeus,
exasperada por sus continuas infidelidades, quiso matar al
niño y le envió dos culebras para que lo estrangularan en su cuna; pero fue el niño quien estranguló a las serpientes. Desde
su adolescencia, Heracles recibió una esmerada educación, y
ya había realizado varias proezas cuando se casó con Mégara,
la hija del rey de Tebas, con la que tuvo varios hijos. Un día,
en un repentino ataque de locura, mató a los niños y a su
madre. Lleno de remordimientos, fue a Delfos a consultar el
oráculo de Apolo, preguntándole cómo debía expiar su crimen.
Apolo le ordenó que durante doce años se pusiera al servicio
del rey Euristeo, y fue Euristeo quien le sometió a las pruebas
que han sido denominadas los doce trabajos de Hércules.
Sucesivamente Hércules:
1. Estranguló al león de Nemea.
2. Mató la hidra de Lerna.
3. Capturó vivo al jabalí de Enmanto.
4. Alcanzó a la cierva de patas bronceadas.
5. Abatió a flechazos las aves del lago Estinfale.
6. Domó el toro de la isla de Creta, enviado por Poseidón
contra el rey Minos.
7. Mató a Diomedes, rey de Tracia, que alimentaba a sus
caballos con carne humana.
8. Venció a las Amazonas.
9. Limpió los establos de Augías, haciendo pasar por allí las
aguas de los ríos Alfeo y Peneo.
10. Luchó y mató al gigante Gerión, apoderándose de sus
bueyes.
11. Se llevó las manzanas de oro del jardín de las
Hespérides.
12. Liberó a Teseo de los Infiernos.
Ahora, examinemos de nuevo estos trabajos, uno detrás de
otro, para ver a qué signos del zodíaco corresponden.
1. El león de Nemea: se adivina inmediatamente que se
trata del signo Leo.
2. La hidra de Lerna: era un dragón de 7 cabezas que
envenenaba la región de Lerna con su aliento pestilente.
Hércules intentó cortar sus cabezas con una hoz de oro, pero,
conforme las iba cortando, brotaban de nuevo; era preciso
cortarlas todas de una vez. Por fin, su siervo Yolao acudió en
su ayuda: prendió fuego en el bosque, y con unos troncos
encendidos quemó la herida de cada una de las cabezas que
Hércules lograba cortar, para impedir que renacieran. La
hidra de Lerna corresponde al signo de Escorpio.
Escorpio es
el símbolo de la energía sexual, con la que renace sin cesar una cabeza, un nuevo vigor. Únicamente el fuego divino puede
triunfar ante ella. El amor sexual no se puede aniquilar, sino
que hay que transformarlo en amor divino; de este modo
algunos seres, continuamente atormentados por la fuerza
sexual, han conseguido ser los más sublimes a través del
sacrificio, porque han sabido transformar esta fuerza. En
cuanto a los que luchan estúpidamente contra ella, se agotan
en esta lucha, en la que jamás podrán triunfar; se amargan, se
vuelven reprimidos, malvados, y son víctimas de todo tipo de
trastornos.
3. El jabalí de Erimanto: como el lobo en el pasaje que
acabamos de ver, «Benjamín es un lobo rapaz», el jabalí
representa la fuerza bruta de Marte y corresponde al signo
Aries. Por otra parte, en la mitología griega, existe una leyenda
según la cual Marte habría sufrido una metamorfosis
convirtiéndose en jabalí, para herir a Adonis del cual quería
vengarse.
4. La cierva de patas bronceadas: recordaréis que, a
propósito de Neftalí, Jacob había dicho: «Es una cierva en
libertad». Aquí la cierva también tiene el mismo significado
que la cabra, y corresponde al signo de Capricornio.
5. Las aves del lago Estinfale: la leyenda dice que eran
buitres. Hércules mató estas aves con unas flechas, lo que,
evidentemente, corresponde al signo de Sagitario, al que
siempre se ha representado tensando el arco.
6. El toro de la isla de Creta: como para el león de Nemea,
es también aquí evidente que esta hazaña está relacionada con
el signo Tauro.
7. Diomedes: esta hazaña corresponde a la constelación de
Géminis. Evidentemente, las correspondencias son aquí más
difíciles de descubrir, pero existen a pesar de todo. La leyenda
cuenta que Diomedes alimentaba a sus caballos con la carne
de los viajeros que se extraviaban por su reino. Para
castigarlo, Hércules le hizo prisionero y, a su vez, hizo> que
fuera devorado por sus caballos. Pero, ¿qué relación puede
existir entre la historia de Diomedes y la constelación de
Géminis?
La primera relación está en los caballos: Castor y
Pólux, Géminis, son representados la mayoría de las veces a
caballo.
Además, al enumerar los hijos de Jacob, vimos que Simeón
y Leví simbolizaban el signo Géminis. Jacob I dijo: «Ellos han
asesinado hombres». Diomedes también mataba hombres.
Ahora, si estudiamos quién es Mercurio, vemos que, como ya hemos señalado para Simeón y Leví, el planeta Mercurio,
regente de Géminis, empuja a la acción o incluso a la ejecución
de un robo o de un crimen, y que, en la mitología griega, el
dios Mercurio era el dios de los viajeros.
También eran
extranjeros extraviados los que Diomedes daba de comer a sus
caballos. Finalmente, y para profundizar más en su
simbolismo, Mercurio representa el intelecto, y el intelecto es
una facultad que destruye. Sí, a través de su intelecto el
hombre destruye: analiza, critica, escudriña y, al fin, a base de
destruir todo lo que le rodea, llega a destruirse a sí mismo. Es
lo mismo que le sucedió a Diomedes: daba hombres a sus
caballos para que los devorasen, pero, al final, él mismo fue
devorado por sus caballos.
8. Las Amazonas: era un pueblo de guerreras que luchaban
a caballo tirando al arco. Formaban un pueblo de mujeres sin
hombres y representaban así un cierto aspecto del signo Virgo.
9. Los establos de Augías: Augías era un príncipe que
poseía innumerables rebaños, cuyos establos jamás ordenó
limpiar. Para limpiarlos, Hércules desvió los dos ríos Alfeo y
Peneo. Este trabajo está relacionado con el signo de Acuario,
cuyas aguas espirituales vendrán a purificar el subconsciente
del hombre, los «establos».
10. El gigante Gerión: era una especie de monstruo que
tenía tres cuerpos de cintura para arriba. Vivía en una isla, en
la que poseía un rebaño de bueyes. Esta prueba corresponde a
la constelación de Cáncer. Hemos visto hace poco, a propósito
del quinto hijo de Jacob, Zabulón, que era evocado a través
de imágenes de mares y costas. Aquí, el mar está representado
por la isla. Gerión posee también unos bueyes. Pero lo más
interesante, en cuanto a Gerión, son sus tres cuerpos. Ya os he
explicado que el hombre está constituido por tres principios:
intelecto, corazón y voluntad, que existen en él a nivel inferior
de la personalidad y a nivel superior de la individualidad. En
la simbología tradicional, la personalidad está representada
por la Luna y la individualidad por el Sol. Los tres cuerpos de
Gerión corresponden, pues, a los planos físico, astral y mental
que constituyen la personalidad.
11. Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides: esta
prueba corresponde al signo de Libra, que el sol recorre
durante el período del 21 de septiembre al 21 de octubre. Es el
principio del otoño, época en que se recogen los últimos frutos.
Sabéis que este signo está regido por Venus, que reina en los
jardines, las flores, la belleza. Por otra parte, el nombre del
planeta Venus, en griego, es hésperos, la estrella de la mañana.
12. Teseo liberado de los Infiernos: tal como os he dicho
anteriormente, la constelación de Piscis representa el caos
universal, la confusión primigenia de donde han surgido todos
los seres. Es, pues, el mundo de lo indeterminado, del
inconsciente, de las tinieblas, los Infiernos de donde Hércules
rescató a Teseo para llevarlo hacia la luz, hacia la consciencia.
Además de estos doce trabajos, Hércules llevó a cabo otras
muchas proezas, que hoy dejaremos de lado porque no están
relacionadas con los signos del zodíaco.
Para resumir, hagamos de forma rápida una labia de las
correspondencias que existen entre los signos del zodíaco, los
hijos de Jacob y los trabajos de Hércules,
Los doce trabajos de Hércules pueden interpretarse como el
paso del Sol por los diferentes signos de! zodíaco, siendo
interpretado cada uno de ellos como una etapa de la lenta
transformación de la naturaleza a lo largo del año.
Cuando el Sol entra en Aries, es el principio de la
primavera, el surgimiento de las fuerzas de la naturaleza, la
irrupción de los primeros brotes. Este impulso prosigue en
Tauro y en Géminis, con la aparición de las hojas y de las
flores. Con Cáncer comienza el verano: se forma el grano,
después el fruto madura (Leo) y una vez maduro, se recolecta
(Virgo). Después viene el otoño (Libra, Escorpio, Sagitario):
se recogen los últimos frutos, caen las hojas, la vegetación
muere y se descompone. Finalmente, llega el invierno
(Capricornio, Acuario y Piscis): el grano es enterrado en el suelo, donde muere y se funde con la tierra ; pero de esta
muerte nacerán las nuevas simientes que producirán nuevos
crecimientos y nuevas floraciones.
Así pues, en cada signo, el Sol lleva a cabo determinados
trabajos.
Este trabajo del Sol en la vegetación puede ser
interpretado, desde el punto de vista alquímico, como la
transformación de la materia de la Piedra Filosofal que, al
igual que el grano, se cuece, se pudre, resucita, etc... Pero el
trabajo alquímico no consiste sólo en transformar la materia de
la Piedra Filosofal. Para el discípulo, el verdadero trabajo
alquímico consiste en desarrollar las simientes enterradas en sí
mismo, de la misma forma que las fuerzas de la naturaleza
hacen crecer los gérmenes enterrados en el suelo, y,
precisamente, cada signo del zodíaco posee un aspecto positivo
y otro negativo. El discípulo, como Hércules, debe luchar
contra cada uno de los aspectos negativos y, por el contrario,
desarrollar en sí mismo los aspectos positivos.
Debe luchar contra el lobo y el jabalí de Marte (la violencia
salvaje, la crueldad) y alimentar en sí mismo el deseo de hacer
los sacrificios necesarios para que se produzca la germinación.
Debe vencer el materialismo y la sensualidad de Tauro, y
adquirir su paciencia, su tenacidad y su fuerza.
Debe luchar contra las tendencias nocivas de Géminis, con
su intelecto siempre presto a engañar, a criticar, a calumniar, y
estar dispuesto, en cambio, a manifestar los preceptos del
amor y de las sabiduría.
Debe dominar la emotividad, la imaginación crepuscular y
desordenada de Cáncer, favorecida por la Luna, y
sensibilizarse a las corrientes espirituales, tener el deseo de
elaborar su vida y de purificar todas las fuerzas que le han sido
dadas.
Debe vencer el orgullo y la ostentación de Leo para
desarrollar su nobleza, su grandeza, su rectitud.
Debe vencer la estrechez de espíritu, la sequedad y la
avaricia de Virgo, y aprender su pureza, su gusto por el orden
y el método.
Debe vencer la pereza y la indecisión de Libra y desarrollar
su necesidad de armonía y belleza.
Debe triunfar frente a los celos y a las pasiones sexuales de
Escorpio, y estar siempre dispuesto a morir a todo aquello que
es inferior, como lo enseñaba Jesús cuando decía: «Si no
morís, no viviréis».
Debe luchar contra el instinto de rebelión y la inestabilidad
de Sagitario, y ser capaz de elevarse constantemente hasta
Dios, de poseer un pensamiento poderoso y de defender la
ciudadela de los Iniciados, de los hijos de Dios. Sagitario es el
defensor que está subido a las murallas desde donde vigila, con
el arco tendido, para proteger el Reine de Dios, la Fraternidad
Blanca Universal.
Debe vencer el orgullo, la dureza y la intransigencia de
Capricornio, para alcanzar, a través de la meditación y la
contemplación, las más altas cimas de las montañas
espirituales.
Debe vencer el individualismo, la necesidad de escándalo y
de rebelión de Acuario, para fundirse con la inmensa
comunidad de la fraternidad universal, en la vida cósmica.
Debe escapar de las brumas y las prisiones internas de
Piscis, y aprender su abnegación, renuncia y sacrificio.
Así, el trabajo del discípulo consiste en recorrer todos los
signos, luchando consigo mismo contra todos los enemigos: los
jabalís, los lobos, los leones, los toros, las aves, las cabras, los
escorpiones, etc....
Cuando estos trabajos estén terminados y haya adquirido
las doce virtudes, como Hércules, llegará a ser un semi-dios. A través de los mitos y de las religiones se encuentran indicios de
la iniciación; el mismo lenguaje la misma sabiduría, solo las
formas varían. Por todas partes se enseña al hombre cómo
puede llegar a ser un ser superior, un héroe, una divinidad.
Nosotros debemos esforzarnos para perfeccionarnos.
E
incluso, si no lo lograremos estaremos justificados ante el cielo.
El cielo nunca nos acusará de no haberlo conseguido; son los
esfuerzos los que cuentan y estos depende de nosotros.
Cuando el cielo vea que no cesamos en el esfuerzo, decidirá
darnos todo lo que pidamos , y la alegría la luz, la belleza y la
libertad s e derramarán sobre nosotros. Estos regalos serán
seleccionados según quien los solicite, teniendo en cuenta su
carácter, su estructura y sus afinidades, así como el trabajo
que hubiese realizado, en función de lo que sea necesario para
su evolución.
Al igual que el pez, cada cual sacará estos regalos del
océano cósmico y extraerá de ellos los elementos susceptibles
de formar su piel, su apariencia su inteligencia.
Podríamos extendernos mas ampliamente sobre este tema,
estudiar también las correspondencias que existen entre los
doce signos del zodiaco y las doce piedras preciosas que
formaban los cimientos de La Nueva Jerusalén, así como los
doce apóstoles. Por hoy, contentaros con estas revelaciones,que va os proporcionan inmensas posibilidades para vuestro
trabajo espiritual.
OMRAAM



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