Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

sábado, 20 de abril de 2019

LAS 12 TRIBUS DE ISRAEL Y LOS 12 TRABAJOS DE HÉRCULES CON RELACIÓN AL ZODÍACO




Los doce signos del zodíaco han inspirado numerosos relatos simbólicos en las mitologías y en las religiones. Entre los más conocidos, se encuentra la historia de los 12 hijos de Jacob, que son el origen de las 12 tribus de Israel, y los 12 trabajos de Hércules. Naturalmente, para ver la correspondencia entre estos relatos y el zodíaco, es preciso poseer la ciencia de los símbolos; cuando se la posee, todo se aclara y resulta evidente. Empezaremos por leer el capítulo 49 del Génesis: «Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Reuníos Y os anunciaré lo que sucederá en días venideros. ¡Reuníos y oíd, hijos de Jacob! ¡Prestad oídos a Israel, vuestro padre! Rubén, tú eres mi primogénito, Mi fortaleza y la primicia de mi vigor; Superior en dignidad y superior en poder, Impetuoso como las aguas, ¡no tendrás la preeminencia! 

Pues subiste al lecho de tu padre, Lo profanaste al subir. Simeón y Leví son hermanos; Sus espadas son instrumentos de violencia. En su consejo secreto no entre mi alma. ¡ A su compañía no se junte mi espíritu! Porque, en su furor, mataron hombres, Y, con su maldad, desjarretaron toros. ¡ Maldito sea su furor por cruel Y su cólera por violenta! Los dividiré en Jacob, Y los esparciré en Israel. Judá, tú recibirás los homenajes de tus hermanos. Tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos. Los hijos de tu padre se inclinarán ante ti. Cachorro de león es Judá. ¡ Vuelves de la presa, hijo mío! Se encorva, se echa como un león. Como leona, ¿quién osará levantarlo? No será arrebatado el cetro de Judá Ni el bastón de mando entre sus pies, Hasta que venga Aquél a quien pertenece, Y a quien los pueblos obedecerán. El ata a la vid su pollino Y a la cepa el hijo de su asna. 

El lava en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos enrojecidos del vino, Y sus dientes blancos de la leche. Zabulón habitará en la ribera del mar, En los puertos donde atracan las naves, Y su límite se extenderá hasta Sidón. Isacar es un asno robusto, Echado entre los establos, Ve que el lugar en que reposa es agradable, Y que la tierra es magnífica; El inclina su hombro a la carga, Se somete a un tributo. Dan juzgará a su pueblo, Como una más de las tribus de Israel. Dan será una serpiente en el camino, Como víbora junto al sendero. Que muerde los talones del caballo, A fin de que el jinete caiga por detrás. ¡Tu salvación espero, oh Yavé! Gad será asaltado por bandas armadas, Pero él las someterá y perseguirá. Aser produce un alimento excelente; Procurará deleites regios. Neftalí es una cierva en libertad; El pronuncia palabras hermosas. José es el brote de un árbol fértil, brote de un árbol fértil junto a la fuente, Cuyas ramas se extienden por encima del muro. 

Ellos lo han provocado, lo han aseteado; Los arqueros lo han hostigado,Pero su arco ha permanecido tenso, ¿ Y sus manos han sido fortalecidas, Por la ayuda de! Fuerte de Jacob: Se ha convertido en el pastor, en la Roca de Israel. Es por obra del Dios de tu padre que serás ayudado; Es por obra del Todopoderoso que serás bendecido. Bendiciones de los cielos de arriba, Bendiciones de las aguas de abajo, Bendiciones de los senos y del vientre materno Las bendiciones de tu padre se elevan Por encima de las bendiciones de mis padres Hasta las cimas de las colinas eternas: Que desciendan sobre la cabeza de José ; Sobre la cabeza del elegido entre sus hermanos! Benjamín es un lobo rapaz; Que por la mañana devora la presa, Y por la tarde reparte los despojos. Todos ellos forman las 12 tribus de Israel. Y esto es lo que les dijo su padre al bendecirlos. Los bendijo, a cada cual dio su bendición.» Leyendo este capítulo del Génesis, constatáis que Jacob se dirigió de forma muy distinta a cada uno de sus hijos. Profundizando en las palabras que pronunció a cada uno, sus profecías y sus bendiciones, se comprueba con sorpresa la gran relación que existe entre los 12 hijos de Jacob y los 12 signos del zodíaco. 

Es lo que vamos a estudiar. Rubén es designado por Jacob como « superior en dignidad y en poder». Es impetuoso como las aguas, pero no tendrá la preeminencia, porque profanó el lecho de su padre al subirse a él. Quizás penséis que esta descripción de Rubén, el primogénito, corresponda a «Aries», que es el primer signo del zodíaco según los astrólogos modernos, y que está caracterizado por la impulsividad. No; Aries no es como las aguas y, precisamente, esta comparación con las aguas demuestra que se trata de Acuario, cuyo símbolo [ tiene la forma de las olas. Por otra parte, este signo está regido por Saturno, pero sobre todo por Urano, que representa la audacia, la necesidad de oponerse a los convencionalismos, de cambiar las normas establecidas, lo que explica el hecho de que subiera al lecho de su padre. Pero, en su aspecto superior, Urano aporta innovaciones en la vida colectiva, universal. El segundo y tercer hijo de Jacob, Simeón y Leví, son mencionados conjuntamente. Jacob dice de ellos: 

«A su compañía no se junte mi espíritu, porque en su furor, mataron hombres... 
Los dividiré en Jacob y los esparciré en Israel». Casi son palabras de maldición las que pronuncia Jacob. Simeón y Leví mataron a unos hombres pretextando vengar el honor de su hermana Dina. 
En efecto, Siquem, príncipe del país, raptó a Dina, hija de Jacob, pero luego la pidió en matrimonio a su padre, y Jacob aceptó. Pero Simeón y Leví, con la excusa de vengar el ultraje hecho a su hermana, mataron a Siquem a traición, así como a su padre Jamor y a todos los hombres de su ciudad. 
Después, se apoderaron de sus rebaños y de todas sus riquezas. Jacob se disgustó mucho por este crimen. Estos dos hermanos, tan prestos a actuar astutamente, a matar, a robar, corresponden a Géminis e, representados en la mitología griega por Castor y Pólux, cuya leyenda cuenta, por lo demás, que liberaron a su hermana Elena, raptada por Teseo. 

La constelación de Géminis está relacionada con los pulmones, los brazos y las manos, y regida por Mercurio, el dios de mente rápida e ingeniosa, siempre presto a actuar, incluso deshonestamente y sin escrúpulos. De su cuarto hijo, Judá, dice Jacob que es como un cachorro de león, y la descripción que de él hace («Tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos... Vuelves de la presa, hijo mío»), así como las imágenes del cetro y del bastón soberano, corresponden exactamente al signo de Leo, que es el de la autoridad, de la expansión, de la realeza: «Tu recibirás los homenajes de tus hermanos... Los hijos de tu padre se inclinarán ante ti». Judá será soberano hasta la venida de Squilo, al cual obedecerán los pueblos. Squilo es uno de los nombres del Mesías. Todo lo que se ha dicho de Zabulón, el quinto hijo de Jacob, se refiere al mar: «Zabulón habitará en la ribera del mar, en los puertos donde atracan las naves, y su límite se extenderá hasta Sidón» (que es un puerto de la costa fenicia, actual Líbano). Zabulón corresponde al signo Cáncer, que es un signo de agua. Cáncer está representado por un cangrejo de mar que vive junto a las costas. 

Este signo rige el estómago; toma, pues, el alimento para extraer de él todo lo necesario para la conservación de la vida. De su sexto hijo, Isacar, dice Jacob que es un asno robusto, que duerme en los establos. Vosotros pensáis, sin duda, que en el zodíaco no hay ningún asno... Así es, pero no hay que interpretar siempre los textos bíblicos literalmente. Las cualidades que se atribuyen aquí a Isacar, son también las del buey y del toro: la resistencia, la paciencia, la tenacidad, el amor al trabajo, aunque sea duro. Isacar representa, pues, el signo Tauro, que es un signo de tierra, en contacto con la plena expansión de las fuerzas de la primavera (del 21 de abril al 21 de mayo), los prados, los campos, los huertos, la tierra fértil, lo que está también indicado en las palabras de Jacob: «Ve que el lugar en que reposa es agradable y la tierra es espléndida». Tauro está regido por Venus, pero en su aspecto primitivo, instintivo, prolífico. 

De su séptimo hijo, Dan, dice Jacob que juzgará a su pueblo, pero que será como una serpiente en el camino. Estas dos palabras son casi opuestas, ya que un juez está generalmente considerado como un hombre recto, justo y, por tanto, sorprende su comparación con una serpiente. 
Pero estos rasgos contradictorios, se encuentran en Libra. Libra, con sus dos platillos, es el símbolo del equilibrio, del buen juicio, de la conciliación; su influencia crea magistrados, hombres de leyes, abogados e igualmente artistas: pintores, escultores, músicos, etc... Venus está en su domicilio en Libra, pero Saturno está en exaltación y si está mal aspectado, el equilibrio se rompe, el signo se balancea hacia Escorpio, que es el signo siguiente, y entonces inevitablemente se manifiesta la serpiente. Gad, dice Jacob, será asaltado por bandas armadas, pero él las someterá y las perseguirá a su vez. 

Gad representa el signo de Escorpio, que es la octava casa astrológica; está regido por Marte, el planeta de la violencia, de la guerra, así como por Urano y Plutón. Escorpio es el signo más misterioso del zodíaco. Representa el lado subterráneo de la vida, el subconsciente, la fuerza sexual, la fermentación, la putrefacción, la muerte, todo lo que se fomenta en secreto: las revoluciones, las conmociones, los complots, el espionaje. Pero para los que hacen un trabajo espiritual con el fin de sublimar y utilizar las fuerzas instintivas para el bien, Escorpio se convierte en el Águila de mirada penetrante que vuela hacia el Sol. Escorpio es el signo de los grandes poderes magnéticos y mágicos. Y entre los cuatro Animales santos que, como sabéis, están también representados por los cuatro Evangelistas, san Juan es el que representa el Águila, Escorpio divinizado. 

De su noveno hijo, Aser, dice Jacob que produce un alimento excelente y procura deleites regios. Aser corresponde al signo Virgo y, que está representado por una doncella llevando unas espigas de trigo. Virgo representa la sexta casa astrológica, la casa de la salud, de la higiene, de la alimentación. Neftalí, el décimo hijo, es comparado a una cierva en libertad y pronuncia hermosas palabras. A semejanza de lo dicho sobre el asno a propósito de Isacar, el término «cierva» no deber interpretarse literalmente. La cierva impetuosa se asemeja a la cabra, y Neftalí corresponde al signo Capricornio. Saturno, regente de Capricornio, es ordenado, metódico, ahorrador, arrastra al espíritu hacia las más altas cimas donde adquiere autoridad y maestría mediante el trabajo, la perseverancia y la tenacidad. El Sol recorre el signo de Capricornio entre el 21 de diciembre y el 21 de enero; entra, pues, en Capricornio en Navidad, y las hermosas palabras que pronuncia son las de los pastores, de los sacerdotes y de los parientes durante las fiestas, pero, sobre todo, las del ángel a los pastores: «Tranquilizaos, pues he aquí que vengo a anunciaros una gran alegría, que será la de todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido un salvador que es el Cristo Señor. 

Y esto os servirá de señal: encontraréis a un recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre... Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Durante este período, las noches son las más largas y los días los más cortos; sin embargo, Capricornio trae la esperanza del renacimiento y de la primavera. A José, Jacob se dirige muy extensamente, pero nosotros sólo citaremos dos rasgos principales que caracterizan las bendiciones que éste pronuncia a su hijo. Por una parte expresa la idea de elevación, de altura: «José es el brote de un árbol fértil... cuyas ramas se extienden por encima del muro... las bendiciones de tu padre se elevan por encima de las bendiciones de mis padres, hasta la cima de las colinas eternas. Que desciendan sobre la cabeza de José, sobre la cabeza del elegido entre sus hermanos». Por otra parte, refleja la imagen del arco y de las flechas: «Ellos lo han aseteado... Los arqueros lo han hostigado, pero su arco ha permanecido tenso». José corresponde al signo de Sagitario que representa un hombre llevando un arco y unas flechas. Sagitario es la novena casa astrológica, la de la elevación espiritual simbolizada por el Centauro, criatura mitad hombre, mitad caballo que galopa i tirando con el arco. 

El Centauro representa el esfuerzo que debemos hacer para liberar nuestra naturaleza superior (el hombre) de nuestra naturaleza inferior, animal (el caballo), lanzándonos hacia las regiones celestes bajo el impulso indicado por la flecha. Sagitario es el signo de las grandes luchas espirituales, de las que hacen de un hombre un Iniciado. Por esto se dice que José fue hostigado, pero que su arco permaneció tenso y sus manos fortificadas por las manos del poderoso Jacob. Sagitario está regido por Júpiter, cuyas cualidades: rectitud, nobleza y generosidad acentúan aún más el carácter espiritual. Ya conocéis la historia de José. Sus hermanos, que estaban celosos de él porque era el preferido de su padre y notaban su superioridad, le vendieron como esclavo. 

Llevado a Egipto, José se granjeó la estima y la confianza del faraón por sus cualidades, y éste acabó dándole el gobierno de su país... Pero antes, sufrió todo tipo de desventuras. 
La más conocida es la que tuvo con la mujer de su primer amo, Putifar, que se enamoró de él. Pero como no quiso ceder, ella le acusó de intento de violación y José fue encarcelado... Años después, cuando José llegó a ser poderoso, encontró de nuevo a sus hermanos, y no sólo les perdonó sino que se mostró muy generoso con ellos. Esta capacidad de perdonar y esta generosidad son cualidades de Júpiter, así como la facilidad para triunfar. Las personas nacidas bajo la influencia de Júpiter, sobre todo si se encuentra en la primera casa, son siempre las primeras entre sus hermanos y hermanas, las preferidas de sus padres, y, también muy a menudo, gozan de grandes ventajas en la sociedad. Sagitario, tal como hemos visto, es el tercer signo del triángulo de fuego, formado por los signos Aries, Leo y Sagitario. 

A Aries corresponde la cabeza (el pensamiento), a Leo corresponde el corazón (el sentimiento) y a Sagitario corresponden los muslos, es decir, la ejecución, la realización del pensamiento y del sentimiento. Sagitario ejecuta: realiza la sabiduría que está en la cabeza y el amor que está en el corazón. Benjamín es presentado como un lobo, y el lobo corresponde aquí a la constelación de Aries T. Aparentemente, hay una contradicción entre Aries y el lobo, pero realmente no es más que una apariencia. Aries está regido por Marte y este primer signo del triángulo de fuego que hemos estudiado, cuando no está controlado, es un signo de agresividad, de violencia y de destrucción. 
Pero si se sublima, este fuego de la violencia puede convertirse en el fuego del sacrificio: Aries, entonces, ya no es el lobo destructor, sino el Cordero inmolado al principio del mundo y que representa al Cristo. Por otra parte, esta idea se recoge igualmente en Jacob cuando dice: «Por la mañana devora la presa, y por la tarde reparte los despojos». 

Por supuesto, estas palabras pueden interpretarse literalmente: por la mañana el guerrero destruye a sus enemigos y, por la tarde, distribuye el botín conseguido en el combate. Pero la mañana y la tarde representan el comienzo y el fin de la jornada, y una jornada puede ser un período de evolución, como los siete días de la creación. Comprendidas de esta forma, las palabras de Jacob significan que a lo largo de la evolución, la constelación de Aries se convertirá en la constelación del Cordero, es decir, del amor, del sacrificio que no sólo no destruye a los hombres, sino que da su vida por ellos. Os habréis dado cuenta, sin duda, que puesto que la constelación de Géminis está representada por Simeón y Leví, los doce hijos de Jacob no pueden representar más que once signos del zodíaco, y que no hemos estudiado todavía el signo de Piscis. 

Para encontrar a Piscis, hay que leer el capítulo precedente del Génesis (capítulo 48, versículos 8 al 20), donde Jacob da su bendición a los hijos de José: Efraim y Manases. «Israel ( Otro nombre de Jacob) miró a los hijos de José y dijo: «¿ Quiénes son éstos?», José respondió a su padre: «Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí». Israel dijo: «Acércalos a mí, te lo ruego, para que yo ¡os bendiga»... Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraim, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manases; puso las manos así, intencionadamente, pues Manases era el mayor. Y bendijo a José diciendo: «¡Que Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me ha guiado desde mi nacimiento hasta hoy, que el ángel que me ha librado de todo mal, bendiga estos niños! ¡Que por ellos se difunda mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y se multipliquen en gran número sobre la tierra!». José se disgustó al ver que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraim; tomó la mano de su padre para llevarla de la cabeza de Efraim a la de Manases. 

Y le dijo: « No es así, padre mío, porque el mayor es éste; pon tu mano derecha sobre su cabeza». Su padre se opuso y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé. También él llegará a ser un pueblo y será también grande, pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia será una muchedumbre de naciones». Aquel día los bendijo, diciendo: «Por ti Israel bendecirá diciendo: ¡Que Dios te haga corno Efraim y Manases! Y puso a Eírairn delante de Manases». Según este texto, podemos ver que Jacob bendijo ve a los hijos de José exactamente igual como bendijo luego a los suyos. 
Efraim y Manases corresponden al signo de Piscis La bendición de Jacob: «Que se multipliquen en gran número sobre la tierra», y mas adelante, al decir: «También él negará a ser un pueblo, pero su hermano menor será mas grande que él y su descendencia será una muchedumbre de naciones», hace hincapié en el aspecto de la fecundidad del signo de Piscis, en es que Júpiter está en su domicilio, Venus en exaltación. 

La constelación de Piscis simboliza el océano cósmico de donde proceden todos los mundos. La creación comienza con la constelación de Piscis: la vida surge del mar y recorre sucesivamente todos los otros signos, para regresar nuevamente a Piscis. Para todo lo que existe, se produce este retorno a Piscis, el retorno si caos, de donde surgirán, una y otra vez, nuevos mundos. Ya que Sagitario (José) y Piscis (Efraim y Manases) están regidos por Júpiter, los dos hijos de José actúan conforme a. las reglas de su padre. Pero el padre y sus dos hijos no están influenciados de la misma forma por Júpiter, Sagitario manifiesta sobre todo la ambición, la autoridad, el dominio de Júpiter, mientras que Piscis manifiesta su bondad, su dulzura, que puede llegar a la abnegación, la renuncia y el sacrificio. El zodíaco ha inspirado a casi todos los pueblos, mitos y relatos legendarios que reflejan las características propias de cada uno de los doce signos. 

En la mitología griega, son los doce trabajos de Hércules. 

Conocéis la historia de Hércules (en griego Heracles). Era hijo de Zeus y de la mujer de Anfitrión, general tebano, Alcmena, a la cual había seducido adoptando la figura de su marido. Cuando Heracles nació, Hera, esposa de Zeus, exasperada por sus continuas infidelidades, quiso matar al niño y le envió dos culebras para que lo estrangularan en su cuna; pero fue el niño quien estranguló a las serpientes. Desde su adolescencia, Heracles recibió una esmerada educación, y ya había realizado varias proezas cuando se casó con Mégara, la hija del rey de Tebas, con la que tuvo varios hijos. Un día, en un repentino ataque de locura, mató a los niños y a su madre. Lleno de remordimientos, fue a Delfos a consultar el oráculo de Apolo, preguntándole cómo debía expiar su crimen. Apolo le ordenó que durante doce años se pusiera al servicio del rey Euristeo, y fue Euristeo quien le sometió a las pruebas que han sido denominadas los doce trabajos de Hércules. Sucesivamente Hércules: 

1. Estranguló al león de Nemea. 
2. Mató la hidra de Lerna. 
3. Capturó vivo al jabalí de Enmanto. 
4. Alcanzó a la cierva de patas bronceadas. 
5. Abatió a flechazos las aves del lago Estinfale. 
6. Domó el toro de la isla de Creta, enviado por Poseidón contra el rey Minos. 
7. Mató a Diomedes, rey de Tracia, que alimentaba a sus caballos con carne humana. 
8. Venció a las Amazonas. 
9. Limpió los establos de Augías, haciendo pasar por allí las aguas de los ríos Alfeo y Peneo. 
10. Luchó y mató al gigante Gerión, apoderándose de sus bueyes. 
11. Se llevó las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. 
12. Liberó a Teseo de los Infiernos. 

Ahora, examinemos de nuevo estos trabajos, uno detrás de otro, para ver a qué signos del zodíaco corresponden. 

1. El león de Nemea: se adivina inmediatamente que se trata del signo Leo. 

2. La hidra de Lerna: era un dragón de 7 cabezas que envenenaba la región de Lerna con su aliento pestilente. Hércules intentó cortar sus cabezas con una hoz de oro, pero, conforme las iba cortando, brotaban de nuevo; era preciso cortarlas todas de una vez. Por fin, su siervo Yolao acudió en su ayuda: prendió fuego en el bosque, y con unos troncos encendidos quemó la herida de cada una de las cabezas que Hércules lograba cortar, para impedir que renacieran. La hidra de Lerna corresponde al signo de Escorpio. 

Escorpio es el símbolo de la energía sexual, con la que renace sin cesar una cabeza, un nuevo vigor. Únicamente el fuego divino puede triunfar ante ella. El amor sexual no se puede aniquilar, sino que hay que transformarlo en amor divino; de este modo algunos seres, continuamente atormentados por la fuerza sexual, han conseguido ser los más sublimes a través del sacrificio, porque han sabido transformar esta fuerza. En cuanto a los que luchan estúpidamente contra ella, se agotan en esta lucha, en la que jamás podrán triunfar; se amargan, se vuelven reprimidos, malvados, y son víctimas de todo tipo de trastornos. 

3. El jabalí de Erimanto: como el lobo en el pasaje que acabamos de ver, «Benjamín es un lobo rapaz», el jabalí representa la fuerza bruta de Marte y corresponde al signo Aries. Por otra parte, en la mitología griega, existe una leyenda según la cual Marte habría sufrido una metamorfosis convirtiéndose en jabalí, para herir a Adonis del cual quería vengarse. 

4. La cierva de patas bronceadas: recordaréis que, a propósito de Neftalí, Jacob había dicho: «Es una cierva en libertad». Aquí la cierva también tiene el mismo significado que la cabra, y corresponde al signo de Capricornio. 

5. Las aves del lago Estinfale: la leyenda dice que eran buitres. Hércules mató estas aves con unas flechas, lo que, evidentemente, corresponde al signo de Sagitario, al que siempre se ha representado tensando el arco. 

6. El toro de la isla de Creta: como para el león de Nemea, es también aquí evidente que esta hazaña está relacionada con el signo Tauro. 

7. Diomedes: esta hazaña corresponde a la constelación de Géminis. Evidentemente, las correspondencias son aquí más difíciles de descubrir, pero existen a pesar de todo. La leyenda cuenta que Diomedes alimentaba a sus caballos con la carne de los viajeros que se extraviaban por su reino. Para castigarlo, Hércules le hizo prisionero y, a su vez, hizo> que fuera devorado por sus caballos. Pero, ¿qué relación puede existir entre la historia de Diomedes y la constelación de Géminis? 

La primera relación está en los caballos: Castor y Pólux, Géminis, son representados la mayoría de las veces a caballo. Además, al enumerar los hijos de Jacob, vimos que Simeón y Leví simbolizaban el signo Géminis. Jacob I dijo: «Ellos han asesinado hombres». Diomedes también mataba hombres. Ahora, si estudiamos quién es Mercurio, vemos que, como ya hemos señalado para Simeón y Leví, el planeta Mercurio, regente de Géminis, empuja a la acción o incluso a la ejecución de un robo o de un crimen, y que, en la mitología griega, el dios Mercurio era el dios de los viajeros. 
También eran extranjeros extraviados los que Diomedes daba de comer a sus caballos. Finalmente, y para profundizar más en su simbolismo, Mercurio representa el intelecto, y el intelecto es una facultad que destruye. Sí, a través de su intelecto el hombre destruye: analiza, critica, escudriña y, al fin, a base de destruir todo lo que le rodea, llega a destruirse a sí mismo. Es lo mismo que le sucedió a Diomedes: daba hombres a sus caballos para que los devorasen, pero, al final, él mismo fue devorado por sus caballos. 

8. Las Amazonas: era un pueblo de guerreras que luchaban a caballo tirando al arco. Formaban un pueblo de mujeres sin hombres y representaban así un cierto aspecto del signo Virgo.

9. Los establos de Augías: Augías era un príncipe que poseía innumerables rebaños, cuyos establos jamás ordenó limpiar. Para limpiarlos, Hércules desvió los dos ríos Alfeo y Peneo. Este trabajo está relacionado con el signo de Acuario, cuyas aguas espirituales vendrán a purificar el subconsciente del hombre, los «establos». 

10. El gigante Gerión: era una especie de monstruo que tenía tres cuerpos de cintura para arriba. Vivía en una isla, en la que poseía un rebaño de bueyes. Esta prueba corresponde a la constelación de Cáncer. Hemos visto hace poco, a propósito del quinto hijo de Jacob, Zabulón, que era evocado a través de imágenes de mares y costas. Aquí, el mar está representado por la isla. Gerión posee también unos bueyes. Pero lo más interesante, en cuanto a Gerión, son sus tres cuerpos. Ya os he explicado que el hombre está constituido por tres principios: intelecto, corazón y voluntad, que existen en él a nivel inferior de la personalidad y a nivel superior de la individualidad. En la simbología tradicional, la personalidad está representada por la Luna y la individualidad por el Sol. Los tres cuerpos de Gerión corresponden, pues, a los planos físico, astral y mental que constituyen la personalidad. 

11. Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides: esta prueba corresponde al signo de Libra, que el sol recorre durante el período del 21 de septiembre al 21 de octubre. Es el principio del otoño, época en que se recogen los últimos frutos. Sabéis que este signo está regido por Venus, que reina en los jardines, las flores, la belleza. Por otra parte, el nombre del planeta Venus, en griego, es hésperos, la estrella de la mañana. 

12. Teseo liberado de los Infiernos: tal como os he dicho anteriormente, la constelación de Piscis representa el caos universal, la confusión primigenia de donde han surgido todos los seres. Es, pues, el mundo de lo indeterminado, del inconsciente, de las tinieblas, los Infiernos de donde Hércules rescató a Teseo para llevarlo hacia la luz, hacia la consciencia. Además de estos doce trabajos, Hércules llevó a cabo otras muchas proezas, que hoy dejaremos de lado porque no están relacionadas con los signos del zodíaco. Para resumir, hagamos de forma rápida una labia de las correspondencias que existen entre los signos del zodíaco, los hijos de Jacob y los trabajos de Hércules,




Los doce trabajos de Hércules pueden interpretarse como el paso del Sol por los diferentes signos de! zodíaco, siendo interpretado cada uno de ellos como una etapa de la lenta transformación de la naturaleza a lo largo del año. Cuando el Sol entra en Aries, es el principio de la primavera, el surgimiento de las fuerzas de la naturaleza, la irrupción de los primeros brotes. Este impulso prosigue en Tauro y en Géminis, con la aparición de las hojas y de las flores. Con Cáncer comienza el verano: se forma el grano, después el fruto madura (Leo) y una vez maduro, se recolecta (Virgo). Después viene el otoño (Libra, Escorpio, Sagitario): se recogen los últimos frutos, caen las hojas, la vegetación muere y se descompone. Finalmente, llega el invierno (Capricornio, Acuario y Piscis): el grano es enterrado en el suelo, donde muere y se funde con la tierra ; pero de esta muerte nacerán las nuevas simientes que producirán nuevos crecimientos y nuevas floraciones. Así pues, en cada signo, el Sol lleva a cabo determinados trabajos. 

Este trabajo del Sol en la vegetación puede ser interpretado, desde el punto de vista alquímico, como la transformación de la materia de la Piedra Filosofal que, al igual que el grano, se cuece, se pudre, resucita, etc... Pero el trabajo alquímico no consiste sólo en transformar la materia de la Piedra Filosofal. Para el discípulo, el verdadero trabajo alquímico consiste en desarrollar las simientes enterradas en sí mismo, de la misma forma que las fuerzas de la naturaleza hacen crecer los gérmenes enterrados en el suelo, y, precisamente, cada signo del zodíaco posee un aspecto positivo y otro negativo. El discípulo, como Hércules, debe luchar contra cada uno de los aspectos negativos y, por el contrario, desarrollar en sí mismo los aspectos positivos. Debe luchar contra el lobo y el jabalí de Marte (la violencia salvaje, la crueldad) y alimentar en sí mismo el deseo de hacer los sacrificios necesarios para que se produzca la germinación. Debe vencer el materialismo y la sensualidad de Tauro, y adquirir su paciencia, su tenacidad y su fuerza. 

 Debe luchar contra las tendencias nocivas de Géminis, con su intelecto siempre presto a engañar, a criticar, a calumniar, y estar dispuesto, en cambio, a manifestar los preceptos del amor y de las sabiduría. Debe dominar la emotividad, la imaginación crepuscular y desordenada de Cáncer, favorecida por la Luna, y sensibilizarse a las corrientes espirituales, tener el deseo de elaborar su vida y de purificar todas las fuerzas que le han sido dadas. Debe vencer el orgullo y la ostentación de Leo para desarrollar su nobleza, su grandeza, su rectitud. Debe vencer la estrechez de espíritu, la sequedad y la avaricia de Virgo, y aprender su pureza, su gusto por el orden y el método. Debe vencer la pereza y la indecisión de Libra y desarrollar su necesidad de armonía y belleza. 

Debe triunfar frente a los celos y a las pasiones sexuales de Escorpio, y estar siempre dispuesto a morir a todo aquello que es inferior, como lo enseñaba Jesús cuando decía: «Si no morís, no viviréis». Debe luchar contra el instinto de rebelión y la inestabilidad de Sagitario, y ser capaz de elevarse constantemente hasta Dios, de poseer un pensamiento poderoso y de defender la ciudadela de los Iniciados, de los hijos de Dios. Sagitario es el defensor que está subido a las murallas desde donde vigila, con el arco tendido, para proteger el Reine de Dios, la Fraternidad Blanca Universal. Debe vencer el orgullo, la dureza y la intransigencia de Capricornio, para alcanzar, a través de la meditación y la contemplación, las más altas cimas de las montañas espirituales. Debe vencer el individualismo, la necesidad de escándalo y de rebelión de Acuario, para fundirse con la inmensa comunidad de la fraternidad universal, en la vida cósmica. 

Debe escapar de las brumas y las prisiones internas de Piscis, y aprender su abnegación, renuncia y sacrificio. Así, el trabajo del discípulo consiste en recorrer todos los signos, luchando consigo mismo contra todos los enemigos: los jabalís, los lobos, los leones, los toros, las aves, las cabras, los escorpiones, etc.... Cuando estos trabajos estén terminados y haya adquirido las doce virtudes, como Hércules, llegará a ser un semi-dios. A través de los mitos y de las religiones se encuentran indicios de la iniciación; el mismo lenguaje la misma sabiduría, solo las formas varían. Por todas partes se enseña al hombre cómo puede llegar a ser un ser superior, un héroe, una divinidad. Nosotros debemos esforzarnos para perfeccionarnos. 

E incluso, si no lo lograremos estaremos justificados ante el cielo. El cielo nunca nos acusará de no haberlo conseguido; son los esfuerzos los que cuentan y estos depende de nosotros. Cuando el cielo vea que no cesamos en el esfuerzo, decidirá darnos todo lo que pidamos , y la alegría la luz, la belleza y la libertad s e derramarán sobre nosotros. Estos regalos serán seleccionados según quien los solicite, teniendo en cuenta su carácter, su estructura y sus afinidades, así como el trabajo que hubiese realizado, en función de lo que sea necesario para su evolución. 

Al igual que el pez, cada cual sacará estos regalos del océano cósmico y extraerá de ellos los elementos susceptibles de formar su piel, su apariencia su inteligencia. Podríamos extendernos mas ampliamente sobre este tema, estudiar también las correspondencias que existen entre los doce signos del zodiaco y las doce piedras preciosas que formaban los cimientos de La Nueva Jerusalén, así como los doce apóstoles. Por hoy, contentaros con estas revelaciones,que va os proporcionan inmensas posibilidades para vuestro trabajo espiritual.

OMRAAM

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