Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

miércoles, 17 de abril de 2019

LA PIEDRA FILOSOFAL : EL SOL, LA LUNA Y MERCURIO



Los alquimistas enseñan en sus tratados que para obtener la piedra filosofal simbolizada por Mercurio, el adepto debe empezar el trabajo en el momento en que el Sol entra en la constelación de Aries, y la Luna en la de Tauro, ya que el Sol está exaltado en Aries y la Luna exaltada en Tauro. 
El signo siguiente, Géminis, es el domicilio de Mercurio. Así, estos tres signos, Aries (el Sol).
Tauro (la Luna) y Géminis (Mercurio), se suceden para demostrar que la unión del Sol a y la Luna da el fruto de un hijo: Mercurio. El símbolo de Mercurio está formado por el disco solar y la media luna, unidos por el signo + que es el de la tierra, pero también el de la suma en aritmética.
Para los alquimistas, este símbolo también es una representación de los cuatro elementos: dos elementos masculinos y dos elementos femeninos. 

La luna representa el agua, el Sol a el fuego,  la Tierra, y Mercurio representa el aire. 
El Sol y la Luna dan, pues, nacimiento al niño, Mercurio, la piedra filosofal. Pero la piedra filosofal que buscan los alquimistas es, en realidad, un símbolo de la transformación del hombre. Cuando los alquimistas dicen que trabajan con el Sol y la Luna, sobreentienden los dos principios masculino y femenino de la voluntad y de la imaginación y, gracias a este trabajo, consiguen transmutar su propia materia y llegar a ser, simbólicamente, como el Sol y la Luna, es decir, resplandecientes (el Sol ) y puros (la Luna). Y no es una causalidad que Aries sea el domicilio de Marte, y Tauro el domicilio de Venus, pues hay que trabajar con el Sol y la Luna para sublimar la fuerza sexual (Venus) y la fuerza dinámica y activa de la voluntad (Marte); de esta forma, el alquimista obtiene todos los poderes espirituales simbolizados por Mercurio, el agente mágico. 

En la Orden de los Templarios, el agente mágico está representado por «Bafomet», esta figura con apariencia monstruosa que ha hecho creer a algunos que los Templarios rendían cuito al diablo. Otros han llamado a este agente mágico «Azot», palabra formada con la primera letra de ios tres alfa-betos: latino (A), griego (Alpha) y hebraico (Aleph), y con la última letra de estos íres alfabetos: Z (latino), O (griego), T (hebraico). Esta palabra significaba que el agente mágico era el alfa y omega, el principio y el fin. Para obtener este agente mágico, los alquimistas se esforzaron mucho y, a menudo, sin éxito, ya que no sabían que este trabajo con el Sol y la Luna no debe hacerse únicamente en el plano físico, sino también en el plano espiritual con los dos principios de la voluntad y la imaginación, trabajo que se puede también simbolizar con la expresión: «coger el toro por los cuernos». Coger el toro por los cuernos significa para el discípulo empezar un trabajo interno con el fin de dominar sus instintos. Desgraciadamente en nuestra época los humanos no cogen el toro por los cuernos, sino que le dan libertad para pisotearlo todo. 

Especialmente entre la juventud, ¡no podéis imaginaros todo lo que el toro es capaz de destrozar! Coger el toro por los cuernos representa el trabajo de la voluntad sobre la imaginación; la imaginación va siempre unida a la sensualidad. Todos los que tienen una imaginación desbordada tienden a ser perezosos y sensuales; la Luna y Venus van siempre juntos. Pero si, con su luz, el Sol interviene para dirigir correctamente esta fuerza, la Luna resulta de una gran utilidad, porque tiene el poder de concretizar las cosas. Yo os he hablado de los diferentes períodos por los que ha pasado la Tierra: el período de Saturno, el período del Sol, el período de la Luna, y os he explicado que el período del Sol fue un período de dilatación, de expansión, mientras que en el período de la Luna, por el contrario, se produjo un proceso de coagulación, de concretización. 

Porque el Sol y la Luna son también los símbolos de los dos procesos alquimistas «solve» y «coagula»: disolver y coagular, Así pues, en el símbolo Mercurio, el Sol está representado por un círculo, y la Luna por un medio círculo, como si fuera una costilla del Sol, lo que explica porque se dice en el Génesis que Dios formó a Eva de una costilla de Adán. Los Iniciados, para mostrar que esta combinación, esta fusión inteligente de los dos principios, producía Mercurio, representaron a Mercurio con el Sol coronado por la Luna, unidos con el signo que también es, como hemos visto, el símbolo de la Tierra. Por sí solo, este símbolo de Mercurio da testimonio de la profunda ciencia de los Iniciados. Una de sus numerosas variantes es el caduceo de Hermes, formado por una vara rodeada de dos serpientes, que ha quedado como símbolo de los médicos y de los farmacéuticos.
En nuestros días, este símbolo del caduceo aparece en los descubrimientos científicos bajo la forma del láser. 

¿Qué es el láser? 

Bajo su forma mas simple, es un cristal de rubí sintético en forma cilíndrica, cuyas extremidades presentan: una de ellas una superficie reflectante; la otra, una superficie semireflectante. Este cristal está rodeado por un tubo de un flash verde que excita los átomos de cromo contenidos en el rubí (es lo que se llama bombeo óptico). Cuando la intensidad de bombeo del flash es suficiente, hay emisión de un haz de luz extremadamente intensa por la extremidad semi-reflectante.


EL LASER

El haz luminoso que aparece no es otra cosa que Mercurio producido por el trabajo de los dos principios. Pero la cuestión ahora es encontrar el láser en uno mismo, ¡esto sería lo verdaderamente prodigioso! En realidad, desde la más lejana antigüedad, los iniciados realizaron en su vida psíquica y espiritual todo los descubrimientos que está haciendo actualmente la ciencia oficial: la radio, el teléfono, la televisión, la fisión del átomo... Los científicos no son más que obreros que deben aplicar, en el plano físico, una leyes que existen en el mundo espiritual. Todo debe ser realizado algún día en la materia; por eso los inventores son a menudo antiguos iniciados, alquimistas, magos, cabalistas, que han regresado de nuevo para realizar en la materia todo lo que ya han conocido y realizado en el plano espiritual. Si estos fenómenos no existieran en el plano espiritual, no habría ningún medio de descubrirlos en el plano físico. 

Pues todo lo que está abajo, es corno lo que está arriba; así todo lo que está arriba, en el mundo del espíritu, debe ser concretizado abajo, en el mundo de la materia. Al crear el símbolo de Mercurio, los Iniciados han querido enseñar a los humanos a trabajar sobre la energía sexual a través de la voluntad y la imaginación para obtener los poderes mágicos, pues la verdadera «fuerza fuerte de todas las fuerzas», de la cual habla Hermes Trismegisto, es el amor. Sólo el amor da la vida, no hay nada por encima de la vida, es el origen de todo. Dios nos ha dado esta fuerza del amor para que nosotros aprendamos a sublimarla en vida, en vida intensa a fin de obtener los poderes mágicos, la omnipotencia. El símbolo de Mercurio está hecho del sol a la luna y de la Tierra , pero si se suprime la Luna, se obtiene el símbolo de Venus el amor. Todos estos aspectos contenidos en el signo de Mercurio, los volvemos a encontrar en las funciones del dios Hermes, cuya vara mágica, el caduceo, era el símbolo de los poderes que él poseía a todos los niveles.

En el signo de Mercurio, la Luna que representa la imaginación, es como un recipiente lleno de agua; en efecto, la Luna, principio femenino, está relacionada con el agua. Debajo se encuentra el Sol, el fuego, que activa la imaginación en una dirección determinada. Y aún más abajo, la Tierra, símbolo de la realización en el plano material. El que llega a comprender completamente este símbolo se convierte en todopoderoso, y si se le dan las condiciones necesarias es capaz de conmocionar el mundo entero, porque ha comprendido lo esencial el trabajo de la voluntad sobre la imaginación.
De la misma forma que la mujer tiene la posibilidad de condensar la vida en su seno, la Luna posee el poder de concretizar, de materializar las cosas, de transformarlas en tierra, es decir de realizarlas en el plano físico. El discípulo debe decidirse a vencer el toro, es decir, a dominar esta fuerza salvaje, brutal, violenta de la sensualidad, a fin de extraer fuerzas de ella. Abatir al toro, no quiere decir matarlo; si se le mata, ya no podremos utilizar sus fuerzas. 

Es preciso coger al toro por los cuernos, es decir, empezar a dominar la Luna, la imaginación, que es inseparable de la sensualidad, excepto, precisamente, para aquellos que han cogido su toro por los cuernos, como lodos los verdaderos creadores: sabios, filósofos, artistas, Iniciados, que dan otra dirección a su imaginación. Todos los que no han conseguido coger al toro por los cuernos, dejan correr su imaginación por todas partes, y ésta, entonces, se prostituye. Hay que esforzarse en dar a la imaginación un trabajo determinado para que pueda producir siempre las creaciones más bellas, más brillantes, más nobles. Un discípulo no debe permitir que su «mujer», su imaginación, se pasee y se acueste con cualquiera, para traer al mundo gárgolas y monstruos; debe conservar a su mujer para sí. Recordad de estas palabras que debéis aprender a trabajar con la Luna, la imaginación, pero manteniéndola pura (por otra parte la Luna, en su verdadero significado espiritual, está relacionada con la pureza de la imaginación), con la luz, el fuego del Sol, con el amor desinteresado de Venus y, por último, con la justicia de la cruz, la Tierra, para obtener la realización perfecta. Mercurio es el símbolo del ser perfecto, en el que la circulación de las dos corrientes se hace de una forma tan armónica y equilibrada que encuentra la paz, y se convierte en un centro radiante capaz de arrastrar las criaturas hacia el bien.

 Cuando la Luna no está estimulada por Marte y el Sol, empuja a los humanos a la pereza; a la búsqueda de máquinas, de aparatos que les eximan de cualquier esfuerzo. El símbolo de Mercurio nos enseña, por el contrario, que la actividad, los esfuerzos son absolutamente indispensables. No es que sea negativo poseer aparatos y máquinas, pero sólo con la condición de que liberen al hombre de las tareas materiales y le permitan una actividad nueva, espiritual, un trabajo gigantesco a través de la voluntad y la imaginación, a fin de crear obras divinas, Desgraciadamente, por el momento, los hombres no trabajan con esta finalidad: quieren eliminar al Sol y a Marte, es decir, la actividad, el esfuerzo, que son esenciales, y quedarse solamente con la Luna y Venus. Ignoran que es el medio más rápido para degenerar. La Luna es accesible a cualquier influencia, no escoge; cualquier persona o cosa puede manifestarse a través de ella; es como el agua que toma la forma del recipiente en el cual se vierte. El agua, la Luna, la imaginación, son poco más o menos la misma cosa.
Si el Sol no se ocupa de la Luna, de la imaginación, ésta puede incluso reflejar el infierno.

Por eso los Iniciados no dejan que la Luna, es decir, su imaginación, su «mujer», vagabundee por cualquier parte, sino que cuidan, gracias al Sol, de que reciba un elemento de luz y de eternidad. En ese momento, la Luna se convierte en una mujer extraordinaria, adorable, y otras leyes divinas intervienen para realizar en el plano material lo que se forma en la imaginación. Es lo que simboliza la cruz colocada en la base del signo de Mercurio. La cruz es la piedra cúbica, expresión de la Tierra5. Para los alquimistas, la cruz, la piedra cúbica, era la tierra virgen gracias a la cual podían empezar a construir el edificio. El trabajo con el Sol y la Luna, la voluntad y la imaginación, propio de los Iniciados, es valedero para la eternidad, puesto que la voluntad –como expresión del pensamiento– y la imaginación, son dos principios fundamentales en el hombre. Por eso, en los libros de alquimia, se encuentran a menudo estas imágenes: el Sol y la Luna, el rey y la reina... Bajo distintas formas, no hay más que esto: el Sol y la Luna, el hombre y la mujer que engendran un hijo regio, la piedra filosofal, el elixir de la vida inmortal, la panacea universal, la varita mágica, el caduceo de Hermes... La misión del hombre es realizar el Cielo sobre la tierra, parecerse a su Padre Celestial, el Creador.

Pero para realizar brillantemente esta misión, debe conocer los factores indispensables para este trabajo: los dos principios activo y pasivo, emisivo y receptivo, masculino y femenino, el Sol y la Luna, la voluntad y la imaginación, infundiendo a la Luna todo lo que el Sol contiene de noble y de luminoso; de esta forma podrá reflejar y expandir las cualidades del Sol. El discípulo debe dirigir cada día su mirada a los proyectos más nobles, más grandiosos, para poderlos realizar en la Tierra. En primer lugar trabaja con la imaginación, y después, con el corazón y la voluntad, haciendo que lo imaginado se convierta en realidad. Que no se regocije soñando, flotando y ufanándose de tener buenas ideas, pues esto no basta: debe materializar sus ideas en actos sobre el plano físico, a fin de que el mundo entero pueda ver que lo creado arriba ha descendido y ha enraizado en la tierra. Tanto si nuestro espíritu trabaja sobre nuestra alma o la voluntad sobre la imaginación, como si el Sol fertiliza la Luna o el hombre fertiliza la mujer, el resultado siempre es la creación de un hijo. Y, ¿qué es el hijo? Cuando ponéis al fuego (el Sol) una cacerola llena de agua (la Luna), el agua se transforma en vapor, y este vapor es una fuerza fantástica.

La fuerza fuerte de todas las fuerzas es este vapor, esta agua calentada, dilatada. Así que, de este trabajo de la voluntad sobre la imaginación, del espíritu sobre el alma, del Sol sobre la Luna,del hombre sobre la mujer, nace una fuerza que es el hijo, Mercurio, que tiene la posibilidad de acometer realizaciones formidables. El Sol o la Luna separadamente no pueden realizar gran cosa separados el uno del otro, el fuego quema y el agua inunda; pero juntos producen una fuerza capaz de cualquier realización; la piedra filosofal que tiene el poder de transformar todos los metales en oro. De esta fuerza se ha dicho en la Tabla de Esmeralda: «El sol es su padre, la luna es su madre, el viento la ha llevado a su vientre (el vientre de la luna) y la tierra es su nodriza». La tierra, es decir, la cruz, la piedra cúbica. El discípulo debe pensar en el trabajo que tiene que hacer con su voluntad sobre la imaginación, y este trabajo concierne a las mujeres lo mismo que a los hombres.

Es en el plano espiritual donde el discípulo debe fertilizar a su propia mujer y tener hijos, millares de hijos angélicos que se esparzan en el espacio para trabajar como se les pide. Vosotros sabéis cómo acaban los cuentos: «Fueron felices y tuvieron muchos hijos...» Pero tener muchos hijos no concierne sólo al plano físico. ¿Qué es un Iniciado? Es un padre de familia que tiene muchos hijos que están junto a él, que tiran de sus vestidos, hurgan en sus bolsillos, pero estos hijos sienten tanto amor por él, que no le importunan nunca. Cuando lo necesita llama a sus hijos y les dice: «Tú irás a casa de fulano de tal, a llevar regalos... Tú irás a tirar de las orejas a aquél…» y ellos lo hacen. Son sus hijos, nacidos de su propia carne, de su propia sangre. Mientras que un hombre vulgar, es un solitario sin hijos: está triste e infeliz, puesto que debe trabajar completamente solo, nadie le echa una mano. He aquí un campo desconocido para algunos, pero conocido y experimentado por otros. Antes de descender a la Tierra, el hombre ha trabajado ya en su cuerpo físico, este cuerpo físico que no es otra cosa que el caduceo de Hermes, con las corrientes que bajan de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro y se entrecruzan a la altura de los órganos.

El ser humano es el producto del trabajo de la voluntad y de la imaginación, del espíritu y del alma materializados en el plano físico. Como caduceo de Hermes, puede crear en los tres mundos.
De momentos no crea mas que en el plano físico, pero debe aprender a crear en los otros mundos.
El caduceo de Hermes es la fuerza fuerte de todas las fuerzas, la vida en su grado superior de manifestación. Pues cuando el hombre llega a desarrollar en si mismo los poderes del caduceo de Hermes la vida circula y se difunde por todas partes, desde las criaturas hasta tos estrellas..
Este grado superior de la vida es la verdadera fuerza, la vida que brota y que es muy superior a la vitalidad, esta vitalidad que constituye, precisamente, el «toro». al que hay que coger por los cuernos... Todos los hombres tienen la vida, por supuesto, pero en la mayor parte de ellos se manifiesta como vitalidad, como una fuerza devastadora.

Esta vitalidad debe ser dirigida, intensificada, espiritualizada para transformarla en vida divina. Así pues, desead día y noche espiritualizar vuestra vida para darla, con el fin de que atraviese el universo vivificando y alumbrando a las criaturas. Esta es la idea que los antiguos querían transmitir a través de la imagen de los pies alados de Hermes. La vida sublime está contenida en el caduceo de Hermes. Cuando proyectéis esta vida, tendréis fuerzas formidables. Si vuestra vida no rebasa algunos centímetros más allá de vuestro cuerpo, seréis débiles, no podréis actuar. Pero si vuestra irradiación se extiende varios kilómetros a vuestro alrededor, podréis actuar sobre las criaturas. Así pues, cuanto más intenso sea lo que emana de vosotros y más lejos se proyecte, más poderes tendréis. Es preciso que comprendáis la importancia de este trabajo. Dejad de lado otras ocupaciones inútiles que no os aportarán nada, salvo sufrimientos, y trabajad sobre vosotros mismos hasta que la fuerza fuerte de todas las fuerzas empiece a manifestarse a través vuestro.

  OMRAAM

No hay comentarios.:

Publicar un comentario