Entre las
preguntas que plantean los hombres, hay una que les preocupa especialmente y
para las que difícilmente encuentran respuesta satisfactoria: la razón de la
existencia del mal.
¿Por qué existe el mal?... La respuesta es en realidad muy simple.
Os daré
una imagen. En el pasado, cuando
se utilizaba una gran rueda a la que estaban atados unos bueyes, unos caballos
o incluso hombres.
Un observador cualquiera veía a unos
llegar de frente, a los otros alejarse de espaldas, y podía concluir que se
desplazaban en dos direcciones opuestas.
Pero si hubiese sido capaz de mirar esta escena desde arriba, habría
visto claramente como unos y otros iban en la misma dirección y participaban en
un mismo y único trabajo.
Este ejemplo nos hace comprender que el
bien y el mal, que se presentan como manifestaciones contrarias, son en
realidad dos fuerzas unidas para realizar el mismo trabajo, pero al no
observarlas desde arriba, es decir, desde el punto de vista espiritual,
iniciático, se dice que son dos fuerzas que se enfrentan.
Todos aquellos que miran los hechos, los acontecimientos
de abajo, es decir, al nivel en el que se producen, se equivocan.
Si intentasen elevarse para observarlos
desde el punto de vista de la sabiduría, desde el punto de vista del espíritu,
tendrían una visión correcta. Verían un círculo, una rueda… y comprenderían que
el bien y el mal son dos fuerzas unidas para hacer girar la rueda de la vida.
Si se quiere aniquilar el mal, el bien
también será aniquilado.
Naturalmente
esto no quiere decir que debamos alimentar y reforzar el mal, no; ya es
bastante fuerte sin que le ayudemos.
Pero no hay tampoco que deshacerse de él,
y si lo intentamos, no conseguiremos nada.
Lo que hace falta es utilizarlo, y encontrar que actitud adoptar con
respecto a él. Sí, está llegando el
momento de dar una nueva filosofía a la humanidad.
Si estuvieseis en el Sol, posiblemente no
conoceríais la oscuridad, peo habéis venido sobre la tierra y como la tierra
gira alrededor del Sol, tan pronto hay luz como tinieblas. Puesto que estáis fuera del Sol hay que
aceptar esta alternancia: el día y la noche, la luz y las tinieblas, el bien y
el mal, y no solamente aceptarlo, sino saberlo utilizar. Si la oscuridad fuese el mal, ¿Cómo se
explica que sea precisamente en la oscuridad la de la tierra o la del
subconsciente donde empiezan a nacer las realizaciones de mayor importancia? En realidad la oscuridad es la condición
requerida en los nacimientos futuros o en los renacimientos futuros. ¿Por qué el nuño, porque la semilla empiezan
su creación en la oscuridad?... Y
vosotros, ¿cómo utilizáis la noche?
Maravillosamente, ¿no es así? Dormís, y a
la mañana siguiente cuando os despertáis, habéis recuperado todas vuestras
fuerzas para volver al trabajo.
Diréis: {Sí, pero, ¿cuál es el origen del
mal?} Existe un Principio eterno que es
el Manantial de todas las creaciones. Y
cuando este Principio eterno encargó a los Elohim de formar… no vayamos muy lejos, no digamos el Cosmos,
sino solamente nuestra tierra, puesto que trabajaban con los dos principios
masculino y femenino, positivo y negativo (pues estos dos polos son necesarios
para la manifestación), era inevitable que apareciesen por aquí y por allá
algunos deshechos, elementos que no estaban todavía ni utilizados ni
organizados y que perturbaban la armonía del conjunto. Estos materiales, estas energías que no
representan un mal para el creador o los Arcángeles, son nocivos para los
humanos que no saben cómo utilizarlos.
Os mostraré una imagen. Supongamos que tenéis una casa; pues bien, en
esta casa está previsto un lugar para una papelera o para un cubo de la basura. Ahora bien, hagáis lo que hagáis, aunque
seáis el ser más iluminado y más razonable del mundo, tendréis siempre algunos
deshechos que tirar a la papelera: papeles, botellas vacías, cajas, mondas,
restos de comida; y en vuestro organismo
también hay deshechos de los que os debéis desprender. Incluso la cosa más perfecta que imaginéis
sobre la tierra tiene al menos un pequeño aspecto negativo… el reverso de la
medalla, como se dice. Todo el mundo sea
dado cuenta de ello.
Entonces, ¿cómo es posible que los humanos
no hayan comprendido el lenguaje de todos estos detalles de la vida cotidiana
que se presentan sin cesar ante sus ojos?
Cuando se creó la tierra, hubo que
almacenar en alguna parte los materiales no empleados, los vidrios y los
ladrillos rotos, las planchas y los clavos inutilizables, simbólicamente
hablando.
Por eso la tierra también tiene sus
papeleras: es un cono de oscuridad que se encuentra tras ella, su sombra.
Su sombra.
¿Saben esto los astrónomos?
El origen del mal está ahí, en los
residuos de los materiales empleados para la construcción de la tierra; y como
los deshechos atraen toda clase de animales: hormigas, moscas, gusanos, etc…,
necesariamente encontraremos estas criaturas cuando visitemos esta región
creyendo encontrar en ella alegría y placer. Está región que llamamos infierno,
el mundo de las tinieblas, está predestinado a recoger las basuras; ahí es
donde se recogen y almacenan todas las impurezas.
Ahora bien, ¿por qué hay criaturas que van
ahí a buscar la felicidad? Porqué, de la
misma manera que existen personas tan desvalidas que deben ir a buscar en las
papeleras algunos restos de comida o algunos viejos zapatos, así también en el
mundo psíquico existen pobres diablos que no pueden comer en los restaurantes
de arriba junto a los Ángeles y a los Arcángeles del Señor. No tienen el
dinero necesario (este dinero, naturalmente, son cualidades y virtudes)
para comprarse este alimento puro y luminoso que viene del Sol, y se ven
obligados a comer en los restaurantes infernales, que están repletos de
inmundicias y de criaturas caídas.
Sin embargo, en esta región del mal, en
esta región de las fuerzas desorganizadas se pueden encontrar muchas cosas, y
si supieseis cómo arreglároslas para obrar como la tierra, que transforma todos
los deshechos, sacaríais de esta región fuerzas y elementos capaces de
alimentar incluso a los ángeles… Pues claro que sí:
¡Actualmente se han desarrollado
procedimientos químicos para purificar las aguas polucionadas! La naturaleza tiene todos los medios para transformar los
deshechos, y el hombre también posee en sí mismo estos medios, pero debe de
encontrarlos y aprender a utilizarlos.
Para ello debe comprender primero que es el bien, pues solamente cuando
se comprendido lo que es el bien se es capaz de hacer frente al mal.
El bien es un principio eterno, creador, todopoderoso, es el mismo Dios… aunque en realidad Dios esté por encima del bien. En la Cábala, el bien y el mal son presentados como dos manifestaciones de una potencia que les supera. Pero para facilitar la comprensión, puede presentarse a Dios como el Principio del Bien, aunque Dios esté en realidad por encima del bien. El bien es una manifestación de Dios y el mal es un deshecho del bien, algo que no ha podido encontrar su sitio en la armonía cósmica. En consecuencia el mal no puede jamás ser comparado al bien, no posee como él la eternidad, la potencia, la riqueza. Por eso, aquellos que piensan que el bien y el mal son dos entidades de
igual potencia que están combatiéndose sin que una pueda conseguir la victoria
definitiva sobre la otra, se equivocan.
El mal, os he dicho, es un residuo del bien, se le puede comparar a la
materia que queda una vez se ha extraído de ella la quintaesencia de los pétalos
de rosas o de otras flores, una materia que no habiendo podido ser refinada no
está en estado de reflejar la Divinidad. El mal es lo que permanece cuando todo el bien ha sido {extraído}. Así pues, ahí donde se encuentra el bien,
fatalmente también está el mal, pues el
mal es lo que quedad del bien, no puede existir por sí solo, no tiene
existencia independiente de la del bien, jamás conseguirán transformarlo, y el
mal continuara acechando, pues son ellos quienes, por su ignorancia, le dan la
fuerza y esta independencia.
La luz engendra la oscuridad. Donde hay luz, necesariamente hay sombra. La presencia de un objeto ya proyecta una
sombra.
¿Acaso hay sombras cuando no hay luz? No.
Diréis :{Pero puede suceder que la oscuridad reine precisamente porque
no hay ninguna luz}. No, e incluso si en
un lugar la oscuridad es total, es porque un objeto impide el paso de la
luz. Por eso hay siempre una mitad de la
tierra sumida en la oscuridad. Sin la
luz las tinieblas no podrían existir, y no habría mal si no hubiese bien.
La manifestaciones del mal son, pues,
necesarias, pero no son eternas ni absolutas, dependen de las fuerzas del
bien. Ahora bien, para poder resolver el
problema hay que ir más allá del bien, y para ir más allá del bien hay que
tener primero una idea exacta de lo que es.
El bien es una manifestación armoniosa en la cual interviene el amor, la
fuerza, la inteligencia, la belleza, la dulzura, etc… Pero como ya os he dicho,
el bien no es todavía Dios en Sí mismo; es una manifestación de Dios, pero no es Dios.
Dios está por encima del bien y del mal,
no podemos saber lo que ÉL es.
Pero puesto que el bien es una
manifestación de Dios, al pensar en el bien se liga uno al Creador del
Universo, al Principio Eterno; nuestra
conciencia se desplaza, sale de la región de las tinieblas donde se encuentran
los sufrimientos, las angustias, los terrores, para ir a unirse de nuevo con el
Centro, el Principio Creador de todas las cosas. Y puesto que Él es, precisamente, el Creador,
conoce el papel que desempeñan todos los elementos, todas las fuerzas, todas
las criaturas, y sabrá como remediarlo.
Nosotros no podemos saber, pero Él sí puede, y es a Él, puesto que es
todavía superior al bien y al mal, a quien debemos a recurrir para pedir
ayuda. Entonces seremos capaces de
desencadenar potencias extraordinariamente sutiles que trabajarán en todo el
universo.
He aquí el trabajo más digno y más
glorioso para el discípulo.
¡Y
que no se impaciente si este trabajo no produce inmediatamente
resultados tangibles! La mayoría de la
gente no trabaja más que para conseguir realizaciones materiales en el plano
físico, y por eso sufren tantas decepciones: porque estas realizaciones no
duran. Pero cuando os decidís a trabajar
con el Ser más inaccesible, el mismo Dios,
entonces obtenéis las verdaderas realizaciones, realizaciones internas, en la
conciencia, y estas realizaciones son inmediatas. Lo que está más lejos es, en realidad lo más
cercano, y lo que se imagina uno próximo, es, en realidad, lo que está más alejado:
al desear vivirlo no se vivirá, al deseas obtenerlo no se obtendrá. Solamente cuando trabajéis sobre las realidades
más alejadas las viviréis inmediatamente.
Sí, si queréis obtener realizaciones
inmediatas fijaros la meta más lejana.
Desde hoy deciros: {He comprendido ahora dónde está la verdad, dónde
está la potencia, donde está la verdadera vida: está en ese centro único, por
encima del bien y del mal}. Y pensáis con él, os fusionáis
ininterrumpidamente con él, no creéis
más que en él, no buscáis más que a él, no trabajáis más que con él…
Entonces este centro irá a tocar al bien,
el cual empezará a manifestarse en vosotros como una mejora en vuestra vida
interna, para llegar un día a expresarse externamente.
Naturalmente, es verdad, es más fácil
hacer el mal que el bien.
Pero, ¿por qué?... No es porque el bien
sea débil y el mal potente, sino porque aquí en la tierra, las condiciones que
la humanidad ha creado poco a poco, son mucho más propicias y favorables al
mal. ¿Queréis hacer el mal? Todos están ahí de acuerdo para echaros una
mano. Pero, desde el momento en que se
trata de hacer el bien, es diferente, es como si el bien estuviera paralizado, como si fuesen impotente. Sí, porque en las
regiones inferiores siempre es así, y los hombres viven demasiado en las
regiones inferiores. Pero cuando se
llega a salir de esas regiones, sucede todo lo contrario: el mal esfixia,
quedad trabado, paralizado. Cuando se
vive en las regiones superiores es imposible hacer el mal, y se desea hacer el
bien, todo funciona por sí solo.
Puedo daros un ejemplo: suponed que sea
invierno, y que todo está húmedo, recubierto de nieve, si queréis incendiar el
bosque, resulta imposible, el fuego no prende.
Pero en verano cuando hace calor, un pequeño trozo de vidrio que
concentra los rayos del sol basta para encenderlo todo; es como si todo el
bosque estuviese de acurdo en realizarlo, porque las condiciones son
favorables.
Intentad
también disparar con un cañón cuando la pólvora está húmeda; no
funciona… y así sucesivamente.
Comprendéis ahora que sí, sobre
la tierra, el mal es mucho más potente que el bien, es porque los humanos le
proporcionan las mejores condiciones.
Pero un día todo cambiará, ocurrirá lo contrario; el mal no podrá
manifestarse porque no encontrará las condiciones favorables.
Para dirigir, dominar o trasformar el mal,
no basta con ser un servidor del bien, porque el bien como lo he dicho, está
limitado.
Puesto que el bien no ha conseguido vencer
al mal, no es, todavía, el mismo Dios, sino sólo la mitad, y el mal es la otra
mitad.
El bien y el mal es la otra mitad. El bien y el mal son hermano y hermana, si
queréis, pero no son el padre. Ahora
bien, es hacia el padre donde hay que ir, porque es él quien manda al hijo y a
la hija, o a los dos hermanos. Ir hacia
el Padre, es convertirse en servidor de Dios y no solamente un servidor del
bien. Hay pues que subir todavía más
arriba con el fin de servir a Dios, el cual dirige el bien y el mal. Ahí es donde está el verdadero cobijo. Evidentemente arriba no existe el mal, y en
la medida en que le bien significa perfección, se puede decir que ser servidor
del bien es ser servidor de Dios. Pero
el bien tal como se le comprende intelectualmente, es decir opuesto al mal, no
es todavía Dios; no es más que la mitad.
Puede daros todavía otros ejemplos que os
harán comprender la verdad que os harán
comprender la verdad de lo que os digo.
Consideremos la circulación de la
sangre. Si sólo existiese la circulación
arterial la vida no sería posible, pues es necesario que todos los desechos
desaparezcan, y es entonces cuando la circulación venosa, la otra mitad,
interviene: lleva la sangre a los pulmones donde se purifica, y cuando es pura
entra al corazón, desde donde vuelve a salir hacia las arterías. Es pues del corazón de donde sale la sangre
pura, el bien; sí, pero este bien, al cabo de cierto tiempo, se carga de nuevas
impurezas, y así sucesivamente…
Se encuentra el mismo fenómeno en la circulación
de los coches por las carreteras: por
la izquierda y por la derecha…Si no hubiera más que una sola dirección, un
único sentido, ¿qué harían los coches que deben volver?
Luego el mal no se encuentra en el hecho
de que existan fuerzas opuestas, pues ambas hacen un trabajo. Pero si en lugar de hacer el trabajo
determinado por la Inteligencia cósmica estas fuerzas chocan entre sí, se
combaten y se aniquilan mutuamente, entonces sí se produce el mal.
Es como el fuego y el agua. ¿Cuántas cosas extraordinarias uno puede
producir colocando el agua sobre el fuego?... Pero con una pared que los
separe, de lo contrario el fuego hará evaporarse el agua y el agua apagará el
fuego, lo cual ocurre en todos los ámbitos de la vida cuando se es ignorante. Las fuerzas, los venenos, no son nocivos más
que para el hombre que no está ni suficientemente fuerte como para
soportarlos. Pero para la naturaleza el
mal no existe.
Se puede incluso decir que de alguna
manera el mal se encuentre en el bien. Tomemos
el ejemplo de la nutrición. Cuando
comemos, retiramos los elementos que son útiles, indispensables a nuestra
salud, y eliminamos aquellos que el organismo no puede asimilar, y que le envenenaría si no pudiera echarlos.
El mal se encuentra, pues, en el bien, están ligados, y es al organismo a quien
corresponde hacer una selección y eliminar este mal. Tomemos otros ejemplos. Encontráis
a la chica más encantadora, y la esposáis: he ahí un gran bien. Sí, pero no sois el único en maravillaros
ente esta criatura, hay otros que se interesan también por ella y ahí empiezan
los problemas: las sospechas, los celos, las disputas… ¡Y a veces, eso es sólo
el principio! Imaginad ahora que
heredáis una inmensa fortuna, que sois muy ricos. Sí.
Pero ahí empiezan las preocupaciones, continuamente estaréis
solicitados, correréis el riego de que os desvalijen en todo momento y ya nunca más estaréis tranquilos… y
así ocurre también en todos los demás campos de la vida.
Sólo la sabiduría es capaz de utilizar el
bien y el mal, y sobre todo de obrar de forma que el bien no se trasforme en
mal.
Como os he dicho al empezar, el bien y el
mal están atados a la misma rueda, si el bien existiera solo, no llegaría a
hacerla girar.
Soy posiblemente el único que ose decir
que el bien no es capaz de hacer todo el trabajo si el mal no le echa una
mano. Diréis que el mal es, sin embargo,
una fuerza contraria… ¡precisamente, es necesario que sea contraria! Cuando queréis tapar o destapar una botella,
os servís de vuestras dos manos y hacéis que trabajen en sentido inverso: la
una la empuja en una dirección y la otra en la dirección opuesta, y gracias a
esta oposición conseguís meter o sacar
el tapón.
¿Comprendéis ahora cómo las fuerzas
contrarias trabajan hacia una meta determinada?... Es un proceso que está cada
día delante de vuestros ojos, pero no lo veis.
Para terminar, os diré que debéis de
pensar cada día en uniros al Seños, al Centro, a ese punto que lo contiene
todo. Y Él, por su lado, que es infatigable,
que está por encima del bien, reunirá las fuerzas del bien, y las fuerzas del
bien limpiarán y organizarán todo maravillosamente.
OMRAAM

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