Desde el momento en que el hombre actúa, desencadena
inevitablemente ciertas fuerzas que producen determinados resultados, Esta idea
que relaciona la causa con el efecto está contenida originalmente en la palabra
“Karma” ha tomado el sentido de pago por una transgresión cometida.
El Karma-Yoga, uno de los numerosos yogas que existen en la
india, no es más que una disciplina que enseña al individuo a desarrollarse
mediante una actividad desinteresada, gracias a la cual se libera. Cuando el
hombre se vuelve codicioso, astuto, turbulento, crea deudas que deberá saldar,
y en ese momento la palabra “Karma” toma el significado que la gente le da:
castigo por faltas cometidas en el pasado.
En realidad, se puede decir que el karma (en el segundo
sentido indicado), se manifiesta cada vez que un acto no es ejecutado con perfección.
Pero el hombre ensaya, debe ejercitarse hasta lograr la perfección, y mientras
falle en sus intentos deberá corregirse, reparar sus errores y por supuesto
deberá sufrir por ello.
Diréis: “! Entonces, ya actuando cometemos necesariamente
errores y que debemos sufrir para repararlos, vale mas no hacer nada ¡” No es así,
hay que actuar. Evidentemente sufriréis, pero con ello aprenderéis,
evolucionareis… Y un día ya no sufriréis más, En cuanto hayáis aprendido a
trabajar correctamente, no habrá más karma. Cada movimiento, cada gesto, cada
palabra, desencadenan ciertas fuerzas que traen consigo consecuencias,
naturalmente, naturalmente, pero supongamos que estos gestos y estas palabras
están inspirados en la bondad, en la pureza y el desinterés: atraerán
consecuencias benéficas, y es lo que
llamamos “dharma”
El dharma es la consecuencia de una actividad ordenada,
armoniosa, benéfica.
El ser que sea capaz de emprender tal actividad escapara a
la ley de la fatalidad, situándose bajo la ley de la Providencia. No hacer nada
para evitar las preocupaciones y los
sufrimientos no es la solución correcta; debemos ser activos, dinámicos, estar
llenos de iniciativas sin que por ello el móvil de nuestras actividades sea ni
el egoísmo ni el interés personal. Es la única forma de escapar al desastre.
Evadir las consecuencias es imposible: siempre habrá causas y efectos, sea cual
fuere vuestra actividad; simplemente si conseguís actuar de manera
desinteresada, no se producirá efectos dolorosos, sino alegría, felicidad y
liberación.
Si para conseguís paz no actuamos, no nos desarrollaremos, no
aprenderemos ni ganaremos nada. Evidentemente no cometeremos ningún error, pero
entonces seremos como piedras: ¡estas nunca cometen errores¡ Es preferible
ensuciarse si es necesario, pero aprender. ¿ Cómo queréis que un edificio en
construcción no tenga manchas de cemento o pintura? Es imposible. Hay que aceptar esas manchas
mientras el edificio se cree y se realiza el trabajo. Después, frotamos un
poco, lavamos, nos cambiamos de ropa, y de esta manera, por lo menos,
conseguimos terminar la casa.
El Maestro Peter Deunov dijo un día: “ Os di a todos un
librito para aprender el alfabeto” ( en búlgaro decimos: “boukvartche” … ¿y
vosotros? … ¿un abecedario? Bueno, un abecedario). “ Al cabo de un año os pido
que me lo devolváis y algunos de vosotros me devolvéis ese boukvarche
absolutamente limpio, impecable, sin abrir; por lo tanto no aprendisteis nada.
Otros, al contrario, me lo devuelven totalmente roto , manchado; lo abrieron y
cerrado centenares de veces, lo han llevado a todas partes, incluso han comido
encima…. ¡Si, pero ahora saben leer¡ Y el Maestro concluía: “Prefiero eso”. Yo
era muy joven entonces y recuerdo que le pregunte tímidamente: “Y yo, ¿en qué categoría
estoy? “ Me respondió: “ ¿Tu? En la segunda categoría”. Naturalmente me puse
muy contento porque comprendí que era
mejor .
No sé en qué estado le devolví el boukvartche, pero en todo
caso el me clasifico en la segunda categoría: la de la gente que desea que el
trabajo se haga…. Y es cierto. Cometeremos muchos errores, mancharemos y nos
salpicaremos, recibiremos críticas e injurias, ¿Y qué? , eso no tiene
importancia. Hay que saber leer, hay que trabajar, debemos terminar el
edificio.
Todos aquellos que son siempre razonables y prudentes pero
que no se comprometen, no avanzan. Entonces, Señor, ¿qué será de ellos?.
Está escrito en el apocalipsis: “ Se frio o caliente porque
al tibio lo escupiré de mi boca”.
¿Por qué, entonces, algunos prefieren seguir siendo tibios?
No hay lugar para estos. No hay que tener miedo a equivocarse. Cuando aprendéis
una lengua extranjera, si no decís nada por miedo al ridículo jamás hablareis.
No hay que temer el ridículo, hay que tener la osadía de cometer algunos errores
para aprender a hablar. Pues bien, ocurre lo mismo con el karma: no hay que
paralizarse por el miedo a cometer faltas que tendréis que reparar, ya que a
medida que intentamos dar una finalidad Divina a nuestros actos, no producimos más
karma sino dharma, es decir la gracia y la bendición del cielo.
Agradecimiento especial al Miembro y colaborador Alejandro Perrin, quien nos facilito la transcripción del texto.

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