El Árbol sefirótico es una figura simbólica de una gran
profundidad, a través de la cual los cabalistas han querido dar
cuenta de la creación del mundo. La Cábala explica que, en el
origen, existía el Absoluto, el No manifestado, Aín Soph Aur,
es decir, la luz sin fin, y toda la creación no era otra cosa que la
condensación de esta luz.
Los diez sefiroth o las diez regiones
divinas se formaron por emanaciones sucesivas, y a cada una
de ellas se vincula un planeta: a Malkuth,la Tierra; a lesod, la
Luna; a Hod, Mercurio; a Netzatch, Venus; a Tipheret, el Sol;
a Geburah, Marte; a Hésed, Júpiter; a Binah, Saturno...
En nuestros días se atribuye Urano a Hokmah y Neptuno a
Kether, pero los anti-guos desconocían la existencia de
planetas más allá de Saturno, y atribuyeron a Hokmah el
zodíaco, y a Kether los primeros torbellinos que presidieron la
creación.
Si consideramos los siete planetas, de la Luna a Saturno,
colocados sobre el Árbol sefirótico, vemos que son precisamente
los que corresponden a los siete días de la semana, pero en un orden
diferente.
En el Árbol sefirótico los planetas ocupan el siguiente orden:
Naturalmente os preguntáis a qué corresponde
este orden de los días de la semana...
Empecemos por Saturno, que es el primer planeta de la parte
alta del Árbol sefirótico. La tradición esotérica dice que rige la
primera hora del sábado, mientras que la hora siguiente está
regida por
Júpiter, la tercera por Marte, la cuarta por el Sol... y así
hasta la octava hora, que está de nuevo
bajo la influencia de Saturno; y el ciclo comienza de nuevo.
Se alcanza así la hora 24 y se constata que la primera hora
siguiente está regida por el Sol.
Aplicando el mismo procedimiento para cada día, se constata que la primera hora está bajo el dominio del planeta que corresponde a este día, es decir, la Luna para el lunes, Marte para el martes, Mercurio para el miércoles, etc. He ahí cómo se explica el orden de los días de la semana. Pero debéis saber que entidades vivas, inteligentes, están vinculadas a cada planeta. Así pues, cada nueva hora lleva consigo entidades que hacen un, trabajo sobre las plantas. los minerales, los animales, los seres humanos. Y como cada planeta está ligado no sólo a un color, sino también a un sonido determinado (Do a Saturno, Re a Júpiter, Mi a Marte, Fa al Sol, Sol a Venus, La a Mercurio, Si a la Luna), la sinfonía de los sonidos varía con la hora del día a causa de la sucesión de los espíritus. Son los planetas quienes cantan a través del espacio, sumergiéndonos en una música a la que se ha llamado la música de las esferas.
Gracias a la meditación, a la contemplación, el hombre puede llegar a percibir esta
sinfonía de los planetas, de las jerarquías angélicas... Animado por el
canto de los ángeles, el universo respira, se alimenta y vive.
Consideremos de nuevo el orden de los planetas en relación a los
días de la semana. Comenzando por el día de la Luna, tenemos:
Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Sol. Si al
tomar de nuevo este mismo orden nos saltamos cada vez un
planeta, tendremos: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte,
Júpiter, Saturno, lo que corresponde a la sucesión observada
en el Árbol sefirótico.
Transcribamos de nuevo verticalmente esta serie alternada
de planetas para dos semanas :
Pongamos ahora estas dos series frente a frente :
Ahí tenemos la imagen de dos ondas en movimiento y
vemos que, donde para un determinado planeta la curva corresponde a un máximo, para la serie de enfrente
corresponde a un mínimo. Si colocamos de nuevo estas dos
series a continuación la una de la otra, obtenemos el esquema :
En la primera semana, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno están en su máximo, mientras que la Luna, Mercurio y Venus están en su mínimo. Para la semana siguiente sucede lo contrario. Estas ondas que acabamos de describir son comparables a las de la luz. Cuando enviamos una onda al espacio, nace simétricamente una segunda cuyo movimiento es inverso al de la onda enviada. Allí donde, para la primera onda, la curva es convexa, para la otra es cóncava. Esto muestra que la plenitud y el vacío no existen por sí mismos, sino que son complementarios.
La plenitud y el vacío son los dos principios
masculino y femenino que trabajan siempre juntos en el
universo. En el hombre estos dos principios están
representados por el alma y el espíritu, el corazón y el
intelecto. En la Ciencia iniciática, este fenómeno está
simbolizado por la serpíente, cuyo movimiento es la
sinusoide. Y, ¿os? habéis dado cuenta de que la columna
vertebral, que sostiene todo nuestro esqueleto, está también
construida de acuerdo al movimiento sinusoidal de la
serpiente, es decir, de la luz?
Pero volvamos a los días de la semana: el domingo está
ligado al martes, que enlaza con el jueves, y éste, a su vez, con el sábado; y también: lunes, miércoles y viernes... Los días
forman una cadena y su sucesión corresponde también a una
disposición musical.
Los planetas y los días de la semana
cantan en coro al Creador. Unidos entre sí como los granos de
un rosario sin fin, forman una cadena cuyo desarrollo se
inscribe en la eternidad.
Si los rosarios tienen mucha importancia en varias
religiones, es porque simbolizan el encadenamiento de las
fuerzas cósmicas, la sucesión infinita de los elementos y de los
seres. Todos nosotros formamos también parte de una cadena;
no hay que olvidar esto jamás, pues guardando la consciencia
de que pertenecemos a este desarrollo infinito, viviremos al
unísono con la armonía cósmica.
OMRAAM






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