Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

sábado, 16 de marzo de 2019

El bien más precioso: la vida (Parte I)



El bien más precioso: la vida 

¡ Cuántas veces os ha sucedido que desperdiciáis vuestra vida corriendo detrás de adquisiciones que no son tan importantes como la vida misma! ¿Habéis pensado en ello? Si pusierais a la vida en primer lugar, si pensarais en cuidarla, protegerla, conservarla con la mayor integridad, con la mayor pureza, tendríais cada vez más posibilidades de obtener lo que deseáis. Pues precisamente esta vida limpia, iluminada, intensa, es la que puede proporcionároslo todo. Por el hecho de estar vivos creéis que todo os está permitido. Pues no; cuando hayáis trabajado durante años para satisfacer vuestras ambiciones, os encontraréis un día tan agotados, tan hastiados de todo, que si colocáis en una balanza lo que habéis obtenido y lo que habéis perdido, os daréis cuenta que lo habéis perdido casi todo para ganar muy poco. 

Cuántas personas dicen: «Puesto tengo la vida, puedo servirme de ella para conseguir todo lo que deseo: dinero, placeres, conocimientos, la gloria. . . » Entonces se posesionan de todo, y cuando no les queda nada tienen que interrumpir todas sus actividades. No tiene sentido actuar así, pues si se pierde la vida, se pierde todo. Lo esencial es la vida, y debéis protegerla, purificarla, reforzarla, eliminar lo que la dificulta o la bloquea porque gracias a la vida obtendréis la salud, la belleza, el poder, la inteligencia, el amor y la verdadera riqueza. En lo sucesivo, trabajad pues para embellecer vuestra vida, para intensificarla, para santificarla. Pronto la sentiréis: esta vida pura, armoniosa, alcanzará otras regiones donde actuará sobre multitud de entidades que vendrán después a inspirar os y ayudaros.


Conciliad la vida material y la vida espiritual 

Nadie os pide abandonar completamente la vida material para consagraros únicamente a la meditación ya la oración, como hicieron algunos místicos o ascetas que querían huir del mundo, de sus tentaciones y de sus dificultades. Pero dejarse absorber por las preocupaciones materiales, como hacen cada vez más los humanos, tampoco es bueno. Todos tenéis derecho a trabajar, a ganar dinero, a casaros, a fundar una familia, pero debéis tener al mismo tiempo una luz, unos métodos de trabajo ,a fin de avanzar en el camino de la evolución. 

La cuestión consiste, pues, en poner en funcionamiento a la vez el lado espiritual y el lado material: estar en el mundo pero poder vivir al mismo tiempo una vida celestial. Esta debe ser vuestra meta. Ciertamente esto es difícil, pues todavía os encontráis en la encrucijada de que si os lanzáis a la vida espiritual, abandonáis vuestros asuntos, y si arregláis vuestros asuntos, abandonáis la vida espiritual. Pues no; ambas cosas son importantes, y vosotros podéis conseguir equilibrarlas. ¿Cómo? . . . pues bien, cualquier cosa que emprendáis, comenzadla diciendo: « y o busco la luz, yo busco el amor , yo busco el verdadero poder. ¿Los obtendré haciendo esto o aquello? » Reflexionad, y si veis que tal preocupación, tal actividad os aleja de vuestro ideal, abandonadla.

Consagrad la vida a un fin sublime 

Es muy importante que sepáis con qué fin trabajáis y para quién, pues según sea el caso, vuestras energías tomarán talo cual dirección. Si consagráis vuestra vida a un fin sublime se enriquecerá, aumentará en fuerza y en intensidad. Es exactamente como si hicierais fructificar un capital. 
Colocáis este capital en un banco celestial, y entonces en lugar de malgastarse, despilfarrarse, aumenta y os enri quecéis. y como sois más ricos, tenéis la posibilidad de instruiros y de trabajar mejor. El que se entrega a los placeres, a las emociones, a las pasiones, dilapida su capital, su vida, porque todo lo que obtiene así debe pagarlo, y acaba pagándolo con su vida. 

Mientras que colocando vuestro capital en un banco de los de arriba, trabajáis más, os fortalecéis más porque continuamente nuevos elementos más puros, más luminosos, se van introduciendo en vosotros, reemplazando a los que habéis perdido. La vida cotidiana: una materia que el espíritu debe transformar En todos los actos de la vida cotidiana, incluso en los más simples, debéis aprender a poner en acción fuerzas y elementos que as permitan trasponer estos actos al plano espiritual, alcanzando así los grados más altos de la vida. Consideremos lo que ocurre en un día normal. Nos despertamos e inmediatamente se desencadena toda una serie de procesos: pensamientos, sentimientos, y también gestos, como levantarse, encender la lámpara, abrir las ventanas, lavarse, preparar el desayuno, ir al trabajo, encontrarse con determinadas personas, etc. Cuántas cosas que hacer, y todo el mundo tiene la obligación de hacerlas. 

La diferencia está en que algunos las hacen maquinalmente, mecánicamente, mientras que otros, por el contrario, al poseer una filosofía espiritual, procuran desarrollar en cada uno de sus actos una vida más intensa, p1ás pura, y entonces todo resulta transformado, todo toma un sentido nuevo, con lo cual se sienten continuamente inspirados. 

Evidentemente vemos a muchas personas que se muestran dinámicas, emprendedoras, pero toda esta actividad está dirigida a la consecución del éxito, del dinero, de la gloria; no hacen nada para que su existencia sea más serena, más equilibrada, más armoniosa. y esto no es inteligente, pues esta actividad desbordante no consigue más que agotarles y enfermarles. Acostumbraos pues a considerar vuestra vida cotidiana, con los actos que debéis realizar, los acontecimientos que se os presentan, los seres junto a los que debéis vivir o con los que os encontráis, como una materia sobre la que debéis trabajar para transformarla. No os contentéis con aceptar lo que recibís, con soportar lo que os llega, no permanezcáis pasivos, pensad siempre en añadir un elemento capaz de animar, de vivificar, de espiritualizar esta materia. Pues verdaderamente la vida espiritual consiste en ser capaz de introducir en cada una de vuestras actividades, un elemento susceptible de proyectar esta actividad hacia un plano superior. Diréis: «¿y la meditación, y la oración...?» 

Pues bien, precisamente la oración y la meditación os sirven para captar estos elementos más sutiles, más puros, que os permiten dar a vuestros actos una nueva dimensión. Pueden producirse en vuestra existencia acontecimientos que imposibiliten la práctica de los ejercicios espirituales que estáis acostumbrados a hacer cada día. Pero esto no debe impediros seguir en contacto con el Espíritu. 
Pues el Espíritu está por encima de las formas, por encima de las prácticas. 

En cualquier situación, en cualquier circunstancia, podéis poneros en contacto con el Espíritu para que anime y embellezca vuestra vida. La nutrición considerada como un yoga ¡ Cuántas personas desequilibradas a causa de una vida trepidante buscan algún sistema para equilibrarse! y practican yoga, hacen meditación trascendental o bien aprenden a relajarse. Eso está muy bien, pero según mi punto de vista existe un ejercicio más fácil y más eficaz: aprender a comer. ¿Os sorprende? ¿Por qué? ¡ No es posible comer de cualquier manera, en medio de ruidos, nervios, prisas, e incluso disputas; y luego ir a practicar yoga! ¿No es mejor darse cuenta de que cada día es una oportunidad para hacer dos o tres veces un ejercicio de descanso, de concentración, de armonización de todas vuestras células?. 

En el momento de sentaros a la mesa comenzad por expulsar de vuestro espíritu todo aquello que puede impediros comer en paz y en armonía. y si no alcanzáis este estado en seguida, esperad para empezar a comer hasta el momento en el que hayáis conseguido calmaros. Cuando coméis en un estado de agitación, de cólera o de descontento, introducís en vosotros desasosiego, unas vibraciones desordenadas que se transmiten a todo lo que hagáis después. Incluso cuando intentáis dar una impresión de calma, de control, sale de vosotros algo agitado, tenso y cometéis errores, ofendéis a las personas o a las cosas, pronunciáis palabras torpes que os hacen perder amigos y os cierran las puertas. . . Mientras que si coméis en un estado de armonía, resolvéis mejor los problemas que se os presentan después, e incluso si durante todo el día os veis obligados a correr de aquí para allá, sentís dentro de vosotros una paz que vuestra actividad no puede destruir. 

Comenzando por el principio, por lo nimio, se puede llegar muy lejos. 
No creáis que la fatiga se produce siempre porque habéis trabajado demasiado. No; muy a menudo se produce por un despilfarro de fuerzas y precisamente, cuando tragamos el alimento sin haberlo masticado bien, sin haberlo impregnado suficientemente con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, es más difícil de digerir, y el organismo, que tendrá dificultad para asimilarlo, no podrá beneficiarse totalmente. Cuando coméis sin ser conscientes de la importancia de este acto, aunque vuestro organismo se fortalezca sólo recibe las partículas más groseras, más materiales, lo cual es poco comparado con las energías de las que os beneficiaríais si supierais verdaderamente comer en silencio, concentrándoos en el alimento para recibir los elementos etéricos y sutiles. 

Así pues, durante la comida, concentraos en el alimento proyectando en él rayos de amor; en ese momento se produce la separación entre la materia y la energía: la materia se disgrega, mientras que la energía penetra en vosotros y podéis disponer de ella. En la nutrición lo esencial no son los alimentos en sí, sino las energías que estos alimentos contienen, la quintaesencia aprisionada, pues en esta quintaesencia está la vida. La materia del alimento sólo sirve de soporte, y justamente esa quintaesencia tan sutil, tan pura, no debe únicamente servir de alimento a los planos inferiores, al cuerpo físico, al cuerpo astral y al cuerpo mental, sino que debe también servir para alimentar el alma y el espíritu. 

La respiración 

« Masticar » el aire para extraer de él la energía En el transcurso del día, acostumbraos a hacer algunas respiraciones. Pero para que realmente os aprovechen, es preciso que estas respiraciones sean lentas y profundas. Porque el aire puro debe tener tiempo de descender a los pulmones para llenarlos, expulsando así el aire viciado. y no sólo hay que respirar profundamente, sino que de vez en cuando es bueno retener el aire algunos segundos en los pulmones antes de soltarlo. ¿Por qué? Para masticarlo, pues los pulmones saben masticar el aire como la boca sabe masticar los alimentos. 
El aire que aspiramos es como un « bocado » de comida lleno de energías, y hay que dar tiempo a los pulmones para masticarlo y digerirlo. Cuando respiráis así, hacedlo con la conciencia de que a través del aire, recibís en vuestro cuerpo la vida divina. Dimensión psíquica y espiritual 

Los ejercicios respiratorios actúan benéficamente sobre la salud, ciertamente, pero también sobre la voluntad, sobre el pensamiento. Comprobad lo : si tenéis que levantar una carga, lo hacéis más fácilmente después de haber hecho una respiración profunda. En los pequeños acontecimientos que suceden en la vida cotidiana, en vuestras relaciones con los demás, pensad también en respirar, y ello os permitirá dominaros. Antes de una conversación, por ejemplo, para que la discusión no degenere en disputa, acostumbraos a respirar bien. y si estáis confusos, ¿por qué no pedís ayuda a los pulmones? Están ahí para ayudaros. 

Durante dos o tres minutos, inspirad y espirad profundamente, vuestros pensamientos se aligerarán y se aclararán. Necesitáis ayuda, lo cual es normal, pero, ¿por qué la buscáis siempre en el exterior, cuando está dentro de vosotros? Si llegáis a comprender el sentido profundo de la respiración, sentiréis que poco a poco vuestra propia respiración se funde con la respiración cósmica. Espirando, pensad que llegáis a ensancharos, a extenderos hasta alcanzar los confines del universo; después, al inspirar, volved hacia vosotros, hacia vuestro yo, que es como punto imperceptible, el centro de un círculo infinito. De nuevo os dilatáis, y seguidamente os contraéis. . . Descubriréis así este movimiento de flujo y reflujo que es la clave de todos los ritmos del universo. 

Al tratar de concienciarlo en vosotros mismos, entráis en la armonía cósmica, realizáis un intercambio entre el universo y vosotros, pues al inspirar recibís elementos del espacio, y al espirar proyectáis algo de vuestro corazón y de vuestra alma. El que sabe armonizarse con la respiración cósmica, penetra en la conciencia divina. El día en que sintáis esta dimensión, querréis trabajar durante toda vuestra vida inspirando la fuerza y la luz de Dios para dar después esta luz al mundo entero. Porque la espiración no es otra cosa que la distribución de la luz que se ha logrado extraer de Dios. La respiración consciente aporta bendiciones incalculables para la vida física, emocional, intelectual y espiritual. Es preciso que observéis los efectos positivos de vuestro cerebro en todas vuestras facultades; es un factor muy poderoso en todos los aspectos de la vida. 

Nunca dejéis de lado esta cuestión. Cómo recuperar vuestras energías Frecuentemente os dejáis arrastrar por ese desasosiego que se ha convertido actualmente en el estado habitual de los seres humanos y que es tan perjudicial para su equilibrio físico y psíquico. Debéis velar sobre vuestro sistema nervioso procurándole de vez en cuando un descanso. Por ejemplo, os retiráis a una habitación tranquila, os tendéis boca abajo sobre una cama, o en el suelo sobre una alfombra, con los brazos y las piernas relajados, os dejáis llevar como si os sumergierais en un océano de luz, sin moveros, sin pensar en nada. . . uno o dos minutos después, os levantáis recargados. Eso es todo; es poca cosa, pero es muy importante.


Seguramente diréis que no siempre es posible acostarse de ese modo. Pues bien, quedaos sentados; lo esencial es que lleguéis a romper esta tensión en que vivís. Hay que saber detenerse, y no sólo una o dos veces al día, lo cual no es suficiente, sino diez, quince, veinte veces. Aunque esto no dure más que uno o dos minutos, lo esencial es que os acostumbréis a hacerlo con frecuencia. Cada vez que tengáis un momento libre, no importa dónde os encontréis, en lugar de perder vuestro tiempo o de poneros nerviosos porque os hacen esperar, aprovechad esta ocasión para apaciguaros y encontrar vuestro equilibro: reanudaréis después vuestras actividades con nuevas fuerzas.



Arreglad vuestra morada interna 


Debéis aprender a enfatizar las posibilidades del mundo interno, pues es en vuestro mundo interno en el que estáis continuamente sumergidos. No siempre estáis mirando, escuchando, tocando, probando algo externamente, y sin embargo, siempre os encontráis con vosotros mismos, en ese mundo interno del que no sabéis utilizar aún todas las riquezas. Este mundo os pertenece: dondequiera que vayáis, lo lleváis con vosotros y podéis contar con él, mientras que el mundo externo siempre puede reservaros alguna que otra decepción. Quizás, por un momento, podéis imaginaros que tenéis algo, pero poco tiempo después no tenéis nada, os lo han quitado todo o lo habéis perdido.

Si buscáis la abundancia, la plenitud, sabed que podéis encontrarlas verdaderamente en vosotros mismos. No os conocéis, no sabéis todo lo que poseéis, todos los tesoros, conocimientos y poderes que Dios ha colocado en vosotros. Deberíais esforzaros para sentir y utilizar todos esos recursos.
Os mostraré una imagen. Algunas personas han sabido arreglar tan bien su piso o su casa que no quieren de ninguna manera salir para ir a otro sitio en el que deberán soportar el ruido, el polvo, los embotellamientos. Mientras que otras que viven miserablemente en un cuchitril sin ninguna comodidad, buscan cualquier ocasión para escapar de sus casas (lo que por otra parte no es la verdadera solución, pero en fin...). Ahora, traspongámoslo.

El espiritualista es aquél que ha arreglando tan bien su fuero interno que no le falta nada: la poesía, los colores, la música, todo está ahí, y sufre cuando tiene que « salir » y abandonar esta belleza. Mientras que las personas corrientes, que no han hecho nunca nada por convertir en habitable su fuero interno, no piensan más que en ir a distraerse a otra parte. En cuanto se encuentran solos consigo mismos se aburren, lo cual es tristísimo. Ahora, reflexionad un poco para ver cuál es la situación más ventajosa. Puesto que estáis día y noche con vosotros mismos, ¿no es mucho más provechoso mejorar este espacio que no abandonáis nunca? ¿Por qué dejáis vuestro fuero interno abandonado, como si fuese un tugurio en el que los cristales están rotos, y hay telarañas por todas partes?

En adelante pensad en embellecer, enriquecer y armonizar todo en vosotros mismos; no sólo os sentiréis muy bien en vuestra casa, sino que además, en esta estupenda morada podréis recibir invitados. Sí, los espíritus luminosos se alegran de poderos visitar e incluso, tal vez, decidan instalarse definitivamente, con lo cual vosotros os beneficiaréis de su presencia.


El mundo externo es un reflejo de vuestro mundo interno

Sabed que no podréis encontrar nada fuera de vosotros que no lo hayáis previamente encontrado en vuestro interior. Pues incluso lo que se os aparezca externamente, si no lo habéis encontrado ya internamente, pasaréis sin verlo. Cuanto más descubráis interiormente el amor, la sabiduría, la belleza, más los descubriréis a vuestro alrededor. Os pensáis que si no veis algunas cosas es porque no están ahí. Sí, están ahí; pero si no las veis, es porque no las habéis desarrollado suficientemente en vosotros. El mundo externo, no es más que un reflejo del mundo interno. Así pues, no os hagáis ilusiones no encontraréis nunca la riqueza, la paz, la felicidad externamente, si no habéis hecho primero el esfuerzo de encontrarlas internamente.



Preparad el futuro viviendo bien el presente 


Con frecuencia os intranquilizáis por el futuro, pensando que no estáis al abrigo de accidentes, de enfermedades, de la miseria. . . Pero, ¿por qué os envenenáis la existencia imaginando un futuro tenebroso? Ciertamente nunca se sabe lo que nos reserva el porvenir, pero la mejor forma de evitar las desgracias que tememos, consiste en intentar vivir el presente razonablemente.
El futuro corresponderá a lo que estéis construyendo ahora. Pues es « el ahora » lo que cuenta.
Así como el presente es una consecuencia, un resultado del pasado, el futuro es una prolongación del presente. Todo se sostiene; el pasado, el presente y el futuro no están separados.

El futuro se edificará sobre los cimientos que coloquéis ahora. Si estos cimientos son de mala calidad, evidentemente vale más que no esperéis un futuro excepcional; pero si son buenos, es inútilintranquilizarse: con estas raíces, tendréis este tronco, estas ramas y estos frutos.

El pasado ha pasado, pero ha traído al mundo el presente, que lleva las raíces del futuro.
Por consiguiente debéis construir desde ahora vuestro porvenir mejorando el presente. Para ello debéis preguntaros cada día: « Veamos, hoy, ¿qué he dicho, qué he hecho? » y si habéis obrado mal, si habéis tenido malos sentimientos, malos pensamientos, sabed que os habéis puesto de parte de las fuerzas negras y que éstas van a destruir vuestro futuro. Si habéis vivido mal una jornada, intentad al menos, antes de acostaros, detener sus efectos teniendo pensamientos positivos, tomando las mejores decisiones para el día siguiente. Esos pensamientos irán como abejas a limpiar ya repararlo todo durante la noche, con lo cual abordaréis el día siguiente en óptimas condiciones.

Saboread plenamente el presente 

Algunos seres sólo viven en el pasado, en su pasado; son como prisioneros de algunos acontecimientos que se produjeron en su vida y no pueden avanzar. Otros, al contrario, están sumergidos en el futuro, pero en un futuro fantasmagórico, creado por su imaginación, y que no se realizará jamás. Algunas veces está bien volver hacia el pasado, pero sólo para ver dónde se cometieron faltas o dónde se actuó bien, sacando de ello las lecciones correspondientes.
Es todo un tesoro de experiencias de las que podemos servirnos para vivir mejor el presente.
Pero al mismo tiempo que se sacan lecciones del pasado, es bueno sumergirse en el futuro lejano, preguntarse cómo imagina Dios este futuro para la humanidad, qué esplendor, qué luz le espera. Sin duda muchas personas piensan en el futuro, pero ¿en qué futuro?

Se dicen: «Bien, dentro de algunos años me casaré, tendré algunos hijos, un gallinero, una casita como ésta, en cuyo porche fumaré tranquilamente la pipa, viendo pasar las vacas... o los trenes. Respiraré un poco de polvo, después entraré, comeré, beberé y me acostaré». ¡ Dios mío, qué estupendo porvenir! Diréis: «Pero no es así como nosotros...» Sí, lo sé, pensáis que ganaréis dinero, que haréis negocios, que alcanzaréis la gloria en alguna parte, siendo un profesor de universidad, un hombre de negocios, un ministro o un jefe de Estado, que tendréis una mujer preciosa a la que besaréis día y noche... Pero, ¿qué es todo esto? ¡ Es algo lamentable! Vosotros, ahora, debéis aprender a mirar más allá de ese futuro incierto y buscar nuevos horizontes, abrir las ventanas hacia el infinito para percibir cual será verdaderamente el futuro de la humanidad, cómo lo imagina Dios, anticipándoos de esta forma en vuestra vida a este futuro. y no consideréis la cuestión del tiempo, no digáis nunca: «Si, pero para entonces ya no estaré vivo, no será mi época», pues diciendo esto impedís en vosotros la verdadera belleza, os ponéis trabas para comprender el verdadero sentido de la vida.

El presente debe ser el tiempo de la acción consciente, iluminada, que extrae su sabiduría de las lecciones del pasado, pero que al mismo tiempo resulta estimulada por todas las posibilidades del futuro. Ésta es la perfección: las lecciones del pasado, (y Dios sabe cuántas lecciones nos ha proporcionado el pasado de la humanidad! ) Y el futuro con sus infinitas promesas.
Si sabéis cómo vivir el presente manifestando las experiencias del pasado Y los esplendores del futuro, os acercáis a la Divinidad. ¿Qué cantan los Serafines ante el Trono de Dios? «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, que fue, que es Y que será».

Así es como vuestra conciencia puede extenderse hasta las dimensiones de la conciencia divina.
La importancia del comienzo Sé consciente de las fuerzas que se ponen en juego No debemos emprender nunca nada sin estar informados de las fuerzas que ponemos en movimiento. Pues lo esencial es el comienzo. En el comienzo se desencadenan las fuerzas, y estas fuerzas no se detienen en el camino, sino que siguen hasta el final. Os encontráis en una montaña, encima de vosotros tenéis una enorme roca a punto de precipitarse por la pendiente a la menor sacudida; de vosotros depende dejarla como está o precipitar su caída. Si la ponéis en movimiento, luego será imposible pararla: os aplastará a vosotros ya muchos más. y si abrís las puertas de una esclusa, ¡ intentad detener luego el agua! . . .
Es fácil desencadenar fuerzas o acontecimientos, pero es muy difícil dirigirlos, orientarlos, es decir, dominarlos.
La expresión de « aprendiz de brujo » señala justamente al que imprudentemente ha desencadenado corrientes que es incapaz de contener o de orientar después.

Cuando los agitadores desencadenan una revuelta, después no hay medio de dominarla, se les escapa. Antes de decir una palabra, de lanzar una mirada, de escribir una carta, de empezar una acción, tenéis todos los poderes, pero luego, se acabó, no sois más que espectadores, e incluso algunas veces las víctimas. Tanto en el plano físico, como en el plano astral o en el plano mental, la ley es la misma. Cuando sentís que os domina la cólera, si decidís contenerla inmediatamente, no llegará a estallar, pero si dejáis que explote no podréis detener su curso y ciertamente esto también es válido en lo que concierne a las ideas: si dejáis que se instalen en vosotros, luego no podréis desarraigarlas.

Así pues, estad alerta, y no olvidéis nunca que en el comienzo está el verdadero poder .

Buscad la luz antes de actuar 

Lo primero que tenéis que hacer antes de lanzaros a una empresa de cierta importancia es recogeros, uniros al mundo invisible con el fin de disponer de las mejores condiciones para actuar.
Cuando estamos confusos, desorientados, no cometemos más que errores, embrollamos las cosas o las destruimos. y esto es lo que ocurre a menudo: actuamos precipitadamente, a ciegas, y los resultados no son buenos. Para actuar correctamente, primero debéis buscar la luz. Por lo demás, lo mismo sucede en el plano físico: si un ruido, algo que ha caído y se ha roto, o alguien que ha entrado. . . os despierta por la noche, ¿acaso os precipitaréis en la oscuridad? No, sabéis que es demasiado arriesgado. Lo primero que haréis es encender una lámpara para ver, y luego actuaréis.

Pilles bien, para cualquier cosa en la vida necesitáis primero encender la luz, es decir, concentraros, recogeros, para saber cómo debéis actuar. Si no tenéis esta luz, iréis de un lado para otro, llamaréis a muchas puertas, probaréis toda clase de .medios, pero todo resultará inútil. Por consiguiente antes de emprender cualquier cosa importante, debéis concentrar vuestro pensamiento algunos minutos sobre el mundo de la luz, y preguntar cómo debéis actuar. La respuesta os llegará bajo la forma de una idea, de un sentimiento o quizás también a través de una imagen simbólica.

Si la respuesta es clara, podéis poneros en marcha. Pero si existe en vosotros un sentimiento de vacilación, recelo, turbación o contradicción, es que existen obstáculos o enemigos que os cierran el camino. Entonces aplazadlo hasta el día siguiente, dejad que la cuestión repose y esperad para actuar a que vuestro camino esté claro y despejado. Vigilad siempre el primer movimiento
Cuando emprendáis un nuevo trabajo, procurad estar calmados, concentrad toda vuestra atención en el primer gesto, en el primer movimiento, y haced lo con exactitud, sin errores.
Repetidlo a continuación un poco más deprisa, y volvedlo a hacer hasta alcanzar el ritmo y la velocidad deseados: veréis que os parecerá cada vez más fácil, resultando totalmente impecable.

Si desde el comienzo habéis sabido grabar la impresión adecuada, cualquiera que sean los gestos, los actos que tengáis que realizar, lograréis repetirlos siempre correctamente. Si hoy cometéis errores en algún aspecto, es porque en el pasado, sin daros cuenta, grabasteis en vosotros impresiones erróneas. Si no prestasteis atención al primer movimiento, al primer gesto, al primer contacto tomado con tal objeto 0 tal persona, cometisteis errores y ahora sufrís las consecuencias: las faltas se acumulan y se agravan con el paso del tiempo. Es muy difícil reparar en el presente los errores grabados en nosotros en el pasado, pero es fácil aprender a grabar correctamente nuevas Impresiones.

Tomad conciencia de vuestros hábitos mentales

Los humanos raramente son conscientes de sus hábitos mentales.
Algunos, cuando deben comenzar un trabajo, en seguida se crispan, se ponen nerviosos; otros, ante cualquier situación nueva, reaccionan primeramente mostrándose pesimistas, críticos o pierden la cabeza; otros se sublevan, otros se desaniman. . . Pero como son actitudes de las que no se dan cuentan, no pueden remediarlas, y en cualquier situación siempre encuentran un pretexto para mostrarse negativos. Así pues, lo primero que tenéis que hacer es estudiar os para conocer vuestra forma de reaccionar. Desde el momento que veáis claro en vosotros, ya tenéis los medios de afrontar las situaciones: en seguida recibís un impulso para movilizar todas las posibilidades que Dios ha puesto en vuestro subconsciente, vuestro consciente y vuestro supraconsciente : así es como progresáis cada día porque os habéis acostumbrado a estudiaros ya ser lúcidos sobre vosotros mismos. Atención y vigilancia La atención tiene varios aspectos.

El aspecto más conocido es evidentemente la aplicación sostenida que se necesita para realizar correctamente nuestro trabajo, escuchar una conferencia o leer un libro. Pero existe al mismo tiempo otra atención que se llama observación de sí mismo, introspección. Consiste en tomar conciencia en cada momento del día de lo que ocurre en nuestro interior, con el fin de discernir las corrientes, los deseos, los pensamientos que pasan por nuestra cabeza.

Esta atención todavía no está suficientemente desarrollada. Por eso, cuando llega el momento de resolver un problema, de comprender una cuestión importante, el cerebro está fatigado, ofuscado, y nada resulta bien. Para que vuestro cerebro esté siempre lúcido, a vuestra disposición, debéis estar atentos, ser prudentes y mesurados en todas vuestras actividades, de lo contrario aún cuando la Verdad en persona venga a presentarse ante vosotros, no comprenderéis nada. Para ser capaces de hacer frente razonablemente, inteligentemente, a todas las situaciones que se presentan, debéis mantener el pensamiento despierto y vigilante.

El que no está vigilante, el que cierra los ojos, está expuesto a todos los peligros. No hay nada peor que vivir con los ojos cerrados. Hay que tener los ojos bien abiertos para darnos cuenta constantemente de los estados de conciencia en los que nos encontramos. Sólo aquél que tiene los ojos bien abiertos posee la inteligencia de la vida interior, y no se deja atrapar por fuerzas o entidades extrañas. ¡ Cuando un hombre se adormece. . . está claro que cualquiera puede sorprenderlo! Así pues, cuidad la atención interna, esta atención que debe mantenerse alerta, con el fin de que sepáis siempre lo que pasa dentro de vosotros. Ejercitaos. No basta con hacer de noche un examen de conciencia; debéis ser capaces de distinguir en cualquier momento del día cuáles son los deseos, los pensamientos, los sentimientos que pasan por vosotros, conocer su origen, su naturaleza, y ser capaces, si hace falta, de tomar precauciones o incluso de reparar los desperfectos producidos.

En la vida cotidiana, tan pronto como se produce un accidente, vemos que los bomberos o los militares salen enseguida para extinguir los incendios, reparar los puentes, despejar las carreteras, salvar a los heridos, etc. En el plano físico encontramos natural reparar los desperfectos inmediata mente. Pero en el plano interno no sabemos qué hacer, dejamos que se produzcan toda clase de destrozos sin reaccionar. Pues no, cinco, diez, veinte veces al día hay que mirarse a sí mismo, para ver qué hay que reparar y no demorarse en hacerlo. De lo contrario, luego es demasiado tarde, porque entonces ya estamos desquiciados, anonadados. Atenerse a una dirección espiritual Para hacer un verdadero trabajo espiritual debemos atenernos a una filosofía, a un sistema, profundizándolo; si no, ocurre en el organismo psíquico exactamente lo mismo que ocurre en el organismo físico.

Si absorbéis toda clase de alimentos extraños, enfermáis; de la misma forma el estómago psíquico puede sufrir una indigestión con todo lo que le hacéis engullir. ¿Qué queréis hacer con una mezcla de tradiciones egipcias, hindúes, tibetanas, africanas, chinas, hebraicas y aztecas? ¡ Si por lo menos tuvierais una estructura mental suficientemente sólida como para desenvolveros en medio de todo esto! Si la inmensa mayoría apenas es capaz de hacerse una idea clara de un solo sistema filosófico, entonces, ¿a qué puede conducirles leerlo todo, conocerlo todo? A perder la cabeza, i y luego, evidentemente, se acusará a la espiritualidad de desequilibrar a la gente!

La espiritualidad no tiene la culpa de que los humanos se imaginen que es una especie de feria donde se encuentra toda clase de atracciones e incluso las atracciones más peligrosas, como la droga, la magia negra y una sexualidad desbordada. Ya es hora de que se comprenda que la verdadera espiritualidad consiste en que vosotros mismos lleguéis a ser la expresión viviente de la Enseñanza divina que seguís. Insistid más en la práctica que en la teoría Intentad comprender mejor la diferencia que existe entre el trabajo espiritual y el trabajo intelectual. Tenéis, por ejemplo, una naranja; intelectualmente podéis aprender cantidad de cosas sobre ella: su origen, su historia, su peso, su forma, sus propiedades, los elementos químicos que la componen, las diferentes formas de utilizarla, incluso su simbolismo. . . En una Escuela iniciática quizás no aprendáis nada de todo esto, pero aprenderéis lo esencial: i saborear la naranja! En eso consiste el trabajo espiritual.

No se trata de acumular conocimientos teóricos, sino de «comer» la naranja, es decir, de aplicar, de practicar. Es más difícil, exige mucho esfuerzo, pero ese es el único sistema para transformarse. Ciertamente no podemos negar que es interesante e incluso útil conocer las tentativas que los humanos han hecho desde hace siglos y milenios para penetrar en los misterios del universo y acercarse a la Divinidad, pero eso no es suficiente. Puesto que estas religiones y estos sistemas filosóficos no hablan más que de nuestra divinización, de nuestro esplendor, de nuestra perfección, hay que hacer un esfuerzo para realizar este ideal.

No imitéis a todas esas personas que se atropellan por ir a escuchar conferencias eruditas sobre la sabiduría y la ciencia de los Iniciados del pasado, sin darse cuenta de que ellos siguen siendo pequeños, mezquinos, débiles e incapaces de controlar razonablemente su vida. Es ridículo, la espiritualidad no es eso. Preferid las cualidades morales al talento Cuando un hombre o una mujer manifiestan grandes aptitudes para el arte, las ciencias o el deporte, todo el mundo se maravilla, todo el mundo los aprecia, no se ocupan de saber si es bueno, justo, honesto, generoso.
No, lo que miran, admiran e intentan cultivar es el talento. Por eso la tierra está ahora poblada de personas dotadas, llenas de talento, lo cual es estupendo. Pero, ¿por qué todos estos dones, estas capacidades, estos talentos no pueden salvar al mundo? Ni más ni menos porque no bastan.
Es magnífico haber recibido de la Providencia la capacidad de ser poeta, músico, físico, economista, nadador, etc., y desarrollarla, pero lo más importante es vivir de acuerdo con las leyes divinas, es decir, trabajar cada día para llegar a ser más sabio, más honesto, más generoso, más dueño de sí.

El mundo tiene más necesidad de seres capaces de manifestar sus cualidades morales que de artistas, científicos o deportistas... Así pues, estad atentos y no os dejéis impresionar por esas personas dotadas y con talento, y no tengáis nunca por ideal llegar a ser como ellas. Vuestro ideal debe ser el más alto: estar cada día más cerca de la perfección. Y la perfección consiste en volverse luminoso, cálido, vivificante como el sol, a fin de despertar, iluminar y fertilizar a todas las criaturas.
Estad contentos con vuestra suerte y descontentos con vosotros mismos Existen muchas formas de estar contento. La primera es la de los animales: están satisfechos con su suerte, no ven sus limitaciones y por consiguiente no intentan superarlas para progresar. Pero esta mentalidad, normal en los animales, no es la ideal para los seres humanos... aunque muchas personas se contenten con ella. Una segunda forma de estar satisfecho con su suerte es la aceptación.

El hombre comprende que las pruebas que atraviesa son el resultado de sus pasados errores y las acepta. Pero nose detiene ahí: sabe que debe esforzarse para reparar estos errores, para colmar estas lagunas. y ahí está la sabiduría. Tiene que aceptar su suerte como consecuencia de las faltas que cometió en existencias anteriores, pero sin estar satisfecho nunca de su grado de evolución actual, y queriendo siempre progresar. Así pues el descontento consigo mismo es un sentimiento que puede estimularos, llevaros a ser mejores. Pero para que este descontento no se convierta en una obsesión destructiva, es preciso restablecer el equilibrio. ¿Cómo? Estando contento con los demás.

Esta actitud interna impedirá que os sumáis en un estado demasiado negativo que podría llevaros al desaliento absoluto. Encontrad la belleza y el bien en todos los seres y particularmente en aquellos que han contribuido con su genio y sus virtudes a la evolución de la humanidad. Así siempre estaréis maravillados y no correréis el riesgo de desesperaros. El trabajo espiritual nunca queda sin resultados Nada es más importante, más saludable, que el tomar gusto por las actividades espirituales, amarlas y no dejar pasar un solo día sin unirse al Cielo, meditando, rezando... Varias veces al día deteneos durante algunos minutos, y tratad de encontrar dentro de vosotros vuestro punto de equilibrio, vuestro centro divino. Comenzaréis a sentir entonces que, en todas las circunstancias de la vida, poseéis dentro un elemento eterno, inmortal, indestructible. . . Aunque esto no se vea, aunque nadie aprecie vuestros esfuerzos, aunque en el plano material no obtengáis ningún beneficio, no dejéis nunca de atesorar riquezas espirituales, pues seréis más libres interiormente, más fuertes y entonces controlaréis los acontecimientos.

Este trabajo espiritual es la única riqueza, el único bien que verdaderamente poseeréis. El resto os lo pueden quitar; sólo vuestro trabajo os pertenece para siempre. La regeneración de nuestros cuerpos físico, astral y mental Cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo, cada acto tiene la propiedad de atraer del espacio los elementos materiales que le corresponden. Los pensamientos, los sentimientos, los deseos y los actos luminosos, desinteresados, sostenidos por una voluntad firme, atraerán partículas de una materia pura, incorruptible. Si mediante la calidad de vuestra vida psíquica trabajáis cada día para atraer esta materia, ésta penetra, se instala en todo vuestro organismo, encuentra en él su sitio, expulsando todas las viejas partículas polvorientas, mortecinas, enmohecidas. Así, poco a poco, conseguís renovar vuestros cuerpos físico, astral y mental.

Contemplando el mundo divino bajo todas sus formas de luz, belleza, música y armonía, recogéis partículas nuevas; y puesto que cada una de ellas está viva, no viene sola, sino que trae consigo las fuerzas, los espíritus que le corresponden. Así pues, vuestra tarea consiste en trabajar todos los días para reemplazar vuestras partículas ya viejas por nuevas partículas celestes, radiantes. Algunos dirán: «Pero, ¿por qué preocuparse tanto por resultados que no trascenderán más allá de esta existencia? ¿Vale realmente la pena?» Sí, pues en realidad es el único trabajo cuyos resultados son definitivos. Cuando abandonéis la tierra, las únicas riquezas que os llevaréis serán las riquezas internas adquiridas gracias a vuestros esfuerzos. y cuando volváis en una nueva reencarnación las traeréis de nuevo con vosotros: desde el momento de la concepción, desde la gestación, la materia de vuestros cuerpos físico, astral y mental será modelada, formada exactamente de acuerdo a las cualidades y las virtudes que hayáis desarrollado durante la actual encarnación.

Buscad cada día vuestro alimento espiritual Por la mañana, cuando miráis el sol, pensad que esos rayos que llegan hasta vosotros son seres vivos que pueden ayudaros a resolver vuestros problemas diarios, pero sólo los de este día, no los del día siguiente. Al día siguiente deberéis ir a consultarles de nuevo, y también sólo para un día. Nunca os responderán con antelación para dos o tres días. Dirán: «No te preocupes. Ven de nuevo mañana y te responderemos». Ved que cada día, cuando coméis, no acumuláis provisiones en vuestro estómago para una semana, sino solamente para un día: coméis para hoy y al día siguiente comenzáis de nuevo. Pues bien, con la luz debe ocurrir lo mismo, pues la luz es un alimento que cada día debéis absorber y digerir para que se transforme dentro de vosotros en sentimientos, pensamientos, inspiraciones... ¿Por qué no usamos la misma lógica con la luz que con el alimento? Decimos: «Es verdad, comí ayer, pero eso no cuenta, también hoy quiero comer».

Lo mismo ocurre con la luz: necesitáis alimentaros diariamente. 

Revisad periódicamente vuestra vida Es saludable para vuestro perfecto desarrollo el acostumbraros a revisar periódicamente vuestra vida. ¿Por qué? Porque con demasiada frecuencia, a causa de las actividades y de las preocupaciones con las que os enfrentáis, vuestra vida tiende a tomar una orientación que os aleja cada vez más de vuestro ideal espiritual. Os olvidáis de que permaneceréis sobre la tierra poco tiempo, que tendréis que dejar aquí todas vuestras adquisiciones materiales, así como vuestros títulos y vuestra posición social que tanto os preocupa conseguir. Diréis que esto todo el mundo lo sabe. Sí, todo el mundo lo sabe, pero todo el mundo lo olvida, y vosotros también os dejáis arrastrar por los ejemplos que veis a vuestro alrededor. Por eso es indispensable hacer de vez en cuando una pausa para mirar atrás, analizar la dirección que estáis tomando, las actividades en las que os estáis metiendo, y seleccionar cada vez para no conservar más que lo esencial. Conciliad el fin y los medios Una de las razones por las que no progresáis en vuestro trabajo espiritual es porque os permitís realizar cantidad de actividades que no tienen ninguna relación con este trabajo, pensando que estas actividades no os apartarán de las cimas que queréis alcanzar. No; la realidad es que si os dejáis llevar experimentando esto, probando aquello, sin preocuparos de la calidad y de la naturaleza de estas experiencias, cuando queráis elevaros interiormente, no podréis liberaros.

Desde el momento en que alimentáis un gran ideal de elevación espiritual, tenéis la obligación de renunciar de alguna manera a ciertas cosas para realizarlo. Si hemos pasado la noche enfrascados en toda clase de diversiones y efervescencias, ¿creéis que por la mañana estaremos en buena disposición para meditar? Si algunos no llegan a progresar a pesar de las explicaciones y los métodos que continuamente se les muestran, es porque tienen todavía demasiadas preocupaciones y actividades ajenas a la vida espiritual: el dinero, las comodidades, los placeres, la posición social. . . No digo que deban suprimirse todas estas preocupaciones; no son absolutamente irreconciliables con la vida espiritual, pero para ello, hay que ajustar primero una cuestión: la de los fines y los medios.

Fijaos en todas las facultades que poseen los seres humanos, ¿qué uso hacen de ellas? Las han puesto al servicio de algo, pero ¿de qué? De su sexo, de su vientre, de sus pasiones. Pues bien, en lo sucesivo, debéis hacer lo contrario: poner todas vuestras facultades al servicio de un elevado ideal, al servicio del espíritu, de la luz. Analizaos y veréis que muchos dones divinos que poseéis, los sacrificáis a los caprichos de vuestra naturaleza inferior. y después os quejáis: « ¡ No sé dónde estoy! » Lo cual es normal: cuando hemos deseado y acumulado demasiadas cosas extrañas, pronto nos encontramos hundidos hasta el cuello en las contradicciones. Tomad el ejemplo del diamante: si el diamante es tan puro, es porque no está mezclado, es carbono puro. Añadidle otro elemento y ya no será un diamante. Los discípulos que quieren probar, tocar, experimentar, conocerlo todo, pierden su condición de diamantes, no son más que piedras sin brillo.

El verdadero discípulo debe dirigirse hacia un único fin, tener un único ideal, un único deseo, un único alimento. y entonces vivirá verdaderamente en la luz. Corregid rápidamente vuestros errores No permitáis nunca que vuestros malestares internos aumenten hasta el punto de no poder remediarlo. Supongamos que pusisteis los pies imprudentemente sobre cemento líquido, y después, pensando en otra cosa, olvidasteis retirarlos: ¿qué pasará? El cemento endurecerá, y quizás se volverá tan compacto que, para retirar vuestros pies, habrá que ir a buscar herramientas, romper el cemento y puede que resultéis heridos. Pues bien, lo mismo sucede en la vida interna si no pensamos rápidamente en corregir algunos errores, algunas deficiencias; luego es demasiado tarde, la reparación cuesta muy cara y encima puede ocasionar otros desperfectos.

Cerrad la puerta a las entidades inferiores 

Nuestras debilidades son como puertas por las que procuran introducirse entidades que quieren perjudicarnos. Cuando nos dejamos llevar por ciertas debilidades, les autorizamos a introducirse dentro de nosotros para atormentarnos. Si resistimos, si no sucumbimos, no tienen ningún poder sobre nosotros. Por eso os digo: las entidades negativas no tienen más que el poder que les dais. i Si no queréis tratos con ellas, no les abráis la puerta! No os fuerzan, sólo os hacen sugerencias y sois vosotros los que decís que sí. La mayor parte de las personas se imaginan que sus desgracias llegan de pronto, así, bruscamente. No; ellas las han preparado, lashan invitado, les han abierto la puerta. ¿Cómo? Dejándose llevar por la codicia, por ciertas debilidades, cometiendo algunas transgresiones: en ese preciso momento los diablos encuentran la puerta abierta y entran. Así pues, estad atentos y tened vuestras puertas bien cerradas para ellos.


Las ideas determinan los actos 

¿Decís que os esforzáis para transformaros y que no lo conseguís, que vuestra determinación no sirve para nada? No os desaniméis, pues las transformaciones profundas no se realizan de golpe, hace falta tiempo. Si mantenéis vuestras determinaciones firmemente en vuestra cabeza, tarde o temprano acabaréis actuando como deseáis. Observad a la serpiente: cuando quiere deslizarse por un agujero comienza introduciendo en él su cabeza, y cualquiera que sea la longitud de su cuerpo, la cola acaba por seguir finalmente. Como avanza describiendo una sinuosidad, su cola puede dar la impresión de que avanza en sentido inverso al de su cabeza, pero en realidad acaba siempre pasando por donde ha pasado la cabeza, pues una y otra no están separadas, y la cola sigue siempre a la cabeza.

Simbólicamente, la cabeza representa la facultad de reflexionar, de razonar, de tomar tal o cual orientación, y necesariamente el resto del cuerpo, es decir, la ejecución, la aplicación, le sigue. Esta es la ventaja de procurar pensar siempre justamente, aunque de momento no actuéis de acuerdo con vuestras ideas, insistiendo, continuando para mantener al menos una actitud mental correcta, acabáis adiestrando en vosotros todas las fuerzas de resistencia, y actuando como ha dictado el espíritu.
Aún se valora insuficientemente la importancia de una filosofía adecuada. Muchos se imaginan que pueden dejar entrar todo tipo de ideas en su cabeza sin que por ello vaya a cambiar su comportamiento. No; y aún no han comprendido que la cola siempre sigue a la cabeza!

Entonces, poned atención; cada cual debe vigilar diariamente los pensamientos que deja entrar en su cabeza: si son anárquicos, inmorales, un día u otro su conducta será anárquica e inmoral. La leyes tan verídica para el mal como para el bien. Nuestros esfuerzos cuentan más que los resultados No son los resultados que conseguís lo que cuenta para el Cielo, sino los esfuerzos que hacéis, pues sólo estos os mantienen en el buen camino, mientras que los resultados pueden relajar frecuentemente vuestra vigilancia. Aunque no tengáis éxito, aunque no obtengáis ningún resultado, no pasa nada: por lo memos habéis trabajado. Así pues no pidáis el éxito, éste no depende de vosotros sino del Cielo, que os lo dará cuando lo juzgue oportuno. De vosotros dependen los esfuerzos, pues el Cielo no puede hacerlos en vuestro lugar. De la misma manera que nadie puede comer por vosotros, tampoco el Cielo puede hacerlo, es decir, esforzarse por vosotros; os concierne a vosotros hacerlo. y el éxito lo determina cuándo y cómo quiere, según lo considere adecuado para vuestra evolución. Por otra parte, los esfuerzos llevan en sí mismos su recompensa.

Después de cada esfuerzo, después de cada ejercicio con el pensamiento, la vida toma otro color y otro sabor. Entonces, trabajad sin fijaros nunca el plazo para la realización de vuestras aspiraciones espirituales. Si fijáis una fecha para obtener talo cual resultado interior, la victoria sobre cualquiera de vuestros defectos, no conseguiréis más que crisparos y no os desarrollaréis tan armoniosamente. Hay que trabajar para perfeccionarse sin fijar la fecha, pensando que tenemos la eternidad por delante y que un día u otro conseguiremos alcanzar esta perfección que deseamos. Fijaos solamente en la belleza del trabajo que habéis emprendido y decid: « Ya que es tan hermoso, no me preocupa saber cuántos siglos o milenios necesitaré para conseguirlo.»


 Aceptad los fracasos 


Aquél que siente que no consigue manifestar las cualidades sobre las que trabaja, no debe desanimarse o rebelarse.

Hay que ser humilde ante los fracasos porque lo contrario demuestra que nuestro razonamiento no es correcto. y siempre tiene la culpa la Naturaleza inferior, la cual consigue colarse en el momento que encuentra las condiciones favorables. Un fracaso es como si el cielo dijera a algunas personas o a las circunstancias: « Id a incitarle un poco, decid le algunas palabras para ver qué pasa ». y entonces se produce una agitación que demuestra que no estamos preparados para afrontar las pruebas.

Los fracasos no deben entristeceros ni desanimaros, porque ello demostraría que no sois más que un presuntuoso que desea cosas todavía irrealizables; si no superáis vuestra decepción, acabaréis destruyéndoos. Está permitido entristecerse, pero únicamente por los fracasos o las desgracias de los demás, no por vuestros propios deseos, ambiciones o pretensiones insatisfechas. Si veis que todavía no conseguís adquirir una cualidad, vencer un defecto, superar una mala costumbre, en lugar de rebelar os o desanimaros, decid únicamente: « En el pasado no trabajé como debía, y ahora todo me resulta difícil ». Debéis deciros esto y poneros en seguida a trabajar. Sí; aunque no os quede más que un año de vida, un sólo año, hay que continuar, continuar. . . Entonces veréis todos los cambios que ocurrirán, pues llevamos con nosotros todas las adquisiciones que hemos alcanzado, si hemos buscado sinceramente nuestra perfección.

 La imaginación como método de trabajo sobre sí mismo 

Con frecuencia nos sentimos desgraciados, nos desanimamos al comprobar lo difícil que es corregir nuestros defectos. En realidad, en lugar de fijarnos en nuestras debilidades, que son el resultado de los desórdenes a los que nos abandonamos en el pasado, vale más preocuparnos de lo que tenemos que hacer en el futuro, y decirnos: « Ahora voy a reparar, a reconstruirlo todo ». y cada día con una fe inquebrantable, con una convicción absoluta, trabajar en esta dirección, es decir, tomar todos los elementos que Dios nos ha dado: la imaginación, el pensamiento, el sentimiento, y recrearnos, modelarnos tal como desearíamos ser. Imaginaos rodeados de luz, sosteniendo con vuestro amor, con vuestra generosidad a todos aquellos que lo necesitan, resistiendo las dificultades y las tentaciones. . .
Poco a poco las imágenes que formáis estas cualidades se vivifican, actúan en vosotros y os transforman al mismo tiempo que trabajan atrayendo del universo los elementos apropiados para introducirlos dentro de vosotros naturalmente, se necesita mucho tiempo y mucho trabajo para obtener resultados, pero un día los obtendréis, no os quepa duda. Sentiréis por encima de vosotros una entidad viva que os protege, os instruye, os purifica, os ilumina y, en los casos difíciles, os presta el apoyo que necesitáis. Cuando hayáis formado esta imagen de perfección durante mucho tiempo en el plano mental, descenderá poco a poco al plano físico para concretizarse en él.


La música, soporte del trabajo espiritual 

Aprended a utilizar la música para hacer un trabajo interno: os ayudará a realizar vuestros mejores deseos. Deseáis demasiadas cosas agradables, pero no sabéis qué hacer para obtenerlas. Efectivamente, la música es una ayuda muy poderosa para la realización. Entonces, escuchándola, en lugar de dejar flotar vuestro pensamiento de un lado para otro, proyectad lo sobre aquello que más deseáis. Si queréis la salud, imaginaos como un ser rebosante de salud: cualquier cosa que hagáis, tanto si camináis como si habláis o coméis, tenéis una salud espléndida y hacéis que todo el mundo esté sano a vuestro alrededor. Si lo que os falta es la luz, la inteligencia, utilizad la música para imaginar que aprendéis, que comprendéis que la luz penetra dentro de vosotros, y también vosotros mismos la propagáis y la dais a los demás. Si queréis adquirir la belleza ,la fuerza, la voluntad o la estabilidad, actuad de la misma forma. Haced este trabajo en todos los ámbitos en los que sintáis que tenéis una laguna. 

La influencia benéfica de una colectividad espiritual 

¡ Cuántas personas comprenden que no están en el buen camino! Su alma, su conciencia se subleva y deciden cambiar su forma de vida. Lo consiguen durante algún tiempo, pero luego se pierden. Entonces se lamentan, rezan, toman nuevas determinaciones, pero tampoco dura mucho. Naturalmente, el hecho de darse cuenta de que uno se extravía, ya es algo, pero no es suficiente. y hay que conseguir perseverar en las resoluciones tomadas. Por esta razón es tan necesaria e incluso indispensable, una colectividad espiritual, una fraternidad espiritual, porque ella nos ofrece las mejores condiciones para mantenernos en el buen camino. Puede ocurrir que estemos cansados y que deseemos abandonarlo todo, pero viendo que los demás perseveran, nos animamos y somos arrastrados hacia el buen camino. 

Salvo en casos completamente excepcionales, los eres humanos necesitan ser sostenidos, estimulados, pues siempre hay un momento u otro en el que su ardor espiritual se debilita. Diréis quizás que no deseáis que os influyan, que queréis ser libres de hacer lo que os plazca, y que por eso no queréis formar parte de una colectividad en la que os sentiríais limitados. Pues bien, eso demuestra que no sois muy inteligentes. El que es inteligente comprende que tiene necesidad de estar protegido y se las arreglará para colocarse en una situación en la que se le impida cometer locuras, siendo libre, por el contrario, para lanzarse a realizar empresas benéficas, luminosas.

OMRAAM

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