Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

viernes, 30 de noviembre de 2018

EL ESPÍRITU DE LA ENSEÑANZA



Existe en la naturaleza humana una tendencia que consiste en querer aportar siempre algo nuevo, algo diferente, un deseo de mostrarse original, de cambiar y remover las cosas desde el propio punto de vista. Esto es muy normal y lo podéis ver por doquier, todos quieren expresar e imponer su punto de mira. Si os analizáis vais a encontrar que en todos los temas y ámbitos os gustaría tener algo que decir, modificar, refutar o cambiar... De hecho es algo natural, aceptable al menos en el terreno mundano. 

Pero dentro de la Fraternidad la cuestión se presenta de otro modo. En el pasado, han venido muchas gentes que traían ya sus gustos, sus opiniones y, al llegar aquí entre nosotros, intentaron cambiar algunas cosas determinadas. Incluso llegaban a poner en juicio lo que yo decía o dejaba de decir en mis conferencias... si les hubiera permitido seguir adelante esto hubiera sido el final de la Enseñanza. 
 Me diréis: “Si, pero esto es lo que ocurre en todas partes, todo el mundo tiene derecho a discutir y a exponer sus ideas”. En el mundo de fuera puede estar bien que las gentes se manifiesten, que indaguen y discutan, es algo magnífico. Ellos no conocen aún las verdades iniciáticas, esta Ciencia todavía no les ha llegado y es normal que cada uno se crea autorizado a mantener y expresar su propia opinión. 

Mientras los humanos no han llegado a encontrar la verdad, es necesario que investiguen, que hablen entre sí y discutan, es algo natural e indispensable para avanzar. A fuerza de afilar sus armas, de cruzar sus aceros y hacer salir chispas, puede que ellos lleguen a encontrar algo mejor, acercándose así poco a poco a la verdad. Esto lo comprendo perfectamente. Pero una vez que se ha entrado en una Escuela y se han recibido las grandes verdades iniciáticas, si se sigue discutiendo, criticando e intentando imponer los propios enfoques, esta será una actitud muy negativa. He aquí algo que vosotros nunca habéis entendido. Os repito: en el mundo es deseable la pluralidad, la diversidad. Hace falta que haya muchos pensadores, investigadores, profesores... y que ellos discutan entre sí está bien. 

Un día descubrirán la verdad y se acabarán las discusiones, todos estarán de acuerdo pero, mientras esto suceda, el mundo seguirá siendo un magnífico terreno que el Cielo ha dado a los humanos para que puedan decir toda clase de tonterías, antes de encontrar la verdad. Cada vez más se promueve en la gente una actitud crítica: protestar. Oponer, refutar... Lo entiendo, es importante que haya discernimiento. Pero dentro de una Escuela donde se trabaja con verdades eternas, conservar esta actitud es la peor de las aberraciones. Y si aquí solo hay un instructor es porque ya es suficiente con él, si es veraz, para llevaros hacia la unidad. Pero a la gente le gusta cambiar, necesitan ver caras distintas, ir de una enseñanza a otra, ellos aman la variedad... como en los music-halls, les gusta que haya vedettes de todo tipo. Pero, ¿Acaso esto les servirá para descubrir la verdad? Seguramente no, pero les da igual, ellos se contentan incluso con engaños, siempre y cuando sean de su agrado. Así que si vosotros preferís la variedad podéis ir a los cabarets y estaréis siempre satisfechos, allí veréis todo tipo de números, exhibiciones, muecas... Pero aquí, es preciso que aceptéis las “muecas” de uno sólo si queréis conocer la verdad. 

 A menudo, veo los debates en la televisión y, cuando reflexiono en lo que cada uno dice allí a la luz de esta Filosofía que me ha sido dada de lo alto, me digo: “¡Cuan lejos están aún! Pero por lo menos lo intentan los pobres y puede ser que un día, luego de haber discutido durante miles de años, ellos encuentren la verdad”. Ellos vienen y se ponen ante las cámaras para debatir lo que sea, y terminan sin haber resuelto nada. Si supieran que muchos de los problemas que son motivo de discusión se pueden explicar a través de la reencarnación... Pero la mayoría no cree en ella y he aquí el porqué de tantas preguntas sin respuesta. 
A veces incluso me pregunto si los humanos buscan realmente la verdad. A todo el mundo le gusta el cambio: cambiar de alimentación, de trajes, de diversiones, de casa, de amigos, de pareja... Si, variar continuamente sin parar... hasta dentro de una Escuela iniciática se exige esta variedad. 

Es por esto que he tenido que poner freno a muchas personas que venían aquí en el pasado, queriendo transformar y reformarlo todo. Yo me decía: “Si les dejo hacer, no quedará huella alguna del espíritu de esta Enseñanza, así que debo enviarles a exponer sus ideas fuera de aquí!” Y se han marchado. Aún hoy en día, hay quienes vienen ala la Fraternidad y ya de entrada, sin comprender la naturaleza del trabajo que estamos haciendo aquí, empiezan a sugerir mejoras. Y, ¿cuáles son estas mejoras? Introducir prácticas provenientes de otras enseñanzas, incluso cantos y danzas de Africa o de Haití... Está bien tener el deseo de mejorar las cosas pero ¿harán falta cambios como estos? Allí donde nada está bien y todo se encuentra estancado sí que son necesarios los cambios. En tal caso, cabe emprenderlos por todos los medios. 

Pero, por ejemplo, ¿Habéis pensado que hay alguien a la cabeza de esta Fraternidad, que la dirige y es responsable de ella y que, si está en ese lugar, es porque ha sido preparado y calificado para este trabajo? Ah, pero no, por lo visto no vale la pena consultarle ni darle explicaciones, ni pedirle permiso... es mejor ir directamente a hablar y gesticular ante los hermanos y hermanas, para eso se es libre! Pues bien, es esta actitud anárquica tan extendida en el mundo de hoy la causa de tantos hechos catastróficos. 
Las gentes se niegan a respetar las normas, no importa que estas sean magníficas, divinas... Por eso, cuan vienen aquí entre nosotros, que conocemos y acatamos estas normas, ellos intentan propagar la anarquía como ocurre por doquier. Pero como yo estoy ahí vigilando, observo sus movimientos, sus teorías y su forma de actuar, puesto que ellos podrían llegar a desunir y acabar con todo lo que hemos logrado realizar hasta ahora, de modo que finalmente he decidido intervenir para decirles: “Bueno, id a donde queráis, hay muchos otros sitios. Resulta fácil llegar a una colectividad que ya está funcionando de una manera organizada y querer dirigirla, gobernarla y mandar en ella... Id y haced el mismo trabajo que yo estoy haciendo aquí, esforzaos en fundar una Fraternidad, a ver si lo podéis lograr. ¡Si ni tan siquiera os escucha vuestra mujer ni vuestros hijos! Es obvio que es demasiado fácil andar por un camino que otros han construido con grandes esfuerzos y sacrificios. 

Ensayad construir vosotros una Fraternidad, es entonces cuando podréis demostrar vuestra capacidad, vuestros conocimientos, vuestro amor... Pero si pretendéis sembrar allí donde ya otros han preparado el terreno, lo menos que podéis hacer es pedirles permiso.” Si los hermanos y hermanos empiezan a aceptar sin más los cantos y gestos de cualquier parte del mundo, sin discernir lo que ello puede aportar, terminarán por evocar toda clase de espíritus tenebrosos. Y esto es triste porque demuestra el riesgo de que, si yo no estoy aquí para vigilar, os dejareis influenciar por el primero que venga a mostraros a saber que gestos mágicos o ceremoniales de otras religiones, y le seguiréis sin reflexionar, sin razonar a donde puede conduciros todo aquello. Siempre debéis tener el deseo de innovar y crear, pero estaréis en el error si pensáis que todo lo que os viene a la mente es sublime. 

Es necesario verificar con alguien competente si vuestros proyectos son verdaderamente maravillosos, si van a contribuir a crear armonía, o por el contrario van a destruirla. Pero las gentes no preguntan nada a nadie y, puesto que aún no han llegado a un nivel superior de consciencia que les permitiría discernir entre lo que es bueno o malo, lo mezclan todo: Ellos no entienden cual es nuestro objetivo, nuestra labor, ni en que dirección nos orientamos, por eso quieren cambiarlo todo aquí. El hecho de que yo haya sido designado por el Maestro Peter Deunov para impedir que nunca nadie venga a pretender cambiar el espíritu de esta Enseñanza les tiene sin cuidado... Ellos quieren traernos toda clase de métodos de espiritualidad: japoneses, congoleses, marroquíes... Todo aquello está bien, pero no para nuestra Enseñanza. Pero ¡intentad enseñarles a los humanos a discernir! Hay una joven de unos veinte años de edad que viene hace algún tiempo a la Fraternidad. Hasta hace un año, era ciertamente encantadora, con un aire fresco, puro, gracioso. 

Hace unos días pude percibir con sorpresa que ella había cambiado, algo en la expresión de su mirada, en la forma de moverse... se diría que había envejecido diez años. Hablé un momento con ella y me contó que ahora estaba practicando la danza. “Ah, le pregunté, ¿y qué tipo de danza practicas? “ -“Bailes de Marruecos, me respondió, y en particular la danza del vientre” Esto me dejó estupefacto y le dije: “Pero ¿cómo no te has dado cuenta de que estos bailes despiertan en vosotras fuerzas que no están en armonía con nuestra Enseñanza, hasta el punto de que todo tu encanto ha desaparecido? No es que yo esté en contra de la danza, siempre y cuando sus movimientos despierten impulsos divinos, pero, en el caso de aquellos bailes, lo que promueven son los impulsos sensuales y sexuales!” Dejemos estas danzas para los africanos que las han inventado, ellas pueden ser válidas allí, pero no lo son para nosotros ni para nuestro ideal. Nosotros tenemos otras formas de desarrollar las facultades aún dormidas en el hombre. Si aún no habéis entendido que nuestra labor aquí es bastante especial, entonces podéis ir a buscar otros grupos, yo no voy a reteneros, hay grupos magníficos. Pero dejadme hacer mi trabajo. 

El Maestro Peter Deunov me ha estado preparando durante años y años para que pudiese guardar el espíritu de esta Enseñanza, pero veo que ni los propios hermanos y hermanas han comprendido bien lo que es este espíritu, por eso se dejan embaucar por cualquiera y en cualquier parte, sin esforzarse por saber realmente lo que es mejor para su avance. Así que, mis queridos hermanos y hermanas, entendedme bien. Nunca me he opuesto a quienes toman iniciativas constructivas, todo lo contrario, necesito hermanos y hermanas dinámicos, activos, enérgicos, capaces de crear, de producir grandes obras... ellos son bienvenidos. Pero cuando algunos intentan introducir prácticas que contradicen el espíritu de nuestra Enseñanza o que falsean nuestra orientación, esto es otra cosa: si yo lo aceptara sería el primero en recibir las reprimendas de lo alto. El hecho de que ciertas prácticas rituales como por ejemplo las del Vudú se hayan puesto de moda en Occidente, no implica que tengamos que adoptarlas. 

Dejémoslas en su sitio, en aquellas tribus o aquellas islas... no tengo nada en contra, pero no las quiero aquí donde trabajamos exclusivamente para la luz, para la Gran Fraternidad Blanca Universal. Y bien, podré parecer muy estricto, pero estoy obligado a velar por la Fraternidad. Aunque vinieran a ofrecerme millones para cambiar de orientación o cambiar el espíritu de nuestra Enseñanza, jamás los aceptaría, y lo he demostrado. En varias ocasiones en el pasado, hombres y mujeres con dinero han querido comprarme y nunca he accedido a ello. Yo no estoy aquí para complacer a quienes pretenden sacar provecho de la espiritualidad para complacer a quienes pretenden servirse de la espiritualidad para obtener sus fines, sino para cumplir la voluntad de los Espíritus de lo alto que me han enviado. 

 Os lo repito, sólo hay un caso en el cual tenéis derecho a proponer cambios: cuando seáis un modelo de honestidad, de integridad y desinterés, cuando hayáis vencido vuestros defectos y no quede nada oscuro en vosotros, entonces la Inteligencia cósmica os otorgará el derecho de aportar reformas y mejoras por doquier. Pero hasta que no estéis a punto, no tendréis tal derecho. Un día le dije a alguno: “Usted tiene todo el derecho de dar de golpes y bofetadas a otro, sí, tiene derecho; pero a condición de que con esto logre transformarle. Usted tiene derecho a poner a alguien en una parrilla y freírlo, siempre y cuando sea capaz de sacarlo luego rejuvenecido y mejorado. De no ser así, usted no tiene ningún derecho...” 

Si usted le da a alguien una bofetada, los testigos que lo ven pueden escandalizarse... Pero si el otro tenía torcida la mandíbula y su bofetada la pone en su lugar, entonces ¿donde está el crimen? Alguien dirá: “Pero esto va en contra de la ley, no es necesario dar bofetadas!” De acuerdo, pero pensad cómo estaba su mandíbula y cómo le ha quedado ahora... Así, ¿Cuál es la ley que hay que aplicar en estos casos? ¿La que rige sobre los actos o la que gobierna los resultados? ¿Acaso está permitido tirar abajo la casa de alguno? 
Sí, siempre y cuando podáis construirle otra mejor, de lo contrario os recomiendo permanecer quietos y no intervenir. Hay que saber reparar: algunos que han incendiado la casa del vecino vienen a darle excusas, a pedir perdón y creen que es suficiente con esto. No. Ellos tendrían que reconstruirle su casa y es sólo así como podrían ser perdonados. El perdón no se obtiene mientras que la falta no ha sido reparada. 
La gente cree que basta con dar excusas. No, presentar una excusa puede estar bien, pero cuando la casa ha sido destruída y reducida a cenizas no es suficiente. Ya veis cómo se trata de un tema amplio y vasto, así que ahora sois vosotros quienes debéis discernir cuando podéis aportar cambios y cuando carecéis del derecho a emprenderlos. 

 Omraam Mikhaël Aïvanhov 
 Le Bonfin, Enero 4 de 1980

Evolución y creación



Desde el principio de su evolución el hombre siente el deseo de crear, como lo demuestran los descubrimientos arqueológicos. E incluso en la más temprana edad el niño quiere construir, dibujar, pintar . . . Podemos decir que entre los instintos más fuertes y tenaces que el hombre posee, está la necesidad de ser un creador y así asemejarse a su Padre Celestial. El arte es la prueba de que ese deseo experimentado por todo hombre de ser un creador no se limita a la creación infantil, a una simple reproducción para la conservación de la especie. Se manifiesta como una necesidad de ir más lejos, de dar un paso más para encontrar algo todavía más hermoso, más sutil y más perfecto. 

El poder creador del hombre reside más allá de su nivel de conciencia ordinaria ; se encuentra en un aspecto de su alma que se manifiesta como la facultad de explorar, de contemplar realidades que le sobrepasan, captando los elementos que la forman. Crear es avanzar, adelantarse. Si algunos inventores han hecho descubrimientos revolucionarios, se debe a que han podido elevarse hasta la esfera de la imaginación y aún más arriba, hasta la de la intuición, para captar ideas, imágenes que después transcriben y realizan. 

La ciencia oficial todavía no ha explorado las posibilidades de la intuición ni la naturaleza de esta facultad, que al igual que una antena, un radar, puede prever, predecir, proyectarse en el futuro. Cuando algunos sabios que se encuentran a mitad de camino entre la ciencia oficial y la ciencia esotérica lanzan ideas avanzadas, no las creemos, las rechazamos y criticamos ; pero más tarde nos vemos obligados a reconocer que han sido grandes precursores. Esta facultad de imaginar que el hombre posee es verdaderamente creadora, y si sabe cómo purificarla y cultivarla en un estado de claridad y lucidez perfectas, es capaz de hacerle descubrir realidades jamás vislumbradas hasta ahora. Todos los inventores han pasado horas enteras sumergidos en sus investigaciones y sus meditaciones, y no podemos negar que su intuición ha sido una facultad verdaderamente auténtica. Y nosotros, aquí, en una Escuela iniciática, hacemos exactamente lo mismo que ellos, pero conscientemente, con conocimiento de causa, aunque con la salvedad de que nuestra imaginación no está orientada hacia descubrimientos físicos, químicos o técnicos, sino hacia descubrimientos internos, espirituales. 

Así pues, a nosotros esta imaginación nos permite hacer descubrimientos que muchos no pueden ni siquiera sospechar. Ya os he dicho en otras conferencias que podemos considerar la imaginación como una mujer en nuestro interior que trae al mundo sus hijos. . . Su éxito o fracaso depende de la calidad de los gérmenes que le hayamos dado. Si esos hijos producen desperfectos, el padre se verá obligado a subsanar los daños e incluso a veces será perseguido, castigado y desposeído por su causa. Por el contrario si los hijos son premiados, serán los padres quienes recibirán los honores. Diréis : « Pero, ¿ quiénes son esos hijos ? » 
Son nuestros pensamientos y sentimientos, y su padre somos nosotros mismos. 

He aquí de nuevo un tema muy amplio que estudiar y profundizar, pero para no extenderme volveré a lo esencial. El instinto de creación que todos tenemos nos empuja a sobrepasar nuestras posibilidades normales y nos pone en contacto con otras regiones, otros mundos plenos de existencias etéricas, sutiles y luminosas ; gracias a esa parte de nosotros mismos que ha conseguido desplazarse más allá para captar ciertos elementos completamente nuevos, podemos crear hijos que nos superan y obras maestras que nos sobrepasan. Ya que a menudo la creación es mucho más bella que su autor. A veces veis un hombrecito normal y corriente, pero resulta que ese hombrecito ha producido una obra gigantesca, digna de un titán. 
Esa parte sutil de él mismo que tiene la facultad de desplazarse ha conseguido llegar muy lejos, muy arriba, donde se ha enriquecido acumulando nuevos elementos, y después, al ponerse a trabajar, ha realizado una obra inaudita, prodigiosa, para asombro del mundo entero. Si bien todos los hombres tienen la necesidad de crear, desgraciadamente pocos son capaces de ser verdaderos creadores en el plano del espíritu. 

Muy pocos se elevan hasta ese nivel sabiendo que, para producir obras sublimes, se deben conocer ciertas leyes y ejercitarse de una manera especial. ¿ Cuál es esa manera ? Vais a verlo . . . ¿ Por qué la tierra, tan fría, desnuda y estéril en invierno, se viste en primavera de una vegetación tan hermosa y coloreada, de hierbas, flores, árboles y frutos ? Se debe a que en esa época del año se encuentra más expuesta al sol y empieza a recibir de él ciertos elementos. Se pone a trabajar y nos ofrece generosamente, «obras maestras » extraordinarias, coloreadas, dulces y perfumadas. Así pues, si el hombre quiere crear y producir obras destacadas, deberá también encontrar un sol, un ser más poderoso e inteligente que él con el cual pueda unirse y hacer intercambios. ¿ Comprendéis ahora por qué nos levantamos de mañana para contemplar la salida del sol ? Para aprender a crear obras que se le asemejen, obras nuevas, limpias, llenas de luz, de calor y de vida. Pero en realidad el sol aquí es un símbolo . . . un símbolo de Dios, junto al cual debemos ir para unirnos a El, ya que gracias a esos intercambios con el Señor podremos convertirnos en creadores como El. 

Esta es la razón de ser de la oración, la meditación, la contemplación y de todos los ejercicios espirituales. Pero no sé si eso está muy claro para vosotros, así que profundizaré un poco más en esta cuestión. Tengo desde hace mucho tiempo el deseo de combatir la filosofia materialista y anularla. Diréis : «i Qué ambición, qué orgullo ! Nadie lo ha conseguido hasta el momento». Pues yo tengo algunos argumentos bastante simples, gracias a los cuales espero conseguirlo. Tomo dos vasos en los que vierto dos perfumes distintos. Los dos vasos están separados, son dos objetos diferentes. Desde un punto de vista materialista no existe ninguna comunicación entre ellos y es cierto : en cuanto se refiere a la forma exterior, a su contenido, es exacto, los vasos siguen separados. Pero eso ya no es cierto si consideramos el contenido, puesto que se desprenden de cada perfume partículas sutiles que suben y se propagan en el aire, fusionándose. 

Una ciencia que se ocupa sólo de fenómenos visibles, tangibles y medibles e ignora lo que sucede en los niveles más sutiles de las quintaesencias y de las emanaciones invisibles, deja escapar la mitad de la verdad y por lo tanto no es verídica. Consideremos el sol. Está lejos, a millones de kilómetros de distancia, y sin embargo lo sentimos aquí, nos llega, nos calienta y nos cura. ¿ Cómo entonces nos alcanza, a pesar de estar tan lejano ? Se debe a que de él sale una quintaesencia que forma parte de él, sus rayos, gracias a los cuales establece contacto con nosotros, abrazándonos, acariciándonos, penetrándonos, con lo cual nos fusionamos con él. Puesto que la luz y el calor del sol no son otra cosa que el propio sol, podemos decir que el sol y la tierra se tocan, que los planetas se tocan. Fijaos en nuestro planeta : está la tierra ; encima de la tierra, el agua ; encima del agua, el aire ; y encima del aire, el  éter. A este nivel podemos afirmar que los planetas se tocan. No se fusionan en su aspecto sólido, sino en su aspecto sutil, en su alma. 

Por ello la astrología siempre ha creído en la influencia de los planetas y las constelaciones. 
Estudiemos ahora esos pequeños planetas que son los hombres y las mujeres. ¿ Qué ocurre entre ellos ? Aquí hay un joven y allá una muchacha : se miran, se sonríen . . . Si consideramos las cosas desde un punto de vista materialista, diremos : « He aquí dos cuerpos definidamente distintos, separados, que no se tocan ; por lo tanto no existe entre ellos ninguna comunicación ». Pero si consideramos la cuestión desde un punto de vista espiritual, nos pronunciaremos de manera diferente, puesto que si las almas de estos jóvenes se comunican, están realmente fusionadas entre sí mediante fluidos y emanaciones, al igual que se fusionarían los rayos de dos soles en el espacio. Estas pocas palabras os ayudarán a comprender que gracias a sus cuerpos sutiles, el hombre tiene la posibilidad de alcanzar el Alma universal y unirse a ella. 
Esa es la razón de ser del rezo. 

La oración no es más que un intercambio con el Creador, un acto por el cual nos elevamos por encima de nosotros mismos para encontrar los elementos que nos ayudarán a crear obras perfectas, obras divinas. 
Y he aquí otro punto esencial de la moral cósmica : si un creador quiere producir una obra maestra, inolvidable, no deberá limitarse únicamente al nivel de los cinco sentidos, como hacen muchos artistas hoy en día, en que la moda, artísticamente, consiste en fijarse en las realidades más prosaicas. La mayoría de los artistas ya no saben cómo elevarse para contemplar la belleza sublime y proponen al público simplezas o monstruosidades, « chapuzas », porque han olvidado el secreto de la verdadera creación. Si deseáis ser verdaderos creadores, uníos a la Divinidad para recibir algunas partículas de ella y comunicarlas después a vuestra creación, y así será como vuestro hijo : vuestra obra os sobrepasará por su belleza e inteligencia. 

Ahí tenéis, queridos hermanos y hermanas, nuevos horizontes : saber intercambiar con todo aquello que es superior, saber que la oración, la meditación, la contemplación son medios de creación. Esas posibilidades son tan amplias, que una existencia no sería suficiente para explorarlas todas. 
Nada es tan importante para el hombre como restablecer el lazo con el Creador. ¿ No habéis observado que el nacimiento de los niños se basa en esta misma ley : la madre que debe unirse al padre, fusionarse con él ? Toda creación necesita la unión de un padre y una madre. Pero si en la concepción no interviene el aspecto sutil que es el alma, la imaginación para captar los elementos superiores, entonces la creación fracasará, y si no fracasa, de cualquier forma no se producirá mejora alguna. Ahora bien, la creación no es inmovilización, una simple reproducción, una copia, sino un paso adelante, una evolución. Gracias a ese instinto d e crear, cada ser evoluciona, todo el cosmos evoluciona. Puesto que, excepto Dios, todo debe evolucionar.

OMRAAM

domingo, 25 de noviembre de 2018

ORGULLO Y HUMILDAD



La vanidad se muestra buena, amable, generosa; va a todas partes para que la vean, hace el bien para que la observen, es servicial para que la aprecien. Pero para el que la manifiesta es a menudo perjudicial, ciertamente. En cuanto al orgullo, no es de ninguna utilidad; ni siquiera para los demás. 
El orgulloso es duro y despreciativo, quiere ser apreciado y respetado sin hacer lo más mínimo para los demás. Satisfecho de la buena opinión que tiene de sí mismo, no va a exhibirse a los ojos del mundo; quiere que sean los demás quienes se molesten en descubrirle. Es solitario y helado, como las cumbres de las montañas. Hay que subir para encontrarle, y todavía, a menudo, permanece inaccesible y oculto. 

Pero cuando se da cuenta de que no se le profesa respeto ni admiración, que no se le reconoce como un ser superior, se encierra y se ensombrece. El vanidoso tiene una luz, por lo menos... una luz un poco borrosa, ciertamente, pero al menos hace algo para brillar. El orgulloso es sombrío, está bajo el signo de Saturno; mientras que el vanidoso está, más bien, bajo el signo de Júpiter. Si estudiamos esta cuestión desde el punto de vista freno lógico, descubriremos que el centro de la vanidad está situado a un lado del cráneo, mientras que el orgullo está situado en el eje mediano, un poco hacia atrás. Pero la vanidad y el orgullo no son exclusivos del hombre; se les ve aparecer ya en los reinos vegetal y animal. Entre los animales, la gallina es vanidosa mientras que el gallo es orgulloso. 

El caballo es vanidoso, mientras que el asno es orgulloso. Entre los vegetales, el melón es vanidoso y la sandía orgullosa; el tomate es vanidoso y el puerro orgulloso. Entre los humanos, es más bien la mujer la vanidosa y el hombre el orgulloso. Una mujer orgullosa es un hombre disfrazado, y viceversa. A una mujer le conviene mejor ser vanidosa. En nuestro ser interior, encontramos también el orgullo y la vanidad: el intelecto tiende al orgullo, el corazón a la vanidad. A medida que se desarrolla, el intelecto se vuelve orgulloso, se aísla de los demás. El corazón, al contrario, es vanidoso, tiene necesidad de mostrar todo lo que posee o sabe hacer. Se puede decir que los Iniciados de la Antigüedad se caracterizaban por el orgullo: querían guardar celosamente todos sus secretos y mantenían a la multitud alejada de los misterios. 

En nuestros días, por el contrario, los Iniciados tienen tendencia a revelarlo todo, a darlo todo. Mirad, toda la Ciencia iniciática está ahora expuesta a la vista de todos; podríamos decir que los Iniciados contemporáneos son más bien vanidosos. Digamos también, si queréis, que yo soy vanidoso, sí, y gracias a mi vanidad aprendéis de mí muchas cosas, lo que no sería el caso si yo fuese orgulloso. Pero centrémonos ahora en el orgullo que es, verdaderamente, el defecto más difícil de vencer, incluso para un Maestro o un Iniciado. Muchos que han subido hasta la cima de las altas montañas, se han dado cuenta de que allí arriba muchas debilidades y deseos inferiores les abandonaban y que se sentían más tolerantes, más altruistas, más generosos. Una sola cosa no les abandonaba: el orgullo. Al igual que los árboles que no pueden subsistir por encima de una cierta altitud, nuestras tendencias inferiores no resisten a una cierta elevación espiritual, excepto el orgullo que, como el liquen, que se agarra aún a las rocas más elevadas, acompaña a los santos y a los Iniciados hasta el último grado de la evolución. 

Es bastante fácil liberarse de todos los demás defectos, pero del orgullo es extremadamente difícil, tanto más difícil cuanto que es capaz de revestirse de todas las apariencias, hasta de las más virtuosas, de las más luminosas. ¡Cuántos han caído por orgullo, orgullosos de su saber, de su poder, de su santidad! A pesar de su sabiduría, de su pureza, no se dieron cuenta de que su corazón se endurecía, y algunos acabaron por creerse que eran Dios en la Tierra. Por eso se recomienda a los discípulos que se protejan del orgullo desde el principio. ¿Qué es el orgullo? Simplemente una forma de poner la cabeza y de mirar. Desde luego, ésta es una definición que no encontraréis en ningún diccionario. Pero, ¿por qué no tendría yo derecho a tener mis propias definiciones? Y la humildad también es una forma de poner la cabeza... Vais a comprender. Supongamos que estéis acostumbrados a mirar hacia abajo, ¿qué veréis? Animales, insectos, microbios, es decir, imbéciles, locos, criminales. Al compararos con ellos os encontraréis inteligentes, geniales, perfectos, y empezaréis a despreciar a los demás y a querer aplastarles. Esto es el orgullo: una comparación con los que están por debajo de vosotros. 

La humildad es la actitud inversa: consiste en mirar hacia arriba, en levantar los ojos hacia todas las criaturas superiores... y al compararos con ellas, os encontráis bien pequeños. La tradición iniciática cuenta que Lucifer era el más grande y el más hermoso de los Arcángeles. Con su poder, empezó a creerse igual a Dios y hasta quiso destronarle. Y el orgullo es también esto: creerse igual a un ser que nos sobrepasa y querer reemplazarle. Viendo esto, otro Arcángel se levantó y dijo: « ¿Quién como Dios?» En hebreo: «Mi (quién) - Ka (como) -El (Dios).» Entonces el Señor que, observaba, se dice, la escena, se dirigió a él: «De ahora en adelante te llamarán Mikhael y serás el jefe de la milicia celestial». Si el orgullo hizo caer al más grande de los Arcángeles arrastrando a otros ángeles en su caída, con mayor razón puede hacer caer a simples humanos. Para escapar al orgullo hay que esforzarse en conocer nuestras dos naturalezas, superior e inferior, la individualidad y la personalidad, de las que tanto os he hablado, y aprender a trabajar con ellas. 
Sólo de esta manera podemos protegemos del orgullo. 

Exactamente como con la vanidad, la cólera o la energía sexual: en vez de ser dominados y subyugados por el orgullo, podemos dominarlo dándole un trabajo a hacer. Yo tampoco me considero protegido si no hago este trabajo. La humanidad transporta este orgullo desde hace millones de años, pero tiene su razón de ser, y aprendiendo a dominarlo para ponerlo a trabajar, podemos escapar de él. La primera condición para dominar el orgullo es saber reconocer sus manifestaciones. Y, sin embargo, muchos toman el orgullo por humildad, e inversamente. Cuando ven a un hombre que se comporta ante los poderosos con una actitud servil, porque se siente pobre, ignorante y débil a su lado, dicen de él que es humilde. Pero cuando ven a un ser que quiere realizar el Reino de Dios dicen: « ¡Qué orgullo! »... No, se equivocan. 

El primero no es humilde: se inclina delante del rico y del poderoso por debilidad o por necesidad, porque no puede hacer otra cosa; pero dadle un poco de riqueza y de fuerza, ¡y veréis si es humilde! No hay que fiarse de la actitud de algunos porque, de momento, no hacen daño ni a una mosca. Son dóciles, sí, pero, ¿dóciles para quién? Muchos en cuanto poseen los medios para imponerse, se dicen: «Fulano y zutano me hicieron daño, ¡ahora les voy a dar una buena lección! », y se vengan. Podemos decir que la humildad de un hombre es real y auténtica si, recibiendo la fortuna y el poder, continúa siendo comprensivo y accesible. Pero mientras no se haya hecho esta experiencia no se puede decir nada. Y observad también en las pruebas a aquellas personas que se dicen humildes. ¡Cuántos, ante las menores dificultades se rebelan contra Dios y hasta niegan su existencia! La verdadera humildad no consiste en inclinarse ante los poderosos, los ricos, los verdugos, sino ante el mundo divino, ante el Señor; consiste en respetar todo lo sagrado, preservándolo dentro de nosotros y a nuestro alrededor. ¡Cuántos se creen humildes cuando no cesan de pisotear las prescripciones divinas! No, la humildad es el servicio absoluto, la disponibilidad absoluta, la obediencia absoluta al Creador. Según la opinión de algunos, Jesús era orgulloso porque decía: « Yo soy el Hijo de Dios», expulsaba a los mercaderes del Templo con un látigo y llamaba a los fariseos «raza de víboras», «hijos del diablo», «sepulcros blanqueados»... Pero, en realidad, no era orgulloso, porque se sometía a los decretos del Cielo y en medio de los más terribles sufrimientos dijo: «Padre, hágase tu voluntad y no la mía.» 

El orgulloso es aquél que se imagina que él lo es todo, que no depende de nada ni de nadie, exactamente como una lámpara que pretendiese dar luz, sin sospechar que si la central eléctrica dejase de suministrarle electricidad permanecería oscura. El orgulloso cree que él mismo es la fuente de los fenómenos que se manifiestan a través suyo; por eso, para escapar al orgullo, el Iniciado que logra una victoria espiritual debe aprender a no decir: « ¡Yo he triunfado! » sino: «Señor, Tú has triunfado a través mío... ¡Que la gloria sea para tu nombre! » El hombre humilde sabe que no es un ser aislado, que nada depende de él y que, si no permanece unido al Cielo, no tendrá ni fuerza, ni luz, ni sabiduría. Siente que es el eslabón de una cadena infinita, el conductor de una energía cósmica que viene de muy lejos y que fluye a través suyo hacia los demás hombres. El hombre humilde es un valle regado por el agua que desciende de las cumbres para fertilizar las llanuras, recibe las fuerzas que brotan de la montaña y así conoce la abundancia. Mientras que el orgulloso, que cree que sólo depende de sí mismo, al olvidar la fuente de las fuerzas que se manifiestan a través suyo, acaba, tarde o temprano, por perderlo todo. 

Todavía no se ha comprendido toda la riqueza de la humildad. El orgullo es un defecto del intelecto, y si queréis ver una de las manifestaciones más clamorosas del orgullo en el mundo, escuchad hablar a los científicos, a los filósofos, a los artistas o a los hombres políticos cuando presentan sus ideas, sus puntos de vista, sus credos: todos están convencidos de que son los únicos que tienen razón, que piensan correctamente, y están dispuestos a exterminar a los demás para hacer triunfar sus convicciones. La historia está llena de estos hombres que estaban tan persuadidos de poseer la verdad, y hasta de ser el brazo derecho del Señor, que se permitían devastar ciudades enteras y exterminar poblaciones. ¡Mirad si no la Iglesia con la Inquisición! Todos estos sacerdotes y obispos se creían tan superiores que se otorgaban el derecho de exterminar a todos aquellos que juzgaban en el error. ¡Qué orgullo! ¡Qué presunción! 
Mientras los hombres se imaginen que sus puntos de vista son los mejores y se pronuncien de forma definitiva no harán sino cometer errores. Porque esta actitud es la contraria de una actitud inteligente. 

La verdadera inteligencia es la humildad, es decir, la que reconoce que existen por encima de nosotros seres que nos sobrepasan y que pueden comprender las cosas de forma más clara, más pura y más divina que nosotros. Únicamente un idiota puede creer que su forma de ver es absoluta. El hombre inteligente dirá: «De momento, pienso así, siento así, comprendo así. Pero ello no quiere decir que no existan otros seres más evolucionados que son capaces de instruirme y de ayudarme. Iré a buscarlos.» 
Esta es la verdadera inteligencia. Pero, ¿dónde encontrar a seres que razonen tan sabiamente? ¡Cuántos derramarán su sangre y sacrificarán su vida (o la de los demás) para mostrar que poseen la verdad! Porque, desgraciadamente, nada crea tantos conflictos entre los humanos como el desacuerdo en las ideas. Todos están dispuestos a aceptarse los unos a los otros con sus debilidades y sus lagunas, pero, tan pronto como sus ideas políticas, filosóficas o religiosas divergen o se oponen, es la guerra. 

Observad al mundo: ¡cuántos seres excepcionales cuyas virtudes y santidad han sido ignoradas tan sólo porque tenían puntos de vista diferentes! Les cortaron la cabeza como a vulgares bandidos, sin consideración a su sabiduría ni a su valor moral. El orgullo ciega la vista ante las virtudes de aquél cuya opinión quiere combatirse. El orgullo enfrenta a unos seres contra otros, y la humildad restablece la armonía. La sabiduría, la inteligencia, la verdadera inteligencia divina, la poseen los humildes, los que no confían únicamente en las elucubraciones de su intelecto. Mientras que el intelecto habla, discute, hace ruido y ocupa todo el espacio, el mental superior no puede decir su palabra. 

Únicamente el mental superior permite ver y comprender el designio divino para el que el hombre ha venido a la Tierra, y no sólo comprenderlo, sino realizarlo. Desprovisto de esta humildad que le permite proyectarse más allá del intelecto, el hombre pasará constantemente delante de lo esencial sin darse cuenta. Sólo cuando haya logrado dominar las pretensiones insensatas del intelecto dará a su mental superior las posibilidades de manifestarse, y el esplendor del universo se descubrirá ante sus ojos maravillados. 

Todos aquellos que están convencidos de la validez absoluta de sus opiniones, son orgullosos. Diréis: «Entonces, ¿nunca debemos pensar que estamos en la verdad?» Claro que sí, y os daré el método para evitar que este pensamiento conlleve una actitud de orgullo. Pero, en primer lugar, en necesario que tengáis ideas claras sobre la naturaleza de la inteligencia, así como sobre el origen de vuestros puntos de vista, de vuestras opiniones. Nuestra inteligencia no es otra cosa más que la suma, la síntesis de toda esta multitud de centros y de órganos que hay en nosotros, de todas la tendencias, de todos los impulsos que transportamos de encarnación en encarnación desde hace millones de años; es un resumen de todas las facultades y capacidades que poseen las células que componen nuestro organismo. 

Cuanto más evolucionadas, sensibles y armoniosas son nuestras células, tanto más desarrollada es nuestra inteligencia. Esto es lo que hay comprender. La inteligencia no es una facultad separada, distinta, independiente del conjunto del ser humano, de sus células, de sus órganos. Por eso pensar correctamente no sólo requiere un esfuerzo del intelecto, sino que se trata, en realidad, del resultado de toda una disciplina vital. Vayamos más lejos aún. ¿Cuál es el origen de esta inteligencia que poseemos? 
Es un reflejo de la Inteligencia cósmica. Pero es un reflejo imperfecto, porque al pasar a través de todas nuestras células, que a menudo son presa del desorden de las pasiones, se encuentra, claro está, limitada, oscurecida. La Inteligencia cósmica no puede manifestarse perfectamente a través de un ser que todavía no sabe dominar sus movimientos instintivos; pero a medida que este ser se purifica y perfecciona, va captando cada vez mejor la luz de esta Inteligencia. 

Puesto que su inteligencia es una consecuencia del estado en que se encuentran todas las células de su cuerpo, el discípulo debe velar para mantenerlas en el estado más armonioso posible, vigilando la calidad de su alimento físico, pero, sobre todo, del psíquico (sus sensaciones, sus sentimientos, sus pensamientos); de lo contrario, permanecerá cerrado a las más grandes revelaciones. No existen otros medios para mejorar la inteligencia que mejorar la manera de vivir. Siempre lo he creído, siempre lo he sabido, y siempre he trabajado en este sentido. Cuando veo a algunos que se pronuncian sobre temas de los que nada conocen con la certeza absoluta de que están en la verdad y que están incluso dispuestos a exterminar a los demás y a destruirse a sí mismos en nombre de sus convicciones, me quedo asombrado. Nunca se preguntarán: « ¿Y si me equivocase? Quizá yo no sea muy evolucionado, ni muy receptivo, quizá no estoy muy purificado. ¿Tengo acaso derecho a estar absolutamente convencido? 

Tengo que asegurarme: voy a estudiar más.» Pero no, matarán a los demás, se matarán también ellos, pero no cambiarán de opinión. Pero, ¿cómo puede la gente estar hasta tal punto convencida de tener razón en todo, respecto a los acontecimientos, a la religión, a la política, al amor?.. Unos años después han cambiado totalmente de opinión, y siguen creyendo que tienen razón. En su juventud pensaban de una manera, una vez adultos piensan de otra, y cuando lleguen a la vejez pensarán aún de forma diferente. Entonces, ¿por qué están tan apegados a sus ideas? Deberían decirI se: «Puesto que ya he cambiado varias veces de opinión, ¿quién me prueba que ahora estoy en la verdad?» Sí, incluso a los noventa y nueve años uno debe decirse: «Todavía espero para pronunciarme. Quizá dentro de unos miles de años lo vea claro. ¡He cambiado ya tantas veces de opinión a lo largo de mi existencia! ¡Hay que estar convencidos, sin duda, pero no de nuestras capacidades de juicio, porque son limitadas, incompletas. 

Vivid aún algo más y cambiaréis todavía varias veces de opinión! Ahora que habéis comprendido cuán amenazados estamos todos por el orgullo, tomad precauciones para que no os afecte: todos los días, procurad mirar hacia arriba y compararos con los seres que os sobrepasan, con los Arcángeles, con las Divinidades, y veréis que no sois gran cosa. Por eso, en vez de pronunciaros sobre todos los temas diciendo: «En mi opinión, esto es así. ... En mi opinión... » procurad conocer la opinión de la Ciencia iniciática, de los grandes Maestros de la humanidad, preguntadles cómo ven las cosas para que os comuniquen su luz. Todos se equivocan mientras no hayan ido a verificar sus opiniones, sus maneras de ver, comparándolas con las de la Inteligencia cósmica. 

La historia lo prueba: años después nos damos cuenta que cometieron grandes errores. He ahí, pues, el mejor método para resistir al orgullo. Sabiendo que, a causa de los errores que hayáis podido cometer en vuestras encarnaciones precedentes tenéis, en esta existencia, una inteligencia muy limitada, y que si confiáis en ella iréis abocados a la catástrofe, debéis preguntar continuamente la opinión del mundo divino. Todos los días, acostumbraos a mirar hacia arriba y a decir: «Esto es lo que pienso sobre tal asunto o tal persona. ¿Tengo razón? Instruidme.» Entonces, no sólo ya no podéis ser orgullosos sino que recibís, por fin, respuestas claras y verídicas, y estáis en el buen camino. 

Nunca penséis que habéis alcanzado la perfección, no, sólo camináis por el camino de la perfección. Hay que ser muy prudentes, porque hasta que no hayáis llegado a la cima, podéis equivocaros. Además, se puede decir que todos aquellos que no trabajan verdaderamente para transformar su manera de vivir y que siguen siendo atraídos por sus deseos inferiores, aunque pidan al Cielo que les instruya, la respuesta que reciben es una respuesta errónea; no es una intuición, sino una impresión engañosa. ¿Por qué? Porque la respuesta del Cielo, al pasar a través de las capas impuras que han acumulado dentro de sí, sufre una deformación. Exactamente igual como sucede cuando sumergimos un bastón en el agua: se ve quebrado. 
Sí, incluso los consejos del mundo divino, si pasan a través de capas de impurezas, llegan deformados. 
Y entonces, hay tantos riesgos de errores que más vale no escuchar lo que recibís. 

Muchos seres son receptivos, algo mesiánicos, algo clarividentes, y es cierto que captan elementos del mundo invisible, pero se trata de elementos mezclados de los que es preferible no fiarse. Únicamente el que hace esfuerzos para purificarse, para despojarse, para ennoblecerse, recibe del Cielo respuestas claras, límpidas y verídicas.

Omraam Mikhaël Aïvanhov 



Separarás lo sutil de lo denso



Desde su infancia, la mayoría de los hombres saben que al comer fruta, pescado, ostras o caracoles, deben quitarles la piel, el hueso, las pepitas, las espinas o la concha. Cuando toman un queso, automáticamente le quitan la corteza. Están convencidos de la necesidad de eliminar en su alimentación elementos indigestos o nocivos, e incluso han inventado procesos de refinado, esterilización, pasteurización . . . Quitando, separando y desechando siempre la parte malsana o incomestible de su alimentación, los humanos han dado un paso gigantesco para diferenciarse de los animales. 

Pero todavía no han comprendido la existencia de otros planos donde también hay que limpiar, lavar, eliminar, elegir, separar lo útil de lo inútil, lo puro de lo impuro. En el ámbito de los pensamientos y de los sentimientos existe también un alimento que absorben y digieren, pero ahí, actúan como los gatos : se tragan la piel y los intestinos, es decir todo lo sucio y nocivo. Tienen todavía que progresar hasta aprender a elegir la comida psíquica, como 10 hacen con la física. Está escrito en la Tabla de Esmeralda : « Separarás 10 sutil de 10 denso», es decir, 10 puro de 10 impuro. Evidentemente Hermes Trimegisto al decir esto iba mucho más lejos, ya que hablaba de la piedra filosofal. 

Pero es exactamente el mismo principio. Separamos 10 puro de 10 impuro como extraemos el oro o las piedras preciosas de la roca estéril que los contiene. Ciertamente la vida entera está basada en este principio de la separación, de la elección ; todas las empresas, todos los oficios están basados en este principio. 
En los almacenes, en las droguerías, ante los diamantes, ante las piedras preciosas . . . siempre escogemos. 
Los concursos y exámenes no son más que elecciones ; tanto si se trata de la elección de un general como de la elección de Miss Mundo, seguirá siendo una elección. Pero en la vida interior, aunque no 10 sepamos, también debemos separar y elegir. Preguntad a la gente, incluso a la más culta, cuáles son los pensamientos o los sentimientos nocivos que pueden producir enfermedades y disgregación en el hombre ; no 10 saben. 

Para ellos todos los pensamientos y sentimientos son más o menos iguales, no se imaginan que pueda haber diferencias entre ellos como entre los alimentos o los combustibles que clasificamos según su calidad : primera calidad, segunda . . . En el pasado usábamos para calentamos e iluminamos materiales de una calidad inferior, y humeaban, irritaban los ojos, olían mal . . . casi nos asfixiábamos. Mientras que ahora utilizamos la electricidad que no deja desechos ni produce humos. Incluso sabemos que existen varias calidades de carbón : desde el que da mucho calor y deja poco residuo, hasta el que da poco calor y deja mucho residuo. Cualquier material combustible : carbón, madera, petróleo, gasolina, paja, contiene (en proporciones diferentes, y eso es lo importante), algunos elementos no combustibles. 

Así pues, cada materia es de una calidad más o menos buena, y por ello debemos siempre elegir. 
Y lo mismo ocurre con los sentimientos. Los sentimientos son comparables a los combustibles, pero como no todos son de buena calidad, no pueden producir ni la mejor luz, ni el mejor calor, ni la mejor fuerza para el movimiento. Entonces, al igual que los alimentos, algunos sentimientos pueden ser « comidos» y otros deben ser rechazados, porque en ellos hay alguna escoria, alguna porquería que debemos eliminar para que el estómago astral pueda digerirlo mejor. Suponed que estéis enfadados, celosos, que odiéis y sintáis la necesidad de vengaros,¿ qué producirán estos sentimientos ? 

Ciertamente calor, pero también mucho humo y desechos que os envenenarán. Y eso es lo que debemos saber. Evidentemente en la ciencia oficial no existe ninguna especialidad donde se estudien y clasifiquen detalladamente los sentimientos. j La clase de sentimiento no importa ! Os los coméis y os deleitáis sin pensar en los resultados que producirán. Lo mismo ocurre con los pensamientos : no sabéis diferenciarlos, no existe ninguna escala de valores. Todos los que creen poder dar rienda suelta a sus pasiones y deseos más desvergonzados, son en realidad ignorantes que jamás. han estudiado cómo fue creado en su origen el ser humano en los talleres del Señor. Solamente saben que tienen un estómago, un sexo, y claro está, j hay que satisfacerlos ! Estoy de acuerdo, pero, ¿ no deberíamos seleccionar? Por supuesto que los jóvenes dirán : «j Ah ! , no, nada de seleccionan). Pero si aceptan la necesidad de seleccionar les alimentos, ¿ por qué no admiten que al absorber cualquier sentimiento y cualquier placer pueden enfermar? El hombre come pan, frutas, legumbres, pescado, carne, etc . . . 

Pues bien, en el plano de los sentimientos existe la misma variedad y abundancia que en la alimentación del plano fisico. Ciertos sentimientos son charcutería, sí, morcilla, jamón, mientras que otros son vino, frutas o verduras ; pero como los humanos no conocen el mundo del sentimiento, comen cualquier cosa y enferman. Deben aprender a no alimentarse de productos que les envenenan : la cólera, la maldad, los celos y sobre todo el amor excesivamente sensual, porque en esa clase de amor hay un gran número de elementos nocivos. Siempre encontraréis en los humanos fervientes deseos ; están difundidos por todo el mundo, no faltan en ningún sitio. Pero lo que es raro, casi imposible de encontrar, es la sabiduría que nos permita elegir entre nuestros deseos, aquellos que no impiden nuestro desarrollo. 

Y precisamente esta sabiduría es la más preciosa, pero los hombres no la buscan, no quieren saber nada de ella. ¿ Por qué ? Porque razonan erróneamente. Dicen : « Si somos sabios nos veremos obligados a renunciar a ciertos gozos, a ciertos placeres, y no queremos privaciones de ningún tipo». Decir tal cosa es reconocer y ratificar su ignorancia y estupidez, ya que serían más dichosos si tuviesen la sabiduría suficiente para poder discernir la naturaleza de sus sentimientos y así poder escoger. ¿ Cómo encontrarán la felicidad estando ciegos ? Cuando no se ve nada, cuando no se prevé nada para protegerse, se está a merced de cualquier cosa. No os imaginéis que la felicidad vendrá si estáis ciegos. Es como si os ofreciesen meter la mano en una bolsa cerrada, diciéndoos : « tomad 10 que os convenga», y resulta que metéis la mano sin mirar y entonces una serpiente os muerde y morís. 

Creedme, si estáis ciegos, siempre habrá una víbora presta a picaros. Más alla del cuerpo fisico, el hombre posee otros cuerpos de una materia más sutil : los cuerpos etérico, astral, mental, causal, búdico y átmico. Dando rienda suelta a sus pasiones, remueve corrientes en el plano astral donde se encuentran las entidades más monstruosas, y sin saberlo, atrae esas entidades, las cuales, de esta manera, invaden la humanidad. La ignorancia de los humanos respecto a su propia estructura y a los incesantes intercambios que mantienen con todos los seres invisibles de las otras regiones del universo, es la causa de las peores desgracias. Por eso el discípulo que sabe cómo fue construido en los talleres del Creador y cómo está relacionado incesantemente con los habitantes de los otros planos, es consciente de la necesidad de elegir, de eliminar ciertos elementos cerrando la puerta a las fuerzas hostiles y abriéndola solamente a las benéficas, armoniosas y constructivas. 

Queridos hermanos y hermanas ; debéis saber que vuestro cuerpo se construirá con las materias que absorbáis. Así pues si esos materiales no son puros, seréis impuros ; si esos materiales son nocivos, enfermaréis. He aquí una ley absoluta, no solamente en el plano físico, sino también en el psíquico. 
Del mismo modo que debéis estar atentos y comer alimentos bien limpios, bien lavados, así también debéis vigilar día y noche atentamente todo lo que entra en vosotros a través de vuestros pensamientos y sentimientos. En las fronteras de todos los países existen aduaneros verificando lo que entra y lo que sale.

¿Tenéis también vosotros aduaneros en la frontera de vuestro país para impedir el paso de todo lo que pueda seros peligroso y nocivo ? No. Y entonces entra alguien que viene de cualquier parte, y os envenena. Colocad aduaneros, y a cada pensamiento, preguntadle : « Espera un poco, ¿ de dónde vienes ? 
¿ cuáles son tus colores ? ¿ qué me darás si te dejo pasar ? 

Así es como debéis prever las catastróficas consecuencias de un pensamiento intruso, rechazándolo. 
La elección es toda una ciencia. Las materias que componen los pensamientos y los sentimientos no son totalmente idénticas, existe una graduación entre ellas. Y cuanto más os elevéis en la búsqueda de estos materiales, más puros serán. Podemos comprobarlo en el plano físico observando que todo lo puro y ligero sube, mientras que lo impuro y pesado se deposita en el fondo, como el lodo y el barro. Y cuanto más puro sea un material, más resistente es. Por ello debéis construir vuestro cuerpo con los materiales más puros para que pueda resistir los sufrimientos e incluso la muerte, y de esta forma dispondréis de una materia de tal calidad que ni los sufrimientos ni la muerte tendrán poder sobre ella. 

Ni siquiera el Diablo puede infiltrarse en alguien si no encuentra debilidades y vicios, o sea, materia impura. Si un hombre pasa por trances desagradables en su vida, es porque ha dado a las fuerzas del mal la posibilidad de acercarse y penetrar en él. Siempre os he dicho que no me gusta leer porque no es en los libros de los humanos donde encuentro las más grandes verdades de la existencia, sino en el libro de la naturaleza viviente donde veo que la Inteligencia Cósmica lo ha escrito todo. Lo que hoy os he dicho lo he descubierto en los insectos, las hormigas, las cucarachas, las pulgas. Cuando una casa está limpia, ningún insecto se acerca a ella. Pero dejad unas cuantas migas, alimento en descomposición, y enseguida aparecen los insectos. ¿ Cómo sabían que había algo provechoso para ellos ? . . ¿ por qué las pulgas y los piojos sólo pican a ciertas personas ? Porque su sangre contiene deshechos que son una alimentación excelente para ellos ;sólo les gusta lo impuro, y aquello que es puro no los atrae. Si no queréis que os invadan esos bichos, limpiad vuestra casa ; si no queréis que os piquen, purificad vuestra sangre, y si no queréis dejar entrar en vosotros espíritus malignos, no les preparéis alimento alguno. 

Los Evangelios presentan casos de criaturas poseídas por demonios, ¿ por qué ? Porque encontraron en ellas el alimento impuro que les convenía. Por eso Jesús, que expulsaba los demonios, decía al que había salvado : « j Vete, y no vuelvas a pecar ! » Es decir : no dejes penetrar más impurezas en ti. 
Al igual que el hombre necesita elegir adecuadamente su alimentación fisica para mantenerse sano, hermoso e inteligente, también precisa elegir su alimentación espiritual, y todo su porvenir dependerá de ello. 
Es la calidad de los elementos que ingiere y absorbe la que hará de él un ser de élite o, al contrario, un bruto o un criminal.

Omraam Mikhael Aivanhov

sábado, 24 de noviembre de 2018

LAS FUERZAS RACIONALES EN LA NATURALEZA VIVIENTE




LA RACIONALIDAD MANIFESTADA EN LA ESTRUCTURA DEL ORGANISMO LA LEY SAGRADA

La naturaleza viviente en su totalidad es una manifestación de fuerzas racionales de diferentes grados que viven en perfecta unidad. Todas tienen un propósito supremo al que llamamos Naturaleza, Ley, Dios, Razón, o todo aquello que está fuera de los límites o comienzos en los que todas las cosas actúan, existen y se desarrollan. La vida, en su presente manifestación, es de la misma naturaleza. Ello no significa la vida terrenal, revestida de sus deseos y aspiraciones terrenales, sino la vida del hombre espiritual, dentro de la cual bulle algo divino. ººº Todos los poetas, filósofos y escritores tratan acerca de esto, de lo que es divino en el hombre. Esos poetas y filósofos saben que más allá de este mundo visible hay algo racional, subordinado a ciertas leyes en las que todas las acciones, sin excepción alguna, están exactamente determinadas.

La contradicción en la vida existe solamente para los ignorantes, cuyas cualidades distintivas son: limitación, crueldad y violencia. No saben que uno no puede tratar el agua con violencia, porque no importa cuanto la golpeen, la maltraten, o las medidas que adopten contra ella, siempre resistirá y no experimentará cambios, debido a su propia naturaleza. 

Por donde quiera encuentre una salida, por allí irá. Esto debe hacernos entender que el agua no necesita cambiar, sino que simplemente es para ser utilizada. No le podéis pedir a una cuerda que se mantenga derecha y no se tuerza. Podéis pedirle flexibilidad y resistencia. Esas son las cualidades de una cuerda. 
No podéis pedir que una roca sea blanda y moldeable, sino que sea rígida y dura. Consecuentemente, cuando hablamos sobre la vida humana, debemos compararla con el agua. Es importante que se utilice la vida sabiamente, sin limitarla ni intentar cambiar su naturaleza. Esto es lo que entendemos por la palabra “vida” en la ciencia superior. Ninguna cultura del pasado, no importa cuan evolucionada estuviese, ha sido capaz de cambiar la naturaleza de la vida. A través de todas las épocas se ha venido manifestando de la misma manera. Las diferencias han estado solamente en el grado de inteligencia de los seres vivientes. 

El poder de la mente que penetra la vida actual, la cambia para mejorarla, dándole una dirección nueva y más elevada. Las concepciones filosóficas que dicen que en la vida hay algo maligno, obedecen a un conocimiento erróneo de la vida misma, a una falta de recta comprensión. Ello tiene su origen en la escasa luz que tiene la gente, pues el mal se genera en la oscuridad. 

Lo que es malo en la vida ha entrado en ella desde el exterior. Una prueba de ello es el hecho de que a los animales salvajes les gustan los lugares oscuros y evitan la luz. La vida requiere una purificación gradual, una filtración, pues en su desenvolvimiento no puede evitar que elementos extraños procedentes del exterior dañen su frescura y pureza. 

Pero así como el agua es indispensable para que haya vida en la tierra, de la misma manera, la vida es una condición necesaria para todos los seres inteligentes. Así como podemos transformar el agua del estado líquido al gaseoso, los seres inteligentes pueden transformar la vida de un estado a otro según la misma ley. Por eso, las sociedades contemporáneas que desean tener un mejor orden social y gobernantes juiciosos, deben estudiar las leyes de esos seres inteligentes que dirigen todo en la naturaleza. De este modo puede ser explicado el hecho de que hace miles de años, un eminente estadista y legislador hebreo, dio la ley a su pueblo con estas palabras: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón”, en tanto que dos mil años más tarde, Cristo dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” Esta elevada inteligencia en la naturaleza viviente puede ser vista en todas partes. 
La vemos en todos los organismos de las plantas, animales y seres vivientes. 

Analizando el modo en que están construidos, vemos esta manifestación inteligente y este afán en mantenerse dentro de los límites de las leyes, tanto en la estructura como en el funcionamiento de los organismos vivientes. Naturalmente, para captar las sutilezas de esta sabiduría en la naturaleza, uno debe tener una mente clara, un intelecto penetrante y una fuerte capacidad de observación. Considerad por ejemplo, el sistema respiratorio del hombre en su estructura: El proceso que tiene lugar en su interior persigue la purificación de la sangre humana. 

Considerad el sistema digestivo – el estómago y su estructura, y veréis que cumple su función tan inteligentemente, tan correctamente, que el mejor químico no podría rivalizar con él. Considerad el sistema circulatorio en su doble aspecto venoso y arterial. Estudiad cómo están hechos los ojos, los oídos, la lengua. Finalmente, considerad el cerebro humano con su soberbia organización, modélica, práctica. 
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre la suprema inteligencia que yace oculta tras lo manifestado, tras lo visible. Todos los órganos, centros y sentidos son indispensables para la manifestación de aquella inteligencia oculta. Están colocados en el cerebro humano, distribuidos y dispuestos en su superficie, en diferentes regiones a las que la moderna anatomía y fisiología ha dado el nombre de lóbulos – en su hemisferio derecho e izquierdo, en su parte delantera y posterior, en las regiones laterales y en la parte superior de la cabeza.

Todas esas regiones disponen de un número de filamentos procedentes del centro del cerebro, por medio de los cuales, las fuerzas motrices e inteligentes son transmitidos a las células que se ocupan de las funciones de la vida racional del hombre. Podemos establecer también, con precisión matemática qué clase de energía es enviada a cada una de esas regiones para su función en el tiempo. 

La pequeña proporción en la que la fuerza inteligente es manifestada, no nos da el derecho a suponer que no existe. Si cogéis un libro de filosofía, la obra de los mayores filósofos de la humanidad, escrito con el mayor cuidado, preguntamos: ¿está la inteligencia del autor dentro de este libro? Claro que no. Está fuera de él. 
En éste encontramos solamente símbolos y caracteres mediante los cuales podemos llegar a esa gran verdad que está fuera del libro. Y si borráis esos símbolos y caracteres que hay en el libro, ¿qué quedará de él? 
Si borramos las palabras escritas, el libro perderá todo su valor. Análogamente, consideremos al hombre como un libro viviente o un universo viviente en el que la suprema inteligencia se manifiesta en pequeña escala. Cuando el organismo comete algún fallo, como un arañazo en la piel, por ejemplo, sentirá un leve dolor, que es el lenguaje de la naturaleza viviente, y pone de manifiesto que el organismo ha cometido un error. 

La naturaleza no entorpece en absoluto al organismo confinándolo a una prisión o enviándole alguno de sus servidores para que lo moralice o lo mate por haber abandonado el recto camino de su desenvolvimiento. Dice solamente: “Para y vuelve a empezar en la dirección contraria.” Mientras tanto, envía al lugar dañado sus mejores sirvientes, que se ponen a reparar la herida, y en una hora o dos, en un día o dos, o en un año, todo vuelve a su estado normal. El organismo viviente continúa su labor incesantemente. 

Esta inteligencia a penas visible, gobierna este organismo sin perder de vista el propósito último. Esta suprema inteligencia es el mismo Dios en acción. Si tomamos la estructura del cerebro humano, compuesto de 3 billones y 600 millones de células, veremos que todas difieren en su grado de inteligencia. Por ejemplo, las células que forman los órganos de observación, o la percepción de las formas, las diferentes medidas de peso, longitud, etc., los números y la disposición, tienen la facultad de observar y registrar todas las relaciones que existen entre los objetos del mundo exterior. 

De acuerdo con su desarrollo, se encuentran en la parte frontal del cerebro y son comparativamente los grados inferiores de la manifestación de la inteligencia. Por encima de éstas hay otro nivel de células que tienen un grado superior de evolución. Registran los sonidos, los colores y la duración del tiempo – habilidades que todos los seres animados poseen. Por encima de éstas existe aún otro nivel de células de inteligencia más elevada, que tienen la habilidad de razonar, comparar y sacar conclusiones de los hechos que ocurren y suministran a la mente humana información sobre estos hechos. El siguiente grupo de células, la más inteligente de todas, son las que tienen que ver con las cosas abstractas e invisibles de la naturaleza. Registran los fenómenos, los pensamientos y sentimientos, que la ordinaria mente humana no puede captar, y las transmite al alma. La ciencia actual define todo esto con la palabra “intuición”, que viene del prefijo “in”, que significa dentro, y “tao” – la raíz de un antiguo lenguaje, que significa Dios, la Inteligencia Suprema, la Armonía Universal, que trabaja dentro del alma humana. Intao – significa lo divino dentro del alma humana. Es difícil hacer entender a la gente la realidad de esta Inteligencia Suprema, porque aún viven en un mundo donde penetra escasa luz. Por eso esas regiones les parecen unas distantes nebulosas o lugares oscuros. 
Es tan difícil presentar a la gente esta gran realidad como conseguir que una hormiga adquiera cierto grado de cultura e inteligencia o que entendiera la vida humana en todas sus manifestaciones. 

La razón de esto es que la hormiga no tiene los órganos por medio de los cuales pudiera llegar a la gran verdad a través de la cual el hombre percibe las cosas. Para la hormiga el hombre existe como un ser independiente, aislado, compuesto de millares de partes. Si la hormiga se moviera sobre este ser, cada parte de él le parecería una entidad separada. Y si la hormiga pudiera hacer una investigación sobre el hombre, lo haría de la misma manera que el hombre explora la tierra hoy día. Sin embargo, alguien podría observar: ¿Para que nos interesa este conocimiento abstracto si no guarda ninguna relación con el presente? 
Aquí yace en verdad el gran error que la gente comete. La Suprema Inteligencia en el mundo es un eterno presente que lo atraviesa todo, a todos los seres humanos, y que tiene un completo control de sus vidas. Si preguntamos a alguna persona cultivada de hoy día por qué debe comer, responderá: “Para poder vivir.” Pero nosotros decimos que la vida es una condición para que la inteligencia se manifieste en ella. Entonces hacemos la segunda pregunta: “¿Por qué el hombre debe vivir?” Ante esta pregunta muchos se encogerán de hombros y dirán: “Debemos vivir, pero no sabemos por qué.” Pero debemos ir más allá y decir: “Debemos vivir para que la inteligencia, lo Divino, pueda manifestarse en nosotros.” 

Es lo Divino lo que hace que la vida tenga relevancia. Es en la presencia del bien supremo donde el alma encuentra un bienestar eterno. Consecuentemente, bajo este punto de vista, hay que dar una dirección inteligente a la vida de hoy. Desde idéntico punto de vista, la sociedad actual puede ser comparada a un recipiente en el que la vida debe depositarse, y en esta vida es esencial introducir el principio de la Razón Suprema que debe dar significado a la sociedad. En otras palabras, el valor de cada recipiente depende de su contenido. Este contenido es la inteligente vida superior. Alguien podría finalmente hacer una pregunta más: ¿Cómo creen las sociedades contemporáneas que pueden mejorar sus condiciones? ¿Creen acaso poder encontrar el significado de la vida negando la gran verdad antes mencionada? Ellas nos imponen una cultura, pero ¿qué clase de cultura? Una cultura de violencia, de asesinato, de encarcelamiento y toda clase de limitaciones. Nos predican la religión pero, ¿qué clase de religión es ésta? 

La de las apariencias y el engaño. Si las religiones se fundasen sobre el Gran Principio de la Inteligencia, ¿por qué no se aplican esos principios en forma de una dirección del alma hacia el gran bien Divino, para que pueda cumplir la voluntad de Dios? Pero la voluntad de Dios es que el hombre ame a Dios y a su prójimo. Nos dice que debe haber orden, organización y autoridad, que toda autoridad viene de Dios. 
La autoridad y el poder pueden existir solamente en la inteligencia y fuera de ello solo impera la violencia. 
La violencia que niega el Principio Inteligente se condena a muerte a sí misma. Hace miles de años se dijo en uno de los libros más sagrados, que el día en que uno viola la ley racional del amor, de la sabiduría y de la verdad, morirá. Los hombres del presente y todas las sociedades perecen, porque han violado esta suprema Ley. Es hora ya de que todos busquen a Dios, que se manifiesta en la vida y aplica el amor como ley fundamental. Sí, es el momento adecuado para ello, pues Dios es Amor, Sabiduría y Verdad, y el Amor nos da vida, la Sabiduría nos da luz, mientras que la Verdad nos da libertad e inspira al alma humana. 
El alma no puede vivir fuera de esas condiciones. Por eso, las fuerzas inteligentes en la naturaleza viviente, o “Dios manifestado” son: Amor, Sabiduría y Verdad. 

PETER DEUNOV

lunes, 19 de noviembre de 2018

CAUSA Y EFECTO



Desde el momento en que el hombre actúa, desencadena inevitablemente ciertas fuerzas que producen determinados resultados. Esta idea que relaciona la causa con el efecto está contenida originalmente en la palabra « karma». Aunque posteriormente «karma» ha tomado el sentido de pago por una transgresión cometida. 

El Karma-Yoga, uno de los numerosos yogas que existen en la India, no es más que una disciplina que enseña al individuo a desarrollarse mediante una actividad desinteresada, gracias a la cual se libera. 
Cuando el hombre se vuelve codicioso, astuto y turbulento, crea deudas que deberá saldar, y en ese momento la palabra « karma» toma el significado que la gente le da : castigo por faltas cometidas en el pasado. En realidad, se puede decir que el karma (en el segundo sentido indicado), se manifiesta cada vez que un acto no es ejecutado con perfección. Pero el hombre ensaya, debe ejercitarse hasta lograr la perfección, y mientras falle en sus intentos deberá corregirse, reparar sus errores y por supuesto deberá sufrir por ello. Diréis : «j Entonces, ya que actuando cometemos necesariamente errores y que debemos sufrir para repararlos, vale más no hacer nada! No es así, hay que actuar. 

Evidentemente sufriréis, pero con ello aprenderéis, evolucionaréis . . . y un día ya no sufriréis más. 
En cuanto hayáis aprendido a trabajar correctamente, no habrá más karma. Cada movimiento, cada gesto, cada palabra, desencadenan ciertas fuerzas que traen consigo consecuencias, naturalmente, pero supongamos que estos gestos y estas palabras estén inspirados en la bondad, la pureza y el desinterés : atraerán consecuencias benéficas, y es lo que llamamos «dharma». 

El dharma es la consecuencia de una actividad ordenada, armoniosa, benéfica. El ser que sea capaz de emprender tal actividad escapará a la ley de la fatalidad, situándose bajo la ley de la Providencia. 
No hacer nada para evitar las preocupaciones y los sufrimientos no es la solución correcta ; debemos ser activos, dinámicos, estar llenos de iniciativas sin que por ello el móvil de nuestras actividades sea ni el egoísmo ni el interés personal. 

Es la única forma de escapar al desastre. Evadir las consecuencias es imposible : siempre habrá causas y efectos, sea cual fuere vuestra actividad ; simplemente si conseguís actuar de manera desinteresada, no se producirán efectos dolorosos, sino alegría, felicidad y liberación. Si para conseguir la paz no actuamos, no nos desarrollaremos, no aprenderemos ni ganaremos nada. Evidentemente no cometeremos ningún error, pero entonces seremos como piedras : i éstas nunca cometen errores! Es preferible ensuciarse, si es necesario, pero aprender. ¿ Cómo queréis que un edificio en construcción no tenga manchas de cemento o de pintura ? Es imposible. Hay que aceptar esas manchas mientras el edificio crece y se realiza el trabajo. Después, frotamos un poco, lavamos, nos cambiamos de ropa, y de esta manera, por lo menos, conseguimos terminar la casa. El Maestro Peter Deunov dijo un día : «Os di a todos un librito para aprender el alfabeto» (en búlgaro decimos : « boukvartché» ... ¿ y vosotros ? . .. ¿ un abecedario ? 

Bueno, un abecedario). « Al cabo de un año os pido que me lo devolváis y algunos de vosotros me devolvéis ese boukvartché absolutamente limpio, impecable, sin abrir ; por lo tanto, no aprendisteis nada. Otros, al contrario, me 10 devuelven totalmente roto, manchado ; lo abrieron y cerraron centenares de veces, lo han llevado a todas partes, incluso han comido encima. . . i Sí, pero ahora saben leer ! » Y el Maestro concluía : «Prefiero eso». Yo era muy joven entonces y recuerdo que le pregunté tímidamente : «y yo, ¿ en qué categoría estoy ?» Me respondió : « ¿ Tú ? En la segunda categoría». Naturalmente me puse muy contento porque comprendí que era mejor. No sé en que estado le devolví el boukvartché, pero en todo caso él me clasificó en la segunda categoría : la de la gente que desea que el trabajo se haga ... y es cierto. 

Cometeremos muchos errores, mancharemos y nos salpicaremos, recibiremos críticas e injurias, ¿ y qué ?, eso no tiene importancia. Hay que saber leer, hay que trabajar, debemos terminar el edificio. 
Todos aquellos que son siempre razonables y prudentes pero que no se comprometen, no avanzan. Entonces, Señor, ¿ qué será de ellos ? Está escrito en el Apocalipsis : « Sé frío o caliente porque al tibio le escupiré de mi boca». ¿ Por qué, entonces, algunos prefieren seguir siendo tibios ? No hay lugar para éstos. No hay que tener miedo a equivocarse. Cuando aprendéis una lengua extranjera, si no decís nada por miedo al ridículo jamás la hablaréis. No hay que temer el ridículo, hay que tener la osadía de cometer algunos errores para aprender a hablar. Pues bien, ocurre lo mismo con el karma : no hay que paralizarse por el miedo a cometer faltas que tendréis que reparar, ya que a medida que intentamos dar una finalidad divina a nuestros actos, no producimos más karma sino dharma, es decir la gracia y la bendición del cielo. 

Es imposible escapar a la ley de causa y efecto. 
La cuestión consiste simplemente en saber qué fuerza estamos activando. Y ahora os diré que la ley más formidable que la Inteligencia Cósmica nos haya dado, se encuentra ahí donde nadie la busca, donde los filósofos, teólogos y moralistas no ven : en la naturaleza, y particularmente en la agricultura. Sí. . . en la agricultura. Todos los agricultores saben que donde plantan una higuera, no recogerán uvas sino higos, y que en un manzano no encontrarán peras. He aquí la mayor de las leyes morales : recogemos lo que hemos sembrado. Podemos decir entonces que los agricultores fueron los primeros moralistas ; fueron ellos quienes se percataron de que la inteligencia de la naturaleza había establecido una ley estricta e inmutable : la ley de causa y efecto. Después, al observar la vida de los hombres, encontraron esta misma ley : si os comportáis con crueldad,egoísmo y violencia, un día u otro ello recaerá sobre vosotros. Esta ley se llama también ley de resonancia, ley de acción y reacción. 

La pelota rebota y vuelve hacia vosotros. Recogeréis lo que hayáis sembrado. Si estudiamos detalladamente esta ley fundamental, si ampliamos su significado, se transforma en un sistema rico y profundo, ya que cada verdad esencial tiene aplicaciones en todos los planos. Explicada en detalle, esta ley genera todo un sistema filosófico ; he ahí por qué la religión ahora es tan rica en normas y preceptos. Pero en el fondo, encontramos que el origen de todas esas reglas es una sola ley : « Recogemos únicamente lo que hemos sembrado». 
A continuación de esta ley añadimos otras igualmente verídicas a modo de extensión, de ampliación en el plano filosófico. Por ejemplo, las palabras de Jesús : «No hagáis a los demás lo que no queréis que os hagan», no son más que la prolongación de esta ley. Los que niegan y rechazan todas esas leyes fundamentales, se alejan cada vez más de la verdad ; su alma está desgarrada por la duda y la incertidumbre y la existencia les golpea profundamente. Sin embargo la verdad es muy simple, está ahí, delante de ellos. ¿ Por qué los pensado res actuales no quieren reconocerla y proponen toda clase de nuevas teorías que están en desacuerdo con la Inteligencia Cósmica ? 

Al no creer que existe una moral basada en las leyes de la naturaleza, su razonamiento es falso, sus conclusiones son falsas, y todos aquellos que leen sus libros, los siguen y adoptan sus errores, caen en el desorden, la angustia y las tinieblas. Entonces, j tened cuidado ! Debéis aprender a razonar y a juzgar. Si no tenéis criterio, cualquiera podrá induciros a error. Vigilad, no os dejéis influir por intelectos humanos oscuros, seguid la Inteligencia Cósmica, la cual ha ordenado y organizado las cosas maravillosamente. Aunque no creamos en Dios, no podemos dejar de reconocer la existencia de un orden en la naturaleza, lo cual implica la existencia de una inteligencia creadora de este orden. Reparad al menos en el hecho de que una simiente produce a su semejante. ¿ Cómo no ver en ello la obra de una inteligencia ? El simple hecho de observar esta ley obliga a cambiar la visión del mundo. 

Podemos no creer en Dios, pero no podemos dejar de creer que toda simiente se reproduce exactamente, ya sea a través de una planta, un árbol, un insecto, un animal o un hombre... Esta ley es absoluta y debe haceros reflexionar. Podéis permitiros el ser ingratos, injustos, crueles o violentos, pero entonces no dudéis que esta ley tarde o temprano actuará a expensas de vuestra propia vida. 
Por ejemplo, tendréis hijos, y como se os parecerán, seréis vosotros los primeros en sufrir, a través de ellos, vuestro propio comportamiento. Aunque Dios no existiese, la Inteligencia Cósmica está aquí y tenéis pruebas continuas de ello. Hacéis lo que os viene en gana y creéis que no padeceréis consecuencia alguna. .. Creed lo que queráis, la Inteligencia Cósmica ya lo ha escrito todo. 

Cada pensamiento, sentimiento o acto es una semilla que empieza a crecer, y si habéis sido ingratos, crueles, injustos o violentos, encontraréis un día en vuestro camino las mismas ingratitudes, injusticias, crueldades y violencias ; os caerán encima veinte, treinta o cuarenta años después, y en ese momento comprenderéis que existe una Inteligencia Cósmica que lo registra todo. Dejad si queréis la Biblia, los Evangelios y también los profetas, las iglesias y los templos, pero al menos aceptad esta ley que está ahí, irrefutable : recogeréis lo que hayáis sembrado. .. «Quien siembra vientos, recoge tempestades», e dijeron los sabios después de haber observado con atención las cosas. En cuanto a los sabios, a los pensadores que rechazan esta verdad, también serán atrapados, es inevitable, no podrán escapar a las consecuencias de sus actos, y en ese momento, comprenderán. Siendo tan inteligentes, ¿ cómo no ven lo que es tan simple ?.. e incluso os digo que a partir de esta ley podemos restablecer todos los libros sagrados del mundo entero . . . sí, solamente a partir de esta ley. Muchos se dicen : « Evidentemente tal y tal cosa están escritas en la Biblia, en los Evangelios, pero, ¿ existe verdaderamente Dios ? » Yo os respondo : esto no tiene que preocuparos y tampoco necesitáis saber si Jesus existió realmente, si los Evangelios son auténticos o no. Tomad simplemente esta ley ; es suficiente para rehacerlo todo y llevaros hacia la verdad. Ya lo veis, mi explicación es simple. En ese momento si Dios no existe, nos veremos obligados a inventarlo ; solamente a causa de esta ley, nos veremos obligados a inventarlo. Entonces, ¿ por qué dejarse embaucar por pensadores que están de moda ? En vez de llevar a los humanos hacia las cosas simples que están ahí, visibles, tangibles, les arrastran siempre hacia reflexiones y argumentos . . . «originales» ¿ Me entendéis ? Aunque estos argumentos sean contrarios a la verdad que está escrita en la naturaleza, da igual, todos se maravillan mientras sean nuevos, originales. La moral es una realidad, pero los humanos no la ven y discuten sobre Dios, sobre tal o cual cuestión teológica . . . Es inútil discutir, basta con saber que todo está grabado, todo. Si la naturale za ha hecho que un árbol grabe en su semilla las propiedades, los colores, las dimensiones, los gustos y perfumes de los frutos, ¿ por qué no habría hecho lo mismo con el hombre ? La naturaleza ha conseguido grabarlo todo, y precisamente la moral está basada en esa grabación, en la memoria de la naturaleza. Sí, la. memoria. La naturaleza posee una memoria que nada puede borrar. j Pobre del que no la tenga en cuenta ! 

Ella continúa día y noche grabando las cacofonías, los estados espantosos que sufre el hombre en sí mismo, y un día éste resulta pisado, destrozado, anulado. Nadie puede escapar a esta ley, nadie jamás ha sido lo suficientemente poderoso para escapar a ella : ningún emperador, ningún dictador, nadie . . . en la memoria de la naturaleza todo se encuentra grabado. Así pues tened cuidado porque todo lo que hacéis, decís, pensáis o deseáis, se graba en las profundidades de vuestras células, y tarde o temprano recogeréis los frutos en vuestra vida. Y lograréis crearos otro destino si cuidáis no propagar mediante vuestros pensamientos, sentimientos y actos, semillas malsanas y destructivas. y no penséis que los buenos, generosos y llenos de amor reciben siempre como recompensa el mal y no el bien. 
Los que se precipitan en sacar conclusiones propagan estupideces dicien do : « Haced el bien y recogeréis siempre el mal» ¡No! es falso. El bien siempre produce el bien, y el mal produce el mal. 

Haced el bien y os lo encontraréis aunque no queráis. Si hacéis el bien y os llega el mal, se debe a que todavía hay sobre la tierra personas que se aprovechan y abusan de vuestra bondad. Pero hay que tener paciencia y continuar, porque tarde o temprano serán castigados, sometidos por seres más fuertes y violentos que ellos ; entonces comprenderán, se arrepentirán y vendrán a reparar las faltas cometidas. 
Así es como el bien produce frutos e incluso los duplica, ya que en estos casos el cielo tiene en cuenta todo lo que habéis sufrido haciendo el bien, todas las desgracias que os han ocurrido a pesar de que no las merecíais ; toma nota y os recompensa doblemente. 

Los humanos necesitan ahora un conocimiento sólido, completo, verídico, irrefutable, y este saber es el que os traigo. j Vamos, tratad de negar que recogemos lo que sembramos ! Todos, naturalmente, estáis convencidos de la veracidad de esta ley, pero solamente en el plano fisico, lo cual es insuficiente. Si vais más lejos, más arriba, encontraréis también esta ley porque el mundo es una unidad : en todos los planos, a todos niveles, encontramos los mismos fenómenos bajo una forma diferente, cada vez más sutil. Todo lo que encontramos sobre la tierra vol vemos a encontrarlo en el agua, y todo lo que hay en el agua lo volvemos a encontrar en el aire, etc . . . Los cuatro elementos obedecen a las mismas leyes, pero al ser diferente su esencia y densidad, se aprecian algunas diferencias en la aplicación de las leyes entre unos y otros. Reaccionan más o menos rápidamente, más o menos violentamente, pero están dirigidos por los mismos principios. El mundo mental del hombre, por ejemplo, corresponde al aire : y en él encontramos las mismas corrientes y los mismos vórtices que en la atmósfera, pero bajo la forma más sutil de ideas y pensamientos. Las leyes del mundo psíquico son idénticas a las leyes de la naturaleza. 

Cuando un jardinero no ve crecer lo que no ha sembrado, es justo y razonable, no se altera, ni grita ; dice simplemente : « Pues qué se le va a hacer, ya que no he tenido tiempo de sembrar zanahorias, no las recogeré. Pero tendré lechugas, perejil y cebollas, porque de eso sí sembré». Aparentemente los humanos son muy expertos en temas agrícolas. Lo son cuando se trata de frutas y legumbres, pero cuando se refiere al ámbito del alma, del pensamiento, no saben nada, y creen que van a cosechar felicidad, alegría y paz sembrando violencia, crueldad y maldad. ¡ Pues no  Recogerán violencia, crueldad y maldad. Y si en ese momento se enfurecen y rebelan, nos demuestran que no son buenos agricultores. 

La primera norma de la moral es la de no dejarse llevar por un pensamiento, sentimiento o acto que sea peligroso o nocivo para los demás, porque entonces os obligarán a recogerlo y «comerlo», y si es un veneno, seréis vosotros los primeros envenenados. Cuando consideréis esto como una regla absoluta, empezaréis a perfeccionaros. Sé muy bien lo que a menudo impide a los humanos entenderlo : es la lentitud con la cual se manifiestan las leyes. Ni el bien llega enseguida, ni tampoco el mal. 
Un hombre no cesa de infringir las leyes y todo le va bien, mientras que otro que es honesto, que siempre hace el bien, sólo encuentra dificultades ; entonces todos llegáis a la conclusión de que no hay justicia. Los humanos desconocen la razón de esta lentitud en las recompensas y los castigos. Se hacen preguntas y se dicen : « Si las leyes actuasen con más rapidez, sería mucho mejor porque entonces seríamos corregidos o recompensados inmediatamente, con lo cual comprenderíamos ». 

Pues bien, yo conozco la razón de esta lentitud. Nos muestra la bondad y la clemencia de la Inteligencia Cósmica al querer dar a los humanos tiempo para experimentar, reflexionar e incluso arrepentirse, mejorarse y reparar sus errores. Si las leyes castigasen inmediatamente nuestras faltas, seríamos aniquilados, y no podríamos mejoramos. El Cielo nos da tiempo enviándonos pequeños inconvenientes para que reflexionemos y tengamos la posibilidad de enmendamos. En cuanto al que hace el bien, tampoco se le recompensa inmediatamente, lo cual es mejor, ya que si recibiese enseguida la recompensa, comenzaría a abandonarse y entonces infringiría las leyes. Así pues, el Cielo le permite fortalecerse para que se consolide, para que se conozca ; no 10 da todo inmediatamente para ver hasta qué punto continúa haciendo el bien. Como veis, existen razones que explican esta tardanza. Pero que el bien atrae al bien, es absolutamente cierto, y que el mal termina . . . muy mal, también lo es. Pero es difícil saber el tiempo que se necesita para que se produzcan estos efectos. 

Evidentemente, para continuar haciendo el bien, mientras el mundo entero se está derrumbando j qué fuerza, qué poder, que voluntad, qué decisión y qué fe hay que tener ! En eso reside el mérito, ya que en otras condiciones, cuando todo es agradable y placentero, es demasiado fácil creer en el bien y dejarse llevar por este camino. Es ahora, en el momento que la situación empeora, cuando es meritorio proseguir sin dejarse influir por las condiciones. Un discípulo, un Maestro siempre cuenta con las fuerzas de su espíritu. Incluso en la peor situación, siempre se esfuerza por despertar en él los poderes de su voluntad, del bien y de la luz. Ahí es donde reconocemos a un verdadero espiritualista. Mucha gente, hablando, puede pasar por espiritualista, pero ante la menor dificultad, está por los suelos. Entonces, ¿ dónde está la fuerza del espíritu ? Cada uno espera de los demás que sean delicados, amables, pacientes e indulgentes con él. ¿ Cómo lograrlo Empezando por ser uno mismo delicado, amable, paciente e indulgente. Si queréis que se comporten bien con vosotros, debéis empezar vosotros a comportaros bien. Diréis : « i esto ya lo sabemos ! » Sí, pero sólo en teoría ; todavía hay millones de seres sobre la tierra que siguen siendo groseros, duros, crueles y se extrañan de que los demás les repliquen. 

Están convencidos de que corresponde a los demás el someterse y plegarse a su voluntad. 
Observad su comportamiento : esperan obtener satisfacciones por medios totalmente contrarios a lo que desean, e inversamente, no creen que sembrando la dulzura, el amor y la bondad obtendrán amor, dulzura y bondad. Sin embargo, os aseguro que si alguien se muestra arisco y desagradable con vosotros y le seguís enviando buenos pensamientos, a l cabo de algún tiempo capitulará. Para obtener el afecto y la confianza, hay que llamarlos. « i Pero los llamamos y no vienen ! » No, cuando digo « llamarlos» significa : producirlos. Cuando producís estados positivos en vosotros mismos, podéis estar completamente seguros que los encontraréis también en los demás. Produciéndolos en vosotros mismos, los atraéis. 
Toda la magia está ahí. 

Entonces, intentadlo : si queréis recibir algo que deseáis, tratad antes que nada de darlo. No podemos recibir lo que no hemos dado. Diréis : «No es cierto, existen personas muy ricas, muy bien situadas, que no dan nada a nadie, que están encerradas en sí mismas, desprecian a los demás y sin embargo reciben sin cesar respeto, estima, honores . . . » Es simplemente porque dieron todo eso en alguna encamación anterior, y lo reciben ahora. Pero si continúan mostrándose altivas y sin amor, recibirán exactamente lo mismo más tarde, a través de otros. El secreto del éxito, el secreto de la felicidad consiste en manifestar lo que deseáis obtener. Si queréis sonrisas y miradas afectuosas, dad sonrisas y miradas afectuosas. Si queréis que desde el Cielo un ángel acuda a instruiros, encontrad a alguien menos instruido que vosotros y empezad a meterle algunas lucecitas en la cabeza ; inmediatamente ello se reflejará en el mundo invisible y atraeréis los espíritus luminosos para hacer otro tanto con vosotros. Pues sí, esta ley es formidable y podemos utilizarla en muchos otros planos. Sonreir y recibir una sonrisa, es poca cosa. Habéis sonreído y os han devuelto la sonrisa, habéis sido gentil y amable y han sido gentiles y amables con vosotros. 

Muy bien, habéis sido corteses y os sentís rejuvenecidos, ¡ magnífico ! Pero debemos aplicar esta ley en otras regiones para que provoque resultados aún más formidables que una sonrisa, un apretón de manos, una mirada, o algunas palabras amables. Podemos revolver todo el universo con esta ley, y esto es lo interesante : poder llegar muy lejos, remover regiones en el espacio ... Sólo podréis recoger los frutos correspondientes a las semillas que habéis plantado. Ahora bien, si el tiempo no ha sido favorable o el sol ha sido demasiado intenso y lo ha quemado todo, si no ha llovido o los pájaros o los topos se han comido la siembra, ésa es otra cuestión. Porque entonces se trata de accidentes que no alteran la realidad de esta ley. Lo que la semilla contiene en su interior no podemos quitárselo. Podremos impedirle que fructifique, pero no podremos cambiar su naturaleza. Y es precisa mente de la naturaleza de la semilla de lo que os estoy hablando. Así pues, si al ser amables y gentiles sólo recibís injurias, no le deis importancia ; averiguad de quién proceden, cuándo y en qué circunstanáas. . . 

Quizás seáis demasiado buenos, demasiado caritativos, demasiado generosos y confiados, y entonces, naturalmente, sois inmediatamente clasificados en la categoría de los imbéciles, y sufrís las convenciones establecidas por los humanos. Pero esto no significa nada, no durará mucho tiempo, porque la gente y las condiciones varían, mientras que las leyes son inamovibles. Y cuando de nuevo sean restablecidos los verdaderos valores, todo volverá a su lugar y recogeréis todo el bien que hayáis sembrado. Por el momento, evidentemente, hay que ser un líder para ser apreciado, hay que pisar a la gente, atropellarla, humillarla, y entonces se os considerará como alguien realmente importante, pero no será eternamente así, porque al cabo de algún tiempo otro líder vendrá para daros una paliza. 

No debéis dejaros impresionar por una situación que sólo es momentánea ; a la larga vemos cómo un ser violento es maltratado por otro aún más violento que él. No perdáis el tiempo buscando objeciones. Yo conozco mejor que vosotros todas las objeciones que podáis hacerme. No espero a que los demás me pregunten : « Sí, pero entonces . . . ¿ por qué esto, por qué lo otro ? » Yo mismo cuestiono mis propios argumentos, y si resisten todas las pruebas que yo les haga, entonces digo : « Es oro, es oro, y por lo tanto es una verdad». En cuanto a los argumentos que no se sostienen, no me queda otro remedio que enterrarlos : «Amén . . . » Ahora os daré un ejemplo. Imaginaos un bosque magnífico con animales, pájaros y árboles repletos de flores y frutas de todas clases, i qué riqueza ! Pero hay un inconveniente : que está rodeado de muros altísimos y muy gruesos que lo hacen inaccesible, e incluso sobre sus muros hay vidrios troceados y alambres de púas. y por si fuera poco, este bosque es muy peligroso por los animales que lo habitan: osos, leones y tigres que se deleitarán con el primer imprudente que se atreva a entrar. 

Pero necesitáis esas frutas, ¿ qué hacer? . . De repente descubrís un grupo de monos entre los árboles y, i ya está estáis salvados ! Tomad, por ejemplo, un cesto de naranjas, acercaos al muro, y empezad a tirarlas una detrás de otra hacia los monos, y como éstos son unos imitadores perfectos, tomarán las frutas de los árboles y a su vez os las tirarán. No tendréis más que recogerlas para volver con las cestas llenas de frutas. El secreto, entonces, está en tirar vuestras naranjas a los monos. Diréis: «Pero, ¿ a qué viene esta historia ? j No podemos ir hasta el muro del bosque y tirar naranjas a los monos ! ». Pensad que se trata de un cuento. ¿ No habéis visto nunca un hombre sembrando en su campo ? Tira las naranjas contra los monos ; pero aquí las naranjas son minúsculas, y los monos están escondidos un poquito más abajo, bajo tierra. . . Cuando el hombre ha terminado de sembrar se marcha tranquilamente, y luego, unos meses más tarde, recogerá la cosecha para llenar sus graneros. «Ah . . . si es así, ya lo entendemos, diréis». 

No, todavía no habéis entendido nada, no habéis descifrado la imagen. Aquí los monos son las fuerzas de la naturaleza, estén bajo tierra o sobre los árboles, eso no tiene ninguna importancia, es un símbolo. He aquí la explicación : el universo que Dios ha creado es un bosque que guarda toda clase de riquezas. Los muros son los obstáculos que impiden al hombre alcanzarlas y los monos son las criaturas del mundo invisible ; las naranjas son la luz y el amor que decidís proyectar a través de vuestros pensamientos y sentimientos. Entonces, ¿ qué ocurre ? Algún tiempo después las criaturas del mundo invisible harán lo mismo que vosotros hicisteis, pero os devolverán las frutas, es decir las bendiciones centuplicadas. Pero si enviáis vuestra amargura, vuestro odio y vuestra cólera, también os serán devueltos algún día.« Recogeréis lo que hayáis sembrado», es decir, según como actuéis en el presente, así será vuestro futuro. 

En cada instante, mediante el trabajo interior, podéis orientar vuestro futuro. Una vez tomada una decisión, sea buena o mala, orientáis vuestro futuro en buen o mal sentido. Suponed que hoy hayáis decidido servir a Dios, ayudar a los humanos, no volver a dejaros influir por vuestra naturaleza inferior : inmediatamente vuestro futuro se embellece, se ilumina, se enriquece y os aguardan todas las maravillas. 
Entonces, ¿ por qué no las vivís ? Porque el pasado todavía os tiene atados. 
Pero si trabajáis manteniendo siempre la misma dirección, con la misma decisión, poco a poco el pasado se diluye, y un día recibís vuestra herencia divina. Pero he aquí que decidís vivir de nuevo una vida egoísta ; entonces todo se altera, y os aguarda un futuro diferente, lleno de sufrimientos y desilusiones. 

Naturalmente, en un principio continuaréis regocijándoos, haciendo negocios y vuestro presente seguirá igual, puesto que todavía contáis con algunas reservas que os impiden ver el sombrío futuro que os espera. Pero en cuanto esas reservas se agoten, ese futuro espantoso se presentará de golpe. El futuro es fácil de crear, pero el pasado es dificil de borrar. Os daré otro ejemplo. Queréis marcharos de viaje y dudáis entre Niza y Moscú. Finalmente os decidís por Niza ; supongamos que desde entonces el camino por el cual pasáis, los paisajes, las estaciones, están determinados. . . en el momento en que partís en una dirección, todo está calculado, debéis seguir un itinerario previsto, ftjado con antelación. No sois vosotros quienes habéis creado esos paisajes, su existencia no depende de vosotros, pero lo que sí depende de vosotros es la elección de la dirección. Nosotros no creamos el futuro. Cuando decimos que el hombre crea su destino, es una manera de hablar ; sería mucho mejor decir que elige su dirección. Decís : « Tomaré' este camino », de acuerdo, pero no sois vosotros quienes vais a crear las regiones y los seres que encontréis en el camino. Son regiones y entidades creadas por Dios desde hace mucho tiempo. 

No creamos nuestro destino nefasto, sino que nos dirigimos hacia él : arenas movedizas, pantanos, bosques peligrosos. . . simplemente decidimos nuestra orientación, eso es todo. Y lo mismo ocurre si se trata de un futuro espléndido : somos nosotros quienes decidimos ir hacia él ; él está ahí, nos espera. Existen en el espacio miles de regiones o esferas habitadas por una inftnidad de criaturas, y según lo que decidamos, nos elevamos o nos hundimos al ir a visitarlas. Todas las desgracias y dichas existen ya, otros las conocieron antes que nosotros, fueron creadas desde hace mucho tiempo ; de nosotros depende solamente la dirección a escoger. Por eso debéis decidiros ahora a cambiar vuestra dirección, orientándoos hacia las regiones del Paraíso que Dios creó para vosotros desde la eternidad.

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV