Desde el momento en que el hombre actúa,
desencadena inevitablemente ciertas fuerzas que
producen determinados resultados. Esta idea
que relaciona la causa con el efecto está contenida
originalmente en la palabra « karma». Aunque
posteriormente «karma» ha tomado el sentido
de pago por una transgresión cometida.
El Karma-Yoga, uno de los numerosos yogas
que existen en la India, no es más que una disciplina
que enseña al individuo a desarrollarse
mediante una actividad desinteresada, gracias a
la cual se libera.
Cuando el hombre se vuelve
codicioso, astuto y turbulento, crea deudas que
deberá saldar, y en ese momento la palabra
« karma» toma el significado que la gente le da :
castigo por faltas cometidas en el pasado.
En realidad, se puede decir que el karma (en
el segundo sentido indicado), se manifiesta cada
vez que un acto no es ejecutado con perfección.
Pero el hombre ensaya, debe ejercitarse hasta lograr la perfección, y mientras falle en sus
intentos deberá corregirse, reparar sus errores y
por supuesto deberá sufrir por ello.
Diréis : «j Entonces, ya que actuando cometemos
necesariamente errores y que debemos
sufrir para repararlos, vale más no hacer nada!
No es así, hay que actuar.
Evidentemente sufriréis,
pero con ello aprenderéis, evolucionaréis . . .
y un día ya no sufriréis más.
En cuanto hayáis
aprendido a trabajar correctamente, no habrá
más karma. Cada movimiento, cada gesto, cada
palabra, desencadenan ciertas fuerzas que traen
consigo consecuencias, naturalmente, pero
supongamos que estos gestos y estas palabras
estén inspirados en la bondad, la pureza y el
desinterés : atraerán consecuencias benéficas, y
es lo que llamamos «dharma».
El dharma es la consecuencia de una actividad
ordenada, armoniosa, benéfica. El ser que
sea capaz de emprender tal actividad escapará a
la ley de la fatalidad, situándose bajo la ley de la
Providencia.
No hacer nada para evitar las preocupaciones
y los sufrimientos no es la solución
correcta ; debemos ser activos, dinámicos, estar
llenos de iniciativas sin que por ello el móvil de
nuestras actividades sea ni el egoísmo ni el interés
personal.
Es la única forma de escapar al
desastre. Evadir las consecuencias es imposible :
siempre habrá causas y efectos, sea cual fuere vuestra actividad ; simplemente si conseguís
actuar de manera desinteresada, no se producirán
efectos dolorosos, sino alegría, felicidad y
liberación.
Si para conseguir la paz no actuamos, no nos
desarrollaremos, no aprenderemos ni ganaremos
nada. Evidentemente no cometeremos ningún
error, pero entonces seremos como piedras :
i éstas nunca cometen errores! Es preferible
ensuciarse, si es necesario, pero aprender.
¿ Cómo queréis que un edificio en construcción
no tenga manchas de cemento o de pintura ? Es
imposible. Hay que aceptar esas manchas mientras
el edificio crece y se realiza el trabajo. Después,
frotamos un poco, lavamos, nos cambiamos
de ropa, y de esta manera, por lo menos,
conseguimos terminar la casa.
El Maestro Peter Deunov dijo un día : «Os di
a todos un librito para aprender el alfabeto» (en
búlgaro decimos : « boukvartché» ... ¿ y vosotros
? . .. ¿ un abecedario ?
Bueno, un abecedario).
« Al cabo de un año os pido que me lo devolváis y algunos de vosotros me devolvéis ese
boukvartché absolutamente limpio, impecable,
sin abrir ; por lo tanto, no aprendisteis nada.
Otros, al contrario, me 10 devuelven totalmente
roto, manchado ; lo abrieron y cerraron centenares
de veces, lo han llevado a todas partes, incluso
han comido encima. . . i Sí, pero ahora saben leer ! » Y el Maestro concluía : «Prefiero eso».
Yo era muy joven entonces y recuerdo que le
pregunté tímidamente : «y yo, ¿ en qué categoría
estoy ?» Me respondió : « ¿ Tú ? En la segunda
categoría». Naturalmente me puse muy contento
porque comprendí que era mejor.
No sé en que estado le devolví el boukvartché,
pero en todo caso él me clasificó en la
segunda categoría : la de la gente que desea que
el trabajo se haga ... y es cierto.
Cometeremos
muchos errores, mancharemos y nos salpicaremos,
recibiremos críticas e injurias, ¿ y qué ?, eso
no tiene importancia. Hay que saber leer, hay
que trabajar, debemos terminar el edificio.
Todos aquellos que son siempre razonables y
prudentes pero que no se comprometen, no
avanzan. Entonces, Señor, ¿ qué será de ellos ?
Está escrito en el Apocalipsis : « Sé frío o
caliente porque al tibio le escupiré de mi boca».
¿ Por qué, entonces, algunos prefieren seguir
siendo tibios ? No hay lugar para éstos. No hay
que tener miedo a equivocarse. Cuando aprendéis
una lengua extranjera, si no decís nada por
miedo al ridículo jamás la hablaréis. No hay que
temer el ridículo, hay que tener la osadía de
cometer algunos errores para aprender a hablar.
Pues bien, ocurre lo mismo con el karma : no
hay que paralizarse por el miedo a cometer faltas
que tendréis que reparar, ya que a medida que intentamos dar una finalidad divina a nuestros
actos, no producimos más karma sino dharma,
es decir la gracia y la bendición del cielo.
Es imposible escapar a la ley de causa y efecto.
La cuestión consiste simplemente en saber
qué fuerza estamos activando. Y ahora os diré
que la ley más formidable que la Inteligencia
Cósmica nos haya dado, se encuentra ahí donde
nadie la busca, donde los filósofos, teólogos y
moralistas no ven : en la naturaleza, y particularmente
en la agricultura. Sí. . . en la agricultura.
Todos los agricultores saben que donde plantan
una higuera, no recogerán uvas sino higos, y que
en un manzano no encontrarán peras. He aquí
la mayor de las leyes morales : recogemos lo que
hemos sembrado.
Podemos decir entonces que los agricultores
fueron los primeros moralistas ; fueron ellos
quienes se percataron de que la inteligencia de la
naturaleza había establecido una ley estricta e
inmutable : la ley de causa y efecto. Después, al
observar la vida de los hombres, encontraron
esta misma ley : si os comportáis con crueldad,egoísmo y violencia, un día u otro ello recaerá
sobre vosotros. Esta ley se llama también ley de
resonancia, ley de acción y reacción.
La pelota
rebota y vuelve hacia vosotros.
Recogeréis lo que hayáis sembrado. Si estudiamos
detalladamente esta ley fundamental, si
ampliamos su significado, se transforma en un
sistema rico y profundo, ya que cada verdad
esencial tiene aplicaciones en todos los planos.
Explicada en detalle, esta ley genera todo un sistema
filosófico ; he ahí por qué la religión ahora
es tan rica en normas y preceptos. Pero en el
fondo, encontramos que el origen de todas esas
reglas es una sola ley : « Recogemos únicamente lo que hemos sembrado».
A continuación de
esta ley añadimos otras igualmente verídicas a
modo de extensión, de ampliación en el plano
filosófico. Por ejemplo, las palabras de Jesús :
«No hagáis a los demás lo que no queréis que os
hagan», no son más que la prolongación de esta
ley.
Los que niegan y rechazan todas esas leyes
fundamentales, se alejan cada vez más de la verdad
; su alma está desgarrada por la duda y la
incertidumbre y la existencia les golpea profundamente.
Sin embargo la verdad es muy simple,
está ahí, delante de ellos. ¿ Por qué los pensado res actuales no quieren reconocerla y proponen
toda clase de nuevas teorías que están en desacuerdo
con la Inteligencia Cósmica ?
Al no creer
que existe una moral basada en las leyes de la
naturaleza, su razonamiento es falso, sus conclusiones
son falsas, y todos aquellos que leen sus
libros, los siguen y adoptan sus errores, caen en
el desorden, la angustia y las tinieblas. Entonces,
j tened cuidado ! Debéis aprender a razonar y a
juzgar. Si no tenéis criterio, cualquiera podrá
induciros a error. Vigilad, no os dejéis influir
por intelectos humanos oscuros, seguid la Inteligencia
Cósmica, la cual ha ordenado y organizado
las cosas maravillosamente.
Aunque no creamos en Dios, no podemos
dejar de reconocer la existencia de un orden en
la naturaleza, lo cual implica la existencia de
una inteligencia creadora de este orden. Reparad
al menos en el hecho de que una simiente produce
a su semejante. ¿ Cómo no ver en ello la
obra de una inteligencia ? El simple hecho de
observar esta ley obliga a cambiar la visión del
mundo.
Podemos no creer en Dios, pero no
podemos dejar de creer que toda simiente se
reproduce exactamente, ya sea a través de una
planta, un árbol, un insecto, un animal o un
hombre... Esta ley es absoluta y debe haceros
reflexionar. Podéis permitiros el ser ingratos,
injustos, crueles o violentos, pero entonces no dudéis que esta ley tarde o temprano actuará a
expensas de vuestra propia vida.
Por ejemplo,
tendréis hijos, y como se os parecerán, seréis
vosotros los primeros en sufrir, a través de ellos,
vuestro propio comportamiento. Aunque Dios
no existiese, la Inteligencia Cósmica está aquí y
tenéis pruebas continuas de ello.
Hacéis lo que os viene en gana y creéis que
no padeceréis consecuencia alguna. .. Creed lo
que queráis, la Inteligencia Cósmica ya lo ha
escrito todo.
Cada pensamiento, sentimiento o
acto es una semilla que empieza a crecer, y si
habéis sido ingratos, crueles, injustos o violentos,
encontraréis un día en vuestro camino las
mismas ingratitudes, injusticias, crueldades y
violencias ; os caerán encima veinte, treinta o
cuarenta años después, y en ese momento comprenderéis
que existe una Inteligencia Cósmica
que lo registra todo.
Dejad si queréis la Biblia, los Evangelios y
también los profetas, las iglesias y los templos,
pero al menos aceptad esta ley que está ahí, irrefutable
: recogeréis lo que hayáis sembrado. ..
«Quien siembra vientos, recoge tempestades», e
dijeron los sabios después de haber observado
con atención las cosas. En cuanto a los sabios, a
los pensadores que rechazan esta verdad, también
serán atrapados, es inevitable, no podrán
escapar a las consecuencias de sus actos, y en ese momento, comprenderán. Siendo tan inteligentes,
¿ cómo no ven lo que es tan simple ?.. e
incluso os digo que a partir de esta ley podemos
restablecer todos los libros sagrados del mundo
entero . . . sí, solamente a partir de esta ley.
Muchos se dicen : « Evidentemente tal y tal
cosa están escritas en la Biblia, en los Evangelios,
pero, ¿ existe verdaderamente Dios ? » Yo os
respondo : esto no tiene que preocuparos y tampoco
necesitáis saber si Jesus existió realmente,
si los Evangelios son auténticos o no. Tomad
simplemente esta ley ; es suficiente para rehacerlo
todo y llevaros hacia la verdad. Ya lo veis, mi
explicación es simple. En ese momento si Dios
no existe, nos veremos obligados a inventarlo ;
solamente a causa de esta ley, nos veremos obligados
a inventarlo. Entonces, ¿ por qué dejarse
embaucar por pensadores que están de moda ?
En vez de llevar a los humanos hacia las cosas
simples que están ahí, visibles, tangibles, les
arrastran siempre hacia reflexiones y argumentos
. . . «originales» ¿ Me entendéis ? Aunque estos
argumentos sean contrarios a la verdad que está
escrita en la naturaleza, da igual, todos se maravillan
mientras sean nuevos, originales.
La moral es una realidad, pero los humanos
no la ven y discuten sobre Dios, sobre tal o cual
cuestión teológica . . . Es inútil discutir, basta con
saber que todo está grabado, todo. Si la naturale za ha hecho que un árbol grabe en su semilla las
propiedades, los colores, las dimensiones, los
gustos y perfumes de los frutos, ¿ por qué no
habría hecho lo mismo con el hombre ? La naturaleza
ha conseguido grabarlo todo, y precisamente
la moral está basada en esa grabación, en
la memoria de la naturaleza. Sí, la. memoria. La
naturaleza posee una memoria que nada puede
borrar. j Pobre del que no la tenga en cuenta !
Ella continúa día y noche grabando las cacofonías,
los estados espantosos que sufre el hombre
en sí mismo, y un día éste resulta pisado, destrozado,
anulado. Nadie puede escapar a esta ley,
nadie jamás ha sido lo suficientemente poderoso
para escapar a ella : ningún emperador, ningún
dictador, nadie . . . en la memoria de la naturaleza
todo se encuentra grabado.
Así pues tened cuidado porque todo lo que
hacéis, decís, pensáis o deseáis, se graba en las
profundidades de vuestras células, y tarde o temprano
recogeréis los frutos en vuestra vida. Y
lograréis crearos otro destino si cuidáis no propagar
mediante vuestros pensamientos, sentimientos
y actos, semillas malsanas y destructivas.
y no penséis que los buenos, generosos y llenos
de amor reciben siempre como recompensa
el mal y no el bien.
Los que se precipitan en
sacar conclusiones propagan estupideces dicien do : « Haced el bien y recogeréis siempre el mal»
¡No! es falso. El bien siempre produce el bien, y
el mal produce el mal.
Haced el bien y os lo
encontraréis aunque no queráis. Si hacéis el bien
y os llega el mal, se debe a que todavía hay sobre
la tierra personas que se aprovechan y abusan de
vuestra bondad. Pero hay que tener paciencia y
continuar, porque tarde o temprano serán castigados,
sometidos por seres más fuertes y violentos
que ellos ; entonces comprenderán, se
arrepentirán y vendrán a reparar las faltas cometidas.
Así es como el bien produce frutos e incluso
los duplica, ya que en estos casos el cielo tiene
en cuenta todo lo que habéis sufrido haciendo el
bien, todas las desgracias que os han ocurrido a
pesar de que no las merecíais ; toma nota y os
recompensa doblemente.
Los humanos necesitan ahora un conocimiento
sólido, completo, verídico, irrefutable, y
este saber es el que os traigo. j Vamos, tratad de
negar que recogemos lo que sembramos ! Todos,
naturalmente, estáis convencidos de la veracidad
de esta ley, pero solamente en el plano fisico, lo
cual es insuficiente. Si vais más lejos, más arriba,
encontraréis también esta ley porque el
mundo es una unidad : en todos los planos, a
todos niveles, encontramos los mismos fenómenos
bajo una forma diferente, cada vez más sutil.
Todo lo que encontramos sobre la tierra vol vemos a encontrarlo en el agua, y todo lo que
hay en el agua lo volvemos a encontrar en el
aire, etc . . . Los cuatro elementos obedecen a las
mismas leyes, pero al ser diferente su esencia y
densidad, se aprecian algunas diferencias en la
aplicación de las leyes entre unos y otros. Reaccionan
más o menos rápidamente, más o menos
violentamente, pero están dirigidos por los mismos
principios. El mundo mental del hombre,
por ejemplo, corresponde al aire : y en él encontramos
las mismas corrientes y los mismos vórtices
que en la atmósfera, pero bajo la forma más
sutil de ideas y pensamientos. Las leyes del
mundo psíquico son idénticas a las leyes de la
naturaleza.
Cuando un jardinero no ve crecer lo que no
ha sembrado, es justo y razonable, no se altera,
ni grita ; dice simplemente : « Pues qué se le va a
hacer, ya que no he tenido tiempo de sembrar
zanahorias, no las recogeré. Pero tendré lechugas,
perejil y cebollas, porque de eso sí sembré».
Aparentemente los humanos son muy expertos
en temas agrícolas. Lo son cuando se trata de
frutas y legumbres, pero cuando se refiere al
ámbito del alma, del pensamiento, no saben
nada, y creen que van a cosechar felicidad, alegría
y paz sembrando violencia, crueldad y maldad.
¡ Pues no Recogerán violencia, crueldad y
maldad. Y si en ese momento se enfurecen y rebelan, nos demuestran que no son buenos agricultores.
La primera norma de la moral es la de no
dejarse llevar por un pensamiento, sentimiento o
acto que sea peligroso o nocivo para los demás,
porque entonces os obligarán a recogerlo y
«comerlo», y si es un veneno, seréis vosotros los
primeros envenenados. Cuando consideréis esto
como una regla absoluta, empezaréis a perfeccionaros. Sé muy bien lo que a menudo impide a
los humanos entenderlo : es la lentitud con la
cual se manifiestan las leyes. Ni el bien llega
enseguida, ni tampoco el mal.
Un hombre no
cesa de infringir las leyes y todo le va bien,
mientras que otro que es honesto, que siempre
hace el bien, sólo encuentra dificultades ; entonces
todos llegáis a la conclusión de que no hay
justicia. Los humanos desconocen la razón de
esta lentitud en las recompensas y los castigos.
Se hacen preguntas y se dicen : « Si las leyes
actuasen con más rapidez, sería mucho mejor
porque entonces seríamos corregidos o recompensados
inmediatamente, con lo cual comprenderíamos
».
Pues bien, yo conozco la razón de esta lentitud.
Nos muestra la bondad y la clemencia de la
Inteligencia Cósmica al querer dar a los humanos
tiempo para experimentar, reflexionar e incluso arrepentirse, mejorarse y reparar sus
errores. Si las leyes castigasen inmediatamente
nuestras faltas, seríamos aniquilados, y no
podríamos mejoramos. El Cielo nos da tiempo enviándonos pequeños inconvenientes para que
reflexionemos y tengamos la posibilidad de
enmendamos.
En cuanto al que hace el bien, tampoco se le
recompensa inmediatamente, lo cual es mejor,
ya que si recibiese enseguida la recompensa,
comenzaría a abandonarse y entonces infringiría
las leyes. Así pues, el Cielo le permite fortalecerse
para que se consolide, para que se conozca ;
no 10 da todo inmediatamente para ver hasta
qué punto continúa haciendo el bien. Como
veis, existen razones que explican esta tardanza.
Pero que el bien atrae al bien, es absolutamente
cierto, y que el mal termina . . . muy mal, también lo es. Pero es difícil saber el tiempo que se necesita
para que se produzcan estos efectos.
Evidentemente, para continuar haciendo el
bien, mientras el mundo entero se está derrumbando
j qué fuerza, qué poder, que voluntad,
qué decisión y qué fe hay que tener ! En eso reside
el mérito, ya que en otras condiciones, cuando
todo es agradable y placentero, es demasiado
fácil creer en el bien y dejarse llevar por este
camino. Es ahora, en el momento que la situación
empeora, cuando es meritorio proseguir sin dejarse influir por las condiciones. Un discípulo,
un Maestro siempre cuenta con las fuerzas de su
espíritu. Incluso en la peor situación, siempre se
esfuerza por despertar en él los poderes de su
voluntad, del bien y de la luz. Ahí es donde
reconocemos a un verdadero espiritualista.
Mucha gente, hablando, puede pasar por espiritualista,
pero ante la menor dificultad, está por
los suelos. Entonces, ¿ dónde está la fuerza del
espíritu ? Cada uno espera de los demás que sean delicados,
amables, pacientes e indulgentes con él.
¿ Cómo lograrlo Empezando por ser uno mismo
delicado, amable, paciente e indulgente. Si
queréis que se comporten bien con vosotros,
debéis empezar vosotros a comportaros bien.
Diréis : « i esto ya lo sabemos ! » Sí, pero sólo en
teoría ; todavía hay millones de seres sobre la
tierra que siguen siendo groseros, duros, crueles
y se extrañan de que los demás les repliquen.
Están convencidos de que corresponde a los
demás el someterse y plegarse a su voluntad.
Observad su comportamiento : esperan obtener
satisfacciones por medios totalmente contrarios
a lo que desean, e inversamente, no creen que
sembrando la dulzura, el amor y la bondad
obtendrán amor, dulzura y bondad. Sin embargo,
os aseguro que si alguien se muestra arisco y
desagradable con vosotros y le seguís enviando buenos pensamientos, a l cabo de algún tiempo
capitulará.
Para obtener el afecto y la confianza, hay que
llamarlos. « i Pero los llamamos y no vienen ! »
No, cuando digo « llamarlos» significa : producirlos.
Cuando producís estados positivos en
vosotros mismos, podéis estar completamente
seguros que los encontraréis también en los
demás. Produciéndolos en vosotros mismos, los
atraéis.
Toda la magia está ahí.
Entonces, intentadlo
: si queréis recibir algo que deseáis, tratad
antes que nada de darlo. No podemos recibir lo
que no hemos dado. Diréis : «No es cierto, existen
personas muy ricas, muy bien situadas, que
no dan nada a nadie, que están encerradas en sí
mismas, desprecian a los demás y sin embargo
reciben sin cesar respeto, estima, honores . . . » Es
simplemente porque dieron todo eso en alguna
encamación anterior, y lo reciben ahora. Pero si
continúan mostrándose altivas y sin amor, recibirán
exactamente lo mismo más tarde, a través
de otros.
El secreto del éxito, el secreto de la felicidad
consiste en manifestar lo que deseáis obtener. Si
queréis sonrisas y miradas afectuosas, dad sonrisas
y miradas afectuosas. Si queréis que desde el
Cielo un ángel acuda a instruiros, encontrad a
alguien menos instruido que vosotros y empezad
a meterle algunas lucecitas en la cabeza ; inmediatamente ello se reflejará en el mundo invisible
y atraeréis los espíritus luminosos para hacer
otro tanto con vosotros.
Pues sí, esta ley es formidable y podemos utilizarla
en muchos otros planos. Sonreir y recibir
una sonrisa, es poca cosa. Habéis sonreído y os
han devuelto la sonrisa, habéis sido gentil y
amable y han sido gentiles y amables con vosotros.
Muy bien, habéis sido corteses y os sentís
rejuvenecidos, ¡ magnífico ! Pero debemos aplicar
esta ley en otras regiones para que provoque
resultados aún más formidables que una sonrisa,
un apretón de manos, una mirada, o algunas
palabras amables. Podemos revolver todo el universo
con esta ley, y esto es lo interesante : poder
llegar muy lejos, remover regiones en el espacio ...
Sólo podréis recoger los frutos correspondientes
a las semillas que habéis plantado. Ahora
bien, si el tiempo no ha sido favorable o el sol
ha sido demasiado intenso y lo ha quemado
todo, si no ha llovido o los pájaros o los topos se
han comido la siembra, ésa es otra cuestión. Porque
entonces se trata de accidentes que no alteran
la realidad de esta ley. Lo que la semilla contiene
en su interior no podemos quitárselo.
Podremos impedirle que fructifique, pero no
podremos cambiar su naturaleza. Y es precisa mente de la naturaleza de la semilla de lo que os
estoy hablando.
Así pues, si al ser amables y gentiles sólo
recibís injurias, no le deis importancia ; averiguad
de quién proceden, cuándo y en qué circunstanáas.
. .
Quizás seáis demasiado buenos,
demasiado caritativos, demasiado generosos y
confiados, y entonces, naturalmente, sois inmediatamente
clasificados en la categoría de los
imbéciles, y sufrís las convenciones establecidas
por los humanos. Pero esto no significa nada, no
durará mucho tiempo, porque la gente y las condiciones
varían, mientras que las leyes son inamovibles.
Y cuando de nuevo sean restablecidos
los verdaderos valores, todo volverá a su lugar y
recogeréis todo el bien que hayáis sembrado.
Por el momento, evidentemente, hay que ser
un líder para ser apreciado, hay que pisar a la
gente, atropellarla, humillarla, y entonces se os
considerará como alguien realmente importante,
pero no será eternamente así, porque al cabo de
algún tiempo otro líder vendrá para daros una
paliza.
No debéis dejaros impresionar por una
situación que sólo es momentánea ; a la larga
vemos cómo un ser violento es maltratado por
otro aún más violento que él.
No perdáis el tiempo buscando objeciones.
Yo conozco mejor que vosotros todas las objeciones
que podáis hacerme. No espero a que los demás me pregunten : « Sí, pero entonces . . . ¿ por
qué esto, por qué lo otro ? » Yo mismo cuestiono
mis propios argumentos, y si resisten todas las
pruebas que yo les haga, entonces digo : « Es oro,
es oro, y por lo tanto es una verdad». En cuanto
a los argumentos que no se sostienen, no me
queda otro remedio que enterrarlos : «Amén . . . »
Ahora os daré un ejemplo. Imaginaos un
bosque magnífico con animales, pájaros y árboles
repletos de flores y frutas de todas clases,
i qué riqueza ! Pero hay un inconveniente : que
está rodeado de muros altísimos y muy gruesos
que lo hacen inaccesible, e incluso sobre sus
muros hay vidrios troceados y alambres de púas.
y por si fuera poco, este bosque es muy peligroso
por los animales que lo habitan: osos, leones
y tigres que se deleitarán con el primer imprudente
que se atreva a entrar.
Pero necesitáis esas
frutas, ¿ qué hacer? . . De repente descubrís un
grupo de monos entre los árboles y, i ya está
estáis salvados ! Tomad, por ejemplo, un cesto
de naranjas, acercaos al muro, y empezad a
tirarlas una detrás de otra hacia los monos, y
como éstos son unos imitadores perfectos, tomarán
las frutas de los árboles y a su vez os las tirarán.
No tendréis más que recogerlas para volver
con las cestas llenas de frutas. El secreto, entonces,
está en tirar vuestras naranjas a los monos.
Diréis: «Pero, ¿ a qué viene esta historia ? j No podemos ir hasta el muro del bosque y tirar
naranjas a los monos ! ». Pensad que se trata de
un cuento. ¿ No habéis visto nunca un hombre
sembrando en su campo ? Tira las naranjas contra
los monos ; pero aquí las naranjas son minúsculas,
y los monos están escondidos un poquito
más abajo, bajo tierra. . . Cuando el hombre ha
terminado de sembrar se marcha tranquilamente,
y luego, unos meses más tarde, recogerá la
cosecha para llenar sus graneros.
«Ah . . . si es así, ya lo entendemos, diréis».
No, todavía no habéis entendido nada, no habéis
descifrado la imagen. Aquí los monos son las
fuerzas de la naturaleza, estén bajo tierra o sobre
los árboles, eso no tiene ninguna importancia, es
un símbolo. He aquí la explicación : el universo
que Dios ha creado es un bosque que guarda
toda clase de riquezas. Los muros son los obstáculos
que impiden al hombre alcanzarlas y los
monos son las criaturas del mundo invisible ; las
naranjas son la luz y el amor que decidís proyectar
a través de vuestros pensamientos y sentimientos.
Entonces, ¿ qué ocurre ? Algún tiempo
después las criaturas del mundo invisible harán
lo mismo que vosotros hicisteis, pero os devolverán
las frutas, es decir las bendiciones centuplicadas.
Pero si enviáis vuestra amargura, vuestro
odio y vuestra cólera, también os serán devueltos
algún día.« Recogeréis lo que hayáis sembrado», es
decir, según como actuéis en el presente, así será
vuestro futuro.
En cada instante, mediante el
trabajo interior, podéis orientar vuestro futuro.
Una vez tomada una decisión, sea buena o mala,
orientáis vuestro futuro en buen o mal sentido.
Suponed que hoy hayáis decidido servir a
Dios, ayudar a los humanos, no volver a dejaros
influir por vuestra naturaleza inferior : inmediatamente
vuestro futuro se embellece, se ilumina,
se enriquece y os aguardan todas las maravillas.
Entonces, ¿ por qué no las vivís ? Porque el pasado
todavía os tiene atados.
Pero si trabajáis manteniendo
siempre la misma dirección, con la
misma decisión, poco a poco el pasado se
diluye, y un día recibís vuestra herencia divina.
Pero he aquí que decidís vivir de nuevo una vida
egoísta ; entonces todo se altera, y os aguarda un
futuro diferente, lleno de sufrimientos y desilusiones.
Naturalmente, en un principio continuaréis
regocijándoos, haciendo negocios y vuestro
presente seguirá igual, puesto que todavía contáis
con algunas reservas que os impiden ver el
sombrío futuro que os espera. Pero en cuanto
esas reservas se agoten, ese futuro espantoso se
presentará de golpe. El futuro es fácil de crear,
pero el pasado es dificil de borrar.
Os daré otro ejemplo. Queréis marcharos de
viaje y dudáis entre Niza y Moscú. Finalmente os decidís por Niza ; supongamos que desde
entonces el camino por el cual pasáis, los paisajes,
las estaciones, están determinados. . . en el
momento en que partís en una dirección, todo
está calculado, debéis seguir un itinerario previsto,
ftjado con antelación. No sois vosotros quienes
habéis creado esos paisajes, su existencia no
depende de vosotros, pero lo que sí depende de
vosotros es la elección de la dirección.
Nosotros no creamos el futuro. Cuando decimos
que el hombre crea su destino, es una
manera de hablar ; sería mucho mejor decir que
elige su dirección. Decís : « Tomaré' este camino
», de acuerdo, pero no sois vosotros quienes
vais a crear las regiones y los seres que encontréis
en el camino. Son regiones y entidades
creadas por Dios desde hace mucho tiempo.
No
creamos nuestro destino nefasto, sino que nos
dirigimos hacia él : arenas movedizas, pantanos,
bosques peligrosos. . . simplemente decidimos
nuestra orientación, eso es todo. Y lo mismo
ocurre si se trata de un futuro espléndido : somos
nosotros quienes decidimos ir hacia él ; él está
ahí, nos espera. Existen en el espacio miles de
regiones o esferas habitadas por una inftnidad de
criaturas, y según lo que decidamos, nos elevamos
o nos hundimos al ir a visitarlas.
Todas las desgracias y dichas existen ya,
otros las conocieron antes que nosotros, fueron creadas desde hace mucho tiempo ; de nosotros
depende solamente la dirección a escoger. Por
eso debéis decidiros ahora a cambiar vuestra
dirección, orientándoos hacia las regiones del
Paraíso que Dios creó para vosotros desde la
eternidad.
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV