Existe en la naturaleza humana una tendencia que consiste en querer
aportar siempre algo nuevo, algo diferente, un deseo de mostrarse original,
de cambiar y remover las cosas desde el propio punto de vista. Esto es muy
normal y lo podéis ver por doquier, todos quieren expresar e imponer su
punto de mira. Si os analizáis vais a encontrar que en todos los temas y
ámbitos os gustaría tener algo que decir, modificar, refutar o cambiar... De
hecho es algo natural, aceptable al menos en el terreno mundano.
Pero
dentro de la Fraternidad la cuestión se presenta de otro modo. En el
pasado, han venido muchas gentes que traían ya sus gustos, sus opiniones
y, al llegar aquí entre nosotros, intentaron cambiar algunas cosas
determinadas. Incluso llegaban a poner en juicio lo que yo decía o dejaba
de decir en mis conferencias... si les hubiera permitido seguir adelante esto
hubiera sido el final de la Enseñanza.
Me diréis: “Si, pero esto es lo que ocurre en todas partes, todo el mundo
tiene derecho a discutir y a exponer sus ideas”. En el mundo de fuera
puede estar bien que las gentes se manifiesten, que indaguen y discutan, es
algo magnífico. Ellos no conocen aún las verdades iniciáticas, esta
Ciencia todavía no les ha llegado y es normal que cada uno se crea
autorizado a mantener y expresar su propia opinión.
Mientras los humanos
no han llegado a encontrar la verdad, es necesario que investiguen, que
hablen entre sí y discutan, es algo natural e indispensable para avanzar. A
fuerza de afilar sus armas, de cruzar sus aceros y hacer salir chispas, puede
que ellos lleguen a encontrar algo mejor, acercándose así poco a poco a la
verdad. Esto lo comprendo perfectamente.
Pero una vez que se ha entrado en una Escuela y se han recibido las
grandes verdades iniciáticas, si se sigue discutiendo, criticando e intentando
imponer los propios enfoques, esta será una actitud muy negativa. He aquí
algo que vosotros nunca habéis entendido. Os repito: en el mundo es
deseable la pluralidad, la diversidad. Hace falta que haya muchos
pensadores, investigadores, profesores... y que ellos discutan entre sí está
bien.
Un día descubrirán la verdad y se acabarán las discusiones, todos
estarán de acuerdo pero, mientras esto suceda, el mundo seguirá siendo un
magnífico terreno que el Cielo ha dado a los humanos para que puedan
decir toda clase de tonterías, antes de encontrar la verdad.
Cada vez más se promueve en la gente una actitud crítica: protestar.
Oponer, refutar... Lo entiendo, es importante que haya discernimiento.
Pero dentro de una Escuela donde se trabaja con verdades eternas, conservar esta actitud es la peor de las aberraciones. Y si aquí solo hay un
instructor es porque ya es suficiente con él, si es veraz, para llevaros hacia
la unidad. Pero a la gente le gusta cambiar, necesitan ver caras distintas, ir
de una enseñanza a otra, ellos aman la variedad... como en los music-halls,
les gusta que haya vedettes de todo tipo. Pero, ¿Acaso esto les servirá para
descubrir la verdad? Seguramente no, pero les da igual, ellos se contentan
incluso con engaños, siempre y cuando sean de su agrado. Así que si
vosotros preferís la variedad podéis ir a los cabarets y estaréis siempre
satisfechos, allí veréis todo tipo de números, exhibiciones, muecas... Pero
aquí, es preciso que aceptéis las “muecas” de uno sólo si queréis conocer la
verdad.
A menudo, veo los debates en la televisión y, cuando reflexiono en lo
que cada uno dice allí a la luz de esta Filosofía que me ha sido dada de lo
alto, me digo: “¡Cuan lejos están aún! Pero por lo menos lo intentan los
pobres y puede ser que un día, luego de haber discutido durante miles de
años, ellos encuentren la verdad”. Ellos vienen y se ponen ante las cámaras
para debatir lo que sea, y terminan sin haber resuelto nada. Si supieran que
muchos de los problemas que son motivo de discusión se pueden explicar a
través de la reencarnación... Pero la mayoría no cree en ella y he aquí el
porqué de tantas preguntas sin respuesta.
A veces incluso me pregunto si
los humanos buscan realmente la verdad.
A todo el mundo le gusta el cambio: cambiar de alimentación, de trajes,
de diversiones, de casa, de amigos, de pareja... Si, variar continuamente sin
parar... hasta dentro de una Escuela iniciática se exige esta variedad.
Es por
esto que he tenido que poner freno a muchas personas que venían aquí en el
pasado, queriendo transformar y reformarlo todo. Yo me decía: “Si les
dejo hacer, no quedará huella alguna del espíritu de esta Enseñanza, así que
debo enviarles a exponer sus ideas fuera de aquí!” Y se han marchado.
Aún hoy en día, hay quienes vienen ala la Fraternidad y ya de entrada,
sin comprender la naturaleza del trabajo que estamos haciendo aquí,
empiezan a sugerir mejoras. Y, ¿cuáles son estas mejoras? Introducir
prácticas provenientes de otras enseñanzas, incluso cantos y danzas de
Africa o de Haití... Está bien tener el deseo de mejorar las cosas pero
¿harán falta cambios como estos? Allí donde nada está bien y todo se
encuentra estancado sí que son necesarios los cambios. En tal caso, cabe
emprenderlos por todos los medios.
Pero, por ejemplo, ¿Habéis pensado
que hay alguien a la cabeza de esta Fraternidad, que la dirige y es responsable de ella y que, si está en ese lugar, es porque ha sido preparado
y calificado para este trabajo? Ah, pero no, por lo visto no vale la pena
consultarle ni darle explicaciones, ni pedirle permiso... es mejor ir
directamente a hablar y gesticular ante los hermanos y hermanas, para eso
se es libre!
Pues bien, es esta actitud anárquica tan extendida en el mundo de hoy la
causa de tantos hechos catastróficos.
Las gentes se niegan a respetar las
normas, no importa que estas sean magníficas, divinas... Por eso, cuan
vienen aquí entre nosotros, que conocemos y acatamos estas normas, ellos
intentan propagar la anarquía como ocurre por doquier. Pero como yo
estoy ahí vigilando, observo sus movimientos, sus teorías y su forma de
actuar, puesto que ellos podrían llegar a desunir y acabar con todo lo que
hemos logrado realizar hasta ahora, de modo que finalmente he decidido
intervenir para decirles: “Bueno, id a donde queráis, hay muchos otros
sitios. Resulta fácil llegar a una colectividad que ya está funcionando de
una manera organizada y querer dirigirla, gobernarla y mandar en ella... Id
y haced el mismo trabajo que yo estoy haciendo aquí, esforzaos en fundar
una Fraternidad, a ver si lo podéis lograr. ¡Si ni tan siquiera os escucha
vuestra mujer ni vuestros hijos! Es obvio que es demasiado fácil andar por
un camino que otros han construido con grandes esfuerzos y sacrificios.
Ensayad construir vosotros una Fraternidad, es entonces cuando podréis
demostrar vuestra capacidad, vuestros conocimientos, vuestro amor... Pero
si pretendéis sembrar allí donde ya otros han preparado el terreno, lo menos
que podéis hacer es pedirles permiso.”
Si los hermanos y hermanos empiezan a aceptar sin más los cantos y
gestos de cualquier parte del mundo, sin discernir lo que ello puede aportar,
terminarán por evocar toda clase de espíritus tenebrosos. Y esto es triste
porque demuestra el riesgo de que, si yo no estoy aquí para vigilar, os
dejareis influenciar por el primero que venga a mostraros a saber que gestos
mágicos o ceremoniales de otras religiones, y le seguiréis sin reflexionar,
sin razonar a donde puede conduciros todo aquello.
Siempre debéis tener el deseo de innovar y crear, pero estaréis en el
error si pensáis que todo lo que os viene a la mente es sublime.
Es
necesario verificar con alguien competente si vuestros proyectos son
verdaderamente maravillosos, si van a contribuir a crear armonía, o por el
contrario van a destruirla. Pero las gentes no preguntan nada a nadie y,
puesto que aún no han llegado a un nivel superior de consciencia que les
permitiría discernir entre lo que es bueno o malo, lo mezclan todo: Ellos
no entienden cual es nuestro objetivo, nuestra labor, ni en que dirección nos
orientamos, por eso quieren cambiarlo todo aquí. El hecho de que yo haya sido designado por el Maestro Peter Deunov para impedir que nunca nadie
venga a pretender cambiar el espíritu de esta Enseñanza les tiene sin
cuidado... Ellos quieren traernos toda clase de métodos de espiritualidad:
japoneses, congoleses, marroquíes... Todo aquello está bien, pero no para
nuestra Enseñanza.
Pero ¡intentad enseñarles a los humanos a discernir! Hay una joven de
unos veinte años de edad que viene hace algún tiempo a la Fraternidad.
Hasta hace un año, era ciertamente encantadora, con un aire fresco, puro,
gracioso.
Hace unos días pude percibir con sorpresa que ella había
cambiado, algo en la expresión de su mirada, en la forma de moverse... se
diría que había envejecido diez años. Hablé un momento con ella y me
contó que ahora estaba practicando la danza. “Ah, le pregunté, ¿y qué tipo
de danza practicas? “ -“Bailes de Marruecos, me respondió, y en particular
la danza del vientre” Esto me dejó estupefacto y le dije: “Pero ¿cómo no
te has dado cuenta de que estos bailes despiertan en vosotras fuerzas que no
están en armonía con nuestra Enseñanza, hasta el punto de que todo tu
encanto ha desaparecido? No es que yo esté en contra de la danza,
siempre y cuando sus movimientos despierten impulsos divinos, pero, en el
caso de aquellos bailes, lo que promueven son los impulsos sensuales y
sexuales!” Dejemos estas danzas para los africanos que las han inventado,
ellas pueden ser válidas allí, pero no lo son para nosotros ni para nuestro
ideal.
Nosotros tenemos otras formas de desarrollar las facultades aún
dormidas en el hombre.
Si aún no habéis entendido que nuestra labor aquí es bastante especial,
entonces podéis ir a buscar otros grupos, yo no voy a reteneros, hay grupos
magníficos. Pero dejadme hacer mi trabajo.
El Maestro Peter Deunov me
ha estado preparando durante años y años para que pudiese guardar el
espíritu de esta Enseñanza, pero veo que ni los propios hermanos y
hermanas han comprendido bien lo que es este espíritu, por eso se dejan
embaucar por cualquiera y en cualquier parte, sin esforzarse por saber
realmente lo que es mejor para su avance.
Así que, mis queridos hermanos y hermanas, entendedme bien. Nunca
me he opuesto a quienes toman iniciativas constructivas, todo lo contrario,
necesito hermanos y hermanas dinámicos, activos, enérgicos, capaces de
crear, de producir grandes obras... ellos son bienvenidos. Pero cuando
algunos intentan introducir prácticas que contradicen el espíritu de nuestra
Enseñanza o que falsean nuestra orientación, esto es otra cosa: si yo lo
aceptara sería el primero en recibir las reprimendas de lo alto. El hecho de que ciertas prácticas rituales como por ejemplo las del Vudú se hayan
puesto de moda en Occidente, no implica que tengamos que adoptarlas.
Dejémoslas en su sitio, en aquellas tribus o aquellas islas... no tengo nada
en contra, pero no las quiero aquí donde trabajamos exclusivamente para la
luz, para la Gran Fraternidad Blanca Universal.
Y bien, podré parecer muy estricto, pero estoy obligado a velar por la
Fraternidad. Aunque vinieran a ofrecerme millones para cambiar de
orientación o cambiar el espíritu de nuestra Enseñanza, jamás los aceptaría,
y lo he demostrado. En varias ocasiones en el pasado, hombres y mujeres
con dinero han querido comprarme y nunca he accedido a ello. Yo no estoy
aquí para complacer a quienes pretenden sacar provecho de la
espiritualidad para complacer a quienes pretenden servirse de la
espiritualidad para obtener sus fines, sino para cumplir la voluntad de los
Espíritus de lo alto que me han enviado.
Os lo repito, sólo hay un caso en el cual tenéis derecho a proponer
cambios: cuando seáis un modelo de honestidad, de integridad y desinterés,
cuando hayáis vencido vuestros defectos y no quede nada oscuro en
vosotros, entonces la Inteligencia cósmica os otorgará el derecho de aportar
reformas y mejoras por doquier. Pero hasta que no estéis a punto, no
tendréis tal derecho. Un día le dije a alguno: “Usted tiene todo el derecho
de dar de golpes y bofetadas a otro, sí, tiene derecho; pero a condición de
que con esto logre transformarle. Usted tiene derecho a poner a alguien en
una parrilla y freírlo, siempre y cuando sea capaz de sacarlo luego
rejuvenecido y mejorado. De no ser así, usted no tiene ningún derecho...”
Si usted le da a alguien una bofetada, los testigos que lo ven pueden
escandalizarse... Pero si el otro tenía torcida la mandíbula y su bofetada la
pone en su lugar, entonces ¿donde está el crimen? Alguien dirá: “Pero esto
va en contra de la ley, no es necesario dar bofetadas!” De acuerdo, pero
pensad cómo estaba su mandíbula y cómo le ha quedado ahora... Así,
¿Cuál es la ley que hay que aplicar en estos casos? ¿La que rige sobre los
actos o la que gobierna los resultados?
¿Acaso está permitido tirar abajo la casa de alguno?
Sí, siempre y
cuando podáis construirle otra mejor, de lo contrario os recomiendo
permanecer quietos y no intervenir. Hay que saber reparar: algunos que han
incendiado la casa del vecino vienen a darle excusas, a pedir perdón y creen
que es suficiente con esto. No. Ellos tendrían que reconstruirle su casa y
es sólo así como podrían ser perdonados. El perdón no se obtiene mientras
que la falta no ha sido reparada.
La gente cree que basta con dar excusas. No, presentar una excusa puede estar bien, pero cuando la casa ha sido
destruída y reducida a cenizas no es suficiente.
Ya veis cómo se trata de un tema amplio y vasto, así que ahora sois
vosotros quienes debéis discernir cuando podéis aportar cambios y cuando
carecéis del derecho a emprenderlos.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Le Bonfin, Enero 4 de 1980

No hay comentarios.:
Publicar un comentario