Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Evolución y creación



Desde el principio de su evolución el hombre siente el deseo de crear, como lo demuestran los descubrimientos arqueológicos. E incluso en la más temprana edad el niño quiere construir, dibujar, pintar . . . Podemos decir que entre los instintos más fuertes y tenaces que el hombre posee, está la necesidad de ser un creador y así asemejarse a su Padre Celestial. El arte es la prueba de que ese deseo experimentado por todo hombre de ser un creador no se limita a la creación infantil, a una simple reproducción para la conservación de la especie. Se manifiesta como una necesidad de ir más lejos, de dar un paso más para encontrar algo todavía más hermoso, más sutil y más perfecto. 

El poder creador del hombre reside más allá de su nivel de conciencia ordinaria ; se encuentra en un aspecto de su alma que se manifiesta como la facultad de explorar, de contemplar realidades que le sobrepasan, captando los elementos que la forman. Crear es avanzar, adelantarse. Si algunos inventores han hecho descubrimientos revolucionarios, se debe a que han podido elevarse hasta la esfera de la imaginación y aún más arriba, hasta la de la intuición, para captar ideas, imágenes que después transcriben y realizan. 

La ciencia oficial todavía no ha explorado las posibilidades de la intuición ni la naturaleza de esta facultad, que al igual que una antena, un radar, puede prever, predecir, proyectarse en el futuro. Cuando algunos sabios que se encuentran a mitad de camino entre la ciencia oficial y la ciencia esotérica lanzan ideas avanzadas, no las creemos, las rechazamos y criticamos ; pero más tarde nos vemos obligados a reconocer que han sido grandes precursores. Esta facultad de imaginar que el hombre posee es verdaderamente creadora, y si sabe cómo purificarla y cultivarla en un estado de claridad y lucidez perfectas, es capaz de hacerle descubrir realidades jamás vislumbradas hasta ahora. Todos los inventores han pasado horas enteras sumergidos en sus investigaciones y sus meditaciones, y no podemos negar que su intuición ha sido una facultad verdaderamente auténtica. Y nosotros, aquí, en una Escuela iniciática, hacemos exactamente lo mismo que ellos, pero conscientemente, con conocimiento de causa, aunque con la salvedad de que nuestra imaginación no está orientada hacia descubrimientos físicos, químicos o técnicos, sino hacia descubrimientos internos, espirituales. 

Así pues, a nosotros esta imaginación nos permite hacer descubrimientos que muchos no pueden ni siquiera sospechar. Ya os he dicho en otras conferencias que podemos considerar la imaginación como una mujer en nuestro interior que trae al mundo sus hijos. . . Su éxito o fracaso depende de la calidad de los gérmenes que le hayamos dado. Si esos hijos producen desperfectos, el padre se verá obligado a subsanar los daños e incluso a veces será perseguido, castigado y desposeído por su causa. Por el contrario si los hijos son premiados, serán los padres quienes recibirán los honores. Diréis : « Pero, ¿ quiénes son esos hijos ? » 
Son nuestros pensamientos y sentimientos, y su padre somos nosotros mismos. 

He aquí de nuevo un tema muy amplio que estudiar y profundizar, pero para no extenderme volveré a lo esencial. El instinto de creación que todos tenemos nos empuja a sobrepasar nuestras posibilidades normales y nos pone en contacto con otras regiones, otros mundos plenos de existencias etéricas, sutiles y luminosas ; gracias a esa parte de nosotros mismos que ha conseguido desplazarse más allá para captar ciertos elementos completamente nuevos, podemos crear hijos que nos superan y obras maestras que nos sobrepasan. Ya que a menudo la creación es mucho más bella que su autor. A veces veis un hombrecito normal y corriente, pero resulta que ese hombrecito ha producido una obra gigantesca, digna de un titán. 
Esa parte sutil de él mismo que tiene la facultad de desplazarse ha conseguido llegar muy lejos, muy arriba, donde se ha enriquecido acumulando nuevos elementos, y después, al ponerse a trabajar, ha realizado una obra inaudita, prodigiosa, para asombro del mundo entero. Si bien todos los hombres tienen la necesidad de crear, desgraciadamente pocos son capaces de ser verdaderos creadores en el plano del espíritu. 

Muy pocos se elevan hasta ese nivel sabiendo que, para producir obras sublimes, se deben conocer ciertas leyes y ejercitarse de una manera especial. ¿ Cuál es esa manera ? Vais a verlo . . . ¿ Por qué la tierra, tan fría, desnuda y estéril en invierno, se viste en primavera de una vegetación tan hermosa y coloreada, de hierbas, flores, árboles y frutos ? Se debe a que en esa época del año se encuentra más expuesta al sol y empieza a recibir de él ciertos elementos. Se pone a trabajar y nos ofrece generosamente, «obras maestras » extraordinarias, coloreadas, dulces y perfumadas. Así pues, si el hombre quiere crear y producir obras destacadas, deberá también encontrar un sol, un ser más poderoso e inteligente que él con el cual pueda unirse y hacer intercambios. ¿ Comprendéis ahora por qué nos levantamos de mañana para contemplar la salida del sol ? Para aprender a crear obras que se le asemejen, obras nuevas, limpias, llenas de luz, de calor y de vida. Pero en realidad el sol aquí es un símbolo . . . un símbolo de Dios, junto al cual debemos ir para unirnos a El, ya que gracias a esos intercambios con el Señor podremos convertirnos en creadores como El. 

Esta es la razón de ser de la oración, la meditación, la contemplación y de todos los ejercicios espirituales. Pero no sé si eso está muy claro para vosotros, así que profundizaré un poco más en esta cuestión. Tengo desde hace mucho tiempo el deseo de combatir la filosofia materialista y anularla. Diréis : «i Qué ambición, qué orgullo ! Nadie lo ha conseguido hasta el momento». Pues yo tengo algunos argumentos bastante simples, gracias a los cuales espero conseguirlo. Tomo dos vasos en los que vierto dos perfumes distintos. Los dos vasos están separados, son dos objetos diferentes. Desde un punto de vista materialista no existe ninguna comunicación entre ellos y es cierto : en cuanto se refiere a la forma exterior, a su contenido, es exacto, los vasos siguen separados. Pero eso ya no es cierto si consideramos el contenido, puesto que se desprenden de cada perfume partículas sutiles que suben y se propagan en el aire, fusionándose. 

Una ciencia que se ocupa sólo de fenómenos visibles, tangibles y medibles e ignora lo que sucede en los niveles más sutiles de las quintaesencias y de las emanaciones invisibles, deja escapar la mitad de la verdad y por lo tanto no es verídica. Consideremos el sol. Está lejos, a millones de kilómetros de distancia, y sin embargo lo sentimos aquí, nos llega, nos calienta y nos cura. ¿ Cómo entonces nos alcanza, a pesar de estar tan lejano ? Se debe a que de él sale una quintaesencia que forma parte de él, sus rayos, gracias a los cuales establece contacto con nosotros, abrazándonos, acariciándonos, penetrándonos, con lo cual nos fusionamos con él. Puesto que la luz y el calor del sol no son otra cosa que el propio sol, podemos decir que el sol y la tierra se tocan, que los planetas se tocan. Fijaos en nuestro planeta : está la tierra ; encima de la tierra, el agua ; encima del agua, el aire ; y encima del aire, el  éter. A este nivel podemos afirmar que los planetas se tocan. No se fusionan en su aspecto sólido, sino en su aspecto sutil, en su alma. 

Por ello la astrología siempre ha creído en la influencia de los planetas y las constelaciones. 
Estudiemos ahora esos pequeños planetas que son los hombres y las mujeres. ¿ Qué ocurre entre ellos ? Aquí hay un joven y allá una muchacha : se miran, se sonríen . . . Si consideramos las cosas desde un punto de vista materialista, diremos : « He aquí dos cuerpos definidamente distintos, separados, que no se tocan ; por lo tanto no existe entre ellos ninguna comunicación ». Pero si consideramos la cuestión desde un punto de vista espiritual, nos pronunciaremos de manera diferente, puesto que si las almas de estos jóvenes se comunican, están realmente fusionadas entre sí mediante fluidos y emanaciones, al igual que se fusionarían los rayos de dos soles en el espacio. Estas pocas palabras os ayudarán a comprender que gracias a sus cuerpos sutiles, el hombre tiene la posibilidad de alcanzar el Alma universal y unirse a ella. 
Esa es la razón de ser del rezo. 

La oración no es más que un intercambio con el Creador, un acto por el cual nos elevamos por encima de nosotros mismos para encontrar los elementos que nos ayudarán a crear obras perfectas, obras divinas. 
Y he aquí otro punto esencial de la moral cósmica : si un creador quiere producir una obra maestra, inolvidable, no deberá limitarse únicamente al nivel de los cinco sentidos, como hacen muchos artistas hoy en día, en que la moda, artísticamente, consiste en fijarse en las realidades más prosaicas. La mayoría de los artistas ya no saben cómo elevarse para contemplar la belleza sublime y proponen al público simplezas o monstruosidades, « chapuzas », porque han olvidado el secreto de la verdadera creación. Si deseáis ser verdaderos creadores, uníos a la Divinidad para recibir algunas partículas de ella y comunicarlas después a vuestra creación, y así será como vuestro hijo : vuestra obra os sobrepasará por su belleza e inteligencia. 

Ahí tenéis, queridos hermanos y hermanas, nuevos horizontes : saber intercambiar con todo aquello que es superior, saber que la oración, la meditación, la contemplación son medios de creación. Esas posibilidades son tan amplias, que una existencia no sería suficiente para explorarlas todas. 
Nada es tan importante para el hombre como restablecer el lazo con el Creador. ¿ No habéis observado que el nacimiento de los niños se basa en esta misma ley : la madre que debe unirse al padre, fusionarse con él ? Toda creación necesita la unión de un padre y una madre. Pero si en la concepción no interviene el aspecto sutil que es el alma, la imaginación para captar los elementos superiores, entonces la creación fracasará, y si no fracasa, de cualquier forma no se producirá mejora alguna. Ahora bien, la creación no es inmovilización, una simple reproducción, una copia, sino un paso adelante, una evolución. Gracias a ese instinto d e crear, cada ser evoluciona, todo el cosmos evoluciona. Puesto que, excepto Dios, todo debe evolucionar.

OMRAAM

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