Desde el principio de su evolución el hombre
siente el deseo de crear, como lo demuestran los
descubrimientos arqueológicos. E incluso en la
más temprana edad el niño quiere construir,
dibujar, pintar . . . Podemos decir que entre los
instintos más fuertes y tenaces que el hombre
posee, está la necesidad de ser un creador y así
asemejarse a su Padre Celestial.
El arte es la prueba de que ese deseo experimentado
por todo hombre de ser un creador no
se limita a la creación infantil, a una simple
reproducción para la conservación de la especie.
Se manifiesta como una necesidad de ir más
lejos, de dar un paso más para encontrar algo
todavía más hermoso, más sutil y más perfecto.
El poder creador del hombre reside más allá de
su nivel de conciencia ordinaria ; se encuentra
en un aspecto de su alma que se manifiesta
como la facultad de explorar, de contemplar realidades
que le sobrepasan, captando los elementos
que la forman. Crear es avanzar, adelantarse. Si algunos inventores han hecho descubrimientos
revolucionarios, se debe a que han
podido elevarse hasta la esfera de la imaginación
y aún más arriba, hasta la de la intuición, para
captar ideas, imágenes que después transcriben y
realizan.
La ciencia oficial todavía no ha explorado
las posibilidades de la intuición ni la naturaleza
de esta facultad, que al igual que una
antena, un radar, puede prever, predecir, proyectarse
en el futuro. Cuando algunos sabios que
se encuentran a mitad de camino entre la ciencia
oficial y la ciencia esotérica lanzan ideas avanzadas,
no las creemos, las rechazamos y criticamos
; pero más tarde nos vemos obligados a
reconocer que han sido grandes precursores.
Esta facultad de imaginar que el hombre
posee es verdaderamente creadora, y si sabe
cómo purificarla y cultivarla en un estado de
claridad y lucidez perfectas, es capaz de hacerle
descubrir realidades jamás vislumbradas hasta
ahora. Todos los inventores han pasado horas
enteras sumergidos en sus investigaciones y sus
meditaciones, y no podemos negar que su intuición
ha sido una facultad verdaderamente auténtica.
Y nosotros, aquí, en una Escuela iniciática,
hacemos exactamente lo mismo que ellos, pero
conscientemente, con conocimiento de causa,
aunque con la salvedad de que nuestra imaginación
no está orientada hacia descubrimientos físicos, químicos o técnicos, sino hacia descubrimientos
internos, espirituales.
Así pues, a nosotros
esta imaginación nos permite hacer descubrimientos
que muchos no pueden ni siquiera
sospechar.
Ya os he dicho en otras conferencias que
podemos considerar la imaginación como una
mujer en nuestro interior que trae al mundo sus
hijos. . . Su éxito o fracaso depende de la calidad
de los gérmenes que le hayamos dado. Si esos
hijos producen desperfectos, el padre se verá
obligado a subsanar los daños e incluso a veces
será perseguido, castigado y desposeído por su
causa. Por el contrario si los hijos son premiados,
serán los padres quienes recibirán los honores.
Diréis : « Pero, ¿ quiénes son esos hijos ? »
Son nuestros pensamientos y sentimientos, y su
padre somos nosotros mismos.
He aquí de nuevo
un tema muy amplio que estudiar y profundizar,
pero para no extenderme volveré a lo esencial.
El instinto de creación que todos tenemos
nos empuja a sobrepasar nuestras posibilidades
normales y nos pone en contacto con otras
regiones, otros mundos plenos de existencias
etéricas, sutiles y luminosas ; gracias a esa parte
de nosotros mismos que ha conseguido desplazarse
más allá para captar ciertos elementos
completamente nuevos, podemos crear hijos que nos superan y obras maestras que nos sobrepasan.
Ya que a menudo la creación es mucho más
bella que su autor. A veces veis un hombrecito
normal y corriente, pero resulta que ese hombrecito
ha producido una obra gigantesca, digna
de un titán.
Esa parte sutil de él mismo que tiene
la facultad de desplazarse ha conseguido llegar
muy lejos, muy arriba, donde se ha enriquecido
acumulando nuevos elementos, y después, al
ponerse a trabajar, ha realizado una obra inaudita,
prodigiosa, para asombro del mundo entero.
Si bien todos los hombres tienen la necesidad
de crear, desgraciadamente pocos son capaces de
ser verdaderos creadores en el plano del espíritu.
Muy pocos se elevan hasta ese nivel sabiendo
que, para producir obras sublimes, se deben
conocer ciertas leyes y ejercitarse de una manera
especial. ¿ Cuál es esa manera ? Vais a verlo . . .
¿ Por qué la tierra, tan fría, desnuda y estéril
en invierno, se viste en primavera de una vegetación
tan hermosa y coloreada, de hierbas, flores,
árboles y frutos ? Se debe a que en esa época del
año se encuentra más expuesta al sol y empieza
a recibir de él ciertos elementos. Se pone a trabajar
y nos ofrece generosamente, «obras maestras
» extraordinarias, coloreadas, dulces y perfumadas.
Así pues, si el hombre quiere crear y
producir obras destacadas, deberá también
encontrar un sol, un ser más poderoso e inteligente que él con el cual pueda unirse y hacer
intercambios.
¿ Comprendéis ahora por qué nos levantamos
de mañana para contemplar la salida del sol ?
Para aprender a crear obras que se le asemejen,
obras nuevas, limpias, llenas de luz, de calor y
de vida. Pero en realidad el sol aquí es un símbolo
. . . un símbolo de Dios, junto al cual debemos
ir para unirnos a El, ya que gracias a esos intercambios
con el Señor podremos convertirnos en
creadores como El.
Esta es la razón de ser de la
oración, la meditación, la contemplación y de
todos los ejercicios espirituales. Pero no sé si eso
está muy claro para vosotros, así que profundizaré
un poco más en esta cuestión.
Tengo desde hace mucho tiempo el deseo de
combatir la filosofia materialista y anularla.
Diréis : «i Qué ambición, qué orgullo ! Nadie lo
ha conseguido hasta el momento». Pues yo tengo
algunos argumentos bastante simples, gracias
a los cuales espero conseguirlo. Tomo dos vasos
en los que vierto dos perfumes distintos. Los
dos vasos están separados, son dos objetos diferentes.
Desde un punto de vista materialista no
existe ninguna comunicación entre ellos y es
cierto : en cuanto se refiere a la forma exterior, a
su contenido, es exacto, los vasos siguen separados.
Pero eso ya no es cierto si consideramos el
contenido, puesto que se desprenden de cada perfume partículas sutiles que suben y se propagan
en el aire, fusionándose.
Una ciencia que se
ocupa sólo de fenómenos visibles, tangibles y
medibles e ignora lo que sucede en los niveles
más sutiles de las quintaesencias y de las emanaciones
invisibles, deja escapar la mitad de la verdad
y por lo tanto no es verídica.
Consideremos el sol. Está lejos, a millones de
kilómetros de distancia, y sin embargo lo sentimos
aquí, nos llega, nos calienta y nos cura.
¿ Cómo entonces nos alcanza, a pesar de estar
tan lejano ? Se debe a que de él sale una quintaesencia
que forma parte de él, sus rayos, gracias a
los cuales establece contacto con nosotros, abrazándonos,
acariciándonos, penetrándonos, con
lo cual nos fusionamos con él. Puesto que la luz
y el calor del sol no son otra cosa que el propio
sol, podemos decir que el sol y la tierra se tocan,
que los planetas se tocan. Fijaos en nuestro planeta
: está la tierra ; encima de la tierra, el agua ;
encima del agua, el aire ; y encima del aire, el éter. A este nivel podemos afirmar que los planetas
se tocan. No se fusionan en su aspecto sólido,
sino en su aspecto sutil, en su alma.
Por ello
la astrología siempre ha creído en la influencia
de los planetas y las constelaciones.
Estudiemos ahora esos pequeños planetas que son los hombres y las mujeres. ¿ Qué ocurre
entre ellos ? Aquí hay un joven y allá una
muchacha : se miran, se sonríen . . . Si consideramos
las cosas desde un punto de vista materialista,
diremos : « He aquí dos cuerpos definidamente
distintos, separados, que no se tocan ; por lo
tanto no existe entre ellos ninguna comunicación
». Pero si consideramos la cuestión desde un
punto de vista espiritual, nos pronunciaremos de
manera diferente, puesto que si las almas de
estos jóvenes se comunican, están realmente
fusionadas entre sí mediante fluidos y emanaciones,
al igual que se fusionarían los rayos de dos
soles en el espacio.
Estas pocas palabras os ayudarán a comprender
que gracias a sus cuerpos sutiles, el hombre
tiene la posibilidad de alcanzar el Alma universal
y unirse a ella.
Esa es la razón de ser del rezo.
La oración no es más que un intercambio con el
Creador, un acto por el cual nos elevamos por
encima de nosotros mismos para encontrar los
elementos que nos ayudarán a crear obras perfectas,
obras divinas.
Y he aquí otro punto esencial
de la moral cósmica : si un creador quiere
producir una obra maestra, inolvidable, no
deberá limitarse únicamente al nivel de los cinco
sentidos, como hacen muchos artistas hoy en
día, en que la moda, artísticamente, consiste en
fijarse en las realidades más prosaicas. La mayoría de los artistas ya no saben cómo elevarse
para contemplar la belleza sublime y proponen
al público simplezas o monstruosidades, « chapuzas
», porque han olvidado el secreto de la
verdadera creación.
Si deseáis ser verdaderos creadores, uníos a la
Divinidad para recibir algunas partículas de ella
y comunicarlas después a vuestra creación, y así
será como vuestro hijo : vuestra obra os sobrepasará
por su belleza e inteligencia.
Ahí tenéis,
queridos hermanos y hermanas, nuevos horizontes
: saber intercambiar con todo aquello que es
superior, saber que la oración, la meditación, la
contemplación son medios de creación. Esas
posibilidades son tan amplias, que una existencia
no sería suficiente para explorarlas todas.
Nada es tan importante para el hombre
como restablecer el lazo con el Creador. ¿ No
habéis observado que el nacimiento de los niños
se basa en esta misma ley : la madre que debe
unirse al padre, fusionarse con él ? Toda creación
necesita la unión de un padre y una madre.
Pero si en la concepción no interviene el aspecto
sutil que es el alma, la imaginación para captar
los elementos superiores, entonces la creación
fracasará, y si no fracasa, de cualquier forma no
se producirá mejora alguna. Ahora bien, la creación
no es inmovilización, una simple reproducción,
una copia, sino un paso adelante, una evolución. Gracias a ese instinto d e crear, cada ser
evoluciona, todo el cosmos evoluciona. Puesto
que, excepto Dios, todo debe evolucionar.
OMRAAM

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