Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

sábado, 24 de noviembre de 2018

LAS FUERZAS RACIONALES EN LA NATURALEZA VIVIENTE




LA RACIONALIDAD MANIFESTADA EN LA ESTRUCTURA DEL ORGANISMO LA LEY SAGRADA

La naturaleza viviente en su totalidad es una manifestación de fuerzas racionales de diferentes grados que viven en perfecta unidad. Todas tienen un propósito supremo al que llamamos Naturaleza, Ley, Dios, Razón, o todo aquello que está fuera de los límites o comienzos en los que todas las cosas actúan, existen y se desarrollan. La vida, en su presente manifestación, es de la misma naturaleza. Ello no significa la vida terrenal, revestida de sus deseos y aspiraciones terrenales, sino la vida del hombre espiritual, dentro de la cual bulle algo divino. ººº Todos los poetas, filósofos y escritores tratan acerca de esto, de lo que es divino en el hombre. Esos poetas y filósofos saben que más allá de este mundo visible hay algo racional, subordinado a ciertas leyes en las que todas las acciones, sin excepción alguna, están exactamente determinadas.

La contradicción en la vida existe solamente para los ignorantes, cuyas cualidades distintivas son: limitación, crueldad y violencia. No saben que uno no puede tratar el agua con violencia, porque no importa cuanto la golpeen, la maltraten, o las medidas que adopten contra ella, siempre resistirá y no experimentará cambios, debido a su propia naturaleza. 

Por donde quiera encuentre una salida, por allí irá. Esto debe hacernos entender que el agua no necesita cambiar, sino que simplemente es para ser utilizada. No le podéis pedir a una cuerda que se mantenga derecha y no se tuerza. Podéis pedirle flexibilidad y resistencia. Esas son las cualidades de una cuerda. 
No podéis pedir que una roca sea blanda y moldeable, sino que sea rígida y dura. Consecuentemente, cuando hablamos sobre la vida humana, debemos compararla con el agua. Es importante que se utilice la vida sabiamente, sin limitarla ni intentar cambiar su naturaleza. Esto es lo que entendemos por la palabra “vida” en la ciencia superior. Ninguna cultura del pasado, no importa cuan evolucionada estuviese, ha sido capaz de cambiar la naturaleza de la vida. A través de todas las épocas se ha venido manifestando de la misma manera. Las diferencias han estado solamente en el grado de inteligencia de los seres vivientes. 

El poder de la mente que penetra la vida actual, la cambia para mejorarla, dándole una dirección nueva y más elevada. Las concepciones filosóficas que dicen que en la vida hay algo maligno, obedecen a un conocimiento erróneo de la vida misma, a una falta de recta comprensión. Ello tiene su origen en la escasa luz que tiene la gente, pues el mal se genera en la oscuridad. 

Lo que es malo en la vida ha entrado en ella desde el exterior. Una prueba de ello es el hecho de que a los animales salvajes les gustan los lugares oscuros y evitan la luz. La vida requiere una purificación gradual, una filtración, pues en su desenvolvimiento no puede evitar que elementos extraños procedentes del exterior dañen su frescura y pureza. 

Pero así como el agua es indispensable para que haya vida en la tierra, de la misma manera, la vida es una condición necesaria para todos los seres inteligentes. Así como podemos transformar el agua del estado líquido al gaseoso, los seres inteligentes pueden transformar la vida de un estado a otro según la misma ley. Por eso, las sociedades contemporáneas que desean tener un mejor orden social y gobernantes juiciosos, deben estudiar las leyes de esos seres inteligentes que dirigen todo en la naturaleza. De este modo puede ser explicado el hecho de que hace miles de años, un eminente estadista y legislador hebreo, dio la ley a su pueblo con estas palabras: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón”, en tanto que dos mil años más tarde, Cristo dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” Esta elevada inteligencia en la naturaleza viviente puede ser vista en todas partes. 
La vemos en todos los organismos de las plantas, animales y seres vivientes. 

Analizando el modo en que están construidos, vemos esta manifestación inteligente y este afán en mantenerse dentro de los límites de las leyes, tanto en la estructura como en el funcionamiento de los organismos vivientes. Naturalmente, para captar las sutilezas de esta sabiduría en la naturaleza, uno debe tener una mente clara, un intelecto penetrante y una fuerte capacidad de observación. Considerad por ejemplo, el sistema respiratorio del hombre en su estructura: El proceso que tiene lugar en su interior persigue la purificación de la sangre humana. 

Considerad el sistema digestivo – el estómago y su estructura, y veréis que cumple su función tan inteligentemente, tan correctamente, que el mejor químico no podría rivalizar con él. Considerad el sistema circulatorio en su doble aspecto venoso y arterial. Estudiad cómo están hechos los ojos, los oídos, la lengua. Finalmente, considerad el cerebro humano con su soberbia organización, modélica, práctica. 
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre la suprema inteligencia que yace oculta tras lo manifestado, tras lo visible. Todos los órganos, centros y sentidos son indispensables para la manifestación de aquella inteligencia oculta. Están colocados en el cerebro humano, distribuidos y dispuestos en su superficie, en diferentes regiones a las que la moderna anatomía y fisiología ha dado el nombre de lóbulos – en su hemisferio derecho e izquierdo, en su parte delantera y posterior, en las regiones laterales y en la parte superior de la cabeza.

Todas esas regiones disponen de un número de filamentos procedentes del centro del cerebro, por medio de los cuales, las fuerzas motrices e inteligentes son transmitidos a las células que se ocupan de las funciones de la vida racional del hombre. Podemos establecer también, con precisión matemática qué clase de energía es enviada a cada una de esas regiones para su función en el tiempo. 

La pequeña proporción en la que la fuerza inteligente es manifestada, no nos da el derecho a suponer que no existe. Si cogéis un libro de filosofía, la obra de los mayores filósofos de la humanidad, escrito con el mayor cuidado, preguntamos: ¿está la inteligencia del autor dentro de este libro? Claro que no. Está fuera de él. 
En éste encontramos solamente símbolos y caracteres mediante los cuales podemos llegar a esa gran verdad que está fuera del libro. Y si borráis esos símbolos y caracteres que hay en el libro, ¿qué quedará de él? 
Si borramos las palabras escritas, el libro perderá todo su valor. Análogamente, consideremos al hombre como un libro viviente o un universo viviente en el que la suprema inteligencia se manifiesta en pequeña escala. Cuando el organismo comete algún fallo, como un arañazo en la piel, por ejemplo, sentirá un leve dolor, que es el lenguaje de la naturaleza viviente, y pone de manifiesto que el organismo ha cometido un error. 

La naturaleza no entorpece en absoluto al organismo confinándolo a una prisión o enviándole alguno de sus servidores para que lo moralice o lo mate por haber abandonado el recto camino de su desenvolvimiento. Dice solamente: “Para y vuelve a empezar en la dirección contraria.” Mientras tanto, envía al lugar dañado sus mejores sirvientes, que se ponen a reparar la herida, y en una hora o dos, en un día o dos, o en un año, todo vuelve a su estado normal. El organismo viviente continúa su labor incesantemente. 

Esta inteligencia a penas visible, gobierna este organismo sin perder de vista el propósito último. Esta suprema inteligencia es el mismo Dios en acción. Si tomamos la estructura del cerebro humano, compuesto de 3 billones y 600 millones de células, veremos que todas difieren en su grado de inteligencia. Por ejemplo, las células que forman los órganos de observación, o la percepción de las formas, las diferentes medidas de peso, longitud, etc., los números y la disposición, tienen la facultad de observar y registrar todas las relaciones que existen entre los objetos del mundo exterior. 

De acuerdo con su desarrollo, se encuentran en la parte frontal del cerebro y son comparativamente los grados inferiores de la manifestación de la inteligencia. Por encima de éstas hay otro nivel de células que tienen un grado superior de evolución. Registran los sonidos, los colores y la duración del tiempo – habilidades que todos los seres animados poseen. Por encima de éstas existe aún otro nivel de células de inteligencia más elevada, que tienen la habilidad de razonar, comparar y sacar conclusiones de los hechos que ocurren y suministran a la mente humana información sobre estos hechos. El siguiente grupo de células, la más inteligente de todas, son las que tienen que ver con las cosas abstractas e invisibles de la naturaleza. Registran los fenómenos, los pensamientos y sentimientos, que la ordinaria mente humana no puede captar, y las transmite al alma. La ciencia actual define todo esto con la palabra “intuición”, que viene del prefijo “in”, que significa dentro, y “tao” – la raíz de un antiguo lenguaje, que significa Dios, la Inteligencia Suprema, la Armonía Universal, que trabaja dentro del alma humana. Intao – significa lo divino dentro del alma humana. Es difícil hacer entender a la gente la realidad de esta Inteligencia Suprema, porque aún viven en un mundo donde penetra escasa luz. Por eso esas regiones les parecen unas distantes nebulosas o lugares oscuros. 
Es tan difícil presentar a la gente esta gran realidad como conseguir que una hormiga adquiera cierto grado de cultura e inteligencia o que entendiera la vida humana en todas sus manifestaciones. 

La razón de esto es que la hormiga no tiene los órganos por medio de los cuales pudiera llegar a la gran verdad a través de la cual el hombre percibe las cosas. Para la hormiga el hombre existe como un ser independiente, aislado, compuesto de millares de partes. Si la hormiga se moviera sobre este ser, cada parte de él le parecería una entidad separada. Y si la hormiga pudiera hacer una investigación sobre el hombre, lo haría de la misma manera que el hombre explora la tierra hoy día. Sin embargo, alguien podría observar: ¿Para que nos interesa este conocimiento abstracto si no guarda ninguna relación con el presente? 
Aquí yace en verdad el gran error que la gente comete. La Suprema Inteligencia en el mundo es un eterno presente que lo atraviesa todo, a todos los seres humanos, y que tiene un completo control de sus vidas. Si preguntamos a alguna persona cultivada de hoy día por qué debe comer, responderá: “Para poder vivir.” Pero nosotros decimos que la vida es una condición para que la inteligencia se manifieste en ella. Entonces hacemos la segunda pregunta: “¿Por qué el hombre debe vivir?” Ante esta pregunta muchos se encogerán de hombros y dirán: “Debemos vivir, pero no sabemos por qué.” Pero debemos ir más allá y decir: “Debemos vivir para que la inteligencia, lo Divino, pueda manifestarse en nosotros.” 

Es lo Divino lo que hace que la vida tenga relevancia. Es en la presencia del bien supremo donde el alma encuentra un bienestar eterno. Consecuentemente, bajo este punto de vista, hay que dar una dirección inteligente a la vida de hoy. Desde idéntico punto de vista, la sociedad actual puede ser comparada a un recipiente en el que la vida debe depositarse, y en esta vida es esencial introducir el principio de la Razón Suprema que debe dar significado a la sociedad. En otras palabras, el valor de cada recipiente depende de su contenido. Este contenido es la inteligente vida superior. Alguien podría finalmente hacer una pregunta más: ¿Cómo creen las sociedades contemporáneas que pueden mejorar sus condiciones? ¿Creen acaso poder encontrar el significado de la vida negando la gran verdad antes mencionada? Ellas nos imponen una cultura, pero ¿qué clase de cultura? Una cultura de violencia, de asesinato, de encarcelamiento y toda clase de limitaciones. Nos predican la religión pero, ¿qué clase de religión es ésta? 

La de las apariencias y el engaño. Si las religiones se fundasen sobre el Gran Principio de la Inteligencia, ¿por qué no se aplican esos principios en forma de una dirección del alma hacia el gran bien Divino, para que pueda cumplir la voluntad de Dios? Pero la voluntad de Dios es que el hombre ame a Dios y a su prójimo. Nos dice que debe haber orden, organización y autoridad, que toda autoridad viene de Dios. 
La autoridad y el poder pueden existir solamente en la inteligencia y fuera de ello solo impera la violencia. 
La violencia que niega el Principio Inteligente se condena a muerte a sí misma. Hace miles de años se dijo en uno de los libros más sagrados, que el día en que uno viola la ley racional del amor, de la sabiduría y de la verdad, morirá. Los hombres del presente y todas las sociedades perecen, porque han violado esta suprema Ley. Es hora ya de que todos busquen a Dios, que se manifiesta en la vida y aplica el amor como ley fundamental. Sí, es el momento adecuado para ello, pues Dios es Amor, Sabiduría y Verdad, y el Amor nos da vida, la Sabiduría nos da luz, mientras que la Verdad nos da libertad e inspira al alma humana. 
El alma no puede vivir fuera de esas condiciones. Por eso, las fuerzas inteligentes en la naturaleza viviente, o “Dios manifestado” son: Amor, Sabiduría y Verdad. 

PETER DEUNOV

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