Todos lo habéis constatado: las primeras veces que vais a la salida del sol no
llegáis a sentirle como un ser vivo, vibrante. Os resulta lejano, extraño. Lo miráis pero
no sentís nada, no forma parte de vosotros o, más bien, vosotros todavía no sois una
parte de él. Pero si sois perseverantes, si seguís contemplándolo cada mañana, a pesar
de esta sensación de distancia, llegará un momento en que lo sentiréis tan vivo y tan
cercano que ya no podréis separaros de él. Son estos unos momentos muy importantes,
momentos preciosos, que pueden repetirse cada año.
También puede suceder que el año pasado lograrais entrar en contacto con el sol:
se abrió a vosotros y os dio mucho.
Pero este año el contacto no se produce. ¿Por qué?
Porque no habéis pensado en él durante varios meses... Os habéis alejado de él, habéis
tenido otras ocupaciones, os habéis relacionado con otras personas, habéis entrado en
otras regiones, habéis recibido otras vibraciones. Por eso percibís el sol más lejano y el
contacto con él es más difícil. Pero una vez restablecido este contacto resulta una
delicia, una sensación indecible.
En cualquier caso, al principio debéis aceptar pasar por una etapa muy dura, por
un periodo muy árido, como si atravesarais un desierto, antes de que el sol se abra y os
inunde con su luz, con su inteligencia, con su vitalidad.
Muchos de vosotros me habéis
dicho qué difícil era al principio entrar en contacto con el sol, pero que ahora no teníais
palabras para expresar vuestro gozo: era como si todo vuestro ser resucitase,
comprendiese, sintiese, viviese, por fin, por primera vez. Vale la pena venir cada
mañana, aunque algunos días permanezcáis insensibles, somnolientos, con el cerebro
bloqueado... Tened paciencia y veréis: si llegáis a sentir al sol vivo y vibrante en
vosotros, aunque sea sólo una vez, os sentiréis recompensados por vuestros esfuerzo .
El sol es el símbolo del más alto ideal, y sólo aquellos que poseen un ideal
elevado podrán restablecer la conexión con el sol. Sólo aquéllos que quieren trabajar
para la luz, el amor, la justicia, aquéllos que quieren perfeccionarse, ser más
inteligentes, más fuertes, se sentirán conectados con el sol.
En cuanto a los que sólo
tienen un ideal prosaico sin ninguna relación con el Principio de la vida, con la Fuente,
con el Creador, se aburrirán, claro, y se dormirán ante el sol; no les dirá nada, porque su
ser no está al unísono con la vibración del sol.
Esto es, por otra parte, lo que sucede cuando alguien viene a escuchar mis
conferencias: sus reacciones dependen de su ideal. Si su ideal es sólo sacar provecho,
divertirse, disfrutar, es decir, todo lo ordinario y grosero de la vida, entonces, aunque
hable de las verdades más grandes, de las más grandes leyes de la vida, éstas no podrán
llegar a su corazón ni a su alma. Pero si busca la perfección, la elevación, veréis cómo
vibrará, cómo se conmoverá, cómo estará atento, concentrado... Porque ahí está lo que
buscaba, y encuentra su alimento...
Sí, algunos vibran con los rayos del sol, con la vida del sol, y otros se duermen:
el sol no les dice nada. Pero si supieseis... Cuando sale el sol no sólo los animales, las
plantas y algunos humanos, sino también los espíritus luminosos de la naturaleza están
ahí, se alegran y captan fuerzas. Toda la creación, todas las criaturas captan fuerzas del
sol. Cada una de ellas, según su grado de evolución, recoge las partículas que le
convienen: las plantas para hacer flores coloreadas y perfumadas, los árboles para producir frutos... Y aunque el hombre no esté construido como el árbol, se le parece
mucho de todas formas: él también debe dar frutos.
Pues bien, sin el sol sus frutos
seguirán siendo ásperos y duros.
Lo mismo que los árboles tienen necesidad de estar
expuestos al sol para producir frutos deliciosos, también el hombre tiene necesidad de
exponerse a los rayos del sol para dejar de ser áspero, malvado, egoísta, y dar frutos
deliciosos... La ley es, pues, la misma: hay que exponerse al sol.
Quisiera presentaros hoy otro aspecto nuevo del sol que podréis utilizar para
vuestro trabajo espiritual.
Se dice en el Apocalipsis: “Después vi un nuevo cielo y una nueva tierra; el
primer cielo, en efecto, y la primera tierra han desaparecido.” ¿Quiere decir eso que los
precedentes se han vuelto viejos? La tierra, en todo caso, comprendo que esté un poco
vieja, porque está hecha de materiales que no son de la mejor calidad y, con el tiempo,
se desmorona un poco. Pero el cielo, que está hecho en principio de una materia pura,
luminosa y eterna, que no puede empañarse ni oxidarse, ¿cómo es posible que haya
envejecido? Sin embargo, está escrito en el Génesis que después de haber creado el
cielo y la tierra “Dios vio que era bueno”, ¿cómo es que ahora descubre que este mundo
ya no está en buenas condiciones y se ve obligado a hacer uno nuevo?
Eso no habla
mucho a favor de su perfección. Y además, hasta que se terminen los trabajos, ¿dónde
van a alojarse los habitantes? ¿Acaso no se pondrán furiosos y harán reclamaciones?
¡Vaya trajín en el cielo y vaya preocupaciones para el Señor! No, esto es absurdo,
tenemos que interpretar las cosas de otra manera.
OMRAAM

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