Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

jueves, 27 de junio de 2019

Lo mismo que el sol, un Maestro debe permanecer en el centro

Fórmulas para pronunciar en la salida del sol 

¿Veis?, queridos hermanos y hermanas, somos unos privilegiados... De nuevo está ahí el sol y nos sonríe, generoso, vivificante. No hay duda, somos unos privilegiados. Imaginad que un hombre que tiene grandes responsabilidades entre los humanos, un Iniciado, un Maestro, le pregunta al sol: “Escucha querido sol, muchas personas me aman y desean atraerme hacia ellas ¿Tú qué me aconsejas? ¿Qué debo hacer?” El sol le responderá: “Mírame a mí y haz como yo. 
Los planetas también me aman mucho, dan vueltas a mi alrededor, pero yo permanezco en el centro, no me desplazo para ir hacia uno u otro. Y sin embargo me dicen: “Querido sol, ¡si pudiera acurrucarme junto a ti, si pudiera abrazarte!... Ven a mi lado...” Pero yo reflexiono y pienso: yo también los amo, incluso más. El amor de todos estos planetas juntos no puede compararse con la inmensidad de mi amor, porque en mi amor no hay ningún interés sino solamente luz, calor y vida. Pero, por su bien estoy obligado a quedarme en mi sitio, no correr tras ellos, porque, si no, se produciría un cataclismo universal. ¿Ves? 

Debo permanecer en el centro para mantener la armonía, la vida y la felicidad por todas partes en el universo. Así que tú también haz como yo; nada te impide amar a todos los seres humanos, darles luz, inspirarlos, levantarlos y llevarlos hacia las regiones celestiales, pero tú no debes abandonar el centro. – Sí, ¡pero me lo piden! - ¡Bueno!, responderá el sol, si ahora tienes que contentar los deseos y los caprichos de cualquiera, ¡todo va a desplomarse!...” Debéis comprender que una Escuela iniciática es como un sistema solar: en ella hay planetas, y desgraciadamente, hasta cometas, que se acercan y después se alejan... Y el Maestro, que como el sol está en el centro, debe permanecer en el centro. Sé que esta cuestión es particularmente difícil, y que muchos Iniciados no la han resuelto. Cuentan que incluso Pitágoras sucumbió y que le costó muy caro. 

Entre sus discípulos había una muchacha muy bella que le amaba –se llamaba Théano- y cuando ella le confesó su amor, Pitágoras la tomó por mujer; se ha especulado incluso si no fue por eso por loque otros discípulos habrían prendido fuego a su escuela... Los verdaderos Maestros, mis queridos hermanos y hermanas, son como el sol, permanecen en el centro, no se desplazan; dan su fuerza, su calor, su luz, sus bendiciones, sus ideas, pero permanecen en el centro. Muchos de ellos, que ignoraban que su decisión podía provocar una verdadera catástrofe, aceptaron a una de sus discípulas por mujer, y los demás discípulos, viendo que su Maestro se casaba, le abandonaban. Los Maestros que actúan así no son verdaderos soles; simbólicamente son más bien... lunas, porque, simbólicamente, la luna es más influenciable, más inestable, más sentimental, y es atraída por la Tierra. Ya ha habido varias lunas en nuestro sistema solar, y algunas cayeron sobre la Tierra... Quizá no me creáis, pero esto está escrito en los archivos de la Ciencia iniciática. 

Todos los Iniciados que tienen este aspecto lunar, es decir, una emotividad y un sentimentalismo muy desarrollados, son atraídos por los humanos; cambian de lugar, abandonan el centro y acaban cayendo. Pero los verdaderos soles razonan, reflexionan, y permanecen inmutables. Eso no quiere decir que sean fríos, helados, egoístas, no, dan su amor, su luz y sus fuerzas, pero se mantienen en su lugar, en el centro. Y no se mueven, ni siquiera ante las muchachas más encantadoras, ni ante las princesas. Dicen: “Os enviaré mis rayos, os daré mi afecto, pero dejadme seguir donde estoy”. 
¿Veis cómo responde el sol a una cuestión que no está clara en absoluto en la cabeza de los hombres y de las mujeres? Cuando empecéis a pensar de esta manera, os liberaréis de muchos tormentos, agitaciones y trastornos. Esta es otra lección que nos da el sol: todos para el sol, y el sol para todos. Y ahora, mis queridos hermanos y hermanas, os daré algunas fórmulas que podréis pronunciar mirando el sol naciente. Esperaréis el primer rayo y, con amor, pronunciaréis dentro de vosotros estas palabras: 

“Que así como este sol se levanta sobre el mundo, que el sol de la libertad, de la inmortalidad, de la eternidad y de la verdad se levante en mi espíritu.” 

“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol del amor y de la inmensidad se levante en mi alma.” “Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol de la inteligencia, de la luz y de la sabiduría se levante en mi intelecto.” 

“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol del gozo, de la felicidad y de la pureza se levante en mi corazón.” “Que así como este sol luminoso, radiante, se levanta por encima del mundo, que el sol de la fuerza, del poder, de la energía, del dinamismo y de la actividad se levante en mi voluntad.” “Y que así como este sol luminoso, radiante, vivo, se levanta por encima del mundo, que el sol de la salud, de la vitalidad y del vigor se levante en mi cuerpo entero.” “Amén. Así sea. Para el Reino de Dios y su Justicia.” 

“Amén, Así sea. Para la Gloria de Dios.” 

Ésta es una fórmula poderosa, mágica. 

Con todos los ejercicios que os doy se puede llenar toda una existencia. Y así, todos los hermanos y hermanas, resplandecientes, luminosos y bellos como Querubines, como Serafines, como hijos de Dios, caminarán por la vida glorificando al Señor, propagando por todas partes su Gloria, para que el Reino de Dios y su Justicia vengan lo antes posible a la Tierra... Entonces la vida estará llena de alegría, de gozo, de poesía, de música; la humanidad entera se estremecerá y todos vivirán como hermanos... Los ríos fluirán, las flores perfumarán la atmósfera, los pájaros cantarán divinamente... Toda la vida cantará el canto de la Gloria de Dios... Y ya no habrá guerras, ya no habrá devastaciones, miserias, enfermedades ni crímenes, y la Tierra será, al fin, por primera vez, una verdadera Tierra de los vivos. ¿Por qué no trabajar en este sentido? 
¿Por qué hundirse noche y día en la tristeza, la oscuridad y el miedo, en vez de dirigir toda nuestra existencia hacia las regiones más bellas, juntos, en esta Fraternidad Blanca Universal, en armonía con el mismo espíritu? 

¡Esta es nuestra Enseñanza! 

Que los Angeles y los Arcángeles abran ahora las puertas, que derramen su generosidad sobre los hijos de Dios, sobre toda la humanidad... Que haya abundancia de luz y de comprensión, abundancia de gozo y de felicidad para que el hombre realice, por fin, la alta misión para la que ha venido a la tierra: reflejar, expresar al Creador y la belleza del Cielo. 

¡Bienaventurados los que tienen esta conciencia! 

¡Bienaventurados los que están inflamados por el fuego sagrado! 

 ¡Bienaventurados los que han decidido ser conductores del Padre Celestial! ¡Bienaventurados los mansos! ¡Bienaventurados los que están en paz! ¡Bienaventurados los que quieren trabajar y hacer sacrificios! ¡Bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados los hijos de la Fraternidad Blanca Universal! 

OMRAAM

Bonfin, 12 de agosto de 1967

lunes, 17 de junio de 2019

SOBRE EL SUICIDIO





Llenáis un vaso por la mitad, y lo presentáis a dos personas: una os dice que está medio lleno, y la otra que está medio vacío.  Para la mayoría esto viene a ser lo mismo, para la Ciencia Iniciática esto revela dos mentalidades, dos procesos psicológicos diferentes.  Si os fijáis en el vacío, os vaciáis.  Es una ley mágica: cuando un enfermo no hace más que pensar en su enfermedad, su estado empeora porque todo pensamiento le curará.
     
Posiblemente os falten todavía más, ¡seguid dándole vueltas a lo que os falta!...  Pensad más bien que sois hijos de Dios, hija de Dios, que sois los herederos de una riqueza inmensa, y veréis todas las mejoras que se seguirán de ello.  Además lo que les hace falta a los humanos, no es dinero, casas, coches… sino más bien una filosofía iluminada y divina capaz de hacerles emerger de todas sus dificultades.
     
Pues sí, es sencillo, es formidablemente sencillo.  Sea lo que fuere, algunos están acostumbrados a ver siempre el lado bueno de las cosas y de las situaciones, mientas que otros no ven más que los inconvenientes.  Naturalmente, los unos y los otros tienen razón, pero esta razón actúa interiormente de dos formas diferentes.
     
Desde el punto de vista de la verdad, se puede decir que un vaso está medio lleno o que está medio vacío, ello no tiene ninguna importancia; pero la acción mágica es diferente.  Y esto es, precisamente, lo esencial.  Si os acostumbráis a ver las faltas, las lagunas, los defectos, cada vez vais a estar más tristes, más descorazonados, más deteriorados. Es lo que sucede cuando uno solo ve las faltas.  Que estas faltas existen, es evidente, ¿a quién vais a decírselo?  Pero la cuestión no está ahí; la cuestión está en saber trabajar con lo que se posee con el fin de mejorarlo.
     
Para mostrar a algunos lo equivocados que están y cuánto daño se hacen al decir que les falta esto o aquello, y sobre todo el dinero- ¡es de la falta de dinero  lo que más se queja la gente! – les diré: {Venga, os doy veinte millones, pero a cambio, dadme vuestros ojos.}  ¡Ah!  Lo rechazan a gritos.  {Y he aquí todavía veinte millones más por vuestras orejas… Veinte millones por vuestra nariz… Veinte millones por vuestros brazos… y veinte millones más por vuestras piernas}.  Y si seguimos, sumariamos una fortuna.  Pues bien, incluso ante esta suma, van a rehusar.  Entonces, ¿por qué se sienten pobres?
     
Son ricos, sólo que no lo han visto.  No lo han visto porque son tontos y los tontos deben sufrir siempre, su cabeza debe madurar.  No soy yo quien lo dice, sino la naturaleza.    
La naturaleza es implacable: podéis gritar, llorar, amenazar y no cambia; sois vosotros los que debéis inclinaros, obedecer, poneros de acuerdo con ella.  Sí es implacable, irreductible.    
Diréis que es cruel…  No, sólo quiere convertir a los seres humanos en seres inteligentes, hermosos, y sobre todo, felices. 
     
Pero cuando ve que tienen la cabeza tan dura…  Qué queréis, es necesario que esas cabezas maduren, y para ello emplea métodos que sólo ella conoce.  Cuando se ensaña con alguien, no le da ni siquiera explicaciones; dice simplemente: {Deseo su bien, y como no hay otros medios para volverle cuerdo, me veo obligada a emplear estos}  No se le puede reprochar.
     
Debéis de aceptar esta filosofía que os enseña que sois los hijos de Dios, los herederos de un tesoro que no espera más que el momento en que seáis capaces de ir y tomarlo. Es una filosofía que falta en los humanos, nada más; lo tienen todo en ellos, junto a ellos, y no hacen más que quejarse.  Son unos cascarrabias, eso es lo que son, y lo que les falta es una filosofía divina. 
     
Por eso, cuando veo a alguien que está ahí, encogido sobre sí mismo, sobre sus problemas personales, tengo ganas de decirle: Pero pobre desdichado, ¿cómo puedes ver algo en este estado?  No sales, estas encerrado en tu buardilla.
     
Paséate un poco para contemplar tu herencia: todos esos bosques, esas montañas, esos lagos, esos ríos, esas estrellas…Comprenderás que posees algo inmenso, que no te falta nada.
     
Los humanos son comparables a aquel que está sumergido en un lago y grita: {¡Agua, agua! ¡tengo sed!}  Están sumergidos en el océano de la luz cósmica, pero han construido tales caparazones que esta luz no puede penetrar en ellos.  He aquí el estado actual de mucha gente  en el mundo: son infelices, se quejan, y quieren hasta suicidarse.   No pueden comprender que son ellos los únicos responsables de su estado.
     
La inteligencia cósmica no tenía ningún deseo de reducirles hasta este extremo; son ellos quienes, al mostrarse tan obtusos, han llegado ahí, y se suprimen porque la visa no tiene ningún sentido por así decir.  En realidad, hay en la vida todavía tantas posibilidades insospechadas… La mayor tontería es estar ahí, sentirse desdichado, en el vacío, porque se es incapaz de ver esas posibilidades.
     
Volvamos ahora sobre la imagen del vaso medio lleno y del vaso medio vacío.  Naturalmente, desde el punto de vista de la simple constatación, que se diga lo uno o lo otro, ello viene a ser lo mismo. 
     
Sí, pero constatar las cosas todavía no es la verdadera ciencia.  
La verdadera ciencia consiste en ver en nuestra vida las consecuencias de tal o cual constatación.  Al decir que un vaso este medio lleno, enfocáis vuestro pensamiento en la plenitud, y así os habitués a ver el buen lado de las cosas.  E incluso cuando se produce un acontecimiento desagradable, en lugar de llorar horas enteras para {regar vuestro jardín}, os decís: {¡Oh! Hay algunas posibilidades, el Cielo tiene buenas intenciones con respecto a mí, quiere que desarrolle cualidades que todavía no poseo. ¿Cuáles?}   
     
Las buscáis… y cuando las encontráis, le dais las gracias por haberos dado esta prueba.  Es una filosofía muy difícil de aceptar, pero es la mejor.   Desde el instante en que empezáis a aceptarla verdaderamente, nada podrá deteneros.  Suceda lo que suceda, avanzaréis, porque razonáis bien.
     
Y suponed ahora que los humanos se comporten muy mal con respecto a vosotros: durante toda vuestra vida, hagáis lo que hagáis, a pesar de vuestra amabilidad, vuestra dulzura, vuestra bondad, las injusticias llueven sobre vosotros.  Entonces, al final, llegáis a la conclusión de que el Señor es tan cruel que os rebeláis contra Él, y queréis incluso suprimiros.  Esperad, hay un punto todavía que no habéis comprendido bien: ¿Por qué el Cielo continúa dándoos estas pruebas, siempre las mismas?...
     
Suponed que en otra encarnación hayáis sido cruel con respecto a ciertas criaturas.  Para mostraros cuánto mal les habéis hecho, es a ellas a las que ahora les corresponde haceros sufrir, pero no comprendéis que sois vosotros los culpables.  Si no fuera así, todo el mundo debería amaros, ayudaros, respetaros, es una ley.
     
Luego, aunque las {injusticias} que padezcáis sean como para que os pongáis a gritar, debéis de quitar de vuestra cabeza esta idea de que son injusticias.  Porque en realidad estas injusticias, visibles y reales, son la expresión de una justicia invisible. 
     
Por una razón u otra merecéis lo que os sucede: estáis pagando una deuda, o debéis de fortaleceros y convertiros en un genio, en un gigante, en un coloso.
     
Lo que impide a los humanos evolucionar es el pensar que las dificultades o las desdichas que les suceden son el resultado de una injusticia.  Se dice: {El destino es injusto e incluso el Señor es injusto; me merezco algo mejor,} ¿cómo pueden saber si merezco algo mejor?  No se conocen, no conocen ni su pasado, ni su presente, y menos aún su porvenir, entonces, ¿cómo pueden pronunciarse?  Incluso cuando en un proceso los jueces condenan a un inocente-  ¡y cuántas veces se han descubierto en la historia errores judiciales!  Detrás de esta injusticia hay en realidad una justicia.  Ello puede incluso suceder a los Santos, a los Iniciados, a los Grandes Maestros: muchos fueron colgados, quemados, crucificados; en apariencia fue injusto, pero en realidad, no lo fue, porque los Veinticuatro Ancianos o Señores del Karma son absolutamente justos.  Estas pruebas les eran enviadas para hacerles pagar una deuda, o para ayudarles a comprender ciertas verdades que no habrían entendido sin ellas, o bien para incitarles a volverse fuertes, poderosos, invencibles.
     
Algunos piensan escapar a las dificultades suicidándose. 
En realidad es todavía peor después, una vez que están del otro lado, ya que uno no puede irse antes del término, porque comete una deserción y entonces debe de pagar dos, tres veces más caro.  Arriba no hay sitio para aquel que ha querido desertar de la tierra, y no se le quiere recibir: deberá sufrir proporcionalmente al tiempo de vida que le quedaba en la tierra.
     
La actitud de aquel que se suprime es extremadamente reprensible.  Ante todo es un ignorante, pues no conoce la razón de las pruebas que debe de padecer.  Además es un ser orgulloso porque se imagina conocer mejor que los Veinticuatro Ancianos que lo que ha merecido.  Y por último es débil, pues no soporta las dificultades.  Por lo tanto tenemos: la ignorancia, el orgullo y la debilidad.  Y el mundo invisible está descontento de este ser porque ha abandonado su puesto.
    
Diréis: Pero algunos se han suicidado porque tenían un ideal extraordinario que no han llegado a alcanzar.  Al ver que no lo conseguían se sintieron tan decepcionados de sí mismos que se destruyeron. Pues bien, esto tampoco está permitido.   Cuando se tiene un gran ideal, lo esencial precisamente es trabajar, realizarlo sin fijarse una fecha para su ejecución.  Si no lo consigue, es porque no se poseían todavía los elementos del éxito; el no querer admitirlos y el suprimirse es orgullo.  ¡Había que perseverar!
     La mayoría de los humanos piensan que han venido a la tierra para vivir felices y realizar sus ambiciones.  No, han venido a la tierra para pagar sus deudas, instruirse y fortalecerse.  Por eso el Cielo no puede estimar a aquel que toma la decisión de suicidarse, pues se sitúa entonces por encima de los Señores del destino, y los sufrimientos que debe de padecer después son indescriptibles.  
     
Esta también es una de las grandes verdades de la Ciencia Iniciática.  
Evidentemente, se le pueden dar al suicidio todo tipo de explicaciones.  Pero cualesquiera que sean las razones por las cuales un hombre o una mujer se suicidan, se puede decir que la verdadera razón es ésta: se trata de una criatura que no sabe que el Creador ha puesto en ella posibilidades inauditas para poder triunfar en cualquier condición de la vida: posibilidades de comunicar con los seres del mundo invisible, posibilidades de crear por el pensamiento y de enviar esas creaciones a través del espacio…   No sabe que aún en la soledad y en la miseria más grande, uno puede no sentirse solo y pobre, sino acompañado y dueño de todos los tesoros:
     
¡Suceda lo que suceda se tiene dentro un mundo tan vasto, tan bello, que se es feliz!
     
Existen seres a los que ningún acontecimiento, ninguna situación desmorona, porque tienen un sistema filosófico donde acogerse. 
¿Por qué está escrito en los Evangelios que hay que construir la propia casa sobre la roca?  La roca es el espíritu, y el espíritu en todas las condiciones permanece inquebrantable.  Es el corazón, el intelecto y el cuerpo físico los que son vulnerables, pero no el espíritu.
     
Los humanos están muy mal instruidos, no saben lo que Dios ha depositado en ellos, y a la  mínima decepción piensan que la única solución para ellos es el suicidio.  Entonces, ¿qué quiere decir esto?  ¿Qué son genios, que son seres tan excepcionales que no pueden soportar el mal en el mundo?... no, son pobres miserables privados de todo, de inteligencia, de amor y de energía; sólo su debilidad les empuja a acabar así. 
     
Que haya habido en la historia hombres y mujeres heroicos que se hayan dado muerte para salar a un ejército, a una ciudad, a un pueblo, eso lo comprendo, es otra cuestión.  Pero no hablo de ellos, hablo de toda esa gente que se prepara para terminar lamentablemente porque se sienten solos o incomprendidos, sobre todo los jóvenes.
     
Los jóvenes deberían darse cuenta de la riqueza de que disponen.  Tienen una imaginación, ¿no es así?, entonces. ¿por qué no servirse de ella?  Oh, naturalmente se sirven de ella: cuando se trata de pensar en sus bien amadas e imaginarse cómo las acarician, cómo las abrazan, la imaginación de los chicos y de las chicas es incansable.  Pero esta preciosa facultad que el Creador les ha dado, ¿Por qué utilizarla únicamente en elucubraciones sensuales? ¿Por qué no aprender a utilizar la propia imaginación para pensar en todas las razones que pueda haber para sentirse felices y ricos gracias a todo lo que existe en el Cielo y en la tierra, y especialmente en ellos mismos?
     
Los casos de suicidios son innumerables en la historia, pero  pueden resumirse en tres categorías.  Tienen por causa una falta de inteligencia, una falta de corazón, o bien una falta de voluntad.  Si tenéis una comprensión correcta de las cosas, si sabéis que existe un mundo divino poblado de una multitud de seres espléndidos y que este mundo divino ha impreso su marca en el mundo físico, si sabéis que los sentimientos y los deseos son de una potencia tal que con perseverancia se llega siempre a realizarlos…  En fin, si llegáis a dominaros, si pensáis en algo más que en satisfacer vuestros deseos, y consideráis todas las facultades que poseéis como un medio de ejercer vuestra voluntad, creedme, no os suicidaréis nunca.  Ni la miseria, ni las privaciones, ni la enfermedad y la soledad llegaran a venceros.
     
Sois vosotros quienes triunfaréis.
     
Los jóvenes deben de persuadirse al menos de una cosa: de que el mundo es vasto y que no están solos.   Lo que empuja a la gente al suicidio es la falta de amor.  Cuando hemos perdido el amor queremos morir, la vida no tiene ya ningún sentido.  La vida está ligada al amor.  ¡Es tan verdadero que si estáis en brazos de aquel o de aquella que amáis, querríais vivir eternamente! 
     
Sí, conservad preciosamente el amor y así querréis vivir siempre, debido a este amor.  Si suprimido el amor y se preguntan por qué no sienten ningún gusto por nada.  Pues bien, precisamente porque el amor ha desaparecido.
     
Cuando veo a una joven alegre, que canta, sé que vuelve de ver a su bien amado, pues el amor es eso, es alegría.  Y si después la veo deprimida, sé que ha perdido a su bien amado, no es difícil de descifrar.   He ahí por qué insisto siempre sobre el amor. Pero no este amor que está a la moda hoy y que no es en realidad más que libertinaje,  pues este amor, como la falta de amor, acaba por eliminar en los seres toda ansia de vivir.
     
¡Sí, hay que hablar sin cesar sobre el amor toda la vida, pues los humanos están todavía tan lejos de conocer  el verdadero amor, aquel que es capaz de desplazar montañas, de crear mundos!...
     
Yo he encontrado el secreto: amo… la Fraternidad, y mientras ama a la Fraternidad, todas las cuestiones están resueltas.  No pienso más que en ella, no hay nada más en mi cabeza, ella le da un sentido a mi vida.  Vosotros haced también lo mismo y no tendréis nunca el deseo de suicidaros.

OMRAAM

martes, 11 de junio de 2019

¡Amad como el sol!



Desde hace millones de años los hombres viven en la tierra, y han comprendido que es necesario y más ventajoso trabajar juntos y ayudarse mutuamente, porque, gracias a esta solidaridad, la cultura y la civilización pueden progresar. Antaño, cuando se producía un accidente, un incendio por ejemplo, todos los aldeanos se apresuraban para ayudar a las víctimas, ¡y con qué amor trabajaban para reconstruirles una casa! Todavía hoy se ve esta solidaridad, pero se diría que con el progreso técnico los hombres se han vuelto más personales, más egoístas, más pasotas. 

En casos excepcionales es cuando se organizan ayudass con toda clase de ingenios: paracaídas, helicópteros... para salvar a los que se han extraviado en la montaña, a las víctimas de un naufragio o de un accidente de avión. Así que, aunque nos quejemos de que en nuestros días los hombres se han vuelto más egoístas, en realidad no han perdido el sentido de la bondad, de la generosidad. Pero si comparamos el amor de los humanos con el del sol todo palidece. Incluso el amor de los Iniciados, que superan a todo el mundo en abnegación y sacrificio, sí, hasta el amor de los Iniciados palidece al lado del amor del sol. Se cuenta que tal santo dio todos sus bienes, que tal benefactor legó grandes sumas de dinero para construir hospitales, orfelinatos, institutos de investigación... Evidentemente esto está muy bien, pero ¿puede acaso compararse con el sol? Diréis: “Pero ¿qué hace el sol?...” 
Sois exactamente como Nastradine Hodja que cuando sus alumnos le preguntaron: “¿Quién es más importante, el sol o la luna?”, respondió: “La luna, claro, porque ¿qué hace el sol durante el día? 

¡No sirve para nada! Mientras que la luna, al menos, es muy útil: es la que nos alumbra por la noche”. Los Iniciados, que siempre buscan los modelos más elevados, se fijaron en el sol. Observaron que, desde los millones de años que los hombres están en la tierra, el sol, que ya estaba ahí desde mucho antes que ellos, vierte sin cesar tal cantidad de luz y de calor que nadie, ni siquiera un ordenador, puede evaluarlo. El sol es el símbolo del amor divino. Sea cual sea el amor de los humanos, incluso el de los Iniciados, que nos aconsejan que amemos a nuestros enemigos o que cuando nos den una bofetada tendamos la otra mejilla y perdonemos, todo eso no es nada en comparación con el amor del sol. Si comparáis vuestro amor con el amor de otros hombres, vuestra generosidad con la de otros hombres, no llegaréis a encontrar un modelo lo suficiente alto para desencadenar en vosotros los engranajes y los centros más divinos. Mientras que si os concentráis en el sol, y lo tomáis como modelo, pues bien, veréis los resultados. 

El sol ilumina, vivifica, da un crédito de vida y de calor a todas las criaturas sin discriminación, lo mismo a los criminales que a los santos y a los justos: ¿cómo es eso? Sí, ¿cómo explicarlo? ¿Acaso es ciego y no ve los crímenes?, ¿acaso no es más que una mecánica sin inteligencia ni discernimiento a la que poco importan la bondad o la maldad, la rectitud o la deshonestidad?...No, el sol ve las faltas y los crímenes de los humanos, mucho mejor que cualquiera, pero, para él, todo esto son detalles minúsculos comparados con la inmensidad de su luz y de su calor. Todo aquello que nos parece monstruoso y terrible, para él sólo son pequeños errores, pequeñas destrucciones, pequeñas manchas. Los lava, los repara, los borra, y sigue ayudando a los humanos hasta que alcancen la perfección con una paciencia ilimitada. Entonces, os preguntaréis: “Pero ¿qué razón tiene esta generosidad? ¿Qué filosofía puede tener el sol en su cabeza?” 

Pues bien, justamente, vais a ver. El sol tiene una cierta concepción del género humano, ve la eternidad y la inmortalidad del alma humana, sabe muy bien que la humanidad es un fruto que todavía está verde, áspero, duro y ácido. Entonces, él, que tan bien sabe hacer madurar los frutos de los árboles, llenarlos poco a poco de azúcar y de perfume hasta volverlos deliciosos, también quiere hacer madurar a la humanidad. Pero ha comprendido que para la humanidad hace falta más tiempo que para los árboles y los frutos y ha decidido tener paciencia. Sabe que calentando incluso a un criminal, éste acabará un día por estar tan cansado y tan asqueado de sí mismo que se abandonará a la influencia benéfica de sus rayos... y se convertirá en un ser adorable, delicado, en un poeta, en un músico, en un benefactor de la humanidad. 

El sol no abandona a los hombres porque sabe que si los abandona su evolución se estropeará, ya no habrá frutos maduros, ya no habrá santos, profetas, divinidades en la tierra. El sol sigue calentando e iluminando a los hombres porque conoce las causas y las consecuencias, el principio y el fin, conoce el camino de la evolución... Si no, estaría furioso, se cerraría, se oscurecería, ¡y se habría acabado el género humano! El hecho de que siga brillando prueba que conoce la meta de su trabajo, la finalidad de la creación, y continúa ayudando a los humanos hasta su madurez con una paciencia, con una generosidad y un amor formidables. El sol es el único que no se cansa nunca. 

Todos los demás se fatigan, cierran el tenderete y desaparecen de la circulación: ¡enterrados! Pero el sol está siempre ahí, triunfante, radiante. Dice: “Venid, tomad... ¿Habéis hecho tonterías? No estoy enfadado con vosotros. Los humanos son egoístas, malvados, vengativos, y si os ponen la mano encima no respondo de vosotros. Pero yo no os haré ningún daño, venid, exponeos a mis rayos... ¡os daré más todavía!” Y así, el discípulo que toma al sol como modelo se vuelve mejor, y encuentra también el valor para olvidarse de todas las dificultades, de todas las decepciones que encuentra con los humanos, y nunca pierde la paciencia. Todos los demás capitulan y, al cabo de algún tiempo, dicen: “¡Váyase! ¡No quiero verle más! He hecho todo lo que podía por Vd., y ahora estoy cansado. ¡Venga, váyase!”. Pero el sol nunca está cansado... ¿Comprendéis ahora por qué os llevo hacia el sol?: porque él es el único que puede inspiraros sentimientos nobles y divinos. Así pues, debéis pensar en el sol, pararos junto a él y preguntarle: “Mi querido sol, ¿cómo consigues ser lo que eres? Explícamelo, quiero parecerme a ti, pero no sé cómo hacerlo. 

He leído a filósofos, a sabios, pero todos tienen unas medidas ridículas, tan pequeñas, ¡tan mezquinas!... Sólo tú posees las verdaderas medidas: la inmensidad, la abundancia, la riqueza, el esplendor. Díme, ¿cómo lo has conseguido?” Y el sol os responderá: “Porque he bebido el elixir de la vida inmortal. - ¿Y dónde se puede encontrar este elixir? - ¡Yo lo tengo!” Así que, para vivir la misma vida que el sol, debemos ir a buscar el elixir de la vida inmortal que él difunde sin cesar en la atmósfera. Y no os cuento historias, es una verdad verdaderamente verídica. Si queréis empezar a comprender y a descifrar el sentido de la vida, si queréis liberaros y lanzaros a unas realizaciones cada vez más bellas y gloriosas, debéis tomar al sol como modelo. Procurad verlo todo a través del sol, medirlo todo con las medidas del sol, sentir como el sol, y veréis la pequeñez, la insignificancia, la mediocridad de muchas cosas que hasta ahora creíais importantes. 

Os llevo a un terreno en el que las medidas superan a todas las que se han utilizado hasta el presente. Eso no quiere decir que vayáis a ser inmediatamente tan ricos, tan pacientes y generosos como el sol, ni que vayáis a vivir miles de millones de años como él; no, pero tomándolo como modelo, iréis ya mucho más lejos. Cuando digo “vivir miles de millones de años” no hablo, claro, de vuestro espíritu, para el que miles de millones de años no son nada, porque vive eternamente; hablo de vuestro cuerpo físico. El sol vive miles de millones de años en su cuerpo físico porque es puro. Y ahora, preguntémos al sol: "¿Por qué eres tan puro? – Porque la pureza es la base de todo,* y la mantengo, la refuerzo sin cesar. - ¿Y por qué eres tan generoso, tan bueno? – Ah... porque sé que mi bondad y mi generosidad van a desencadenar buenas cosas en los humanos, y que un buen día volverán de nuevo a mí con alabanzas, cantos y música. Y me complace ver que algunos ya vuelven a mí, porque ello prueba que son inteligentes y que están llenos de amor”. 

Así me habla el sol, porque continuamente le hago preguntas. Y cuando le digo: “¿Por qué eres tan brillante, tan vivo?”, responde: “Porque tengo mucho amor. El amor comunica a todas mis partículas un movimiento tan rápido que ningún aparato puede medirlo. – Ah, digo, ¡procuraré hacer lo mismo! – No lo conseguirás, pero tienes razón, inténtalo de todas formas; es un ejercicio magnífico porque te empuja a sobrepasar los límites humanos.” Y aún le hago otra pregunta: “¿Acaso puede un hombre llegar a ser luminoso hasta el punto de iluminar la noche con su luz? – Sí, responde, es posible. Hace falta, desde luego, mucho trabajo, porque la materia es muy opaca, pesada y lenta. Pero si el hombre llega a sutilizar las partículas de su cuerpo físico, a imprimirles un movimiento muy rápido, entonces puede llegar a ser como una lámpara e iluminar al mundo entero”. Le pregunté muchas otras cosas aún, pero no es el momento de hablaros de ellas. Le pregunté: “Esta fuerza que tú posees, esta luz que envías a la tierra, ¿se encuentra también en alguna parte del ser humano?” 

Y me respondió que sí, indicándome exactamente dónde se encuentra esta energía y cómo emana a través de ciertos lugares del cuerpo de los hombres y de las mujeres... Sí, una energía de la misma naturaleza que la energía solar. Pensad pues en el sol, mis queridos hermanos y hermanas, día y noche, porque al pensar en él os conectáis con un mundo poderoso, puro y luminoso. Pensando en el sol os eleváis, os ennoblecéis, os volvéis más abiertos, más indulgentes, más generosos. El sol da, refuerza, vivifica sin cesar, y nosotros debemos imitarle. Evidentemente, mientras que el discípulo tenga demasiados problemas personales que resolver, no puede abrirse mucho, ni pensar en otra cosa más que en sí mismo: está demasiado preocupado. Pero en cuanto llega a resolver sus problemas, a ver las cosas claras, a ser un poco más libre, empieza a ocuparse de la humanidad entera, y entonces se vuelve como el sol. Y aunque se encuentre delante de veinte, cincuenta, cién personas, es demasiado poco para él, vive en una libertad tal que tiene necesidad de ensanchar el campo de su amor y de sus pensamientos a todo el género humano. 

Entonces, lo imagina como si fuese una sola persona, y le envía la sobreabundancia de amor que desborda de su corazón, vierte sobre él rayos de todos los colores. Cuando ha llegado a este grado, siente una felicidad y una plenitud indescriptibles... Mientras que el hombre sólo piense en sí mismo, en su mujer, en sus amigos, no puede conocer esta felicidad. Pero el discípulo que empieza a enviar a los humanos todo su amor y su luz, sin preocuparse de cuántos son ni de dónde están, al igual que lo haría si se tratase de una sola persona, se vuelve como un sol. ¿Veis en qué sentido resulta posible a los humanos llegar a ser como soles? Cuando estéis en la Roca, o incluso en otra parte, y tengáis un momento libre, decíos por ejemplo: “¡Hoy tengo ganas de volar con las alas del amor! Quiero ser más indulgente, más generoso, perdonaré todo el mal que me han hecho”. Y el sol os ofrecerá un modelo formidable de olvido de las ofensas y de perdón. Os sentiréis entonces tan ligeros, tan felices, que tendréis ganas de cantar y, al acordaros en qué estado lamentable os encontrabais cuando pensabais sin cesar en las injusticias y vejaciones que habíais padecido, lamentaréis el no haber perdonado antes. ¿Por qué mantener y alimentar siempre sentimientos negativos? 

El sol dice: “¡Vamos, hombre, desembarázate de todo eso lo antes posible! ¿Acaso pienso yo en todos los crímenes, las guerras y exterminios que ha habido en la tierra? Pasa la esponja, bórralo todo, y harás mucho mejor tu trabajo que si estás siempre recordando y refunfuñando. Haz como yo, ¡continúa enviando tu amor y tu luz!” Cuando tengáis un problema, una dificultad, dirigíos amablemente al sol, como si hablaseis con una persona: “Querido sol, si estuvieses en mi lugar, ¿qué harías?” Sonreirá (ya sabéis que los niños lo dibujan siempre con una amplia sonrisa) y os responderá: “¿Si estuviese en tu lugar? ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!... ¡ya me habría suicidado! Pero si tú en cambio te pones en mi lugar, la cosa irá mejor. Sí, ¿por qué debo ponerme yo en tu lugar? No puedo hacerlo. Eres tú quien debes ponerte en el mío. Así que, si tú te pones en mi lugar, harás esto y aquello...” Y os dará soluciones.

OMRAAM