Llenáis un vaso por la mitad, y lo presentáis a dos
personas: una os dice que está medio lleno, y la otra que está medio
vacío. Para la mayoría esto viene a ser
lo mismo, para la Ciencia Iniciática esto revela dos mentalidades, dos procesos
psicológicos diferentes. Si os fijáis en
el vacío, os vaciáis. Es una ley mágica:
cuando un enfermo no hace más que pensar en su enfermedad, su estado empeora
porque todo pensamiento le curará.
Posiblemente os falten todavía más, ¡seguid dándole vueltas a lo que os
falta!... Pensad más bien que sois hijos
de Dios, hija de Dios, que sois los herederos de una riqueza inmensa, y veréis
todas las mejoras que se seguirán de ello.
Además lo que les hace falta a los humanos, no es dinero, casas, coches…
sino más bien una filosofía iluminada y divina capaz de hacerles emerger de
todas sus dificultades.
Pues sí, es
sencillo, es formidablemente sencillo.
Sea lo que fuere, algunos están acostumbrados a ver siempre el lado
bueno de las cosas y de las situaciones, mientas que otros no ven más que los
inconvenientes. Naturalmente, los unos y
los otros tienen razón, pero esta razón actúa interiormente de dos formas
diferentes.
Desde el
punto de vista de la verdad, se puede decir que un vaso está medio lleno o que
está medio vacío, ello no tiene ninguna importancia; pero la acción mágica es
diferente. Y esto es, precisamente, lo
esencial. Si os acostumbráis a ver las
faltas, las lagunas, los defectos, cada vez vais a estar más tristes, más
descorazonados, más deteriorados. Es lo
que sucede cuando uno solo ve las faltas.
Que estas faltas existen, es evidente, ¿a quién vais a decírselo? Pero la cuestión no está ahí; la cuestión
está en saber trabajar con lo que se posee con el fin de mejorarlo.
Para
mostrar a algunos lo equivocados que están y cuánto daño se hacen al decir que
les falta esto o aquello, y sobre todo el dinero- ¡es de la falta de dinero lo que más se queja la gente! – les diré:
{Venga, os doy veinte millones, pero a cambio, dadme vuestros ojos.} ¡Ah!
Lo rechazan a gritos. {Y he aquí
todavía veinte millones más por vuestras orejas… Veinte millones por vuestra
nariz… Veinte millones por vuestros brazos… y veinte millones más por vuestras
piernas}. Y si seguimos, sumariamos una
fortuna. Pues bien, incluso ante esta
suma, van a rehusar. Entonces, ¿por qué
se sienten pobres?
Son ricos,
sólo que no lo han visto. No lo han
visto porque son tontos y los tontos deben sufrir siempre, su cabeza debe
madurar. No soy yo quien lo dice, sino
la naturaleza.
La
naturaleza es implacable: podéis gritar, llorar, amenazar y no cambia; sois
vosotros los que debéis inclinaros, obedecer, poneros de acuerdo con ella. Sí es implacable, irreductible.
Diréis que
es cruel… No, sólo quiere convertir a
los seres humanos en seres inteligentes, hermosos, y sobre todo, felices.
Pero cuando
ve que tienen la cabeza tan dura… Qué
queréis, es necesario que esas cabezas maduren, y para ello emplea métodos que
sólo ella conoce. Cuando se ensaña con
alguien, no le da ni siquiera explicaciones; dice simplemente: {Deseo su bien,
y como no hay otros medios para volverle cuerdo, me veo obligada a emplear
estos} No se le puede reprochar.
Debéis de
aceptar esta filosofía que os enseña que sois los hijos de Dios, los herederos
de un tesoro que no espera más que el momento en que seáis capaces de ir y
tomarlo. Es una filosofía que falta en
los humanos, nada más; lo tienen todo en ellos, junto a ellos, y no hacen más
que quejarse. Son unos cascarrabias, eso
es lo que son, y lo que les falta es una filosofía divina.
Por eso,
cuando veo a alguien que está ahí, encogido sobre sí mismo, sobre sus problemas
personales, tengo ganas de decirle: Pero pobre desdichado, ¿cómo puedes ver algo en este estado? No sales, estas encerrado en tu buardilla.
Paséate un
poco para contemplar tu herencia: todos esos bosques, esas montañas, esos
lagos, esos ríos, esas estrellas…Comprenderás que posees algo inmenso, que no te falta nada.
Los humanos
son comparables a aquel que está sumergido en un lago y grita: {¡Agua, agua!
¡tengo sed!} Están sumergidos en el océano
de la luz cósmica, pero han construido tales caparazones que esta luz no puede
penetrar en ellos. He aquí el estado
actual de mucha gente en el mundo: son
infelices, se quejan, y quieren hasta suicidarse. No pueden comprender que son ellos los
únicos responsables de su estado.
La inteligencia cósmica no tenía ningún deseo
de reducirles hasta este extremo; son ellos quienes, al mostrarse tan obtusos,
han llegado ahí, y se suprimen porque la visa no tiene ningún sentido por así
decir. En realidad, hay en la vida
todavía tantas posibilidades insospechadas… La mayor tontería es estar ahí,
sentirse desdichado, en el vacío, porque se es incapaz de ver esas
posibilidades.
Volvamos
ahora sobre la imagen del vaso medio lleno y del vaso medio vacío. Naturalmente, desde el punto de vista de la
simple constatación, que se diga lo uno o lo otro, ello viene a ser lo
mismo.
Sí, pero
constatar las cosas todavía no es la verdadera ciencia.
La
verdadera ciencia consiste en ver en nuestra vida las consecuencias de tal o
cual constatación. Al decir que un vaso
este medio lleno, enfocáis vuestro pensamiento en la plenitud, y así os
habitués a ver el buen lado de las cosas.
E incluso cuando se produce un acontecimiento desagradable, en lugar de
llorar horas enteras para {regar vuestro jardín}, os decís: {¡Oh! Hay algunas
posibilidades, el Cielo tiene buenas intenciones con respecto a mí, quiere que
desarrolle cualidades que todavía no poseo. ¿Cuáles?}
Las
buscáis… y cuando las encontráis, le dais las gracias por haberos dado esta
prueba. Es una filosofía muy difícil de
aceptar, pero es la mejor. Desde el
instante en que empezáis a aceptarla verdaderamente, nada podrá deteneros. Suceda lo que suceda, avanzaréis, porque
razonáis bien.
Y suponed
ahora que los humanos se comporten muy mal con respecto a vosotros: durante
toda vuestra vida, hagáis lo que hagáis, a pesar de vuestra amabilidad, vuestra
dulzura, vuestra bondad, las injusticias llueven sobre vosotros. Entonces, al final, llegáis a la conclusión
de que el Señor es tan cruel que os rebeláis contra Él, y queréis incluso
suprimiros. Esperad, hay un punto
todavía que no habéis comprendido bien: ¿Por qué el Cielo continúa dándoos
estas pruebas, siempre las mismas?...
Suponed que
en otra encarnación hayáis sido cruel con respecto a ciertas criaturas. Para mostraros cuánto mal les habéis hecho,
es a ellas a las que ahora les corresponde haceros sufrir, pero no comprendéis
que sois vosotros los culpables. Si no
fuera así, todo el mundo debería amaros, ayudaros, respetaros, es una ley.
Luego,
aunque las {injusticias} que padezcáis sean como para que os pongáis a gritar,
debéis de quitar de vuestra cabeza esta idea de que son injusticias. Porque en realidad estas injusticias,
visibles y reales, son la expresión de una justicia invisible.
Por una
razón u otra merecéis lo que os sucede: estáis pagando una deuda, o debéis de
fortaleceros y convertiros en un genio, en un gigante, en un coloso.
Lo que
impide a los humanos evolucionar es el pensar que las dificultades o las
desdichas que les suceden son el resultado de una injusticia. Se dice: {El destino es injusto e incluso el
Señor es injusto; me merezco algo mejor,} ¿cómo pueden saber si merezco algo
mejor? No se conocen, no conocen ni su
pasado, ni su presente, y menos aún su porvenir, entonces, ¿cómo pueden
pronunciarse? Incluso cuando en un
proceso los jueces condenan a un inocente-
¡y cuántas veces se han descubierto en la historia errores
judiciales! Detrás de esta injusticia
hay en realidad una justicia. Ello puede
incluso suceder a los Santos, a los Iniciados, a los Grandes Maestros: muchos
fueron colgados, quemados, crucificados; en apariencia fue injusto, pero en
realidad, no lo fue, porque los Veinticuatro Ancianos o Señores del Karma son
absolutamente justos. Estas pruebas les
eran enviadas para hacerles pagar una deuda, o para ayudarles a comprender
ciertas verdades que no habrían entendido sin ellas, o bien para incitarles a
volverse fuertes, poderosos, invencibles.
Algunos piensan
escapar a las dificultades suicidándose.
En realidad es todavía peor después, una vez que están
del otro lado, ya que uno no puede irse antes del término, porque comete una
deserción y entonces debe de pagar dos, tres veces más caro. Arriba no hay sitio para aquel que ha querido
desertar de la tierra, y no se le quiere recibir: deberá sufrir
proporcionalmente al tiempo de vida que le quedaba en la tierra.
La actitud
de aquel que se suprime es extremadamente reprensible. Ante todo es un ignorante, pues no conoce la
razón de las pruebas que debe de padecer.
Además es un ser orgulloso porque se imagina conocer mejor que los
Veinticuatro Ancianos que lo que ha merecido.
Y por último es débil, pues no soporta las dificultades. Por lo tanto tenemos: la ignorancia, el
orgullo y la debilidad. Y el mundo
invisible está descontento de este ser porque ha abandonado su puesto.
Diréis: Pero algunos se han suicidado porque tenían un
ideal extraordinario que no han llegado a alcanzar. Al ver que no lo conseguían se sintieron tan
decepcionados de sí mismos que se destruyeron. Pues bien, esto tampoco está
permitido. Cuando se tiene un gran
ideal, lo esencial precisamente es trabajar, realizarlo sin fijarse una fecha
para su ejecución. Si no lo consigue, es
porque no se poseían todavía los elementos del éxito; el no querer admitirlos y
el suprimirse es orgullo. ¡Había que perseverar!
La mayoría
de los humanos piensan que han venido a la tierra para vivir felices y realizar
sus ambiciones. No, han venido a la
tierra para pagar sus deudas, instruirse y fortalecerse. Por eso el Cielo no puede estimar a aquel que
toma la decisión de suicidarse, pues se sitúa entonces por encima de los
Señores del destino, y los sufrimientos que debe de padecer después son
indescriptibles.
Esta
también es una de las grandes verdades de la Ciencia Iniciática.
Evidentemente, se le pueden dar al suicidio todo tipo de
explicaciones. Pero cualesquiera que
sean las razones por las cuales un hombre o una mujer se suicidan, se puede
decir que la verdadera razón es ésta: se trata de una criatura que no sabe que
el Creador ha puesto en ella posibilidades inauditas para poder triunfar en
cualquier condición de la vida: posibilidades de comunicar con los seres del
mundo invisible, posibilidades de crear por el pensamiento y de enviar esas
creaciones a través del espacio… No
sabe que aún en la soledad y en la miseria más grande, uno puede no sentirse
solo y pobre, sino acompañado y dueño de todos los tesoros:
¡Suceda lo
que suceda se tiene dentro un mundo tan vasto, tan bello, que se es feliz!
Existen
seres a los que ningún acontecimiento, ninguna situación desmorona, porque
tienen un sistema filosófico donde acogerse.
¿Por qué
está escrito en los Evangelios que hay que construir la propia casa sobre la
roca? La roca es el espíritu, y el
espíritu en todas las condiciones permanece inquebrantable. Es el corazón, el intelecto y el cuerpo
físico los que son vulnerables, pero no el espíritu.
Los humanos
están muy mal instruidos, no saben lo que Dios ha depositado en ellos, y a
la mínima decepción piensan que la única
solución para ellos es el suicidio.
Entonces, ¿qué quiere decir esto?
¿Qué son genios, que son seres tan excepcionales que no pueden soportar
el mal en el mundo?... no, son pobres miserables privados de todo, de
inteligencia, de amor y de energía; sólo su debilidad les empuja a acabar
así.
Que haya
habido en la historia hombres y mujeres heroicos que se hayan dado muerte para
salar a un ejército, a una ciudad, a un pueblo, eso lo comprendo, es otra
cuestión. Pero no hablo de ellos, hablo
de toda esa gente que se prepara para terminar lamentablemente porque se
sienten solos o incomprendidos, sobre todo los jóvenes.
Los jóvenes
deberían darse cuenta de la riqueza de que disponen. Tienen una imaginación, ¿no es así?,
entonces. ¿por qué no servirse de ella?
Oh, naturalmente se sirven de ella: cuando se trata de pensar en sus bien
amadas e imaginarse cómo las acarician, cómo las abrazan, la imaginación de los
chicos y de las chicas es incansable.
Pero esta preciosa facultad que el Creador les ha dado, ¿Por qué
utilizarla únicamente en elucubraciones sensuales? ¿Por qué no aprender a
utilizar la propia imaginación para pensar en todas las razones que pueda haber
para sentirse felices y ricos gracias a todo lo que existe en el Cielo y en la
tierra, y especialmente en ellos mismos?
Los casos
de suicidios son innumerables en la historia, pero pueden resumirse en tres categorías. Tienen por causa una falta de inteligencia,
una falta de corazón, o bien una falta de voluntad. Si tenéis una comprensión correcta de las
cosas, si sabéis que existe un mundo divino poblado de una multitud de seres
espléndidos y que este mundo divino ha impreso su marca en el mundo físico, si
sabéis que los sentimientos y los deseos son de una potencia tal que con perseverancia
se llega siempre a realizarlos… En fin,
si llegáis a dominaros, si pensáis en algo más que en satisfacer vuestros deseos,
y consideráis todas las facultades que poseéis como un medio de ejercer vuestra
voluntad, creedme, no os suicidaréis nunca. Ni la miseria, ni las privaciones, ni la
enfermedad y la soledad llegaran a venceros.
Sois
vosotros quienes triunfaréis.
Los jóvenes
deben de persuadirse al menos de una cosa: de que el mundo es vasto y que no
están solos. Lo que empuja a la gente
al suicidio es la falta de amor. Cuando
hemos perdido el amor queremos morir, la vida no tiene ya ningún sentido. La vida está ligada al amor. ¡Es tan verdadero que si estáis en brazos de
aquel o de aquella que amáis, querríais vivir eternamente!
Sí,
conservad preciosamente el amor y así querréis vivir siempre, debido a este
amor. Si suprimido el amor y se
preguntan por qué no sienten ningún gusto por nada. Pues bien, precisamente porque el amor ha
desaparecido.
Cuando veo
a una joven alegre, que canta, sé que vuelve de ver a su bien amado, pues el
amor es eso, es alegría. Y si después la
veo deprimida, sé que ha perdido a su bien amado, no es difícil de
descifrar. He ahí por qué insisto
siempre sobre el amor. Pero no este amor que está a la moda hoy y que no es en
realidad más que libertinaje, pues este
amor, como la falta de amor, acaba por eliminar en los seres toda ansia de
vivir.
¡Sí, hay
que hablar sin cesar sobre el amor toda la vida, pues los humanos están todavía
tan lejos de conocer el verdadero amor,
aquel que es capaz de desplazar montañas, de crear mundos!...
Yo he
encontrado el secreto: amo… la Fraternidad, y mientras ama a la Fraternidad,
todas las cuestiones están resueltas. No
pienso más que en ella, no hay nada más en mi cabeza, ella le da un sentido a
mi vida. Vosotros haced también lo mismo
y no tendréis nunca el deseo de suicidaros.
OMRAAM

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