Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

jueves, 27 de junio de 2019

Lo mismo que el sol, un Maestro debe permanecer en el centro

Fórmulas para pronunciar en la salida del sol 

¿Veis?, queridos hermanos y hermanas, somos unos privilegiados... De nuevo está ahí el sol y nos sonríe, generoso, vivificante. No hay duda, somos unos privilegiados. Imaginad que un hombre que tiene grandes responsabilidades entre los humanos, un Iniciado, un Maestro, le pregunta al sol: “Escucha querido sol, muchas personas me aman y desean atraerme hacia ellas ¿Tú qué me aconsejas? ¿Qué debo hacer?” El sol le responderá: “Mírame a mí y haz como yo. 
Los planetas también me aman mucho, dan vueltas a mi alrededor, pero yo permanezco en el centro, no me desplazo para ir hacia uno u otro. Y sin embargo me dicen: “Querido sol, ¡si pudiera acurrucarme junto a ti, si pudiera abrazarte!... Ven a mi lado...” Pero yo reflexiono y pienso: yo también los amo, incluso más. El amor de todos estos planetas juntos no puede compararse con la inmensidad de mi amor, porque en mi amor no hay ningún interés sino solamente luz, calor y vida. Pero, por su bien estoy obligado a quedarme en mi sitio, no correr tras ellos, porque, si no, se produciría un cataclismo universal. ¿Ves? 

Debo permanecer en el centro para mantener la armonía, la vida y la felicidad por todas partes en el universo. Así que tú también haz como yo; nada te impide amar a todos los seres humanos, darles luz, inspirarlos, levantarlos y llevarlos hacia las regiones celestiales, pero tú no debes abandonar el centro. – Sí, ¡pero me lo piden! - ¡Bueno!, responderá el sol, si ahora tienes que contentar los deseos y los caprichos de cualquiera, ¡todo va a desplomarse!...” Debéis comprender que una Escuela iniciática es como un sistema solar: en ella hay planetas, y desgraciadamente, hasta cometas, que se acercan y después se alejan... Y el Maestro, que como el sol está en el centro, debe permanecer en el centro. Sé que esta cuestión es particularmente difícil, y que muchos Iniciados no la han resuelto. Cuentan que incluso Pitágoras sucumbió y que le costó muy caro. 

Entre sus discípulos había una muchacha muy bella que le amaba –se llamaba Théano- y cuando ella le confesó su amor, Pitágoras la tomó por mujer; se ha especulado incluso si no fue por eso por loque otros discípulos habrían prendido fuego a su escuela... Los verdaderos Maestros, mis queridos hermanos y hermanas, son como el sol, permanecen en el centro, no se desplazan; dan su fuerza, su calor, su luz, sus bendiciones, sus ideas, pero permanecen en el centro. Muchos de ellos, que ignoraban que su decisión podía provocar una verdadera catástrofe, aceptaron a una de sus discípulas por mujer, y los demás discípulos, viendo que su Maestro se casaba, le abandonaban. Los Maestros que actúan así no son verdaderos soles; simbólicamente son más bien... lunas, porque, simbólicamente, la luna es más influenciable, más inestable, más sentimental, y es atraída por la Tierra. Ya ha habido varias lunas en nuestro sistema solar, y algunas cayeron sobre la Tierra... Quizá no me creáis, pero esto está escrito en los archivos de la Ciencia iniciática. 

Todos los Iniciados que tienen este aspecto lunar, es decir, una emotividad y un sentimentalismo muy desarrollados, son atraídos por los humanos; cambian de lugar, abandonan el centro y acaban cayendo. Pero los verdaderos soles razonan, reflexionan, y permanecen inmutables. Eso no quiere decir que sean fríos, helados, egoístas, no, dan su amor, su luz y sus fuerzas, pero se mantienen en su lugar, en el centro. Y no se mueven, ni siquiera ante las muchachas más encantadoras, ni ante las princesas. Dicen: “Os enviaré mis rayos, os daré mi afecto, pero dejadme seguir donde estoy”. 
¿Veis cómo responde el sol a una cuestión que no está clara en absoluto en la cabeza de los hombres y de las mujeres? Cuando empecéis a pensar de esta manera, os liberaréis de muchos tormentos, agitaciones y trastornos. Esta es otra lección que nos da el sol: todos para el sol, y el sol para todos. Y ahora, mis queridos hermanos y hermanas, os daré algunas fórmulas que podréis pronunciar mirando el sol naciente. Esperaréis el primer rayo y, con amor, pronunciaréis dentro de vosotros estas palabras: 

“Que así como este sol se levanta sobre el mundo, que el sol de la libertad, de la inmortalidad, de la eternidad y de la verdad se levante en mi espíritu.” 

“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol del amor y de la inmensidad se levante en mi alma.” “Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol de la inteligencia, de la luz y de la sabiduría se levante en mi intelecto.” 

“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol del gozo, de la felicidad y de la pureza se levante en mi corazón.” “Que así como este sol luminoso, radiante, se levanta por encima del mundo, que el sol de la fuerza, del poder, de la energía, del dinamismo y de la actividad se levante en mi voluntad.” “Y que así como este sol luminoso, radiante, vivo, se levanta por encima del mundo, que el sol de la salud, de la vitalidad y del vigor se levante en mi cuerpo entero.” “Amén. Así sea. Para el Reino de Dios y su Justicia.” 

“Amén, Así sea. Para la Gloria de Dios.” 

Ésta es una fórmula poderosa, mágica. 

Con todos los ejercicios que os doy se puede llenar toda una existencia. Y así, todos los hermanos y hermanas, resplandecientes, luminosos y bellos como Querubines, como Serafines, como hijos de Dios, caminarán por la vida glorificando al Señor, propagando por todas partes su Gloria, para que el Reino de Dios y su Justicia vengan lo antes posible a la Tierra... Entonces la vida estará llena de alegría, de gozo, de poesía, de música; la humanidad entera se estremecerá y todos vivirán como hermanos... Los ríos fluirán, las flores perfumarán la atmósfera, los pájaros cantarán divinamente... Toda la vida cantará el canto de la Gloria de Dios... Y ya no habrá guerras, ya no habrá devastaciones, miserias, enfermedades ni crímenes, y la Tierra será, al fin, por primera vez, una verdadera Tierra de los vivos. ¿Por qué no trabajar en este sentido? 
¿Por qué hundirse noche y día en la tristeza, la oscuridad y el miedo, en vez de dirigir toda nuestra existencia hacia las regiones más bellas, juntos, en esta Fraternidad Blanca Universal, en armonía con el mismo espíritu? 

¡Esta es nuestra Enseñanza! 

Que los Angeles y los Arcángeles abran ahora las puertas, que derramen su generosidad sobre los hijos de Dios, sobre toda la humanidad... Que haya abundancia de luz y de comprensión, abundancia de gozo y de felicidad para que el hombre realice, por fin, la alta misión para la que ha venido a la tierra: reflejar, expresar al Creador y la belleza del Cielo. 

¡Bienaventurados los que tienen esta conciencia! 

¡Bienaventurados los que están inflamados por el fuego sagrado! 

 ¡Bienaventurados los que han decidido ser conductores del Padre Celestial! ¡Bienaventurados los mansos! ¡Bienaventurados los que están en paz! ¡Bienaventurados los que quieren trabajar y hacer sacrificios! ¡Bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados los hijos de la Fraternidad Blanca Universal! 

OMRAAM

Bonfin, 12 de agosto de 1967

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