Fórmulas para pronunciar en la salida del sol
¿Veis?, queridos hermanos y hermanas, somos unos privilegiados... De nuevo
está ahí el sol y nos sonríe, generoso, vivificante. No hay duda, somos unos
privilegiados.
Imaginad que un hombre que tiene grandes responsabilidades entre los humanos,
un Iniciado, un Maestro, le pregunta al sol: “Escucha querido sol, muchas personas me
aman y desean atraerme hacia ellas ¿Tú qué me aconsejas? ¿Qué debo hacer?” El sol le
responderá: “Mírame a mí y haz como yo.
Los planetas también me aman mucho, dan
vueltas a mi alrededor, pero yo permanezco en el centro, no me desplazo para ir hacia
uno u otro. Y sin embargo me dicen: “Querido sol, ¡si pudiera acurrucarme junto a ti, si
pudiera abrazarte!... Ven a mi lado...” Pero yo reflexiono y pienso: yo también los amo,
incluso más. El amor de todos estos planetas juntos no puede compararse con la
inmensidad de mi amor, porque en mi amor no hay ningún interés sino solamente luz,
calor y vida. Pero, por su bien estoy obligado a quedarme en mi sitio, no correr tras
ellos, porque, si no, se produciría un cataclismo universal. ¿Ves?
Debo permanecer en el
centro para mantener la armonía, la vida y la felicidad por todas partes en el universo.
Así que tú también haz como yo; nada te impide amar a todos los seres humanos, darles
luz, inspirarlos, levantarlos y llevarlos hacia las regiones celestiales, pero tú no debes
abandonar el centro. – Sí, ¡pero me lo piden! - ¡Bueno!, responderá el sol, si ahora tienes que contentar los deseos y los caprichos de cualquiera, ¡todo va a
desplomarse!...”
Debéis comprender que una Escuela iniciática es como un sistema solar: en ella
hay planetas, y desgraciadamente, hasta cometas, que se acercan y después se alejan... Y
el Maestro, que como el sol está en el centro, debe permanecer en el centro. Sé que esta
cuestión es particularmente difícil, y que muchos Iniciados no la han resuelto. Cuentan
que incluso Pitágoras sucumbió y que le costó muy caro.
Entre sus discípulos había una
muchacha muy bella que le amaba –se llamaba Théano- y cuando ella le confesó su
amor, Pitágoras la tomó por mujer; se ha especulado incluso si no fue por eso por loque
otros discípulos habrían prendido fuego a su escuela...
Los verdaderos Maestros, mis queridos hermanos y hermanas, son como el sol,
permanecen en el centro, no se desplazan; dan su fuerza, su calor, su luz, sus
bendiciones, sus ideas, pero permanecen en el centro. Muchos de ellos, que ignoraban
que su decisión podía provocar una verdadera catástrofe, aceptaron a una de sus
discípulas por mujer, y los demás discípulos, viendo que su Maestro se casaba, le
abandonaban. Los Maestros que actúan así no son verdaderos soles; simbólicamente son
más bien... lunas, porque, simbólicamente, la luna es más influenciable, más inestable,
más sentimental, y es atraída por la Tierra. Ya ha habido varias lunas en nuestro sistema
solar, y algunas cayeron sobre la Tierra... Quizá no me creáis, pero esto está escrito en
los archivos de la Ciencia iniciática.
Todos los Iniciados que tienen este aspecto lunar, es decir, una emotividad y un
sentimentalismo muy desarrollados, son atraídos por los humanos; cambian de lugar,
abandonan el centro y acaban cayendo. Pero los verdaderos soles razonan, reflexionan,
y permanecen inmutables. Eso no quiere decir que sean fríos, helados, egoístas, no, dan
su amor, su luz y sus fuerzas, pero se mantienen en su lugar, en el centro. Y no se mueven, ni siquiera ante las muchachas más encantadoras, ni ante las princesas. Dicen:
“Os enviaré mis rayos, os daré mi afecto, pero dejadme seguir donde estoy”.
¿Veis cómo responde el sol a una cuestión que no está clara en absoluto en la
cabeza de los hombres y de las mujeres? Cuando empecéis a pensar de esta manera, os
liberaréis de muchos tormentos, agitaciones y trastornos. Esta es otra lección que nos da
el sol: todos para el sol, y el sol para todos.
Y ahora, mis queridos hermanos y hermanas, os daré algunas fórmulas que
podréis pronunciar mirando el sol naciente. Esperaréis el primer rayo y, con amor,
pronunciaréis dentro de vosotros estas palabras:
“Que así como este sol se levanta sobre el mundo, que el sol de la libertad, de la
inmortalidad, de la eternidad y de la verdad se levante en mi espíritu.”
“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol del amor y
de la inmensidad se levante en mi alma.”
“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol de la
inteligencia, de la luz y de la sabiduría se levante en mi intelecto.”
“Que así como este sol se levanta por encima del mundo, que el sol del gozo, de
la felicidad y de la pureza se levante en mi corazón.”
“Que así como este sol luminoso, radiante, se levanta por encima del mundo,
que el sol de la fuerza, del poder, de la energía, del dinamismo y de la actividad se
levante en mi voluntad.”
“Y que así como este sol luminoso, radiante, vivo, se levanta por encima del
mundo, que el sol de la salud, de la vitalidad y del vigor se levante en mi cuerpo
entero.”
“Amén. Así sea. Para el Reino de Dios y su Justicia.”
“Amén, Así sea. Para la Gloria de Dios.”
Ésta es una fórmula poderosa, mágica.
Con todos los ejercicios que os doy se puede llenar toda una existencia.
Y así, todos los hermanos y hermanas, resplandecientes, luminosos y bellos
como Querubines, como Serafines, como hijos de Dios, caminarán por la vida
glorificando al Señor, propagando por todas partes su Gloria, para que el Reino de Dios
y su Justicia vengan lo antes posible a la Tierra... Entonces la vida estará llena de
alegría, de gozo, de poesía, de música; la humanidad entera se estremecerá y todos
vivirán como hermanos... Los ríos fluirán, las flores perfumarán la atmósfera, los
pájaros cantarán divinamente... Toda la vida cantará el canto de la Gloria de Dios... Y
ya no habrá guerras, ya no habrá devastaciones, miserias, enfermedades ni crímenes, y
la Tierra será, al fin, por primera vez, una verdadera Tierra de los vivos.
¿Por qué no trabajar en este sentido?
¿Por qué hundirse noche y día en la
tristeza, la oscuridad y el miedo, en vez de dirigir toda nuestra existencia hacia las
regiones más bellas, juntos, en esta Fraternidad Blanca Universal, en armonía con el
mismo espíritu?
¡Esta es nuestra Enseñanza!
Que los Angeles y los Arcángeles abran ahora las puertas, que derramen su
generosidad sobre los hijos de Dios, sobre toda la humanidad... Que haya abundancia de
luz y de comprensión, abundancia de gozo y de felicidad para que el hombre realice, por
fin, la alta misión para la que ha venido a la tierra: reflejar, expresar al Creador y la
belleza del Cielo.
¡Bienaventurados los que tienen esta conciencia!
¡Bienaventurados los que están inflamados por el fuego sagrado!
¡Bienaventurados los que han decidido ser conductores del Padre Celestial!
¡Bienaventurados los mansos!
¡Bienaventurados los que están en paz! ¡Bienaventurados los que quieren
trabajar y hacer sacrificios!
¡Bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados los hijos de la Fraternidad
Blanca Universal!
OMRAAM
Bonfin, 12 de agosto de 1967
No hay comentarios.:
Publicar un comentario