La representación tradicional del mago que encontramos muy a menudo
en los cuentos y relatos iniciáticos, es la de un augusto anciano que
sostiene en la mano una vara con la cual traza a su alrededor un círculo
mágico. Una vez trazado este círculo, pronuncia unas fórmulas para convocar a
los espíritus, a los que confía determinadas misiones. Lo importante no es
saber si esta representación corresponde a una realidad concreta. Lo importante
es que simbólicamente es exacta: la varita mágica, el círculo mágico, las
fórmulas mágicas son realidades del mundo espiritual.
En el relato de la creación del mundo que
Moisés hace en el Génesis, hay un punto cuya importancia no ha sido suficientemente
señalada por los teólogos: la primera criatura de Dios, su primera creación,
fue la luz. Una vez creada la luz, Dios hizo aparecer a todas las demás
criaturas. Según la Ciencia iniciática, cuando dios creó el mundo, primero
proyectó a su alrededor un círculo de luz, mediante el cual establecía y fijaba
las fronteras del universo. Después, en esta luz, Dios proyectó imágenes que se
condensaron y materializaron, convirtiéndose en plantas, animales y hombres. La
luz, es por tanto, la que ha suministrado la sustancia de la creación.
Este proceso de la creación lo volvemos a
encontrar en los grandes magos. También ellos están rodeados de un círculo
luminoso: su aura. Hasta ahora, no se ha comprendido muy bien la función y la
importancia del aura. Cuando un Iniciado quiere crear, utiliza los mismos
medios que Dios utilizó cuando creó el universo: proyecta una imagen o
pronuncia una palabra que debe atravesar su aura. Esta aura que los envuelve
provee la materia para la manifestación. La imagen proyectada, la palabra
pronunciada se revisten de la materia del aura. No es posible ninguna
realización espiritual sin la materia sutil del aura. El poder de los magos, de
los Iniciados, proceden de que saben impregnar las palabras que pronuncian de
la materia de su aura, abundante, intensa, pura. La palabra es como un
recipiente y los efectos que produce son tanto más grandes cuanto más
impregnada está del elemento creador: la luz.
Seguramente os habréis dado cuenta por
vosotros mismos que algunos días habláis sin poder producir ningún efecto en el
alma de los demás, mientras que otras veces, por el contrario, con unas
sencillas palabras producís grandes efectos. Eso se debe a que estas palabras
están vivas porque con antelación han sido sumergidas en vuestra aura, con lo
cual se han vivificado, reforzado en ella, y, revestidas de poder han podido
penetrar en el alma de los demás y hacerles vibrar. Cuando vuestra aura está
debilitada, vuestras palabras son insignificantes, están vacías, no hay nada en
ellas; habláis y no obtenéis resultado alguno.
Ahora comprendéis el origen del círculo que
el mago debe trazar a su alrededor. Esta práctica proviene de un saber muy
antiguo referente al aura humana. Cuando se dice que un mago debe entrar en el
círculo que ha trazado, significa no sólo que debe dibujar a su alrededor un
círculo material sino que debe crear este círculo viviente del aura y situarse
en su centro, es decir, que su espíritu debe estar vigilante, activo. Si el
mago se contenta con trazar a su alrededor un círculo material sin haber
trabajado previamente sobre su aura para hacerla pura, luminosa, poderosa,
corre grandes riesgos; porque aún cuando consiga obtener lo que desea, cuando
salga del círculo mágico todos los seres que le habían obedecido mientras
estaba dentro del círculo,-- puesto que las entidades invisibles respetan este
símbolo, así como las palabras mágicas pronunciadas--, le perseguirán.
Estas desventuras suceden a todos los magos
que ignoran u olvidan las leyes del trabajo espiritual. Los espíritus
invisibles que ven que su aura no es pura ni luminosa, acaban por vengarse por
haber sido forzados a obedecer a hombres que no poseían ninguna verdadera
autoridad. Antes de lanzarse a la realización de vastas empresas, el discípulo
debe construirse un aura, un verdadero círculo mágico de luz. Este círculo no
se traza automáticamente con tiza o con otros medios, sino que se prepara
mediante el amor, la pureza, la abnegación, el sacrificio, etc
¿Por qué a menudo, los que realizan
prácticas mágicas no sólo no obtienen ningún resultado, sino que además
ocasionan desgracias? Porque su aura no es poderosa ni pura. Cuando quiera
proyectar su pensamiento no se produce nada que pueda envolverlo, fortalecerlo.
Para que el pensamiento pueda volar es necesario darle alas y estas alas se
encuentran en el aura. Debéis comprender que la verdadera magia no es
prestidigitación. Para transformar nuestra existencia, para que los deseos que
formulamos puedan dar resultados, hace falta que nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos, nuestras palabras estén impregnados de la materia de nuestra
aura. Ninguna verdadera creación espiritual es posible sin la materia pura, sin
la luz pura del alma.
El círculo del aura es por lo tanto el
espacio en el cual podemos crear; es también la mejor protección. A veces nos
encontramos con personas enfermas cuya enfermedad no tiene ninguna causa física:
esto es debido a que su aura no está en buen estado y están expuestos a todas
las perturbaciones de la atmósfera psíquica. Un aura pura, luminosa, poderosa,
es una barrera infranqueable, pone obstáculos a todas las corrientes nocivas
que recorren el mundo visible o invisible. Rodeado de esta aura el hombre se
encuentra como si estuviese en una fortaleza, e incluso cuando a su alrededor
no hay más que perturbaciones, desórdenes, agitación, él permanece tranquilo,
estable, lleno de amor y de fuerza: siente que en él hay una luz interior. Cada
uno puede crear a su alrededor esta aura poderosa mediante la oración , la
meditación y la práctica de las virtudes.
Esto no quiere decir que cuando tengáis un
aura poderosa, una fortaleza de luz, no seáis nunca molestados o atacados.
Desgraciadamente mientras se está sobre la tierra no se está nunca
verdaderamente al abrigo de los ataques y de las luchas. Pero a pesar de todo,
si se tiene una barrera de luz, es diferente. Incluso los Iniciados están
obligados a protegerse. Sí, hasta los más fuertes, los más poderosos deben
pensar continuamente en poner barreras de luz, círculos de llamas entre ellos y
los espíritus del mal que vienen a acosarles. ¿Entonces, cómo pueden pensar las
personas débiles que no tienen necesidad de protección alguna?
Ha llegado el momento de que comprendáis la
importancia del trabajo sobre el aura. Cada día, unas cuantas veces, pensad en
rodearos de luz, de colores, con el fin de crear una barrera infranqueable para
las influencias negativas, las entidades maléficas. Formad a vuestro alrededor
un círculo de luz, imaginad que colocáis dentro de este círculo un manantial
luminoso que fluye sin cesar y que esta luz se expande sobre vosotros y
alrededor de vosotros. Jesús decía: “Velad y orad”. Orar es enviar corrientes
luminosas al espacio. Si no obtenéis la ayuda y la protección del cielo, es
porque no habéis enviado luz. El cielo no quiere ocuparse de lo que está
apagado. ¿Queréis que responda a vuestras llamadas? Encended todas vuestras
lámparas.
Algunos dirán: “Pero… no tenemos tiempo de
hacer estos ejercicios”. Cuando alguien me dice: “No tengo tiempo estoy demasiado
ocupado…” yo le respondo: “ah bueno, bueno, comprendo, comprendo”__ ¿Qué es lo
que comprende? __ Comprendo que tendréis que sufrir desgracias, que dar vueltas
en vuestras camas y lamentaros. Cuando no se tiene tiempo para el bien, se
tiene para el mal. Me miráis y pensáis: “Qué duro y qué cruel es!” Pues no, así
es como suceden las cosas en la naturaleza: sino tenéis tiempo para la luz, lo
tendréis para las tinieblas. Esto es algo matemático, absoluto.
OMRAAM

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