Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

miércoles, 1 de mayo de 2019

LA PARÁBOLA DEL TRIGO Y LA CIZAÑA




Jesús les propuso otra parábola, y dijo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que ha sembrado una buena semilla en su campo.
Pero mientras su gente dormía vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se fue.  Cuando la yerba hubo crecido y dado su fruto, la cizaña también apareció.  Los criados del dueño de la casa vinieron a decirle: Señor, ¿no has sembrado una buena semilla en tu campo? ¿Por qué hay cizaña?  Él les respondió: Es un enemigo quien ha   hecho esto.  Y los servidores le dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? – No, dijo, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo.  Dejad crecer juntos el uno y el otro hasta que llegue la época de la siega, y cuando ésta llegue, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña, atadla en gavillas para quemarla, y amontonad el trigo en el granero.
                                                                     Mateo  XIII: 24-30

     
Jesús se sirvió varias veces de las imágenes del campo, del sembrador, del grano, etc… y  Él mismo las interpretó.  No volveré, pues, sobre esto. Me ocuparé solamente de la respuesta dada en esta parábola por el amo del campo a los servidores que le preguntaban si debían arrancar la cizaña.  
No, respondió, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis también al trigo.  Dejad crecer juntos el uno y el otro hasta que llegue la época de la siega…
Si comprendéis esta parábola del trigo y de la cizaña, habéis comprendido una de las leyes más importantes de la vida: ¿cómo desarrollarse a pesar de las condiciones aparentemente desfavorables que el destino nos depara en nuestra ruta?  ¿Cómo amoldarse a la regla dada por el amo del campo: Dejad crecer el trigo y la cizaña juntos hasta la época de la siega?   

Esta cuestión es la de mayor importancia tanto desde el punto de vista pedagógico como desde el punto de vista social los hombres siempre se quejan de que existen seres malvados, y su lenguaje está llena de expresiones tales como: ¡matémosles, exterminémosles!  Pero desde que el mundo existe, no se ha llegado nunca a hacer desaparecer a todos los malvados.  Y los pedagogos, los religiosos, los moralistas, ¿qué dicen? ¡Arranquemos los vicios! ¡Extirpemos las malas costumbres!  
La intención es muy buena, pero, ¿cómo realizarlo?  
Todos se proveen de armas para aniquilar el mal, pero ello no impide que continúe existiendo; e incluso sucede a veces que aquellos a los que se les ha podido arrancar ciertos vicios se convierten en presa de vicios aún mayores.
     
Para destruir el mal, la gente actúa exactamente como aquél que intenta matar todos los mosquitos, y se olvida de sacar el pantano que favorece su proliferación. Para aniquilar el mal, no basta con deshacerse de los malvados, pues éstos no son otra cosa que el resultado de ciertas condiciones. Hay que secar el pantano, es decir, hay que cambiar las condiciones, y así no habrá más mosquitos.  Diréis que ya sabéis todo esto.  No me cabe la menor duda, pero lo que ignoráis es que en vosotros mismos existe también un pantano que produce el mal y los seres malvados. 
Pasáis vuestro tiempo matando mosquitos que os molestan, ¡pero no hacéis nada para secar vuestro pantanos interior!... He aquí verdades que, naturalmente, no os gusta escuchar.
     
Decir que el campo de trigo representa el mundo, y la cizaña y el trigo los hombres buenos y malos que serán un día separados, es una interpretación cierta, pero insuficiente.  El campo de trigo representa no solamente el mundo, sino también a cada ser humano que lleva dentro de sí el trigo y la cizaña, es decir, su naturaleza bondadosa y malévola.
Evidentemente, se puede uno preguntar cómo es que el hombre creado a imagen de Dios y habiendo recibido tantas cualidades de su Creador, manifiesta tantas tendencias extrañas, deseos de mentir, de robar, de matar, de traicionar.  ¿Cómo es posible que Dios sea el Creador de un ser malévolo y criminal?... La parábola responde a una cuestión.  Dice que vino un enemigo mientras dormíamos y que sembró en nosotros otros gérmenes de una naturaleza distinta a la que habíamos recibido de Dios, si bien estos dos tipos de semillas crecen juntos en nosotros.  

Las palabras: Mientras que su gente dormía, lo explican todo.   
Y esto se produce incluso en los seres más evolucionados. Cuando la conciencia se duerme, la inteligencia se ensombrece; el enemigo (que simboliza aquí una gran colectividad de seres muy inferiores que tienen metas contrarias al orden de la evolución) siembra sentimientos, pensamientos y deseos perversos en el alma humana.  Por eso los discípulos de una escuela iniciática deben vigilar continuamente, estar muy despiertos…, incluso durante su sueño: el cuerpo puede dormir, pero no el alma.
     
Desde que el mundo existe, la cizaña es objeto de estudio por parte de los hombres. En los hospitales, escuelas, tribunales, se intenta analizar los elementos de la cizaña, pero no solamente resulta imposible descubrir dónde está el mal en todas sus manifestaciones, sino que también el mal y el bien están estrechamente entremezclados que al querer arrancar también el otro, se corren grandes riesgos de arrancar también el otro.
    
Es necesario poder separarlos como lo aconseja Hermes Trimegisto, quién dice: Separarás lo sutil de lo dense con un gran cuidado. Sí, pero el hombre no posee todavía el saber ni la capacidad suficiente para ello. 
La mejor solución para él es, pues, dejar que el bien y el mal vivan juntos y utilizar la actividad y las fuerzas extraordinariamente potentes contenidas en los elementos del mal, es decir, tomar algunas dosis infinitesimales del mal para reforzar y tonificar las fuerzas del bien.  Exactamente como ocurre en un injerto.  ¿Qué hace el jardinero?  En el  tallo de un peral salvaje recién hecho, cuyos frutos son incomestibles, fija, por ejemplo, la rama de un peral de buena calidad que se aprovechará del formidable vigor del árbol salvaje.  De la misma forma, en el árbol del mal se pueden injertar ramas del árbol del bien.  Puesto que las fuerzas del mal llegan a aprovecharse del bien para tomar de él fuerzas, transformarlas y utilizarlas en sus designios diabólicos, de la misma manera el bien también tiene todo el derecho de tomar fuerzas del mal, transformarlas y servirse de ellas.
     
Por ejemplo, poseemos órganos cuyas funciones no nos parecen ni espirituales, ni estéticas, ni limpias, pero que, sin embargo, son extremadamente necesarios, por lo que no debemos suprimirlos. 
En la naturaleza, cada cosa está ligada a otra: cada célula, cada órgano está ligado a otras células y a otros órganos, de la misma manera que las raíces de un árbol están ligadas a las ramas, a las hojas, a las flores y a los frutos.  Y si el hombre corta sus raíces, es decir, si suprime los órganos que son el fundamento de su existencia, se producen terribles consecuencias.  
Es cierto  que estos órganos provocan a veces acontecimientos trágicos, pero hay que dejarlos vivir tratando de sacar fuerzas de ellos y de transformarlos.  

A menudo, al leer la biografía de los hombres y de las mujeres más sobresalientes, se queda uno extrañado al constatar que muchos tenían tendencias anormales, perversas o incluso criminales.  Cuando no se conoce la estructura del ser humano, no se comprende cómo es posible esto; en realidad, es muy simple: estos seres, a causa de sus tendencias inferiores contra las cuales estaban constantemente en lucha, conseguían practicar, consciente o inconscientemente, injertos en su ser. Cuanto más terribles y ardientes eran sus pasiones (sus raíces), más frutos sabrosos y más obras sobresalientes daban.   Mientras que muchos otros no tenían ninguno de estos defectos, no han dado nada a la humanidad y han vivido de una forma insubstancial y mediocre.
    
Todo lo dicho no significa que haya que tolerar, justificar o cultivar el mal en el mundo, sino que ha llegado el momento de que la humanidad comprenda esta filosofía sublime que enseña cómo utilizar las fuerzas del mal para glorificar el bien.  Cuanta más altura alcanza el tronco, más profundamente se hunden las raíces en la tierra. Aquel que no comprende esto se asusta al constatar la amplitud del mal. No hay que tener miedo. Todo en la naturaleza está construido según leyes extraordinariamente sabias y si no tenemos raíces profundas, seremos incapaces de tomar la vida del suelo y de resistir las tempestades.

Y ahora, ¿qué actitud adoptar con respecto a los seres que representan la cizaña en una sociedad?  Sobre la tierra existen montañas y llanuras, y entre ambas circulan corrientes que provocan ciertas manifestaciones de la vida.  Si la tierra fuera absolutamente llana, no habría vida. Jesús, que conocía bien esta ley, no dudaba en entremezclarse con los pobres, los pecadores y los criminales. Mientras que los fariseos y los saduceos, que ignoraban las leyes de la naturaleza, despreciaban a Jesús y le acusaban de frecuentar la multitud ignorante y pecadora. Su orgullo les tenía alejados de los pobres y de los desheredados, mientras que a Jesús le gustaba vivir cerca de los débiles, de los enfermos y de los desposeídos, con el fin de realizar intercambios con ellos.  

Él les daba su luz, su amor, su pureza, pero al mismo tiempo tomaba de ellos materias brutas, groseras, semejantes a aquellas que absorben las raíces en el suelo gracias a las cuales el árbol podrá dar flores y frutos.  
Los malvados suministran energías que los bondadosos absorben. Transforman y distribuyen bajo una forma elaborada de bondad, de caridad, de sabiduría.  Este intercambio es necesario.  Jesús tomaba los pecados de los hombres, es decir, tomaba de ellos energías brutas que transformaba en las hojas de su ser y que redistribuía bajo forma de luz y de amor.
     
Aquel que rehúsa tener contactos con los ignorantes y con los malvados y no quiere frecuentar más que a los hombres distinguidos, sabios y virtuosos, no puede evolucionar, no es un buen alquimista al quedar privado de ciertas cualidades y virtudes indispensables a su evolución.  Por eso, a pesar de todo su saber, los fariseos eran ignorantes, pues se mantenían apartados de la muchedumbre, lo cual no les impidió seguir siendo muchas veces más pecadores y peores que ella.  Por el contrario, Jesús quiso descender tan bajo como le fue posible, se mezcló con el pueblo, pero conscientemente, trabajando para instruirlo y purificarlo, para elevarlo hasta Dios.  

La desconfianza y el orgullo de los fariseos abrían ampliamente la puerta de sus almas a las impurezas y debilidades, mientras que la audacia, la convicción y el amor de Jesús purificaban la atmósfera allá donde pasaba.
¡No digo esto para empujaros a frecuentar las gentes desvergonzadas y los criminales!  Pues antes de que os aproximes a ellos, es indispensables que empecéis a estudiar profundamente el tema del trigo y de la cizaña, es decir, que llevéis a cabo esta transmutación del bien y del mal en bien de la que acabo de hablaros.  A veces se ven mujeres virtuosas y encantadoras casarse con borrachos y libertinos con la esperanza de salvarles, pero como todo un buen deseo no basta para arrancar a un ser de sus vicios, en lugar de salvar a su marido, son ellas las que después de un tiempo, son arrastradas a la bajeza y la ignominia.  

Para transformar el mal, hay que poseer un cierto saber.  Los Iniciados pueden ayudarnos porque cargan sobre sí nuestros pecados, nuestros errores, nuestras debilidades, y a cambio nos dan su luz, su paz, su amor.  Sólo los grandes Iniciados saben cómo operar la transmutación del mal en bien; sólo ellos saben lo que contiene la cizaña y por esto son capaces de sacar provecho de ella.
     
Mirad este esquema:

Plano átmico-----Verdad------Frutos------Grandes Maestros Iniciados
Plano búdico-----Amor --------Flores------Santos
Plano causal------Sabiduría----Hojas------Genios
Plano mental---------------------Ramas ----Hombres de Talento
Plano astral-----------------------Tronco----Hombres normales
Plano físico------------------------Raíces-----Brutos
     
Ved que en él se representan diferentes categorías de seres humanos que corresponden a los diferentes planos: físico, astral, mental, causal, búdico y átmico.
     
Estudiemos ahora las correspondencias entre estos seres y las diferentes partes de un árbol. Los brutos están en las raíces de la vida, trabajan por así decirlo bajo tierra. Los hombres normales trabajan en el tronco, dejan pasar a través  suyo la materia prima que otros van a transformar.  Los hombres de talento representan las ramas.  Ellos envían esta materia hacia las hojas y, una vez elaborada, la hacen descender de nuevo hacía las raíces, toman para dar, se ocupan de los intercambios. Los genios son los brotes de donde salen las hojas; ahí es donde comienza el gran trabajo: la elaboración de la savia bruta gracias a los rayos del sol. Los santos son las flores del árbol cósmico: por sus colores, su belleza, sus perfumes, atraen a las mariposas, a los insectos, a los pájaros y a los hombres.  Están predestinados a elaborar frutos; gracias a ellos la vida se vuelve pura y bella. Los Grandes Maestros son los frutos del árbol cósmico, el alimento celestial, el Pan descendido del Cielo poseen la dulzura de todos los jugos.
     
El ser humano representa un árbol con raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos.  Todos los hombres poseen unas raíces, un tronco y unas ramas, pero muy pocos son visitados por la primavera: la mayoría son árboles sin frutos, sin flores y hasta sin hojas, árboles de invierno, tristes, oscuros y sin ornamento.  Naturalmente, en cada ser hay flores que pueden nacer; sólo que debe trabajar, poseer un gran saber y sacrificar mucho tiempo para que esas flores lleguen a abrirse, exhalar sus perfumes y dar frutos. 
Los frutos son el resultado de las diferentes virtudes.
Las hojas, las flores y los frutos son el amor, la sabiduría y la verdad.  

Con una gran sabiduría las hojas transforman la savia bruta elaborada, de la misma manera que los alquimistas transforman los metales en oro gracias a la piedra filosofal.  Las flores están ligadas al amor, sus colores, su perfume y la materia pura de sus pétalos atraen a los seres.  En ellas está depositado el néctar que los insectos van a libar.  Los frutos representan la verdad, la cual es el resultado de la unión de la sabiduría y el amor.
     
Las hojas, las flores y los frutos de los árboles caen en ciertas épocas del año, no quedando más que las ramas, el tronco y las raíces, los cuales siempre permanecen.  De la misma forma, los brutos, los hombres normales y los hombres de talento no faltan nunca en el mundo, mientras que los genios, los santos y los grandes Maestros abundan poco.  
Durante el invierno no subsiste ni el follaje, ni las flores ni los frutos del verano, sólo queda el recuerdo de sus colores, de su sabor, de su perfume; toda esta belleza permanece grabada en la memoria.  

Los mismo sucede respecto a las genios, los santos y los grandes Maestros; la humanidad habla de sus obras y de la alegría que repartían a su alrededor.  Sobre la tierra, el amor, la sabiduría, la belleza y la verdad no gozan de las condiciones más favorables para mantenerse. Los genios, los santos y los grandes Maestros vienen a visitar la tierra para derramar en ella sus bendiciones, y después se van.  Lo que queda permanentemente sobre la tierra es la mediocridad, la fealdad, la gente vulgar. En el Cielo, al contrario, las hojas, las flores y los frutos son eternos, mientras que todo lo demás es pasajero.
     
Considerando al hombre en sí mismo se puede decir que las raíces, el tronco y las ramas, que corresponden a los cuerpos: físico, astral y mental representan la naturaleza inferior, la personalidad, mientras que las hojas, las flores y los frutos, que corresponden a los cuerpos: causal, búdico y átmico, representan la naturaleza superior, la individualidad.  Observaos y constataréis que también en vosotros, lo que es estable, resistente y tenaz, son las raíces, el tronco y las ramas, es decir, lo que corresponde a los instintos, a las pasiones, las tendencias puramente personales.  De vez en cuando aparecen hojas en vuestra inteligencia (pensamientos luminosos), flores en vuestra alma (sentimientos cálidos), y frutos (actos impersonales y desinteresados).¡Desgraciadamente, esta primavera no dura mucho tiempo! 
Estas inspiraciones, estos estados sutiles de vuestra superconsciencia desaparecen rápidamente volviéndoos a encontrar como siempre con las mismas necesidades de comer, de beber, de pelearos y de aprovecharos de todo.
     
Pero vayamos aún más lejos para seguir descubriendo algunas correspondencias extraordinarias que existen en la naturaleza.  
El  esquema que acabo de daros os muestra que las raíces están ligadas a los frutos; son el punto de partida, mientras que los frutos son el punto de llegada.  Cuando los frutos están maduros, el trabajo de las raíces se interrumpe.  Pero lo que hay de extraordinario es que los frutos, con sus pepitas o sus núcleos, son las futuras raíces; es por ahí por donde el tallo empieza a crecer.  El hecho de que ciertas plantas tengan frutos en sus raíces (tubérculos), indica la existencia de esta relación entre las raíces y los frutos.  Las plantas son tubérculos son aquellas que no han sabido desarrollarse en el mundo espiritual; han permanecido bajo tierra… ved que también existe una relación entre el tronco y las flores, y entre las ramas y las hoja.  

Sucede lo mismo en el hombre, en el que el cuerpo físico está ligado al espíritu, el corazón al alma y el intelecto al cuerpo causal.  Por eso existen intercambios y una estrecha relación entre los brutos y los grandes Maestros, entre los hombres normales y los santos, entre los hombres de talento y los genios.
     
No depende de nosotros el que los malvados sean suprimidos, sólo Dios hace justicia.  Nosotros solamente debemos ocuparnos del bien, debemos estudiar, trabajar para el bien.  Cuanto más aumentemos la potencia espiritual del bien, más limitados por ella se encontraran los malvados.  Las fuerzas superiores pueden trasformar a los malvados, pero nosotros somos incapaces de hacerlo.
     E incluso os diré que los humanos se equivocan cuando se imaginan haberse deshechos de un criminal matándole, pues una vez muerto, va al plano astral y al plano mental inferior desde donde tiene la posibilidad de aumentar el mal.  Quiere vengarse, y así hace todavía más daño, pues se introduce en la cabeza de los humanos y les empuja a cometer crímenes con el fin de realizar a través de ellos sus proyectos malignos.  Tiene incluso más posibilidades de acción que antes de su muerte, puesto que ya no está limitados y puede actuar a través de numerosas personas, influyendo en sus pensamientos y en sus sentimientos.
     
Cuando un líquido nauseabundo está encerrado en una botella, el olor no puede extenderse, pero abrid la botella y el olor invadirá todo la atmósfera.  De la misma forma, mientras que el criminal está vivo, permanece encerrado en su cuerpo, pero desde el momento en que muere, su espíritu se libera, expansionándose y visitando a un gran número de cerebros humanos para influirles.
     
No se debería castigar con la muerte a los criminales debido a las consecuencias que ello desencadena en el plano invisible. Nos corresponde a nosotros organizar las condiciones vitales para que no haya más malhechores.  Una sociedad que no está fundada sobre leyes espirituales es como una ciénaga, y una ciénaga sólo puede engendrar mosquitos.
Fijémonos, para terminar, en las palabras del amo del campo. En la época de la cosecha diré a los cosechadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla. Como veis, se tira la cizaña al fuego, pues sólo el juego puede separar el bien del mal.  Cuando tenéis fiebre, ¿Qué sucede?  La hora de la cosecha ha llegado.  Se trata posiblemente de una pequeña cosecha (la gran cosecha habría sido más difícil de soportar y nadie sabe si hubieseis sido depositados en el granero o quemados).  

Cuando el fuego (la fiebre) aparece, hace fundir la cizaña que está en vosotros y la quema, es decir, elimina el mal, los deshechos, todos los materiales nocivos.  Cuando el fuego ha acabado su trabajo, suspiráis de alivio os sentís mejor.  Hay así grandes y pequeñas cosechas, y la fiebre viene para liberarnos de alguna cizaña.  La cizaña existe  en los tres planos: físico, astral y mental.

Un tiempo vendrá, y está cerca, en que el mal será alejado de la tierra.  
El Arcángel Miguel vendrá a atar al dragón y le encerrará por mil años. 
Será la hora de la cosecha.  El mundo invisible enviará un fuego para purificar la tierra y en ese momento se producirá en nosotros la separación entre la cizaña y el trigo.  Actualmente la tierra está ya bajo el fuego y aquél que posee mucha cizaña en él sufrirá enormemente, pues el fuego que se aproxima penetrará por todas partes.  Pero aquél que posee trigo se regocijará y se parecerá a una lámpara cuya llama se vuelve más brillante, porque este fuego del cielo que quemará la cizaña iluminará  los hijos del reino de Dios.

OMRAAM

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