Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

sábado, 30 de marzo de 2019

LA CRUZ DEL DESTINO




El sol recorre todas las constelaciones del zodíaco en un año. Cuando un niño nace, su signo solar es el de la constelación en que se encuentra el Sol aquel día: Aries, del 21 de marzo al 20 de abril; Tauro, del 21 de abril al 20 de mayo, etc... Independientemente del signo solar, existen cuatro puntos importantes en un horóscopo: la constelación que se eleva al Este en el momento del nacimiento (Ascendente), la que se pone al Oeste y que le es, por tanto, opuesta (el Descendente), la constelación que culmina en el cielo (Medio Cielo) y su opuesta (el Bajo Cielo). 

Los ejes Ascendente- Descendente y Medio Cielo, Bajo Cielo, dividen el horóscopo en 4 partes, y cada una de ellas, a su vez, se divide en tres, lo que da 12 casas. Se coloca la primera casa a partir del Ascendente y así se tiene, entre el Ascendente y el Bajo Cielo las casas 1, 2, 3; entre el Bajo Cielo y el Descendente, las casas 4, 5, 6; entre el Descendente y el Medio Cielo, las casas 7, 8, 9; entre el Medio Cielo y el Ascendente, las casas 10, 11, 12. No se debe confundir el orden de los signos del zodíaco (Aries, Tauro, Géminis, etc... hasta Piscis) y el de las casas que, como acabo de deciros, se calculan a partir del Ascendente, el cual puede encontrarse en cualquier signo. 

Veamos ahora rápidamente a qué corresponde cada casa: 

Primera casa: el hombre en sí mismo, sus tendencias profundas. 
Segunda casa: los bienes materiales, las adquisiciones 
Tercera casa: las relaciones con el entorno, los hermanos y hermanas; los estudios, los viajes cortos. Cuarta casa: la familia, el hogar. 
Quinta casa: los niños, el ámbito de la creación, los juegos, las especulaciones. 
Sexta casa: el trabajo, la salud. 
Séptima casa: la vida conyugal, las asociaciones. 
Octava casa: la muerte, el más allá. 
Novena casa: los grandes viajes, la vida espiritual, la filosofía, la religión. 
Décima casa: la situación social, los honores. 
Undécima casa: los amigos. 
Duodécima casa: las pruebas, los enemigos, los sufrimientos. 

Pero estas indicaciones que nos da la astrología corriente, no nos muestran por qué tal casa tiene tal sentido, ni la razón de la sucesión de las casas en un orden determinado. Voy a mostraros ahora estas conexiones. A lo largo de su vida, cada ser sufre la influencia de las 12 constelaciones, y cada una de ellas le influye en un sentido determinado. De hecho, una vez nacido en el plano físico, todo hombre se ve obligado a seguir una determinada evolución: crece, envejece y muere. Esta evolución, que no depende de él, está indicada por los 12 signos del zodíaco. Acabo de deciros que, en un horóscopo, no se deben confundir los signos del zodíaco y las casas pero en el esquema general que puede ser esbozado de la evolución de un ser, se puede, sin embargo, ver una correspondencia entre los signos y las casas. 

1. El bebé que acaba de nacer se manifiesta mediante el movimiento. Gesticula, trata de tocar y coger todo lo que está a su alcance. Si alguien se acerca a él, le tira de los vestidos, los cabellos o la barba, e incluso le golpea. Pero todos encuentran que el bebé es adorable, aunque haga tonterías. Es Aries, la primera casa, la eclosión de las fuerzas vitales. 

2. El niño crece y su entorno no cesa de proveer sus necesidades: alimentarlo, vestirlo, darle juguetes, bombones, cromos. Es la segunda casa, Tauro,  , los bienes. 

3. Ahora es el momento de instruir al niño, y se le envía a la escuela. Se le dan libros y cuadernos, con los que aprende a leer y a escribir. Observa y formula preguntas. Es ágil y rápido, corre siempre por el camino de la escuela. Las idas y venidas desde la casa a la escuela representan sus primeros viajes. En la escuela aprende con otros niños. Es Géminis, la tercera casa, los estudios, las relaciones, los viajes cortos. 

4. Luego, el niño se convierte en un joven: encuentra una linda jovencita (al menos para su gusto) y dejándose llevar por su imaginación, sueña con un hogar en donde él y su amada vivirán juntos, e intenta presentar la joven a sus padres. Es la cuarta casa, la de Cáncer, la del hogar 

5. Ahí le tenemos casado, desde hace algún tiempo, y padre de familia. Por la noche, al regresar del trabajo, encuentra a sus hijos y se alegra de verles; sus juegos son un espectáculo que él prefiere a todos los que le brinda el mundo externo, y juega con ellos. Ante los demás, se siente orgulloso de ser padre. Es realmente esto lo que caracteriza al signo de Leo, que quiere imponerse en su entorno, aprovechar las alegrías de la existencia y mostrar con orgullo sus creaciones, sus hijos. 

6. Ahora la vida se ha vuelto difícil: las cargas se acumulan, el dinero falta, hay enfermos en casa. 
El padre trabaja en cualquier cosa, donde sea, para satisfacer las necesidades urgentes de la familia. Su trabajo es muy penoso y, al fin, completamente agotado, cae enfermo. Entonces, se le aconseja atender su salud, tener una vida más equilibrada, etc... es la sexta casa, la de Virgo, y , la casa del trabajo y de los problemas de salud. 

7. Con el tiempo los asuntos se arreglan, el padre ha encontrado de nuevo un buen trabajo y, recuperada la salud, se exhibe en las recepciones, acompañado de su mujer elegantemente vestida. Comienza a dar consejos a los demás, les dice: «Haced esto... no hagáis aquello... Yo también he pasado por dificultades y ahora tengo experiencia, puedo aconsejaros». Y, en efecto, da consejos de prudencia, de medida, manifiesta el equilibrio de la séptima casa, Libra, . 

8. Ocurre a veces que, durante este período, se da cuenta que su mujer mira a otros hombres de una forma que no le gusta. No sabe qué significa esto y se irrita. Hace pequeñas escenas a su mujer, está celoso porque piensa que ella le engaña: amenaza vengarse con las armas o el veneno. 
Es Escorpio, celoso, agresivo, la octava casa. Por otra parte, también se rebela contra el orden social que encuentra injusto y busca los medios de transformarlo. Lo cual también es una manifestación del signo de Escorpio. 

9. El es ahora jefe de una oficina, alto funcionario o profesor respetado. Quiere conocer los demás países, sus costumbres, sus formas de vida diferentes y emprende grandes viajes. 
Tiene también necesidad de reflexionar sobre el sentido de su vida y se siente cada vez más atraído por los problemas filosóficos y religiosos. Es la novena casa, Sagitario. 

10. El envejece, y adquiere una gran reputación por su posición social y su autoridad. 
En esta posición, se considera facultado para emitir juicios sobre todo y sobre todos y, poco a poco, se siente aislado. Es la décima casa, la de Capricornio, p, que corresponde a la más alta posición social, pero también a una vida solitaria. 

11. Pero llega un momento en que constata que no puede continuar asumiendo su trabajo, para el que necesita fuerzas que ya no tiene, y decide retirarse. Busca en su ambiente a un hombre más joven capaz de reemplazarle. Ahora que no está tan atado por su trabajo, puede dedicar más tiempo a sus amigos, con los cuales conversa sobre temas espirituales. Es la undécima casa, Acuario, [, la casa de los amigos y de la espiritualidad... 

12. Luego se encuentra cada vez más debilitado y se despega tanto del mundo físico, que las tres cuartas partes de su ser están ya en otra parte. No piensa en los bienes materiales ni en las riquezas, sino en cómo se irá al otro mundo. 
Hace un testamento, por el cual se desprende de todos sus bienes. Algunas veces es abandonado en un hospital. Es la undécima casa, Piscis, la casa del sacrificio, de la renuncia, de las pruebas. 

Naturalmente estas indicaciones corresponden a un esquema general. 
En cada caso particular se dan variaciones, distintos matices, ya que la existencia de cada ser está determinada por sus vidas anteriores. Así, aquél que ha vivido negativamente puede caer muy bajo en el período en que hubiera debido, por el contrario, encontrarse en la cima. Otro, llegada la época de la vejez, no sabe dar prueba de desapego ni prepararse para la muerte, sino que se agarra a la vida porque jamás pensó en trabajar sobre la renuncia y la abnegación. 

Cada horóscopo es individual y se aleja más o menos de este esquema general que acabo de dar. Pero, en cualquier caso, cada uno debe sufrir la influencia de las 12 constelaciones y de las 12 casas, y estar, pues, muy atento a cada paso, de lo contrario, se seguirán consecuencias perjudiciales para él en otra vida. Cada fase dura 7 años como media, algunas veces 6, otras 8 ; esto depende de las encarnaciones anteriores. Algunas fases se atraviesan rápidamente, mientras que otras tienen una duración más larga. Si el regente de la casa 1 está en la 3, ello significa que el período de los estudios se alargará mucho. Si está en la sexta casa, estará preocupado por cuestiones de salud, etc.Estudiemos ahora, en el zodíaco, los ejes que forma cada signo con el signo opuesto. 

El primer eje (Aries-Libra) representa los intercambios entre el sujeto y su cónyuge (la mujer o el marido); la primera mitad del eje corresponde al estado de consciencia personal y la otra mitad a las posibilidades de intercambio con una persona del otro sexo. El segundo eje (Tauro-Escorpio) representa la potencia : poder en los sentimientos, abundancia de sensaciones y de pasiones (Tauro) y el poder de la penetración espiritual (Escorpio). El tercer eje (Géminis-Sagitario) es el de los estudios: estudios concretos (Géminis) y reflexión abstracta, filosófica (Sagitario).
El cuarto eje (Cáncer-Capricornio) es el de la situación en la vida: situación familiar (Cáncer), posición en el mundo y profesión (Capricornio). El quinto eje (Leo-Acuario) es el del afecto: el amor y los niños (Leo) y la amistad, las afinidades espirituales (Acuario). El sexto eje (Virgo-Piscis) es el del sacrificio: el duro trabajo del padre y de la madre para sus hijos, la abnegación de ¡as enfermeras por los enfermos en los hospitales (Virgo) y la abnegación y el sacrificio de los santos y de los Iniciados para salvar las almas (Piscis). Estos seis ejes forman 3 cruces, cada una formada por el cruce de dos ejes perpendiculares. 

1. Los ejes Aries-Libra y Cáncer-Capricornio. 
2. Los ejes Tauro-Escorpio y Leo-Acuario. 
3. Los ejes Géminis-Sagitario y Virgo-Piscis. Cada ser que viene a la Tierra tiene, en su horóscopo, una cruz especial formada por el Ascendente y el Descendente, por una parte, y el Medio Cielo y el Bajo Cielo, por otra. Según los signos del zodíaco en donde se encuentren los brazos de esta cruz, el hombre enfrenta en su vida tal o cual problema. 

A esta cruz del destino se refería Jesús cuando decía: «Si alguien quiere seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, pero quien la perdiere por mi causa, se salvará.» Sí, nuestra verdadera cruz está en nosotros mismos, y nuestro horóscopo, en realidad, no es más que una indicación de los problemas que debemos afrontar y resolver en nuestra vida. Cualesquiera que sean las dificultades y los sufrimientos que encontremos en nuestra vida, nos han sido dados por los Seres superiores que han obrado con justicia. Es preciso aceptar el juicio de estos Seres superiores, en lugar de quejarse o de rebelarse, cada día debemos decirnos: «Si sufro ahora es porque en una encarnación pasada no fui sabio, ni honesto, ni bueno, ni justo. 

El mundo invisible quiere darme lecciones. En adelante, tomaré voluntariamente mi cruz y seguiré a Cristo.» Si el hombre se rebela, la justicia divina le castiga doblemente. Lo mismo sucede con los castigos terrestres. Si un prisionero quiere escaparse, lo cogen de nuevo, lo devuelven a su celda y le aumentan la pena en vez de atenuársela. El que se rebela y no quiere aceptar el destino que le ha sido dado de acuerdo con las leyes de la Justicia Divina, sufrirá más, la justicia vendrá y le obligará a tomar de nuevo su cruz y a entrar en el cuadrado, en la prisión. 

Se dice que Jesús vino a la Tierra para salvarnos. Sí, vino a esta prisión de carne que es el cuerpo físico, a fin de que los demás fueran liberados. Y si nosotros también queremos sacrificarnos por los demás, el mundo invisible disminuirá nuestro karma. El que trabaja según las leyes del amor no tiene que sufrir la ley de la justicia, su pena es atenuada. Cuando un prisionero manifiesta mucha paciencia y bondad, llama la atención de sus jueces, que dicen: «Este hombre es notable, da un ejemplo magnífico, reduzcamos sus penas», y abrevian su tiempo de permanencia en prisión y, a veces, incluso deciden indultarle Sin embargo, para los demás la justicia es aplicada estrictamente, y deben pagar hasta el último céntimo. Si son condenados a prisión por 20 años, permanecerán allí 20 años. 

De la misma forma, si en esta prisión del cuerpo tísico el hombre manifiesta cualidades espirituales, se producirá un cambio en su destino: disminuirán sus sufrimientos y aligerarán su carga. Es en este sentido que cada cual es dueño de su destino. Para el que vive exclusivamente en las pasiones y los placeres, la cruz será cada vez más pesada; llegará a ser incluso tan pesada que acabará por aplastarle. Jesús dijo: «El que quiera seguirme que renuncie a sí mismo». 

El que ha renunciado cae bajo ¡a influencia del eje Virgo-Piscis, la sexta y duodécima casas, al igual que Jesús, que curaba los enfermos (sexta casa), y que aceptó los enemigos, la soledad y la crucifixión, a fin de salvar a los que debían sucederle, y a sus predecesores (doceava casa). Y ahora, él nos pide que le sigamos: es el eje Géminis- Sagitario, el interés por los estudios, la filosofía, la religión. Cuando Jesús hablaba de la cruz, no pensaba en cualquier cruz de madera o de metal, sino en la cruz del destino que está inscrita en el horóscopo de cualquier ser. 

Según las constelaciones colocadas sobre los dos ejes del Medio Cielo y Bajo Cielo, del Ascendente y Descendente, el hombre tendrá tal o cual problema particular que resolver en su vida. Y Jesús sabía que él también sufriría y debería llevar su propia cruz. Por esto, un día en que él hablaba de su próxima muerte y Pedro le dijo «No, Señor, esto no sucederá», Jesús le respondió: «Apártate, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.» 

Debemos, pues, tomar nuestra cruz y llevarla. Para ello hay que dejar de escuchar a nuestra naturaleza inferior, a la personalidad, que nos aconseja sin cesar abandonarla, es decir, descuidar nuestro trabajo y nuestras responsabilidades para poder vivir en la indolencia y en los placeres como si nosotros no viniéramos a la tierra más que para esto. Quien trata de escapar a los esfuerzos y a las dificultades, encontrará siempre dificultades más grandes. En lugar de eludir los problemas, más vale que intentemos resolverlos, de lo contrario, la situación en la que nos encontraremos será peor que aquélla que se quiso eludir. No podéis escaparos a ninguna parte sin resolver antes el problema mediante el cual el mundo invisible quiere instruiros. 

Allí donde vayáis, se os impondrá otra lección más dura aún. El mundo invisible os dirá: «Tú no has querido aprender nada allá abajo; pues bien, ¡Aquí tienes otras cosas que aprender!» No hay que huir de las dificultades, sino esforzarse en comprender su significado y hacer lo que sea necesario para resolverlas. Cuando se ha llegado a este nivel, todo lo que se haga después es beneficioso. Aquél que cree poder escapar a sus obligaciones para encontrar ocupaciones más agradables, no conoce las severas leyes que rigen el destino. Una mujer piensa: «Mi marido es aburrido, voy a buscar a alguien más divertido, más seductor.» Lo encuentra, abandona a su primer marido, a quien evidentemente hace sufrir, pero luego será ella la que sufrirá más. 

No está absolutamente prohibido dejar a un marido o a una mujer, pero no antes de haber resuelto el primer problema planteado. Lo que parece fácil es, en realidad, extremadamente difícil, y viceversa. Si escogéis el camino más difícil, el Señor os enviará ángeles para ayudaros, pero si escogéis el camino fácil, tendréis también ángeles para acompañaros, pero de otra índole... ángeles justicieros. En lo sucesivo, aceptad el llevar vuestra cruz sin lamentaciones. Decid: «Es mi tarea, es un problema que debo resolver, pero, para ello, debo aprender. Resolveré estas dificultades a través de la sabiduría, el amor y la pureza.» Y las entidades divinas que os observan desde arriba dirán: «Disminuyamos de alguna manera las inquietudes y los sufrimientos de este ser.» «Si alguien quiere seguirme, que cargue con su cruz. » Es con esta cruz que el discípulo construirá la base de la casa en la cual encerrará su naturaleza inferior. 

El mismo, es decir, su naturaleza superior, vivirá sobre el tejado de esta casa. Desde allí, verá salir el sol, contemplará los astros, leerá las reglas y las prescripciones de la Inteligencia cósmica. La cruz es el conjunto de todas las experiencias felices o desgraciadas que el discípulo debe vivir para aprender una lección, y sobre las cuales crucificará su naturaleza inferior, su egoísmo, su orgullo. Si la cruz no fuera necesaria en la vida del discípulo, Jesús habría dicho simplemente: «Id, dejad vuestra cruz y seguidme, pues el camino es largo y para poder andar mucho tiempo, debéis ser liberados, despojados de toda esta carga». Pero Jesús dijo: «Coge tu cruz y sígueme», pues cogiendo su cruz es como uno se libera.

OMRAAM

jueves, 28 de marzo de 2019

LA LEY DE CAUSA Y EFECTO




Desde el momento en que el hombre actúa, desencadena inevitablemente ciertas fuerzas que producen determinados resultados, Esta idea que relaciona la causa con el efecto está contenida originalmente en la palabra “Karma” ha tomado el sentido de pago por una transgresión cometida.

El Karma-Yoga, uno de los numerosos yogas que existen en la india, no es más que una disciplina que enseña al individuo a desarrollarse mediante una actividad desinteresada, gracias a la cual se libera. Cuando el hombre se vuelve codicioso, astuto, turbulento, crea deudas que deberá saldar, y en ese momento la palabra “Karma” toma el significado que la gente le da: castigo por faltas cometidas en el pasado.

En realidad, se puede decir que el karma (en el segundo sentido indicado), se manifiesta cada vez que un acto no es ejecutado con perfección. Pero el hombre ensaya, debe ejercitarse hasta lograr la perfección, y mientras falle en sus intentos deberá corregirse, reparar sus errores y por supuesto deberá sufrir por ello.
Diréis: “! Entonces, ya actuando cometemos necesariamente errores y que debemos sufrir para repararlos, vale mas no hacer nada ¡” No es así, hay que actuar. Evidentemente sufriréis, pero con ello aprenderéis, evolucionareis… Y un día ya no sufriréis más, En cuanto hayáis aprendido a trabajar correctamente, no habrá más karma. Cada movimiento, cada gesto, cada palabra, desencadenan ciertas fuerzas que traen consigo consecuencias, naturalmente, naturalmente, pero supongamos que estos gestos y estas palabras están inspirados en la bondad, en la pureza y el desinterés: atraerán consecuencias benéficas,  y es lo que llamamos “dharma”

El dharma es la consecuencia de una actividad ordenada, armoniosa, benéfica. 
El ser que sea capaz de emprender tal actividad escapara a la ley de la fatalidad, situándose bajo la ley de la Providencia. No hacer nada para evitar las preocupaciones  y los sufrimientos no es la solución correcta; debemos ser activos, dinámicos, estar llenos de iniciativas sin que por ello el móvil de nuestras actividades sea ni el egoísmo ni el interés personal. Es la única forma de escapar al desastre. Evadir las consecuencias es imposible: siempre habrá causas y efectos, sea cual fuere vuestra actividad; simplemente si conseguís actuar de manera desinteresada, no se producirá efectos dolorosos, sino alegría, felicidad y liberación.

Si para conseguís paz no actuamos, no nos desarrollaremos, no aprenderemos ni ganaremos nada. Evidentemente no cometeremos ningún error, pero entonces seremos como piedras: ¡estas nunca cometen errores¡ Es preferible ensuciarse si es necesario, pero aprender. ¿ Cómo queréis que un edificio en construcción no tenga manchas de cemento o pintura?  Es imposible. Hay que aceptar esas manchas mientras el edificio se cree y se realiza el trabajo. Después, frotamos un poco, lavamos, nos cambiamos de ropa, y de esta manera, por lo menos, conseguimos terminar la casa.

El Maestro Peter Deunov dijo un día: “ Os di a todos un librito para aprender el alfabeto” ( en búlgaro decimos: “boukvartche” … ¿y vosotros? … ¿un abecedario? Bueno, un abecedario). “ Al cabo de un año os pido que me lo devolváis y algunos de vosotros me devolvéis ese boukvarche absolutamente limpio, impecable, sin abrir; por lo tanto no aprendisteis nada. Otros, al contrario, me lo devuelven totalmente roto , manchado; lo abrieron y cerrado centenares de veces, lo han llevado a todas partes, incluso han comido encima…. ¡Si, pero ahora saben leer¡ Y el Maestro concluía: “Prefiero eso”. Yo era muy joven entonces y recuerdo que le pregunte tímidamente: “Y yo, ¿en qué categoría estoy? “ Me respondió: “ ¿Tu? En la segunda categoría”. Naturalmente me puse muy contento porque comprendí  que era mejor .

No sé en qué estado le devolví el boukvartche, pero en todo caso el me clasifico en la segunda categoría: la de la gente que desea que el trabajo se haga…. Y es cierto. Cometeremos muchos errores, mancharemos y nos salpicaremos, recibiremos críticas e injurias, ¿Y qué? , eso no tiene importancia. Hay que saber leer, hay que trabajar, debemos terminar el edificio.
Todos aquellos que son siempre razonables y prudentes pero que no se comprometen, no avanzan. Entonces, Señor, ¿qué será de ellos?.

Está escrito en el apocalipsis: “ Se frio o caliente porque al tibio lo escupiré de mi boca”.

¿Por qué, entonces, algunos prefieren seguir siendo tibios? No hay lugar para estos. No hay que tener miedo a equivocarse. Cuando aprendéis una lengua extranjera, si no decís nada por miedo al ridículo jamás hablareis. No hay que temer el ridículo, hay que tener la osadía de cometer algunos errores para aprender a hablar. Pues bien, ocurre lo mismo con el karma: no hay que paralizarse por el miedo a cometer faltas que tendréis que reparar, ya que a medida que intentamos dar una finalidad Divina a nuestros actos, no producimos más karma sino dharma, es decir la gracia y la bendición del cielo.  

                             OMRAAM MIKHAEL AIVANHOV

Agradecimiento especial al Miembro y colaborador Alejandro Perrin, quien nos facilito la transcripción del texto.




sábado, 23 de marzo de 2019

EL CICLO PLANETARIO DE LAS HORAS Y DE LOS DÍAS DE LA SEMANA



El Árbol sefirótico es una figura simbólica de una gran profundidad, a través de la cual los cabalistas han querido dar cuenta de la creación del mundo. La Cábala explica que, en el origen, existía el Absoluto, el No manifestado, Aín Soph Aur, es decir, la luz sin fin, y toda la creación no era otra cosa que la condensación de esta luz. 

Los diez sefiroth o las diez regiones divinas se formaron por emanaciones sucesivas, y a cada una de ellas se vincula un planeta: a Malkuth,la Tierra; a lesod, la Luna; a Hod, Mercurio; a Netzatch, Venus; a Tipheret, el Sol; a Geburah, Marte; a Hésed, Júpiter; a Binah, Saturno... En nuestros días se atribuye Urano a Hokmah y Neptuno a Kether, pero los anti-guos desconocían la existencia de planetas más allá de Saturno, y atribuyeron a Hokmah el zodíaco, y a Kether los primeros torbellinos que presidieron la creación. Si consideramos los siete planetas, de la Luna a Saturno, colocados sobre el Árbol sefirótico, vemos que son precisamente los que corresponden a los siete días de la semana, pero en un orden diferente. 

En el Árbol sefirótico los planetas ocupan el siguiente orden:


Naturalmente os preguntáis a qué corresponde este orden de los días de la semana... Empecemos por Saturno, que es el primer planeta de la parte alta del Árbol sefirótico. La tradición esotérica dice que rige la primera hora del sábado, mientras que la hora siguiente está regida por Júpiter, la tercera por Marte, la cuarta por el Sol... y así hasta la octava hora, que está de nuevo bajo la influencia de Saturno; y el ciclo comienza de nuevo. Se alcanza así la hora 24 y se constata que la primera hora siguiente está regida por el Sol.




Aplicando el mismo procedimiento para cada día, se constata que la primera hora está bajo el dominio del planeta que corresponde a este día, es decir, la Luna para el lunes, Marte para el martes, Mercurio para el miércoles, etc. He ahí cómo se explica el orden de los días de la semana. Pero debéis saber que entidades vivas, inteligentes, están vinculadas a cada planeta. Así pues, cada nueva hora lleva consigo entidades que hacen un, trabajo sobre las plantas. los minerales, los animales, los seres humanos. Y como cada planeta está ligado no sólo a un color, sino también a un sonido determinado (Do a Saturno, Re a Júpiter, Mi a Marte, Fa al Sol, Sol a Venus, La a Mercurio, Si a la Luna), la sinfonía de los sonidos varía con la hora del día a causa de la sucesión de los espíritus. Son los planetas quienes cantan a través del espacio, sumergiéndonos en una música a la que se ha llamado la música de las esferas. 

Gracias a la meditación, a la contemplación, el hombre puede llegar a percibir esta sinfonía de los planetas, de las jerarquías angélicas... Animado por el canto de los ángeles, el universo respira, se alimenta y vive. Consideremos de nuevo el orden de los planetas en relación a los días de la semana. Comenzando por el día de la Luna, tenemos: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Sol. Si al tomar de nuevo este mismo orden nos saltamos cada vez un planeta, tendremos: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, lo que corresponde a la sucesión observada en el Árbol sefirótico. Transcribamos de nuevo verticalmente esta serie alternada de planetas para dos semanas :


           Pongamos ahora estas dos series frente a frente :

Ahí tenemos la imagen de dos ondas en movimiento y vemos que, donde para un determinado planeta la curva corresponde a un máximo, para la serie de enfrente corresponde a un mínimo. Si colocamos de nuevo estas dos series a continuación la una de la otra, obtenemos el esquema :


En la primera semana, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno están en su máximo, mientras que la Luna, Mercurio y Venus están en su mínimo. Para la semana siguiente sucede lo contrario. Estas ondas que acabamos de describir son comparables a las de la luz. Cuando enviamos una onda al espacio, nace simétricamente una segunda cuyo movimiento es inverso al de la onda enviada. Allí donde, para la primera onda, la curva es convexa, para la otra es cóncava. Esto muestra que la plenitud y el vacío no existen por sí mismos, sino que son complementarios. 

La plenitud y el vacío son los dos principios masculino y femenino que trabajan siempre juntos en el universo. En el hombre estos dos principios están representados por el alma y el espíritu, el corazón y el intelecto. En la Ciencia iniciática, este fenómeno está simbolizado por la serpíente, cuyo movimiento es la sinusoide. Y, ¿os? habéis dado cuenta de que la columna vertebral, que sostiene todo nuestro esqueleto, está también construida de acuerdo al movimiento sinusoidal de la serpiente, es decir, de la luz? Pero volvamos a los días de la semana: el domingo está ligado al martes, que enlaza con el jueves, y éste, a su vez, con el sábado; y también: lunes, miércoles y viernes... Los días forman una cadena y su sucesión corresponde también a una disposición musical. 

Los planetas y los días de la semana cantan en coro al Creador. Unidos entre sí como los granos de un rosario sin fin, forman una cadena cuyo desarrollo se inscribe en la eternidad. Si los rosarios tienen mucha importancia en varias religiones, es porque simbolizan el encadenamiento de las fuerzas cósmicas, la sucesión infinita de los elementos y de los seres. Todos nosotros formamos también parte de una cadena; no hay que olvidar esto jamás, pues guardando la consciencia de que pertenecemos a este desarrollo infinito, viviremos al unísono con la armonía cósmica.

OMRAAM

sábado, 16 de marzo de 2019

El bien más precioso: la vida (Parte I)



El bien más precioso: la vida 

¡ Cuántas veces os ha sucedido que desperdiciáis vuestra vida corriendo detrás de adquisiciones que no son tan importantes como la vida misma! ¿Habéis pensado en ello? Si pusierais a la vida en primer lugar, si pensarais en cuidarla, protegerla, conservarla con la mayor integridad, con la mayor pureza, tendríais cada vez más posibilidades de obtener lo que deseáis. Pues precisamente esta vida limpia, iluminada, intensa, es la que puede proporcionároslo todo. Por el hecho de estar vivos creéis que todo os está permitido. Pues no; cuando hayáis trabajado durante años para satisfacer vuestras ambiciones, os encontraréis un día tan agotados, tan hastiados de todo, que si colocáis en una balanza lo que habéis obtenido y lo que habéis perdido, os daréis cuenta que lo habéis perdido casi todo para ganar muy poco. 

Cuántas personas dicen: «Puesto tengo la vida, puedo servirme de ella para conseguir todo lo que deseo: dinero, placeres, conocimientos, la gloria. . . » Entonces se posesionan de todo, y cuando no les queda nada tienen que interrumpir todas sus actividades. No tiene sentido actuar así, pues si se pierde la vida, se pierde todo. Lo esencial es la vida, y debéis protegerla, purificarla, reforzarla, eliminar lo que la dificulta o la bloquea porque gracias a la vida obtendréis la salud, la belleza, el poder, la inteligencia, el amor y la verdadera riqueza. En lo sucesivo, trabajad pues para embellecer vuestra vida, para intensificarla, para santificarla. Pronto la sentiréis: esta vida pura, armoniosa, alcanzará otras regiones donde actuará sobre multitud de entidades que vendrán después a inspirar os y ayudaros.


Conciliad la vida material y la vida espiritual 

Nadie os pide abandonar completamente la vida material para consagraros únicamente a la meditación ya la oración, como hicieron algunos místicos o ascetas que querían huir del mundo, de sus tentaciones y de sus dificultades. Pero dejarse absorber por las preocupaciones materiales, como hacen cada vez más los humanos, tampoco es bueno. Todos tenéis derecho a trabajar, a ganar dinero, a casaros, a fundar una familia, pero debéis tener al mismo tiempo una luz, unos métodos de trabajo ,a fin de avanzar en el camino de la evolución. 

La cuestión consiste, pues, en poner en funcionamiento a la vez el lado espiritual y el lado material: estar en el mundo pero poder vivir al mismo tiempo una vida celestial. Esta debe ser vuestra meta. Ciertamente esto es difícil, pues todavía os encontráis en la encrucijada de que si os lanzáis a la vida espiritual, abandonáis vuestros asuntos, y si arregláis vuestros asuntos, abandonáis la vida espiritual. Pues no; ambas cosas son importantes, y vosotros podéis conseguir equilibrarlas. ¿Cómo? . . . pues bien, cualquier cosa que emprendáis, comenzadla diciendo: « y o busco la luz, yo busco el amor , yo busco el verdadero poder. ¿Los obtendré haciendo esto o aquello? » Reflexionad, y si veis que tal preocupación, tal actividad os aleja de vuestro ideal, abandonadla.

Consagrad la vida a un fin sublime 

Es muy importante que sepáis con qué fin trabajáis y para quién, pues según sea el caso, vuestras energías tomarán talo cual dirección. Si consagráis vuestra vida a un fin sublime se enriquecerá, aumentará en fuerza y en intensidad. Es exactamente como si hicierais fructificar un capital. 
Colocáis este capital en un banco celestial, y entonces en lugar de malgastarse, despilfarrarse, aumenta y os enri quecéis. y como sois más ricos, tenéis la posibilidad de instruiros y de trabajar mejor. El que se entrega a los placeres, a las emociones, a las pasiones, dilapida su capital, su vida, porque todo lo que obtiene así debe pagarlo, y acaba pagándolo con su vida. 

Mientras que colocando vuestro capital en un banco de los de arriba, trabajáis más, os fortalecéis más porque continuamente nuevos elementos más puros, más luminosos, se van introduciendo en vosotros, reemplazando a los que habéis perdido. La vida cotidiana: una materia que el espíritu debe transformar En todos los actos de la vida cotidiana, incluso en los más simples, debéis aprender a poner en acción fuerzas y elementos que as permitan trasponer estos actos al plano espiritual, alcanzando así los grados más altos de la vida. Consideremos lo que ocurre en un día normal. Nos despertamos e inmediatamente se desencadena toda una serie de procesos: pensamientos, sentimientos, y también gestos, como levantarse, encender la lámpara, abrir las ventanas, lavarse, preparar el desayuno, ir al trabajo, encontrarse con determinadas personas, etc. Cuántas cosas que hacer, y todo el mundo tiene la obligación de hacerlas. 

La diferencia está en que algunos las hacen maquinalmente, mecánicamente, mientras que otros, por el contrario, al poseer una filosofía espiritual, procuran desarrollar en cada uno de sus actos una vida más intensa, p1ás pura, y entonces todo resulta transformado, todo toma un sentido nuevo, con lo cual se sienten continuamente inspirados. 

Evidentemente vemos a muchas personas que se muestran dinámicas, emprendedoras, pero toda esta actividad está dirigida a la consecución del éxito, del dinero, de la gloria; no hacen nada para que su existencia sea más serena, más equilibrada, más armoniosa. y esto no es inteligente, pues esta actividad desbordante no consigue más que agotarles y enfermarles. Acostumbraos pues a considerar vuestra vida cotidiana, con los actos que debéis realizar, los acontecimientos que se os presentan, los seres junto a los que debéis vivir o con los que os encontráis, como una materia sobre la que debéis trabajar para transformarla. No os contentéis con aceptar lo que recibís, con soportar lo que os llega, no permanezcáis pasivos, pensad siempre en añadir un elemento capaz de animar, de vivificar, de espiritualizar esta materia. Pues verdaderamente la vida espiritual consiste en ser capaz de introducir en cada una de vuestras actividades, un elemento susceptible de proyectar esta actividad hacia un plano superior. Diréis: «¿y la meditación, y la oración...?» 

Pues bien, precisamente la oración y la meditación os sirven para captar estos elementos más sutiles, más puros, que os permiten dar a vuestros actos una nueva dimensión. Pueden producirse en vuestra existencia acontecimientos que imposibiliten la práctica de los ejercicios espirituales que estáis acostumbrados a hacer cada día. Pero esto no debe impediros seguir en contacto con el Espíritu. 
Pues el Espíritu está por encima de las formas, por encima de las prácticas. 

En cualquier situación, en cualquier circunstancia, podéis poneros en contacto con el Espíritu para que anime y embellezca vuestra vida. La nutrición considerada como un yoga ¡ Cuántas personas desequilibradas a causa de una vida trepidante buscan algún sistema para equilibrarse! y practican yoga, hacen meditación trascendental o bien aprenden a relajarse. Eso está muy bien, pero según mi punto de vista existe un ejercicio más fácil y más eficaz: aprender a comer. ¿Os sorprende? ¿Por qué? ¡ No es posible comer de cualquier manera, en medio de ruidos, nervios, prisas, e incluso disputas; y luego ir a practicar yoga! ¿No es mejor darse cuenta de que cada día es una oportunidad para hacer dos o tres veces un ejercicio de descanso, de concentración, de armonización de todas vuestras células?. 

En el momento de sentaros a la mesa comenzad por expulsar de vuestro espíritu todo aquello que puede impediros comer en paz y en armonía. y si no alcanzáis este estado en seguida, esperad para empezar a comer hasta el momento en el que hayáis conseguido calmaros. Cuando coméis en un estado de agitación, de cólera o de descontento, introducís en vosotros desasosiego, unas vibraciones desordenadas que se transmiten a todo lo que hagáis después. Incluso cuando intentáis dar una impresión de calma, de control, sale de vosotros algo agitado, tenso y cometéis errores, ofendéis a las personas o a las cosas, pronunciáis palabras torpes que os hacen perder amigos y os cierran las puertas. . . Mientras que si coméis en un estado de armonía, resolvéis mejor los problemas que se os presentan después, e incluso si durante todo el día os veis obligados a correr de aquí para allá, sentís dentro de vosotros una paz que vuestra actividad no puede destruir. 

Comenzando por el principio, por lo nimio, se puede llegar muy lejos. 
No creáis que la fatiga se produce siempre porque habéis trabajado demasiado. No; muy a menudo se produce por un despilfarro de fuerzas y precisamente, cuando tragamos el alimento sin haberlo masticado bien, sin haberlo impregnado suficientemente con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, es más difícil de digerir, y el organismo, que tendrá dificultad para asimilarlo, no podrá beneficiarse totalmente. Cuando coméis sin ser conscientes de la importancia de este acto, aunque vuestro organismo se fortalezca sólo recibe las partículas más groseras, más materiales, lo cual es poco comparado con las energías de las que os beneficiaríais si supierais verdaderamente comer en silencio, concentrándoos en el alimento para recibir los elementos etéricos y sutiles. 

Así pues, durante la comida, concentraos en el alimento proyectando en él rayos de amor; en ese momento se produce la separación entre la materia y la energía: la materia se disgrega, mientras que la energía penetra en vosotros y podéis disponer de ella. En la nutrición lo esencial no son los alimentos en sí, sino las energías que estos alimentos contienen, la quintaesencia aprisionada, pues en esta quintaesencia está la vida. La materia del alimento sólo sirve de soporte, y justamente esa quintaesencia tan sutil, tan pura, no debe únicamente servir de alimento a los planos inferiores, al cuerpo físico, al cuerpo astral y al cuerpo mental, sino que debe también servir para alimentar el alma y el espíritu. 

La respiración 

« Masticar » el aire para extraer de él la energía En el transcurso del día, acostumbraos a hacer algunas respiraciones. Pero para que realmente os aprovechen, es preciso que estas respiraciones sean lentas y profundas. Porque el aire puro debe tener tiempo de descender a los pulmones para llenarlos, expulsando así el aire viciado. y no sólo hay que respirar profundamente, sino que de vez en cuando es bueno retener el aire algunos segundos en los pulmones antes de soltarlo. ¿Por qué? Para masticarlo, pues los pulmones saben masticar el aire como la boca sabe masticar los alimentos. 
El aire que aspiramos es como un « bocado » de comida lleno de energías, y hay que dar tiempo a los pulmones para masticarlo y digerirlo. Cuando respiráis así, hacedlo con la conciencia de que a través del aire, recibís en vuestro cuerpo la vida divina. Dimensión psíquica y espiritual 

Los ejercicios respiratorios actúan benéficamente sobre la salud, ciertamente, pero también sobre la voluntad, sobre el pensamiento. Comprobad lo : si tenéis que levantar una carga, lo hacéis más fácilmente después de haber hecho una respiración profunda. En los pequeños acontecimientos que suceden en la vida cotidiana, en vuestras relaciones con los demás, pensad también en respirar, y ello os permitirá dominaros. Antes de una conversación, por ejemplo, para que la discusión no degenere en disputa, acostumbraos a respirar bien. y si estáis confusos, ¿por qué no pedís ayuda a los pulmones? Están ahí para ayudaros. 

Durante dos o tres minutos, inspirad y espirad profundamente, vuestros pensamientos se aligerarán y se aclararán. Necesitáis ayuda, lo cual es normal, pero, ¿por qué la buscáis siempre en el exterior, cuando está dentro de vosotros? Si llegáis a comprender el sentido profundo de la respiración, sentiréis que poco a poco vuestra propia respiración se funde con la respiración cósmica. Espirando, pensad que llegáis a ensancharos, a extenderos hasta alcanzar los confines del universo; después, al inspirar, volved hacia vosotros, hacia vuestro yo, que es como punto imperceptible, el centro de un círculo infinito. De nuevo os dilatáis, y seguidamente os contraéis. . . Descubriréis así este movimiento de flujo y reflujo que es la clave de todos los ritmos del universo. 

Al tratar de concienciarlo en vosotros mismos, entráis en la armonía cósmica, realizáis un intercambio entre el universo y vosotros, pues al inspirar recibís elementos del espacio, y al espirar proyectáis algo de vuestro corazón y de vuestra alma. El que sabe armonizarse con la respiración cósmica, penetra en la conciencia divina. El día en que sintáis esta dimensión, querréis trabajar durante toda vuestra vida inspirando la fuerza y la luz de Dios para dar después esta luz al mundo entero. Porque la espiración no es otra cosa que la distribución de la luz que se ha logrado extraer de Dios. La respiración consciente aporta bendiciones incalculables para la vida física, emocional, intelectual y espiritual. Es preciso que observéis los efectos positivos de vuestro cerebro en todas vuestras facultades; es un factor muy poderoso en todos los aspectos de la vida. 

Nunca dejéis de lado esta cuestión. Cómo recuperar vuestras energías Frecuentemente os dejáis arrastrar por ese desasosiego que se ha convertido actualmente en el estado habitual de los seres humanos y que es tan perjudicial para su equilibrio físico y psíquico. Debéis velar sobre vuestro sistema nervioso procurándole de vez en cuando un descanso. Por ejemplo, os retiráis a una habitación tranquila, os tendéis boca abajo sobre una cama, o en el suelo sobre una alfombra, con los brazos y las piernas relajados, os dejáis llevar como si os sumergierais en un océano de luz, sin moveros, sin pensar en nada. . . uno o dos minutos después, os levantáis recargados. Eso es todo; es poca cosa, pero es muy importante.


Seguramente diréis que no siempre es posible acostarse de ese modo. Pues bien, quedaos sentados; lo esencial es que lleguéis a romper esta tensión en que vivís. Hay que saber detenerse, y no sólo una o dos veces al día, lo cual no es suficiente, sino diez, quince, veinte veces. Aunque esto no dure más que uno o dos minutos, lo esencial es que os acostumbréis a hacerlo con frecuencia. Cada vez que tengáis un momento libre, no importa dónde os encontréis, en lugar de perder vuestro tiempo o de poneros nerviosos porque os hacen esperar, aprovechad esta ocasión para apaciguaros y encontrar vuestro equilibro: reanudaréis después vuestras actividades con nuevas fuerzas.



Arreglad vuestra morada interna 


Debéis aprender a enfatizar las posibilidades del mundo interno, pues es en vuestro mundo interno en el que estáis continuamente sumergidos. No siempre estáis mirando, escuchando, tocando, probando algo externamente, y sin embargo, siempre os encontráis con vosotros mismos, en ese mundo interno del que no sabéis utilizar aún todas las riquezas. Este mundo os pertenece: dondequiera que vayáis, lo lleváis con vosotros y podéis contar con él, mientras que el mundo externo siempre puede reservaros alguna que otra decepción. Quizás, por un momento, podéis imaginaros que tenéis algo, pero poco tiempo después no tenéis nada, os lo han quitado todo o lo habéis perdido.

Si buscáis la abundancia, la plenitud, sabed que podéis encontrarlas verdaderamente en vosotros mismos. No os conocéis, no sabéis todo lo que poseéis, todos los tesoros, conocimientos y poderes que Dios ha colocado en vosotros. Deberíais esforzaros para sentir y utilizar todos esos recursos.
Os mostraré una imagen. Algunas personas han sabido arreglar tan bien su piso o su casa que no quieren de ninguna manera salir para ir a otro sitio en el que deberán soportar el ruido, el polvo, los embotellamientos. Mientras que otras que viven miserablemente en un cuchitril sin ninguna comodidad, buscan cualquier ocasión para escapar de sus casas (lo que por otra parte no es la verdadera solución, pero en fin...). Ahora, traspongámoslo.

El espiritualista es aquél que ha arreglando tan bien su fuero interno que no le falta nada: la poesía, los colores, la música, todo está ahí, y sufre cuando tiene que « salir » y abandonar esta belleza. Mientras que las personas corrientes, que no han hecho nunca nada por convertir en habitable su fuero interno, no piensan más que en ir a distraerse a otra parte. En cuanto se encuentran solos consigo mismos se aburren, lo cual es tristísimo. Ahora, reflexionad un poco para ver cuál es la situación más ventajosa. Puesto que estáis día y noche con vosotros mismos, ¿no es mucho más provechoso mejorar este espacio que no abandonáis nunca? ¿Por qué dejáis vuestro fuero interno abandonado, como si fuese un tugurio en el que los cristales están rotos, y hay telarañas por todas partes?

En adelante pensad en embellecer, enriquecer y armonizar todo en vosotros mismos; no sólo os sentiréis muy bien en vuestra casa, sino que además, en esta estupenda morada podréis recibir invitados. Sí, los espíritus luminosos se alegran de poderos visitar e incluso, tal vez, decidan instalarse definitivamente, con lo cual vosotros os beneficiaréis de su presencia.


El mundo externo es un reflejo de vuestro mundo interno

Sabed que no podréis encontrar nada fuera de vosotros que no lo hayáis previamente encontrado en vuestro interior. Pues incluso lo que se os aparezca externamente, si no lo habéis encontrado ya internamente, pasaréis sin verlo. Cuanto más descubráis interiormente el amor, la sabiduría, la belleza, más los descubriréis a vuestro alrededor. Os pensáis que si no veis algunas cosas es porque no están ahí. Sí, están ahí; pero si no las veis, es porque no las habéis desarrollado suficientemente en vosotros. El mundo externo, no es más que un reflejo del mundo interno. Así pues, no os hagáis ilusiones no encontraréis nunca la riqueza, la paz, la felicidad externamente, si no habéis hecho primero el esfuerzo de encontrarlas internamente.



Preparad el futuro viviendo bien el presente 


Con frecuencia os intranquilizáis por el futuro, pensando que no estáis al abrigo de accidentes, de enfermedades, de la miseria. . . Pero, ¿por qué os envenenáis la existencia imaginando un futuro tenebroso? Ciertamente nunca se sabe lo que nos reserva el porvenir, pero la mejor forma de evitar las desgracias que tememos, consiste en intentar vivir el presente razonablemente.
El futuro corresponderá a lo que estéis construyendo ahora. Pues es « el ahora » lo que cuenta.
Así como el presente es una consecuencia, un resultado del pasado, el futuro es una prolongación del presente. Todo se sostiene; el pasado, el presente y el futuro no están separados.

El futuro se edificará sobre los cimientos que coloquéis ahora. Si estos cimientos son de mala calidad, evidentemente vale más que no esperéis un futuro excepcional; pero si son buenos, es inútilintranquilizarse: con estas raíces, tendréis este tronco, estas ramas y estos frutos.

El pasado ha pasado, pero ha traído al mundo el presente, que lleva las raíces del futuro.
Por consiguiente debéis construir desde ahora vuestro porvenir mejorando el presente. Para ello debéis preguntaros cada día: « Veamos, hoy, ¿qué he dicho, qué he hecho? » y si habéis obrado mal, si habéis tenido malos sentimientos, malos pensamientos, sabed que os habéis puesto de parte de las fuerzas negras y que éstas van a destruir vuestro futuro. Si habéis vivido mal una jornada, intentad al menos, antes de acostaros, detener sus efectos teniendo pensamientos positivos, tomando las mejores decisiones para el día siguiente. Esos pensamientos irán como abejas a limpiar ya repararlo todo durante la noche, con lo cual abordaréis el día siguiente en óptimas condiciones.

Saboread plenamente el presente 

Algunos seres sólo viven en el pasado, en su pasado; son como prisioneros de algunos acontecimientos que se produjeron en su vida y no pueden avanzar. Otros, al contrario, están sumergidos en el futuro, pero en un futuro fantasmagórico, creado por su imaginación, y que no se realizará jamás. Algunas veces está bien volver hacia el pasado, pero sólo para ver dónde se cometieron faltas o dónde se actuó bien, sacando de ello las lecciones correspondientes.
Es todo un tesoro de experiencias de las que podemos servirnos para vivir mejor el presente.
Pero al mismo tiempo que se sacan lecciones del pasado, es bueno sumergirse en el futuro lejano, preguntarse cómo imagina Dios este futuro para la humanidad, qué esplendor, qué luz le espera. Sin duda muchas personas piensan en el futuro, pero ¿en qué futuro?

Se dicen: «Bien, dentro de algunos años me casaré, tendré algunos hijos, un gallinero, una casita como ésta, en cuyo porche fumaré tranquilamente la pipa, viendo pasar las vacas... o los trenes. Respiraré un poco de polvo, después entraré, comeré, beberé y me acostaré». ¡ Dios mío, qué estupendo porvenir! Diréis: «Pero no es así como nosotros...» Sí, lo sé, pensáis que ganaréis dinero, que haréis negocios, que alcanzaréis la gloria en alguna parte, siendo un profesor de universidad, un hombre de negocios, un ministro o un jefe de Estado, que tendréis una mujer preciosa a la que besaréis día y noche... Pero, ¿qué es todo esto? ¡ Es algo lamentable! Vosotros, ahora, debéis aprender a mirar más allá de ese futuro incierto y buscar nuevos horizontes, abrir las ventanas hacia el infinito para percibir cual será verdaderamente el futuro de la humanidad, cómo lo imagina Dios, anticipándoos de esta forma en vuestra vida a este futuro. y no consideréis la cuestión del tiempo, no digáis nunca: «Si, pero para entonces ya no estaré vivo, no será mi época», pues diciendo esto impedís en vosotros la verdadera belleza, os ponéis trabas para comprender el verdadero sentido de la vida.

El presente debe ser el tiempo de la acción consciente, iluminada, que extrae su sabiduría de las lecciones del pasado, pero que al mismo tiempo resulta estimulada por todas las posibilidades del futuro. Ésta es la perfección: las lecciones del pasado, (y Dios sabe cuántas lecciones nos ha proporcionado el pasado de la humanidad! ) Y el futuro con sus infinitas promesas.
Si sabéis cómo vivir el presente manifestando las experiencias del pasado Y los esplendores del futuro, os acercáis a la Divinidad. ¿Qué cantan los Serafines ante el Trono de Dios? «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, que fue, que es Y que será».

Así es como vuestra conciencia puede extenderse hasta las dimensiones de la conciencia divina.
La importancia del comienzo Sé consciente de las fuerzas que se ponen en juego No debemos emprender nunca nada sin estar informados de las fuerzas que ponemos en movimiento. Pues lo esencial es el comienzo. En el comienzo se desencadenan las fuerzas, y estas fuerzas no se detienen en el camino, sino que siguen hasta el final. Os encontráis en una montaña, encima de vosotros tenéis una enorme roca a punto de precipitarse por la pendiente a la menor sacudida; de vosotros depende dejarla como está o precipitar su caída. Si la ponéis en movimiento, luego será imposible pararla: os aplastará a vosotros ya muchos más. y si abrís las puertas de una esclusa, ¡ intentad detener luego el agua! . . .
Es fácil desencadenar fuerzas o acontecimientos, pero es muy difícil dirigirlos, orientarlos, es decir, dominarlos.
La expresión de « aprendiz de brujo » señala justamente al que imprudentemente ha desencadenado corrientes que es incapaz de contener o de orientar después.

Cuando los agitadores desencadenan una revuelta, después no hay medio de dominarla, se les escapa. Antes de decir una palabra, de lanzar una mirada, de escribir una carta, de empezar una acción, tenéis todos los poderes, pero luego, se acabó, no sois más que espectadores, e incluso algunas veces las víctimas. Tanto en el plano físico, como en el plano astral o en el plano mental, la ley es la misma. Cuando sentís que os domina la cólera, si decidís contenerla inmediatamente, no llegará a estallar, pero si dejáis que explote no podréis detener su curso y ciertamente esto también es válido en lo que concierne a las ideas: si dejáis que se instalen en vosotros, luego no podréis desarraigarlas.

Así pues, estad alerta, y no olvidéis nunca que en el comienzo está el verdadero poder .

Buscad la luz antes de actuar 

Lo primero que tenéis que hacer antes de lanzaros a una empresa de cierta importancia es recogeros, uniros al mundo invisible con el fin de disponer de las mejores condiciones para actuar.
Cuando estamos confusos, desorientados, no cometemos más que errores, embrollamos las cosas o las destruimos. y esto es lo que ocurre a menudo: actuamos precipitadamente, a ciegas, y los resultados no son buenos. Para actuar correctamente, primero debéis buscar la luz. Por lo demás, lo mismo sucede en el plano físico: si un ruido, algo que ha caído y se ha roto, o alguien que ha entrado. . . os despierta por la noche, ¿acaso os precipitaréis en la oscuridad? No, sabéis que es demasiado arriesgado. Lo primero que haréis es encender una lámpara para ver, y luego actuaréis.

Pilles bien, para cualquier cosa en la vida necesitáis primero encender la luz, es decir, concentraros, recogeros, para saber cómo debéis actuar. Si no tenéis esta luz, iréis de un lado para otro, llamaréis a muchas puertas, probaréis toda clase de .medios, pero todo resultará inútil. Por consiguiente antes de emprender cualquier cosa importante, debéis concentrar vuestro pensamiento algunos minutos sobre el mundo de la luz, y preguntar cómo debéis actuar. La respuesta os llegará bajo la forma de una idea, de un sentimiento o quizás también a través de una imagen simbólica.

Si la respuesta es clara, podéis poneros en marcha. Pero si existe en vosotros un sentimiento de vacilación, recelo, turbación o contradicción, es que existen obstáculos o enemigos que os cierran el camino. Entonces aplazadlo hasta el día siguiente, dejad que la cuestión repose y esperad para actuar a que vuestro camino esté claro y despejado. Vigilad siempre el primer movimiento
Cuando emprendáis un nuevo trabajo, procurad estar calmados, concentrad toda vuestra atención en el primer gesto, en el primer movimiento, y haced lo con exactitud, sin errores.
Repetidlo a continuación un poco más deprisa, y volvedlo a hacer hasta alcanzar el ritmo y la velocidad deseados: veréis que os parecerá cada vez más fácil, resultando totalmente impecable.

Si desde el comienzo habéis sabido grabar la impresión adecuada, cualquiera que sean los gestos, los actos que tengáis que realizar, lograréis repetirlos siempre correctamente. Si hoy cometéis errores en algún aspecto, es porque en el pasado, sin daros cuenta, grabasteis en vosotros impresiones erróneas. Si no prestasteis atención al primer movimiento, al primer gesto, al primer contacto tomado con tal objeto 0 tal persona, cometisteis errores y ahora sufrís las consecuencias: las faltas se acumulan y se agravan con el paso del tiempo. Es muy difícil reparar en el presente los errores grabados en nosotros en el pasado, pero es fácil aprender a grabar correctamente nuevas Impresiones.

Tomad conciencia de vuestros hábitos mentales

Los humanos raramente son conscientes de sus hábitos mentales.
Algunos, cuando deben comenzar un trabajo, en seguida se crispan, se ponen nerviosos; otros, ante cualquier situación nueva, reaccionan primeramente mostrándose pesimistas, críticos o pierden la cabeza; otros se sublevan, otros se desaniman. . . Pero como son actitudes de las que no se dan cuentan, no pueden remediarlas, y en cualquier situación siempre encuentran un pretexto para mostrarse negativos. Así pues, lo primero que tenéis que hacer es estudiar os para conocer vuestra forma de reaccionar. Desde el momento que veáis claro en vosotros, ya tenéis los medios de afrontar las situaciones: en seguida recibís un impulso para movilizar todas las posibilidades que Dios ha puesto en vuestro subconsciente, vuestro consciente y vuestro supraconsciente : así es como progresáis cada día porque os habéis acostumbrado a estudiaros ya ser lúcidos sobre vosotros mismos. Atención y vigilancia La atención tiene varios aspectos.

El aspecto más conocido es evidentemente la aplicación sostenida que se necesita para realizar correctamente nuestro trabajo, escuchar una conferencia o leer un libro. Pero existe al mismo tiempo otra atención que se llama observación de sí mismo, introspección. Consiste en tomar conciencia en cada momento del día de lo que ocurre en nuestro interior, con el fin de discernir las corrientes, los deseos, los pensamientos que pasan por nuestra cabeza.

Esta atención todavía no está suficientemente desarrollada. Por eso, cuando llega el momento de resolver un problema, de comprender una cuestión importante, el cerebro está fatigado, ofuscado, y nada resulta bien. Para que vuestro cerebro esté siempre lúcido, a vuestra disposición, debéis estar atentos, ser prudentes y mesurados en todas vuestras actividades, de lo contrario aún cuando la Verdad en persona venga a presentarse ante vosotros, no comprenderéis nada. Para ser capaces de hacer frente razonablemente, inteligentemente, a todas las situaciones que se presentan, debéis mantener el pensamiento despierto y vigilante.

El que no está vigilante, el que cierra los ojos, está expuesto a todos los peligros. No hay nada peor que vivir con los ojos cerrados. Hay que tener los ojos bien abiertos para darnos cuenta constantemente de los estados de conciencia en los que nos encontramos. Sólo aquél que tiene los ojos bien abiertos posee la inteligencia de la vida interior, y no se deja atrapar por fuerzas o entidades extrañas. ¡ Cuando un hombre se adormece. . . está claro que cualquiera puede sorprenderlo! Así pues, cuidad la atención interna, esta atención que debe mantenerse alerta, con el fin de que sepáis siempre lo que pasa dentro de vosotros. Ejercitaos. No basta con hacer de noche un examen de conciencia; debéis ser capaces de distinguir en cualquier momento del día cuáles son los deseos, los pensamientos, los sentimientos que pasan por vosotros, conocer su origen, su naturaleza, y ser capaces, si hace falta, de tomar precauciones o incluso de reparar los desperfectos producidos.

En la vida cotidiana, tan pronto como se produce un accidente, vemos que los bomberos o los militares salen enseguida para extinguir los incendios, reparar los puentes, despejar las carreteras, salvar a los heridos, etc. En el plano físico encontramos natural reparar los desperfectos inmediata mente. Pero en el plano interno no sabemos qué hacer, dejamos que se produzcan toda clase de destrozos sin reaccionar. Pues no, cinco, diez, veinte veces al día hay que mirarse a sí mismo, para ver qué hay que reparar y no demorarse en hacerlo. De lo contrario, luego es demasiado tarde, porque entonces ya estamos desquiciados, anonadados. Atenerse a una dirección espiritual Para hacer un verdadero trabajo espiritual debemos atenernos a una filosofía, a un sistema, profundizándolo; si no, ocurre en el organismo psíquico exactamente lo mismo que ocurre en el organismo físico.

Si absorbéis toda clase de alimentos extraños, enfermáis; de la misma forma el estómago psíquico puede sufrir una indigestión con todo lo que le hacéis engullir. ¿Qué queréis hacer con una mezcla de tradiciones egipcias, hindúes, tibetanas, africanas, chinas, hebraicas y aztecas? ¡ Si por lo menos tuvierais una estructura mental suficientemente sólida como para desenvolveros en medio de todo esto! Si la inmensa mayoría apenas es capaz de hacerse una idea clara de un solo sistema filosófico, entonces, ¿a qué puede conducirles leerlo todo, conocerlo todo? A perder la cabeza, i y luego, evidentemente, se acusará a la espiritualidad de desequilibrar a la gente!

La espiritualidad no tiene la culpa de que los humanos se imaginen que es una especie de feria donde se encuentra toda clase de atracciones e incluso las atracciones más peligrosas, como la droga, la magia negra y una sexualidad desbordada. Ya es hora de que se comprenda que la verdadera espiritualidad consiste en que vosotros mismos lleguéis a ser la expresión viviente de la Enseñanza divina que seguís. Insistid más en la práctica que en la teoría Intentad comprender mejor la diferencia que existe entre el trabajo espiritual y el trabajo intelectual. Tenéis, por ejemplo, una naranja; intelectualmente podéis aprender cantidad de cosas sobre ella: su origen, su historia, su peso, su forma, sus propiedades, los elementos químicos que la componen, las diferentes formas de utilizarla, incluso su simbolismo. . . En una Escuela iniciática quizás no aprendáis nada de todo esto, pero aprenderéis lo esencial: i saborear la naranja! En eso consiste el trabajo espiritual.

No se trata de acumular conocimientos teóricos, sino de «comer» la naranja, es decir, de aplicar, de practicar. Es más difícil, exige mucho esfuerzo, pero ese es el único sistema para transformarse. Ciertamente no podemos negar que es interesante e incluso útil conocer las tentativas que los humanos han hecho desde hace siglos y milenios para penetrar en los misterios del universo y acercarse a la Divinidad, pero eso no es suficiente. Puesto que estas religiones y estos sistemas filosóficos no hablan más que de nuestra divinización, de nuestro esplendor, de nuestra perfección, hay que hacer un esfuerzo para realizar este ideal.

No imitéis a todas esas personas que se atropellan por ir a escuchar conferencias eruditas sobre la sabiduría y la ciencia de los Iniciados del pasado, sin darse cuenta de que ellos siguen siendo pequeños, mezquinos, débiles e incapaces de controlar razonablemente su vida. Es ridículo, la espiritualidad no es eso. Preferid las cualidades morales al talento Cuando un hombre o una mujer manifiestan grandes aptitudes para el arte, las ciencias o el deporte, todo el mundo se maravilla, todo el mundo los aprecia, no se ocupan de saber si es bueno, justo, honesto, generoso.
No, lo que miran, admiran e intentan cultivar es el talento. Por eso la tierra está ahora poblada de personas dotadas, llenas de talento, lo cual es estupendo. Pero, ¿por qué todos estos dones, estas capacidades, estos talentos no pueden salvar al mundo? Ni más ni menos porque no bastan.
Es magnífico haber recibido de la Providencia la capacidad de ser poeta, músico, físico, economista, nadador, etc., y desarrollarla, pero lo más importante es vivir de acuerdo con las leyes divinas, es decir, trabajar cada día para llegar a ser más sabio, más honesto, más generoso, más dueño de sí.

El mundo tiene más necesidad de seres capaces de manifestar sus cualidades morales que de artistas, científicos o deportistas... Así pues, estad atentos y no os dejéis impresionar por esas personas dotadas y con talento, y no tengáis nunca por ideal llegar a ser como ellas. Vuestro ideal debe ser el más alto: estar cada día más cerca de la perfección. Y la perfección consiste en volverse luminoso, cálido, vivificante como el sol, a fin de despertar, iluminar y fertilizar a todas las criaturas.
Estad contentos con vuestra suerte y descontentos con vosotros mismos Existen muchas formas de estar contento. La primera es la de los animales: están satisfechos con su suerte, no ven sus limitaciones y por consiguiente no intentan superarlas para progresar. Pero esta mentalidad, normal en los animales, no es la ideal para los seres humanos... aunque muchas personas se contenten con ella. Una segunda forma de estar satisfecho con su suerte es la aceptación.

El hombre comprende que las pruebas que atraviesa son el resultado de sus pasados errores y las acepta. Pero nose detiene ahí: sabe que debe esforzarse para reparar estos errores, para colmar estas lagunas. y ahí está la sabiduría. Tiene que aceptar su suerte como consecuencia de las faltas que cometió en existencias anteriores, pero sin estar satisfecho nunca de su grado de evolución actual, y queriendo siempre progresar. Así pues el descontento consigo mismo es un sentimiento que puede estimularos, llevaros a ser mejores. Pero para que este descontento no se convierta en una obsesión destructiva, es preciso restablecer el equilibrio. ¿Cómo? Estando contento con los demás.

Esta actitud interna impedirá que os sumáis en un estado demasiado negativo que podría llevaros al desaliento absoluto. Encontrad la belleza y el bien en todos los seres y particularmente en aquellos que han contribuido con su genio y sus virtudes a la evolución de la humanidad. Así siempre estaréis maravillados y no correréis el riesgo de desesperaros. El trabajo espiritual nunca queda sin resultados Nada es más importante, más saludable, que el tomar gusto por las actividades espirituales, amarlas y no dejar pasar un solo día sin unirse al Cielo, meditando, rezando... Varias veces al día deteneos durante algunos minutos, y tratad de encontrar dentro de vosotros vuestro punto de equilibrio, vuestro centro divino. Comenzaréis a sentir entonces que, en todas las circunstancias de la vida, poseéis dentro un elemento eterno, inmortal, indestructible. . . Aunque esto no se vea, aunque nadie aprecie vuestros esfuerzos, aunque en el plano material no obtengáis ningún beneficio, no dejéis nunca de atesorar riquezas espirituales, pues seréis más libres interiormente, más fuertes y entonces controlaréis los acontecimientos.

Este trabajo espiritual es la única riqueza, el único bien que verdaderamente poseeréis. El resto os lo pueden quitar; sólo vuestro trabajo os pertenece para siempre. La regeneración de nuestros cuerpos físico, astral y mental Cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo, cada acto tiene la propiedad de atraer del espacio los elementos materiales que le corresponden. Los pensamientos, los sentimientos, los deseos y los actos luminosos, desinteresados, sostenidos por una voluntad firme, atraerán partículas de una materia pura, incorruptible. Si mediante la calidad de vuestra vida psíquica trabajáis cada día para atraer esta materia, ésta penetra, se instala en todo vuestro organismo, encuentra en él su sitio, expulsando todas las viejas partículas polvorientas, mortecinas, enmohecidas. Así, poco a poco, conseguís renovar vuestros cuerpos físico, astral y mental.

Contemplando el mundo divino bajo todas sus formas de luz, belleza, música y armonía, recogéis partículas nuevas; y puesto que cada una de ellas está viva, no viene sola, sino que trae consigo las fuerzas, los espíritus que le corresponden. Así pues, vuestra tarea consiste en trabajar todos los días para reemplazar vuestras partículas ya viejas por nuevas partículas celestes, radiantes. Algunos dirán: «Pero, ¿por qué preocuparse tanto por resultados que no trascenderán más allá de esta existencia? ¿Vale realmente la pena?» Sí, pues en realidad es el único trabajo cuyos resultados son definitivos. Cuando abandonéis la tierra, las únicas riquezas que os llevaréis serán las riquezas internas adquiridas gracias a vuestros esfuerzos. y cuando volváis en una nueva reencarnación las traeréis de nuevo con vosotros: desde el momento de la concepción, desde la gestación, la materia de vuestros cuerpos físico, astral y mental será modelada, formada exactamente de acuerdo a las cualidades y las virtudes que hayáis desarrollado durante la actual encarnación.

Buscad cada día vuestro alimento espiritual Por la mañana, cuando miráis el sol, pensad que esos rayos que llegan hasta vosotros son seres vivos que pueden ayudaros a resolver vuestros problemas diarios, pero sólo los de este día, no los del día siguiente. Al día siguiente deberéis ir a consultarles de nuevo, y también sólo para un día. Nunca os responderán con antelación para dos o tres días. Dirán: «No te preocupes. Ven de nuevo mañana y te responderemos». Ved que cada día, cuando coméis, no acumuláis provisiones en vuestro estómago para una semana, sino solamente para un día: coméis para hoy y al día siguiente comenzáis de nuevo. Pues bien, con la luz debe ocurrir lo mismo, pues la luz es un alimento que cada día debéis absorber y digerir para que se transforme dentro de vosotros en sentimientos, pensamientos, inspiraciones... ¿Por qué no usamos la misma lógica con la luz que con el alimento? Decimos: «Es verdad, comí ayer, pero eso no cuenta, también hoy quiero comer».

Lo mismo ocurre con la luz: necesitáis alimentaros diariamente. 

Revisad periódicamente vuestra vida Es saludable para vuestro perfecto desarrollo el acostumbraros a revisar periódicamente vuestra vida. ¿Por qué? Porque con demasiada frecuencia, a causa de las actividades y de las preocupaciones con las que os enfrentáis, vuestra vida tiende a tomar una orientación que os aleja cada vez más de vuestro ideal espiritual. Os olvidáis de que permaneceréis sobre la tierra poco tiempo, que tendréis que dejar aquí todas vuestras adquisiciones materiales, así como vuestros títulos y vuestra posición social que tanto os preocupa conseguir. Diréis que esto todo el mundo lo sabe. Sí, todo el mundo lo sabe, pero todo el mundo lo olvida, y vosotros también os dejáis arrastrar por los ejemplos que veis a vuestro alrededor. Por eso es indispensable hacer de vez en cuando una pausa para mirar atrás, analizar la dirección que estáis tomando, las actividades en las que os estáis metiendo, y seleccionar cada vez para no conservar más que lo esencial. Conciliad el fin y los medios Una de las razones por las que no progresáis en vuestro trabajo espiritual es porque os permitís realizar cantidad de actividades que no tienen ninguna relación con este trabajo, pensando que estas actividades no os apartarán de las cimas que queréis alcanzar. No; la realidad es que si os dejáis llevar experimentando esto, probando aquello, sin preocuparos de la calidad y de la naturaleza de estas experiencias, cuando queráis elevaros interiormente, no podréis liberaros.

Desde el momento en que alimentáis un gran ideal de elevación espiritual, tenéis la obligación de renunciar de alguna manera a ciertas cosas para realizarlo. Si hemos pasado la noche enfrascados en toda clase de diversiones y efervescencias, ¿creéis que por la mañana estaremos en buena disposición para meditar? Si algunos no llegan a progresar a pesar de las explicaciones y los métodos que continuamente se les muestran, es porque tienen todavía demasiadas preocupaciones y actividades ajenas a la vida espiritual: el dinero, las comodidades, los placeres, la posición social. . . No digo que deban suprimirse todas estas preocupaciones; no son absolutamente irreconciliables con la vida espiritual, pero para ello, hay que ajustar primero una cuestión: la de los fines y los medios.

Fijaos en todas las facultades que poseen los seres humanos, ¿qué uso hacen de ellas? Las han puesto al servicio de algo, pero ¿de qué? De su sexo, de su vientre, de sus pasiones. Pues bien, en lo sucesivo, debéis hacer lo contrario: poner todas vuestras facultades al servicio de un elevado ideal, al servicio del espíritu, de la luz. Analizaos y veréis que muchos dones divinos que poseéis, los sacrificáis a los caprichos de vuestra naturaleza inferior. y después os quejáis: « ¡ No sé dónde estoy! » Lo cual es normal: cuando hemos deseado y acumulado demasiadas cosas extrañas, pronto nos encontramos hundidos hasta el cuello en las contradicciones. Tomad el ejemplo del diamante: si el diamante es tan puro, es porque no está mezclado, es carbono puro. Añadidle otro elemento y ya no será un diamante. Los discípulos que quieren probar, tocar, experimentar, conocerlo todo, pierden su condición de diamantes, no son más que piedras sin brillo.

El verdadero discípulo debe dirigirse hacia un único fin, tener un único ideal, un único deseo, un único alimento. y entonces vivirá verdaderamente en la luz. Corregid rápidamente vuestros errores No permitáis nunca que vuestros malestares internos aumenten hasta el punto de no poder remediarlo. Supongamos que pusisteis los pies imprudentemente sobre cemento líquido, y después, pensando en otra cosa, olvidasteis retirarlos: ¿qué pasará? El cemento endurecerá, y quizás se volverá tan compacto que, para retirar vuestros pies, habrá que ir a buscar herramientas, romper el cemento y puede que resultéis heridos. Pues bien, lo mismo sucede en la vida interna si no pensamos rápidamente en corregir algunos errores, algunas deficiencias; luego es demasiado tarde, la reparación cuesta muy cara y encima puede ocasionar otros desperfectos.

Cerrad la puerta a las entidades inferiores 

Nuestras debilidades son como puertas por las que procuran introducirse entidades que quieren perjudicarnos. Cuando nos dejamos llevar por ciertas debilidades, les autorizamos a introducirse dentro de nosotros para atormentarnos. Si resistimos, si no sucumbimos, no tienen ningún poder sobre nosotros. Por eso os digo: las entidades negativas no tienen más que el poder que les dais. i Si no queréis tratos con ellas, no les abráis la puerta! No os fuerzan, sólo os hacen sugerencias y sois vosotros los que decís que sí. La mayor parte de las personas se imaginan que sus desgracias llegan de pronto, así, bruscamente. No; ellas las han preparado, lashan invitado, les han abierto la puerta. ¿Cómo? Dejándose llevar por la codicia, por ciertas debilidades, cometiendo algunas transgresiones: en ese preciso momento los diablos encuentran la puerta abierta y entran. Así pues, estad atentos y tened vuestras puertas bien cerradas para ellos.


Las ideas determinan los actos 

¿Decís que os esforzáis para transformaros y que no lo conseguís, que vuestra determinación no sirve para nada? No os desaniméis, pues las transformaciones profundas no se realizan de golpe, hace falta tiempo. Si mantenéis vuestras determinaciones firmemente en vuestra cabeza, tarde o temprano acabaréis actuando como deseáis. Observad a la serpiente: cuando quiere deslizarse por un agujero comienza introduciendo en él su cabeza, y cualquiera que sea la longitud de su cuerpo, la cola acaba por seguir finalmente. Como avanza describiendo una sinuosidad, su cola puede dar la impresión de que avanza en sentido inverso al de su cabeza, pero en realidad acaba siempre pasando por donde ha pasado la cabeza, pues una y otra no están separadas, y la cola sigue siempre a la cabeza.

Simbólicamente, la cabeza representa la facultad de reflexionar, de razonar, de tomar tal o cual orientación, y necesariamente el resto del cuerpo, es decir, la ejecución, la aplicación, le sigue. Esta es la ventaja de procurar pensar siempre justamente, aunque de momento no actuéis de acuerdo con vuestras ideas, insistiendo, continuando para mantener al menos una actitud mental correcta, acabáis adiestrando en vosotros todas las fuerzas de resistencia, y actuando como ha dictado el espíritu.
Aún se valora insuficientemente la importancia de una filosofía adecuada. Muchos se imaginan que pueden dejar entrar todo tipo de ideas en su cabeza sin que por ello vaya a cambiar su comportamiento. No; y aún no han comprendido que la cola siempre sigue a la cabeza!

Entonces, poned atención; cada cual debe vigilar diariamente los pensamientos que deja entrar en su cabeza: si son anárquicos, inmorales, un día u otro su conducta será anárquica e inmoral. La leyes tan verídica para el mal como para el bien. Nuestros esfuerzos cuentan más que los resultados No son los resultados que conseguís lo que cuenta para el Cielo, sino los esfuerzos que hacéis, pues sólo estos os mantienen en el buen camino, mientras que los resultados pueden relajar frecuentemente vuestra vigilancia. Aunque no tengáis éxito, aunque no obtengáis ningún resultado, no pasa nada: por lo memos habéis trabajado. Así pues no pidáis el éxito, éste no depende de vosotros sino del Cielo, que os lo dará cuando lo juzgue oportuno. De vosotros dependen los esfuerzos, pues el Cielo no puede hacerlos en vuestro lugar. De la misma manera que nadie puede comer por vosotros, tampoco el Cielo puede hacerlo, es decir, esforzarse por vosotros; os concierne a vosotros hacerlo. y el éxito lo determina cuándo y cómo quiere, según lo considere adecuado para vuestra evolución. Por otra parte, los esfuerzos llevan en sí mismos su recompensa.

Después de cada esfuerzo, después de cada ejercicio con el pensamiento, la vida toma otro color y otro sabor. Entonces, trabajad sin fijaros nunca el plazo para la realización de vuestras aspiraciones espirituales. Si fijáis una fecha para obtener talo cual resultado interior, la victoria sobre cualquiera de vuestros defectos, no conseguiréis más que crisparos y no os desarrollaréis tan armoniosamente. Hay que trabajar para perfeccionarse sin fijar la fecha, pensando que tenemos la eternidad por delante y que un día u otro conseguiremos alcanzar esta perfección que deseamos. Fijaos solamente en la belleza del trabajo que habéis emprendido y decid: « Ya que es tan hermoso, no me preocupa saber cuántos siglos o milenios necesitaré para conseguirlo.»


 Aceptad los fracasos 


Aquél que siente que no consigue manifestar las cualidades sobre las que trabaja, no debe desanimarse o rebelarse.

Hay que ser humilde ante los fracasos porque lo contrario demuestra que nuestro razonamiento no es correcto. y siempre tiene la culpa la Naturaleza inferior, la cual consigue colarse en el momento que encuentra las condiciones favorables. Un fracaso es como si el cielo dijera a algunas personas o a las circunstancias: « Id a incitarle un poco, decid le algunas palabras para ver qué pasa ». y entonces se produce una agitación que demuestra que no estamos preparados para afrontar las pruebas.

Los fracasos no deben entristeceros ni desanimaros, porque ello demostraría que no sois más que un presuntuoso que desea cosas todavía irrealizables; si no superáis vuestra decepción, acabaréis destruyéndoos. Está permitido entristecerse, pero únicamente por los fracasos o las desgracias de los demás, no por vuestros propios deseos, ambiciones o pretensiones insatisfechas. Si veis que todavía no conseguís adquirir una cualidad, vencer un defecto, superar una mala costumbre, en lugar de rebelar os o desanimaros, decid únicamente: « En el pasado no trabajé como debía, y ahora todo me resulta difícil ». Debéis deciros esto y poneros en seguida a trabajar. Sí; aunque no os quede más que un año de vida, un sólo año, hay que continuar, continuar. . . Entonces veréis todos los cambios que ocurrirán, pues llevamos con nosotros todas las adquisiciones que hemos alcanzado, si hemos buscado sinceramente nuestra perfección.

 La imaginación como método de trabajo sobre sí mismo 

Con frecuencia nos sentimos desgraciados, nos desanimamos al comprobar lo difícil que es corregir nuestros defectos. En realidad, en lugar de fijarnos en nuestras debilidades, que son el resultado de los desórdenes a los que nos abandonamos en el pasado, vale más preocuparnos de lo que tenemos que hacer en el futuro, y decirnos: « Ahora voy a reparar, a reconstruirlo todo ». y cada día con una fe inquebrantable, con una convicción absoluta, trabajar en esta dirección, es decir, tomar todos los elementos que Dios nos ha dado: la imaginación, el pensamiento, el sentimiento, y recrearnos, modelarnos tal como desearíamos ser. Imaginaos rodeados de luz, sosteniendo con vuestro amor, con vuestra generosidad a todos aquellos que lo necesitan, resistiendo las dificultades y las tentaciones. . .
Poco a poco las imágenes que formáis estas cualidades se vivifican, actúan en vosotros y os transforman al mismo tiempo que trabajan atrayendo del universo los elementos apropiados para introducirlos dentro de vosotros naturalmente, se necesita mucho tiempo y mucho trabajo para obtener resultados, pero un día los obtendréis, no os quepa duda. Sentiréis por encima de vosotros una entidad viva que os protege, os instruye, os purifica, os ilumina y, en los casos difíciles, os presta el apoyo que necesitáis. Cuando hayáis formado esta imagen de perfección durante mucho tiempo en el plano mental, descenderá poco a poco al plano físico para concretizarse en él.


La música, soporte del trabajo espiritual 

Aprended a utilizar la música para hacer un trabajo interno: os ayudará a realizar vuestros mejores deseos. Deseáis demasiadas cosas agradables, pero no sabéis qué hacer para obtenerlas. Efectivamente, la música es una ayuda muy poderosa para la realización. Entonces, escuchándola, en lugar de dejar flotar vuestro pensamiento de un lado para otro, proyectad lo sobre aquello que más deseáis. Si queréis la salud, imaginaos como un ser rebosante de salud: cualquier cosa que hagáis, tanto si camináis como si habláis o coméis, tenéis una salud espléndida y hacéis que todo el mundo esté sano a vuestro alrededor. Si lo que os falta es la luz, la inteligencia, utilizad la música para imaginar que aprendéis, que comprendéis que la luz penetra dentro de vosotros, y también vosotros mismos la propagáis y la dais a los demás. Si queréis adquirir la belleza ,la fuerza, la voluntad o la estabilidad, actuad de la misma forma. Haced este trabajo en todos los ámbitos en los que sintáis que tenéis una laguna. 

La influencia benéfica de una colectividad espiritual 

¡ Cuántas personas comprenden que no están en el buen camino! Su alma, su conciencia se subleva y deciden cambiar su forma de vida. Lo consiguen durante algún tiempo, pero luego se pierden. Entonces se lamentan, rezan, toman nuevas determinaciones, pero tampoco dura mucho. Naturalmente, el hecho de darse cuenta de que uno se extravía, ya es algo, pero no es suficiente. y hay que conseguir perseverar en las resoluciones tomadas. Por esta razón es tan necesaria e incluso indispensable, una colectividad espiritual, una fraternidad espiritual, porque ella nos ofrece las mejores condiciones para mantenernos en el buen camino. Puede ocurrir que estemos cansados y que deseemos abandonarlo todo, pero viendo que los demás perseveran, nos animamos y somos arrastrados hacia el buen camino. 

Salvo en casos completamente excepcionales, los eres humanos necesitan ser sostenidos, estimulados, pues siempre hay un momento u otro en el que su ardor espiritual se debilita. Diréis quizás que no deseáis que os influyan, que queréis ser libres de hacer lo que os plazca, y que por eso no queréis formar parte de una colectividad en la que os sentiríais limitados. Pues bien, eso demuestra que no sois muy inteligentes. El que es inteligente comprende que tiene necesidad de estar protegido y se las arreglará para colocarse en una situación en la que se le impida cometer locuras, siendo libre, por el contrario, para lanzarse a realizar empresas benéficas, luminosas.

OMRAAM