El organismo humano está compuesto de 60 trillones de células más o menos, que están altamente dotadas de inteligencia. Todas estas células poseen las cualidades y capacidades pertinentes con relación a los diferentes campos y conocimientos. Por ejemplo, algunas células humanas llevan en si el conocimiento de las plantas. Otras células están familiarizadas con las leyes de la cristalización. Otras asimilaron el conocimiento de los peces, aves, mamíferos. Hay células que aprendieron el conocimiento de sabios seres altamente evolucionados. Esas células constituyen la estructura del cerebro humano.
La estructura del Sol y de la célula es similar.
El Sol tiene tres áreas: La primera proporciona energía; la segunda la almacena y transforma; la tercera la envía a la Tierra. En las células hay también tres áreas: Una exterior que acepta la energía del Sol; una intermedia que la acumula en su interior, y un núcleo interno que la transforma en energía viviente.
Las células del cuerpo humano son seres juiciosos e inteligentes. Poseen conocimiento, pero su dueño debe tener buen sentido y saber cómo manejarlas.
Ellas han renunciado conscientemente a su propia individualidad para servir dentro de la unidad del organismo. Su meta es sacrificarse por su amo para que éste crezca. El hombre disfruta de la vida en tanto esos inteligentes seres trabajen juntamente con él.
La tarea del discípulo es rejuvenecer sus células, y por ello, debe hablarles. Cada día, antes de comenzar sus tareas, el discípulo debe saludar a las células de su cuerpo, empezando por las del cerebro, ojos, nariz, oídos, descendiendo gradualmente a las células de los pulmones, corazón, estómago, intestinos, y saludar finalmente a todo su propio ser. Cuando digo que “uno es su propio ser”, quiero significar su guía interior. Sólo entonces debería el discípulo empezar sus tareas.
Cuando te levantes por la mañana, piensa en ti mismo como una entidad hecha de seres inteligentes, dotados de raciocinio, trabajando en beneficio tuyo. Háblales y ponte en contacto con ellos conscientemente. Piensa en ellos confiadamente, sin vacilaciones. Pensar en ellos mejorará tu capacidad de trabajo.
Al anochecer, antes de acostarte, envíales un buen pensamiento, y luego, vete a la cama. Cuando te levantes por la mañana, te encontrarás de buen talante.
PETER DEUNOV

No hay comentarios.:
Publicar un comentario