Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

jueves, 31 de enero de 2019

Naciones y reencarnación. (OMRAAM)




“Los ríos nos ayudan a entender algunas de las cuestiones esenciales del destino. Se ha dicho a menudo: “¿Por qué una raza o una nación, experimentan catástrofes colectivas? ¿Por qué es una población perseguida interminablemente y obligada a sufrir?“. Cuando observan las cosas de forma superficial, les puede parecer que no hay justicia. ¿Por qué es un pueblo condenado a sufrir? ¿Por qué, por un cierto período, los problemas atacan un área determinada y no otra?

El asunto es un poco delicado, pero les diré lo que la Ciencia Iniciática enseña al respecto. Tomemos el ejemplo de Bulgaria. Por cinco siglos sufrió bajo el dominio de los turcos, y tras la guerra de 1914, fue parcialmente dividida para beneficio de otras naciones. ¿Por qué ese país debió ser sometido a sufrimientos que otros no han conocido? Los búlgaros son un pueblo trabajador, religioso, honesto, que no lastiman a nadie. ¿Por qué la Justicia Cósmica ha sido tan severa con ellos? Esto es aún más cierto para el pueblo judío, quienes han sido perseguidos por el mundo, por siglos y siglos.
El río es el mismo, pero el agua cambia continuamente

Entonces, ¿cuál es la respuesta que el río nos da sobre este asunto? Dice: “Obsérvenme, mi nombre es Támesis, Sena, Danubio, Nilo, Amazonas… Tengo siempre el mismo nombre, pero no soy nunca el mismo, porque el agua que fluye nunca es la misma”.
Para no ofender a ningún país, continuaré tomando a Bulgaria como ejemplo [(El Maestro es búlgaro)].  Su nombre ha sido el mismo a través de los siglos, pero el agua fluyendo en ella (esto es, las personas que se encarnan) no es la misma. Nunca deja de cambiar. El nombre del país es el mismo, pero los habitantes cambian.
Las personas encarnan en países distintos
Quienes vivieron en Bulgaria antes de la dominación de los turcos, fueron buenos y magníficos, y es por eso que no sufrieron. Quienes sufrieron cinco siglos bajo la dominación turca, representan aguas que vinieron de otra parte. ¿De donde? De muy lejos: Francia, Inglaterra, Alemania, etc. Incluso de otros continentes.

Cuando volvieron a la tierra, todas las personas de esos países que fueron injustas, duras y malvadas, debían encarnar en Bulgaria para sufrir. Pues ese país, por un tiempo, se había transformado en una escuela correccional. Entre todos los países, las personas desagradables se fueron en ese momento a Bulgaria. Y dado que Francia era un país de belleza, felicidad y abundancia, los búlgaros buenos vinieron a encarnar aquí, para disfrutar un poco de esta felicidad.

Esta explicación de que nuestro destino es encarnarnos en distintos países es totalmente verdad, aunque en realidad, quienes sufren no lo hacen inevitablemente por haber cometido una falta. Hay casos muy distintos. Algunos encarnan voluntariamente entre gentes infelices para ayudarles, para hacer sacrificios. Comparten el sufrimiento de ese pueblo no porque sean culpables, sino porque vinieron a ayudar a sacar de esas condiciones dolorosas a sus hermanos y hermanas.
Es por ello, también en las familias, que ocasionalmente nacen niños que no se parecen a sus padres o hermanos y hermanas que son toscos y de pocas luces. Son a menudo espíritus que descienden voluntariamente en familias y naciones, para ayudar a elevarlas. Como estos espíritus necesitan evolucionar más, y saben que no pueden hacerlo sin experimentar gran sufrimiento, eligen encarnar en condiciones difíciles.

¿Cómo diferenciar a quienes se están sacrificando, de quienes sufren por sus faltas? Hay una manera. 

Todos quienes se rebelan contra su destino, que nunca quieren entender o aceptar su situación, han cometido en el pasado actos tontos  que deben ahora corregir. Pero quienes no se rebelan, quienes están listos para continuar y resistir con aún más coraje y paciencia, han venido a ayudar a otros.
El río desciende desde una alta montaña que es brillante, clara y pura. Mientras desciende, se ensucia, porque las personas lavan ahí, arrojan su basura, y dejan que su ganado beba… pero el río dice: “Es con gran alegría que desciendo a los valles a saciar la sed de las personas, a regar sus campos y jardines. No temo ser ensuciado porque el sol me purificará. Me entibiará, cambiaré de forma y me elevaré otra vez hacia la montaña.”.

El río nunca deja de ser purificado. Y, como el río, quienes vienen a ayudar a otros, nunca se quejan de las dificultades que sufren. No abandonan sus luminosos ideales. Es por ello, que si se ensucian o son cortados en trozos, siempre serán lavados, reconstituidos, renovados y purificados.
“Los habitantes de las naciones experimentan sufrimiento debido a sus errores pasados, o como un sacrificio. Los franceses actuales, no son los mismos que habitaron Francia en el pasado. 
En Francia están encarnados ingleses, alemanes, rusos e incluso asiáticos y africanos. 
Los franceses de otros tiempos están en otros lugares. ¿Cómo es que hay tales sustituciones? Son viajes necesarios.

Cada espíritu viaja para mejorar e instruirse. Cada uno se encarna sucesivamente en distintos países. Es por ello que las ideas de separación entre pueblos no se sostienen en ninguna base sólida. 
Ustedes dirán: “Conservamos este río”. Pero es el nombre el que conservan, porque ¿cómo conservar el agua? El agua fluye, se ríe de las opiniones de ustedes. ¿Cómo mantenemos el espíritu, lo ponemos en una botella? Se ríe de las teorías de ustedes.
Consideren también el caso de si quisieran matar a otros para deshacerse de ellos. Cuando esto ocurre, esos seres emergen de sus cuerpos físicos y vuelven al otro lado. El espíritu de un ser humano viaja a todas partes, no puede ser destruido. Son las personas quienes crean artificialmente separación entre las naciones. Son puntos de vista pasajeros, de los que un día nada quedará. Nadie está en lo correcto en ese aspecto, ni los búlgaros, los franceses, los ingleses, los rusos, los alemanes, ni ningún otro pueblo.

Los únicos que están en lo correcto, son quienes trabajan por la paz en el mundo, y por el Reino de Dios sobre la tierra. Cada pueblo se equivoca al trabajar sólo para sí mismo. Son metas limitadas, pequeñas. Lo que se requiere es que todos los pueblos comiencen a trabajar por el mundo entero, para formar una gran familia. Los únicos que están en lo correcto, son quienes trabajan en esa dirección. Incluso si otros luchan contra ellos, la tierra, el agua y el sol están en lo correcto.

Estaremos sobre la tierra hasta que esta filosofía de la separación, división y destrucción, desaparezca.
Esto es lo que les quería decir sobre la imagen del río.”

Omraam Mikhaël Aïvanhov

miércoles, 30 de enero de 2019

REENCARNACIÓN



Hoy quisiera hablaros de la reencarnación porque veo que a algunos de vosotros os sigue preocupando e inquietando esta cuestión. Siempre se os ha enseñado que el hombre sólo vive una vez, y ahora oyendo hablar de la reencarnación estáis confusos, todo da vueltas en vuestras cabezas. Podríamos extendernos mucho sobre esta cuestión exponiendo por ejemplo lo que pensaban los tibetanos, los hindús, los egipcios, sus trabajos y experiencias. 

Pero me contentaré con interpretar algunos pasajes de las escrituras y os probaré que el mismo Jesús conocía y aceptaba la reencarnación. Diréis que hojeando los Evangelios en ningún momento habéis encontrado la palabra « reencarnación ». Pero os contestaré que no tiene nada de sorprendente el no mencionar explícitamente la reencarnación en una época en la que todos creían en ella. 
Los evangelistas no hablaron específicamente de la reencarnación porque no podían prever que más tarde la gente dejaría de creer en ella. Relataron pocas cosas en sus escritos, y era ilógico extenderse sobre un punto que formaba parte de la tradición. Esto no parece convincente ... de acuerdo, ya os convenceréis más adelante. e Estudiemos en los Evangelios algunas cuestiones propuestas por Jesús o sus discípulos, y los comentarios y respuestas dadas. 

Un día Jesús preguntó a sus discípulos : «¿ Quién dicen que soy ?» ¿ Qué significa esta pregunta ? ¿ Sabéis de alguien que pregunte : « Quién dicen que soy » ? Saben perfectamente quienes son, y por l o tanto no se interesan por lo que dicen los demás. Sólo se hace esta pregunta, si se cree en la reencarnación. Y fijaos en la respuesta de los discípulos : «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los profetas». ¿ Cómo puede decirse de alguien que es ése o aquél mucho tiempo después de que haya muerto, si no se sobreentiende la idea de la reencarnación ? (l En otra ocasión Jesús y sus discípulos encontraron a un ciego de nacimiento. 

Los discípulos preguntaron : « Rabí, ¿ quién pecó, él o sus padres para que haya nacido ciego ? » Aquí comprobamos lo mismo. Estas preguntas son absurdas si no se cree en la reencarnación. 
¿ Cuándo habría podido pecar este hombre ? ¿ En el vientre de su madre ? ¿A qué taberna iba, a qué bar? ¿ Qué negocios sucios hacía ? ¿ A quién asesinó ? O se trata de una cuestión estúpida, o se sobreentiende la creencia en una vida anterior. Diréis ; «Los discípulos de Jesús no eran gente instruida, se dice que eran pescadores, entonces puede ser que hicieran preguntas un tanto extrañas». De ser así Jesús se lo hubiera hecho saber. Observamos claramente que Jesús no duda algunas veces en corregir a sus discípulos. Sin embargo en esta pregunta concreta no les corrige, simplemente les responde ; «No se debe a que él o sus padres hayan pecado . . . » Este también es un punto importante. Si los discípulos preguntaron si los padres fueron quienes pecaron para que su hijo naciera ciego, fue porque aprendieron de la ley hebraica que cada anomalía, cada dolencia, cada desgracia es debida a una infracción de las leyes, pero también es posible que una persona pague por otra ; por lo tanto al ver a alguien en desgracia no podemos saber si expía sus propias faltas o bien se sacrifica por otro. 

Era una creencia admitida entre los Judíos que todo lo malo que nos ocurre es el resultado de una transgresión. Así pues los discípulos hicieron esa pregunta porque sabían que un hombre no puede nacer ciego sin razón . . . o porque eso complazca al Señor, como se imaginan los cristianos. 
Jesús respondió : «No es porque él o sus padres hayan pecado, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él», es decir para que al pasar por aquí, yo le cure y el pueblo crea en mí. Y les explicó : «Os han enseñado que los hombres sufren por dos razones : o porque han cometido actos impuros y son castigados, o porque a pesar de no haber cometido ningún pecado, aceptan el karma de los demás, sacrificándose para evolucionar. También existe una tercera categoría de seres que ya han terminado su evolución, que son libres y a quienes nada les obliga a descender de nuevo sobre la tierra, pero que a menudo descienden porque aceptan sufrir cualquier enfermedad, suplicio o martirio, con tal de poder ayudar a los humanos. 

Pues bien, este ciego forma parte de esta tercera categoría. Ni él ni sus padres pecaron ; descendió sobre la tierra con esta dolencia para que yo le curase y para que todo el mundo crea en mí». y de este modo este hombre salvó a mucha gente. • Si todavía no estáis convencidos, he aquí más argumentos. Un día Jesús supo que Juan Bautista había sido encarcelado, y el texto dice simplemente : «Jesús al saber que Juan fue entregado, se retiró a Galilea». Algún tiempo después Juan Bautista fue decapitado por orden de Herodes. Después de la transfiguración, los discípulos preguntaron a Jesús : «¿Por qué los escribas dicen que EIías debe venir primero ? » Y Jesús responde : «Ciertamente Elías ha de venir a restaurarlo todo, pero yo os digo que Elías ya ha venido, pero no le han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. » Y el texto añade : «Los discípulos comprendieron que hablaba de Juan Bautista». Entonces está claro que Juan Bautista fue la reencarnación de Elías. y además, el Evangelio nos dice también que en el momento en que un ángel se le apareció a Zacarías, padre de Juan Bautista, para anunciarle que su mujer Isabel daría a luz un hijo, le dijo : «Irá delante de Dios con el espíritu y el poder de Elías». 

Veamos ahora la vida del profeta Elías y busquemos la causa por la cual más adelante se le decapitaría bajo el nombre de Juan Bautista. Es una historia muy interesante. Elías vivió en tiempos del rey Acab. Acab desposó a Jezabel, hija del rey de Sidón, y a causa de ella rendía culto a Baal. Elías se presentó delante del rey Acab para reprocharle su infidelidad al Dios de Israel, y le dijo : «Durante años no habrá ni lluvia ni rocío, hasta que yo lo diga». Y partió por orden de Dios a las montañas, para escapar a la persecución del rey. Al cabo de tres años la sequía causó grandes estragos en todo el país : el pueblo sufrió grandes necesidades y Dios envió de nuevo a Elías delante del rey Acab y éste en cuanto le vio le reprochó violentamente el ser el causante de la sequía. «No, dijo el profeta, tú eres la causa porque ab􀐝ndonaste al Eterno para rendir culto a Baal. Y ahora veremos quién es el verdadero Dios. Ordena que todos los profetas de Baal se reúnan en el monte Carmelo . . . » Se reunieron todos los profetas y Elías dijo : «Ahora, traed dos toros y haremos dos altares, uno para el Eterno y otro para Baal. Los profetas invocarán a Baal y yo invocaré al Eterno. El Dios que conteste con fuego será el verdadero Dios. » 

Los profetas empezaron desde la mañana hasta el mediodía a invocar : « Baal . . . Baal . . . Baal. . . contéstanos . . . » Pero n o obtuvieron ninguna respuesta, y Elías se reía de ellos : «Gritadle un poco más fuerte para que os oiga, quizás esté ocupado en otras cosas, haya salido de viaje o esté durmiendo». Los profetas gritaron más fuerte e incluso, como practicaban la magia, se hicieron algunos cortes en el cuerpo esperando atraer, mediante el derramamiento de sangre, larvas y elementales que hiciesen caer el fuego sobre su altar. Pero nada de esto ocurrió. Entonces Elías dijo : «Ya basta, que traigan doce piedras ». Y con esas piedras hizo un altar alrededor del cual ordenó cavar una zanja ; puso madera sobre las piedras, y sobre la madera el toro troceado. Hizo regarlo todo con agua, además de llenar la zanja. Todo estaba preparado, y entonces Elías invocó al Señor : « Eterno, Dios de Abraham, de Isaac, de Israel, que hoy sepamos que Tú eres Dios en Israel, que soy tu siervo y que hice todas esas cosas mediante tu palabra». y el fuego cayó del cielo con tanta fuerza que todo fue consumido : no quedó ni víctima, ni madera, ni piedras, ni agua. Y así todo el pueblo, aterrorizado, reconoció que el verdadero Dios era el Dios de Elías. 

Después, sin duda demasiado orgulloso de su victoria, Elías hizo conducir a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal junto a un torrente y allí fueron degollados. y por ello era natural prever que a su vez sería degollado. Porque existe una ley que Jesús enunció en el huerto de Getsemaní, cuando Pedro, precipitándose sobre el siervo de Caifás, le cortó la oreja : «Pedro, devuelve tu espada a !} su vaina, porque aquellos que tomen la espada, perecerán por ella» . Pero no siempre en una misma existencia podemos comprobar la veracidad de estas palabras. 

Y Elías, ¿ cómo murió ? No solamente no fue masacrado sino que le fue enviado un carro de fuego con el que fue transportado al Cielo. Pero recibió el castigo en cuanto regresó a la tierra en la persona de Juan Bautista. Jesús sabía quién era y cuál era el destino que le esperaba. Pero a pesar de ello, aún diciendo grandes alabanzas de él : « Entre todos los nacidos de mujer, ninguno ha sido más grande que Juan Bautista», no hizo nada para salvarle. y no hizo nada porque la justicia debía seguir su curso. Ahora podemos comprender por qué abandonó el país cuando supo del encarcelamiento de Juan Bautista : porque no debía salvarle. La ley es la ley. Pero vayamos aún más lejos : voy a demostraros ahora que sin la reencarnación nada tendría sentido en la religión ni tampoco en la existencia. Preguntad a un cura o un pastor : « Explíqueme : ¿ por qué tal hombre es rico, hermoso, inteligente, fuerte, por qué todas sus iniciativas resultan un éxito y por qué ese otro hombre es enfermizo, feo, pobre, miserable y estúpido ? » O s responderán que es la voluntad del Señor o quizás os hablen de la predestinación y de la gracia, pero eso no os explicará gran cosa. De todas formas siempre es la voluntad de Dios. Analicemos un poco esta cuestión ; ya que Dios nos ha concedido un poco de cerebro, no dejemos que se oxide. 

Así que el Señor tiene sus caprichos, hace lo que le viene en gana, lo da todo a unos y a los demás nada. Muy bien, puedo comprenderlo. Es Dios, y ésa es su voluntad ! Pero encuentro incomprensible que esté descontento, que se enfurezca y se sienta ultrajado cuando aquellos a quienes nada dio cometen faltas y son malvados, infieles y criminales. Ya que fue El mismo quien dio a los humanos esta mente, esta falta de inteligencia o de corazón, ¿ por qué les castiga ? El, todopoderoso, ¿ no podía haberlos hecho buenos, honestos, inteligentes, sabios, piadosos, magníficos ? 

No solamente El es el responsable de sus crímenes, sino que además les castiga por ellos. Ahí es donde me pierdo. Tiene todos los poderes, hace lo que quiere, de acuerdo, no podemos reprochárselo, pero entonces, ¿ por qué no es un poco más consecuente, más lógico, más justo ? Por lo menos debería dejar a los humanos tranquilos y no arrojarlos al Infierno por toda la eternidad. y todavía hay más. Me pregunto : «¿ Cuánto tiempo habrán pecado ? ¿ treinta o cuarenta años ? Muy bien, que permanezcan en el Infierno cuarenta años, no más. Pero toda la eternidad . . . En eso sí que no estoy de acuerdo. Razonemos un poco ; los hombres no se atreven a razonar porque se encuentran ofuscados por todo lo que se les ha enseñado. Razonar es un crimen, según parece. Entonces, ¿ para qué sirve la inteligencia ? ¿ para qué nos la ha dado Dios ? Sin embargo si aceptamos la reencarnación, si la estudiamos y la comprendemos, entonces todo cambia. 

Dios es ciertamente el Maestro del Universo, el más grande, el más noble, el más justo y comprendemos que si somos pobres, tontos y desgraciados es por nuestra propia culpa, porque no supimos utilizar todo lo que nos dio al principio. Hemos querido hacer experiencias costosas, y El, el Señor, puesto que es generoso y tolerante, nos lo ha permitido, diciendo : « Sufrirán y se darán de bruces, pero esto da igual porque seguiré ofreciéndoles mi amor y mis riquezas. . . tendrán numerosas reencarnaciones por delante ... » El nos dejó libres y somos culpables de todo lo que nos ocurra. ¿ Por qué la Iglesia ha declinado toda la responsabilidad de nuestro destino sobre el Señor ? Diréis : «No, no ha hecho tal cosa, simplemente ha suprimido la creencia en la reencarnación». 

Pero en realidad, si reflexionamos, vemos que se trata de lo mismo.  
Hasta el siglo cuarto los cristianos creían en la reencarnación, al igual que los judíos, los egipcios, los hindús, los tibetanos, etc . . . Pero sin duda los Padres de la Iglesia decidieron que esta creencia no haría más que retrasar y alargar las cosas, que lo hombres no tendrían prisa en mejorarse, y entonces creyeron que suprimiendo la reencarnación empujarían a la gente a perfeccionarse en una sola vida. Ahora bien, como sustitución, la Iglesia inventó cosas verdaderamente espantosas con el fin de atemorizar a los humanos, hasta el punto que en la Edad Media no se creía más que en el Diablo, el Infierno y los castigos eternos. La Iglesia entonces suprimió la creencia en la reencarnación pensando que así les obligaría a mejorar más rápidamente, pero no solamente no han mejorado sino que han empeorado . . . y por si fuera poco, continúan en el mismo estado de ignorancia. Por eso debemos recobrar esta creencia, de lo contrario nada tiene razón de ser, la vida no tiene sentido, el Señor es un monstruo, y así sucesivamente . . . La cuestión de la reencarnación ha sido estudiada muy seriamente, pero no me extenderé sobre este particular porque existen suficientes libros que tratan sobre ello. . . y resulta obvio observando la manera cómo los Lamas Tibetanos eligen al Dalai Lama. Sin embargo, os contaré un caso extraordinario que conocí en Bulgana. 

Un día, llegaron a la Fraternidad de Sofía unos padres muy inquietos porque su hijo decía cosas incomprensibles. Decían : «Un día le llevamos de paseo a un lugar donde jamás había estado y él exclamó : «Pues yo ya conozco este lugar, he venido aquí muchas veces», e incluso describió los alrededores ; era cierto, sin embargo, nunca había estado allí» (los padres sabían que era su primer hijo quien había estado en aquel lugar). « ¿ No lo recordáis ? Cuando iba a la escuela, yo me escondía allí . . . y aquí fue donde me ahogué, en el río». Efectivamente, allí fue donde su primer hijo se ahogó, pero él no podía saberlo, porque nadie se lo había dicho.' Así pues, fue el primer hijo quien volvió a encarnarse en la misma familia. Es bastante raro que un niño venga a encarnarse dos veces en la misma familia, pero puede ocurrir. Hasta los siete años, podemos interrogar a los niños, ya que recuerdan muchas cosas. Pero en vez de escucharles, las madres prefieren darles un cachete y decirles : « j Cállate ! No dices más que tonterías . . . » Una vez, dos veces, tres veces . . . a la larga los niños ya no se atreven a contar nada.  

Ya os he mostrado que aunque la palabra « reencarnación » no figure escrita en los Evangelios, algunas páginas muestran que esta creencia pertenecía a la tradición. Puedo daros aún otro ejemplo. Hay un pasaje en el cual Jesús dijo : «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto». ¿ Qué podemos pensar de esta frase ? O Jesús habla sin pensar al pedir a hombres tan imperfectos que se eleven en algunos años hasta la perfección del Padre Celestial, o no se da cuenta de la grandeza del Padre Celestial y se imagina que es muy fácil llegar a ser como El. Ninguna de las dos opciones habla en favor de Jesús. En realidad esta frase también sobreentiende la reencarnación. Jesús no pensaba que el hombre fuese capaz de ser perfecto en una sola existencia, sino que sabía que a medida que anhelase esta perfección y trabajase para obtenerla, después de varias encarnaciones, terminaría consiguiendo su objetivo. Y, ¿ qué escribió Moisés al principio del Génesis, en el momento de la creación del hombre ? «y Dios dijo : hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y que domine sobre los peces del mar, sobre los pájaros del cielo, sobre el ganado . . . Dios creó el hombre a su imagen, a su imagen le creó». Y, ¿ dónde se ha quedado la semejanza ? Sin duda Dios tuvo la intención de crear el hombre a su imagen y semejanza, es decir, perfecto como El, pero no lo hizo. Le creó solamente a su imagen, con las mismas facultades, pero sin darle la plenitud de sus facultades, la semejanza. Fijaos en la bellota de una encina ; está hecha a imagen de su padre, es decir que posee las mismas posibilidades que su padre, pero no se le parece, todavía no es como la encina, lo será a partir del momento en que sea plantada. El hombre está hecho a imagen de Dios, es decir, que posee la sabiduría, el amor, el poder del creador, pero en un grado minúsculo. Después, un día, cuando se desarrolle, con el tiempo, se le asemejará y poseerá sus virtudes en plenitud. Y ese desarrollo, ese paso de la imagen a la semejanza, sobreentiende la reencarnación. Dios dijo : «Creemos al hombre a nuestra imagen y semejanza», pero no lo hizo. « Dios creó el hombre a su imagen, a su imagen le creó » ; y precisamente en la ausencia de la palabra semejanza y la repetición de la palabra imagen, Moisés escondió la idea de la reencarnación. Pero la gente no sabe leer los libros... y menos aún el gran libro de la naturaleza viviente, donde también está inscrita la reencarnación. 

Consideremos la imagen del árbol. Solamente los cabalistas han comprendido verdaderamente la imagen del árbol, del cual han hecho un símbolo universal : todas las criaturas están situadas en alguna parte de ese árbol, ya sea como raíces, como cortezas o como hojas, flores o frutos. Según su vastísima ciencia, todas las existencias, todas las actividades, todas las regiones tienen su lugar en el Arbol de la Vida. Y en diferentes épocas del año, las hojas, las flores y los frutos caen del árbol ; se descomponen y se convierten en abono que es absorbido por las raíces. Y lo mismo ocurre con los seres. Cuando un hombre muere, es absorbido de nuevo por las raíces del Arbol Cósmico, pero muy pronto reaparece bajo otra forma : rama, flor, hoja . . . nada se pierde ; los seres desaparecen y reaparecen sin cesar sobre este Arbol formidable que es el Arbol de la Vida. Ya lo veis, la reencarnación está inscrita en todas partes.

 Omraam Mikhaël Aïvanhov 

sábado, 26 de enero de 2019

LA LEY DE GRABACIÓN



Cada ser, cada cosa posee su doble en la naturaleza, por consiguiente cualquier cosa que hagáis, la hacéis por duplicado. Si ayudáis a alguien o le hacéis daño, el original de este acto desaparece, pero deja en vosotros un sello, una huella que corresponde a su naturaleza. He aquí una verdad que los humanos desconocen. Cuando hacen el bien o el mal, piensan que no afectará más allá del acto que han cometido ; pues no, no es así, desgraciada o felizmente esto no ocurre asÍ. . . desgraciadamente si hacemos el mal, y felizmente si hacemos el bien.

Todo lo que existe en la naturaleza : las plantas, los insectos, los animales, las estrellas, las montañas, todo tiene su doble. 

De momento nos interesaremos por el hombre. Los clarividentes son capaces de ver el doble etérico del hombre, que tiene exactamente la misma forma y las mismas funciones que su cuerpo fisico. 
En ciertos casos este doble etérico puede alejarse, con lo cual el hombre pierde su sensibilidad : podemos pincharle, golpearle o quemarle y no sentirá nada. En realidad, al alejarse, el cuerpo etérico queda unido al cuerpo fisico mediante el cordón de plata. 

Pero si este cordón se rompe por cualquier razón (por un golpe, herida o enfermedad), el hombre muere. No solamente el cuerpo fisico tiene su doble, sino también los cuerpos astral y mental : los dobles astral y mental aportan energías (para el cuerpo astral energías en el plano de los sentimientos, y para el cuerpo mental energías en el plano de los pensamientos). Si el doble astral se separa, el hombre es indiferente a todo, no tiene sensaciones ni emociones. De la misma manera, si el doble mental está separado, el hombre pierde la capacidad de pensar. Estos son fenómenos prácticamente desconocidos e inexplicados. Si los médicos y psicoanalistas los conociesen, podrían descubrir la razón de muchas anomalías psíquicas que hasta ahora les parecen inexplicables, y no buscarían la causa en el plano fisico, cuando a menudo se encuentra en otro lugar. Insistamos un poco en este doble. Sabéis muy bien que en las administraciones, cuando se redacta un acta oficial o un decreto, se hace una copia o una fotocopia. 

El original se utiliza, pero la copia se guarda en los archivos como referencia. Sin embargo no han sido los humanos quienes han inventado este sistema, sino la naturaleza ; en ella existe un doble de cada uno de nuestros actos. Y cuando nos vamos al otro lado, nos presentamos ante el Cielo con este doble, o mejor dicho, con los tres dobles, el fisico, el astral y el mental, según hayan sido nuestros actos, pensamientos y sentimientos. En cuanto a los originales, se fueron lejos, hacia los planetas, hasta los confines del universo, hasta las estrellas, sin que podamos recuperarlos ; aunque siempre nos quede un doble fiel y verídico. Cuando el hombre llega al otro mundo, se presenta con la película de su vida ante una asamblea de espíritus muy evolucionados, y entonces debe asistir a su proyección. Pero no es para esos espíritus para quienes tiene lugar la proyección, puesto que no necesitan ser informados sobre la vida de ese hombre ni conocer su grado evolutivo, sus pecados, sus crímenes y sus buenas acciones. 

Es el propio hombre quien no se conoce a sí mismo, y en su ignorancia se imagina que es una divinidad . . . o un monstruo ; y como se equivoca, se le enseña lo que ha sido exactamente a través de toda su vida. No son las entidades divinas las que necesitan instruirse, sino nosotros. Por eso todos conservamos en nuestro interior esos dobles, para llevárnoslos cuando debamos partir al otro lado. Ahora bien, lo creáis o no, la realidad seguirá siendo la misma, las cosas son así y seguirán siendo así, independientemente de vuestras creencias. Naturalmente sería mucho más razonable creerlo y aceptarlo porque así existe la posibilidad de corregirse y perfeccionarse. Si todo el mundo conociese estas verdades, creo que muy pocos seguirían siendo esclavos de sus debilidades. 

Pero al no conocerlas continúan viviendo como siempre, sin imaginarse las consecuencias de su comportamiento. Por esto debemos instruir a los humanos, sobre todo a los niños, diciéndoles : « Muy bien, ahora debéis saber que existen leyes, y que son éstas», y aunque en ese instante no comprendan, más adelante se pararán a reflexionar en ello, y tendrán la oportunidad de comprobar que es cierto. ¿ Qué ocurre cuando un hombre ha cometido un crimen ? ¿ Por qué el recuerdo de su acto sigue atormentándole ? El crimen ya se ha consumado, y si no quedan huellas visibles, el criminal debería estar tranquilo. Sí, de acuerdo, pero el doble no desaparece y el hombre no sabe cómo desembarazarse de él. 

Entonces, ya lo veis, no hay que estudiar los libros sagrados de la humanidad para creer en esas cosas, podemos verificarlo inmediatamente en nosotros mismos. 
¿ A qué se deben esas imágenes, esos recuerdos, esos reproches que la conciencia hace al hombre, hasta el punto de no dejarle comer, ni beber, ni dormir tranquilo hasta que ha reparado su crimen ? Se deben a que todo queda grabado en él. La Inteligencia cósmica ajustó todas las cosas y ordenó sabiamente el universo. Pero en la cabeza del ser humano todo es confuso, caótico, desordenado, sin sentido. 

Cualquier cosa que se les explica al respecto, contestan : «No, no lo creo. » Pero, ¿ quienes se creen para decir semejante cosa ? Si tan superiores son, ¿ por qué en su vida cotidiana resultan tan pequeños, tan débiles, tan impotentes para cambiar el curso de las cosas, para escapar a sus penas e inquietudes ? Así pues, todo se graba. Y el simple conocimiento de esta ley puede bastaros para comprender que debéis estar atentos y no abandonaros. Ya que todos los malos pensamientos que van y vienen en vuestra cabeza, en realidad dejan una huella en vosotros para toda la eternidad. Y además, una vez impreso el clisé, tenderá a repetirse sin cesar hasta el infinito. 

Os he explicado ya al respecto y en varias ocasiones, cómo podéis imprimir nuevos clisés a fin de que todas esas lamentables costumbres adquiridas en el pasado desaparezcan. Si no hacéis nada para sustituirlas, se repetirán en cada una de vuestras encarnaciones, puesto que no hay razón para que vuestros defectos no reaparezcan exactamente igual que en la anterior encamación. Las buenas costumbres debemos conservarlas, reforzarlas e incluso perfeccionarlas, porque lo bueno aún puede mejorarse ; pero los defectos debemos corregirlos. o Sin embargo, los humanos no saben cómo corregir sus defectos, y se desaniman porque luchan constantemente contra ciertas costumbres adquiridas no se sabe cuándo de las que no pueden desprenderse. En realidad, en vez de obsesionarse con ciertas deformaciones provenientes de un trabajo destructivo realizado en el pasado, es mucho mejor interesarse por lo que debemos hacer en el futuro. 

Así pues, en lo sucesivo, decid : «Ahora voy a repararlo, a reconstruirlo todo» , y cada día debéis trabajar en este sentido con una fe, con una tenacidad inquebrantable, con una convicción absoluta, es decir, debéis tomar todos los elementos que Dios os ha dado, la imaginación, el pensamiento, el sentimiento y concentraros en proyectar en vosotros mismos las imágenes más bellas : debéis veros inmersos en la música, en la luz, en el sol, en la perfección de las formas, con las cualidades de bondad, de generosidad, con la posibilidad de ayudar a los demás, de guiarles, de iluminarles . . . Ya que todo queda registrado, tratad de grabar lo mejor de la existencia. 

Si empezáis a trabajar, comprobaréis que estáis centrados, ocupados e inspirados, y que os unís a una fuente inagotable de felicidad al estar vosotros mismos construyendo el templo de Dios. 
No conozco trabajo alguno que supere al de construir en uno mismo el templo del Señor con los mejores materiales : los pensamientos, los sentimientos y los actos desinteresados . . . Estas preocupaciones no existen para la mayoría de los humanos ; éstos unicamente buscan grabar algunos conocimientos en su cerebro, sin empezar el verdadero trabajo. La diferencia de nuestra Enseñanza en relación a todas las demás escuelas, consiste en que en todas se aprende, mientras que en la nuestra se trabaja. Algunos conocimientos pueden sernos útiles, pero no nos transformarán. Solamente el trabajo nos transforma y no lo que hayamos visto u oído. 

El conocimiento puede llevamos al trabajo, pero no nos transformaremos si no nos movemos, si no despertamos las fuerzas que hay en nosotros. Si no actuamos, a pesar de todo lo que aprendamos, seguiremos siendo los mismos. En la Fraternidad Blanca Universal se nos dan algunos conocimientos, naturalmente, pero 10 esencial es el impulso para emprender ese trabajo de transformación de todo nuestro ser, lo cual no puede hacerse de otra manera que buscando cada día en lo alto los materiales, como lo hace un trabajador, un albañil, un arquitecto . . . Algunos dirán : « Pero si no siento ningún placer en realizar este trabajo». Al decir eso se clasifican inmediatamente. Todas las criaturas están clasificadas en la naturaleza ; todas encontraron su refugio, su guarida y todas se han fabricado su propia piel, su pelo y sus plumas en relación con sus tendencias y sus gustos. Esta clasificación, es el destino. Y a nosotros también, un día, la naturaleza nos clasificará según nuestros gustos y predilecciones. Os diré que en realidad es la naturaleza de los deseos del hombre la que determina su destino. 

Consideremos un ejemplo : si necesitáis el alcohol, las drogas . . . si necesitáis salir todas las noches al casino, a jugar a la ruleta o a tomar una copa en cualquier parte, vuestro destino ya está trazado : os espera la decadencia, la ruina y quizás la cárcel. Y si necesitáis contemplar la belleza divina, o repartir la luz y la belleza divina a vuestro alrededor, también resulta evidente que encontraréis la felicidad y la plenitud. ¿ Cómo no se da cuenta la gente de que cada deseo, cada necesidad, les sitúa en unos railes determinados que les conducirán a regiones invadidas por avispas, serpientes y ratas donde dejarán la piel, o por el contrario hacia regiones de luz y magnificencia donde encontrarán toda clase de alegrías ? Según sus inclinaciones, sus gustos y sus deseos, el propio hombre determina el final de su trayecto. Algunos están predestinados a enfermar, otros a fracasar y otros a que les maltraten, pero son ellos quienes han determinado su propio destino. 

Preguntaréis : «¿ podemos realmente escapar a nuestro destino ? » En nuestra encamación actual, no ; pero en la anterior encamación hubiésemos podido remediar muchas cosas de la presente siendo más inteligentes y razonables . Ahora se nos ofrecen grandes posibilidades para la próxima, con la condición de trabajar día y noche para conseguir grabaciones distintas. Sé muy bien que lo que os digo no es fácil de realizar. ¿ Dónde encontrar en nosotros mismos esta buena voluntad, este anhelo para empezar un trabajo y continuarlo ? Primeramente hay que hacer un trabajo sobre uno mismo, sabiendo que todo lo que uno hace se refleja benéficamente sobre el mundo entero. En cuanto a todas las demás actividades y trabajos materiales, sólo Dios sabe si son o no benéficos para los demás. y esto se graba, se registra en los contadores . . . y al final, cuando el hombre se va al otro lado, las entidades celestes ni siquiera le preguntan : « ¿ Cómo has vivido ? ¿ Qué hiciste ? ¿ Ayudaste a alguien ? ¿ Les consolaste y orientaste hacia la Fuente ? » 

No le preguntan porque saben de antemano que mentirá ; sólo toman de él una película que por el...momento no podréis hacer nada mas, una pequeña película que proyectan y entonces, ¿ qué es lo que ve ? . . Diréis : « Esto no es posible». Sí, lo es. El hombre posee en el extremo de su corazón un carrete minúsculo, un átomo en el cual está grabada toda su vida . . . Fijaos en una cinta magnetofónica : es simplemente una cinta, no se oye nada ; poned ahora la cinta en un aparato adecuado y escucharéis . . . « i El Barbero de Sevilla ! » . . . Así pues, para impedir que contéis mentiras que os justifiquen, os llaman y os dicen : «Siéntate tranquilamente aquí.» Y os sitúan frente a una pantalla donde lo veis todo, hasta el más mínimo detalle. Pero la historia no cuenta si se os ponen los pelos de punta. Me diréis : «  Pero si entonces no tendremos pelos ! » 

Hay pelos de otra naturaleza. Aquí habéis dejado vuestro pelo fisico, pero tenéis otros que se ponen de punta. Así que de ninguna manera podremos mentir. Todas estas verdades están contenidas en los libros sagrados, particularmente en los de Egipto, en « El Libro de los Muertos», por ejemplo, aunque no esté contado de la misma manera. Ahí el muerto se presenta delante de Osiris y se pesa su alma, etc.. . También existe « El Libro Tibetano de los Muertos», que revela los diferentes momentos del paso del alma al más allá, su juicio y las condiciones de su reencarnación. Os he dicho algunas palabras sobre la grabación. Ahora necesitáis comprender cúan importante es poder hacer cada día nuevas y mejores grabaciones. Y, ¿ qué ocurre con las antiguas grabaciones ? Poco a poco se puede conseguir recubrirlas con nuevas grabaciones. He aquí una perspectiva alentadora. 

Desgraciadamente continuaréis produciendo grabaciones mediocres, porque seguiréis influidos por las antiguas que se encuentran en vuestro interior, pero al menos sed conscientes y no dejéis que las cosas empeoren. En el momento en que descubráis una mala grabación, reaccionad inmediatamente, enmendaos para impedir las consecuencias. Si habéis tenido un mal pensamiento hacia alguien, si habéis pronunciado algunas palabras hirientes o habéis destruido algo, tomad conciencia de ello y reparadlo. De momento no podréis hacer nada más, pero eso, por lo menos, hacedlo. 

Cuántas veces he visto que las personas no hacen absolutamente nada para enmendar un mal pensamiento o una actitud negativa. Sin embargo, otros dicen : « Se me ha escapado, no he podido controlarme» ; puede pasarle a cualquiera, y al menos debemos reaccionar inmediatamente, buscar el medio de repararlo.

OMRAAM

lunes, 21 de enero de 2019

Leyes de la naturaleza y leyes morales




Observando a los humanos comprobamos que tanto en sus elecciones como en su comportamiento les falta el sentido de la medida. O bien se atiborran sin cesar, o al contrario, no comen lo suficiente ; y en los dos casos arruinan su salud. Trabajan demasiado y se agotan, o no trabajan lo suficiente y se oxidan. Lo mismo sucede con el sueño, las distracciones, los sentimientos, los pensamientos . . . Para explicar esas anomalías se dice que «se han pasado de la raya», que han transgredido las leyes que deberían conocer y respetar. 

Hay leyes físicas que rigen nuestro organismo y aunque los humanos no las respeten, al menos admiten su existencia, contrariamente a lo que ocurre con las leyes de la naturaleza. Muy pocos aceptan y reconocen hoy su existencia, y por si todavía quedase alguna creencia sobre el valor de un cierto orden de cosas, la mayoría de los escritores, filósofos, artistas y sabios, difunden teorías, escriben libros, crean obras enfocadas a eliminar este resto de fe. Es justamente a esas leyes morales a donde quiero ir a parar, ya que sin el reconocimiento de estas leyes, falta algo esencial en el saber humano. En realidad las leyes morales pertenecen a un mundo que no está separado del mundo físico, lo cual no es muy difícil de comprobar. 

Consideremos el caso de un borracho. Antes de beber era un hombre delicado, amable, culto, atento, honesto y generoso ; no le faltaba ninguna cualidad. Pero a partir del día en que se puso a beber, todas esas cualidades disminuyeron e incluso desaparecieron. Tomemos otro ejemplo : un hombre tiene la pasión del juego hasta el punto de despreocuparse de sus deberes, de olvidar que tiene una mujer, unos hijos, un trabajo. . . Al principio el juego era una actividad que no tenía nada que ver con la moral, pero al final es el aspecto moral el que sufre las consecuencias. ¿ Cómo no se han percatado los humanos de las relaciones que existen entre esos dos mundos ? Sólo creen en el aspecto material, que por supuesto tiene su importancia, pero el aspecto moral, el aspecto interior está estrechamente unido a lo material. 

Para la Ciencia iniciática existen tres mundos : el mundo divino, que es el de las ideas, el mundo psíquico, que es el de los pensamientos y sentimientos, es decir, el mundo moral, y finalmente el mundo fisico, que es el de las formas y de lo concreto. El mundo material está ligado al mundo de las ideas, situado mucho más arriba. Si los humanos no ven esta relación se debe a que no han observado ni estudiado atentamente las cosas, y hasta que esta laguna no sea colmada, continuarán cosechando resultados desastrosos. Aunque ignoremos las leyes morales, cuando empezamos a transgredirlas en nuestro comportamiento nos vemos obligados a soportar sus consecuencias más o menos graves ; y entonces nos damos cuenta que esta esfera moral también tiene sus leyes, aunque mucho más sutiles que las leyes fisicas, ya que no solamente están escritas en el organismo, sino en el alma y el espíritu del hombre. Al que no las respeta se le considera como egoísta, personal, y pronto se ve privado del sostén y la amistad de los demás, y sea cual fuere la transgresión cometida, deberá pagar. ¿ Cómo ? De muchas formas : remordimientos, decepciones, sufrimientos, tristezas, amarguras o quizás falta de dinero. Podéis observarlo en cualquier esfera. Todo se sostiene, todo está unido ; el mundo moral está regido por leyes inmutables e irreducibles que debemos conocer. 

Despreciamos y olvidamos estas leyes porque no están escritas en ninguna parte, y creemos poder permitirnos cualquier cosa. Hasta que no comprendamos y aceptemos estas leyes, no podremos realmente progresar. No está permitido decir : «Yo pienso que . . . » o « Yo puedo hacer lo que quiera . . . » ¿ Por qué ? - Porque lo pagaréis. - Pero si tengo derecho ! - Haced lo que queráis, pero lo pagaréis. En la naturaleza todo se paga, incluso la felicidad, la alegría y el éxtasis. -  Pero si no tengo dinero ! - Estas leyes no os reclaman dinero (sólo los humanos lo hacen), sino parte de vuestras fuerzas, de vuestro conocimiento, de vuestra salud o de vuestra belleza, de vuestra luz. 

Si podéis analizaros imparcialmente veréis que hay un déficit en caja : los Justicieros, las Fuerzas cósmicas, las Inteligencias que gobiernan el universo han venido para reclamaros algo que os empobrecerá. Si queréis enriqueceros, no debéis nunca transgredir las leyes de la naturaleza, ni las leyes morales, ni siquiera las leyes humanas. Aunque las leyes creadas por los hombres no tengan la misma razón de ser que las leyes de la naturaleza, mientras vivamos en una sociedad donde son tan poderosas, debemos someternos a ellas (respetando el código de la circulación, por ejemplo) . . . Si las podéis transgredir sin que nadie os vea, la naturaleza no os pedirá cuentas, porque no es de su incumbencia. Pero si transgredís la ley de la naturaleza, aunque la sociedad continúe respetándoos e inclinándose ante vosotros, enfermaréis. 

Así es la ley de la naturaleza :  os hará enfermar ! Os castigará y no podréis escapar. Allá donde vayáis, la ley os encontrará, porque dentro de vosotros todo queda grabado. La naturaleza previó que el hombre siempre trataría de infringir sus leyes, colocando en él unos aparatos grabadores, y de esta manera le basta una ojeada para saber lo que el hombre ha comido, bebido, pensado, sentido o hecho ; es imposible engañarla. Y ahora querréis convencerme de que solamente los hombres pueden hacer grabaciones. . . ¿ Cómo podría el hombre fabricar un objeto sin antes haber encontrado el modelo en la naturaleza ? La naturaleza ha hecho grabaciones muchísimo antes que el hombre, pero éste está demasiado ciego para reconocerlo. Sin embargo la naturaleza ha tomado todas las precauciones necesarias, de tal forma que si el hombre infringe sus leyes, deberá pagarlo. Tratad pues de ahora en adelante de no transgredir ni las leyes humanas, ni las leyes de la naturaleza, ni las leyes morales, que son superiores a las leyes de la naturaleza. Aunque en realidad las leyes morales forman parte de la naturaleza, ya que en ésta existen grados. Hay primero una naturaleza puramente fisica, después, por encima de ella, una naturaleza más sutil a la cual pertenecen los pensamientos y los sentimientos, y finalmente, más allá de esas dos naturalezas reina el mundo divino. La naturaleza, al igual que nosotros, obedece a sus leyes porque el espíritu reina sobre la naturaleza. 

Cuando el hombre consigue traspasar esas dos naturalezas, la naturaleza fisica y la naturaleza más sutil de los pensamientos y de los sentimientos, se encuentra por encima de sus leyes. y es tan puro, tan luminoso, tan poderoso y se encuentra en tal armonía con el espíritu, que en ese momento la naturaleza le obedece, y haga lo que haga no puede infringir nada. Este es el único caso en el cual el hombre puede permitírselo todo, sin que sea una transgresión. Pero sólo los seres excepcionales, los seres predestinados, consiguen elevarse por encima de las leyes de la naturaleza y de la moral. Estos seres han existido siempre, existen y existirán, pero son pocos. 

Pueden permitírselo todo sin cometer un crimen o un pecado. Es muy dificil explicarlo, pero he recibido al respecto revelaciones fantásticas que no podéis ni imaginaros ; aunque es imposible hablar ahora de ellas. Sin embargo, para ayudaros a comprenderlo, os diré algunas palabras. Cuando un hombre es muy puro, muy luminoso, haga lo que haga, siempre será para bien. Pero cuando un hombre está sucio, cuando es tenebroso, cuando se encuentra sumergido en las regiones infernales, aunque desee hacer el bien sólo traerá desgracias ; se parece a aquel que quiere limpiar una pequeña mancha del rostro de alguien con las manos ennegrecidas : no hace sino ensuciarlo más. Este hombre, deseando purificar a los demás, les ensucia ; con la intención de simplificar la vida de los demás, se la complica. ¿ Por qué ? Porque todas sus emanaciones son caóticas, tenebrosas y cualquier cosa que emprenda será destructiva. Pero si un ser es pura luz, puro amor, pura · inteligencia, aunque golpee a alguien, en vez de matarle le salvará, porque todo lo que está en él, lo que emana de él es divino. Para llegar a esa cima, hasta el Sefirot Kéther, hay que estar predestinado para ello por los Veinticuatro Ancianos, hay que estar predestinado desde mucho antes. . . Pero mientras el discípulo está en el sendero, debe comprender que hay leyes que respetar. 

Los humanos reconocen que en sus actividades profesionales hay comportamientos correctos y otros que no lo son, pero en el momento en que se trata del plano moral piensan que no hay regla alguna que observar, y ahí es donde se equivocan. Cuando Hermes Trimegisto decía : « Como es abajo es arriba, y como es arriba es abajo n , enunciaba esta misma verdad, pero sin precisar nada ; sus palabras comprendían todos los planos de existencia, todas las actividades del hombre. En efecto, un 'gran número de principios, actividades, objetos, colores, formas, criaturas y regiones están contenidas en esas dos palabras «abajo» y « arriba». Muchos han entendido que lo que está abajo, es decir en la tierra, es semejante a lo que está arriba, en el Cielo. Sin embargo no es totalmente cierto : lo que hay en la tierra no es semejante a lo que hay en el Cielo. Ni las formas, ni las dimensiones, ni la luz, ni los colores, ni la gloria, ni la grandeza son abajo como son arriba : son las leyes las que son iguales. Hermes Trimegisto esto no lo precisó porque deseaba dar a sus palabras un contenido más amplio, accesible solamente a los que fuesen capaces de penetrar en la mente de un pensador o de un Iniciado. Mediante el conocimiento de las leyes fisicas, los sabios han conseguido aplicaciones extraordinarias como la expedición a la luna, por ejemplo. 

Pero si conociesen las leyes morales, sus realizaciones serían mucho más vastas, no solamente en el plano material, sino en otros planos más amplios e infinitos, los del alma y del espíritu. Estudian fisica y química, lo cual me parece muy bien, pero existe una fisica y una química espiritual que desconocen. Por lo tanto hay algo esencial que falta en la ciencia oficial : el reconocimiento de este mundo psíquico regido por leyes morales. Y como además los intelectuales tratan por todos los medios de borrar de la conciencia humana el poco sentido moral que queda, están trabajando para autodestruirse. Todo se derrumbará a causa de los que niegan o rechazan la existencia de las leyes morales. Evidentemente quizás no siempre sea fácil encontrar esas leyes, pero ello no es razón suficiente para pretender que no existen. Nada puede disminuir o negar lo que acabo de decir. Si sabemos observamos y analizamos, si tenemos suficiente paciencia, comprobaremos que tarde o temprano cada transgresión interior debe pagarse, porque ese plano está regido por las leyes inmutables de la moral eterna. Cometéis una transgresión y sin embargo decís : «Como, duermo, gano dinero, me siento bien y no veo que nada haya cambiado». 

Pues entonces, amigo mío, es que estás ciego, que no sabes ver lo que ocurre en el aspecto sutil de tu ser. Durante años seguiréis con vuestros quehaceres sin percibir que algo os está abandonando. ¿ y qué es lo que os abandona ? Es a vosotros a quien corresponde descubrirlo. Yo sé por adelantado lo que os abandonará y que se producirán en vosotros enormes y asombrosos cambios. Algunos años después habréis perdido vuestra lozanía, vuestro anhelo y sobre todo habréis perdido vuestra buena disposición. Son pérdidas muy graves desde el punto de vista espiritual, y si no os dais cuenta, es que os habéis quedado en el estado animal. Puede que sigáis trabajando y ganando mucho dinero, pero ya no sois hijos e hijas de Dios, ágiles, vivos y radiantes como la luz. Interiormente se han producido grandes cambios. -:> Los animales comen, cazan, pelean, se acarician, protegen sus crías, y muchos hombres hacen sólo eso, no saben que han sido enviados sobre la tierra con la misión de manifestar la gloria de Dios y de hacer florecer todo lo que hay en ellos de sutil 'y de divino. Han sido enviados para hacer de la tierra un jardín del Paraíso. 

Esa es su misión, pero la han olvidado ; comen y beben, echan raíces aquí en la tierra y no quieren dejarla. Entonces, cuando se les desarraiga, devolviéndoles al otro lado, donde se les enseña como han desperdiciado su vida, evidentemente, en ese momento sufren ; el Purgatorio y el Infierno no son más que este sufrimiento. Pero cuando hayan pagado y se hayan limpiado, subirán más alto, hasta el primer Cielo, y de nuevo volverán a la tierra para poder continuar y desarrollarse en el bien. Tal es la historia del género humano. Hay que recordarles continuamente a los humanos su misión sobre la tierra, preguntándoles : « Entonces, ¿ a qué habéis venido ? ¿ no os muy graves desde el punto de vista espiritual, y si no os dais cuenta, es que os habéis quedado en el estado animal. Puede que sigáis trabajando y ganando mucho dinero, pero ya no sois hijos e hijas de Dios, ágiles, vivos y radiantes como la luz. Interiormente se han producido grandes cambios. -:> Los animales comen, cazan, pelean, se acarician, protegen sus crías, y muchos hombres hacen sólo eso, no saben que han sido enviados sobre la tierra con la misión de manifestar la gloria de Dios y de hacer florecer todo lo que hay en ellos de sutil 'y de divino. Han sido enviados para hacer de la tierra un jardín del Paraíso. 

Esa es su misión, pero la han olvidado ; comen y beben, echan raíces aquí en la tierra y no quieren dejarla. Entonces, cuando se les desarraiga, devolviéndoles al otro lado, donde se les enseña como han desperdiciado su vida, evidentemente, en ese momento sufren ; el Purgatorio y el Infierno no son más que este sufrimiento. Pero cuando hayan pagado y se hayan limpiado, subirán más alto, hasta el primer Cielo, y de nuevo volverán a la tierra para poder continuar y desarrollarse en el bien. Tal es la historia del género humano. Hay que recordarles continuamente a los humanos su misión sobre la tierra, preguntándoles : « Entonces, ¿ a qué habéis venido ? ¿ no os muy graves desde el punto de vista espiritual, y si no os dais cuenta, es que os habéis quedado en el estado animal. Puede que sigáis trabajando y ganando mucho dinero, pero ya no sois hijos e hijas de Dios, ágiles, vivos y radiantes como la luz. Interiormente se han producido grandes cambios. -:> Los animales comen, cazan, pelean, se acarician, protegen sus crías, y muchos hombres hacen sólo eso, no saben que han sido enviados sobre la tierra con la misión de manifestar la gloria de Dios y de hacer florecer todo lo que hay en ellos de sutil 'y de divino. Han sido enviados para hacer de la tierra un jardín del Paraíso. 

Esa es su misión, pero la han olvidado ; comen y beben, echan raíces aquí en la tierra y no quieren dejarla. Entonces, cuando se les desarraiga, devolviéndoles al otro lado, donde se les enseña como han desperdiciado su vida, evidentemente, en ese momento sufren ; el Purgatorio y el Infierno no son más que este sufrimiento. Pero cuando hayan pagado y se hayan limpiado, subirán más alto, hasta el primer Cielo, y de nuevo volverán a la tierra para poder continuar y desarrollarse en el bien. Tal es la historia del género humano. Hay que recordarles continuamente a los humanos su misión sobre la tierra, preguntándoles : « Entonces, ¿ a qué habéis venido ? ¿ no os acordáis ? » Acordarse. . . ¿ cómo acordarse ? 

En una Escuela iniciática, gracias a las grandes verdades, a las influencias benéficas que recibe y a la ayuda de los Angeles, el discípulo empieza a recordar el mundo luminoso del cual descendió y hacia el cual tendrá que volver algún día. La bendición más grande que un discípulo puede tener es la de ese recuerdo. Se acordará de los sufrimientos padecidos, de las faltas cometidas y de todas las deudas contraídas, porque tiene que encontrar a los que dejó para reconciliarse con ellos y reparar todas sus faltas, con lo cual liquidará su karma. Eso es lo que le espera al discípulo y lo que os espera a todos. Un día deberéis pagar por todo lo que habéis tomado injustamente a los demás. Evidentemente esto no son cosas muy agradables de oír, teniendo en cuenta que los humanos siguen prefiriendo ignorar eternamente las verdades desagradables. Pero aunque no deseemos escuchar la verdad, un día nos veremos obligados a enfrentarla, y vosotros sois seres privilegiados porque la estáis conociendo aquí, a través mío. Preparaos a enmendar vuestros errores, como lo hago yo. Supongamos que haya sido el peor de los malhechores, el más grande incendiario. Pues bien, me arrepiento de ello, lo lamento y quiero reparar mis faltas. Supongamos que os haya hecho daño a todos : que os haya deshonrado, robado, masacrado . . .  supongámoslo ! 

Ahora al soportaros, amaros y hablaros, pago y reparo. Y si no es cierto. . .  Tanto mejor ! Es una cuestión que quiero dejar de lado ; no voy a contaros el por qué y cómo vine a la tierra, ni de qué región vengo, porque eso sólo me concierne a mÍ. Pero tomadme como un hombre que ha infringido todas las leyes y que ahora está condenado a pagar sus deudas. Eso ya os parece mejor,
¿ no es verdad ? y si yo acepto hablar así, sin molestarme, ¿ por qué vosotros no decidís seguir este razonamiento y reparar vuestras faltas hacia vuestro esposo o esposa, hijos, parientes o amigos ? Evidentemente preferís creeros irreprochables. De acuerdo, me parece muy bien, pero . . . ¿ es ésa la verdad ? Da igual. . . lo importante es que si yo soy capaz de confesarme imperfecto ante vosotros, debéis hacer vosotros otro tanto ante los demás. Aquel que tiene un hijo que no cesa de atormentarle, de deshonrarle, se queja : « ¿ Qué habré hecho, Dios mío, para tener un hijo así ? » 

Seguro que en el pasado contrajo alguna deuda hacia él, de lo contrario no hubiera nacido en su familia». Muchos padres sufren porque sus hijos son unos gamberros, mientras que ellos son honestos y justos. Ciertamente es sorprendente ; según las leyes naturales no debería ser así, pues to que jamás han sembrado tal semilla. Pero siempre hay una razón escondida, pues la ley es justa. Un hermano, hace poco, vino a verme : se sentía atormentado porque mostraba una gran bondad y generosidad hacia los suyos y no recibía más que ingratitud y crueldad ; estaba verdaderamente desolado por esa injusticia. Y le dije : « ¿ quiere que le dé la clave, el remedio, el antídoto eficaz ? Y así no se enfurecerá ni rebelará, sino que al contrario se tranquilizará completamente cuando sepa una cosa : el mundo invisible utiliza esos medios para reforzarle, liberarle, para hacerle reflexionar o para mejorarle. Y lo que le roe, lo que le enferma, es la idea de que todo lo que le ocurre es injusto. Piense que es justo y se curará». Este hermano confió en mí, se repuso y se tranquilizó pensando que quizás fuesen antiguas deudas, y eso le salvó. 

Evidentemente hay que aceptar esta manera de razonar, si no los tormentos continuarán royendo vuestro organismo, vuestro corazón, vuestro estómago o vuestro sistema nervioso. Hoy quiero repetiros lo mismo : si la injusticia os atormenta, aceptad la idea de que sólo existe aparentemente. Aunque no sea cierta, esta idea es eficaz, ya que aceptándola os liberáis, no sufrís más y os volvéis mejores. Yo mismo lo he comprobado. En el pasado, yo desconocía este recurso y a menudo me hacía preguntas sobre todo lo que me ocurría. Mientras que ahora ya no me hago preguntas, porque pienso que todo es justo y merecido, aunque no sea así. ¿ Qué hizo Jesús para ser crucificado ? Evidentemente el destino de Jesús fue excepcional, y no debéis imaginaros que os encontráis en el mismo caso. Sin embargo puede ocurrir que los inocentes sean encarcelados o masacrados. Si se rebelan en contra de esta injusticia, se atormentarán inútilmente. Aquí en la tierra debemos pensar que somos tan culpables como los demás, ya que pensando así, nos liberamos. Habéis sido llamados para descubrir en vosotros una región espiritual en la cual las leyes son inmutables. A la menor infracción de estas leyes, tarde o temprano deberéis pagar. 

Lo que os desorienta es que el pago no es inmediato, pero todo queda grabado, todo trasciende. Encontramos esta ley en todas partes. En química, por ejemplo, hay que esperar un cierto intervalo de tiempo para que el tornasol cambie del rojo al azul, o viceversa ; para provocar un cambio completo basta con la última gota, pero no olvidemos que ésta sucede a todas las demás. De la misma manera, en la maquinaria de un reloj, el desplazamiento de una aguja no ocurre sino después del movimiento de numerosos resortes. El tiempo transcurrido entre el primer movimiento y la aparición de un resultado tangible es más o menos largo, pero como todo está vinculado, el resultado aparece infaliblemente. Suponed que tengáis un vicio o una pasión ; no veis inmediatamente las repercusiones y continuáis con los mismos excesos, lo que desencadena ciertos mecanismos, influyendo éstos en otros, hasta que un día os preguntáis muy seriamente por qué estáis agotados, enfermos. Sin embargo lo que os ocurre es la consecuencia de algo que empezó hace mucho tiempo y hoy no hacéis más que recibir la factura que os envía el contable, j pero no la esperábais ! ¿ Por qué los humanos no quieren comprender que esta ley se encuentra en todas partes ? Todas sus aflicciones y sus desdichas provienen de que no han sabido estudiar e interpretar los mecanismos de sus diferentes órganos fisicos y psíquicos. Si queréis convertiros en un hijo de Dios, en un ser completo, viviendo la vida del alma y del espíritu, debéis respetar las leyes de la verdadera moral ; no hay otra solución. Para todos los que infringen estas leyes, las puertas están cerradas. 

El mundo invisible no se somete a los caprichos irrespetuosos y anárquicos de los humanos. « ¿ El mundo invisible ?» preguntaréis. Pues sí, precisamente ese mundo es invisible, y si deCÍs que no podéis creer en un mundo invisible, os contestaré que no sabéis razonar. ¿ Acaso vuestros pensamientos son visibles ? ¿ Lo son vuestra conciencia, vuestras opiniones, vuestros sentimientos ? . . y vuestros proyectos, ¿ son visibles ? . . Sin embargo estáis convencidos de s u existencia. Os peleáis, e incluso matáis a la gente por vuestras convicciones, que tampoco son visibles. No os dais cuenta de que toda vue'Stra vida está basada en cosas que ni siquiera veis. Solamente el mundo invisible existe, mientras que la existencia de lo demás es bastante dudosa. 

Negando la realidad del mundo invisible, cortáis la rama sobre la cual os sentáis, y un día os encontraréis en el suelo. ¿ Cómo no os avergonzáis de rechazar estas verdades, en vez de reconocer que todavía no las habéis considerado ? Negando el mundo invisible los hombres firman su propia sentencia de muerte.  

Los humanos sufrirán hasta el día en que comprendan que el mundo invisible es la única realidad. 
Y este es el argumento que ofrezco a todos esos ignorantes que sólo creen en lo visible : si una noche, en algún lugar oscuro, alguien os asalta diciéndoos : « La bolsa o la vida ! », aunque hasta entonces no hayáis creído en la vida, puesto que es invisible, en ese momento empezaréis a creer en ella entregando todo lo que es visible y tangible para conservar algo invisible. j Qué incoherencia ! 
Si fueseis consecuentes y lógicos deberíais decir : « Tomad la vida, pero no la bolsa ! » Pero entonces moriríais y, ¿ qué haríais con vuestro dinero ? . . Nada es tan precioso como lo que no vemos. La vida es una realidad invisible y a pesar de ello estáis dispuestos a darlo todo para conservarla. i Ah ! Los humanos son sorprendentes. ¿ Existe realmente el mundo invisible ? 
¿ Precisa al igual que el mundo visible de un respeto ?  Sí, y mucho más ! Ahora lo importante es tomar conciencia de la existencia de esta vida sutil y apreciarla. Ya veréis lo que os ocurre internamente. Aunque los demás no 10 perciban, viviréis una vida de libertad, de alegría, de ligereza, de inspiración, una vida musical, armoniosa ; viviréis la verdadera poesía . . . y_ si la dignificáis se reflejará incluso en vuestra vida material. La gente empezará a descubrir que vivís, y quizás el mundo entero os aporte tesoros inesperados porque todo está íntimamente relacionado ; la riqueza interior atrae la riqueza exterior, aunque los efectos no sean inmediatos. 

Si alcanzáis esta vida interior perfecta, vuestras vibraciones y emanaciones se unirán al mundo entero, hasta las estrellas más lejanas, de donde os llegarán todas las dichas y bendiciones. Pronto la felicidad llamará a vuestra puerta, ya está en camino, se acerca y os dice : «  Aquí estoy ! - Pero, ¿ de dónde vienes ? ¿ quién te ha llamado y cuándo ? - Fuiste tú, hace mucho tiempo». La felicidad está en camino, pero tarda en llegar porque viene de lejos . . . y desgraciadamente lo mismo ocurre con las desdichas. No nos damos cuenta, pero hace mucho tiempo las atrajimos. Veamos, ¿ qué puede obtener aquel que está triste y sombrío, que es ignorante o estúpido ? ¿ La gloria ? . . ¿ La luz ? . . 
¿ La visita de los Arcángeles más elevados ? . . ¡ Imposible ! No puede atraer tales esplendores. ¿ Por qué ? Porque existe una ley de afinidad que los Antiguos Iniciados ocultaron en esta frase : «Dime con quién andas, y te diré quién eres ». 

Esta frase contiene toda una ciencia, pero como los humanos eran demasiado primitivos para comprender la ley de analogía (que podemos llamar la ley de afinidad, ley de resonancia, ley de acción y reacción, ley de polaridad), los Iniciados prefirieron dejarla como un dicho del pueblo.
 « ¿ Cómo habré podido atraer todas estas desgracias ? - Por tu manera de pensar, de actuar» dirán los Iniciados. ¿ Y las alegrías ? Por tu trabajo, tu sacrificio y tu generosidad . . . Todo es justo, el Cielo no os pide vuestra opinión, tenéis lo que merecéis.

Omraam Mikhael Aivanhov

domingo, 20 de enero de 2019

La ley de analogía



El organismo humano representa un microcosmos construido exactamente a imagen del universo, el macrocosmos. Lo cual significa que entre el hombre y el universo existen analogías. 
Toda la ciencia esotérica está basada en la ley de analogía. El hombre es infinitamente pequeño y el cosmos infinitamente grande, pero entre lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande hay analogías : cada órgano de nuestro cuerpo es afín con alguna región del cosmos. Evidentemente no debemos imaginar que el cosmos posee órganos como los nuestros, pero en esencia nuestros órganos y los « órganos» del cosmos tienen algo idéntico, y por la ley de afinidad, podemos tocar en el espacio las fuerzas, los centros y los mundos que corresponden a ciertos elementos que hay en nosotros. Así el conocimiento de esas correlaciones nos presenta perspectivas sorprendentes. 

Entre el hombre y el universo, entre el microcosmos y el macrocosmos, existe una correspondencia absoluta, pero por su manera de vivir el hombre ha destruido esta relación ideal, perfecta, con el macrocosmos, con Dios. Ahora toda la cuestión radica en poder restablecerla. Y puede hacerlo, porque al salir de los talleres del Creador, recibió todo lo necesario para desarrollarse y volver a encontrar el camino hacia su patria celeste en el caso de perderse. 

Cuando un niño viene al mundo, no le falta nada ; aunque tenga el corazón ligeramente a la derecha o el estómago un poco más pequeño o los riñones le funcionen mal, tiene al fin y al cabo un corazón, un estómago, riñones, pulmones : no le falta nada. Del mismo modo, cada espíritu que baja a encarnarse en la tierra, posee órganos e instrumentos correspondientes a todas las virtudes y cualidades que hay arriba, en el Cielo, y por eso todo es posible para él ; progresivamente, si conoce y respeta las leyes, puede alcanzar los más grandes logros. ¿ Cuáles son estas leyes ? 

Suponed que tengáis dos diapasones absolutamente idénticos : si hacéis vibrar uno, observaréis que el otro también vibra sin que ni siquiera lo hayáis tocado. Decimos que hay resonancia. Todo el mundo conoce este fenómeno, pero no intentamos profundizar ni comprendemos que lo mismo ocurre b exactamente entre el ser y el cosmos. Si el hombre consigue afinar su estado físico y psíquico con las vibraciones del universo, podrá alcanzar los poderes celestes e intercambiar energías con ellos, recibiendo así ayuda y consuelo ; es una manera de comunicarse. Habláis y os escuchan ; (¡ e incluso podéis atraer ciertas fuerzas hacia vosotros y beneficiaros. 

Entabláis intercambios con todas las regiones del universo que deseáis, sabiendo que precisamente a través de ese intercambio Dios ha dispuesto las más grandes posibilidades de perfeccionamiento para el hombre. Preguntaréis : «Pero, ¿ cómo afinarse ? Hay tantos detalles a tener en cuenta ! » 
No os preocupéis, eso llega por sí solo. Si cultiváis el amor, la abnegación, la indulgencia y la generosidad, todo vuestro ser empezará por sí mismo a afinarse, porque trabajáis con fuerzas que automáticamente lo armonizan todo en vosotros. 

Cuando un hombre ha destrozado su sistema nervioso, ¿ lo a hecho conscientemente, con lucidez, científicamente ? ¿ Sabía exactamente dónde y cómo iba a ocurrir ? No, pero introduciendo en sí mismo pensamientos y sentimientos extraños, terminó por destrozarse. Para llegar a la locura no es necesario conocer la situación exacta de todos los centros nerviosos. Entonces, de la misma manera, para conseguir afinar vuestro organismo, debéis trabajar con pensamientos y sentimientos superiores que harán vibrar armoniosamente todos vuestros centros espirituales.

Algunos que hicieron todo lo posible e inimaginable para que nada funcione correctamente en ellos, se quejan de que la vida no tiene sentido y de que Dios no existe ; y sin embargo, no porque ellos sean unos estúpidos, enfermos e infelices dejarán de existir en el mundo seres inteligentes, sanos y felices. Su razonamiento es defectuoso ; que mejoren pues su razonamiento, y todo se arreglará para ellos. Supongamos que estéis angustiados, tristes, que nada os vaya bien. ¿ Qué hacer? 

Pues en vez de quedaros ahí llorando o sin saber qué hacer, ¿ por qué no os acercáis a los seres que puedan ayudaros ? Diréis : « ¿ Dónde están ? ¿ Dónde encontrarlos ? » Pues están aquÍ, cerca de vosotros ; podéis acercaros a ellos y alcanzarlos mediante el pensamiento, gracias a la ley acústica de resonancia, que yo llamo a menudo la ley de simpatía o afinidad. Desde el momento en que conozcáis esta ley, os veréis obligados a superaros para hacer vibrar las cuerdas más sensibles, más sutiles de vuestro ser, sabiendo que hay fuerzas, entidades y regiones que os responderán. j Cuántas veces he hecho hincapié en esta ley acústica de resonancia ! Decís : «  te quiero ! . . . » Estáis solo, y sin embargo, oís una multitud de voces que os contestan : «Te quiero . . . te quiero. . . te quiero . . . » 

Y si decís : «  te odio ! . . . » el eco lo repetirá también. (Ya que es una realidad en el plano fisico, 
¿ por qué no iba a serlo en el plano del pensamiento 
1) Tomad una pelota y lanzadla contra un  muro : si no os apartáis, volverá hacia vosotros. 
Es una ley análoga a la del eco : la ley de acción y reacción, tan conocida en el plano fisico como desconocida en el psíquico, donde también existe. Tanto si hacéis el bien como el mal, éste volverá inevitablemente un día a vosotros. 

Cada sentimiento que tenéis es de una naturaleza determinada, y despierta en el espacio fuerzas de la misma naturaleza que se dirigen hacia vosotros en virtud de la ley de afinidad. Gracias a esta ley podemos tomar de las arcas del universo todos los elementos que deseamos con la condición de proyectar pensamientos y sentimientos de la misma naturaleza. Vuestros pensamientos y sentimientos determinan verdaderamente la naturaleza de los elementos y fuerzas que aparecen muy lejos, en algún lugar del espacio, y tarde o temprano, vuelven hasta vosotros. Esta ley de afinidad es para mí la gran clave, el mayor arcano, la varita mágica. Sobre ella he basado mi vida. Conociendo esta ley, trabajo en un sentido determinado pensando en todo lo mejor y en lo más hermoso que existe, y aguardo los resultados. 

Muchas cosas ya han ocurrido y otras sucederán más tarde. Trabajo solamente con esta ley, porque abarca las demás. Gracias a ella puedo explicároslo todo : la estructura de las humanos, su inteligencia y su estupidez, su bondad y su maldad; sus dichas y sus desdichas, su riqueza y su miseria, todo. Observad lo que ocurre en el mar con los peces. 

El mar contiene una infinidad de elementos químicos, y resulta que un determinado pez que atrae unas determinadas partículas, se construye un cuerpo magnífico, coloreado, fosforescente, mientras que otro atrae otras partículas que le proporcionan un cuerpo apagado y feo. Evidentemente los peces no lo saben, pero cada uno atrae los elementos del mar correspondientes a su naturaleza. Y esto es lo que ocurre con nosotros. Somos peces sumergidos en el océano etérico, y como este océano contiene todos los elementos difundidos por el Creador, nos convertimos en uno u otro según los elementos que hayamos atraído para formar nuestro cuerpo. De esta manera todo se explica. 

Tomemos, por ejemplo, a alguien que sea feo, desdichado, enfermizo : todo eso no le viene de esta encamación, sino de encamaciones anteriores en las que no estaba instruido ni iluminado, y en las que, con su ignorancia, atrajo elementos malsanos de los cuales ahora no sabe cómo deshacerse. Vosotros que conocéis esta ley de afinidad, que es la ley mágica más formidable, base de toda la creación, debéis empezar inmediatamente a trabajar para atraer partículas de una naturaleza tan luminosa, que todo empiece a restablecerse en vosotros. Y cuando vuestro entorno vea que sois más simpático, más radiante, más inteligente e incluso más poderoso, todos empezarán a consideraros de otro modo y vuestro destino cambiará. Ya veis que en la vida todo está ligado. Mientras que si sois ignorantes, si no sabéis sobre qué leyes está basada la existencia, si continuamente estáis destruyendo todo lo que Dios os ha dado, evidentemente las fuerzas de la naturaleza no pueden ayudaros durante mucho tiempo : se ven obligadas a dejaros, y entonces os embarga la tristeza y la amargura. Desgraciadamente muchos hombres y mujeres se encuentran en esta situación.  

He conocido a tantos ! No sabían ni siquiera cómo llegaron a ese estado, y verdaderamente no pude explicárselo puesto que todo era obscuro y caótico en su cabeza : no encontraban ningún sentido a su vida, ningún orden en el universo, nada. Habría sido necesario volver a empezar de nuevo, instruirles durante años . . . y sobre todo habría sido necesaria la voluntad de escuchar. Pero no la tenían, y no podía enseñarles en cinco minutos el encadenamiento de los hechos, dónde y cuándo empezaron a perderse y cómo poco a poco habían llegado a una situación tan deplorable. 

Desgraciadamente, la mayoría de la gente no quiere reconocer este encadenamiento de causas y efectos ; aunque lo demostremos mediante argumentos y pruebas casi tangibles, no lo ven. Para mí la palabra « afinidad» es una de las más significativas,  es una palabra mágica ! Porque esta ley de afinidad nos permite atraer del océano cósmico los mejores elementos, los más radiantes, los más sutiles para construir nuestro cuerpo glorioso, el cuerpo de la inmortalidad, el cuerpo de luz que está en cada uno de nosotros. . . En otras conferencias ya os hablé del cuerpo glorioso* y os dije cómo lo construimos, cómo lo formamos. Incluso se le menciona en los Evangelios, pero no encontramos información al respecto. Todos poseemos potencialmente un cuerpo glorioso, pero debemos formarlo suministrándole los materiales como hace la madre con el hijo que lleva dentro de sí. ¿ Cómo forma la madre a su hijo ? . . Comiendo, respirando, bebiendo, pensando y viviendo le da materiales, y así el hijo se desarrolla progresivamente. 

Ella es quien le forma, y no puede hacer otra cosa ; ella no puede crearle. Nosotros tampoco podemos crear al Cristo en nosotros : es necesario, en principio, que nuestra alma sea fertilizada para concebir al Cristo, y después, al igual que la madre, podemos formarle con todo lo que emanamos de nosotros mismos. Cuando alguna vez entramos en estados de conciencia muy elevados, cuando deseamos ayudar al mundo entero, trabajar para el Señor, hacer un sacrificio o hacer algo grande y noble, en ese momento las partículas que emanan de nosotros van a añadirse a nuestro cuerpo glorioso. 

Así es como podemos hacerlo crecer, solamente puede formarse con lo mejor de nosotros mismos. 
Y si lo alimentamos durante mucho tiempo con nuestra carne, nuestra sangre, nuestro fluido, nuestra vida, un día empieza a brillar, a irradiar y se hace muy fuerte, muy poderoso, invulnerable e inmortal, porque está formado por materiales que no se oxidan, que son eternos, y hace maravillas, primero en nosotros y después fuera de nosotros. Entonces, a través de ese cuerpo glorioso, del cuerpo de luz, el Cristo puede hacer milagros. Antes de haber formado ese cuerpo en sí mismo, el hombre es obscuro, débil, vulnerable y enfermizo ; sin embargo, cada uno lleva en sí el germen de Cristo que puede desarrollar. Y así es como volvemos a la ley de afinidad. 

El discípulo debe entonces superarse para atraer las partículas más puras, más luminosas del océano etérico, y soldarlas a su cuerpo glorioso. Puede obtenerlas desde hoy mismo, al principio en pequeña cantidad y luego cada vez más, día a día. Ciertamente eso es lo que hacemos cada mañana aquí acercándonos al sol : nos alejamos de la tierra y nos' acercamos al Cielo, al sol, para tomar algunas partículas luminosas y añardirlas a nuestro cuerpo glorioso . . . Esta es una parte del verdadero conocimiento. Durante años he trabajado para llegar a comprender la estructura de este edificio que es el universo. Sí, durante años. .. Era lo único que me interesaba, y me desdoblé día y noche para tener una visión nítida de este armazón, de estas uniones que existen entre todos los elementos del universo. Sabía que todo lo demás no tenía importancia. 

Lo esencial es ver la estructura ; por eso mientras los humanos sigan contentándose con estudiar todo lo que está repartido y disperso en el plano fisico, en el mundo de los hechos, no sacarán más que conclusiones erróneas. Solamente elevándose hasta el mundo de las leyes y aún más arriba, hasta el mundo de los principios para contemplar esta estructura, podrán tener la visión clara de conjunto que yo obtuve. Necesité años, pero hoy la tengo y por eso ahora puedo instruiros, iluminaros, aconsejaros ; porque siempre es a ese modelo de perfección al que me refiero. Nadie, o casi nadie, reconoce el valor de esta filosofía. Pero no será siempre así. Existen fuerzas superiores a los hombres que les obligarán un día a apreciar esta Enseñanza en su justa medida. 

Tengo una confianza absoluta, por eso no me preocupo, vivo con la convicción de que tarde o temprano cada cosa volverá a su sitio. De momento, en la tierra todo está invertido : lo valioso es rechazado y lo que no tiene ningún valor ocupa el lugar principal. Fijaos como al oro, a las joyas, a las casas y a los coches se les da un valor formidable. ¿ Y a las ideas divinas ? . .  ninguno ! , lo cual es todo lo contrario a lo que vi en ese edificio cósmico. Arriba, en el lugar de honor, hay una idea, una verdad. Esto es lo que se considera en lo alto, una idea ; mientras que el resto viene después. 
Los humanos han invertido todos los valores y por consiguiente todo está trastocado. Vemos los hombres más viciosos y más diabólicos rodeados de riquezas y suntuosidad, mientras que los que tienen las más grandes cualidades no poseen nada de lo que correspondería a esas cualidades. 
Pero al no ser codiciosos no hacen nada para apoderarse de las riquezas que no tienen, y apenas poseen nada en el plano físico ; externamente nada corresponde al esplendor que hay en ellos. 

Pero eso no será eternamente así, ya que existe esta ley de analogía según la cual toda la belleza interna deberá manifestarse externamente también, y a la fealdad interna corresponderá la fealdad externa. Es así como lo ha decidido la inteligencia de la naturaleza. En un pasado lejano, cuando se respetaba el verdadero orden de cosas, todos los que eran pobres interiormente también lo eran exteriormente, y los que eran ricos interiormente lo eran también exteriormente. Como el Señor, que al poseer todas las cualidades y virtudes, posee también toda la riqueza del universo. Sólo aquí, entre los humanos, este orden no existe. Pero como la ley es absoluta (como es abajo es arriba), un día habrá un nuevo orden en el que cada uno encontrará su lugar : los que sean ricos en inteligencia, nobleza y bondad, poseerán todas las riquezas exteriores correspondientes, y los que no tengan esas cualidades, se encontrarán en la miseria. 

Evidentemente no serán los humanos quienes restablecerán este orden, puesto que no saben quién lo merece y quién no ; será obra de la inteligencia cósmica, ya que la ley de analogía es una ley inamovible en el universo. Hoy os doy una clave : si producís mediante vuestros pensamientos y sentimientos vibraciones y emanaciones elevadas que vayan a la búsqueda de sus elementos afines entre los millones de elementos que se encuentran allá arriba, en el espacio, podréis volver a ser los dueños de vuestro destino. 

 * Ver «El cuerpo de la resurrección», tomo IX de las Obras completas.

Omraam Mikhael Aivanhov