Observando a los humanos comprobamos
que tanto en sus elecciones como en su comportamiento
les falta el sentido de la medida. O bien
se atiborran sin cesar, o al contrario, no comen
lo suficiente ; y en los dos casos arruinan su
salud. Trabajan demasiado y se agotan, o no trabajan
lo suficiente y se oxidan. Lo mismo sucede
con el sueño, las distracciones, los sentimientos,
los pensamientos . . . Para explicar esas anomalías
se dice que «se han pasado de la raya», que han
transgredido las leyes que deberían conocer y
respetar.
Hay leyes físicas que rigen nuestro organismo
y aunque los humanos no las respeten, al menos
admiten su existencia, contrariamente a lo que
ocurre con las leyes de la naturaleza. Muy pocos
aceptan y reconocen hoy su existencia, y por si
todavía quedase alguna creencia sobre el valor
de un cierto orden de cosas, la mayoría de los
escritores, filósofos, artistas y sabios, difunden teorías, escriben libros, crean obras enfocadas a
eliminar este resto de fe. Es justamente a esas
leyes morales a donde quiero ir a parar, ya que
sin el reconocimiento de estas leyes, falta algo
esencial en el saber humano.
En realidad las leyes morales pertenecen a un
mundo que no está separado del mundo físico,
lo cual no es muy difícil de comprobar.
Consideremos
el caso de un borracho. Antes de beber
era un hombre delicado, amable, culto, atento,
honesto y generoso ; no le faltaba ninguna cualidad.
Pero a partir del día en que se puso a beber,
todas esas cualidades disminuyeron e incluso
desaparecieron. Tomemos otro ejemplo : un
hombre tiene la pasión del juego hasta el punto
de despreocuparse de sus deberes, de olvidar que
tiene una mujer, unos hijos, un trabajo. . . Al
principio el juego era una actividad que no tenía
nada que ver con la moral, pero al final es el
aspecto moral el que sufre las consecuencias.
¿ Cómo no se han percatado los humanos de las
relaciones que existen entre esos dos mundos ?
Sólo creen en el aspecto material, que por
supuesto tiene su importancia, pero el aspecto
moral, el aspecto interior está estrechamente
unido a lo material.
Para la Ciencia iniciática existen tres mundos
: el mundo divino, que es el de las ideas, el
mundo psíquico, que es el de los pensamientos y sentimientos, es decir, el mundo moral, y finalmente
el mundo fisico, que es el de las formas y
de lo concreto. El mundo material está ligado al
mundo de las ideas, situado mucho más arriba.
Si los humanos no ven esta relación se debe a
que no han observado ni estudiado atentamente
las cosas, y hasta que esta laguna no sea colmada,
continuarán cosechando resultados desastrosos.
Aunque ignoremos las leyes morales, cuando
empezamos a transgredirlas en nuestro comportamiento
nos vemos obligados a soportar sus
consecuencias más o menos graves ; y entonces
nos damos cuenta que esta esfera moral también
tiene sus leyes, aunque mucho más sutiles que
las leyes fisicas, ya que no solamente están escritas
en el organismo, sino en el alma y el espíritu
del hombre. Al que no las respeta se le considera
como egoísta, personal, y pronto se ve privado
del sostén y la amistad de los demás, y sea cual
fuere la transgresión cometida, deberá pagar.
¿ Cómo ? De muchas formas : remordimientos,
decepciones, sufrimientos, tristezas, amarguras
o quizás falta de dinero. Podéis observarlo en
cualquier esfera. Todo se sostiene, todo está unido
; el mundo moral está regido por leyes inmutables
e irreducibles que debemos conocer.
Despreciamos
y olvidamos estas leyes porque no
están escritas en ninguna parte, y creemos poder permitirnos cualquier cosa. Hasta que no comprendamos
y aceptemos estas leyes, no podremos
realmente progresar. No está permitido
decir : «Yo pienso que . . . » o « Yo puedo hacer lo
que quiera . . . » ¿ Por qué ? - Porque lo pagaréis. - Pero si tengo derecho ! - Haced lo que queráis,
pero lo pagaréis. En la naturaleza todo se paga,
incluso la felicidad, la alegría y el éxtasis. - Pero si no tengo dinero ! - Estas leyes no os
reclaman dinero (sólo los humanos lo hacen),
sino parte de vuestras fuerzas, de vuestro conocimiento,
de vuestra salud o de vuestra belleza, de
vuestra luz.
Si podéis analizaros imparcialmente
veréis que hay un déficit en caja : los Justicieros,
las Fuerzas cósmicas, las Inteligencias que
gobiernan el universo han venido para reclamaros
algo que os empobrecerá.
Si queréis enriqueceros, no debéis nunca
transgredir las leyes de la naturaleza, ni las leyes
morales, ni siquiera las leyes humanas. Aunque
las leyes creadas por los hombres no tengan la
misma razón de ser que las leyes de la naturaleza,
mientras vivamos en una sociedad donde son
tan poderosas, debemos someternos a ellas (respetando
el código de la circulación, por ejemplo)
. . . Si las podéis transgredir sin que nadie os
vea, la naturaleza no os pedirá cuentas, porque
no es de su incumbencia. Pero si transgredís la
ley de la naturaleza, aunque la sociedad continúe respetándoos e inclinándose ante vosotros,
enfermaréis.
Así es la ley de la naturaleza : os
hará enfermar ! Os castigará y no podréis escapar.
Allá donde vayáis, la ley os encontrará, porque
dentro de vosotros todo queda grabado.
La naturaleza previó que el hombre siempre
trataría de infringir sus leyes, colocando en él
unos aparatos grabadores, y de esta manera le
basta una ojeada para saber lo que el hombre ha
comido, bebido, pensado, sentido o hecho ; es
imposible engañarla. Y ahora querréis convencerme
de que solamente los hombres pueden
hacer grabaciones. . . ¿ Cómo podría el hombre
fabricar un objeto sin antes haber encontrado el
modelo en la naturaleza ? La naturaleza ha
hecho grabaciones muchísimo antes que el hombre,
pero éste está demasiado ciego para reconocerlo.
Sin embargo la naturaleza ha tomado
todas las precauciones necesarias, de tal forma
que si el hombre infringe sus leyes, deberá
pagarlo.
Tratad pues de ahora en adelante de no
transgredir ni las leyes humanas, ni las leyes de
la naturaleza, ni las leyes morales, que son superiores
a las leyes de la naturaleza. Aunque en
realidad las leyes morales forman parte de la
naturaleza, ya que en ésta existen grados. Hay
primero una naturaleza puramente fisica, después,
por encima de ella, una naturaleza más sutil a la cual pertenecen los pensamientos y los
sentimientos, y finalmente, más allá de esas dos
naturalezas reina el mundo divino. La naturaleza,
al igual que nosotros, obedece a sus leyes
porque el espíritu reina sobre la naturaleza.
Cuando el hombre consigue traspasar esas dos
naturalezas, la naturaleza fisica y la naturaleza
más sutil de los pensamientos y de los sentimientos,
se encuentra por encima de sus leyes.
y es tan puro, tan luminoso, tan poderoso y se
encuentra en tal armonía con el espíritu, que en
ese momento la naturaleza le obedece, y haga lo
que haga no puede infringir nada. Este es el único
caso en el cual el hombre puede permitírselo
todo, sin que sea una transgresión.
Pero sólo los seres excepcionales, los seres
predestinados, consiguen elevarse por encima de
las leyes de la naturaleza y de la moral. Estos
seres han existido siempre, existen y existirán,
pero son pocos.
Pueden permitírselo todo sin
cometer un crimen o un pecado. Es muy dificil
explicarlo, pero he recibido al respecto revelaciones
fantásticas que no podéis ni imaginaros ;
aunque es imposible hablar ahora de ellas.
Sin embargo, para ayudaros a comprenderlo,
os diré algunas palabras. Cuando un hombre es
muy puro, muy luminoso, haga lo que haga,
siempre será para bien. Pero cuando un hombre
está sucio, cuando es tenebroso, cuando se encuentra sumergido en las regiones infernales,
aunque desee hacer el bien sólo traerá desgracias
; se parece a aquel que quiere limpiar una
pequeña mancha del rostro de alguien con las
manos ennegrecidas : no hace sino ensuciarlo
más. Este hombre, deseando purificar a los
demás, les ensucia ; con la intención de simplificar
la vida de los demás, se la complica. ¿ Por
qué ? Porque todas sus emanaciones son caóticas,
tenebrosas y cualquier cosa que emprenda
será destructiva. Pero si un ser es pura luz, puro
amor, pura · inteligencia, aunque golpee a
alguien, en vez de matarle le salvará, porque
todo lo que está en él, lo que emana de él
es divino. Para llegar a esa cima, hasta el Sefirot
Kéther, hay que estar predestinado para ello por
los Veinticuatro Ancianos, hay que estar predestinado
desde mucho antes. . . Pero mientras el
discípulo está en el sendero, debe comprender
que hay leyes que respetar.
Los humanos reconocen que en sus actividades
profesionales hay comportamientos correctos
y otros que no lo son, pero en el momento en
que se trata del plano moral piensan que no hay
regla alguna que observar, y ahí es donde se
equivocan. Cuando Hermes Trimegisto decía :
« Como es abajo es arriba, y como es arriba es
abajo n , enunciaba esta misma verdad, pero sin
precisar nada ; sus palabras comprendían todos los planos de existencia, todas las actividades del
hombre. En efecto, un 'gran número de principios,
actividades, objetos, colores, formas, criaturas
y regiones están contenidas en esas dos
palabras «abajo» y « arriba».
Muchos han entendido que lo que está abajo,
es decir en la tierra, es semejante a lo que está
arriba, en el Cielo. Sin embargo no es totalmente
cierto : lo que hay en la tierra no es semejante a
lo que hay en el Cielo. Ni las formas, ni las
dimensiones, ni la luz, ni los colores, ni la gloria,
ni la grandeza son abajo como son arriba : son
las leyes las que son iguales. Hermes Trimegisto
esto no lo precisó porque deseaba dar a sus palabras
un contenido más amplio, accesible solamente
a los que fuesen capaces de penetrar en la
mente de un pensador o de un Iniciado.
Mediante el conocimiento de las leyes fisicas,
los sabios han conseguido aplicaciones extraordinarias
como la expedición a la luna, por ejemplo.
Pero si conociesen las leyes morales, sus
realizaciones serían mucho más vastas, no solamente
en el plano material, sino en otros planos
más amplios e infinitos, los del alma y del espíritu.
Estudian fisica y química, lo cual me parece
muy bien, pero existe una fisica y una química
espiritual que desconocen. Por lo tanto hay algo
esencial que falta en la ciencia oficial : el reconocimiento
de este mundo psíquico regido por leyes morales. Y como además los intelectuales
tratan por todos los medios de borrar de la conciencia
humana el poco sentido moral que queda,
están trabajando para autodestruirse. Todo
se derrumbará a causa de los que niegan o rechazan
la existencia de las leyes morales.
Evidentemente quizás no siempre sea fácil
encontrar esas leyes, pero ello no es razón suficiente
para pretender que no existen. Nada puede
disminuir o negar lo que acabo de decir. Si
sabemos observamos y analizamos, si tenemos
suficiente paciencia, comprobaremos que tarde
o temprano cada transgresión interior debe
pagarse, porque ese plano está regido por las
leyes inmutables de la moral eterna.
Cometéis una transgresión y sin embargo
decís : «Como, duermo, gano dinero, me siento
bien y no veo que nada haya cambiado».
Pues
entonces, amigo mío, es que estás ciego, que no
sabes ver lo que ocurre en el aspecto sutil de tu
ser. Durante años seguiréis con vuestros quehaceres
sin percibir que algo os está abandonando.
¿ y qué es lo que os abandona ? Es a vosotros a
quien corresponde descubrirlo. Yo sé por adelantado lo que os abandonará y que se producirán
en vosotros enormes y asombrosos cambios.
Algunos años después habréis perdido vuestra
lozanía, vuestro anhelo y sobre todo habréis perdido
vuestra buena disposición. Son pérdidas muy graves desde el punto de vista espiritual, y
si no os dais cuenta, es que os habéis quedado en
el estado animal. Puede que sigáis trabajando y
ganando mucho dinero, pero ya no sois hijos e
hijas de Dios, ágiles, vivos y radiantes como la
luz. Interiormente se han producido grandes
cambios.
-:> Los animales comen, cazan, pelean, se acarician,
protegen sus crías, y muchos hombres
hacen sólo eso, no saben que han sido enviados
sobre la tierra con la misión de manifestar la gloria
de Dios y de hacer florecer todo lo que hay
en ellos de sutil 'y de divino. Han sido enviados
para hacer de la tierra un jardín del Paraíso.
Esa
es su misión, pero la han olvidado ; comen y
beben, echan raíces aquí en la tierra y no quieren
dejarla. Entonces, cuando se les desarraiga,
devolviéndoles al otro lado, donde se les enseña
como han desperdiciado su vida, evidentemente,
en ese momento sufren ; el Purgatorio y el Infierno
no son más que este sufrimiento. Pero cuando
hayan pagado y se hayan limpiado, subirán
más alto, hasta el primer Cielo, y de nuevo volverán
a la tierra para poder continuar y desarrollarse
en el bien. Tal es la historia del género
humano.
Hay que recordarles continuamente a los
humanos su misión sobre la tierra, preguntándoles
: « Entonces, ¿ a qué habéis venido ? ¿ no os muy graves desde el punto de vista espiritual, y
si no os dais cuenta, es que os habéis quedado en
el estado animal. Puede que sigáis trabajando y
ganando mucho dinero, pero ya no sois hijos e
hijas de Dios, ágiles, vivos y radiantes como la
luz. Interiormente se han producido grandes
cambios.
-:> Los animales comen, cazan, pelean, se acarician,
protegen sus crías, y muchos hombres
hacen sólo eso, no saben que han sido enviados
sobre la tierra con la misión de manifestar la gloria
de Dios y de hacer florecer todo lo que hay
en ellos de sutil 'y de divino. Han sido enviados
para hacer de la tierra un jardín del Paraíso.
Esa
es su misión, pero la han olvidado ; comen y
beben, echan raíces aquí en la tierra y no quieren
dejarla. Entonces, cuando se les desarraiga,
devolviéndoles al otro lado, donde se les enseña
como han desperdiciado su vida, evidentemente,
en ese momento sufren ; el Purgatorio y el Infierno
no son más que este sufrimiento. Pero cuando
hayan pagado y se hayan limpiado, subirán
más alto, hasta el primer Cielo, y de nuevo volverán
a la tierra para poder continuar y desarrollarse
en el bien. Tal es la historia del género
humano.
Hay que recordarles continuamente a los
humanos su misión sobre la tierra, preguntándoles
: « Entonces, ¿ a qué habéis venido ? ¿ no os muy graves desde el punto de vista espiritual, y
si no os dais cuenta, es que os habéis quedado en
el estado animal. Puede que sigáis trabajando y
ganando mucho dinero, pero ya no sois hijos e
hijas de Dios, ágiles, vivos y radiantes como la
luz. Interiormente se han producido grandes
cambios.
-:> Los animales comen, cazan, pelean, se acarician,
protegen sus crías, y muchos hombres
hacen sólo eso, no saben que han sido enviados
sobre la tierra con la misión de manifestar la gloria
de Dios y de hacer florecer todo lo que hay
en ellos de sutil 'y de divino. Han sido enviados
para hacer de la tierra un jardín del Paraíso.
Esa
es su misión, pero la han olvidado ; comen y
beben, echan raíces aquí en la tierra y no quieren
dejarla. Entonces, cuando se les desarraiga,
devolviéndoles al otro lado, donde se les enseña
como han desperdiciado su vida, evidentemente,
en ese momento sufren ; el Purgatorio y el Infierno
no son más que este sufrimiento. Pero cuando
hayan pagado y se hayan limpiado, subirán
más alto, hasta el primer Cielo, y de nuevo volverán
a la tierra para poder continuar y desarrollarse
en el bien. Tal es la historia del género
humano.
Hay que recordarles continuamente a los
humanos su misión sobre la tierra, preguntándoles
: « Entonces, ¿ a qué habéis venido ? ¿ no os acordáis ? » Acordarse. . . ¿ cómo acordarse ?
En
una Escuela iniciática, gracias a las grandes verdades,
a las influencias benéficas que recibe y a
la ayuda de los Angeles, el discípulo empieza a
recordar el mundo luminoso del cual descendió
y hacia el cual tendrá que volver algún día. La
bendición más grande que un discípulo puede
tener es la de ese recuerdo. Se acordará de los
sufrimientos padecidos, de las faltas cometidas y
de todas las deudas contraídas, porque tiene que
encontrar a los que dejó para reconciliarse con
ellos y reparar todas sus faltas, con lo cual liquidará
su karma. Eso es lo que le espera al discípulo
y lo que os espera a todos. Un día deberéis
pagar por todo lo que habéis tomado injustamente
a los demás. Evidentemente esto no son
cosas muy agradables de oír, teniendo en cuenta
que los humanos siguen prefiriendo ignorar eternamente
las verdades desagradables. Pero aunque
no deseemos escuchar la verdad, un día nos
veremos obligados a enfrentarla, y vosotros sois
seres privilegiados porque la estáis conociendo
aquí, a través mío.
Preparaos a enmendar vuestros errores,
como lo hago yo. Supongamos que haya sido el
peor de los malhechores, el más grande incendiario.
Pues bien, me arrepiento de ello, lo lamento y quiero reparar mis faltas. Supongamos
que os haya hecho daño a todos : que os haya deshonrado, robado, masacrado . . . supongámoslo
!
Ahora al soportaros, amaros y hablaros,
pago y reparo. Y si no es cierto. . . Tanto
mejor ! Es una cuestión que quiero dejar de
lado ; no voy a contaros el por qué y cómo vine a
la tierra, ni de qué región vengo, porque eso sólo
me concierne a mÍ. Pero tomadme como un
hombre que ha infringido todas las leyes y que
ahora está condenado a pagar sus deudas. Eso ya
os parece mejor,
¿ no es verdad ?
y si yo acepto hablar así, sin molestarme,
¿ por qué vosotros no decidís seguir este razonamiento
y reparar vuestras faltas hacia vuestro
esposo o esposa, hijos, parientes o amigos ? Evidentemente
preferís creeros irreprochables. De
acuerdo, me parece muy bien, pero . . . ¿ es ésa la
verdad ? Da igual. . . lo importante es que si yo
soy capaz de confesarme imperfecto ante vosotros,
debéis hacer vosotros otro tanto ante los
demás.
Aquel que tiene un hijo que no cesa de atormentarle,
de deshonrarle, se queja : « ¿ Qué
habré hecho, Dios mío, para tener un hijo así ? »
Seguro que en el pasado contrajo alguna deuda
hacia él, de lo contrario no hubiera nacido en su
familia». Muchos padres sufren porque sus hijos
son unos gamberros, mientras que ellos son
honestos y justos. Ciertamente es sorprendente ;
según las leyes naturales no debería ser así, pues to que jamás han sembrado tal semilla. Pero
siempre hay una razón escondida, pues la ley es
justa.
Un hermano, hace poco, vino a verme : se
sentía atormentado porque mostraba una gran
bondad y generosidad hacia los suyos y no recibía
más que ingratitud y crueldad ; estaba verdaderamente
desolado por esa injusticia. Y le dije :
« ¿ quiere que le dé la clave, el remedio, el antídoto
eficaz ? Y así no se enfurecerá ni rebelará,
sino que al contrario se tranquilizará completamente
cuando sepa una cosa : el mundo invisible
utiliza esos medios para reforzarle, liberarle,
para hacerle reflexionar o para mejorarle. Y lo
que le roe, lo que le enferma, es la idea de que
todo lo que le ocurre es injusto. Piense que es
justo y se curará». Este hermano confió en mí,
se repuso y se tranquilizó pensando que quizás
fuesen antiguas deudas, y eso le salvó.
Evidentemente
hay que aceptar esta manera de razonar,
si no los tormentos continuarán royendo vuestro
organismo, vuestro corazón, vuestro estómago o
vuestro sistema nervioso.
Hoy quiero repetiros lo mismo : si la injusticia
os atormenta, aceptad la idea de que sólo
existe aparentemente. Aunque no sea cierta, esta
idea es eficaz, ya que aceptándola os liberáis, no
sufrís más y os volvéis mejores. Yo mismo lo he
comprobado. En el pasado, yo desconocía este recurso y a menudo me hacía preguntas sobre
todo lo que me ocurría. Mientras que ahora ya
no me hago preguntas, porque pienso que todo
es justo y merecido, aunque no sea así. ¿ Qué
hizo Jesús para ser crucificado ? Evidentemente
el destino de Jesús fue excepcional, y no debéis
imaginaros que os encontráis en el mismo caso.
Sin embargo puede ocurrir que los inocentes
sean encarcelados o masacrados. Si se rebelan en
contra de esta injusticia, se atormentarán inútilmente.
Aquí en la tierra debemos pensar que
somos tan culpables como los demás, ya que
pensando así, nos liberamos.
Habéis sido llamados para descubrir en vosotros
una región espiritual en la cual las leyes
son inmutables. A la menor infracción de estas
leyes, tarde o temprano deberéis pagar.
Lo que
os desorienta es que el pago no es inmediato,
pero todo queda grabado, todo trasciende.
Encontramos esta ley en todas partes. En química,
por ejemplo, hay que esperar un cierto intervalo
de tiempo para que el tornasol cambie del
rojo al azul, o viceversa ; para provocar un cambio
completo basta con la última gota, pero no
olvidemos que ésta sucede a todas las demás. De
la misma manera, en la maquinaria de un reloj,
el desplazamiento de una aguja no ocurre sino
después del movimiento de numerosos resortes.
El tiempo transcurrido entre el primer movimiento y la aparición de un resultado tangible es
más o menos largo, pero como todo está vinculado,
el resultado aparece infaliblemente.
Suponed que tengáis un vicio o una pasión ;
no veis inmediatamente las repercusiones y continuáis
con los mismos excesos, lo que desencadena
ciertos mecanismos, influyendo éstos en
otros, hasta que un día os preguntáis muy seriamente
por qué estáis agotados, enfermos. Sin
embargo lo que os ocurre es la consecuencia de
algo que empezó hace mucho tiempo y hoy no
hacéis más que recibir la factura que os envía el
contable, j pero no la esperábais ! ¿ Por qué los
humanos no quieren comprender que esta ley se
encuentra en todas partes ? Todas sus aflicciones
y sus desdichas provienen de que no han sabido
estudiar e interpretar los mecanismos de sus
diferentes órganos fisicos y psíquicos.
Si queréis convertiros en un hijo de Dios, en
un ser completo, viviendo la vida del alma y del
espíritu, debéis respetar las leyes de la verdadera
moral ; no hay otra solución. Para todos los que
infringen estas leyes, las puertas están cerradas.
El mundo invisible no se somete a los caprichos
irrespetuosos y anárquicos de los humanos. « ¿ El
mundo invisible ?» preguntaréis. Pues sí, precisamente
ese mundo es invisible, y si deCÍs que no
podéis creer en un mundo invisible, os contestaré
que no sabéis razonar. ¿ Acaso vuestros pensamientos son visibles ? ¿ Lo son vuestra conciencia,
vuestras opiniones, vuestros sentimientos
? . . y vuestros proyectos, ¿ son visibles ? . .
Sin embargo estáis convencidos de s u existencia.
Os peleáis, e incluso matáis a la gente por vuestras
convicciones, que tampoco son visibles. No
os dais cuenta de que toda vue'Stra vida está
basada en cosas que ni siquiera veis. Solamente
el mundo invisible existe, mientras que la existencia
de lo demás es bastante dudosa.
Negando
la realidad del mundo invisible, cortáis la rama
sobre la cual os sentáis, y un día os encontraréis
en el suelo. ¿ Cómo no os avergonzáis de rechazar
estas verdades, en vez de reconocer que todavía
no las habéis considerado ? Negando el mundo
invisible los hombres firman su propia sentencia
de muerte.
Los humanos sufrirán hasta el día en que
comprendan que el mundo invisible es la única
realidad.
Y este es el argumento que ofrezco a
todos esos ignorantes que sólo creen en lo visible
: si una noche, en algún lugar oscuro, alguien
os asalta diciéndoos : « La bolsa o la vida ! »,
aunque hasta entonces no hayáis creído en la
vida, puesto que es invisible, en ese momento
empezaréis a creer en ella entregando todo lo
que es visible y tangible para conservar algo
invisible. j Qué incoherencia !
Si fueseis consecuentes
y lógicos deberíais decir : « Tomad la vida, pero no la bolsa ! » Pero entonces moriríais
y, ¿ qué haríais con vuestro dinero ? . . Nada es
tan precioso como lo que no vemos. La vida es
una realidad invisible y a pesar de ello estáis dispuestos
a darlo todo para conservarla. i Ah !
Los humanos son sorprendentes.
¿ Existe realmente el mundo invisible ?
¿ Precisa
al igual que el mundo visible de un respeto ? Sí, y mucho más ! Ahora lo importante es
tomar conciencia de la existencia de esta vida
sutil y apreciarla. Ya veréis lo que os ocurre
internamente. Aunque los demás no 10 perciban,
viviréis una vida de libertad, de alegría, de ligereza,
de inspiración, una vida musical, armoniosa
; viviréis la verdadera poesía . . . y_ si la dignificáis se reflejará incluso en vuestra vida material.
La gente empezará a descubrir que vivís, y
quizás el mundo entero os aporte tesoros inesperados
porque todo está íntimamente relacionado
; la riqueza interior atrae la riqueza exterior,
aunque los efectos no sean inmediatos.
Si alcanzáis
esta vida interior perfecta, vuestras vibraciones
y emanaciones se unirán al mundo entero,
hasta las estrellas más lejanas, de donde os llegarán
todas las dichas y bendiciones.
Pronto la felicidad llamará a vuestra puerta,
ya está en camino, se acerca y os dice : « Aquí
estoy ! - Pero, ¿ de dónde vienes ? ¿ quién te ha
llamado y cuándo ? - Fuiste tú, hace mucho tiempo». La felicidad está en camino, pero tarda
en llegar porque viene de lejos . . . y desgraciadamente
lo mismo ocurre con las desdichas. No
nos damos cuenta, pero hace mucho tiempo las
atrajimos. Veamos, ¿ qué puede obtener aquel
que está triste y sombrío, que es ignorante o
estúpido ? ¿ La gloria ? . . ¿ La luz ? . .
¿ La visita de
los Arcángeles más elevados ? . . ¡ Imposible ! No
puede atraer tales esplendores. ¿ Por qué ? Porque
existe una ley de afinidad que los Antiguos
Iniciados ocultaron en esta frase : «Dime con
quién andas, y te diré quién eres ».
Esta frase
contiene toda una ciencia, pero como los humanos
eran demasiado primitivos para comprender
la ley de analogía (que podemos llamar la ley de
afinidad, ley de resonancia, ley de acción y reacción,
ley de polaridad), los Iniciados prefirieron
dejarla como un dicho del pueblo.
« ¿ Cómo habré podido atraer todas estas desgracias
? - Por tu manera de pensar, de actuar»
dirán los Iniciados. ¿ Y las alegrías ? Por tu trabajo,
tu sacrificio y tu generosidad . . . Todo es justo,
el Cielo no os pide vuestra opinión, tenéis lo que
merecéis.
Omraam Mikhael Aivanhov