Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

domingo, 20 de enero de 2019

La ley de analogía



El organismo humano representa un microcosmos construido exactamente a imagen del universo, el macrocosmos. Lo cual significa que entre el hombre y el universo existen analogías. 
Toda la ciencia esotérica está basada en la ley de analogía. El hombre es infinitamente pequeño y el cosmos infinitamente grande, pero entre lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande hay analogías : cada órgano de nuestro cuerpo es afín con alguna región del cosmos. Evidentemente no debemos imaginar que el cosmos posee órganos como los nuestros, pero en esencia nuestros órganos y los « órganos» del cosmos tienen algo idéntico, y por la ley de afinidad, podemos tocar en el espacio las fuerzas, los centros y los mundos que corresponden a ciertos elementos que hay en nosotros. Así el conocimiento de esas correlaciones nos presenta perspectivas sorprendentes. 

Entre el hombre y el universo, entre el microcosmos y el macrocosmos, existe una correspondencia absoluta, pero por su manera de vivir el hombre ha destruido esta relación ideal, perfecta, con el macrocosmos, con Dios. Ahora toda la cuestión radica en poder restablecerla. Y puede hacerlo, porque al salir de los talleres del Creador, recibió todo lo necesario para desarrollarse y volver a encontrar el camino hacia su patria celeste en el caso de perderse. 

Cuando un niño viene al mundo, no le falta nada ; aunque tenga el corazón ligeramente a la derecha o el estómago un poco más pequeño o los riñones le funcionen mal, tiene al fin y al cabo un corazón, un estómago, riñones, pulmones : no le falta nada. Del mismo modo, cada espíritu que baja a encarnarse en la tierra, posee órganos e instrumentos correspondientes a todas las virtudes y cualidades que hay arriba, en el Cielo, y por eso todo es posible para él ; progresivamente, si conoce y respeta las leyes, puede alcanzar los más grandes logros. ¿ Cuáles son estas leyes ? 

Suponed que tengáis dos diapasones absolutamente idénticos : si hacéis vibrar uno, observaréis que el otro también vibra sin que ni siquiera lo hayáis tocado. Decimos que hay resonancia. Todo el mundo conoce este fenómeno, pero no intentamos profundizar ni comprendemos que lo mismo ocurre b exactamente entre el ser y el cosmos. Si el hombre consigue afinar su estado físico y psíquico con las vibraciones del universo, podrá alcanzar los poderes celestes e intercambiar energías con ellos, recibiendo así ayuda y consuelo ; es una manera de comunicarse. Habláis y os escuchan ; (¡ e incluso podéis atraer ciertas fuerzas hacia vosotros y beneficiaros. 

Entabláis intercambios con todas las regiones del universo que deseáis, sabiendo que precisamente a través de ese intercambio Dios ha dispuesto las más grandes posibilidades de perfeccionamiento para el hombre. Preguntaréis : «Pero, ¿ cómo afinarse ? Hay tantos detalles a tener en cuenta ! » 
No os preocupéis, eso llega por sí solo. Si cultiváis el amor, la abnegación, la indulgencia y la generosidad, todo vuestro ser empezará por sí mismo a afinarse, porque trabajáis con fuerzas que automáticamente lo armonizan todo en vosotros. 

Cuando un hombre ha destrozado su sistema nervioso, ¿ lo a hecho conscientemente, con lucidez, científicamente ? ¿ Sabía exactamente dónde y cómo iba a ocurrir ? No, pero introduciendo en sí mismo pensamientos y sentimientos extraños, terminó por destrozarse. Para llegar a la locura no es necesario conocer la situación exacta de todos los centros nerviosos. Entonces, de la misma manera, para conseguir afinar vuestro organismo, debéis trabajar con pensamientos y sentimientos superiores que harán vibrar armoniosamente todos vuestros centros espirituales.

Algunos que hicieron todo lo posible e inimaginable para que nada funcione correctamente en ellos, se quejan de que la vida no tiene sentido y de que Dios no existe ; y sin embargo, no porque ellos sean unos estúpidos, enfermos e infelices dejarán de existir en el mundo seres inteligentes, sanos y felices. Su razonamiento es defectuoso ; que mejoren pues su razonamiento, y todo se arreglará para ellos. Supongamos que estéis angustiados, tristes, que nada os vaya bien. ¿ Qué hacer? 

Pues en vez de quedaros ahí llorando o sin saber qué hacer, ¿ por qué no os acercáis a los seres que puedan ayudaros ? Diréis : « ¿ Dónde están ? ¿ Dónde encontrarlos ? » Pues están aquÍ, cerca de vosotros ; podéis acercaros a ellos y alcanzarlos mediante el pensamiento, gracias a la ley acústica de resonancia, que yo llamo a menudo la ley de simpatía o afinidad. Desde el momento en que conozcáis esta ley, os veréis obligados a superaros para hacer vibrar las cuerdas más sensibles, más sutiles de vuestro ser, sabiendo que hay fuerzas, entidades y regiones que os responderán. j Cuántas veces he hecho hincapié en esta ley acústica de resonancia ! Decís : «  te quiero ! . . . » Estáis solo, y sin embargo, oís una multitud de voces que os contestan : «Te quiero . . . te quiero. . . te quiero . . . » 

Y si decís : «  te odio ! . . . » el eco lo repetirá también. (Ya que es una realidad en el plano fisico, 
¿ por qué no iba a serlo en el plano del pensamiento 
1) Tomad una pelota y lanzadla contra un  muro : si no os apartáis, volverá hacia vosotros. 
Es una ley análoga a la del eco : la ley de acción y reacción, tan conocida en el plano fisico como desconocida en el psíquico, donde también existe. Tanto si hacéis el bien como el mal, éste volverá inevitablemente un día a vosotros. 

Cada sentimiento que tenéis es de una naturaleza determinada, y despierta en el espacio fuerzas de la misma naturaleza que se dirigen hacia vosotros en virtud de la ley de afinidad. Gracias a esta ley podemos tomar de las arcas del universo todos los elementos que deseamos con la condición de proyectar pensamientos y sentimientos de la misma naturaleza. Vuestros pensamientos y sentimientos determinan verdaderamente la naturaleza de los elementos y fuerzas que aparecen muy lejos, en algún lugar del espacio, y tarde o temprano, vuelven hasta vosotros. Esta ley de afinidad es para mí la gran clave, el mayor arcano, la varita mágica. Sobre ella he basado mi vida. Conociendo esta ley, trabajo en un sentido determinado pensando en todo lo mejor y en lo más hermoso que existe, y aguardo los resultados. 

Muchas cosas ya han ocurrido y otras sucederán más tarde. Trabajo solamente con esta ley, porque abarca las demás. Gracias a ella puedo explicároslo todo : la estructura de las humanos, su inteligencia y su estupidez, su bondad y su maldad; sus dichas y sus desdichas, su riqueza y su miseria, todo. Observad lo que ocurre en el mar con los peces. 

El mar contiene una infinidad de elementos químicos, y resulta que un determinado pez que atrae unas determinadas partículas, se construye un cuerpo magnífico, coloreado, fosforescente, mientras que otro atrae otras partículas que le proporcionan un cuerpo apagado y feo. Evidentemente los peces no lo saben, pero cada uno atrae los elementos del mar correspondientes a su naturaleza. Y esto es lo que ocurre con nosotros. Somos peces sumergidos en el océano etérico, y como este océano contiene todos los elementos difundidos por el Creador, nos convertimos en uno u otro según los elementos que hayamos atraído para formar nuestro cuerpo. De esta manera todo se explica. 

Tomemos, por ejemplo, a alguien que sea feo, desdichado, enfermizo : todo eso no le viene de esta encamación, sino de encamaciones anteriores en las que no estaba instruido ni iluminado, y en las que, con su ignorancia, atrajo elementos malsanos de los cuales ahora no sabe cómo deshacerse. Vosotros que conocéis esta ley de afinidad, que es la ley mágica más formidable, base de toda la creación, debéis empezar inmediatamente a trabajar para atraer partículas de una naturaleza tan luminosa, que todo empiece a restablecerse en vosotros. Y cuando vuestro entorno vea que sois más simpático, más radiante, más inteligente e incluso más poderoso, todos empezarán a consideraros de otro modo y vuestro destino cambiará. Ya veis que en la vida todo está ligado. Mientras que si sois ignorantes, si no sabéis sobre qué leyes está basada la existencia, si continuamente estáis destruyendo todo lo que Dios os ha dado, evidentemente las fuerzas de la naturaleza no pueden ayudaros durante mucho tiempo : se ven obligadas a dejaros, y entonces os embarga la tristeza y la amargura. Desgraciadamente muchos hombres y mujeres se encuentran en esta situación.  

He conocido a tantos ! No sabían ni siquiera cómo llegaron a ese estado, y verdaderamente no pude explicárselo puesto que todo era obscuro y caótico en su cabeza : no encontraban ningún sentido a su vida, ningún orden en el universo, nada. Habría sido necesario volver a empezar de nuevo, instruirles durante años . . . y sobre todo habría sido necesaria la voluntad de escuchar. Pero no la tenían, y no podía enseñarles en cinco minutos el encadenamiento de los hechos, dónde y cuándo empezaron a perderse y cómo poco a poco habían llegado a una situación tan deplorable. 

Desgraciadamente, la mayoría de la gente no quiere reconocer este encadenamiento de causas y efectos ; aunque lo demostremos mediante argumentos y pruebas casi tangibles, no lo ven. Para mí la palabra « afinidad» es una de las más significativas,  es una palabra mágica ! Porque esta ley de afinidad nos permite atraer del océano cósmico los mejores elementos, los más radiantes, los más sutiles para construir nuestro cuerpo glorioso, el cuerpo de la inmortalidad, el cuerpo de luz que está en cada uno de nosotros. . . En otras conferencias ya os hablé del cuerpo glorioso* y os dije cómo lo construimos, cómo lo formamos. Incluso se le menciona en los Evangelios, pero no encontramos información al respecto. Todos poseemos potencialmente un cuerpo glorioso, pero debemos formarlo suministrándole los materiales como hace la madre con el hijo que lleva dentro de sí. ¿ Cómo forma la madre a su hijo ? . . Comiendo, respirando, bebiendo, pensando y viviendo le da materiales, y así el hijo se desarrolla progresivamente. 

Ella es quien le forma, y no puede hacer otra cosa ; ella no puede crearle. Nosotros tampoco podemos crear al Cristo en nosotros : es necesario, en principio, que nuestra alma sea fertilizada para concebir al Cristo, y después, al igual que la madre, podemos formarle con todo lo que emanamos de nosotros mismos. Cuando alguna vez entramos en estados de conciencia muy elevados, cuando deseamos ayudar al mundo entero, trabajar para el Señor, hacer un sacrificio o hacer algo grande y noble, en ese momento las partículas que emanan de nosotros van a añadirse a nuestro cuerpo glorioso. 

Así es como podemos hacerlo crecer, solamente puede formarse con lo mejor de nosotros mismos. 
Y si lo alimentamos durante mucho tiempo con nuestra carne, nuestra sangre, nuestro fluido, nuestra vida, un día empieza a brillar, a irradiar y se hace muy fuerte, muy poderoso, invulnerable e inmortal, porque está formado por materiales que no se oxidan, que son eternos, y hace maravillas, primero en nosotros y después fuera de nosotros. Entonces, a través de ese cuerpo glorioso, del cuerpo de luz, el Cristo puede hacer milagros. Antes de haber formado ese cuerpo en sí mismo, el hombre es obscuro, débil, vulnerable y enfermizo ; sin embargo, cada uno lleva en sí el germen de Cristo que puede desarrollar. Y así es como volvemos a la ley de afinidad. 

El discípulo debe entonces superarse para atraer las partículas más puras, más luminosas del océano etérico, y soldarlas a su cuerpo glorioso. Puede obtenerlas desde hoy mismo, al principio en pequeña cantidad y luego cada vez más, día a día. Ciertamente eso es lo que hacemos cada mañana aquí acercándonos al sol : nos alejamos de la tierra y nos' acercamos al Cielo, al sol, para tomar algunas partículas luminosas y añardirlas a nuestro cuerpo glorioso . . . Esta es una parte del verdadero conocimiento. Durante años he trabajado para llegar a comprender la estructura de este edificio que es el universo. Sí, durante años. .. Era lo único que me interesaba, y me desdoblé día y noche para tener una visión nítida de este armazón, de estas uniones que existen entre todos los elementos del universo. Sabía que todo lo demás no tenía importancia. 

Lo esencial es ver la estructura ; por eso mientras los humanos sigan contentándose con estudiar todo lo que está repartido y disperso en el plano fisico, en el mundo de los hechos, no sacarán más que conclusiones erróneas. Solamente elevándose hasta el mundo de las leyes y aún más arriba, hasta el mundo de los principios para contemplar esta estructura, podrán tener la visión clara de conjunto que yo obtuve. Necesité años, pero hoy la tengo y por eso ahora puedo instruiros, iluminaros, aconsejaros ; porque siempre es a ese modelo de perfección al que me refiero. Nadie, o casi nadie, reconoce el valor de esta filosofía. Pero no será siempre así. Existen fuerzas superiores a los hombres que les obligarán un día a apreciar esta Enseñanza en su justa medida. 

Tengo una confianza absoluta, por eso no me preocupo, vivo con la convicción de que tarde o temprano cada cosa volverá a su sitio. De momento, en la tierra todo está invertido : lo valioso es rechazado y lo que no tiene ningún valor ocupa el lugar principal. Fijaos como al oro, a las joyas, a las casas y a los coches se les da un valor formidable. ¿ Y a las ideas divinas ? . .  ninguno ! , lo cual es todo lo contrario a lo que vi en ese edificio cósmico. Arriba, en el lugar de honor, hay una idea, una verdad. Esto es lo que se considera en lo alto, una idea ; mientras que el resto viene después. 
Los humanos han invertido todos los valores y por consiguiente todo está trastocado. Vemos los hombres más viciosos y más diabólicos rodeados de riquezas y suntuosidad, mientras que los que tienen las más grandes cualidades no poseen nada de lo que correspondería a esas cualidades. 
Pero al no ser codiciosos no hacen nada para apoderarse de las riquezas que no tienen, y apenas poseen nada en el plano físico ; externamente nada corresponde al esplendor que hay en ellos. 

Pero eso no será eternamente así, ya que existe esta ley de analogía según la cual toda la belleza interna deberá manifestarse externamente también, y a la fealdad interna corresponderá la fealdad externa. Es así como lo ha decidido la inteligencia de la naturaleza. En un pasado lejano, cuando se respetaba el verdadero orden de cosas, todos los que eran pobres interiormente también lo eran exteriormente, y los que eran ricos interiormente lo eran también exteriormente. Como el Señor, que al poseer todas las cualidades y virtudes, posee también toda la riqueza del universo. Sólo aquí, entre los humanos, este orden no existe. Pero como la ley es absoluta (como es abajo es arriba), un día habrá un nuevo orden en el que cada uno encontrará su lugar : los que sean ricos en inteligencia, nobleza y bondad, poseerán todas las riquezas exteriores correspondientes, y los que no tengan esas cualidades, se encontrarán en la miseria. 

Evidentemente no serán los humanos quienes restablecerán este orden, puesto que no saben quién lo merece y quién no ; será obra de la inteligencia cósmica, ya que la ley de analogía es una ley inamovible en el universo. Hoy os doy una clave : si producís mediante vuestros pensamientos y sentimientos vibraciones y emanaciones elevadas que vayan a la búsqueda de sus elementos afines entre los millones de elementos que se encuentran allá arriba, en el espacio, podréis volver a ser los dueños de vuestro destino. 

 * Ver «El cuerpo de la resurrección», tomo IX de las Obras completas.

Omraam Mikhael Aivanhov


No hay comentarios.:

Publicar un comentario