Hoy quisiera hablaros de la reencarnación
porque veo que a algunos de vosotros os sigue
preocupando e inquietando esta cuestión. Siempre
se os ha enseñado que el hombre sólo vive
una vez, y ahora oyendo hablar de la reencarnación
estáis confusos, todo da vueltas en vuestras
cabezas.
Podríamos extendernos mucho sobre esta
cuestión exponiendo por ejemplo lo que pensaban
los tibetanos, los hindús, los egipcios, sus
trabajos y experiencias.
Pero me contentaré con
interpretar algunos pasajes de las escrituras y os
probaré que el mismo Jesús conocía y aceptaba
la reencarnación. Diréis que hojeando los Evangelios
en ningún momento habéis encontrado la
palabra « reencarnación ». Pero os contestaré que
no tiene nada de sorprendente el no mencionar
explícitamente la reencarnación en una época
en la que todos creían en ella.
Los evangelistas
no hablaron específicamente de la reencarnación porque no podían prever que más tarde la
gente dejaría de creer en ella. Relataron pocas
cosas en sus escritos, y era ilógico extenderse
sobre un punto que formaba parte de la tradición.
Esto no parece convincente ... de acuerdo,
ya os convenceréis más adelante.
e Estudiemos en los Evangelios algunas cuestiones
propuestas por Jesús o sus discípulos, y
los comentarios y respuestas dadas.
Un día Jesús
preguntó a sus discípulos : «¿ Quién dicen que
soy ?» ¿ Qué significa esta pregunta ? ¿ Sabéis de
alguien que pregunte : « Quién dicen que soy » ?
Saben perfectamente quienes son, y por l o tanto
no se interesan por lo que dicen los demás. Sólo
se hace esta pregunta, si se cree en la reencarnación.
Y fijaos en la respuesta de los discípulos :
«Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros
que Elías, otros que Jeremías o alguno de los
profetas». ¿ Cómo puede decirse de alguien que
es ése o aquél mucho tiempo después de que
haya muerto, si no se sobreentiende la idea de la
reencarnación ?
(l En otra ocasión Jesús y sus discípulos encontraron
a un ciego de nacimiento.
Los discípulos
preguntaron : « Rabí, ¿ quién pecó, él o sus
padres para que haya nacido ciego ? » Aquí comprobamos
lo mismo. Estas preguntas son absurdas
si no se cree en la reencarnación.
¿ Cuándo
habría podido pecar este hombre ? ¿ En el vientre de su madre ? ¿A qué taberna iba, a qué bar?
¿ Qué negocios sucios hacía ? ¿ A quién asesinó ?
O se trata de una cuestión estúpida, o se
sobreentiende la creencia en una vida anterior.
Diréis ; «Los discípulos de Jesús no eran gente
instruida, se dice que eran pescadores, entonces
puede ser que hicieran preguntas un tanto
extrañas». De ser así Jesús se lo hubiera hecho
saber. Observamos claramente que Jesús no
duda algunas veces en corregir a sus discípulos.
Sin embargo en esta pregunta concreta no les
corrige, simplemente les responde ; «No se debe
a que él o sus padres hayan pecado . . . » Este también
es un punto importante. Si los discípulos
preguntaron si los padres fueron quienes pecaron
para que su hijo naciera ciego, fue porque
aprendieron de la ley hebraica que cada anomalía,
cada dolencia, cada desgracia es debida a
una infracción de las leyes, pero también es
posible que una persona pague por otra ; por lo
tanto al ver a alguien en desgracia no podemos
saber si expía sus propias faltas o bien se sacrifica
por otro.
Era una creencia admitida entre los Judíos
que todo lo malo que nos ocurre es el resultado
de una transgresión. Así pues los discípulos
hicieron esa pregunta porque sabían que un
hombre no puede nacer ciego sin razón . . . o porque
eso complazca al Señor, como se imaginan los cristianos.
Jesús respondió : «No es porque él
o sus padres hayan pecado, sino para que las
obras de Dios se manifiesten en él», es decir
para que al pasar por aquí, yo le cure y el pueblo
crea en mí. Y les explicó : «Os han enseñado
que los hombres sufren por dos razones : o porque
han cometido actos impuros y son castigados,
o porque a pesar de no haber cometido ningún
pecado, aceptan el karma de los demás,
sacrificándose para evolucionar. También existe
una tercera categoría de seres que ya han terminado
su evolución, que son libres y a quienes
nada les obliga a descender de nuevo sobre la
tierra, pero que a menudo descienden porque
aceptan sufrir cualquier enfermedad, suplicio o
martirio, con tal de poder ayudar a los humanos.
Pues bien, este ciego forma parte de esta tercera
categoría. Ni él ni sus padres pecaron ; descendió
sobre la tierra con esta dolencia para que yo
le curase y para que todo el mundo crea en mí».
y de este modo este hombre salvó a mucha gente.
• Si todavía no estáis convencidos, he aquí más
argumentos. Un día Jesús supo que Juan Bautista
había sido encarcelado, y el texto dice simplemente
: «Jesús al saber que Juan fue entregado,
se retiró a Galilea». Algún tiempo después Juan
Bautista fue decapitado por orden de Herodes.
Después de la transfiguración, los discípulos preguntaron a Jesús : «¿Por qué los escribas
dicen que EIías debe venir primero ? » Y Jesús
responde : «Ciertamente Elías ha de venir a restaurarlo
todo, pero yo os digo que Elías ya ha
venido, pero no le han reconocido, sino que han
hecho con él lo que han querido. » Y el texto
añade : «Los discípulos comprendieron que
hablaba de Juan Bautista». Entonces está claro
que Juan Bautista fue la reencarnación de Elías.
y además, el Evangelio nos dice también que en
el momento en que un ángel se le apareció a
Zacarías, padre de Juan Bautista, para anunciarle
que su mujer Isabel daría a luz un hijo, le
dijo : «Irá delante de Dios con el espíritu y el
poder de Elías».
Veamos ahora la vida del profeta Elías y busquemos
la causa por la cual más adelante se le
decapitaría bajo el nombre de Juan Bautista. Es
una historia muy interesante. Elías vivió en
tiempos del rey Acab. Acab desposó a Jezabel,
hija del rey de Sidón, y a causa de ella rendía
culto a Baal. Elías se presentó delante del rey
Acab para reprocharle su infidelidad al Dios de
Israel, y le dijo : «Durante años no habrá ni lluvia
ni rocío, hasta que yo lo diga». Y partió por
orden de Dios a las montañas, para escapar a la
persecución del rey. Al cabo de tres años la
sequía causó grandes estragos en todo el país : el
pueblo sufrió grandes necesidades y Dios envió de nuevo a Elías delante del rey Acab y éste en
cuanto le vio le reprochó violentamente el ser el
causante de la sequía. «No, dijo el profeta, tú
eres la causa porque abndonaste al Eterno para
rendir culto a Baal. Y ahora veremos quién es el
verdadero Dios. Ordena que todos los profetas
de Baal se reúnan en el monte Carmelo . . . » Se
reunieron todos los profetas y Elías dijo : «Ahora,
traed dos toros y haremos dos altares, uno
para el Eterno y otro para Baal. Los profetas
invocarán a Baal y yo invocaré al Eterno. El
Dios que conteste con fuego será el verdadero
Dios. »
Los profetas empezaron desde la mañana
hasta el mediodía a invocar : « Baal . . . Baal . . .
Baal. . . contéstanos . . . » Pero n o obtuvieron ninguna
respuesta, y Elías se reía de ellos : «Gritadle
un poco más fuerte para que os oiga, quizás
esté ocupado en otras cosas, haya salido de
viaje o esté durmiendo». Los profetas gritaron
más fuerte e incluso, como practicaban la magia,
se hicieron algunos cortes en el cuerpo esperando
atraer, mediante el derramamiento de sangre,
larvas y elementales que hiciesen caer el fuego
sobre su altar. Pero nada de esto ocurrió. Entonces
Elías dijo : «Ya basta, que traigan doce piedras
». Y con esas piedras hizo un altar alrededor
del cual ordenó cavar una zanja ; puso madera
sobre las piedras, y sobre la madera el toro troceado. Hizo regarlo todo con agua, además de
llenar la zanja. Todo estaba preparado, y entonces
Elías invocó al Señor : « Eterno, Dios de
Abraham, de Isaac, de Israel, que hoy sepamos
que Tú eres Dios en Israel, que soy tu siervo y
que hice todas esas cosas mediante tu palabra».
y el fuego cayó del cielo con tanta fuerza que
todo fue consumido : no quedó ni víctima, ni
madera, ni piedras, ni agua. Y así todo el pueblo,
aterrorizado, reconoció que el verdadero
Dios era el Dios de Elías.
Después, sin duda
demasiado orgulloso de su victoria, Elías hizo
conducir a los cuatrocientos cincuenta profetas
de Baal junto a un torrente y allí fueron degollados.
y por ello era natural prever que a su vez
sería degollado. Porque existe una ley que Jesús
enunció en el huerto de Getsemaní, cuando
Pedro, precipitándose sobre el siervo de Caifás,
le cortó la oreja : «Pedro, devuelve tu espada a !}
su vaina, porque aquellos que tomen la espada,
perecerán por ella» . Pero no siempre en una
misma existencia podemos comprobar la veracidad
de estas palabras.
Y Elías, ¿ cómo murió ?
No solamente no fue masacrado sino que le fue
enviado un carro de fuego con el que fue transportado
al Cielo. Pero recibió el castigo en cuanto
regresó a la tierra en la persona de Juan Bautista.
Jesús sabía quién era y cuál era el destino que le esperaba. Pero a pesar de ello, aún diciendo
grandes alabanzas de él : « Entre todos los
nacidos de mujer, ninguno ha sido más grande
que Juan Bautista», no hizo nada para salvarle.
y no hizo nada porque la justicia debía seguir su
curso. Ahora podemos comprender por qué
abandonó el país cuando supo del encarcelamiento
de Juan Bautista : porque no debía salvarle.
La ley es la ley.
Pero vayamos aún más lejos : voy a demostraros
ahora que sin la reencarnación nada tendría
sentido en la religión ni tampoco en la existencia.
Preguntad a un cura o un pastor : « Explíqueme
: ¿ por qué tal hombre es rico, hermoso,
inteligente, fuerte, por qué todas sus iniciativas
resultan un éxito y por qué ese otro hombre es
enfermizo, feo, pobre, miserable y estúpido ? »
O s responderán que es la voluntad del Señor o
quizás os hablen de la predestinación y de la gracia,
pero eso no os explicará gran cosa. De todas
formas siempre es la voluntad de Dios.
Analicemos un poco esta cuestión ; ya que
Dios nos ha concedido un poco de cerebro, no
dejemos que se oxide.
Así que el Señor tiene sus
caprichos, hace lo que le viene en gana, lo da
todo a unos y a los demás nada. Muy bien, puedo
comprenderlo. Es Dios, y ésa es su voluntad
! Pero encuentro incomprensible que esté descontento, que se enfurezca y se sienta ultrajado
cuando aquellos a quienes nada dio cometen
faltas y son malvados, infieles y criminales. Ya
que fue El mismo quien dio a los humanos esta
mente, esta falta de inteligencia o de corazón,
¿ por qué les castiga ? El, todopoderoso, ¿ no
podía haberlos hecho buenos, honestos, inteligentes,
sabios, piadosos, magníficos ?
No solamente
El es el responsable de sus crímenes, sino
que además les castiga por ellos. Ahí es donde
me pierdo. Tiene todos los poderes, hace lo que
quiere, de acuerdo, no podemos reprochárselo,
pero entonces, ¿ por qué no es un poco más consecuente,
más lógico, más justo ? Por lo menos
debería dejar a los humanos tranquilos y no
arrojarlos al Infierno por toda la eternidad.
y todavía hay más. Me pregunto : «¿ Cuánto
tiempo habrán pecado ? ¿ treinta o cuarenta
años ? Muy bien, que permanezcan en el Infierno
cuarenta años, no más. Pero toda la eternidad
. . . En eso sí que no estoy de acuerdo. Razonemos
un poco ; los hombres no se atreven a
razonar porque se encuentran ofuscados por
todo lo que se les ha enseñado. Razonar es un
crimen, según parece. Entonces, ¿ para qué sirve
la inteligencia ? ¿ para qué nos la ha dado Dios ?
Sin embargo si aceptamos la reencarnación,
si la estudiamos y la comprendemos, entonces
todo cambia.
Dios es ciertamente el Maestro del Universo, el más grande, el más noble, el más
justo y comprendemos que si somos pobres, tontos
y desgraciados es por nuestra propia culpa,
porque no supimos utilizar todo lo que nos dio
al principio. Hemos querido hacer experiencias
costosas, y El, el Señor, puesto que es generoso y
tolerante, nos lo ha permitido, diciendo : « Sufrirán
y se darán de bruces, pero esto da igual porque
seguiré ofreciéndoles mi amor y mis riquezas.
. . tendrán numerosas reencarnaciones por
delante ... » El nos dejó libres y somos culpables
de todo lo que nos ocurra. ¿ Por qué la Iglesia ha
declinado toda la responsabilidad de nuestro
destino sobre el Señor ? Diréis : «No, no ha
hecho tal cosa, simplemente ha suprimido la
creencia en la reencarnación».
Pero en realidad,
si reflexionamos, vemos que se trata de lo mismo.
Hasta el siglo cuarto los cristianos creían en
la reencarnación, al igual que los judíos, los
egipcios, los hindús, los tibetanos, etc . . . Pero sin
duda los Padres de la Iglesia decidieron que esta
creencia no haría más que retrasar y alargar las
cosas, que lo hombres no tendrían prisa en
mejorarse, y entonces creyeron que suprimiendo
la reencarnación empujarían a la gente a perfeccionarse
en una sola vida. Ahora bien, como
sustitución, la Iglesia inventó cosas verdaderamente
espantosas con el fin de atemorizar a los humanos, hasta el punto que en la Edad Media
no se creía más que en el Diablo, el Infierno y
los castigos eternos. La Iglesia entonces suprimió
la creencia en la reencarnación pensando
que así les obligaría a mejorar más rápidamente,
pero no solamente no han mejorado sino que
han empeorado . . . y por si fuera poco, continúan
en el mismo estado de ignorancia. Por eso
debemos recobrar esta creencia, de lo contrario
nada tiene razón de ser, la vida no tiene sentido,
el Señor es un monstruo, y así sucesivamente . . .
La cuestión de la reencarnación ha sido estudiada
muy seriamente, pero no me extenderé
sobre este particular porque existen suficientes
libros que tratan sobre ello. . . y resulta obvio
observando la manera cómo los Lamas Tibetanos
eligen al Dalai Lama. Sin embargo, os contaré
un caso extraordinario que conocí en Bulgana.
Un día, llegaron a la Fraternidad de Sofía
unos padres muy inquietos porque su hijo decía
cosas incomprensibles. Decían : «Un día le llevamos
de paseo a un lugar donde jamás había
estado y él exclamó : «Pues yo ya conozco este
lugar, he venido aquí muchas veces», e incluso
describió los alrededores ; era cierto, sin embargo,
nunca había estado allí» (los padres sabían
que era su primer hijo quien había estado en
aquel lugar). « ¿ No lo recordáis ? Cuando iba a la escuela, yo me escondía allí . . . y aquí fue donde
me ahogué, en el río». Efectivamente, allí fue
donde su primer hijo se ahogó, pero él no podía
saberlo, porque nadie se lo había dicho.' Así
pues, fue el primer hijo quien volvió a encarnarse
en la misma familia. Es bastante raro que un
niño venga a encarnarse dos veces en la misma
familia, pero puede ocurrir. Hasta los siete años,
podemos interrogar a los niños, ya que recuerdan
muchas cosas. Pero en vez de escucharles,
las madres prefieren darles un cachete y decirles
: « j Cállate ! No dices más que tonterías . . . »
Una vez, dos veces, tres veces . . . a la larga los
niños ya no se atreven a contar nada.
Ya os he mostrado que aunque la palabra
« reencarnación » no figure escrita en los Evangelios,
algunas páginas muestran que esta creencia
pertenecía a la tradición. Puedo daros aún otro
ejemplo. Hay un pasaje en el cual Jesús dijo :
«Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es
perfecto». ¿ Qué podemos pensar de esta frase ?
O Jesús habla sin pensar al pedir a hombres tan
imperfectos que se eleven en algunos años hasta
la perfección del Padre Celestial, o no se da
cuenta de la grandeza del Padre Celestial y se
imagina que es muy fácil llegar a ser como El.
Ninguna de las dos opciones habla en favor de Jesús. En realidad esta frase también sobreentiende
la reencarnación. Jesús no pensaba que el
hombre fuese capaz de ser perfecto en una sola
existencia, sino que sabía que a medida que
anhelase esta perfección y trabajase para obtenerla,
después de varias encarnaciones, terminaría
consiguiendo su objetivo.
Y, ¿ qué escribió Moisés al principio del
Génesis, en el momento de la creación del hombre
? «y Dios dijo : hagamos al hombre a nuestra
imagen y semejanza, y que domine sobre los
peces del mar, sobre los pájaros del cielo, sobre
el ganado . . . Dios creó el hombre a su imagen, a
su imagen le creó». Y, ¿ dónde se ha quedado la
semejanza ? Sin duda Dios tuvo la intención de
crear el hombre a su imagen y semejanza, es
decir, perfecto como El, pero no lo hizo. Le creó
solamente a su imagen, con las mismas facultades,
pero sin darle la plenitud de sus facultades,
la semejanza.
Fijaos en la bellota de una encina ; está hecha
a imagen de su padre, es decir que posee las mismas
posibilidades que su padre, pero no se le
parece, todavía no es como la encina, lo será a
partir del momento en que sea plantada. El
hombre está hecho a imagen de Dios, es decir,
que posee la sabiduría, el amor, el poder del
creador, pero en un grado minúsculo. Después,
un día, cuando se desarrolle, con el tiempo, se le asemejará y poseerá sus virtudes en plenitud. Y
ese desarrollo, ese paso de la imagen a la semejanza,
sobreentiende la reencarnación. Dios
dijo : «Creemos al hombre a nuestra imagen y
semejanza», pero no lo hizo. « Dios creó el hombre
a su imagen, a su imagen le creó » ; y precisamente
en la ausencia de la palabra semejanza y
la repetición de la palabra imagen, Moisés
escondió la idea de la reencarnación.
Pero la gente no sabe leer los libros... y
menos aún el gran libro de la naturaleza viviente,
donde también está inscrita la reencarnación.
Consideremos la imagen del árbol. Solamente
los cabalistas han comprendido verdaderamente
la imagen del árbol, del cual han hecho un símbolo
universal : todas las criaturas están situadas
en alguna parte de ese árbol, ya sea como raíces,
como cortezas o como hojas, flores o frutos.
Según su vastísima ciencia, todas las existencias,
todas las actividades, todas las regiones tienen su
lugar en el Arbol de la Vida. Y en diferentes
épocas del año, las hojas, las flores y los frutos
caen del árbol ; se descomponen y se convierten
en abono que es absorbido por las raíces. Y lo
mismo ocurre con los seres. Cuando un hombre
muere, es absorbido de nuevo por las raíces del
Arbol Cósmico, pero muy pronto reaparece bajo
otra forma : rama, flor, hoja . . . nada se pierde ;
los seres desaparecen y reaparecen sin cesar sobre este Arbol formidable que es el Arbol de la
Vida.
Ya lo veis, la reencarnación está inscrita en
todas partes.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

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