Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

martes, 28 de mayo de 2019

LA CUESTIÓN DE LOS INDESEABLES


     


En la página del Maestro Peter Deunov que os he leído esta mañana, hay una frase sobre la que quisiera detenerme, y es la siguiente: El mal es comparable a unos inquilinos que han entrado en vuestra casa y que permanecen durante años sin pagaros alojamiento… Esta frase puede extrañar a mucha gente, pues, la idea de que el ser humano está habitado por entidades extrañas a él no está muy extendida.  Sin embargo, es muy importante que lo sepáis.  ¿Para qué es importante?  Para vuestra salud, para vuestra libertad, para vuestra salvación.
     
En los Evangelios, Jesús dio: Si guardáis mis mandamientos, mi Padre y yo vendremos a establecer en vosotros nuestra morada.   
Esto significa. Pues, que el ser humano está construido de tal forma que puede abrigar en él a otras  entidades.  Y aunque estas entidades pueden ser el Señor, el Espíritu Santo, el Cristo, desgraciadamente también pueden ser espíritus del mal, diablos.  
     
Los Evangelios hablan de ello con mucha claridad.
Conocéis la historia de María Magdalena, a la cual Jesús liberó de siete demonios.  Se habla de siete, pero tenían una muchedumbre de servidores de ellos; se trataba de una legión de indeseables.  ¡Se les llama así, pero con anterioridad habían sido muy deseados!... Sí, María Magdalena había hecho todo lo posible para atraerles, para invitarles.  Diréis: Pero, ¡no es posible!  Ella no conocía la existencia de esos espíritus… Lo cual es cierto: como era ignorante, no sabía que con su forma de vivir, su costumbre de seducir a los hombres, ella invitaba a los espíritus astutos.  Y una vez invitados, se instalan para ser albergados y alimentados gratuitamente…   Comen, beben, lo ensucian todo, y después rompen los muebles y la vajilla, simbólicamente, claro está.
     
Cuando Jesús encontró a María Magdalena, vio que no solamente era una mala mujer, sino que era buena y generosa y, que posiblemente a causa de esta bondad había aceptado servir a los humanos… pero de una forma poco curiosa, evidentemente. 
Además, si se observa un poco este tipo de mujeres, las prostitutas, se da uno cuenta que muchas veces tienen grandes cualidades.   Ahora bien, al lado de esas cualidades, a las pobres les falta inteligencia, discernimiento, son tan débiles e influenciables que se convierten en las víctimas propiciatorias, porque siempre hay quien se aprovecha de su debilidad.   Por lo demás, la sociedad es muy cruel con ellas.
     
Así pues, Jesús decidió liberar a María Magdalena de esos espíritus astutos, porque vio que una vez liberada, haría un gran bien a muchos de los que pertenecían a su medio habitual.  Sí, pues cada ser está siempre en relación  con los habitantes de su región, del medio al cual pertenece.  Cuando cae, arrastra a muchos otros con él y cuando se eleva, también los eleva.  La potencia del bien y del mal procede de que no estén aislados: el mal tiene ramificaciones, amistades, incalculables relaciones, y el bien también.  Por eso cada ser es responsable de lo que hace, de lo que piensa y de las sensaciones que experimenta.
     
Conocéis también la historia del poseso de Jericó.  Jesús, dirigiéndose al espíritu que lo habitaba, le preguntó cuál era su nombre. Legiones respondió, porque habían entrado en él muchos demonios y le hacían cometer actos insensatos: corría por las montañas sin vestimentas y lanzando gritos, se cortaba el cuerpo con piedras, etc… Pero no vale la pena que os hable de todos los casos de posesión que se mencionan en el Antiguo y el Nuevo Testamento, estos ejemplos bastan.   En toda la literatura esotérica, encontraréis un gran número de relatos que cuentan de qué manera los espíritus han tomado posesión de ciertas personas para atormentarlas, debilitarlas, destruirlas, y en cada religión se encuentran también ritos de exorcismo con oraciones y fórmulas apropiadas.  Desde la  creación del mundo se sabe que el ser humano no es un edificio vacío, sino que alberga dentro de sí un gran número de habitantes.
     
Los indeseables son, pues, criaturas de un orden inferior que se instalan en el hombre y le inspiran todo tipo de actos reprobables e insensatos, hasta aniquilarlo.  Porque cuando el hombre ha albergado a esos espíritus, es su prisionero, ya no puede deshacerse de ellos.  Algunas veces, por la gracia divina o cuando ha pagado ya su Karma y el plazo ha vencido, unos amigos del Cielo le ayudan a echarlos, pero no es frecuente, nada es frecuente; hay que haberlo merecido, hay que haberse esforzado mucho.
     
Y ahora si les decís a los humanos que han invitado a unos espíritus malhechores a que vengan a habitar en ellos, no solamente no os creerán,  sino que se burlarán de vosotros o se pondrán furiosos.  Desgraciadamente, es la verdad, la pura verdad.
     
No quiero describiros esos espíritus, sus formas, sus emanaciones, porque hablando así se ata uno a ellos, se les vivifica.
Os diré solamente cómo el hombre los atrae: cada vez que éste no mantiene una pureza irreprochable en sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos, prepara las condicione para que vengan estos indeseables.
Tomemos un ejemplo en la vida cotidiana: cuando tenéis una mesa bien limpia, bien lavada, ningún animalejo vendrá a pasearse por ella.  Pero si por falta de atención dejáis por ahí alimentos, veréis cómo aparecerán animalejos de todo tipo, sobre todo si encuentran algunas pequeñas fisuras o algunos agujeritos por donde colarse.  Todavía otro ejemplo: cuando se estudia zoología, se constata que cada especie animal (insectos, animales salvajes, mamíferos, reptiles, pájaros) gusta de un alimento bien determinado.  

Los unos comen granos, los otros comen hierbas, carne o gusanos, y algunos, como los chacales, las hienas y los buitres se alimentan de cadáveres.  Así pues, para poder nutrir a los animales, hay que conocer los alimentos que les convienen.  Estos fenómenos explican precisamente que sí mantenéis en vosotros ciertos deseos o sentimientos que no son ni luminosos ni puros, aparecen inmediatamente unas entidades determinadas a quienes les gustan estas impurezas y se instalan en vosotros para alimentarse de ellas; pero si os purificáis, si os volvéis razonables, estas entidades os deja y entonces podéis estar tranquilos.  ¿Veis?
     
¡Está claro!  Pero muy pocos saben leer en este libro de la naturaleza viviente que está ahí abierto, ante nosotros.  Diréis que no son más que pequeños detalles, sí, pero sus aplicaciones en la vida psíquica son inmensas.
     
Cada pensamiento, cada sentimiento que pasa a través del hombre puede atraer a los espíritus más luminosos, a los más evolucionados, y rechazar a las criaturas malhechoras que entonces son absorbidas por el centro de la tierra; o bien, por el contrario, atrae las larvas, los elementales, los demonios, y en ese momento los espíritus luminosos que habían venido a ayudarle se van porque no pueden soportar las emanaciones nauseabundas que los demás producen.  Desgraciadamente este terreno no es muy conocido y esta ignorancia es la causa de muchas desdichas.
     
En tanto que la ciencia oficial no llegue a admitir la existencia de estas criaturas invisibles, en tanto que reduzca todo lo que ocurre en el hombre a unos procesos químicos y físicos, no obtendrá grandes resultados.  
En realidad, os lo he dicho ya, los procesos químicos y físicos son en sí mismos la consecuencia de procesos psíquicos; sí, no son más que consecuencias.   Evidentemente, los biólogos no han llegado a descubrir a estos indeseables con escalpelos, lupas y microscopios, pero ello no es una razón para negar su existencia; el que no les hayan visto no significa que no exista.

¡Si supieseis la cantidad de entidades que los clarividentes ven entrar y alojarse en los seres humanos!  Naturalmente ellos mismos no los ven, pero si fueran más vigilantes, se darían cuenta en qué momento una entidad negativa está entrando en ellos y cuáles son todos los trastornos que provoca.   Cuando os sentís de repente molestos, desgraciados o invadidos por los deseos o los sentimientos más inferiores, es que estáis siendo visitados por indeseables.  Y ¿por qué os visitan?  Porque habéis preparado alimento para ellos.

     
Nuestro cuerpo físico es como una casa con varios pisos, que están todos habitados.  La bodega, la planta baja, el primer, el segundo, el tercer piso, etc… tienen sus habitantes.  E incluso, arriba del todo, sobre la terraza, aún se encuentran otros habitantes con aparatos para observar las estrellas, el sol, la luna, y transmitirnos mensajes.   Os explique un día que la diferencia entre las diversas categorías de hombres (los brutos, los hombres normales, los hombres de talento, los genios, los santos, los Iniciados y los Maestros) viene del número y de la calidad de los habitantes que han traído y de la armonía más o menos grande que reina dentro de esos habitantes.  Se puede también comparar este fenómeno a lo que ocurre en una familia.  Evidentemente en el momento actual, los miembros de una familia no viven ya tan juntos, pero en el pasado, desde los bisabuelos hasta los bisnietos, todos estaban allí ensamblados en una misma casa.   Así es la casa interna del hombre.
     
Algunas veces decís: {No sé por qué, pero tengo la impresión de que hay dos seres en mí.  Cuando viene uno, soy bueno, comprensivo, y todo el mundo está maravillado… ¡Pero cuando se manifiesta el otro, soy espantoso!..
    
Se pueden manifestar muchos más de dos, pero consideremos solamente dos.   Ni el psicoanálisis ni la fisiología pueden explicar la existencia de estas manifestaciones contradictorias en el hombre. 
     
Se estudian las células, pero no se sabe si hay habitantes en esas células.   Cuando los biólogos estudian la célula, en realidad no estudian más que la casa del ser que la habita; se contentan, pues, con describir la forma (hexagonal, redonda, etc…)   la estructura (membrana, citoplasma, núcleo), y los intercambios con el exterior, sin saber nada del alma que la habita ni de la vida que circula en esa alma.  Y, sin embargo, es ahí donde se encuentra la explicación de todo lo que ocurre en el hombre.   
Estamos hechos de una multitud de habitantes, pero en conjunto podemos dividirlos en dos categorías, buenos y malos, los cuales se nos presentan por turno.
     
Suponed una familia con dos hermanos: el uno es maravilloso y el otro casi un monstruo.  Evidentemente los padres son buenos. Honestos, inteligentes, se tiran de los pelos porque no comprenden de dónde les viene este hijo espantosos, ni a qué se debe el  que los dos hermanos sean tan diferentes el uno del otro.  Simplemente, se debe a que los padres los han invitado a los dos.  Y, ¿cómo?  Es muy fácil.   Puesto que no conocen muy bien las leyes del karma, los padres, en una encarnación precedente, contrajeron una deuda con respecto a una criatura que ha venido ahora a su casa para ser alimentada, alojada y… blanqueada; por eso deben de cuidar de ese hijo, preocuparse por él, y pagar por todos los disparates que hace.
     
Y también nosotros, interiormente, somos como una familia numerosa con hijos, padres, abuelos, etc… Y aquel que se observa,  ¡es increíble todo lo que puede descubrir en esta familia que se amontona en él!  ¡Cada cual viene por turno a hablar, gesticular, reclamar, vale verdaderamente la pena tener buena memoria!...
     
Así pues, si hay indeseables que habitan ahora en nosotros, se debe a que hemos atraído al transgredir ciertas leyes, y ahora que están aquí, debemos de educarles.  Sí, es muy difícil deshacerse de ellos; solamente podemos educarlos, hacer grandes sacrificios por ellos, porque algo les debemos.   Evidentemente, les gusta mucho colarse por todas partes fraudulentamente, pero éramos nosotros quienes no debíamos dejarles penetrar.  Los espíritus luminosos no entran nunca si no se les llama, pero los demás no respetan ninguna ley y entran sin pedir permiso.
     
Contra estos espíritus astutos, los Iniciados se sirven a veces de procedimientos mágicos y de pantáculos.  Si habéis leído Fausto  evidentemente Fausto no era un gran Iniciado, pero poseía conocimientos ocultos), habréis visto que colocó encima de su puerta un pentagrama para impedir que los elementales entrasen y los buenos espíritus saliesen.   Para protegerse, existen pantáculos que se pueden utilizar después de haberlos  preparado por medio de fórmulas y de ritos mágicos, y muchos ocultistas se sirven del pentagrama.   En la vida corriente veis escritos como: Prohibida la entrada, Propiedad privada, Prohibido tirar basuras… Exactamente lo mismo ocurre en el campo espiritual, sólo que estas prohibiciones están indicadas por símbolos y talismanes  que los espíritus  comprenden y respetan, mientras que los escritos humanos no son siempre muy eficaces.   

Aunque esté escrito que se prohíbe depositar basuras, se hace durante la noche; si está escrito en un tren {Prohibido fumar}, todo el mundo fuma, y así sucesivamente.  En cambio los Iniciados tienen medios de protección mucho más eficaces que los escritos, y sí los espíritus pasan por encima de sus prohibiciones, son fulminados.
    
Entonces, ¿resulta ahora más clara esta cuestión para vosotros? 
No se quiere creer en la existencia de los indeseables, pero, quiérase o no, se producen continuamente todo tipo de manifestaciones que prueban su existencia.   Los vicios, por ejemplo, ¿qué son los vicios?  Todo el mundo reconoce la realidad de los vicios, pero, ¿cómo explicarlos?... He aquí un hombre que tiene bondad, inteligencia, instrucción y todo tipo de cualidades, pero al lado de esto, tiene un vicio espantoso que no llega a vencer.  Hace, sin embargo, esfuerzos extraordinarios, pero cuando llega el momento, de nuevo sucumbe.   En todos los demás campos puede ser excepcional, tener talento, ser músico, artista, pero he ahí que es borracho, supongamos, y no puede dejar de beber.   Como Chaliapine, por ejemplo… ¡Que voz tenía!  Pero bebía…   Otros tienen la pasión del juego: la ruleta, el bacarrá, y se arruinan jugando.  ¿Cómo explicar esto?  ¿Se explicara esto?  Se explicará por que no sé qué complejo psicológico, o por una mala costumbre que el hombre ha heredado de su familia o imitado de su entorno, pero en realidad ello no explica nada.
     
La ciencia oficial no está todavía en condiciones de explicar estos fenómenos.   Sólo la Ciencia Iniciática es capaz de hacerlo y os dirá que este vicio, son seres invisibles que el hombre debe alimentar porque les ha invitado, les alberga: y ahora les ha fortalecido tanto que está absolutamente dominado por ellos, no consigue ya desembarazarse de ellos.  Sí, mis queridos hermanos y hermanas, los vicios no son otra cosa que criaturas que se han instalado en el ser humano para hacer de él su esclavo.  Es posible vencerles, amaestrarles, pero  hace falta para ello una voluntad y un saber extraordinarios.
     
Entonces. ¿Cuáles son los medios para no atraer a los indeseables?  El primero es la pureza (pero la pureza comprendida en todos los campos), y después el calor y la luz.  La pureza les deja morir de hambre, porque en la pureza no hay alimento para los indeseables.  La luz les espanta y les aleja, y el calor les hace secarse y los quema.  Evidentemente, es una forma de hablar.  Tener luz es conocer la realidad de las cosas, y por lo tanto comprender muy claramente esta cuestión; tener calor es tener mucho amor por un ideal divino; y tener pureza es llevar una vida ejemplar para no permitir a esas criaturas acercarse y aposentarse.   Y además, si en ese momento intentan colarse, son inmediatamente rechazadas porque todas estas cualidades de pureza, de inteligencia y de amor, las separa.
     
Entonces, ¿lo veis?  La enseñanza nos aporta todo lo necesario para comprender.  Nos muestra claramente que todo depende de nosotros, e incluso si en el pasado hemos cometido faltas que han permitido a los indeseables venir a introducirse en nosotros, hay remedios.  Hay que volverles razonables, hay que convencerles de que en lugar de destruirlo todo en nuestra morada, valdría más que participasen a su embellecimiento aportándonos alguna cosa: si son músicos que nos den su música; si son sabios, que vengan a revelarnos los secretos de la naturaleza.   
Pues entre estas criaturas, algunas son muy sabias y capaces, pero en lugar de ayudarnos nos arrebatan nuestras fuerzas.  Mientras que los espíritus luminosos, si se instalan en nosotros, nos dan todo lo que poseen.  Además, entre estos buenos espíritus que vienen a ayudarnos, muchos pertenecen a nuestra familia: son abuelos y abuelas que quieren sostener a sus hijos o a sus nietos.  Ellos son los que la Ciencia Iniciática llama espíritus familiares.   Ahí todavía, es necesario el discernimiento: entre estos espíritus, algunos son desinteresados y evolucionados, pero otros  lo son un poco menos.
     
Cuando un abuelo, por ejemplo, ha fumado en pipa toda su vida, quiere fumarla todavía a través de su nieto,  y he ahí que el nieto fuma en pipa; ¡No puede deshacerse de esta costumbre porque el abuelo,  allá, desde el otro lado, es muy obstinado y está empeñado en su pipa!...  ¡Pues sí,  de que cosas por conocer todavía!  Alguien dirá: ¿Los indeseables? ¡Pero he aquí que a espaldas suyas los indeseables le tienen atrapado, y bien atrapado!...  Por eso es necesario que lleguéis un día a ocuparos seriamente de esta cuestión, que aprendáis cómo actuar respecto a todas estas entidades malhechoras, cómo educarlas, iluminarlas…  El alejarlas, os he dicho, es difícil; e incluso si se intenta, los resultados son a menudo peores.  

Hay pues que ayudarlas o incluso rezar por ellos mostrándoles mucha buena voluntad y mucho amor, de lo contrario se ponen furiosas y os arrasan.  Para alejarlas hay que ser muy fuerte, muy poderosos, y antes  de intentarlo vale la pena hablarles para tratar de entenderse con ellas.  Ciertos clarividentes lo han visto: cuando era atormentada por una entidad malhechora y se dirigía a ella, rezaba por ella o le leía pasajes de los  Evangelios, el clarividente podía ver la entidad escuchándole, y a veces incluso dejar esta persona.  

La persona no veía nada, solamente se daba cuenta de que su estado había cambiado, pero el clarividente  veía como se iba el espíritu.
     
Yo también he hecho muchas comprobaciones en este terreno.
Para mí no hay duda, creo absolutamente en estas cosas.
Vosotros también debéis de creer en ello, de lo contrario, vuestra situación nunca mejorará.  Estas criaturas existen verdaderamente.  Algunas son muy comprensivas, evolucionadas e iluminadas, mientras que otras son de un orden verdaderamente inferior, y resultan difíciles de tratar.  Aunque les deis explicaciones no comprenden.  Con ellas hay que tomar medidas del todo diferentes.  Pero sobre todo no intentéis luchar, pues, pues, como ya he dicho, es peligroso y seríais arrasados.  Debéis de suplicar a otros espíritus; los más iluminados y los más poderosos, para que vengan a instalarse en vosotros, a luchar en vuestro lugar, pues ellos son capaces de hacerlo, tienen todos los medios, todas las armas, pero vosotros, ¡no luchéis!
     
Sí, mis queridos hermanos y hermanas, se trata de una ciencia muy vasta que no puedo exponeros en algunos minutos, pero os he dicho lo esencial, y si me creéis, vais a empezar una evolución fantástica.

OMRAAM


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