En la página del Maestro Peter Deunov que
os he leído esta mañana, hay una frase sobre la que quisiera detenerme, y es la
siguiente: El mal es comparable a unos inquilinos que han entrado en vuestra
casa y que permanecen durante años sin pagaros alojamiento… Esta frase puede
extrañar a mucha gente, pues, la idea de que el ser humano está habitado por
entidades extrañas a él no está muy extendida.
Sin embargo, es muy importante que lo sepáis. ¿Para qué es importante? Para vuestra salud, para vuestra libertad,
para vuestra salvación.
En los Evangelios, Jesús dio: Si guardáis
mis mandamientos, mi Padre y yo vendremos a establecer en vosotros nuestra
morada.
Esto significa. Pues, que el ser humano
está construido de tal forma que puede abrigar en él a otras entidades.
Y aunque estas entidades pueden ser el Señor, el Espíritu Santo, el
Cristo, desgraciadamente también pueden ser espíritus del mal, diablos.
Los Evangelios hablan de ello con mucha
claridad.
Conocéis la historia de María Magdalena, a
la cual Jesús liberó de siete demonios.
Se habla de siete, pero tenían una muchedumbre de servidores de ellos;
se trataba de una legión de indeseables.
¡Se les llama así, pero con anterioridad habían sido muy deseados!...
Sí, María Magdalena había hecho todo lo posible para atraerles, para
invitarles. Diréis: Pero, ¡no es
posible! Ella no conocía la existencia
de esos espíritus… Lo cual es cierto: como era ignorante, no sabía que con su
forma de vivir, su costumbre de seducir a los hombres, ella invitaba a los
espíritus astutos. Y una vez invitados,
se instalan para ser albergados y alimentados gratuitamente… Comen, beben, lo ensucian todo, y después
rompen los muebles y la vajilla, simbólicamente, claro está.
Cuando Jesús encontró a María Magdalena,
vio que no solamente era una mala mujer, sino que era buena y generosa y, que
posiblemente a causa de esta bondad había aceptado servir a los humanos… pero
de una forma poco curiosa, evidentemente.
Además, si se observa un poco este tipo de
mujeres, las prostitutas, se da uno cuenta que muchas veces tienen grandes
cualidades. Ahora bien, al lado de esas
cualidades, a las pobres les falta inteligencia, discernimiento, son tan débiles
e influenciables que se convierten en las víctimas propiciatorias, porque
siempre hay quien se aprovecha de su debilidad. Por lo demás, la sociedad es muy cruel con
ellas.
Así pues, Jesús decidió liberar a María
Magdalena de esos espíritus astutos, porque vio que una vez liberada, haría un
gran bien a muchos de los que pertenecían a su medio habitual. Sí, pues cada ser está siempre en
relación con los habitantes de su
región, del medio al cual pertenece.
Cuando cae, arrastra a muchos otros con él y cuando se eleva, también
los eleva. La potencia del bien y del
mal procede de que no estén aislados: el mal tiene ramificaciones, amistades,
incalculables relaciones, y el bien también.
Por eso cada ser es responsable de lo que hace, de lo que piensa y de
las sensaciones que experimenta.
Conocéis también la historia del poseso de
Jericó. Jesús, dirigiéndose al espíritu
que lo habitaba, le preguntó cuál era su nombre. Legiones respondió, porque
habían entrado en él muchos demonios y le hacían cometer actos insensatos:
corría por las montañas sin vestimentas y lanzando gritos, se cortaba el cuerpo
con piedras, etc… Pero no vale la pena que os hable de todos los casos de
posesión que se mencionan en el Antiguo y el Nuevo Testamento, estos ejemplos
bastan. En toda la literatura esotérica,
encontraréis un gran número de relatos que cuentan de qué manera los espíritus
han tomado posesión de ciertas personas para atormentarlas, debilitarlas,
destruirlas, y en cada religión se encuentran también ritos de exorcismo con
oraciones y fórmulas apropiadas. Desde
la creación del mundo se sabe que el ser
humano no es un edificio vacío, sino que alberga dentro de sí un gran número de
habitantes.
Los indeseables son, pues, criaturas de un
orden inferior que se instalan en el hombre y le inspiran todo tipo de actos
reprobables e insensatos, hasta aniquilarlo.
Porque cuando el hombre ha albergado a esos espíritus, es su prisionero,
ya no puede deshacerse de ellos. Algunas
veces, por la gracia divina o cuando ha pagado ya su Karma y el plazo ha
vencido, unos amigos del Cielo le ayudan a echarlos, pero no es frecuente, nada
es frecuente; hay que haberlo merecido, hay que haberse esforzado mucho.
Y ahora si les decís a los humanos que han
invitado a unos espíritus malhechores a que vengan a habitar en ellos, no
solamente no os creerán, sino que se
burlarán de vosotros o se pondrán furiosos.
Desgraciadamente, es la verdad, la pura verdad.
No quiero describiros esos espíritus, sus
formas, sus emanaciones, porque hablando así se ata uno a ellos, se les
vivifica.
Os diré solamente cómo el hombre los
atrae: cada vez que éste no mantiene una pureza irreprochable en sus
pensamientos, sus sentimientos y sus actos, prepara las condicione para que
vengan estos indeseables.
Tomemos un ejemplo en la vida cotidiana:
cuando tenéis una mesa bien limpia, bien lavada, ningún animalejo vendrá a
pasearse por ella. Pero si por falta de
atención dejáis por ahí alimentos, veréis cómo aparecerán animalejos de todo
tipo, sobre todo si encuentran algunas pequeñas fisuras o algunos agujeritos
por donde colarse. Todavía otro ejemplo:
cuando se estudia zoología, se constata que cada especie animal (insectos,
animales salvajes, mamíferos, reptiles, pájaros) gusta de un alimento bien
determinado.
Los unos comen granos, los
otros comen hierbas, carne o gusanos, y algunos, como los chacales, las hienas
y los buitres se alimentan de cadáveres.
Así pues, para poder nutrir a los animales, hay que conocer los alimentos
que les convienen. Estos fenómenos explican
precisamente que sí mantenéis en vosotros ciertos deseos o sentimientos que no
son ni luminosos ni puros, aparecen inmediatamente unas entidades determinadas
a quienes les gustan estas impurezas y se instalan en vosotros para alimentarse
de ellas; pero si os purificáis, si os volvéis razonables, estas entidades os
deja y entonces podéis estar tranquilos.
¿Veis?
¡Está claro! Pero muy pocos saben leer en este libro de la
naturaleza viviente que está ahí abierto, ante nosotros. Diréis que no son más que pequeños detalles,
sí, pero sus aplicaciones en la vida psíquica son inmensas.
Cada pensamiento, cada sentimiento que
pasa a través del hombre puede atraer a los espíritus más luminosos, a los más
evolucionados, y rechazar a las criaturas malhechoras que entonces son
absorbidas por el centro de la tierra; o bien, por el contrario, atrae las
larvas, los elementales, los demonios, y en ese momento los espíritus luminosos
que habían venido a ayudarle se van porque no pueden soportar las emanaciones
nauseabundas que los demás producen.
Desgraciadamente este terreno no es muy conocido y esta ignorancia es la
causa de muchas desdichas.
En tanto que la ciencia oficial no llegue
a admitir la existencia de estas criaturas invisibles, en tanto que reduzca
todo lo que ocurre en el hombre a unos procesos químicos y físicos, no obtendrá
grandes resultados.
En realidad, os lo
he dicho ya, los procesos químicos y físicos son en sí mismos la consecuencia
de procesos psíquicos; sí, no son más que consecuencias. Evidentemente, los biólogos no han llegado a
descubrir a estos indeseables con escalpelos, lupas y microscopios, pero ello
no es una razón para negar su existencia; el que no les hayan visto no
significa que no exista.
¡Si supieseis la cantidad de entidades que
los clarividentes ven entrar y alojarse en los seres humanos! Naturalmente ellos mismos no los ven, pero si
fueran más vigilantes, se darían cuenta en qué momento una entidad negativa
está entrando en ellos y cuáles son todos los trastornos que provoca. Cuando os sentís de repente molestos,
desgraciados o invadidos por los deseos o los sentimientos más inferiores, es
que estáis siendo visitados por indeseables.
Y ¿por qué os visitan? Porque
habéis preparado alimento para ellos.
Nuestro cuerpo físico es como una casa con varios
pisos, que están todos habitados. La
bodega, la planta baja, el primer, el segundo, el tercer piso, etc… tienen sus
habitantes. E incluso, arriba del todo,
sobre la terraza, aún se encuentran otros habitantes con aparatos para observar
las estrellas, el sol, la luna, y transmitirnos mensajes. Os explique un día que la diferencia entre
las diversas categorías de hombres (los brutos, los hombres normales, los hombres
de talento, los genios, los santos, los Iniciados y los Maestros) viene del
número y de la calidad de los habitantes que han traído y de la armonía más o
menos grande que reina dentro de esos habitantes. Se puede también comparar este fenómeno a lo
que ocurre en una familia. Evidentemente
en el momento actual, los miembros de una familia no viven ya tan juntos, pero
en el pasado, desde los bisabuelos hasta los bisnietos, todos estaban allí
ensamblados en una misma casa. Así es
la casa interna del hombre.
Algunas veces decís: {No sé por qué, pero
tengo la impresión de que hay dos seres en mí.
Cuando viene uno, soy bueno, comprensivo, y todo el mundo está
maravillado… ¡Pero cuando se manifiesta el otro, soy espantoso!..
Se pueden manifestar muchos más de dos,
pero consideremos solamente dos. Ni el
psicoanálisis ni la fisiología pueden explicar la existencia de estas
manifestaciones contradictorias en el hombre.
Se estudian las células, pero no se sabe
si hay habitantes en esas células.
Cuando los biólogos estudian la célula, en realidad no estudian más que
la casa del ser que la habita; se contentan, pues, con describir la forma
(hexagonal, redonda, etc…) la
estructura (membrana, citoplasma, núcleo), y los intercambios con el exterior,
sin saber nada del alma que la habita ni de la vida que circula en esa
alma. Y, sin embargo, es ahí donde se
encuentra la explicación de todo lo que ocurre en el hombre.
Estamos hechos de una multitud de
habitantes, pero en conjunto podemos dividirlos en dos categorías, buenos y malos,
los cuales se nos presentan por turno.
Suponed una familia con dos hermanos: el
uno es maravilloso y el otro casi un monstruo.
Evidentemente los padres son buenos. Honestos, inteligentes, se tiran de
los pelos porque no comprenden de dónde les viene este hijo espantosos, ni a
qué se debe el que los dos hermanos sean
tan diferentes el uno del otro.
Simplemente, se debe a que los padres los han invitado a los dos. Y, ¿cómo?
Es muy fácil. Puesto que no
conocen muy bien las leyes del karma, los padres, en una encarnación
precedente, contrajeron una deuda con respecto a una criatura que ha venido
ahora a su casa para ser alimentada, alojada y… blanqueada; por eso deben de
cuidar de ese hijo, preocuparse por él, y pagar por todos los disparates que hace.
Y también nosotros, interiormente, somos
como una familia numerosa con hijos, padres, abuelos, etc… Y aquel que se
observa, ¡es increíble todo lo que puede
descubrir en esta familia que se amontona en él! ¡Cada cual viene por turno a hablar, gesticular,
reclamar, vale verdaderamente la pena tener buena memoria!...
Así pues, si hay indeseables que habitan
ahora en nosotros, se debe a que hemos atraído al transgredir ciertas leyes, y
ahora que están aquí, debemos de educarles.
Sí, es muy difícil deshacerse de ellos; solamente podemos educarlos,
hacer grandes sacrificios por ellos, porque algo les debemos. Evidentemente, les gusta mucho colarse por
todas partes fraudulentamente, pero éramos nosotros quienes no debíamos
dejarles penetrar. Los espíritus
luminosos no entran nunca si no se les llama, pero los demás no respetan
ninguna ley y entran sin pedir permiso.
Contra estos espíritus astutos, los
Iniciados se sirven a veces de procedimientos mágicos y de pantáculos. Si habéis leído Fausto evidentemente Fausto no era un gran
Iniciado, pero poseía conocimientos ocultos), habréis visto que colocó encima
de su puerta un pentagrama para impedir que los elementales entrasen y los
buenos espíritus saliesen. Para
protegerse, existen pantáculos que se pueden utilizar después de haberlos preparado por medio de fórmulas y de ritos
mágicos, y muchos ocultistas se sirven del pentagrama. En la vida corriente veis escritos como: Prohibida
la entrada, Propiedad privada, Prohibido tirar basuras… Exactamente lo
mismo ocurre en el campo espiritual, sólo que estas prohibiciones están
indicadas por símbolos y talismanes que
los espíritus comprenden y respetan, mientras
que los escritos humanos no son siempre muy eficaces.
Aunque esté escrito que se prohíbe depositar
basuras, se hace durante la noche; si está escrito en un tren {Prohibido
fumar}, todo el mundo fuma, y así sucesivamente. En cambio los Iniciados tienen medios de
protección mucho más eficaces que los escritos, y sí los espíritus pasan por
encima de sus prohibiciones, son fulminados.
Entonces, ¿resulta ahora más clara esta
cuestión para vosotros?
No se quiere creer en la existencia de los
indeseables, pero, quiérase o no, se producen continuamente todo tipo de manifestaciones
que prueban su existencia. Los vicios,
por ejemplo, ¿qué son los vicios? Todo
el mundo reconoce la realidad de los vicios, pero, ¿cómo explicarlos?... He
aquí un hombre que tiene bondad, inteligencia, instrucción y todo tipo de
cualidades, pero al lado de esto, tiene un vicio espantoso que no llega a
vencer. Hace, sin embargo, esfuerzos
extraordinarios, pero cuando llega el momento, de nuevo sucumbe. En todos los demás campos puede ser
excepcional, tener talento, ser músico, artista, pero he ahí que es borracho,
supongamos, y no puede dejar de beber.
Como Chaliapine, por ejemplo… ¡Que voz tenía! Pero bebía…
Otros tienen la pasión del juego: la ruleta, el bacarrá, y se arruinan
jugando. ¿Cómo explicar esto? ¿Se explicara esto? Se explicará por que no sé qué complejo
psicológico, o por una mala costumbre que el hombre ha heredado de su familia o
imitado de su entorno, pero en realidad ello no explica nada.
La ciencia oficial no está todavía en
condiciones de explicar estos fenómenos.
Sólo la Ciencia Iniciática es capaz de hacerlo y os dirá que este vicio,
son seres invisibles que el hombre debe alimentar porque les ha invitado, les
alberga: y ahora les ha fortalecido tanto que está absolutamente dominado por
ellos, no consigue ya desembarazarse de ellos.
Sí, mis queridos hermanos y hermanas, los vicios no son otra cosa que
criaturas que se han instalado en el ser humano para hacer de él su
esclavo. Es posible vencerles,
amaestrarles, pero hace falta para ello
una voluntad y un saber extraordinarios.
Entonces. ¿Cuáles son los medios para no
atraer a los indeseables? El primero es
la pureza (pero la pureza comprendida en todos los campos), y después el calor
y la luz. La pureza les deja morir de
hambre, porque en la pureza no hay alimento para los indeseables. La luz les espanta y les aleja, y el calor
les hace secarse y los quema.
Evidentemente, es una forma de hablar.
Tener luz es conocer la realidad de las cosas, y por lo tanto comprender
muy claramente esta cuestión; tener calor es tener mucho amor por un ideal
divino; y tener pureza es llevar una vida ejemplar para no permitir a esas
criaturas acercarse y aposentarse. Y
además, si en ese momento intentan colarse, son inmediatamente rechazadas
porque todas estas cualidades de pureza, de inteligencia y de amor, las separa.
Entonces, ¿lo veis? La enseñanza nos aporta todo lo necesario
para comprender. Nos muestra claramente
que todo depende de nosotros, e incluso si en el pasado hemos cometido faltas
que han permitido a los indeseables venir a introducirse en nosotros, hay
remedios. Hay que volverles razonables,
hay que convencerles de que en lugar de destruirlo todo en nuestra morada,
valdría más que participasen a su embellecimiento aportándonos alguna cosa: si son
músicos que nos den su música; si son sabios, que vengan a revelarnos los
secretos de la naturaleza.
Pues entre
estas criaturas, algunas son muy sabias y capaces, pero en lugar de ayudarnos
nos arrebatan nuestras fuerzas. Mientras
que los espíritus luminosos, si se instalan en nosotros, nos dan todo lo que
poseen. Además, entre estos buenos
espíritus que vienen a ayudarnos, muchos pertenecen a nuestra familia: son
abuelos y abuelas que quieren sostener a sus hijos o a sus nietos. Ellos son los que la Ciencia Iniciática llama espíritus familiares. Ahí todavía, es
necesario el discernimiento: entre estos espíritus, algunos son desinteresados
y evolucionados, pero otros lo son un
poco menos.
Cuando un abuelo, por ejemplo, ha fumado
en pipa toda su vida, quiere fumarla todavía a través de su nieto, y he ahí que el nieto fuma en pipa; ¡No puede
deshacerse de esta costumbre porque el abuelo,
allá, desde el otro lado, es muy obstinado y está empeñado en su
pipa!... ¡Pues sí, de que cosas por conocer todavía! Alguien dirá: ¿Los indeseables? ¡Pero he
aquí que a espaldas suyas los indeseables le tienen atrapado, y bien
atrapado!... Por eso es necesario que
lleguéis un día a ocuparos seriamente de esta cuestión, que aprendáis cómo
actuar respecto a todas estas entidades malhechoras, cómo educarlas,
iluminarlas… El alejarlas, os he dicho,
es difícil; e incluso si se intenta, los resultados son a menudo peores.
Hay pues que ayudarlas o incluso rezar por
ellos mostrándoles mucha buena voluntad y mucho amor, de lo contrario se ponen
furiosas y os arrasan. Para alejarlas
hay que ser muy fuerte, muy poderosos, y antes
de intentarlo vale la pena hablarles para tratar de entenderse con
ellas. Ciertos clarividentes lo han
visto: cuando era atormentada por una entidad malhechora y se dirigía a ella,
rezaba por ella o le leía pasajes de los
Evangelios, el clarividente podía ver la entidad escuchándole, y a veces
incluso dejar esta persona.
La persona no
veía nada, solamente se daba cuenta de que su estado había cambiado, pero el
clarividente veía como se iba el
espíritu.
Yo también he hecho muchas comprobaciones
en este terreno.
Para mí no hay duda, creo absolutamente en
estas cosas.
Vosotros también debéis de creer en ello,
de lo contrario, vuestra situación nunca mejorará. Estas criaturas existen verdaderamente. Algunas son muy comprensivas, evolucionadas e
iluminadas, mientras que otras son de un orden verdaderamente inferior, y
resultan difíciles de tratar. Aunque les
deis explicaciones no comprenden. Con
ellas hay que tomar medidas del todo diferentes. Pero sobre todo no intentéis luchar, pues,
pues, como ya he dicho, es peligroso y seríais arrasados. Debéis de suplicar a otros espíritus; los más
iluminados y los más poderosos, para que vengan a instalarse en vosotros, a
luchar en vuestro lugar, pues ellos son capaces de hacerlo, tienen todos los
medios, todas las armas, pero vosotros, ¡no luchéis!
Sí, mis queridos hermanos y hermanas, se
trata de una ciencia muy vasta que no puedo exponeros en algunos minutos, pero
os he dicho lo esencial, y si me creéis, vais a empezar una evolución
fantástica.
OMRAAM



