Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

martes, 28 de mayo de 2019

LA CUESTIÓN DE LOS INDESEABLES


     


En la página del Maestro Peter Deunov que os he leído esta mañana, hay una frase sobre la que quisiera detenerme, y es la siguiente: El mal es comparable a unos inquilinos que han entrado en vuestra casa y que permanecen durante años sin pagaros alojamiento… Esta frase puede extrañar a mucha gente, pues, la idea de que el ser humano está habitado por entidades extrañas a él no está muy extendida.  Sin embargo, es muy importante que lo sepáis.  ¿Para qué es importante?  Para vuestra salud, para vuestra libertad, para vuestra salvación.
     
En los Evangelios, Jesús dio: Si guardáis mis mandamientos, mi Padre y yo vendremos a establecer en vosotros nuestra morada.   
Esto significa. Pues, que el ser humano está construido de tal forma que puede abrigar en él a otras  entidades.  Y aunque estas entidades pueden ser el Señor, el Espíritu Santo, el Cristo, desgraciadamente también pueden ser espíritus del mal, diablos.  
     
Los Evangelios hablan de ello con mucha claridad.
Conocéis la historia de María Magdalena, a la cual Jesús liberó de siete demonios.  Se habla de siete, pero tenían una muchedumbre de servidores de ellos; se trataba de una legión de indeseables.  ¡Se les llama así, pero con anterioridad habían sido muy deseados!... Sí, María Magdalena había hecho todo lo posible para atraerles, para invitarles.  Diréis: Pero, ¡no es posible!  Ella no conocía la existencia de esos espíritus… Lo cual es cierto: como era ignorante, no sabía que con su forma de vivir, su costumbre de seducir a los hombres, ella invitaba a los espíritus astutos.  Y una vez invitados, se instalan para ser albergados y alimentados gratuitamente…   Comen, beben, lo ensucian todo, y después rompen los muebles y la vajilla, simbólicamente, claro está.
     
Cuando Jesús encontró a María Magdalena, vio que no solamente era una mala mujer, sino que era buena y generosa y, que posiblemente a causa de esta bondad había aceptado servir a los humanos… pero de una forma poco curiosa, evidentemente. 
Además, si se observa un poco este tipo de mujeres, las prostitutas, se da uno cuenta que muchas veces tienen grandes cualidades.   Ahora bien, al lado de esas cualidades, a las pobres les falta inteligencia, discernimiento, son tan débiles e influenciables que se convierten en las víctimas propiciatorias, porque siempre hay quien se aprovecha de su debilidad.   Por lo demás, la sociedad es muy cruel con ellas.
     
Así pues, Jesús decidió liberar a María Magdalena de esos espíritus astutos, porque vio que una vez liberada, haría un gran bien a muchos de los que pertenecían a su medio habitual.  Sí, pues cada ser está siempre en relación  con los habitantes de su región, del medio al cual pertenece.  Cuando cae, arrastra a muchos otros con él y cuando se eleva, también los eleva.  La potencia del bien y del mal procede de que no estén aislados: el mal tiene ramificaciones, amistades, incalculables relaciones, y el bien también.  Por eso cada ser es responsable de lo que hace, de lo que piensa y de las sensaciones que experimenta.
     
Conocéis también la historia del poseso de Jericó.  Jesús, dirigiéndose al espíritu que lo habitaba, le preguntó cuál era su nombre. Legiones respondió, porque habían entrado en él muchos demonios y le hacían cometer actos insensatos: corría por las montañas sin vestimentas y lanzando gritos, se cortaba el cuerpo con piedras, etc… Pero no vale la pena que os hable de todos los casos de posesión que se mencionan en el Antiguo y el Nuevo Testamento, estos ejemplos bastan.   En toda la literatura esotérica, encontraréis un gran número de relatos que cuentan de qué manera los espíritus han tomado posesión de ciertas personas para atormentarlas, debilitarlas, destruirlas, y en cada religión se encuentran también ritos de exorcismo con oraciones y fórmulas apropiadas.  Desde la  creación del mundo se sabe que el ser humano no es un edificio vacío, sino que alberga dentro de sí un gran número de habitantes.
     
Los indeseables son, pues, criaturas de un orden inferior que se instalan en el hombre y le inspiran todo tipo de actos reprobables e insensatos, hasta aniquilarlo.  Porque cuando el hombre ha albergado a esos espíritus, es su prisionero, ya no puede deshacerse de ellos.  Algunas veces, por la gracia divina o cuando ha pagado ya su Karma y el plazo ha vencido, unos amigos del Cielo le ayudan a echarlos, pero no es frecuente, nada es frecuente; hay que haberlo merecido, hay que haberse esforzado mucho.
     
Y ahora si les decís a los humanos que han invitado a unos espíritus malhechores a que vengan a habitar en ellos, no solamente no os creerán,  sino que se burlarán de vosotros o se pondrán furiosos.  Desgraciadamente, es la verdad, la pura verdad.
     
No quiero describiros esos espíritus, sus formas, sus emanaciones, porque hablando así se ata uno a ellos, se les vivifica.
Os diré solamente cómo el hombre los atrae: cada vez que éste no mantiene una pureza irreprochable en sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos, prepara las condicione para que vengan estos indeseables.
Tomemos un ejemplo en la vida cotidiana: cuando tenéis una mesa bien limpia, bien lavada, ningún animalejo vendrá a pasearse por ella.  Pero si por falta de atención dejáis por ahí alimentos, veréis cómo aparecerán animalejos de todo tipo, sobre todo si encuentran algunas pequeñas fisuras o algunos agujeritos por donde colarse.  Todavía otro ejemplo: cuando se estudia zoología, se constata que cada especie animal (insectos, animales salvajes, mamíferos, reptiles, pájaros) gusta de un alimento bien determinado.  

Los unos comen granos, los otros comen hierbas, carne o gusanos, y algunos, como los chacales, las hienas y los buitres se alimentan de cadáveres.  Así pues, para poder nutrir a los animales, hay que conocer los alimentos que les convienen.  Estos fenómenos explican precisamente que sí mantenéis en vosotros ciertos deseos o sentimientos que no son ni luminosos ni puros, aparecen inmediatamente unas entidades determinadas a quienes les gustan estas impurezas y se instalan en vosotros para alimentarse de ellas; pero si os purificáis, si os volvéis razonables, estas entidades os deja y entonces podéis estar tranquilos.  ¿Veis?
     
¡Está claro!  Pero muy pocos saben leer en este libro de la naturaleza viviente que está ahí abierto, ante nosotros.  Diréis que no son más que pequeños detalles, sí, pero sus aplicaciones en la vida psíquica son inmensas.
     
Cada pensamiento, cada sentimiento que pasa a través del hombre puede atraer a los espíritus más luminosos, a los más evolucionados, y rechazar a las criaturas malhechoras que entonces son absorbidas por el centro de la tierra; o bien, por el contrario, atrae las larvas, los elementales, los demonios, y en ese momento los espíritus luminosos que habían venido a ayudarle se van porque no pueden soportar las emanaciones nauseabundas que los demás producen.  Desgraciadamente este terreno no es muy conocido y esta ignorancia es la causa de muchas desdichas.
     
En tanto que la ciencia oficial no llegue a admitir la existencia de estas criaturas invisibles, en tanto que reduzca todo lo que ocurre en el hombre a unos procesos químicos y físicos, no obtendrá grandes resultados.  
En realidad, os lo he dicho ya, los procesos químicos y físicos son en sí mismos la consecuencia de procesos psíquicos; sí, no son más que consecuencias.   Evidentemente, los biólogos no han llegado a descubrir a estos indeseables con escalpelos, lupas y microscopios, pero ello no es una razón para negar su existencia; el que no les hayan visto no significa que no exista.

¡Si supieseis la cantidad de entidades que los clarividentes ven entrar y alojarse en los seres humanos!  Naturalmente ellos mismos no los ven, pero si fueran más vigilantes, se darían cuenta en qué momento una entidad negativa está entrando en ellos y cuáles son todos los trastornos que provoca.   Cuando os sentís de repente molestos, desgraciados o invadidos por los deseos o los sentimientos más inferiores, es que estáis siendo visitados por indeseables.  Y ¿por qué os visitan?  Porque habéis preparado alimento para ellos.

     
Nuestro cuerpo físico es como una casa con varios pisos, que están todos habitados.  La bodega, la planta baja, el primer, el segundo, el tercer piso, etc… tienen sus habitantes.  E incluso, arriba del todo, sobre la terraza, aún se encuentran otros habitantes con aparatos para observar las estrellas, el sol, la luna, y transmitirnos mensajes.   Os explique un día que la diferencia entre las diversas categorías de hombres (los brutos, los hombres normales, los hombres de talento, los genios, los santos, los Iniciados y los Maestros) viene del número y de la calidad de los habitantes que han traído y de la armonía más o menos grande que reina dentro de esos habitantes.  Se puede también comparar este fenómeno a lo que ocurre en una familia.  Evidentemente en el momento actual, los miembros de una familia no viven ya tan juntos, pero en el pasado, desde los bisabuelos hasta los bisnietos, todos estaban allí ensamblados en una misma casa.   Así es la casa interna del hombre.
     
Algunas veces decís: {No sé por qué, pero tengo la impresión de que hay dos seres en mí.  Cuando viene uno, soy bueno, comprensivo, y todo el mundo está maravillado… ¡Pero cuando se manifiesta el otro, soy espantoso!..
    
Se pueden manifestar muchos más de dos, pero consideremos solamente dos.   Ni el psicoanálisis ni la fisiología pueden explicar la existencia de estas manifestaciones contradictorias en el hombre. 
     
Se estudian las células, pero no se sabe si hay habitantes en esas células.   Cuando los biólogos estudian la célula, en realidad no estudian más que la casa del ser que la habita; se contentan, pues, con describir la forma (hexagonal, redonda, etc…)   la estructura (membrana, citoplasma, núcleo), y los intercambios con el exterior, sin saber nada del alma que la habita ni de la vida que circula en esa alma.  Y, sin embargo, es ahí donde se encuentra la explicación de todo lo que ocurre en el hombre.   
Estamos hechos de una multitud de habitantes, pero en conjunto podemos dividirlos en dos categorías, buenos y malos, los cuales se nos presentan por turno.
     
Suponed una familia con dos hermanos: el uno es maravilloso y el otro casi un monstruo.  Evidentemente los padres son buenos. Honestos, inteligentes, se tiran de los pelos porque no comprenden de dónde les viene este hijo espantosos, ni a qué se debe el  que los dos hermanos sean tan diferentes el uno del otro.  Simplemente, se debe a que los padres los han invitado a los dos.  Y, ¿cómo?  Es muy fácil.   Puesto que no conocen muy bien las leyes del karma, los padres, en una encarnación precedente, contrajeron una deuda con respecto a una criatura que ha venido ahora a su casa para ser alimentada, alojada y… blanqueada; por eso deben de cuidar de ese hijo, preocuparse por él, y pagar por todos los disparates que hace.
     
Y también nosotros, interiormente, somos como una familia numerosa con hijos, padres, abuelos, etc… Y aquel que se observa,  ¡es increíble todo lo que puede descubrir en esta familia que se amontona en él!  ¡Cada cual viene por turno a hablar, gesticular, reclamar, vale verdaderamente la pena tener buena memoria!...
     
Así pues, si hay indeseables que habitan ahora en nosotros, se debe a que hemos atraído al transgredir ciertas leyes, y ahora que están aquí, debemos de educarles.  Sí, es muy difícil deshacerse de ellos; solamente podemos educarlos, hacer grandes sacrificios por ellos, porque algo les debemos.   Evidentemente, les gusta mucho colarse por todas partes fraudulentamente, pero éramos nosotros quienes no debíamos dejarles penetrar.  Los espíritus luminosos no entran nunca si no se les llama, pero los demás no respetan ninguna ley y entran sin pedir permiso.
     
Contra estos espíritus astutos, los Iniciados se sirven a veces de procedimientos mágicos y de pantáculos.  Si habéis leído Fausto  evidentemente Fausto no era un gran Iniciado, pero poseía conocimientos ocultos), habréis visto que colocó encima de su puerta un pentagrama para impedir que los elementales entrasen y los buenos espíritus saliesen.   Para protegerse, existen pantáculos que se pueden utilizar después de haberlos  preparado por medio de fórmulas y de ritos mágicos, y muchos ocultistas se sirven del pentagrama.   En la vida corriente veis escritos como: Prohibida la entrada, Propiedad privada, Prohibido tirar basuras… Exactamente lo mismo ocurre en el campo espiritual, sólo que estas prohibiciones están indicadas por símbolos y talismanes  que los espíritus  comprenden y respetan, mientras que los escritos humanos no son siempre muy eficaces.   

Aunque esté escrito que se prohíbe depositar basuras, se hace durante la noche; si está escrito en un tren {Prohibido fumar}, todo el mundo fuma, y así sucesivamente.  En cambio los Iniciados tienen medios de protección mucho más eficaces que los escritos, y sí los espíritus pasan por encima de sus prohibiciones, son fulminados.
    
Entonces, ¿resulta ahora más clara esta cuestión para vosotros? 
No se quiere creer en la existencia de los indeseables, pero, quiérase o no, se producen continuamente todo tipo de manifestaciones que prueban su existencia.   Los vicios, por ejemplo, ¿qué son los vicios?  Todo el mundo reconoce la realidad de los vicios, pero, ¿cómo explicarlos?... He aquí un hombre que tiene bondad, inteligencia, instrucción y todo tipo de cualidades, pero al lado de esto, tiene un vicio espantoso que no llega a vencer.  Hace, sin embargo, esfuerzos extraordinarios, pero cuando llega el momento, de nuevo sucumbe.   En todos los demás campos puede ser excepcional, tener talento, ser músico, artista, pero he ahí que es borracho, supongamos, y no puede dejar de beber.   Como Chaliapine, por ejemplo… ¡Que voz tenía!  Pero bebía…   Otros tienen la pasión del juego: la ruleta, el bacarrá, y se arruinan jugando.  ¿Cómo explicar esto?  ¿Se explicara esto?  Se explicará por que no sé qué complejo psicológico, o por una mala costumbre que el hombre ha heredado de su familia o imitado de su entorno, pero en realidad ello no explica nada.
     
La ciencia oficial no está todavía en condiciones de explicar estos fenómenos.   Sólo la Ciencia Iniciática es capaz de hacerlo y os dirá que este vicio, son seres invisibles que el hombre debe alimentar porque les ha invitado, les alberga: y ahora les ha fortalecido tanto que está absolutamente dominado por ellos, no consigue ya desembarazarse de ellos.  Sí, mis queridos hermanos y hermanas, los vicios no son otra cosa que criaturas que se han instalado en el ser humano para hacer de él su esclavo.  Es posible vencerles, amaestrarles, pero  hace falta para ello una voluntad y un saber extraordinarios.
     
Entonces. ¿Cuáles son los medios para no atraer a los indeseables?  El primero es la pureza (pero la pureza comprendida en todos los campos), y después el calor y la luz.  La pureza les deja morir de hambre, porque en la pureza no hay alimento para los indeseables.  La luz les espanta y les aleja, y el calor les hace secarse y los quema.  Evidentemente, es una forma de hablar.  Tener luz es conocer la realidad de las cosas, y por lo tanto comprender muy claramente esta cuestión; tener calor es tener mucho amor por un ideal divino; y tener pureza es llevar una vida ejemplar para no permitir a esas criaturas acercarse y aposentarse.   Y además, si en ese momento intentan colarse, son inmediatamente rechazadas porque todas estas cualidades de pureza, de inteligencia y de amor, las separa.
     
Entonces, ¿lo veis?  La enseñanza nos aporta todo lo necesario para comprender.  Nos muestra claramente que todo depende de nosotros, e incluso si en el pasado hemos cometido faltas que han permitido a los indeseables venir a introducirse en nosotros, hay remedios.  Hay que volverles razonables, hay que convencerles de que en lugar de destruirlo todo en nuestra morada, valdría más que participasen a su embellecimiento aportándonos alguna cosa: si son músicos que nos den su música; si son sabios, que vengan a revelarnos los secretos de la naturaleza.   
Pues entre estas criaturas, algunas son muy sabias y capaces, pero en lugar de ayudarnos nos arrebatan nuestras fuerzas.  Mientras que los espíritus luminosos, si se instalan en nosotros, nos dan todo lo que poseen.  Además, entre estos buenos espíritus que vienen a ayudarnos, muchos pertenecen a nuestra familia: son abuelos y abuelas que quieren sostener a sus hijos o a sus nietos.  Ellos son los que la Ciencia Iniciática llama espíritus familiares.   Ahí todavía, es necesario el discernimiento: entre estos espíritus, algunos son desinteresados y evolucionados, pero otros  lo son un poco menos.
     
Cuando un abuelo, por ejemplo, ha fumado en pipa toda su vida, quiere fumarla todavía a través de su nieto,  y he ahí que el nieto fuma en pipa; ¡No puede deshacerse de esta costumbre porque el abuelo,  allá, desde el otro lado, es muy obstinado y está empeñado en su pipa!...  ¡Pues sí,  de que cosas por conocer todavía!  Alguien dirá: ¿Los indeseables? ¡Pero he aquí que a espaldas suyas los indeseables le tienen atrapado, y bien atrapado!...  Por eso es necesario que lleguéis un día a ocuparos seriamente de esta cuestión, que aprendáis cómo actuar respecto a todas estas entidades malhechoras, cómo educarlas, iluminarlas…  El alejarlas, os he dicho, es difícil; e incluso si se intenta, los resultados son a menudo peores.  

Hay pues que ayudarlas o incluso rezar por ellos mostrándoles mucha buena voluntad y mucho amor, de lo contrario se ponen furiosas y os arrasan.  Para alejarlas hay que ser muy fuerte, muy poderosos, y antes  de intentarlo vale la pena hablarles para tratar de entenderse con ellas.  Ciertos clarividentes lo han visto: cuando era atormentada por una entidad malhechora y se dirigía a ella, rezaba por ella o le leía pasajes de los  Evangelios, el clarividente podía ver la entidad escuchándole, y a veces incluso dejar esta persona.  

La persona no veía nada, solamente se daba cuenta de que su estado había cambiado, pero el clarividente  veía como se iba el espíritu.
     
Yo también he hecho muchas comprobaciones en este terreno.
Para mí no hay duda, creo absolutamente en estas cosas.
Vosotros también debéis de creer en ello, de lo contrario, vuestra situación nunca mejorará.  Estas criaturas existen verdaderamente.  Algunas son muy comprensivas, evolucionadas e iluminadas, mientras que otras son de un orden verdaderamente inferior, y resultan difíciles de tratar.  Aunque les deis explicaciones no comprenden.  Con ellas hay que tomar medidas del todo diferentes.  Pero sobre todo no intentéis luchar, pues, pues, como ya he dicho, es peligroso y seríais arrasados.  Debéis de suplicar a otros espíritus; los más iluminados y los más poderosos, para que vengan a instalarse en vosotros, a luchar en vuestro lugar, pues ellos son capaces de hacerlo, tienen todos los medios, todas las armas, pero vosotros, ¡no luchéis!
     
Sí, mis queridos hermanos y hermanas, se trata de una ciencia muy vasta que no puedo exponeros en algunos minutos, pero os he dicho lo esencial, y si me creéis, vais a empezar una evolución fantástica.

OMRAAM


lunes, 20 de mayo de 2019

LAS TRES GRANDES TENTACIONES




Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 
Después de haber ayunado durante cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 
El tentador, aproximándose, le dijo: Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes. Jesús respondió: Escrito está. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 
El diablo le transportó a la ciudad santa, le situó sobre lo alto del templo, y le dijo: 
Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues escrito está: Dará órdenes a sus ángeles, y te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece contra una piedra. Jesús le dijo: También está escrito: No tentaras al Señor, tu Dios. 

El diablo le transportó entonces a una montaña muy elevada, le enseño todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: Te daré todas estas cosas si prosternado de hinojos me adoras. Jesús le dijo: ¡Marcha, Satán! pues escrito está: Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo servirás. Entonces el diablo le dejó. Y los ángeles vinieron junto a Jesús y le sirvieron. 

 San Mateo IV: 1-11 


 Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentados por el diablo. He aquí un punto que hay que interpretar. Si es el mismo Espíritu (el buen Espíritu) quien ha llevado a Jesús al desierto para ser tentado, ello demuestra que los llamados malos espíritus que nos tientan y nos prueban, son, en realidad, obreros de Dios encargados de cumplir la voluntad de entidades más evolucionadas que nosotros. Por otra parte, éste no es el único ejemplo en la Biblia donde se cuestiona el papel del diablo. En el libro de Job se menciona una conversación entre Dios y Satán. Está escrito: Ahora bien, los hijos de Dios vinieron un día a presentarse ante el Eterno, y Satán vino también en medio de ellos. Satán en persona asistía, pues a esta reunión, y para que fuera admitido, ¡debía ser alguien, pues Dios no recibe a cualquiera en sus asambleas! EL Eterno dijo a Satán: ¿de dónde vienes? Y Satán respondió al Eterno: De recorrer la tierra y pasearme por ella. 

 El Eterno dijo entonces a Satán: ¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra; es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y que se aparta del mal. Y Satán respondió al Eterno: ¿Acaso Job teme a Dios de una manera desinteresada? ¿No lo has protegido a él, a su casa y a todo lo que le pertenece? Has bendecido su trabajo, y sus rebaños cubren el país. Pero retírale tu protección, y estoy seguro de que te maldecirá. 

 El Eterno dijo a Satán: Pues bien, todo lo que le pertenece, te lo entrego: pero no pongas tu mano sobre él. Esta conversación prueba que el diablo está al servicio del Señor. Ya conocéis la continuación. Sabéis todas las desdichas que le sucedieron entonces a Job. Perdió todo lo que poseía: sus hijos, sus rebaños, sus casas, etc… Pero no se rebeló. Algún tiempo después, hubo otra reunión de los Hijos de Dios, y el Señor dijo a Satán: Ya ves que no lo has conseguido: Job me permanece fiel.- Oh no lo he conseguido porque goza siempre de buena salud. Pero si no la tuviera, se rebelaría.- Bueno, inténtalo, dijo el Señor, pero no le quites la vida. Job padeció entonces unos sufrimientos terribles, abandonado por todos, sentado sobre un montón estiércol, con el cuerpo cubierto de úlceras, peo no se rebeló. 

 Conmovido por su fidelidad, Dios le devolvió todo: sus hijos e hijas, sus casas, su ganado, sus riquezas, su salud, que resultó fortalecida, y todos sus amigos que se habían burlado de él, que le habían criticado, volvieron para inclinarse ante él. Ciertos teólogos y religiosos se han turbado tanto al descubrir que Satán conversaba con el Señor que han pensado en suprimir de la Biblia este libro que contradecía todas sus ideas. En realidad este relato hace reflexionar; y aquellos que reflexionan están obligados a reconocer su profundidad. ¡Es una mina! Asimismo Goethe, en Fausto, retomó la idea del Libro de Job, y la obra comienza también con una conversación entre Dios y Mefistófeles, a propósito de Fausto. 

 Lo que es muy interesante en este relato, es que al permitir a Satán que atormentara a Job, Dios puso condiciones: la primera vez, Satán sólo podía tocar los bienes de Job, no debía tocar su persona, y le quitó sus rebaños, sus servidores y sus hijos; la segunda vez, Satán obtuvo del Señor el permiso para cubrir a Job de llagas, pero debía conservar sus vida. Y cada vez Satán obedecía, no haciendo a Job más que lo que estaba convenido, lo cual prueba que todos aquellos a quienes se llaman diablos o espíritus astutos son obreros que cumplen la voluntad de Dios. 

 Todos aquellos que descienden junto a los hombres para probarles, tentarles y hacerles sufrir, no son más que empleados, funcionarios para hacerles evolucionar. Volvamos ahora al texto del Evangelio. Se plantea una pregunta. No fue a un hombre normal, sino a Jesús, a quien el Espíritu llevó al desierto para ser tentado. ¿Por qué? Esto parece estar en contradicción con lo que piensan muchos cristianos, los cuales creen que Jesús era el mismo Dios. Si Jesús era el mismo Dios, ¿cómo podía ser sometido a tentación? ¿Es posible que el Cielo no le conociese? ¿No estaba suficientemente iluminado, puesto que necesitaba comprobar si Jesús sabría resistir o sucumbiría? 

 En realidad, el Cielo está perfectamente informado de todo lo que concierne: nuestra potencia, nuestra paciencia, nuestra resistencia, nuestra sabiduría, pues conoce las cualidades de la materia de la que estamos hechos, exactamente como los físicos conocen las propiedades de los metales: su peso, su densidad, su temperatura de fusión, etc… Ciertos metales pueden resistir una temperatura elevada, otros no. Lo mismo sucede con los hombres. Estamos todos hechos de una materia muy especial y el Cielo sabe muy bien si podemos resistir las diversas tentaciones de la vida. No necesitan ponernos a prueba para saberlo. Somos nosotros quienes necesitamos conocer nuestra potencia, nuestra fidelidad, nuestra bondad, o bien nuestra debilidad, nuestra maldad, y debemos tomar conciencia de la necesidad de mejorarnos.  

Si somos sometidos a pruebas, es para nosotros mismos. En el transcurso de la evolución ininterrumpida que debe de conducirle hasta la cima, el hombre debe atravesar pruebas con el fin de poder desarrollar todas sus posibilidades interiores. Por lo tanto es necesario que tome primero conciencia de sus posibilidades. De la misma manera que debe ser sometido a ciertos procesos de crecimientos y pasar por ciertas etapas de la vida física, así también, cualquiera que sea su grado de evolución, todo ser que desciende sobre la tierra debe atravesar diferentes pruebas para fortificarse espiritualmente. La única diferencia entre los hombres es que cada uno atraviesa estas pruebas según su grado de evolución: los unos saben aprovecharse de ellas, los otros no. Unos consiguen beneficios de todo, adquieren riquezas, mientras que otros sucumben y no se transforman. Jesús ha tenido que atravesar las mismas pruebas que los demás hombres; no tenía posiblemente necesidad de aprender, pero tenía necesidad de pasar por ellas. La naturaleza de las tentaciones que Jesús ha tenido que padecer y las respuestas que cada vez ha dado al diablo, son significativas. Por eso debemos prestar una gran atención a este texto, para saber adoptar la misma actitud que Jesús y dar las mismas respuestas, y así pasar victoriosamente las pruebas que se nos presentarán inevitablemente. Consideremos ahora, más detalladamente, estas tres tentaciones. 

 El diablo pidió a Jesús: 

 1- Que transformara las piedras en panes. 

 2- Que se echara desde lo alto del templo con la convicción de que el Señor enviaría a sus ángeles para protegerle. Pero, naturalmente aquí el templo es simbólico. El diablo no transportó físicamente a Jesús a la cima del templo para pedirle después que se precipitara abajo. 

3- Que se postrara ante él y le adorase para obtener a cambio todos los reinos del mundo y su gloria, que le enseñaba desde lo alto de la montaña es simbólica. 

 Estas tres pruebas están ligadas respectivamente al estómago, al corazón y a la cabeza, es decir al plano físico, al plano astral y al plano mental. En su existencia, todo ser humano atraviese las tres fases correspondientes al estómago, al corazón y a la cabeza. Cuando es niño, vive constantemente al nivel de su estómago: no hace más que comer, y su deseo de probarlo todo le incita a llevarse todo a la boca. Cuando se vuelve mayor, es su corazón el que quiere manifestarse: vive en el amor y en la fe, se ve empujado hacia las pasiones ardientes del corazón, y tiene la esperanza de que Dios le enviará a sus ángeles, los cuales le protegerán, y aunque caiga, esos ángeles le lavaran y le curarán. 

 Cree que el Cielo hará una excepción con él porque está en el templo de la religión del amor, de la veneración y de la adoración… hacia una criatura adorable, en efecto, pero que no es necesariamente el Creador. 

 1.- Tentación Estómago Esperanza 
 2.- Tentación Corazón Fe 
 3.- Tentación Cabeza Amor 

La infancia, por consiguiente, está ligada al problema de la nutrición, y la adolescencia al de los sentimientos…. Llegado a la edad adulta, el hombre piensa y reflexiona, tiene más experiencia, más autoridad, se siente en la cima, y tiene tendencia a volverse duro, severo; quiere que se le obedezca y está tentado de creer que el mundo entero debe de reconocerle como patrón, como maestro. Se le enfrenta así a la tercera tentación que viene de la cabeza, la cima de la montaña. Estas tentaciones no han sido presentadas solamente a Jesús. Todos los Maestros y los discípulos las encuentran en su camino. ¡Cuántos ocultistas se ven empujados a vender sus conocimientos o a servirse de los poderes que han adquirido, con el fin de asegurar su vida material!... Otros se sienten tan seguros de ellos mismos que quieren tentar a Dios; se imaginan que, hagan lo que hagan, el mundo invisible velará sobre ellos y no dudan en tirarse desde muy arriba con la convicción de que serán protegidos. Pero es un error, el mundo invisible no protege a los insensatos.

 La tercera tentación corresponde a otra etapa. En ciertos períodos, el discípulo, el ocultista ha adquirido numerosos conocimientos, o para hablar simbólicamente, ha alcanzado la cima de la montaña. Desde ahí arriba ve el mundo, se siente capaz de dominarlos para adueñarse de la gloria y de las riquezas, y se cree igual a Dios. Puesto que estamos obligados a afrontar las tentaciones que nos vienen del estómago, del corazón y de la cabeza, ¿cómo debemos comportarnos para triunfar? ¿Cómo debemos responder a los espíritus, es decir a los pensamientos y a los deseos inferiores que nos asaltan? En estas tres respuestas, vamos a ver cómo Jesús dio las reglas de la magia blanca. A la primera sugerencia del diablo, la de transformar las piedras en panes, Jesús respondió: {no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 

 En realidad, el alimento es un símbolo. Existe, naturalmente, un alimento físico para el estómago, pero el aire, los perfumes, los sonidos, la luz, los colores son también alimentos para los pulmones, la nariz, los oídos, los ojos, etc… Son alimentos más sutiles que el alimento físico, y es necesario que sepáis que existen criaturas en el mundo que se alimentan también de sonidos, de perfumes y de colores. Normalmente los hombres se imaginan que fuera del reino de los minerales, de los vegetales, de los animales y de los hombres, no existe nada más. No sospechan ni siquiera la existencia de regiones invisibles pobladas de criaturas diferentes de ellos y de lo que conocen. En realidad el universo entero está lleno de criaturas que ciertos seres muy avanzados han podido contemplar y conocer. Diréis que es difícil creer en la existencia de entidades que se alimentan de luz, de colores y de sonidos. Evidentemente, para los humanos, los colores, los sonidos. 

La luz, no son alimentos muy sustanciales, pero para los seres hechos de materia muy sutil, muy tenue, son realmente fuerzas, potencias, alimentos. Pero lo que debéis de saber ante todo es que existe una correspondencia entre los sonidos, los colores, los perfumes, y los pensamientos y los sentimientos de los hombres, pues los pensamientos y los sentimientos producen en el mundo etérico colores, perfumes y sonidos… He aquí todo un mundo a estudiar, un mundo vasto, de una variedad y una riqueza infinita. Y son estas correspondencias las que pueden explicar los fundamentos de la moral y la religión. Ahora la respuesta de Jesús al espíritu astuto se vuelve clara: el hombre no se alimenta solamente de pan, sino de la palabra de Dios, es decir, de colores puros, de sonidos armoniosos, de perfumes sutiles. Es así como Jesús ha podido alimentarse durante esos cuarenta días, e incluso durante toda su vida. Los diferentes estados de la materia se suceden los unos a los otros sin interrupción, y de la misma manera que una fuerza puede cristalizarse en formas, así también la materia puede ser desintegrada y transformada de nuevo en energía. 

 Pero tomemos de nuevo el ejemplo del alimento. Un fruto que comemos se transforma en energía que viene a sostener no solamente nuestra vida psíquica, sino también nuestra vida mental y afectiva. Gracias a estas fuerzas, podemos hablar, amar, pensar, etc… lo cual demuestra que se puede transformar una materia grosera en una materia más sutil, e incluso reducirla al estado luz. Lo inverso es igualmente posible. Se puede transformar la luz en pensamientos, en sentimientos y alimentos. Pero evidentemente sólo los Iniciados son capaces de operar conscientemente esta transformación; por eso pueden permanecer durante largos períodos sin alimentos sólidos. Toman la luz del espacio, la condensan y se alimentan de ella. Evidentemente es difícil, pero es posible. 

 En ciertos casos, vosotros también podéis hacerlo; y además lo hacéis a veces sin siquiera daros cuenta de ello. Sucede que permanecéis toda una jornada sin comer, porque estáis tan ocupados, tan llenos de amor, que os sentís alimentados. Es poco frecuente, pero sucede. A menor escala, todos los hombres pueden alimentarse de esta manera. Toda sabiduría, todo amor, todo pensamiento divino son un alimento: se transforman y alimentan incluso nuestro estómago. Podéis verificarlo. A la segunda sugerencia del diablo, tirarse desde lo alto del templo con la convicción de que Dios enviaría a sus ángeles para protegerlo, Jesús respondió: No tentarás al Señor, tu Dios, lo que significa: no pondrás a prueba su fidelidad, su protección. Eso también es muy importante. 

 Cuántas personas, porque pertenecen a una religión o son miembros de un movimiento espiritista, se imaginan que gozan en la vida de privilegios especiales que les colocan por encima de las leyes de la naturaleza o de las leyes de la sociedad. Creen que, hagan lo que hagan están protegidas por el Cielo, lo cual es falso. Al único que se protege es aquel que no se tira abajo, pues si se tira, es otra ley la que entra en acción. Se es libre antes de tirarse desde lo alto del templo, pero después se ve uno sometido a otra ley, ya no se es libre. Imaginad un bloque de piedra o una roca en lo alto de una pendiente: desde el momento en que la hacéis bascular, se acabó, ya no podéis detener su movimiento. Antes de pronunciar una palabra, una promesa, sois libres, pero después que la pronunciáis se vuelve independiente, y ya no tenéis ningún poder sobre ella. 

 De la misma forma, sois libres de dar a luz un hijo, pero desde el momento en que le habéis hecho nacer, se os escapa, actúa como le parece, e incluso a veces contra vosotros. Es independiente, posee una voluntad propia. Hay libertad en tanto que la acción no se ha consumado; después no la hay. Desde el momento en que empieza la acción, nos sumergimos en un terreno en el que rige una ley favorable o desfavorable para nosotros y que nos atrapa. Por lo tanto, la segunda tentación concierne a la manera de actuar razonablemente y en armonía con las posibilidades que nos ofrece la vida. Podemos actuar inteligentemente o intentar tentar al mundo invisible. Y creedme, más vale no tentarlo. A la tercera sugerencia del diablo, que le prometió darle todos los tesoros de la tierra si aceptaba postrarse ante él, Jesús respondió: Retírate Satán, pues escrito está: Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás. Aquí se vuelve a encontrar de alguna manera la repetición de la escena del pecado original, en la que la serpiente había prometido a Adán y Eva que al desobedecer a Dios, no solamente no morirían, sino que se volverían semejantes a Él. 

 Si el diablo ha intentado persuadir a Jesús de que le adorase prometiéndole riquezas y la gloria a cambio, se debe a que quería separarlo de Dios: ha intentado despertar en él el espíritu del orgullo que había hecho rebelarse a una parte de los ángeles contra el Creador. Viendo que no lo conseguía, se retiró. Con este último fracaso, el diablo sabía que ya no había nada que hacer, pues el Iniciado que ha conseguido vencer el orgullo en él, es incorruptible. Sí, porque el orgullo es la debilidad más difícil de vencer. Semejante al liquen que se incrusta en las cimas de las altas montañas, el orgullo acompaña a los Iniciados hasta la cima. ¡Cuántos han caído por orgullo, orgullosos de su saber, de sus virtudes, de sus poderes! Incluso han terminado por creer que eran el mismo Dios, omniscientes y todopoderosos, y se han erigido contra Él. 

 Contra la tentación del orgullo, Jesús ha dado una respuesta mágica: Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás. Las tres tentaciones a las que el espíritu astuto sometió a Jesús conciernen pues al estómago, al corazón y al intelecto. Os he dicho que también nosotros seremos obligatoriamente sometidos a estas tentaciones: para vencerlas, no debemos de contar más que con tres armas: la esperanza, la fe y el amor. La esperanza está ligada al estómago: ella es la que puede cambiar las piedras en el pan, porque posee el poder de transformar la materia. La fe está ligada a los pulmones y al corazón. He ahí el templo en el que habita Dios. Cuando Jesús respondió al diablo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios, afirmaba su fe en el Señor que vive dentro de él, rehusando poner esta fe a prueba cometiendo un acto tan insensato como el de precipitarse desde lo alto del templo. La tercera tentación, que concierne a la cabeza, no puede ser vencida más que por el amor. Subir a la montaña, es decir a la cima (la cabeza) es ser sabio, poseer la autoridad y el poder. 
 Aquel que ha llegado allí es tentado por el orgullo: sólo el amor a Dios puede salvarle de esta tentación. La esperanza, la fe y el amor son las grandes armas que nos permiten triunfar de las pruebas. 

 La esperanza es el arma mágica contra los accidentes de la vida material, las privaciones, las pérdidas o las miserias. La fe nos permite sentir la presencia de Dios en nosotros sin tener necesidad de tentarlo para asegurarnos de que nos proteja. El amor nos permite permanecer fieles y escapar al pecado del orgullo Y ahora quisiera volver sobre un punto que he tocado de pasada hace un rato: que todos aquellos a quienes se llama diablos o espíritus astutos no son en realidad más que obreros que cumplen la voluntad de Dios. Os daré una imagen. Ciertamente habréis visto alguna vez en el campo, cerca de un pueblo, a una niña pequeña guardando vacas. Se encuentra sentada y haciendo punto, leyendo o no haciendo nada. Y ahí, a sus pies, se encuentra echado un perro grande que la mira con amor, dispuesto a hacer todo lo que ella le pida. Las vacas, que son muy sabias, muy inteligentes, ¿comprendéis? Están ahí, tranquilas: todo va bien. Pero he ahí que una vaca se dirige hacia el campo del vecino: ¡Y las cosas ya no van tan bien, habrá complicaciones! ¡Ve muérdela! El perro obediente se levanta ladrando, y se precipita sobre la vaca para morderla un poco en las patas; evidentemente la vaca, que tiene miedo del perro, se vuelve inmediatamente al campo de su dueño, y el perro, muy satisfecho, vuelve a acostarse junto a la niña. 

 Un momento después se aleja otra vaca, y de nuevo la niña envía al perro… porque evidentemente las vacas no tienen derecho a transgredir las reglas y a salirse del prado, aunque la yerba del vecino les parezca más apetitosa. Si se salen, se les envía el perro. Exactamente lo mismo ocurre con este señor, el diablo. Cuando los hombres empiezan a transgredir ciertas reglas, les sucede lo que sucede a las vacas que van al prado del vecino: el diablo se precipita sobre ellos. Diréis: ¿Cómo? Pero entonces, ¿somos vacas? ¿Por qué no? Los hombres han sido instalados en un campo para pacer en él sensatamente; si se adentran en regiones que les están prohibidas, transgreden ciertas reglas, y los perros que están ahí reciben la orden de perseguirlos para hacerles volver. Ahí tenéis las pruebas, los sufrimientos: y ocurren porque ha habido transgresión. 

 Si el hombre es puro, no hay razón para que haya desdichas. Pero como transgrede a menudo las leyes a veces sin saberlo, entonces viene el perrazo. Es enorme, es malo, pero obedece a la pastora. Y desde el momento en que el hombre se vuelve un verdadero servidos de Dios, el perro sigue ahí, pero ya no le muerde, sino que se pone a su servicio. Pues sí, sabedlo, los diablos y los espíritus infernales son servidores de Dios. ¿Creéis que son los ángeles quienes se ocupan de castigar? ¡Tienen otras muchas cosas que hacer! Son los diablos los que vienen a atormentar a los humanos cuando trastocan el orden divino. Y cuando el hombre ha restablecido el orden en él, cuando se ha puesto de nuevo en armonía con los proyectos de Dios, ya no vienen más. Por eso Dios no quiere destruir a esos seres: son útiles. Son como esos insectos que, cuando en alguna parte hay suciedades e impurezas, vienen a comerlas. Así es: ¡limpian el terreno! Pero desde el momento en que se han eliminado esas suciedades, no vienen más, pues ya nada les atrae. En tanto que los humanos quebranten las leyes divinas, los espíritus infernales vendrán a atormentarles. 

 No son ni los ángeles ni los arcángeles los encargados de restablecer la cordura en los humanos; lo han intentado, lo han intentado, explicado, pero los humanos no les han escuchado, les han hecho frente y ahora no son ellos quienes tienen que castigarlos. Ellos viven en la armonía, la belleza, la perfección, pero dicen a los demás: ¡Vosotros, id ahora!. Y los demás obedecen, son fieles a la consigna porque han prometido cumplir la voluntad de Dios. Estos otros, son los diablos, los demonios, los ángeles exterminadores. Evidentemente, diréis que en el Apocalipsis de san Juan está escrito que eran ángeles los que traían las calamidades a la humanidad. Sí pero eran tan poderosos que en realidad no tenían que hacer otra cosa que dar una orden para que las otras fuerzas entrasen en acción y arrasaran la tierra. 

 También los sabios, los santos y los profetas, han sido atormentados por espíritus astutos que les eran enviados para ponerles a prueba y volverles más fuertes mediante estas pruebas. Estos espíritus son servidores: van donde se les envía, obedecen a una orden. Y aquellos que asolan la humanidad con desgracias y enfermedades también son enviados por seres que cuidan de que las leyes sean respetadas. Pero desde el momento en que los humanos se enderezan, estos espíritus les dejan; estan obligados a ello, porque no hacen lo que quieren, no tienen derecho a ello. He aquí lo que se aprende a través de la verdadera Ciencia Iniciática.

OMRAAM

miércoles, 15 de mayo de 2019

El punto de vista heliocéntrico




Ya os expliqué que, cuando venís a meditar a la salida del sol, no debéis concentraros inmediatamente y de forma brusca, sino dejar que vuestros pensamientos vagabundeen, se entretengan un poco... Los vigiláis, claro, para que no se extravíen, pero estáis ahí, tranquilos, distendidos; no tenéis prisa, y miráis al sol... Después de unos minutos, lleváis vuestros pensamientos al tema de meditación que habéis escogido, y el intelecto, que ha saltado, jugado y danzado durante unos momentos, se muestra más dócil. Entonces, suavemente, lentamente, sin prisa, le presentáis unas ocupaciones tan agradables y atractivas que le resultan interesantes y se concentra. 

De esta manera podéis meditar durante horas... Debemos aprender a ser un poco diplomáticos con nuestro intelecto porque, por naturaleza, es astuto, muy astuto, e insumiso. Vamos ahora con lo que hoy quería deciros. Os habéis dado cuenta de que el sol no sale todos los días por el mismo sitio del horizonte: estos días, se desplaza hacia el sur, pero, si hubieseis estado aquí en los meses de abril, mayo y junio, habríais visto que se desplazaba hacia el norte. Se produce, pues, una oscilación: desde el 22 de diciembre hasta el 22 de junio el sol va en un sentido, y desde el 22 de junio al 22 de diciembre siguiente va en otro. Se trata de un movimiento de péndulo muy lento que necesita meses y meses para llevarlo a cabo. ¿Y qué quiere decir el sol con este movimiento que determina las estaciones? Durante el verano, recorre en el cielo un inmenso arco de círculo que va hasta muy lejos hacia el Oeste, y durante el invierno un arco de círculo mucho más pequeño y más bajo en el horizonte. 

Traza así unas figuras geométricas extraordinarias, muy significativas, muy expresivas. Durante el invierno, el sol tiene demasiado poco tiempo para calentar la tierra y, entonces, todo está frío, helado, petrificado. Mientras que en primavera y en verano, el arco de círculo que describe se agranda y tiene mucho más tiempo para calentar la tierra, para animarla y hacerla fructificar. En realidad, ya lo sabéis, este movimiento del sol es sólo aparente. El sol sigue su camino en una dirección que, según los astrónomos, le lleva hacia la constelación de Hércules, y es la Tierra la que gira a su alrededor, y unas veces se acerca, y otras se aleja. Son las variaciones del movimiento de la Tierra las que producen la alternancia de las estaciones. Por tanto, si nos fiamos de las apariencias, desde el punto de vista de la Tierra, creemos que el sol sale, se pone y gira alrededor de la Tierra. Eso prueba que los humanos, si se acostumbran a observar al sol desde el punto de vista de la Tierra, desde el punto de vista geocéntrico, no pueden hacer otra cosa que equivocarse. Toda su filosofía es falsa porque está basada en la ilusión de que el sol gira alrededor de la Tierra. 

Mientras que los Iniciados, que saben que la Tierra gira alrededor del sol, invierten su punto de vista: se sitúan en el sol, lo miran todo desde el sol, y ven la verdad. Diréis: “Pero todos sabemos que es la Tierra la que gira alrededor del sol.” Sí, lo sabéis teóricamente, pero en la práctica hacéis como si fuese el sol el que girase alrededor de la tierra. Por eso os repito: “Mientras que no tratéis de encontrar el centro, vuestro centro, que es la parte divina de vosotros mismos, y de vivir en él, de mirar y actuar desde él, no encontraréis la verdad, y todo se os aparecerá de forma engañosa.” Si no me comprendéis, es porque no sabéis que en el hombre también encontramos la Tierra y el sol. La Tierra es el vientre; el sol es la inteligencia, el cerebro. 

Desgraciadamente, desde hace siglos los humanos han descendido al vientre, sólo miran a través del vientre, es decir, de la vida material. Para ellos, todo lo demás no tiene ninguna importancia. Por eso, ¡cuántas dificultades para aquél que trata de llevarles hacia el otro centro: hacia la cabeza, la inteligencia, la luz... en una palabra, al punto de vista heliocéntrico! ¿Cómo hacerles comprender que al acercarse al centro del sistema solar se acercan, al mismo tiempo, a su propio centro en torno al cual deben gravitar? Mientras el hombre quiera ser el centro de su propia existencia, será bamboleado, atormentado, y no podrá encontrar la verdad, porque, en realidad, gira alrededor de otras cosase. Utilizaré todos los medios, todos los argumentos, todos los conocimientos de los que dispongo para llevaros hacia esta verdad deslumbrante: que debéis trabajar para encontrar el centro de nuestro sistema, el sol, esta fuente de donde brota la vida, y después, en el plano espiritual, al más grande, al más poderoso: al Señor, a fin de conectarlos con vuestro propio centro, que es vuestra chispa, vuestro Yo superior, porque sólo entonces os encontraréis, por fin, a vosotros mismos, descubriréis la verdad. 

Todavía vivís en las ilusiones y los tormentos, porque no habéis llegado a encontrar vuestro centro, a girar en torno a él, a fundiros con él. Todavía son vuestros deseos, vuestros caprichos, vuestros apetitos los que os gobiernan, y giráis a su alrededor. Pues bien, no, de ahora en adelante son ellos los que deben girar en torno vuestro, obedeceros, someterse. Si debéis correr para satisfacerlos, no sólo no lo lograréis, sino que lo perderéis todo. Son ellos los que os deben servir, trabajar para vosotros, que sois el centro, la cabeza, el señor de vuestro propio reino. Os hablé hace un rato de las cuatro estaciones. Es de una gran sabiduría saber trabajar según las estaciones. El agricultor sabe en qué época debe labrar, sembrar, porque si no, la cosecha no será muy buena que digamos. Salomón decía: “Hay un tiempo para todo... un tiempo para nacer y un tiempo para morir... un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo que ha sido plantado... un tiempo para abrazar y un tiempo para alejarse de los abrazos... un tiempo para destruir y un tiempo para construir”. Y muchos, que han leído el Eclesiastés, no han comprendido que se expresaba desde un punto de vista mágico, cabalístico. ¿Cómo encontrar este tiempo para cada cosa? 

La Cábala lo explica, y es toda una ciencia el saber cómo podemos conectarnos, en el transcurso de las cuatro estaciones, con los cuatro elementos, con los cuatro puntos cardinales, con los cuatro Arcángeles... En este terreno existe un sistema extraordinario de correspondencias. Puedo daros un esquema que representa las cuatro regiones del mundo y la manera en que los elementos, los cristales, las piedras preciosas, las entidades, etc... están repartidos en ellas, pero ¿qué haríais con él? Quizá un día os lo dé, pero de momento lo que quiero es que, al ir a la salida del sol, comprendáis que debéis cambiar de punto de vista, en lugar de vivir en la periferia de vuestro ser, en las apariencias, recogeos, concentraos para encontrar esta fuente que está dentro de vosotros.

Lo que cuenta, lo que ahora importa, es que cambiéis vuestro punto de vista. En vez de refunfuñar: “¡Ah! ¡otra vez tengo que levantarme para ir a la salida del sol! ¿de qué me servirá todo esto, Dios mío? Mi cerebro está bloqueado, no puedo meditar”, ahora que conocéis todos los tesoros que hay por explorar, os levantaréis por la mañana con otra disposición. Quiero aumentar en vosotros el amor por el sol, la convicción de que debe ser lo esencial para vosotros. Si lo consigo, todos seréis unos seres nuevos. ¡Si os dijese cómo considero yo al sol, cómo me comporto con él...! Incluso durante la noche estoy con él... Y cuando me paseo, me acompaña, me habla, me instruye... Además, os lo diré francamente, es a él a quien he tomado como instructor, como Maestro. Cada día me hace revelaciones, y también os las puede hacer a vosotros. Todo depende de cómo le consideréis. Si estáis influenciados por la filosofía mecanicista, si pensáis que el sol no puede hablaros ni ayudaros, que no tiene inteligencia ni vida, entonces os cerráis el camino: es imposible ir más lejos, sentirle, hablarle, comprenderle. Desgraciadamente, su educación no ha dejado a los humanos más que la muerte en la cabeza; para ellos todo está muerto, únicamente el hombre está vivo y es inteligente, lo demás está muerto. Pues bien: una filosofía así es una filosofía destructiva, hay que reemplazarla. Tenemos que comprender que todo está vivo, que una inteligencia se manifiesta a través de todo lo que vemos, que el sol es una luz viva e inteligente... Entonces, de repente, empieza a hablaros. Si ya me ha revelado muchas cosas es porque lo considero tal como es, es decir, como un espíritu formidablemente elevado, bello, grande, poderoso, inteligente... ¡hasta el punto que todo palidece a su lado! Probad a preguntarle y os responderá. 

Quizá no seáis capaces de descifrar inmediatamente la respuesta, pero tarde o temprano ésta se presentará en la pantalla de vuestro cerebro. El sol envía las respuestas instantáneamente, como las máquinas electrónicas. El hombre es quien no está suficientemente desarrollado para captarlas inmediatamente. Ahora, os voy a interpretar otra página del libro de la naturaleza viviente. 
Observad a los humanos: instintivamente se sienten impulsados a buscar una buena situación, a ascender en la escala social para mandar y asumir responsabilidades. Para ello se ven obligados a pasar ciertos exámenes y, cuando han dado pruebas de sus méritos, les eligen para desempeñar los más altos puestos. Evidentemente, hay países en los que algunos llegan al poder con la violencia y el fraude, pero hablo para los pueblos civilizados en general. 

Si los humanos tienen este deseo de elevarse, de tener puestos de mando, es porque saben que así estarán mejor pagados, incluso trabajando menos, tendrán más tiempo libre, más libertad, más posibilidades de imponerse y de cambiar el orden de las cosas... Consideremos también los concursos, por ejemplo la elección de Miss Mundo. Ahí está, la han escogido, es la más bella (lo que no siempre es verdad, ¡porque las más bellas no se presentan a los concursos de belleza!) y para cumplir el expediente le hacen algunas preguntas que cualquiera podría responder... Y desde que tiene el título recibe dinero, vestidos, peticiones de matrimonio, proposiciones para el cine y la televisión... Todos saben que el que consigue obtener títulos saca de ellos grandes ventajas. 

Entonces, ¿por qué no se han dado cuenta de que sucede exactamente lo mismo en el terreno espiritual? Los Iniciados, los verdaderos discípulos, saben que en el plano espiritual hay otros jurados, otros examinadores que están ahí para observar cómo resuelven los problemas que la vida les presenta, y trabajan, trabajan interiormente; y si tienen éxito les dan un puesto más elevado y unos poderes más amplios. Y cuanto más ascienden, cuanto más se acercan a la cima, a la perfección, más diplomas les da el Cielo, les confía puestos importantes, y un día obtienen todos los poderes, gobiernan incluso a las fuerzas de la naturaleza, pero siempre para el bien. 

Esto es lo que les sucede, mis queridos hermanos y hermanas, a aquéllos que están instruidos, que saben leer en el libro de la naturaleza y que saben hacer transposiciones a otros planos para descifrar las verdaderas leyes. En vez de querer entrar en competencia con los humanos para obtener puestos de prefecto, de ministro o de presidente, les dejan todo eso a los demás, y consagran sus esfuerzos al dominio interior, y, a fuerza de trabajar, de elevarse sin cesar, reciben cada vez más poderes, y un día llegan a ser reyes, ¡reinan sobre la vida! Puesto que habéis emprendido esta gran aventura de ir a ver la salida del sol, debéis ir mucho más lejos en la reflexión y en la concentración, en la actividad y en el trabajo, para descubrir que este acto tiene su significado en todos los planos. 

Cuanto más amáis y comprendéis al sol, más os eleváis hasta los grados superiores de vuestro ser, más os acercáis a la cima. Porque, representada de forma diferente, la cima no es otra cosa que el centro. Si dibujáis una montaña, podéis representarla, como un cono con su cúspide, o bien como la proyección geométrica del cono, es decir, como un círculo con un punto central, y este punto central no es otra cosa que la proyección de la cúspide. Por tanto, ir hacia el centro de vuestro círculo, de vuestra alma, de vuestro espíritu, o tratar de elevaros hasta el sol, hasta la cima, es lo mismo. 

Subir o penetrar cada vez más dentro de uno mismo, es lo mismo expresado de forma diferente, y los beneficios que de ello obtenéis son los mismos: el sosiego, la serenidad, el poder, la iluminación, la autoridad, la claridad, el amor... ¡Este es el ideal de la vida! Si comprendéis la importancia del sol, podréis crear vuestro futuro; pero debéis comprenderlo. El sol revela lo esencial, los grandes principios de la vida. Subid cada mañana a la salida del sol y, años después, os volveréis como el sol, estaréis muy arriba, estaréis en el centro, ¡seréis un centro de fuerza, de poder, de vida! 

Bonfin, 4 de agosto de 1967

viernes, 10 de mayo de 2019

LA FILOSOFÍA DE LA UNIDAD





Todo lo que os revelo a propósito del mal conmociona y revoluciona posiblemente vuestras concepciones, pero dentro de algunos años el mundo entero aceptará esta filosofía, la más verídica, la única que finalmente coloca las cosas exactamente en su sitio.  Se acercan tiempos en los que no habrán ya más luchas ni desgarros en el hombre, no habrán ya más contradicciones, existirá la unidad.  El bien y el mal caminaran juntos en la misma dirección, estarán al servicio del Cielo.  En tanto que el hombre se oponga con el bien al mal, se dividirá contra sí mismo y se desgarrará hasta aniquilarse completamente.  ¿Qué puede hacer un ser que está siempre en lucha consigo mismo?  Con esta vieja filosofía la paz no vendrá jamás.  
La paz y la armonía vendrán solamente cuando se haya logrado la unidad, cuando todo camina en la misma dirección.
    
Tomemos al ser humano; si se mira la parte superior de su cuerpo: su boca, su nariz, sus ojos, su cerebro, uno se maravilla; pero si se mira más abajo: el estómago, los intestinos, etc…, uno no se admira tanto. Y, sin embargo, estas dos partes son indispensables y trabajan juntas.  La prueba está en que el hombre camina siempre con lo de arriba y con lo de abajo y que lleva a ambas a todas partes con él; ¡no deja una mitad en alguna parte para tomar solamente la otra, aquella que encuentra más conveniente y más estética!  Entonces, ¿por qué las ha separado en su pensamiento?  Ambas partes trabajan juntas para asumir la existencia y el desarrollo de todas sus facultades, pero si se erigen la una contra la otra, es el hombre quien, en su ignorancia, introduce en sí mismo el desorden y la división.  
En realidad están unidas y trabajan juntas.
     
Si os cuento hasta dónde he llegado en mis reflexiones, os asustaréis.  Imaginad que pregunte a los teólogos, a los religiosos…a todos esos puritanos: Bueno, decidme ahora cómo concebís el paraíso, el Reino de Dios: cuando los seres llegan allá arriba.  ¿Pensáis que han dejado una mitad de sí mismos en otra parte, o que están completos? Todos esos órganos de los que sentís asco y repugnancia, ¿qué ha sido de ellos?  ¡Explicádmelo!
    
Dirán: No hemos pensado en ello.-  Entonces, falta algo en vuestra concepción de las cosas.  ¿Cómo son, en lo alto, todos estos  hombres y estas mujeres?  ¿Tienen todos sus órganos  o acaso sólo han conservado el cerebro, la cabeza, los ojos?…  He aquí un tema ciertamente embarazoso, ¿no es cierto?  Posiblemente vosotros tampoco habéis reflexionado en ello, y os extraña.  Diréis: Es verdad que el Paraíso está ahí, pero, ¿cómo es?  ¿dónde está? … y, ¿cómo son los seres que lo habitan?
   
 ¡Os aseguro que el paraíso tal y como los religiosos los conciben debe ser aburridísimo!  ¡La prueba está en que se dan prisa por venir a reencarnarse en la tierra!... No, comprendedme bien, bromeo así para mostraros que muchas cosas no están ni muy claras ni son muy lógicas, y para poneros en situación de tomar conciencia de ciertos problemas sobre los cuales no había reflexionado.  Este es mi papel.
     
Ahora os preguntaréis:  ¿Cómo se vivirá cuando estemos arriba?  Pues bien, precisamente yo lo sé… Dios no ha creado al ser humano para partirlo en dos.  Sería tan antiestético que los pintores y los escultores se sentirían asqueados de verle así mutilado, hecho pedazos.  ¿Y para divertir a quién?...  Dios es el más grande esteta y Él no ha creado al hombre de cualquier manera.  No se sabe ni siquiera cuánto tiempo le hizo falta para crearlo.  Diréis: Pues sí, se sabe: en un día, el sexto.  ¡Es formidable, estáis bien informados! Un día…  ¿creéis que no ha bastado más que un día para crear al hombre tal como es?, con todo lo que vemos y con todos sus cuerpos sutiles, que no vemos.  Tratad de ver todo este esplendor y comprenderéis entonces por qué el Señor no quiere limitar al hombre cortándole en dos para divertir a unos ignorantes.
     
La dualidad no es más que una expresión de la unidad. 

El número uno es el primero y el único.  Sólo existe el número uno, esto es lo que hay que comprender.  Y, ¿qué representan el dos, el tres, el cuatro y así sucesivamente?... Divisiones del uno.   
     
Arbitrariamente se divide el uno en dos, en tres, en cuatro, en cinco, en seis… y cada división está representada como un nuevo número, mientras que no es más que una apreciación diferente del uno, un fragmento del uno.  Entonces, ¿qué es el dos? Es el uno polarizado.  Tomad un imán: está polarizado pero no está dividido, es uno y permanece uno.  En ninguna parte el dos está separado del uno.  Cualquier objeto… e incluso el hombre, tiene dos extremidades, dos polos, pero es siempre uno.  ¿Y el tres?  Pues bien, se trata de los dos polos que han permanecido atados, y que actúan el uno sobre el otro para producir un ser o un objeto que es el tres; pero el tres  tampoco está separado.  Y el cuatro, y el cinco, son también nuevos aspectos del número uno; individualmente no existen, sólo existe el uno.
    
Hasta ahora se ha creído que cada número tenía una existencia propia, que había el uno, luego el dos, después el tres, es decir, que todos los números están en el mismo plano que el uno.  No, sólo el uno existe: es el Padre, la causa, el origen de todo.  Pero esto no se ha comprendido y se cree que el uno y el dos existen separadamente, es decir, que Dios y el Diablo son iguales, que tienen el mismo poder.  Es falso, el Diablo no existe separadamente para hacerle frente a Dios.  El Diablo es un aspecto de la unidad; está lejos, en alguna parte del todo, pero forma parte de él, permanece ligado a la unidad.  Mirad las alcantarillas: no están separadas de la ciudad...
    
Evidentemente el problema del mal no ha sido nunca presentado así.  Pero ya lo veis, existe un solo número: el uno.
      
Todos los demás son aspectos, divisiones múltiples del uno, que los contiene a todos.  Es imposible salirse de Dios, del uno.  Esta es la verdadera filosofía que ha sido siempre enseñada en los templos y en los misterios antiguos.  Sin embargo, a la mayoría de los  hombres se les ha dado pequeños juguetes para que se diviertan: se les permite creer lo que desean.
    
Solamente hay que conocer el uno, puesto que contiene a todos los demás números.  Es inútil ir a buscarlos a otra parte que no sea el uno; no están.  Todos aquellos que no se han fijado en el número uno, que representa a Dios mismo, han encontrado al Diablo que venía a atormentarles.  Todos aquellos que se ocupan del dos olvidan el uno.   En ciertas épocas del cristianismo, a fuerza de dibujar y de esculpir por todas partes al Diablo y los sufrimientos de los condenados al infierno, se olvidaba a Dios.  Naturalmente, ¿qué representaba ese pobre Buen Dios al lado de un Diablo tan poderoso?  ¡Ved qué extravío, que caída!  La mayor falta de la humanidad es la de haber querido salir del uno, pues si se piensa en el uno, todo lo que es negativo y hostil desaparece, y el Diablo con ello; no queda más que Dios.
     
Hay que estudiar también al ser humano desde el punto de vista de la unidad.  Aunque esté dividido en dos; alma y cuerpo, individualidad y personalidad, interior y exterior, alto y bajo, espíritu y materia, emisivo y receptivo, cóncavo y convexo, hombre y mujer, bien y mal, Cielo e Infierno, permanece uno.  Se le puede dividir también en tres: cabeza tronco y extremidades, o cabeza, pulmones y vientre, pero es siempre uno.  Los alquimistas los dividen en cuatro, los teósofos en siete y otros, aún, en nueve o en doce, pero es siempre uno.  ¿Quién tiene razón?  Todos tienen razón; aunque dividan al hombre en tantas partes como  quieran, será siempre el uno.
    
Trabajad pues sobre el uno ya que ni el dos, ni el tres existen.
Aunque lo dividáis hasta el infinito, con sus órganos, sus nervios, sus capilares, sus células y los átomos de sus células, no salís del hombre, es decir, de la unidad.  Cuando dividís el hombre le mutiláis, le mortificáis, le disgregáis, mientras que si le veis como una unidad, le conserváis la vida y el vigor.
    
El número uno es la armonía, la plenitud, la inmortalidad, mientras que los otros números aportan ya la disgregación. El dos es la guerra, el antagonismo, el bien y el mal, Ormuz y Ahrimán, el día y la noche.  El tres los reconcilia por algún momento, es el hijo que dice: ¡Papá, mamá, no disputéis!... y los abraza.  Entonces, por amor hacia el hijo, los dos hacen un poco las paces, pero están siempre discutiendo, incluso con el hijo. ¡Ya sabéis cómo suceden las cosas!...  Después hay una hija, el cuatro, y de nuevo es la guerra, porque la madre prefiere a su hijo y el padre a su hija.  Y las discusiones vuelven a empezar, no acaban nunca…
    
Sólo en el uno se encuentra la paz.  Por eso debéis aprender a estar por encima del bien y del mal.  El bien no basta puesto que hasta ahora no ha conseguido resolver el problema del mal, ya que está siempre peleándose contra el mal sin llegar nunca a triunfar.  Y el mal no llega tampoco a arrasar el bien.  Lo quema, lo persigue y lo destroza, pero el bien siempre renace, crece y se propaga por todas partes, ¡porque también él es tenaz!  No hay, pues, nada que hacer con el bien y el mal; hay que estar por encima.
     
Por otra parte, en los templos antiguos, los Iniciados no predican más que esta filosofía de la unidad.  Fue más tarde cuando apareció la dualidad: en la religión de los persas, por ejemplo, en el maniqueísmo, o en el cristianismo, que presenta al Diablo como un adversario de Dios. Dios no tiene adversarios, no los puede tener: todo se inclina ante Él, todo Le obedece porque Él es el Creador. 

Puede ser que nosotros tengamos adversarios porque somos ignorantes y transgredimos sin cesar las leyes, pero Dios no.
Por encima de la dualidad, de la polaridad, está el uno. No os he dicho jamás que no estudiaseis los demás números, no, hay que estudiarlos, pero sabiendo que no son más que aspectos, manifestaciones del uno, y que hay que volver siempre al uno. 
    
Todavía os resulta difícil comprenderme, pero algún día me comprenderéis.  Por el momento recordad solamente que los diferentes números no existen aisladamente más que en las clasificaciones, los análisis, los esquemas, pero que en realidad todo está comprendido en el uno.

OMRAAM