Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

miércoles, 15 de mayo de 2019

El punto de vista heliocéntrico




Ya os expliqué que, cuando venís a meditar a la salida del sol, no debéis concentraros inmediatamente y de forma brusca, sino dejar que vuestros pensamientos vagabundeen, se entretengan un poco... Los vigiláis, claro, para que no se extravíen, pero estáis ahí, tranquilos, distendidos; no tenéis prisa, y miráis al sol... Después de unos minutos, lleváis vuestros pensamientos al tema de meditación que habéis escogido, y el intelecto, que ha saltado, jugado y danzado durante unos momentos, se muestra más dócil. Entonces, suavemente, lentamente, sin prisa, le presentáis unas ocupaciones tan agradables y atractivas que le resultan interesantes y se concentra. 

De esta manera podéis meditar durante horas... Debemos aprender a ser un poco diplomáticos con nuestro intelecto porque, por naturaleza, es astuto, muy astuto, e insumiso. Vamos ahora con lo que hoy quería deciros. Os habéis dado cuenta de que el sol no sale todos los días por el mismo sitio del horizonte: estos días, se desplaza hacia el sur, pero, si hubieseis estado aquí en los meses de abril, mayo y junio, habríais visto que se desplazaba hacia el norte. Se produce, pues, una oscilación: desde el 22 de diciembre hasta el 22 de junio el sol va en un sentido, y desde el 22 de junio al 22 de diciembre siguiente va en otro. Se trata de un movimiento de péndulo muy lento que necesita meses y meses para llevarlo a cabo. ¿Y qué quiere decir el sol con este movimiento que determina las estaciones? Durante el verano, recorre en el cielo un inmenso arco de círculo que va hasta muy lejos hacia el Oeste, y durante el invierno un arco de círculo mucho más pequeño y más bajo en el horizonte. 

Traza así unas figuras geométricas extraordinarias, muy significativas, muy expresivas. Durante el invierno, el sol tiene demasiado poco tiempo para calentar la tierra y, entonces, todo está frío, helado, petrificado. Mientras que en primavera y en verano, el arco de círculo que describe se agranda y tiene mucho más tiempo para calentar la tierra, para animarla y hacerla fructificar. En realidad, ya lo sabéis, este movimiento del sol es sólo aparente. El sol sigue su camino en una dirección que, según los astrónomos, le lleva hacia la constelación de Hércules, y es la Tierra la que gira a su alrededor, y unas veces se acerca, y otras se aleja. Son las variaciones del movimiento de la Tierra las que producen la alternancia de las estaciones. Por tanto, si nos fiamos de las apariencias, desde el punto de vista de la Tierra, creemos que el sol sale, se pone y gira alrededor de la Tierra. Eso prueba que los humanos, si se acostumbran a observar al sol desde el punto de vista de la Tierra, desde el punto de vista geocéntrico, no pueden hacer otra cosa que equivocarse. Toda su filosofía es falsa porque está basada en la ilusión de que el sol gira alrededor de la Tierra. 

Mientras que los Iniciados, que saben que la Tierra gira alrededor del sol, invierten su punto de vista: se sitúan en el sol, lo miran todo desde el sol, y ven la verdad. Diréis: “Pero todos sabemos que es la Tierra la que gira alrededor del sol.” Sí, lo sabéis teóricamente, pero en la práctica hacéis como si fuese el sol el que girase alrededor de la tierra. Por eso os repito: “Mientras que no tratéis de encontrar el centro, vuestro centro, que es la parte divina de vosotros mismos, y de vivir en él, de mirar y actuar desde él, no encontraréis la verdad, y todo se os aparecerá de forma engañosa.” Si no me comprendéis, es porque no sabéis que en el hombre también encontramos la Tierra y el sol. La Tierra es el vientre; el sol es la inteligencia, el cerebro. 

Desgraciadamente, desde hace siglos los humanos han descendido al vientre, sólo miran a través del vientre, es decir, de la vida material. Para ellos, todo lo demás no tiene ninguna importancia. Por eso, ¡cuántas dificultades para aquél que trata de llevarles hacia el otro centro: hacia la cabeza, la inteligencia, la luz... en una palabra, al punto de vista heliocéntrico! ¿Cómo hacerles comprender que al acercarse al centro del sistema solar se acercan, al mismo tiempo, a su propio centro en torno al cual deben gravitar? Mientras el hombre quiera ser el centro de su propia existencia, será bamboleado, atormentado, y no podrá encontrar la verdad, porque, en realidad, gira alrededor de otras cosase. Utilizaré todos los medios, todos los argumentos, todos los conocimientos de los que dispongo para llevaros hacia esta verdad deslumbrante: que debéis trabajar para encontrar el centro de nuestro sistema, el sol, esta fuente de donde brota la vida, y después, en el plano espiritual, al más grande, al más poderoso: al Señor, a fin de conectarlos con vuestro propio centro, que es vuestra chispa, vuestro Yo superior, porque sólo entonces os encontraréis, por fin, a vosotros mismos, descubriréis la verdad. 

Todavía vivís en las ilusiones y los tormentos, porque no habéis llegado a encontrar vuestro centro, a girar en torno a él, a fundiros con él. Todavía son vuestros deseos, vuestros caprichos, vuestros apetitos los que os gobiernan, y giráis a su alrededor. Pues bien, no, de ahora en adelante son ellos los que deben girar en torno vuestro, obedeceros, someterse. Si debéis correr para satisfacerlos, no sólo no lo lograréis, sino que lo perderéis todo. Son ellos los que os deben servir, trabajar para vosotros, que sois el centro, la cabeza, el señor de vuestro propio reino. Os hablé hace un rato de las cuatro estaciones. Es de una gran sabiduría saber trabajar según las estaciones. El agricultor sabe en qué época debe labrar, sembrar, porque si no, la cosecha no será muy buena que digamos. Salomón decía: “Hay un tiempo para todo... un tiempo para nacer y un tiempo para morir... un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo que ha sido plantado... un tiempo para abrazar y un tiempo para alejarse de los abrazos... un tiempo para destruir y un tiempo para construir”. Y muchos, que han leído el Eclesiastés, no han comprendido que se expresaba desde un punto de vista mágico, cabalístico. ¿Cómo encontrar este tiempo para cada cosa? 

La Cábala lo explica, y es toda una ciencia el saber cómo podemos conectarnos, en el transcurso de las cuatro estaciones, con los cuatro elementos, con los cuatro puntos cardinales, con los cuatro Arcángeles... En este terreno existe un sistema extraordinario de correspondencias. Puedo daros un esquema que representa las cuatro regiones del mundo y la manera en que los elementos, los cristales, las piedras preciosas, las entidades, etc... están repartidos en ellas, pero ¿qué haríais con él? Quizá un día os lo dé, pero de momento lo que quiero es que, al ir a la salida del sol, comprendáis que debéis cambiar de punto de vista, en lugar de vivir en la periferia de vuestro ser, en las apariencias, recogeos, concentraos para encontrar esta fuente que está dentro de vosotros.

Lo que cuenta, lo que ahora importa, es que cambiéis vuestro punto de vista. En vez de refunfuñar: “¡Ah! ¡otra vez tengo que levantarme para ir a la salida del sol! ¿de qué me servirá todo esto, Dios mío? Mi cerebro está bloqueado, no puedo meditar”, ahora que conocéis todos los tesoros que hay por explorar, os levantaréis por la mañana con otra disposición. Quiero aumentar en vosotros el amor por el sol, la convicción de que debe ser lo esencial para vosotros. Si lo consigo, todos seréis unos seres nuevos. ¡Si os dijese cómo considero yo al sol, cómo me comporto con él...! Incluso durante la noche estoy con él... Y cuando me paseo, me acompaña, me habla, me instruye... Además, os lo diré francamente, es a él a quien he tomado como instructor, como Maestro. Cada día me hace revelaciones, y también os las puede hacer a vosotros. Todo depende de cómo le consideréis. Si estáis influenciados por la filosofía mecanicista, si pensáis que el sol no puede hablaros ni ayudaros, que no tiene inteligencia ni vida, entonces os cerráis el camino: es imposible ir más lejos, sentirle, hablarle, comprenderle. Desgraciadamente, su educación no ha dejado a los humanos más que la muerte en la cabeza; para ellos todo está muerto, únicamente el hombre está vivo y es inteligente, lo demás está muerto. Pues bien: una filosofía así es una filosofía destructiva, hay que reemplazarla. Tenemos que comprender que todo está vivo, que una inteligencia se manifiesta a través de todo lo que vemos, que el sol es una luz viva e inteligente... Entonces, de repente, empieza a hablaros. Si ya me ha revelado muchas cosas es porque lo considero tal como es, es decir, como un espíritu formidablemente elevado, bello, grande, poderoso, inteligente... ¡hasta el punto que todo palidece a su lado! Probad a preguntarle y os responderá. 

Quizá no seáis capaces de descifrar inmediatamente la respuesta, pero tarde o temprano ésta se presentará en la pantalla de vuestro cerebro. El sol envía las respuestas instantáneamente, como las máquinas electrónicas. El hombre es quien no está suficientemente desarrollado para captarlas inmediatamente. Ahora, os voy a interpretar otra página del libro de la naturaleza viviente. 
Observad a los humanos: instintivamente se sienten impulsados a buscar una buena situación, a ascender en la escala social para mandar y asumir responsabilidades. Para ello se ven obligados a pasar ciertos exámenes y, cuando han dado pruebas de sus méritos, les eligen para desempeñar los más altos puestos. Evidentemente, hay países en los que algunos llegan al poder con la violencia y el fraude, pero hablo para los pueblos civilizados en general. 

Si los humanos tienen este deseo de elevarse, de tener puestos de mando, es porque saben que así estarán mejor pagados, incluso trabajando menos, tendrán más tiempo libre, más libertad, más posibilidades de imponerse y de cambiar el orden de las cosas... Consideremos también los concursos, por ejemplo la elección de Miss Mundo. Ahí está, la han escogido, es la más bella (lo que no siempre es verdad, ¡porque las más bellas no se presentan a los concursos de belleza!) y para cumplir el expediente le hacen algunas preguntas que cualquiera podría responder... Y desde que tiene el título recibe dinero, vestidos, peticiones de matrimonio, proposiciones para el cine y la televisión... Todos saben que el que consigue obtener títulos saca de ellos grandes ventajas. 

Entonces, ¿por qué no se han dado cuenta de que sucede exactamente lo mismo en el terreno espiritual? Los Iniciados, los verdaderos discípulos, saben que en el plano espiritual hay otros jurados, otros examinadores que están ahí para observar cómo resuelven los problemas que la vida les presenta, y trabajan, trabajan interiormente; y si tienen éxito les dan un puesto más elevado y unos poderes más amplios. Y cuanto más ascienden, cuanto más se acercan a la cima, a la perfección, más diplomas les da el Cielo, les confía puestos importantes, y un día obtienen todos los poderes, gobiernan incluso a las fuerzas de la naturaleza, pero siempre para el bien. 

Esto es lo que les sucede, mis queridos hermanos y hermanas, a aquéllos que están instruidos, que saben leer en el libro de la naturaleza y que saben hacer transposiciones a otros planos para descifrar las verdaderas leyes. En vez de querer entrar en competencia con los humanos para obtener puestos de prefecto, de ministro o de presidente, les dejan todo eso a los demás, y consagran sus esfuerzos al dominio interior, y, a fuerza de trabajar, de elevarse sin cesar, reciben cada vez más poderes, y un día llegan a ser reyes, ¡reinan sobre la vida! Puesto que habéis emprendido esta gran aventura de ir a ver la salida del sol, debéis ir mucho más lejos en la reflexión y en la concentración, en la actividad y en el trabajo, para descubrir que este acto tiene su significado en todos los planos. 

Cuanto más amáis y comprendéis al sol, más os eleváis hasta los grados superiores de vuestro ser, más os acercáis a la cima. Porque, representada de forma diferente, la cima no es otra cosa que el centro. Si dibujáis una montaña, podéis representarla, como un cono con su cúspide, o bien como la proyección geométrica del cono, es decir, como un círculo con un punto central, y este punto central no es otra cosa que la proyección de la cúspide. Por tanto, ir hacia el centro de vuestro círculo, de vuestra alma, de vuestro espíritu, o tratar de elevaros hasta el sol, hasta la cima, es lo mismo. 

Subir o penetrar cada vez más dentro de uno mismo, es lo mismo expresado de forma diferente, y los beneficios que de ello obtenéis son los mismos: el sosiego, la serenidad, el poder, la iluminación, la autoridad, la claridad, el amor... ¡Este es el ideal de la vida! Si comprendéis la importancia del sol, podréis crear vuestro futuro; pero debéis comprenderlo. El sol revela lo esencial, los grandes principios de la vida. Subid cada mañana a la salida del sol y, años después, os volveréis como el sol, estaréis muy arriba, estaréis en el centro, ¡seréis un centro de fuerza, de poder, de vida! 

Bonfin, 4 de agosto de 1967

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