Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

miércoles, 27 de febrero de 2019

LA INTUICIÓN



Recientemente, os he hablado de la concentración, la meditación, la plegaria y la contemplación . 

Nos hace falta retomar el tema para aclarar particularmente un aspecto de este trabajo. 
Muchos se preguntan cómo deben obrar para obtener de la concentración que les aporte indicaciones útiles para la vida. Esta operación, la llamaréis quizás clarividencia, adivinación, psicometría, profecía. Nosotros hablaremos de intuición. De hecho, en todas estas formas de previsión o de predicción, es la intuición la que trabaja, y para que ella se manifieste, nos servimos de diversos puntos de apoyo. 
Los cartománticos se sirven de cartas de juego o del tarot; los quirománticos observan las líneas de las manos; los que practican la oniromancia interpretan los sueños; los radiestesistas manejan péndulos; otros echan piedras o huesecillos. 

No nos ocuparemos hoy de todos estos procedimientos destinados a apoyar, a desmenuzar el proceso, sino que hablaremos de la intuición en sí. ! Cuántas preguntas se hacen sobre este tema! 
Para empezar, ¿qué es la intuición? ¿Cómo desarrollarla?¿y cómo servirse de ella para conocer los acontecimientos y evitar los peligros o para ayudar a los otros? Y sobre todo, ¿cómo saber si es realmente la intuición quien os habla y no un deseo o un miedo subconscientes?. 
Busquemos el sentido profundo de la palabra intuición. Viene de la expresión In-Tao, que significa Dios dentro, Dios en sí. ¿Cómo hacer en la vida de todos los días para prever las cosas en un dominio o en otro? Tomemos el tiempo, por ejemplo. Querríais saber qué tiempo hará durante algunos días, a fin de organizar vuestro programa en consecuencia. Os dirigís a la oficina meteorológica, que lleva a cabo todo tipo de observaciones sobre los vientos, la presión atmosférica, gracias a aparatos muy perfeccionados. La oficina meteorológica os responderá, aunque los conocimientos sobre el tiempo no permitan aún esperar una certidumbre completa. 

En otra ocasión vais a una biblioteca a consultar los libros que tratan de un tema que os preocupa, o bien buscáis en los archivos nacionales las fechas de acontecimientos muy antiguos, etc. He aquí un método del cual os servís a menudo en vuestra vida exterior. Las cosas pasan de la misma forma en nosotros. Existen en nosotros bibliotecas, oficinas meteorológicas, archivos, etc. que hace falta aprender a consultar para conocer el pasado y el futuro. Esto parece simple, pero en realidad es un trabajo muy delicado, muy sutil, pues no se trata de leer libros sobre una cuestión determinada, sino de llevar a cabo experiencias. La fuente veraz, que no nos engaña nunca, se encuentra dentro de nosotros. Ella puede informarnos mejor que los cartománticos y otros practicantes de la adivinación. Ya algunos de entre vosotros se dicen: "He intentado a menudo preguntarme a mí mismo, y me he equivocado de una forma desastrosa". En efecto, hace falta de ser capaz de discernir si la respuesta viene de la fuente o de otra parte. Voy a intentar aclarar este punto, pienso que esto os será útil en el futuro. 

Podemos informarnos de la fuente de dos maneras diferentes; uno mismo puede hacer observaciones, experiencias, medidas; podemos utilizar los resultados de las experiencias realizadas por los otros. ¿Cuál es el mejor método? Veremos esto más tarde. Existen numerosas formas de advertencias. 
Estoy seguro de que las habéis tenido a veces en sueños, mediante imágenes, premoniciones, signos, o la visión de formas geométricas, etc. Las advertencias que llegan a nuestra consciencia desde diversas direcciones de la naturaleza se manifiestan bajo aspectos variados: pájaros, plantas, conversaciones, ruidos, colores, sonidos, imágenes, hombres, ángeles, números y cifras, sin hablar de símbolos indefinibles. Hay que prepararse para descifrar, para comprender todos estos avisos, para interpretar correctamente estos signos simbólicos a veces muy misteriosos. 
Es pues poco probable que comprendáis al momento lo que la naturaleza y el cielo desean enviaros. Debéis en principio estudiar la ciencia de las formas, de los colores, de los sonidos. 
Por otra parte, os tenéis que ejercitar en sentir las cosas. Uno no puede equivocarse cuando sabe interpretar el lado exterior de las cosas y cuando se sabe sentir el interior de las cosas. Entonces, ¿cómo desarrollar estos dos poderes? Los dos son difíciles de adquirir, sobre todo el primero. 

Para aprender una ciencia, hace falta mucho tiempo mientras que para sentir un tiempo muy corto puede bastar. Eso depende de vuestra pureza, de vuestro impulso, de vuestra sinceridad. 

Algunos desarrollan esta facultad en algunos días, en un día, en algunas horas, a veces instantáneamente, aunque este caso sea raro. Por contra, adquirir el conocimiento de los signos reclama que se tenga un Maestro y que se le consagre tiempo, mucho tiempo. Ello explica que clarividentes no sepan interpretar lo que ven. Muchos han venido a pedirme que interprete sus visiones. ¿ De qué sirve ver si no se comprende lo que se ve? Hace falta aprender el sentido de las figuras, de las imágenes, de los símbolos. Son bien a menudo los seres más simples los que sienten mejor, mientras que los sabios sienten rara vez. Éstos cuentan antes que nada con el lado exacto, mecánico, exterior de las cosas, si bien no desarrollan la facultad de la intuición. Incluso aquéllos a los que la intuición no les falta tienen tendencia a dejarla de lado en provecho de medidas y controles que hacen sus aparatos. 

Su atención se fija exclusivamente en la forma e ignora pues el sentido de las cosas. 
Las gentes simples e ignorantes al contrario cuentan únicamente con la intuición, que por tanto se desarrolla en ellos y trabaja más activamente. No imitéis ni a los ignorantes ni a los sabios, ninguna de las dos categorías conoce más que el 50% de la verdad. Yo s aconsejo poseer las dos posibilidades, buscar las verificaciones exactas sin descuidar jamás la intuición. 
La intuición nos pone en contacto con una fuente muy alejada. Para resolver las preguntas hace falta poseer los dos modos de conocimiento. 

La intuición está siempre más desarrollada en las mujeres que en los hombres, porque estos últimos cuentan más con su lógica, su filosofía, su juicio, su sentido crítico. Las mujeres cuentan más con su sensibilidad, pero por ello ellas se equivocan a menudo, porque la intuición puede mezclarse con sensaciones venidas del plano astral, y si no se sabe discernir su origen, os induce al error. 
Hay que reconocer si las sensaciones y percepciones provienen de nuestro bagaje de viejas ideas, de viejos sentimientos, de viejos hábitos, o si provienen de la fuente verdadera. 

La intuición es una voz interior, la voz de un Consejo, de una Asamblea de los Espíritus más elevados, más luminosos, más sabios que haya en el mundo. Es su voz lo que nosotros llamamos la intuición. La intuición, sí, es la voz que viene del Consejo Supremo. Cuando uno se relaciona constantemente con él, se recibe de estos seres sublimes avisos, advertencias, indicaciones, signos, se recibe su saber. Y si no estamos relacionados con él, entonces la voz que oímos es la de nuestra personalidad, la de los deseos más o menos sofocados permanentemente en nuestro ser inferior. 
Estos deseos se manifiestan bajo la forma de lamentos, de gritos, de quejas ya suaves y débiles, ya violentas y exigentes. O bien la voz oída proviene de nuestro cuerpo mental, o nos llega de otra persona, en alguna parte sobre la tierra o en el mundo astral, o incluso en el infierno. 
Os voy a dar un criterio sobre el cual apoyaros para discernir el origen de las voces que os hablan. 
Es eficaz. Si lo utilizáis algún día, veréis que no es difícil saber si la voz viene de muy alto, es decir, de la fuente, o si viene del mundo inferior. 

Este criterio se basa sobre tres elementos: La suavidad de la voz que habla, La brevedad del consejo que da, La libertad que os deja. Nunca la voz de lo alto hace presión, nunca intenta constreñir de ninguna forma que sea. Una voz insistente, brusca, violenta, que os persigue horas o días viene de otra parte, desconfiad de ella. Ella puede provenir de dominios diferentes, pero siempre inferiores. 

Si la escucháis, perderéis todas las bendiciones recibidas anteriormente. 
Son las pasiones que hablan de esta manera en nosotros. Hay en el mundo invisible ciertos seres que se alimentan de nuestros fluidos, se aprovechan de nosotros y tienen interés en alimentar y atizar las pasiones de las que están golosos. Ellos disponen de medios para transformarnos en esclavos. 
Actúan sobre nuestra voluntad dándonos argumentos filosóficos o otros a fin de hacernos obedecer a su voluntad, y nos hablan fuertemente y con insistencia. 
La cólera actúa así; ella no se interesa de ningún modo por nuestra libertad; ella es uno de los medios que utilizan los seres de lo invisible para debilitarnos, aniquilarnos y transformarnos en esclavos. Algunos se encolerizan y declaran haber oído una voz que les ordena, ¡y toman esta voz por la de la intuición! Otros sentimientos se imponen de la misma forma: los celos, el amor sexual, estos sentimientos violentos que hacen perder al hombre su libertad. Creedme, todo el mundo está bajo la influencia de estos seres, incluso los Iniciados y los Maestros. Pero estos últimos rechazan someterse a las órdenes que dan esas voces. 

Los Maestros no están liberados de todas las tentaciones, no hay que creerse esto. 
En ellos las tentaciones son, al contrario, más fuertes que en el hombre ordinario, con el cual los espíritus no tienen gran cosa a ganar, ya que son poco productivos. Los seres evolucionados, superiores, son más ricos, más fuertes, es por ello por lo que son perseguidos y tentados mucho más por aquéllos que quieren despojarlos. Esto no significa que se deba renunciar a elevarse o esconderse bajo tierra para evitar estas trampas. Bajo tierra hay aún más, así que se sería pronto prisionero. Vale más elevarse, incluso si se está expuesto a más sufrimientos, a pesar de que se encuentra también más ayuda, más apoyo, más amistades. 

Cuanto más se sube, mayores son la alegría y la fuerza. Mejor que quedarse bajo tierra en el estado de piedra insensible, vale más sufrir un poco. Ser una piedra no es muy glorioso. Muchos se lamentan de volverse sensibles y de sufrir más a medida que trabajan, y de que se encontraban mejor antes. 
En realidad su estado anterior no era mejor. Más arriba, sufren de vez en cuando un poco, pero tienen numerosos amigos, protecciones, y más luz. Seguramente uno se vuelve más sensible, más apto para sufrir al mismo tiempo que se eleva, pero se vuelve también más capaz de dirigirse y de evitar los peligros de la vida. Son numerosos los que, mostrando interés en hacernos actuar, obran con nosotros con violencia. 

La intuición proviene de seres desinteresados, ella habla siempre poco, suavemente, sin insistencia. Ella preserva nuestra libertad. Tres veces seguidas nos dice con suavidad: "Haz esto, haz esto, haz esto". Ni una vez más. Una, dos, o tres veces, luego se calla, y se hace el silencio. Esperamos que insista, que repita, porque estamos habituados a ser violentados. Después, estando la voz muerta, la olvidamos, a menudo incluso muy contentos de olvidarla tan rápidamente. Sin embargo esta voz era la verdadera intuición. Había pronunciado su primer consejo muy suavemente; el segundo había sido muy breve: "Quédate. Estudia. Sálvate". Es todo; dos o tres palabras, pero qué importancia tenían! "Si los espíritus nos aman, que nos hablen con más fuerza, con más insistencia", pensáis. No, estos no son sus métodos. 

Los espíritus sabios no quieren influenciarnos. Saben bien que no prestaremos atención a su voz, que sus palabras se borrarán en nosotros, pero saben también que después de que los acontecimientos y los incidentes lleguen, en el momento en que nos recogeremos para reflexionar, nos acordaremos de haber sido advertidos, de haber oído alguna cosa que hemos descuidado en seguida. 
Es porque la intuición es una voz suave, breve y veraz que el hombre no la escucha. 
Está demasiado habituado a la violencia, a la dureza y a la brusquedad de los malos espíritus, que solos hablan así. Ellos solos durante semanas insistirán para imponer lo que desean. He aquí hechos: En Bulgaria, una señora me explicó que antes de casarse había conocido a dos jóvenes que querían esposarla. Uno era estudiante; joven, simpático, inteligente, no estaba aún situado, y le gustaba. 
El otro era un muchacho de buen ver, rico, provisto de una buena situación; éste le gustaba también... y no sabía no quién de los dos casarse. Ella se preguntaba interiormente, rezaba, y no acababa de decidirse. Por fin llegó el día en que tenía que dar una respuesta definitiva. No sabiendo por quién decidirse, se puso a llorar, de tal forma que se durmió. Y en su sueño recibió la visita de su madre, que había dejado ya este mundo y que le dijo: "Hija mía, he venido atraída por la confusión en que te encuentras; vengo a darte la respuesta que buscas. Si te casas con el joven rico y guapo, serás desgraciada, porque es un libertino; perderá pronto su fortuna y se volverá malvado. 

El otro joven es pobre, pero se convertirá en alguien poderoso e importante en Bulgaria. 
Lo verás muy tarde". Ya os he dicho que este mensaje proveniente de lo invisible es muy largo. 
Tiene de hecho que es la madre de la joven quien habla. Para saber lo que decía, ella se elevó más arriba de su dominio habitual, ella misma expuso la cuestión que atormentaba a su hija, y la reveló para ella. 

Al despertar, la joven, siguiendo el consejo recibido, decidió prometerse al estudiante. 
En la época en que ella me explicaba esto, su marido era ministro en Bulgaria, mientras que el otro pretendiente estaba arruinado. Cuando amigos de lo invisible pueden ayudarnos así, es perfecto. Si no, nosotros podemos siempre preguntar a la fuente presente en cada uno; ella es veraz, ella nos dará respuestas sin intermediario. 

He aquí un ejemplo. Tengo en Francia una amiga que deseaba abrir un comercio. 
Habiendo encontrado después de larga búsqueda el que ella pensaba que le podía convenir, vino a preguntarme si debía comprarlo. Sabiendo que mis respuestas pueden molestar a los otros o trastornar sus planes, sabiendo también que se me hará responsable de todo lo que pueda pasar, yo no doy mis consejos y mis informes directamente. Suponed que los negocios de esta persona no marchan en seguida bien, ella me acusará de haberla puesta en una mala situación, sin esperar a ver el desarrollo de los acontecimientos, la evolución del comercio, porque ella se había forjado esperanzas de éxito inmediato y no ve más allá; es impaciente, e incapaz de adaptarse a la realidad tal y como se presenta. Yo recibiré por tanto sus malos pensamientos: "Él no me ha dicho la verdad, ha dejado que me embarcara en un mal asunto". Incluso si ella se corrige después viendo las cosas ir mejor, conformemente a mis predicciones, habré recibido, durante todo el tiempo que ella estará enfadada, sus pensamientos negativos. Así pues desplazo de mí el punto de apoyo de mi respuesta. He aquí lo que le he dicho a esta persona: "Tengo en el mundo invisible amigos seguros que os darán la respuesta. Haced lo os será dicho esta noche". 

Durante su sueño, ella soñó que se encontraba entre el gentío de una calle muy frecuentada. Detrás caminaba alguien que le decía al oído: "Coge el almacén. Cógelo. Cógelo". 
Ella vino a contármelo. Era el medio que el cielo había escogido para darle la respuesta esperada. Pero he aquí que... algunos días más tarde volvió para decirme: "He hablado de este asunto con mi yerno y con mi hija, que están en el negocio. Ellos me han desaconsejado con insistencia coger este almacén, porque la calle donde se encuentra no está concurrida y por ello está destinado a fracasar. Como son razonables, los he escuchado, no he cerrado el trato". 

Algún tiempo después, ella supo que la persona que había reanudado el comercio realizaba excelentes negocios y, seguramente, ella sentía no haber hecho caso a la voz que le había hablado. Había recibido una buena lección: hay que saber escuchar la suave voz. El cielo se sirve de una suave voz para advertirnos, informarnos, aconsejarnos. Y es así cómo nosotros debemos actuar con los otros. No les debemos constreñir, incluso si ellos incurren en barbaridades. 

Lo que más cuenta, para el cielo, son las experiencias que se pueden tener. El cielo no se inquieta por los sufrimientos o por la muerte de los seres, él vuelve a dar un nuevo cuerpo al que pierde el suyo, o riquezas al que ha perdido todo. El cuerpo, los bienes, ¿qué son? El cielo considera solamente las experiencias que tenemos en la vida. ¿Alguno sufre? Muy bien, estudia. ¿Alguien muere? Muy bien. Llega a instruirse en lo invisible, y tendrá otro cuerpo. Así a continuación para todas nuestras perturbaciones, nuestras tribulaciones. He aquí por qué el cielo no admite el apremio. Porque no comprendéis sus métodos, subestimáis a menudo el valor de un Iniciado. 

El Iniciado ha realizado en el pasado experiencias vivientes, ha superado pruebas extraordinarias. Hace falta por tanto tener en él una mayor confianza, él obra por experiencia y habla con conocimiento de causa. No es fácil decir la verdad o revelar previsiones. ! Cuántos profetas han pagado con su vida advertencias dadas a los reyes, que no aceptaban que estas profecías no concordaran con sus propios deseos, con sus esperanzas, y que se vengaban!! Cuántos hombres han sufrido la tortura y los tormentos por haber osado decir la verdad, por haber simplemente anunciado lo que iba a llegar!. Hubo en el pasado un señor de nombre Osmán; quería declarar la guerra a Polonia, a pesar del aviso de sus ministros, que veían que las condiciones no eran favorables. Un turco, que se ocupaba de ciencias ocultas, se presentó delante de Osmán y le dijo: "Señor, he tenido un sueño. El Gran Ser dijo que este año no debéis levantar las armas. Si declaráis la guerra, la perderéis en seguida". "Vamos a ver", exclamó Osmán enojado, y ordenó a un verdugo decapitar al vidente. Después él declaró la guerra, y perdió a la vez su reino y la vida. Este hecho es histórico. Ya veis, no es fácil decir la verdad a los reyes. Otro rey, de Cerdeña éste, vio en sueños la peste invadir la ciudad y hacer estragos. Bruscamente despierto, apreció en ese mismo momento que un navío solicitaba su entrada en el puerto. 

Al momento dio la orden de hacer volver a zarpar al navío. Se asombraron de esta decisión extraña. El rey añadió: "Disparad sobre él si no se aleja". Así pues obedecieron su orden, y el navío volvió a partir. Trataron al rey de loco. Pero más tarde supieron que la peste se había declarado a bordo del barco, y que la ciudad de Marsella estaba infectada. Vosotros recibís sin cesar advertencias, pero no las escucháis ni las seguís. Pensáis: "Son ilusiones, o mentiras". Necesitáis métodos para aprender a discernir lo verdadero de lo falso en este dominio. Una suposición: decidís ir a ver a unos amigos. Antes de salir, concentraos en vuestro Yo superior, que habita en vosotros, o en este Consejo supremo del que os he hablado, y enviad vuestras peticiones. En realidad, si el caso no es muy importante, no sería conveniente dirigirse directamente a este Consejo, haced por tanto la pregunta al Yo superior. No llamemos la atención de las más altas autoridades para resolver un problema insignificante. Preguntad si vuestros amigos estarán en su casa, cómo se comportan, cuál será vuestra conversación, cómo se desarrollará vuestro encuentro. Sentid la respuesta a estas preguntas antes de poneros en camino. En seguida verificaréis la exactitud de lo que habéis sentido o creído sentir, sabréis entonces si habéis sido capaces de oír la voz de vuestra intuición. Si os habéis equivocado, tanto peor. 

A vuestro regreso, analizad todo lo que ha pasado en relación a lo que habíais sentido antes. Ved si no habíais percibido débilmente alguna cosa relacionada con el desarrollo de vuestra visita. 
Repetid a menudo esta experiencia a fin de educaros. Durante largo tiempo vuestros "presentimientos" serán confusos, después serán más claros, y un día os asombraréis de su claridad. Las respuestas que recibiréis, podréis utilizarlas como medio de tratar los asuntos, de decidir compras, o cosas importantes como un matrimonio, el nacimiento de un hijo, etc. Podéis llegar a conocer la persona, el lugar, la hora... La experiencia es simple, pero hace falta entrenarse, educarse. Otro método, aún mejor que el primero, consiste en enviar una pregunta a vuestro Yo superior antes de dormiros. 
Si el problema es importante, dirigid vuestra petición al Consejo de los Seres superiores. En el curso de la noche, una respuesta os será ciertamente dada bajo una forma o bajo otra. Queréis tener con alguien relaciones, y os preguntáis si es un buen asunto. Procurad acordaros por la mañana de vuestros sueños. Si un tigre o un oso se han presentado en vuestros sueños, ya podéis saber que la persona que queréis frecuentar se parece a estas fieras. Tomad por tanto precauciones. El lado simbólico ha variado. 

Podéis tener bien la visión de ciertas imágenes, bien solamente una sensación. A veces, es una certitud absoluta. Si vuestros ensayos no se ven coronados por el éxito, perseverad, persistid, un día seréis iluminados. Mucha gente proyecta con anterioridad lo que harán al día siguiente, adónde irán, a quién visitarán, sin contar previamente con el aviso del cielo, sin interesarse por el programa inscrito en lo invisible, e incluso si las circunstancias son contrarias, están decididas a llevarlas a cabo. Helos aquí, naturalmente entrenados para dificultades, complicaciones, choques, sufrimientos. 

El sabio obra de otra manera: él pregunta para empezar al cielo, busca conocer su programa y se compromete a cumplirlo estrictamente, obedeciendo a las leyes celestes. No tenéis otra cosa que hacer cada día que seguir el programa que se os da cotidianamente al despertar. Estad atentos, veréis qué tareas se os ofrecen, sabréis por cuál debéis comenzar. Si no se comienza por la buena, uno se arriesga a comprometer todo el día. Si vais primero a casa de un amigo, cuando debíais haber ido antes a un almacén, perderéis vuestro tiempo en discusiones, no encontraréis lo que queríais comprar, no llegaréis a vuestras citas, etc. Si obedecéis al programa tal y como se os ha indicado, todo se desarrollará sin error, sin sobresaltos. Es porque vivimos según nuestra propia voluntad, sin tener en cuenta la del mundo invisible, por lo que nos encontramos constantemente con dificultades. Nos fiamos de nuestro intelecto y de nuestros cálculos. 

Es lo siguiente lo que marca la diferencia entre la inteligencia y la intuición. La primera hace cálculos, combinaciones según el lado exterior y la apariencia de las cosas y de los acontecimientos dados en el momento en que reflexiona. No puede saber qué cambios intervendrán, y en qué tiempo se manifestarán. Basa sus razonamientos en las condiciones del momento, llamadas forzosamente s modificarse, ya que los proyectos fundados en la inteligencia se funden como la nieve al sol. Se edifica un palacio en el hielo, éste se funde cuando llega la primavera, y el palacio se hunde y desaparece. Sí, la inteligencia se equivoca a menudo, porque funda todo en las apariencias, en lo provisional. Sólo mira en sus decisiones el momento presente, lo inmediato, pero se equivoca 90 veces sobre 100 cuando decide para más tarde. La intuición jamás considera la apariencia de las cosas. Es un resumen de observaciones lejanas en el tiempo y en el espacio. Calcula incluso lo infinitamente pequeño con minucia. Al final aporta una síntesis. ¿Por qué medios realiza esta operación? Nos eternizaríamos explicándolo, pues toma en consideración elementos inimaginables para nuestro entendimiento limitado. Esta fatiga se le ahorra a nuestro cerebro, y recibimos solamente el resultado, bajo la forma de una fórmula, siempre muy breve: "No temas. 

Todo se arreglará. Sigue adelante". La fórmula no va acompañada de ninguna explicación. Los espíritus no nos dicen cómo aquello se arreglará, ni por qué hay que seguir adelante. Esto necesitaría una historia más larga que la de la humanidad. La intuición resume todo; habla mediante fórmulas y no se equivoca jamás. La intuición está sobre un vértice. Desde lo alto de la montaña el observador distingue dos personas que caminan una hacia la otra y puede saber cuándo tendrá lugar el encuentro, mientras que los habitantes del llano no pueden ver muy lejos si los seres se cruzarán, o cuándo tropezarán o se abrazarán. La intuición ve las cosas porque está situada en el vértice y mira desde muy alto. Para acercarla y obtener de ella informaciones seguras, hay que subir, elevarse. Algunos no tienen intuición simplemente porque rechazan subir, pretenden recibir quedándose en los niveles inferiores de su ser. Para tener intuición, la condición primera es la paz. 

Como el agua tranquila refleja los astros, de la misma manera nuestro cerebro apaciguado puede reflejar lo que se encuentra al otro lado del mundo, todas las imágenes se proyectan en él. Perturbado o agitado, no se puede tener verdadera intuición, las imágenes que uno ve en sí son turbias, deformadas. Vosotros sabéis que un bastón parcialmente sumergido parece roto en la parte que sale del agua. De esta forma las imágenes serán falseadas o como en esos espejos deformantes donde uno se ve un cuerpo minúsculo con una cabeza enorme, o bien un cuerpo alargado, afilado o al contrario hinchado y recortado. Y sobre tales imágenes queremos apreciar las otras, juzgar los acontecimientos, prever el futuro! Sin embargo no vemos más que cosas extrañas, y no la realidad. Para facilitar la intuición, hace falta tener la paz en uno. Para tener revelaciones, hay que quedarse interiormente en calma. Hay que hacer primeramente un trabajo, meditar, apaciguarse, a fin de ponerse en un estado favorable. La segunda condición es la pureza. La pureza es realmente el mejor método porque es ella la que hace que estéis en calma y tranquilos. Pasión, trastorno, agitación, cólera, amor sexual perturban la tranquilidad de nuestra alma, que desde entonces no puede recibir las advertencias de lo alto. La pureza es una condición preliminar para conocer la paz duradera, estable. Veamos un símbolo: el vino. 

Cuando bebéis vino, vuestra mirada, vuestro cerebro se enturbia un poco, no veis muy claro, titubeáis, os habláis a vosotros mismos, etc. Existe un vino astral. Quien bebe de él no puede tener intuición correcta y segura, ve turbio, las imágenes que recibe son vagas y deformadas. Puede pues, sin razón, declararos desagradable y detestable, o al contrario amable y encantador. La tercera condición es la más importante: hay que tener un Maestro. Hay que estar ligado al menos a un Maestro, a muchos si es posible, para recibir siempre advertencias e informaciones de la fuente. 
¿Por qué? Los Maestros nos envían cotidianamente diarios donde encontraremos todo. Ellos nos enseñan durante la noche y a menudo durante el curso del día, aunque la noche sea más favorable a su trabajo. El que tiene un Maestro descubre que recibe cada día advertencias, noticias, inspiraciones, cada mañana respuestas a sus preguntas. Hay para él tantas respuestas como días en el año. Gracias a esta ligazón con un Maestro o con varios Maestros, su intuición le habla. ¿Cómo tener un Maestro? Es difícil, sobre todo para los franceses. Los franceses son muy individualistas, desconfiados y críticos. No cuentan más que con ellos mismos, no quieren un Maestro. Si lo encuentran, ¿cómo lo consideran? En apariencia ellos lo admiran, incluso con manifestaciones excesivas, pero en su fuero interno el Maestro es su criado. Sí, él debe ayudarles, guiarlos, aconsejarlos, resolver sus problemas, pero si un día tiene la audacia de hacerles un reproche, de reprenderles, según métodos un poco inusuales, ellos se indignan. Además ellos quieren imponer al Maestro su forma de ver las cosas, sus métodos, y darle consejos. El Maestro en estas circunstancias se ve obligado a abandonar al discípulo o a decirle lo que piensa de él. 

El francés, en ese momento, no está contento de este Maestro, este criado, que le ha reprendido, corregido, criticado, o que le ha advertido solamente de que el camino seguido era peligroso y malo. Él esperaba cumplidos, aprobaciones, caricias. Se le ha criticado, así que se va. En Francia, cambian de Maestro como de vestido. Buscan a los Maestros para servirse de ellos. En Oriente se busca un Maestro para aprender a servir, para estudiar y desarrollarse. Sirviendo a un Maestro en su propio trabajo, en su "laboratorio", se aprenden sus procedimientos y sus métodos. Primero aprendiz, se convertirá quizá en compañero, después en patrón. Es así como un oficio se adquiere antes. 

En un taller, un artesano no revelaba los secretos del oficio a un aprendiz; le dejaba mirar, ejercitarse durante años, y hasta después de un largo aprendizaje no se convertía en obrero, después en maestro. En el dominio espiritual, el francés estima que un Maestro debe revelar en seguida sus secretos a los recién llegados, por muy ignorantes que sean, y soportar sus caprichos, por ejemplo representar el papel de estrella en su salón. Si él se niega, se le despide, se aparta de él, se busca otro que quiera plegarse a este juego. Es la mentalidad de los franceses, no de todos, afortunadamente. Pero es la razón por la cual no encuentran Maestros. ¿Vosotros conocéis alguno? Mostrádmelos. Ser un Maestro significa dominar todos los elementos de su naturaleza y de la naturaleza, vivir en la paz, lejos de las pasiones, o sea, ser totalmente libre. Si vuestros Maestros son más débiles que vosotros, ¿son Maestros? Inseguros, dudan de su camino, necesitan ellos mismos ser iluminados, instruidos; no son pues Maestros. Un Maestro es un ser que ha pasado por inmensas pruebas, sabe ahora resolver todos los problemas, dominar todas las situaciones. Los Maestros saben que en Francia, en lugar de servir a su obra, se querrán servir de ellos, que se les atormentará, que se los criticará, que se reirán de ellos, y que buscarán violentarlos. Es por lo que permanecen alejados de Occidente. 

No vendrán en tanto que la personalidad del hombre no quiera volverse juiciosa, ser guiada, ponerse a su servicio, pues un Maestro trabaja en colaboración con otros numerosos obreros del Reino de Dios. Servir a un Maestro es pues servir a todo el mundo a la vez. Todos los buenos sentimientos, todos los esfuerzos que le dedicamos, él los da a continuación a la humanidad para constituirle un capital. Los Maestros no necesitan para ellos mismos la estima y el respeto. Ellos lo exigen para que nosotros evolucionemos. Es en nuestro beneficio por lo que esperan de nosotros tal actitud. 

Cuando la personalidad se manifiesta muy fuertemente, los Maestros se alejan. Un discípulo sabe que debe estudiar, trabajar. Sabe que si es guiado se arriesga a caer en los abismos, que sus experiencias acabarán mal. Para el que desea sinceramente tener un Maestro, un Consejo se reunirá en el mundo invisible y decidirá a quién unirlo, pues es de algo muy importante ser recibido como discípulo de la Fraternidad Blanca. Vosotros no podéis aún sentir o imaginar la importancia que ello tiene. El Consejo decidirá cómo guiar a este discípulo, a quién confiarlo para su educación. A menudo el discípulo no sabrá en seguida que es guiado, pero percibirá que recibe advertencias, que una protección se ejerce sobre él, que una voz suave le habla para instruirle. Pronto otarde, llegado el momento, será llevado a ver a su Maestro cara a cara. Hace falta pues saber, insisto, que si se persevera en la actitud que consiste en esperar que los Maestros obedezcan a vuestra voluntad, satisfagan vuestros caprichos, os sirvan, ellos os abandonarán. Os dejarán en vuestra esclavitud, sin instrucción, sin dirección. Lo que atrae a un Maestro del mundo invisible hacia los hombres es su deseo de ser instruidos, es su humildad ante los problemas que reconocen no poder resolver sin enseñanza, es el sentimiento de que ellos no lo saben todo. No consideréis a un Maestro como una atracción, una estrella; aceptad serle fiel y sumiso en vuestros pensamientos y en vuestros sentimientos. 

El Maestro que adopta un discípulo merece esta fidelidad, porque él mismo es fiel con el discípulo. 
Él le seguirá en adelante durante siglos, luego lo confiará a otro Maestro, pues cada Instructor esta especializado en cierto dominio. La iniciativa del cambio vendrá del Maestro actual, que sabrá con quién el discípulo debe continuar sus estudios. El nuevo Maestro, como el precedente, hará todos los sacrificios por sus discípulos. Actualmente, la gente piensa que tiene una libertad entera respecto a los Maestros, hasta el punto de que podrán desembarazarse de ellos si sus métodos no les gustan. Desde hace mucho tiempo vengo constatando esta mentalidad, pero no era el momento de hablaros de ello y de poner las cosas en su lugar. Estudiaros vosotros mismos. Reconoced la verdad en vuestro fuero interno: ¿Un Maestro es un criado para utilizar o un rey a servir? Actuamos todavía como los niños; su padre, este ministro o este emperador, jugaba a hacer de caballo con ellos, y ellos no lo veían más que como un caballo: "! Es un corcel maravilloso!" Creedme, hay que dejar de montar a horcajadas sobre la espalda de su Maestro. Él no funciona según nuestros caprichos o nuestros juegos, siguiendo los deseos que se nos ocurren, y nosotros nos enojamos y ponemos una cara despreciativa, como si fuéramos príncipes o monarcas ante su criado... Es lamentable. 

Tengo derecho a hablaros así porque he vivido durante largo tiempo junto a mi Maestro y me he comportado siempre de otra manera muy diferente. Yo me he quedado a su sombra a fin de poder penetrar en su pensamiento, su laboratorio, de conocer a fondo sus métodos, y he descubierto cuán libre era. He hecho esto a causa de la sed intensa que tenía de parecerme a él. Él ha visto y comprendido mi estado de ánimo, ha permitido que sea junto a él un principiante, y poco a poco he progresado y he subido un poco más alto. Él ha obrado conmigo como una madre con su hijo. Ha comenzado por poner al alcance de mi mano pequeñas piezas de plata a fin de comprobar mi honestidad, y tomaba nota de mi comportamiento, sin decir nada. Su confianza creció con el tiempo. Los artesanos procedían así con sus aprendices, y cuando estaban seguros de ellos, los trataban como a hijos y hacían de ellos, quizás, sus herederos; algunas veces incluso preferían a su obrero antes que a su propio hijo. Yo he visto ejemplos. Así pues, porque lo escuchaba, porque me humillaba ante él, el Maestro me ha instruido. 

Sin esto él no me habría enviado junto a vosotros a Francia. Yo puedo pues serviros de ejemplo en este dominio. Se gana mucho actuando con sumisión y humildad, mientras que la independencia y la libertad mal entendidas, tal y como la personalidad las reclama, os condenan a seguir siendo débiles, vulnerables y estúpidos. Sin la ayuda del mundo invisible no se llega a grandes cosas. Los grandes músicos, pintores, escultores y poetas, los grandes hombres de estado tienen todos un Maestro, aunque ellos hayan sido a veces inconscientes de ello. Los Maestros se servían de sus talentos para dar a través de ellos algo precioso a la humanidad, obras maestras por ejemplo. El orgullo no aportará nada bueno a la persona, ni nuestra voluntad de independencia, en cambio os atará. Para formar en Francia un núcleo sólido, activo y útil, hace falta que todos aquéllos que quieran desarrollarse se unan, que unan sus almas para un trabajo común. Buscamos un Maestro. 

Todos los Maestros son manifestaciones del gran Maestro único: Cristo. Dejad de perseguir la verdad solos, salid de vuestros agujeros de topo. Para aquéllos que se unirán en su alma con los Grandes Maestros y los Grandes Poderes del mundo invisible, habrá luz, alegría, verdad y libertad. Los otros se convertirán en el abono de la tierra sobra la cual los primeros caminarán. Es la verdad. Una gitana había predicho a Kemal Ataturk que se convertiría en el más grande de todos los turcos. Basándose en cosas exteriores, se pueden hacer deducciones y previsiones, pero sin intuición se trabaja para nada, no se conoce realmente la verdad. En el tema de la guerra veis que los astrólogos se han equivocado. ¿Por qué? Porque ellos no han estudiado más que el lado exterior de los planetas y de sus aspectos. La intuición debía de tener en cuenta este lado exterior, sí, pero debía ella misma decir su palabra. Los signos pueden equivocaros si no escucháis vuestra intuición. Quienquiera que supiera escuchar su intuición podía afirmar que la guerra tendría lugar. Cuando Josefina de Beauharnais se preparaba a dejar la Martinica para venir a casarse a Francia, encontró a una gitana que le dijo:" Os casaréis, pero vuestro matrimonio será muy desgraciado y vuestro marido morirá trágicamente. 

Tendréis grandes dificultades, pero las venceréis triunfalmente. Después de esto os convertiréis en un gran personaje, casi una reina". En Francia Josefina se casó con el señor de Beauharnais, que fue decapitado durante la Revolución. Después ella se convirtió en la mujer de Napoleón. 
Ella fue pues reina sin serlo. Por otra parte fue ella quien hizo este relato. Podemos pues conocer los acontecimientos futuros, pero para ello es importante unirse con la pureza, la dulzura, la humildad, la libertad. Entonces la vida será más bella, seremos guiados sin cesar en la vida. Estos hechos han sido verificados por millares de seres, y lo serán en el futuro. Ya os ha llegado a vosotros también el momento de realizar la experiencia, pero os falta la certidumbre. Trabajad, experimentad. La certidumbre vendrá, todo será claro para vosotros. Cuando se está indeciso, no se puede penetrar en el futuro, esto prueba que hay a lo largo de la ruta dificultades y obstáculos. El día en que habréis alcanzado por vuestro esfuerzo la posibilidad de ver claramente las cosas, una certidumbre absoluta os habitará. Veréis, comprenderéis lo que veréis, y estaréis seguros de ello. Es la intuición, ella no se equivoca jamás. Procuremos desarrollar la intuición realizando metódicamente experiencias, ejercicios. Escuchemos en nosotros la voz que habla suavemente, aprendamos a reconocerla. Ello nos conducirá a la certidumbre. Cuando habéis comido, no dudáis de haber comido, vuestro estómago os informa. Las informaciones que da la intuición son así de seguras, no podemos dudarlo. 

!Que así sea para la felicidad de todos vosotros! 

****************************************** Fin de Conferencia - 

L'INTUITION " LA INTUICIÓN” 

Resumen: El Maestro nos explica lo que es la Intuición y como podemos desarrollarla. Nos explica que las bases de su desarrollo son tres: Vivir en PAZ, practicar la PUREZA y tener UN MAESTRO. Para no confundir la Intuición de otras sensaciones engañosas nos indica Sus bases iniciáticas: La suavidad de la voz que habla. La brevedad del consejo que da. La libertad que nos deja. Nos pide que hagamos experiencias para practicarla y nos da varios ejemplos de personas que la han manifestado.

OMRAAM

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