Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

domingo, 28 de abril de 2019

El sol hace crecer las simientes depositadas en nosotros por el Creador



Cómo encontrar la Santa Trinidad en el sol 

 Para empezar, volveré a la idea que os presenté ayer sobre la necesidad de cambiar vuestros temas de meditación para que no corráis peligro de estar saturados. Sucede como con la comida, se necesita variar. Me veo, pues, obligado a daros numerosos métodos, presentándoos sin cesar nuevos aspectos del sol y, cuando meditéis en la Roca o en otra parte, encontraréis lo que os conviene para ese día. Para serviros mejor de los métodos que os doy, os aconsejo que los anotéis, que llevéis una pequeña lista, como hacen las cocineras con los menús. Cada día consultaréis vuestra pequeña lista: “Veamos, esto no me dice nada... ¡Ah!, ¡esto sí que es sabroso! ¡Es lo que necesito!” Y vais a disfrutar, porque, entonces, vuestra meditación dará resultados. Y como no es seguro que el mismo ejercicio sea el adecuado para el día siguiente, a la mañana siguiente cambiáis de menú, escogéis un nuevo tema de meditación. Así, poco a poco, recorreréis todo el ciclo de las maravillas, y evolucionaréis mucho más rápidamente que si os empeñáis en un solo método de trabajo. 

Además, si os ponéis cabezones, si os obstináis, tendréis dolor de cabeza. A veces queréis concentraros en cierto tema, sin comprender que el cerebro no quiere saber nada de él y que hay que cambiar, buscar otra cosa. Algunos pensarán: “¡Ah! ¿hay que cambiar? Bien, como hasta ahora he sido sobrio y casto, voy a comer, a beber, y a ir detrás de las mujeres (o de los hombres)...” Y aparece el desenfreno. No, debemos quedarnos siempre en los menús “vegetarianos”, como os decía ayer, es decir, no descender por debajo de esta línea de demarcación que representa el diafragma. Hay caminos, senderos hasta el infinito; podemos escoger, pero no debemos descender por debajo de la frontera del “diafragma”. Cuando los hombres quieren cambiar, no saben cómo hacerlo sin peligro; en vez de quedarse por encima de la línea de demarcación y de seguir los radios para explorar este espacio que, de todas formas, es muy vasto-180º-, descienden verticalmente a las regiones inferiores y, ahí, lo que se desencadena en ellos ya no es tan favorable para su tranquilidad y su evolución. Y, justamente, en nuestra Enseñanza se os enseña en qué dirección cambiar. 
¿Qué puedo deciros aún sobre el sol? Os lo presenté como centro de nuestro sistema solar, explicándoos la importancia que tenía este centro en nuestra vida y cómo contenía en estado etérico todos los elementos que necesitamos. 

Os revelé también que nuestro Yo superior está en el sol... Hoy, si queréis, os hablaré un poco de agricultura. ¿Por qué no? Observad a los labradores. Labran la tierra, la siembran y después la abandonan durante un tiempo: esperan el calor. Y cuando llega la primavera, el sol calienta la tierra, y las semillas que estaban enterradas en ella, silenciosamente acurrucadas, sienten que el sol las acaricia, las llama, las invita, y entonces se despiertan y empiezan su trabajo. “¡Oh!, diréis, pero ¿qué nos cuenta? La germinación, el crecimiento son unos mecanismos automáticos e inconscientes en las plantas...” Ya lo sé, hago un poco de poesía para embellecer las cosas, pero de todas formas hay en la planta una vida escondida que dormita, y esta vida se pone en movimiento. 

Entonces, todas estas semillas, todas estas simientes crecen, y los hombres se alegran porque saben que cosecharán los frutos y podrán subsistir. Estáis decepcionados porque pensáis que todo eso ya lo sabéis desde hace mucho tiempo. No dudo que ya sepáis todo lo que os digo, pero os lo digo de todas formas para mostraros que no habéis comprendido bien este asunto. Lo sabéis, lo sabéis, pero no lo habéis comprendido. El saber y la comprensión son dos cosas diferentes. Lo sabéis, pero ¿qué ha dado, hasta ahora, este saber formidable? Nada. Si lo hubieseis comprendido, habríais visto que vosotros también poseéis unas semillas que debéis hacer crecer. En el alma, el espíritu, el corazón, el intelecto y el cuerpo físico de los hombres, el Creador ha depositado unas semillas, unos dones, unas virtudes, unos poderes mágicos, todos los esplendores del Cielo, que únicamente el calor del sol y su luz pueden despertar y hacer crecer. 

El día en que el hombre comprenda esto y se decida a acercarse al sol espiritual, todas las semillas depositadas en él empezarán a crecer, a desarrollarse y a dar frutos. Espero que estas palabras aumenten todavía más vuestro deseo de ir a ver el sol. Exponeos a estos rayos ¡y dejadles hacer su trabajo! Sentiréis, entonces, que nacen en vosotros pequeñas yemas, pequeños brotes... Después tenéis que regarlos, claro, porque si no los regáis pueden secarse. El sol envía su luz y su calor, pero no puede regar las plantas; necesita, pues, de una colaboradora, el agua, y esta colaboradora está en nosotros. El sol hace una parte del trabajo y nosotros debemos hacer la otra; a nosotros nos corresponde regar las plantas, que el sol ha calentado, con nuestro amor, nuestra confianza y nuestro entusiasmo. Debemos echarle una mano al sol. Si dejáis que el sol os caliente sin participar en su trabajo, no habrá grandes resultados: lo que haya hecho crecer morirá reseco. ¿Y cómo participar en este trabajo?... 

Cuando estáis bajo los rayos del sol debéis ser activos como él, es decir, meditar, contemplar, rezar, dar gracias al Señor o pronunciar algunas palabras. Así regaréis estos pequeños brotes con vuestro corazón, con vuestro amor, y todo estará bien encaminado. Mis queridos hermanos y hermanas, ¡aprended a ser los cultivadores de vuestra propia tierra! Sin el sol nada crece; por eso es preciso que todas las mañanas cada uno se presente conscientemente ante él y se exponga a sus rayos para que despierte los gérmenes, las simientes que Dios ha depositado en su alma. Es muy claro, muy sencillo, el sol puede despertar en vosotros todas las cualidades, todas las virtudes. Cuando os dije que en el sol hay ciudades, palacios, ríos, montañas, estabais escandalizados, porque nunca habíais oído una cosa así. Como la ciencia afirma que el sol es una bola incandescente, un mundo en fusión en el que no puede haber vida, lo que os cuento no es científico... Pero ¿qué dice Hermes Trismegisto?: “abajo es como arriba”, es decir, que todo lo que vemos aquí (ríos, montañas, lagos, rocas, árboles, animales, etc...) no podría existir si no hubiese arriba un modelo según el cual nuestro mundo ha sido creado. Quería decir que arriba existe un mundo, modelo de nuestro mundo, con montañas, ríos, animales, hombres... pero hecho de otra materia, con otras formas... 

Hermes Trismegisto no dijo que lo de abajo es absolutamente idéntico a lo de arriba, sino que es “como”. Todo lo que vemos aquí, pues, no es más que un reflejo, una repetición, una imitación de otro mundo; es, si queréis, como la sombra, que se parece al árbol pero que no es el árbol mismo, o como el reflejo en un espejo, que es la imagen del hombre pero que tampoco es el hombre mismo. Todos los Iniciados han presentado el mundo terrestre como una sombra, una imagen, una ilusión, como el reflejo de un mundo superior, del mundo divino, un reflejo que puede indicar el camino a seguir para volver a encontrar esta realidad, arriba, que es semejante a él, pero de un esplendor indescriptible. El sol es el “arriba” y la tierra el “abajo”. 

El sol representa el cielo, y en el cielo (o más bien los cielos) hay toda una vida, unos habitantes que tienen, como nosotros, viviendas, que se alimentan, que nacen, que hacen intercambios y se aman, pero divinamente. En el sol también hay ciudades, montañas, ríos, plantas, toda una vegetación, pero de otra materia. Si no fuera así, las palabras de Hermes Trismegisto, lo mismo que las de Jesús, serían insensatas. Al decir: “hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”, Jesús rezaba para que todo lo que existe arriba: la armonía, el orden, la belleza, la luz, la perfección, el amor, la fuerza, el poder, la vida eterna, desciendan a la tierra para que los humanos vivan en la misma armonía, la misma abundancia, el mismo gozo que los habitantes del Cielo. 

Si Jesús no hubiese conocido la estructura perfecta del mundo de arriba, no habría expresado este deseo. Y, puesto que el sol simboliza el cielo, y es su imagen, su resumen, su reflejo, ¿qué puede enseñarnos si lo miramos? Vemos su luz, sentimos su calor, recibimos la vida que emana de él. 
El sol está vivo, vibra, brota, calienta a todas las criaturas, ilumina el mundo. Estas tres nociones: luz, calor y vida, podemos encontrarlas en los Libros sagrados de todas las tradiciones. 
En todas partes encontramos esta trinidad, la Santa Trinidad. Sólo que en el espíritu de los cristianos la Santa Trinidad sigue siendo una noción abstracta, fría, alejada de nosotros, y los teólogos se niegan a representarla sencillamente por miedo a devaluarla. Por el contrario, nosotros nos alegramos cada día de la presencia de esta Santa Trinidad, la frecuentamos, la saludamos, comulgamos con ella. 

 En la religión cristiana la Santa Trinidad es un elemento esencial, pero está relegada en alguna parte, no se sabe dónde; se contentan con mencionarla, no la frecuentan cada día para hacer intercambios con ella. Como la Santa Trinidad es un misterio, no tenemos derecho a ocuparnos de ella. Decid a los cristianos que es accesible y hasta tangible, os responderán que estáis blasfemando, porque en general, para ellos, la Divinidad debe estar perdida a lo lejos, en alguna parte; nosotros no podemos ni verla, ni contemplarla, ni acercarnos a ella... No es de extrañar, pues, que los humanos se hayan alejado de Dios, que ya no lo sientan, que ya no estén habitados por Él, y que después, claro, se entreguen a los actos más inmorales e insensatos. 

En la nueva moral, en la nueva filosofía que se acerca y que va a invadir el mundo, las realidades espirituales estarán tan próximas, serán tan accesibles, tan tangibles, que cada día podremos comprenderlas, vivirlas, sentirlas, unirnos a ellas, comulgar con ellas; cada día nos alimentaremos con un alimento tan extraordinariamente luminoso que nos veremos obligados a transformarnos. Porque el hombre sólo puede transformarse realmente si absorbe otro alimento en todos los ámbitos. La trinidad aparece bajo nombres diferentes en todas las religiones; la encontramos en Egipto, la India, en los Cabalistas, los Tibetanos, por todas partes, salvo en los Persas, que eran dualistas. 

Pero ¿cómo comprender esta trinidad? En el origen siempre hay un ser que engendra a otro ser, quien a su vez engendra a un tercero. En la cristiandad se les llama Padre, Hijo y Espíritu Santo; en otras partes les han dado nombres diferentes que ya os mencioné en otras conferencias, pero quedémonos con Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre es la vida que inunda el universo, la fuente de la que brotan todas las creaciones. El Hijo puede ser asimilado a la luz, puesto que Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo”; pero eso no le impide manifestar también el amor. Y el Espíritu Santo, que desciende bajo forma de lenguas de fuego, representa el calor, el amor; pero eso no le impide ser también la luz que ilumina las inteligencias, que da la facultad de hablar en lenguas, de profetizar, de conocer y de penetrar los misterios. En realidad, poco importa quién de ellos es el amor y quién la sabiduría: el Hijo y el Espíritu Santo son uno, se transforman el uno en el otro, tienen los mismos poderes. 

La cuestión esencial es comprender que estos tres principios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, se encuentran también en la vida, la luz y el calor del sol. Diréis: “Pero, ¿tenemos derecho a reconocer a estas altísimas entidades en la luz, el calor y la vida?” Claro que sí, y esta correspondencia es una ventaja práctica formidable, porque nos permite contemplar cada mañana a esta Santa Trinidad, comulgar con ella, conectarnos con ella para recibir todas las bendiciones. Es una promesa de resurrección y de vida. ¿Por qué no quieren comprender los cristianos que las más grandes verdades están ahí, expuestas ante nuestros ojos por todas partes en la naturaleza? Todos comprenderán, salvo los cristianos que dirán: “¡Ah! El sol... Aunque el sol no existiese, basta con ir a misa para salvarnos”. No se han dado cuenta de que sin el sol nadie estaría vivo para decir misa, y de que hasta ellos estarían muertos, ¡petrificados y helados desde hace tiempo! Sólo los cristianos son, hasta este punto, inconscientes del vínculo vivo que une al hombre con la naturaleza. Diréis: “Pero, ¿qué tiene Vd. contra los cristianos?” Nada, nada, yo también soy cristiano. Si les zarandeo de vez en cuando es sólo para invitarles a que abran un poco los ojos, a que reflexionen más y a que comprendan que Dios se manifiesta en todas partes, en todas las cosas. 

Todo es una manifestación divina: las flores, los pájaros, los árboles, las montañas, los lagos, las estrellas, y el ser humano también. Bajo diferentes formas, en grados diferentes, es siempre Dios el que se manifiesta. En cuanto hay un ser vivo Dios está presente, porque fuera de Dios no hay vida. Únicamente Dios infunde la vida en el universo, Él es la fuente de la vida y nadie más que Él puede crearla o distribuirla. El hombre mismo es solamente el conductor de esta vida que viene de más lejos. Cuando un padre le dice a su hijo: “Yo te he dado la vida” y cree tener derecho de vida y muerte sobre él, se equivoca. Esta vida ha sido creada por Dios, el padre sólo es su conductor. 

Si pudiese crearla, ¿por qué no se crea más años de vida cuando le llega el momento de morirse? 
La prueba de que no crea la vida es que es incapaz de prolongarla. Le ha sido dada una cierta duración de vida y no puede añadir ni una hora más. La vida pasa a través del hombre, pero es Dios quien se la da. Por todas partes en donde aparece la vida se manifiesta la presencia de Dios. Y, como en la tierra toda la vida viene del sol, nos vemos obligados a reconocer que Dios se manifiesta mucho mejor a través del sol que a través de cualquier otra criatura. ¿Quién, además del sol, posee el poder de alimentar a la humanidad, de hacer crecer la uva y el trigo? Escriben algunos libros, hacen algunos discursos, pero al final todo desaparece sin dejar huellas, mientras que el sol está siempre ahí para vivificar, iluminar y calentar la tierra entera. 

Cuando el mundo de arriba creó el mundo de abajo, dejó por todas partes su sello, signos, para que los humanos pudiesen encontrarle. Y en el sol también se manifiesta esta Inteligencia cósmica, esta Trinidad que no quiere permanecer absolutamente oculta e inaccesible, para dejar a los humanos la posibilidad de encontrarla. En realidad, la Santa Trinidad no está enteramente contenida en la luz, el calor y la vida del sol, está más allá del sol. Pero, a través de esta luz, de este calor y de esta vida que nos visitan cada día, podemos alcanzarla, hablarle, comulgar con ella, amarla y hacerla penetrar en nosotros. Y, puesto que hemos sido creados a imagen de Dios, cada uno de nosotros debe ser también una trinidad. Sí, con nuestro intelecto, nuestro corazón y nuestra voluntad ya somos una trinidad que piensa, que siente y que actúa. Evidentemente, esta pequeña trinidad está un poco apagada, petrificada, helada, pero a fuerza de frecuentar al sol va a reanimarse, a iluminarse, a calentarse. 

Ahí tenéis, de nuevo, la utilidad de asistir a la salida del sol: poco a poco nuestra trinidad se vuelve luminosa, calurosa, vivificante como el sol, se acerca a esta gran Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cristo dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”. Pero, si nunca hemos visto al Padre, ¿de dónde tomaremos el modelo de su perfección? Aquí tenemos un modelo: el sol. Dios está muy arriba, muy lejos, pero en su misericordia ha querido dar a los humanos la posibilidad de reencontrarlo; ha dejado huellas, como un hilo de Ariadna, y si tomáis este hilo, pasando por el sol, iréis hasta el Padre. 

El sol indica el camino. Cada día vemos un reflejo, una imagen sublime, perfecta, de la Santa Trinidad y, si sabemos trabajar con este modelo, nuestra pequeña trinidad puede llegar también a ser santa. Podemos repetir cuanto queramos las palabras de Cristo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”, pero nunca hemos visto al Padre, no sabemos cómo se manifiesta, cuáles son sus vibraciones, sus colores, su poder, y todo esto se queda en teoría. El sol nos da una pequeña idea de lo que es el Padre Celestial, nos explica que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno, inseparables. Si los distinguimos es para comprenderlos mejor, pero en realidad son uno, los tres son uno. En la Cábala, 1 es 3, y 3 es 1. En el hombre, igualmente, el intelecto, el corazón y la voluntad nunca están separados; están soldados, caminan, galopan juntos. 

El intelecto hace proyectos y el corazón le echa una mano, le anima: “¡Venga!, ¡estoy contigo!”, y la voluntad galopa para realizar estos proyectos. Y vemos a los tres que corren, corren... A veces, al contrario, es la voluntad la que arrastra a los demás y el hombre se rompe la crisma, porque el intelecto se ha quedado en la cola. Por mucho que grite: “¡Esperadme, cometéis un error!”, la voluntad replica: “¡Cállate. Tú no sabes nada!” Sí, ¡los tres tienen unas discusiones formidables!... Pero esta trinidad todavía no es santa. Para que nuestra trinidad se vuelva santa debemos tomar al sol como modelo y tender hacia él para llegar a ser luminosos, calurosos y vivificantes como él. Claro que es imposible llegar a conseguirlo, pero este trabajo está en la línea de la Iniciación. En vez de quedarnos estancados en unas nociones viejas e inútiles, es preferible ir cada mañana a la salida del sol y tener el ideal de parecernos a él. Existe, ya os lo dije, una ley de mimetismo según la cual toda criatura se parece, a la larga, al medio en el que se encuentra. 

Si el hombre mira a menudo y durante mucho tiempo al sol, si lo comprende, si lo ama, si se deja penetrar por sus rayos, se vuelve poco a poco semejante a él. E incluso, si sabe condensar sus rayos, acumularlos, hacer reservas de ellos en el plexo solar, en el sistema simpático, puede utilizarlos luego a lo largo de toda la jornada y ser infatigable. Es toda una ciencia, todo un aprendizaje el que hay que hacer, y aquéllos que lo han tomado en serio reciben bendiciones cada día. Mis queridos hermanos y hermanas, ¿veis todo lo que puede enseñarnos el sol? Algún día, a fuerza de contemplarlo, de meditar sobre él, estaréis armados para atacar a vuestros enemigos, a los enemigos que tenéis dentro de vosotros mismos, les desalojaréis y la Santa Trinidad vendrá a establecer su morada en vosotros. 

OMRAAM

Bonfin, 2 de agosto de 1967

sábado, 20 de abril de 2019

LAS 12 TRIBUS DE ISRAEL Y LOS 12 TRABAJOS DE HÉRCULES CON RELACIÓN AL ZODÍACO




Los doce signos del zodíaco han inspirado numerosos relatos simbólicos en las mitologías y en las religiones. Entre los más conocidos, se encuentra la historia de los 12 hijos de Jacob, que son el origen de las 12 tribus de Israel, y los 12 trabajos de Hércules. Naturalmente, para ver la correspondencia entre estos relatos y el zodíaco, es preciso poseer la ciencia de los símbolos; cuando se la posee, todo se aclara y resulta evidente. Empezaremos por leer el capítulo 49 del Génesis: «Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Reuníos Y os anunciaré lo que sucederá en días venideros. ¡Reuníos y oíd, hijos de Jacob! ¡Prestad oídos a Israel, vuestro padre! Rubén, tú eres mi primogénito, Mi fortaleza y la primicia de mi vigor; Superior en dignidad y superior en poder, Impetuoso como las aguas, ¡no tendrás la preeminencia! 

Pues subiste al lecho de tu padre, Lo profanaste al subir. Simeón y Leví son hermanos; Sus espadas son instrumentos de violencia. En su consejo secreto no entre mi alma. ¡ A su compañía no se junte mi espíritu! Porque, en su furor, mataron hombres, Y, con su maldad, desjarretaron toros. ¡ Maldito sea su furor por cruel Y su cólera por violenta! Los dividiré en Jacob, Y los esparciré en Israel. Judá, tú recibirás los homenajes de tus hermanos. Tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos. Los hijos de tu padre se inclinarán ante ti. Cachorro de león es Judá. ¡ Vuelves de la presa, hijo mío! Se encorva, se echa como un león. Como leona, ¿quién osará levantarlo? No será arrebatado el cetro de Judá Ni el bastón de mando entre sus pies, Hasta que venga Aquél a quien pertenece, Y a quien los pueblos obedecerán. El ata a la vid su pollino Y a la cepa el hijo de su asna. 

El lava en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos enrojecidos del vino, Y sus dientes blancos de la leche. Zabulón habitará en la ribera del mar, En los puertos donde atracan las naves, Y su límite se extenderá hasta Sidón. Isacar es un asno robusto, Echado entre los establos, Ve que el lugar en que reposa es agradable, Y que la tierra es magnífica; El inclina su hombro a la carga, Se somete a un tributo. Dan juzgará a su pueblo, Como una más de las tribus de Israel. Dan será una serpiente en el camino, Como víbora junto al sendero. Que muerde los talones del caballo, A fin de que el jinete caiga por detrás. ¡Tu salvación espero, oh Yavé! Gad será asaltado por bandas armadas, Pero él las someterá y perseguirá. Aser produce un alimento excelente; Procurará deleites regios. Neftalí es una cierva en libertad; El pronuncia palabras hermosas. José es el brote de un árbol fértil, brote de un árbol fértil junto a la fuente, Cuyas ramas se extienden por encima del muro. 

Ellos lo han provocado, lo han aseteado; Los arqueros lo han hostigado,Pero su arco ha permanecido tenso, ¿ Y sus manos han sido fortalecidas, Por la ayuda de! Fuerte de Jacob: Se ha convertido en el pastor, en la Roca de Israel. Es por obra del Dios de tu padre que serás ayudado; Es por obra del Todopoderoso que serás bendecido. Bendiciones de los cielos de arriba, Bendiciones de las aguas de abajo, Bendiciones de los senos y del vientre materno Las bendiciones de tu padre se elevan Por encima de las bendiciones de mis padres Hasta las cimas de las colinas eternas: Que desciendan sobre la cabeza de José ; Sobre la cabeza del elegido entre sus hermanos! Benjamín es un lobo rapaz; Que por la mañana devora la presa, Y por la tarde reparte los despojos. Todos ellos forman las 12 tribus de Israel. Y esto es lo que les dijo su padre al bendecirlos. Los bendijo, a cada cual dio su bendición.» Leyendo este capítulo del Génesis, constatáis que Jacob se dirigió de forma muy distinta a cada uno de sus hijos. Profundizando en las palabras que pronunció a cada uno, sus profecías y sus bendiciones, se comprueba con sorpresa la gran relación que existe entre los 12 hijos de Jacob y los 12 signos del zodíaco. 

Es lo que vamos a estudiar. Rubén es designado por Jacob como « superior en dignidad y en poder». Es impetuoso como las aguas, pero no tendrá la preeminencia, porque profanó el lecho de su padre al subirse a él. Quizás penséis que esta descripción de Rubén, el primogénito, corresponda a «Aries», que es el primer signo del zodíaco según los astrólogos modernos, y que está caracterizado por la impulsividad. No; Aries no es como las aguas y, precisamente, esta comparación con las aguas demuestra que se trata de Acuario, cuyo símbolo [ tiene la forma de las olas. Por otra parte, este signo está regido por Saturno, pero sobre todo por Urano, que representa la audacia, la necesidad de oponerse a los convencionalismos, de cambiar las normas establecidas, lo que explica el hecho de que subiera al lecho de su padre. Pero, en su aspecto superior, Urano aporta innovaciones en la vida colectiva, universal. El segundo y tercer hijo de Jacob, Simeón y Leví, son mencionados conjuntamente. Jacob dice de ellos: 

«A su compañía no se junte mi espíritu, porque en su furor, mataron hombres... 
Los dividiré en Jacob y los esparciré en Israel». Casi son palabras de maldición las que pronuncia Jacob. Simeón y Leví mataron a unos hombres pretextando vengar el honor de su hermana Dina. 
En efecto, Siquem, príncipe del país, raptó a Dina, hija de Jacob, pero luego la pidió en matrimonio a su padre, y Jacob aceptó. Pero Simeón y Leví, con la excusa de vengar el ultraje hecho a su hermana, mataron a Siquem a traición, así como a su padre Jamor y a todos los hombres de su ciudad. 
Después, se apoderaron de sus rebaños y de todas sus riquezas. Jacob se disgustó mucho por este crimen. Estos dos hermanos, tan prestos a actuar astutamente, a matar, a robar, corresponden a Géminis e, representados en la mitología griega por Castor y Pólux, cuya leyenda cuenta, por lo demás, que liberaron a su hermana Elena, raptada por Teseo. 

La constelación de Géminis está relacionada con los pulmones, los brazos y las manos, y regida por Mercurio, el dios de mente rápida e ingeniosa, siempre presto a actuar, incluso deshonestamente y sin escrúpulos. De su cuarto hijo, Judá, dice Jacob que es como un cachorro de león, y la descripción que de él hace («Tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos... Vuelves de la presa, hijo mío»), así como las imágenes del cetro y del bastón soberano, corresponden exactamente al signo de Leo, que es el de la autoridad, de la expansión, de la realeza: «Tu recibirás los homenajes de tus hermanos... Los hijos de tu padre se inclinarán ante ti». Judá será soberano hasta la venida de Squilo, al cual obedecerán los pueblos. Squilo es uno de los nombres del Mesías. Todo lo que se ha dicho de Zabulón, el quinto hijo de Jacob, se refiere al mar: «Zabulón habitará en la ribera del mar, en los puertos donde atracan las naves, y su límite se extenderá hasta Sidón» (que es un puerto de la costa fenicia, actual Líbano). Zabulón corresponde al signo Cáncer, que es un signo de agua. Cáncer está representado por un cangrejo de mar que vive junto a las costas. 

Este signo rige el estómago; toma, pues, el alimento para extraer de él todo lo necesario para la conservación de la vida. De su sexto hijo, Isacar, dice Jacob que es un asno robusto, que duerme en los establos. Vosotros pensáis, sin duda, que en el zodíaco no hay ningún asno... Así es, pero no hay que interpretar siempre los textos bíblicos literalmente. Las cualidades que se atribuyen aquí a Isacar, son también las del buey y del toro: la resistencia, la paciencia, la tenacidad, el amor al trabajo, aunque sea duro. Isacar representa, pues, el signo Tauro, que es un signo de tierra, en contacto con la plena expansión de las fuerzas de la primavera (del 21 de abril al 21 de mayo), los prados, los campos, los huertos, la tierra fértil, lo que está también indicado en las palabras de Jacob: «Ve que el lugar en que reposa es agradable y la tierra es espléndida». Tauro está regido por Venus, pero en su aspecto primitivo, instintivo, prolífico. 

De su séptimo hijo, Dan, dice Jacob que juzgará a su pueblo, pero que será como una serpiente en el camino. Estas dos palabras son casi opuestas, ya que un juez está generalmente considerado como un hombre recto, justo y, por tanto, sorprende su comparación con una serpiente. 
Pero estos rasgos contradictorios, se encuentran en Libra. Libra, con sus dos platillos, es el símbolo del equilibrio, del buen juicio, de la conciliación; su influencia crea magistrados, hombres de leyes, abogados e igualmente artistas: pintores, escultores, músicos, etc... Venus está en su domicilio en Libra, pero Saturno está en exaltación y si está mal aspectado, el equilibrio se rompe, el signo se balancea hacia Escorpio, que es el signo siguiente, y entonces inevitablemente se manifiesta la serpiente. Gad, dice Jacob, será asaltado por bandas armadas, pero él las someterá y las perseguirá a su vez. 

Gad representa el signo de Escorpio, que es la octava casa astrológica; está regido por Marte, el planeta de la violencia, de la guerra, así como por Urano y Plutón. Escorpio es el signo más misterioso del zodíaco. Representa el lado subterráneo de la vida, el subconsciente, la fuerza sexual, la fermentación, la putrefacción, la muerte, todo lo que se fomenta en secreto: las revoluciones, las conmociones, los complots, el espionaje. Pero para los que hacen un trabajo espiritual con el fin de sublimar y utilizar las fuerzas instintivas para el bien, Escorpio se convierte en el Águila de mirada penetrante que vuela hacia el Sol. Escorpio es el signo de los grandes poderes magnéticos y mágicos. Y entre los cuatro Animales santos que, como sabéis, están también representados por los cuatro Evangelistas, san Juan es el que representa el Águila, Escorpio divinizado. 

De su noveno hijo, Aser, dice Jacob que produce un alimento excelente y procura deleites regios. Aser corresponde al signo Virgo y, que está representado por una doncella llevando unas espigas de trigo. Virgo representa la sexta casa astrológica, la casa de la salud, de la higiene, de la alimentación. Neftalí, el décimo hijo, es comparado a una cierva en libertad y pronuncia hermosas palabras. A semejanza de lo dicho sobre el asno a propósito de Isacar, el término «cierva» no deber interpretarse literalmente. La cierva impetuosa se asemeja a la cabra, y Neftalí corresponde al signo Capricornio. Saturno, regente de Capricornio, es ordenado, metódico, ahorrador, arrastra al espíritu hacia las más altas cimas donde adquiere autoridad y maestría mediante el trabajo, la perseverancia y la tenacidad. El Sol recorre el signo de Capricornio entre el 21 de diciembre y el 21 de enero; entra, pues, en Capricornio en Navidad, y las hermosas palabras que pronuncia son las de los pastores, de los sacerdotes y de los parientes durante las fiestas, pero, sobre todo, las del ángel a los pastores: «Tranquilizaos, pues he aquí que vengo a anunciaros una gran alegría, que será la de todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido un salvador que es el Cristo Señor. 

Y esto os servirá de señal: encontraréis a un recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre... Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Durante este período, las noches son las más largas y los días los más cortos; sin embargo, Capricornio trae la esperanza del renacimiento y de la primavera. A José, Jacob se dirige muy extensamente, pero nosotros sólo citaremos dos rasgos principales que caracterizan las bendiciones que éste pronuncia a su hijo. Por una parte expresa la idea de elevación, de altura: «José es el brote de un árbol fértil... cuyas ramas se extienden por encima del muro... las bendiciones de tu padre se elevan por encima de las bendiciones de mis padres, hasta la cima de las colinas eternas. Que desciendan sobre la cabeza de José, sobre la cabeza del elegido entre sus hermanos». Por otra parte, refleja la imagen del arco y de las flechas: «Ellos lo han aseteado... Los arqueros lo han hostigado, pero su arco ha permanecido tenso». José corresponde al signo de Sagitario que representa un hombre llevando un arco y unas flechas. Sagitario es la novena casa astrológica, la de la elevación espiritual simbolizada por el Centauro, criatura mitad hombre, mitad caballo que galopa i tirando con el arco. 

El Centauro representa el esfuerzo que debemos hacer para liberar nuestra naturaleza superior (el hombre) de nuestra naturaleza inferior, animal (el caballo), lanzándonos hacia las regiones celestes bajo el impulso indicado por la flecha. Sagitario es el signo de las grandes luchas espirituales, de las que hacen de un hombre un Iniciado. Por esto se dice que José fue hostigado, pero que su arco permaneció tenso y sus manos fortificadas por las manos del poderoso Jacob. Sagitario está regido por Júpiter, cuyas cualidades: rectitud, nobleza y generosidad acentúan aún más el carácter espiritual. Ya conocéis la historia de José. Sus hermanos, que estaban celosos de él porque era el preferido de su padre y notaban su superioridad, le vendieron como esclavo. 

Llevado a Egipto, José se granjeó la estima y la confianza del faraón por sus cualidades, y éste acabó dándole el gobierno de su país... Pero antes, sufrió todo tipo de desventuras. 
La más conocida es la que tuvo con la mujer de su primer amo, Putifar, que se enamoró de él. Pero como no quiso ceder, ella le acusó de intento de violación y José fue encarcelado... Años después, cuando José llegó a ser poderoso, encontró de nuevo a sus hermanos, y no sólo les perdonó sino que se mostró muy generoso con ellos. Esta capacidad de perdonar y esta generosidad son cualidades de Júpiter, así como la facilidad para triunfar. Las personas nacidas bajo la influencia de Júpiter, sobre todo si se encuentra en la primera casa, son siempre las primeras entre sus hermanos y hermanas, las preferidas de sus padres, y, también muy a menudo, gozan de grandes ventajas en la sociedad. Sagitario, tal como hemos visto, es el tercer signo del triángulo de fuego, formado por los signos Aries, Leo y Sagitario. 

A Aries corresponde la cabeza (el pensamiento), a Leo corresponde el corazón (el sentimiento) y a Sagitario corresponden los muslos, es decir, la ejecución, la realización del pensamiento y del sentimiento. Sagitario ejecuta: realiza la sabiduría que está en la cabeza y el amor que está en el corazón. Benjamín es presentado como un lobo, y el lobo corresponde aquí a la constelación de Aries T. Aparentemente, hay una contradicción entre Aries y el lobo, pero realmente no es más que una apariencia. Aries está regido por Marte y este primer signo del triángulo de fuego que hemos estudiado, cuando no está controlado, es un signo de agresividad, de violencia y de destrucción. 
Pero si se sublima, este fuego de la violencia puede convertirse en el fuego del sacrificio: Aries, entonces, ya no es el lobo destructor, sino el Cordero inmolado al principio del mundo y que representa al Cristo. Por otra parte, esta idea se recoge igualmente en Jacob cuando dice: «Por la mañana devora la presa, y por la tarde reparte los despojos». 

Por supuesto, estas palabras pueden interpretarse literalmente: por la mañana el guerrero destruye a sus enemigos y, por la tarde, distribuye el botín conseguido en el combate. Pero la mañana y la tarde representan el comienzo y el fin de la jornada, y una jornada puede ser un período de evolución, como los siete días de la creación. Comprendidas de esta forma, las palabras de Jacob significan que a lo largo de la evolución, la constelación de Aries se convertirá en la constelación del Cordero, es decir, del amor, del sacrificio que no sólo no destruye a los hombres, sino que da su vida por ellos. Os habréis dado cuenta, sin duda, que puesto que la constelación de Géminis está representada por Simeón y Leví, los doce hijos de Jacob no pueden representar más que once signos del zodíaco, y que no hemos estudiado todavía el signo de Piscis. 

Para encontrar a Piscis, hay que leer el capítulo precedente del Génesis (capítulo 48, versículos 8 al 20), donde Jacob da su bendición a los hijos de José: Efraim y Manases. «Israel ( Otro nombre de Jacob) miró a los hijos de José y dijo: «¿ Quiénes son éstos?», José respondió a su padre: «Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí». Israel dijo: «Acércalos a mí, te lo ruego, para que yo ¡os bendiga»... Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraim, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manases; puso las manos así, intencionadamente, pues Manases era el mayor. Y bendijo a José diciendo: «¡Que Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me ha guiado desde mi nacimiento hasta hoy, que el ángel que me ha librado de todo mal, bendiga estos niños! ¡Que por ellos se difunda mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y se multipliquen en gran número sobre la tierra!». José se disgustó al ver que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraim; tomó la mano de su padre para llevarla de la cabeza de Efraim a la de Manases. 

Y le dijo: « No es así, padre mío, porque el mayor es éste; pon tu mano derecha sobre su cabeza». Su padre se opuso y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé. También él llegará a ser un pueblo y será también grande, pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia será una muchedumbre de naciones». Aquel día los bendijo, diciendo: «Por ti Israel bendecirá diciendo: ¡Que Dios te haga corno Efraim y Manases! Y puso a Eírairn delante de Manases». Según este texto, podemos ver que Jacob bendijo ve a los hijos de José exactamente igual como bendijo luego a los suyos. 
Efraim y Manases corresponden al signo de Piscis La bendición de Jacob: «Que se multipliquen en gran número sobre la tierra», y mas adelante, al decir: «También él negará a ser un pueblo, pero su hermano menor será mas grande que él y su descendencia será una muchedumbre de naciones», hace hincapié en el aspecto de la fecundidad del signo de Piscis, en es que Júpiter está en su domicilio, Venus en exaltación. 

La constelación de Piscis simboliza el océano cósmico de donde proceden todos los mundos. La creación comienza con la constelación de Piscis: la vida surge del mar y recorre sucesivamente todos los otros signos, para regresar nuevamente a Piscis. Para todo lo que existe, se produce este retorno a Piscis, el retorno si caos, de donde surgirán, una y otra vez, nuevos mundos. Ya que Sagitario (José) y Piscis (Efraim y Manases) están regidos por Júpiter, los dos hijos de José actúan conforme a. las reglas de su padre. Pero el padre y sus dos hijos no están influenciados de la misma forma por Júpiter, Sagitario manifiesta sobre todo la ambición, la autoridad, el dominio de Júpiter, mientras que Piscis manifiesta su bondad, su dulzura, que puede llegar a la abnegación, la renuncia y el sacrificio. El zodíaco ha inspirado a casi todos los pueblos, mitos y relatos legendarios que reflejan las características propias de cada uno de los doce signos. 

En la mitología griega, son los doce trabajos de Hércules. 

Conocéis la historia de Hércules (en griego Heracles). Era hijo de Zeus y de la mujer de Anfitrión, general tebano, Alcmena, a la cual había seducido adoptando la figura de su marido. Cuando Heracles nació, Hera, esposa de Zeus, exasperada por sus continuas infidelidades, quiso matar al niño y le envió dos culebras para que lo estrangularan en su cuna; pero fue el niño quien estranguló a las serpientes. Desde su adolescencia, Heracles recibió una esmerada educación, y ya había realizado varias proezas cuando se casó con Mégara, la hija del rey de Tebas, con la que tuvo varios hijos. Un día, en un repentino ataque de locura, mató a los niños y a su madre. Lleno de remordimientos, fue a Delfos a consultar el oráculo de Apolo, preguntándole cómo debía expiar su crimen. Apolo le ordenó que durante doce años se pusiera al servicio del rey Euristeo, y fue Euristeo quien le sometió a las pruebas que han sido denominadas los doce trabajos de Hércules. Sucesivamente Hércules: 

1. Estranguló al león de Nemea. 
2. Mató la hidra de Lerna. 
3. Capturó vivo al jabalí de Enmanto. 
4. Alcanzó a la cierva de patas bronceadas. 
5. Abatió a flechazos las aves del lago Estinfale. 
6. Domó el toro de la isla de Creta, enviado por Poseidón contra el rey Minos. 
7. Mató a Diomedes, rey de Tracia, que alimentaba a sus caballos con carne humana. 
8. Venció a las Amazonas. 
9. Limpió los establos de Augías, haciendo pasar por allí las aguas de los ríos Alfeo y Peneo. 
10. Luchó y mató al gigante Gerión, apoderándose de sus bueyes. 
11. Se llevó las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. 
12. Liberó a Teseo de los Infiernos. 

Ahora, examinemos de nuevo estos trabajos, uno detrás de otro, para ver a qué signos del zodíaco corresponden. 

1. El león de Nemea: se adivina inmediatamente que se trata del signo Leo. 

2. La hidra de Lerna: era un dragón de 7 cabezas que envenenaba la región de Lerna con su aliento pestilente. Hércules intentó cortar sus cabezas con una hoz de oro, pero, conforme las iba cortando, brotaban de nuevo; era preciso cortarlas todas de una vez. Por fin, su siervo Yolao acudió en su ayuda: prendió fuego en el bosque, y con unos troncos encendidos quemó la herida de cada una de las cabezas que Hércules lograba cortar, para impedir que renacieran. La hidra de Lerna corresponde al signo de Escorpio. 

Escorpio es el símbolo de la energía sexual, con la que renace sin cesar una cabeza, un nuevo vigor. Únicamente el fuego divino puede triunfar ante ella. El amor sexual no se puede aniquilar, sino que hay que transformarlo en amor divino; de este modo algunos seres, continuamente atormentados por la fuerza sexual, han conseguido ser los más sublimes a través del sacrificio, porque han sabido transformar esta fuerza. En cuanto a los que luchan estúpidamente contra ella, se agotan en esta lucha, en la que jamás podrán triunfar; se amargan, se vuelven reprimidos, malvados, y son víctimas de todo tipo de trastornos. 

3. El jabalí de Erimanto: como el lobo en el pasaje que acabamos de ver, «Benjamín es un lobo rapaz», el jabalí representa la fuerza bruta de Marte y corresponde al signo Aries. Por otra parte, en la mitología griega, existe una leyenda según la cual Marte habría sufrido una metamorfosis convirtiéndose en jabalí, para herir a Adonis del cual quería vengarse. 

4. La cierva de patas bronceadas: recordaréis que, a propósito de Neftalí, Jacob había dicho: «Es una cierva en libertad». Aquí la cierva también tiene el mismo significado que la cabra, y corresponde al signo de Capricornio. 

5. Las aves del lago Estinfale: la leyenda dice que eran buitres. Hércules mató estas aves con unas flechas, lo que, evidentemente, corresponde al signo de Sagitario, al que siempre se ha representado tensando el arco. 

6. El toro de la isla de Creta: como para el león de Nemea, es también aquí evidente que esta hazaña está relacionada con el signo Tauro. 

7. Diomedes: esta hazaña corresponde a la constelación de Géminis. Evidentemente, las correspondencias son aquí más difíciles de descubrir, pero existen a pesar de todo. La leyenda cuenta que Diomedes alimentaba a sus caballos con la carne de los viajeros que se extraviaban por su reino. Para castigarlo, Hércules le hizo prisionero y, a su vez, hizo> que fuera devorado por sus caballos. Pero, ¿qué relación puede existir entre la historia de Diomedes y la constelación de Géminis? 

La primera relación está en los caballos: Castor y Pólux, Géminis, son representados la mayoría de las veces a caballo. Además, al enumerar los hijos de Jacob, vimos que Simeón y Leví simbolizaban el signo Géminis. Jacob I dijo: «Ellos han asesinado hombres». Diomedes también mataba hombres. Ahora, si estudiamos quién es Mercurio, vemos que, como ya hemos señalado para Simeón y Leví, el planeta Mercurio, regente de Géminis, empuja a la acción o incluso a la ejecución de un robo o de un crimen, y que, en la mitología griega, el dios Mercurio era el dios de los viajeros. 
También eran extranjeros extraviados los que Diomedes daba de comer a sus caballos. Finalmente, y para profundizar más en su simbolismo, Mercurio representa el intelecto, y el intelecto es una facultad que destruye. Sí, a través de su intelecto el hombre destruye: analiza, critica, escudriña y, al fin, a base de destruir todo lo que le rodea, llega a destruirse a sí mismo. Es lo mismo que le sucedió a Diomedes: daba hombres a sus caballos para que los devorasen, pero, al final, él mismo fue devorado por sus caballos. 

8. Las Amazonas: era un pueblo de guerreras que luchaban a caballo tirando al arco. Formaban un pueblo de mujeres sin hombres y representaban así un cierto aspecto del signo Virgo.

9. Los establos de Augías: Augías era un príncipe que poseía innumerables rebaños, cuyos establos jamás ordenó limpiar. Para limpiarlos, Hércules desvió los dos ríos Alfeo y Peneo. Este trabajo está relacionado con el signo de Acuario, cuyas aguas espirituales vendrán a purificar el subconsciente del hombre, los «establos». 

10. El gigante Gerión: era una especie de monstruo que tenía tres cuerpos de cintura para arriba. Vivía en una isla, en la que poseía un rebaño de bueyes. Esta prueba corresponde a la constelación de Cáncer. Hemos visto hace poco, a propósito del quinto hijo de Jacob, Zabulón, que era evocado a través de imágenes de mares y costas. Aquí, el mar está representado por la isla. Gerión posee también unos bueyes. Pero lo más interesante, en cuanto a Gerión, son sus tres cuerpos. Ya os he explicado que el hombre está constituido por tres principios: intelecto, corazón y voluntad, que existen en él a nivel inferior de la personalidad y a nivel superior de la individualidad. En la simbología tradicional, la personalidad está representada por la Luna y la individualidad por el Sol. Los tres cuerpos de Gerión corresponden, pues, a los planos físico, astral y mental que constituyen la personalidad. 

11. Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides: esta prueba corresponde al signo de Libra, que el sol recorre durante el período del 21 de septiembre al 21 de octubre. Es el principio del otoño, época en que se recogen los últimos frutos. Sabéis que este signo está regido por Venus, que reina en los jardines, las flores, la belleza. Por otra parte, el nombre del planeta Venus, en griego, es hésperos, la estrella de la mañana. 

12. Teseo liberado de los Infiernos: tal como os he dicho anteriormente, la constelación de Piscis representa el caos universal, la confusión primigenia de donde han surgido todos los seres. Es, pues, el mundo de lo indeterminado, del inconsciente, de las tinieblas, los Infiernos de donde Hércules rescató a Teseo para llevarlo hacia la luz, hacia la consciencia. Además de estos doce trabajos, Hércules llevó a cabo otras muchas proezas, que hoy dejaremos de lado porque no están relacionadas con los signos del zodíaco. Para resumir, hagamos de forma rápida una labia de las correspondencias que existen entre los signos del zodíaco, los hijos de Jacob y los trabajos de Hércules,




Los doce trabajos de Hércules pueden interpretarse como el paso del Sol por los diferentes signos de! zodíaco, siendo interpretado cada uno de ellos como una etapa de la lenta transformación de la naturaleza a lo largo del año. Cuando el Sol entra en Aries, es el principio de la primavera, el surgimiento de las fuerzas de la naturaleza, la irrupción de los primeros brotes. Este impulso prosigue en Tauro y en Géminis, con la aparición de las hojas y de las flores. Con Cáncer comienza el verano: se forma el grano, después el fruto madura (Leo) y una vez maduro, se recolecta (Virgo). Después viene el otoño (Libra, Escorpio, Sagitario): se recogen los últimos frutos, caen las hojas, la vegetación muere y se descompone. Finalmente, llega el invierno (Capricornio, Acuario y Piscis): el grano es enterrado en el suelo, donde muere y se funde con la tierra ; pero de esta muerte nacerán las nuevas simientes que producirán nuevos crecimientos y nuevas floraciones. Así pues, en cada signo, el Sol lleva a cabo determinados trabajos. 

Este trabajo del Sol en la vegetación puede ser interpretado, desde el punto de vista alquímico, como la transformación de la materia de la Piedra Filosofal que, al igual que el grano, se cuece, se pudre, resucita, etc... Pero el trabajo alquímico no consiste sólo en transformar la materia de la Piedra Filosofal. Para el discípulo, el verdadero trabajo alquímico consiste en desarrollar las simientes enterradas en sí mismo, de la misma forma que las fuerzas de la naturaleza hacen crecer los gérmenes enterrados en el suelo, y, precisamente, cada signo del zodíaco posee un aspecto positivo y otro negativo. El discípulo, como Hércules, debe luchar contra cada uno de los aspectos negativos y, por el contrario, desarrollar en sí mismo los aspectos positivos. Debe luchar contra el lobo y el jabalí de Marte (la violencia salvaje, la crueldad) y alimentar en sí mismo el deseo de hacer los sacrificios necesarios para que se produzca la germinación. Debe vencer el materialismo y la sensualidad de Tauro, y adquirir su paciencia, su tenacidad y su fuerza. 

 Debe luchar contra las tendencias nocivas de Géminis, con su intelecto siempre presto a engañar, a criticar, a calumniar, y estar dispuesto, en cambio, a manifestar los preceptos del amor y de las sabiduría. Debe dominar la emotividad, la imaginación crepuscular y desordenada de Cáncer, favorecida por la Luna, y sensibilizarse a las corrientes espirituales, tener el deseo de elaborar su vida y de purificar todas las fuerzas que le han sido dadas. Debe vencer el orgullo y la ostentación de Leo para desarrollar su nobleza, su grandeza, su rectitud. Debe vencer la estrechez de espíritu, la sequedad y la avaricia de Virgo, y aprender su pureza, su gusto por el orden y el método. Debe vencer la pereza y la indecisión de Libra y desarrollar su necesidad de armonía y belleza. 

Debe triunfar frente a los celos y a las pasiones sexuales de Escorpio, y estar siempre dispuesto a morir a todo aquello que es inferior, como lo enseñaba Jesús cuando decía: «Si no morís, no viviréis». Debe luchar contra el instinto de rebelión y la inestabilidad de Sagitario, y ser capaz de elevarse constantemente hasta Dios, de poseer un pensamiento poderoso y de defender la ciudadela de los Iniciados, de los hijos de Dios. Sagitario es el defensor que está subido a las murallas desde donde vigila, con el arco tendido, para proteger el Reine de Dios, la Fraternidad Blanca Universal. Debe vencer el orgullo, la dureza y la intransigencia de Capricornio, para alcanzar, a través de la meditación y la contemplación, las más altas cimas de las montañas espirituales. Debe vencer el individualismo, la necesidad de escándalo y de rebelión de Acuario, para fundirse con la inmensa comunidad de la fraternidad universal, en la vida cósmica. 

Debe escapar de las brumas y las prisiones internas de Piscis, y aprender su abnegación, renuncia y sacrificio. Así, el trabajo del discípulo consiste en recorrer todos los signos, luchando consigo mismo contra todos los enemigos: los jabalís, los lobos, los leones, los toros, las aves, las cabras, los escorpiones, etc.... Cuando estos trabajos estén terminados y haya adquirido las doce virtudes, como Hércules, llegará a ser un semi-dios. A través de los mitos y de las religiones se encuentran indicios de la iniciación; el mismo lenguaje la misma sabiduría, solo las formas varían. Por todas partes se enseña al hombre cómo puede llegar a ser un ser superior, un héroe, una divinidad. Nosotros debemos esforzarnos para perfeccionarnos. 

E incluso, si no lo lograremos estaremos justificados ante el cielo. El cielo nunca nos acusará de no haberlo conseguido; son los esfuerzos los que cuentan y estos depende de nosotros. Cuando el cielo vea que no cesamos en el esfuerzo, decidirá darnos todo lo que pidamos , y la alegría la luz, la belleza y la libertad s e derramarán sobre nosotros. Estos regalos serán seleccionados según quien los solicite, teniendo en cuenta su carácter, su estructura y sus afinidades, así como el trabajo que hubiese realizado, en función de lo que sea necesario para su evolución. 

Al igual que el pez, cada cual sacará estos regalos del océano cósmico y extraerá de ellos los elementos susceptibles de formar su piel, su apariencia su inteligencia. Podríamos extendernos mas ampliamente sobre este tema, estudiar también las correspondencias que existen entre los doce signos del zodiaco y las doce piedras preciosas que formaban los cimientos de La Nueva Jerusalén, así como los doce apóstoles. Por hoy, contentaros con estas revelaciones,que va os proporcionan inmensas posibilidades para vuestro trabajo espiritual.

OMRAAM

miércoles, 17 de abril de 2019

LA PIEDRA FILOSOFAL : EL SOL, LA LUNA Y MERCURIO



Los alquimistas enseñan en sus tratados que para obtener la piedra filosofal simbolizada por Mercurio, el adepto debe empezar el trabajo en el momento en que el Sol entra en la constelación de Aries, y la Luna en la de Tauro, ya que el Sol está exaltado en Aries y la Luna exaltada en Tauro. 
El signo siguiente, Géminis, es el domicilio de Mercurio. Así, estos tres signos, Aries (el Sol).
Tauro (la Luna) y Géminis (Mercurio), se suceden para demostrar que la unión del Sol a y la Luna da el fruto de un hijo: Mercurio. El símbolo de Mercurio está formado por el disco solar y la media luna, unidos por el signo + que es el de la tierra, pero también el de la suma en aritmética.
Para los alquimistas, este símbolo también es una representación de los cuatro elementos: dos elementos masculinos y dos elementos femeninos. 

La luna representa el agua, el Sol a el fuego,  la Tierra, y Mercurio representa el aire. 
El Sol y la Luna dan, pues, nacimiento al niño, Mercurio, la piedra filosofal. Pero la piedra filosofal que buscan los alquimistas es, en realidad, un símbolo de la transformación del hombre. Cuando los alquimistas dicen que trabajan con el Sol y la Luna, sobreentienden los dos principios masculino y femenino de la voluntad y de la imaginación y, gracias a este trabajo, consiguen transmutar su propia materia y llegar a ser, simbólicamente, como el Sol y la Luna, es decir, resplandecientes (el Sol ) y puros (la Luna). Y no es una causalidad que Aries sea el domicilio de Marte, y Tauro el domicilio de Venus, pues hay que trabajar con el Sol y la Luna para sublimar la fuerza sexual (Venus) y la fuerza dinámica y activa de la voluntad (Marte); de esta forma, el alquimista obtiene todos los poderes espirituales simbolizados por Mercurio, el agente mágico. 

En la Orden de los Templarios, el agente mágico está representado por «Bafomet», esta figura con apariencia monstruosa que ha hecho creer a algunos que los Templarios rendían cuito al diablo. Otros han llamado a este agente mágico «Azot», palabra formada con la primera letra de ios tres alfa-betos: latino (A), griego (Alpha) y hebraico (Aleph), y con la última letra de estos íres alfabetos: Z (latino), O (griego), T (hebraico). Esta palabra significaba que el agente mágico era el alfa y omega, el principio y el fin. Para obtener este agente mágico, los alquimistas se esforzaron mucho y, a menudo, sin éxito, ya que no sabían que este trabajo con el Sol y la Luna no debe hacerse únicamente en el plano físico, sino también en el plano espiritual con los dos principios de la voluntad y la imaginación, trabajo que se puede también simbolizar con la expresión: «coger el toro por los cuernos». Coger el toro por los cuernos significa para el discípulo empezar un trabajo interno con el fin de dominar sus instintos. Desgraciadamente en nuestra época los humanos no cogen el toro por los cuernos, sino que le dan libertad para pisotearlo todo. 

Especialmente entre la juventud, ¡no podéis imaginaros todo lo que el toro es capaz de destrozar! Coger el toro por los cuernos representa el trabajo de la voluntad sobre la imaginación; la imaginación va siempre unida a la sensualidad. Todos los que tienen una imaginación desbordada tienden a ser perezosos y sensuales; la Luna y Venus van siempre juntos. Pero si, con su luz, el Sol interviene para dirigir correctamente esta fuerza, la Luna resulta de una gran utilidad, porque tiene el poder de concretizar las cosas. Yo os he hablado de los diferentes períodos por los que ha pasado la Tierra: el período de Saturno, el período del Sol, el período de la Luna, y os he explicado que el período del Sol fue un período de dilatación, de expansión, mientras que en el período de la Luna, por el contrario, se produjo un proceso de coagulación, de concretización. 

Porque el Sol y la Luna son también los símbolos de los dos procesos alquimistas «solve» y «coagula»: disolver y coagular, Así pues, en el símbolo Mercurio, el Sol está representado por un círculo, y la Luna por un medio círculo, como si fuera una costilla del Sol, lo que explica porque se dice en el Génesis que Dios formó a Eva de una costilla de Adán. Los Iniciados, para mostrar que esta combinación, esta fusión inteligente de los dos principios, producía Mercurio, representaron a Mercurio con el Sol coronado por la Luna, unidos con el signo que también es, como hemos visto, el símbolo de la Tierra. Por sí solo, este símbolo de Mercurio da testimonio de la profunda ciencia de los Iniciados. Una de sus numerosas variantes es el caduceo de Hermes, formado por una vara rodeada de dos serpientes, que ha quedado como símbolo de los médicos y de los farmacéuticos.
En nuestros días, este símbolo del caduceo aparece en los descubrimientos científicos bajo la forma del láser. 

¿Qué es el láser? 

Bajo su forma mas simple, es un cristal de rubí sintético en forma cilíndrica, cuyas extremidades presentan: una de ellas una superficie reflectante; la otra, una superficie semireflectante. Este cristal está rodeado por un tubo de un flash verde que excita los átomos de cromo contenidos en el rubí (es lo que se llama bombeo óptico). Cuando la intensidad de bombeo del flash es suficiente, hay emisión de un haz de luz extremadamente intensa por la extremidad semi-reflectante.


EL LASER

El haz luminoso que aparece no es otra cosa que Mercurio producido por el trabajo de los dos principios. Pero la cuestión ahora es encontrar el láser en uno mismo, ¡esto sería lo verdaderamente prodigioso! En realidad, desde la más lejana antigüedad, los iniciados realizaron en su vida psíquica y espiritual todo los descubrimientos que está haciendo actualmente la ciencia oficial: la radio, el teléfono, la televisión, la fisión del átomo... Los científicos no son más que obreros que deben aplicar, en el plano físico, una leyes que existen en el mundo espiritual. Todo debe ser realizado algún día en la materia; por eso los inventores son a menudo antiguos iniciados, alquimistas, magos, cabalistas, que han regresado de nuevo para realizar en la materia todo lo que ya han conocido y realizado en el plano espiritual. Si estos fenómenos no existieran en el plano espiritual, no habría ningún medio de descubrirlos en el plano físico. 

Pues todo lo que está abajo, es corno lo que está arriba; así todo lo que está arriba, en el mundo del espíritu, debe ser concretizado abajo, en el mundo de la materia. Al crear el símbolo de Mercurio, los Iniciados han querido enseñar a los humanos a trabajar sobre la energía sexual a través de la voluntad y la imaginación para obtener los poderes mágicos, pues la verdadera «fuerza fuerte de todas las fuerzas», de la cual habla Hermes Trismegisto, es el amor. Sólo el amor da la vida, no hay nada por encima de la vida, es el origen de todo. Dios nos ha dado esta fuerza del amor para que nosotros aprendamos a sublimarla en vida, en vida intensa a fin de obtener los poderes mágicos, la omnipotencia. El símbolo de Mercurio está hecho del sol a la luna y de la Tierra , pero si se suprime la Luna, se obtiene el símbolo de Venus el amor. Todos estos aspectos contenidos en el signo de Mercurio, los volvemos a encontrar en las funciones del dios Hermes, cuya vara mágica, el caduceo, era el símbolo de los poderes que él poseía a todos los niveles.

En el signo de Mercurio, la Luna que representa la imaginación, es como un recipiente lleno de agua; en efecto, la Luna, principio femenino, está relacionada con el agua. Debajo se encuentra el Sol, el fuego, que activa la imaginación en una dirección determinada. Y aún más abajo, la Tierra, símbolo de la realización en el plano material. El que llega a comprender completamente este símbolo se convierte en todopoderoso, y si se le dan las condiciones necesarias es capaz de conmocionar el mundo entero, porque ha comprendido lo esencial el trabajo de la voluntad sobre la imaginación.
De la misma forma que la mujer tiene la posibilidad de condensar la vida en su seno, la Luna posee el poder de concretizar, de materializar las cosas, de transformarlas en tierra, es decir de realizarlas en el plano físico. El discípulo debe decidirse a vencer el toro, es decir, a dominar esta fuerza salvaje, brutal, violenta de la sensualidad, a fin de extraer fuerzas de ella. Abatir al toro, no quiere decir matarlo; si se le mata, ya no podremos utilizar sus fuerzas. 

Es preciso coger al toro por los cuernos, es decir, empezar a dominar la Luna, la imaginación, que es inseparable de la sensualidad, excepto, precisamente, para aquellos que han cogido su toro por los cuernos, como lodos los verdaderos creadores: sabios, filósofos, artistas, Iniciados, que dan otra dirección a su imaginación. Todos los que no han conseguido coger al toro por los cuernos, dejan correr su imaginación por todas partes, y ésta, entonces, se prostituye. Hay que esforzarse en dar a la imaginación un trabajo determinado para que pueda producir siempre las creaciones más bellas, más brillantes, más nobles. Un discípulo no debe permitir que su «mujer», su imaginación, se pasee y se acueste con cualquiera, para traer al mundo gárgolas y monstruos; debe conservar a su mujer para sí. Recordad de estas palabras que debéis aprender a trabajar con la Luna, la imaginación, pero manteniéndola pura (por otra parte la Luna, en su verdadero significado espiritual, está relacionada con la pureza de la imaginación), con la luz, el fuego del Sol, con el amor desinteresado de Venus y, por último, con la justicia de la cruz, la Tierra, para obtener la realización perfecta. Mercurio es el símbolo del ser perfecto, en el que la circulación de las dos corrientes se hace de una forma tan armónica y equilibrada que encuentra la paz, y se convierte en un centro radiante capaz de arrastrar las criaturas hacia el bien.

 Cuando la Luna no está estimulada por Marte y el Sol, empuja a los humanos a la pereza; a la búsqueda de máquinas, de aparatos que les eximan de cualquier esfuerzo. El símbolo de Mercurio nos enseña, por el contrario, que la actividad, los esfuerzos son absolutamente indispensables. No es que sea negativo poseer aparatos y máquinas, pero sólo con la condición de que liberen al hombre de las tareas materiales y le permitan una actividad nueva, espiritual, un trabajo gigantesco a través de la voluntad y la imaginación, a fin de crear obras divinas, Desgraciadamente, por el momento, los hombres no trabajan con esta finalidad: quieren eliminar al Sol y a Marte, es decir, la actividad, el esfuerzo, que son esenciales, y quedarse solamente con la Luna y Venus. Ignoran que es el medio más rápido para degenerar. La Luna es accesible a cualquier influencia, no escoge; cualquier persona o cosa puede manifestarse a través de ella; es como el agua que toma la forma del recipiente en el cual se vierte. El agua, la Luna, la imaginación, son poco más o menos la misma cosa.
Si el Sol no se ocupa de la Luna, de la imaginación, ésta puede incluso reflejar el infierno.

Por eso los Iniciados no dejan que la Luna, es decir, su imaginación, su «mujer», vagabundee por cualquier parte, sino que cuidan, gracias al Sol, de que reciba un elemento de luz y de eternidad. En ese momento, la Luna se convierte en una mujer extraordinaria, adorable, y otras leyes divinas intervienen para realizar en el plano material lo que se forma en la imaginación. Es lo que simboliza la cruz colocada en la base del signo de Mercurio. La cruz es la piedra cúbica, expresión de la Tierra5. Para los alquimistas, la cruz, la piedra cúbica, era la tierra virgen gracias a la cual podían empezar a construir el edificio. El trabajo con el Sol y la Luna, la voluntad y la imaginación, propio de los Iniciados, es valedero para la eternidad, puesto que la voluntad –como expresión del pensamiento– y la imaginación, son dos principios fundamentales en el hombre. Por eso, en los libros de alquimia, se encuentran a menudo estas imágenes: el Sol y la Luna, el rey y la reina... Bajo distintas formas, no hay más que esto: el Sol y la Luna, el hombre y la mujer que engendran un hijo regio, la piedra filosofal, el elixir de la vida inmortal, la panacea universal, la varita mágica, el caduceo de Hermes... La misión del hombre es realizar el Cielo sobre la tierra, parecerse a su Padre Celestial, el Creador.

Pero para realizar brillantemente esta misión, debe conocer los factores indispensables para este trabajo: los dos principios activo y pasivo, emisivo y receptivo, masculino y femenino, el Sol y la Luna, la voluntad y la imaginación, infundiendo a la Luna todo lo que el Sol contiene de noble y de luminoso; de esta forma podrá reflejar y expandir las cualidades del Sol. El discípulo debe dirigir cada día su mirada a los proyectos más nobles, más grandiosos, para poderlos realizar en la Tierra. En primer lugar trabaja con la imaginación, y después, con el corazón y la voluntad, haciendo que lo imaginado se convierta en realidad. Que no se regocije soñando, flotando y ufanándose de tener buenas ideas, pues esto no basta: debe materializar sus ideas en actos sobre el plano físico, a fin de que el mundo entero pueda ver que lo creado arriba ha descendido y ha enraizado en la tierra. Tanto si nuestro espíritu trabaja sobre nuestra alma o la voluntad sobre la imaginación, como si el Sol fertiliza la Luna o el hombre fertiliza la mujer, el resultado siempre es la creación de un hijo. Y, ¿qué es el hijo? Cuando ponéis al fuego (el Sol) una cacerola llena de agua (la Luna), el agua se transforma en vapor, y este vapor es una fuerza fantástica.

La fuerza fuerte de todas las fuerzas es este vapor, esta agua calentada, dilatada. Así que, de este trabajo de la voluntad sobre la imaginación, del espíritu sobre el alma, del Sol sobre la Luna,del hombre sobre la mujer, nace una fuerza que es el hijo, Mercurio, que tiene la posibilidad de acometer realizaciones formidables. El Sol o la Luna separadamente no pueden realizar gran cosa separados el uno del otro, el fuego quema y el agua inunda; pero juntos producen una fuerza capaz de cualquier realización; la piedra filosofal que tiene el poder de transformar todos los metales en oro. De esta fuerza se ha dicho en la Tabla de Esmeralda: «El sol es su padre, la luna es su madre, el viento la ha llevado a su vientre (el vientre de la luna) y la tierra es su nodriza». La tierra, es decir, la cruz, la piedra cúbica. El discípulo debe pensar en el trabajo que tiene que hacer con su voluntad sobre la imaginación, y este trabajo concierne a las mujeres lo mismo que a los hombres.

Es en el plano espiritual donde el discípulo debe fertilizar a su propia mujer y tener hijos, millares de hijos angélicos que se esparzan en el espacio para trabajar como se les pide. Vosotros sabéis cómo acaban los cuentos: «Fueron felices y tuvieron muchos hijos...» Pero tener muchos hijos no concierne sólo al plano físico. ¿Qué es un Iniciado? Es un padre de familia que tiene muchos hijos que están junto a él, que tiran de sus vestidos, hurgan en sus bolsillos, pero estos hijos sienten tanto amor por él, que no le importunan nunca. Cuando lo necesita llama a sus hijos y les dice: «Tú irás a casa de fulano de tal, a llevar regalos... Tú irás a tirar de las orejas a aquél…» y ellos lo hacen. Son sus hijos, nacidos de su propia carne, de su propia sangre. Mientras que un hombre vulgar, es un solitario sin hijos: está triste e infeliz, puesto que debe trabajar completamente solo, nadie le echa una mano. He aquí un campo desconocido para algunos, pero conocido y experimentado por otros. Antes de descender a la Tierra, el hombre ha trabajado ya en su cuerpo físico, este cuerpo físico que no es otra cosa que el caduceo de Hermes, con las corrientes que bajan de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro y se entrecruzan a la altura de los órganos.

El ser humano es el producto del trabajo de la voluntad y de la imaginación, del espíritu y del alma materializados en el plano físico. Como caduceo de Hermes, puede crear en los tres mundos.
De momentos no crea mas que en el plano físico, pero debe aprender a crear en los otros mundos.
El caduceo de Hermes es la fuerza fuerte de todas las fuerzas, la vida en su grado superior de manifestación. Pues cuando el hombre llega a desarrollar en si mismo los poderes del caduceo de Hermes la vida circula y se difunde por todas partes, desde las criaturas hasta tos estrellas..
Este grado superior de la vida es la verdadera fuerza, la vida que brota y que es muy superior a la vitalidad, esta vitalidad que constituye, precisamente, el «toro». al que hay que coger por los cuernos... Todos los hombres tienen la vida, por supuesto, pero en la mayor parte de ellos se manifiesta como vitalidad, como una fuerza devastadora.

Esta vitalidad debe ser dirigida, intensificada, espiritualizada para transformarla en vida divina. Así pues, desead día y noche espiritualizar vuestra vida para darla, con el fin de que atraviese el universo vivificando y alumbrando a las criaturas. Esta es la idea que los antiguos querían transmitir a través de la imagen de los pies alados de Hermes. La vida sublime está contenida en el caduceo de Hermes. Cuando proyectéis esta vida, tendréis fuerzas formidables. Si vuestra vida no rebasa algunos centímetros más allá de vuestro cuerpo, seréis débiles, no podréis actuar. Pero si vuestra irradiación se extiende varios kilómetros a vuestro alrededor, podréis actuar sobre las criaturas. Así pues, cuanto más intenso sea lo que emana de vosotros y más lejos se proyecte, más poderes tendréis. Es preciso que comprendáis la importancia de este trabajo. Dejad de lado otras ocupaciones inútiles que no os aportarán nada, salvo sufrimientos, y trabajad sobre vosotros mismos hasta que la fuerza fuerte de todas las fuerzas empiece a manifestarse a través vuestro.

  OMRAAM

lunes, 15 de abril de 2019

EL BIEN Y EL MAL, DOS FUERZAS QUE HACEN GIRAR LA RUEDA DE LA VIDA




Entre las preguntas que plantean los hombres, hay una que les preocupa especialmente y para las que difícilmente encuentran respuesta satisfactoria: la razón de la existencia del mal.
     
¿Por qué existe el mal?...   La respuesta es en realidad muy simple.
     Os daré  una imagen.  En el pasado, cuando se utilizaba una gran rueda a la que estaban atados unos bueyes, unos caballos o incluso hombres.
     
Un observador cualquiera veía a unos llegar de frente, a los otros alejarse de espaldas, y podía concluir que se desplazaban en dos direcciones opuestas.  Pero si hubiese sido capaz de mirar esta escena desde arriba, habría visto claramente como unos y otros iban en la misma dirección y participaban en un mismo y único trabajo.
     
Este ejemplo nos hace comprender que el bien y el mal, que se presentan como manifestaciones contrarias, son en realidad dos fuerzas unidas para realizar el mismo trabajo, pero al no observarlas desde arriba, es decir, desde el punto de vista espiritual, iniciático, se dice que son dos fuerzas que se enfrentan.   
     
Todos aquellos que miran los hechos, los acontecimientos de abajo, es decir, al nivel en el que se producen, se equivocan.
      Si intentasen elevarse para observarlos desde el punto de vista de la sabiduría, desde el punto de vista del espíritu, tendrían una visión correcta. Verían un círculo, una rueda… y comprenderían que el bien y el mal son dos fuerzas unidas para hacer girar la rueda de la vida.

     
Si se quiere aniquilar el mal, el bien también será aniquilado.  
Naturalmente esto no quiere decir que debamos alimentar y reforzar el mal, no; ya es bastante fuerte sin que le ayudemos.
     Pero no hay tampoco que deshacerse de él, y si lo intentamos, no conseguiremos nada.  Lo que hace falta es utilizarlo, y encontrar que actitud adoptar con respecto a él.  Sí, está llegando el momento de dar una nueva filosofía a la humanidad.
     
Si estuvieseis en el Sol, posiblemente no conoceríais la oscuridad, peo habéis venido sobre la tierra y como la tierra gira alrededor del Sol, tan pronto hay luz como tinieblas.  Puesto que estáis fuera del Sol hay que aceptar esta alternancia: el día y la noche, la luz y las tinieblas, el bien y el mal, y no solamente aceptarlo, sino saberlo utilizar.  Si la oscuridad fuese el mal, ¿Cómo se explica que sea precisamente en la oscuridad la de la tierra o la del subconsciente donde empiezan a nacer las realizaciones de mayor importancia?  En realidad la oscuridad es la condición requerida en los nacimientos futuros o en los renacimientos futuros.  ¿Por qué el nuño, porque la semilla empiezan su creación en la oscuridad?...  Y vosotros, ¿cómo utilizáis la noche?
     
Maravillosamente, ¿no es así? Dormís, y a la mañana siguiente cuando os despertáis, habéis recuperado todas vuestras fuerzas para volver al trabajo.
     Diréis: {Sí, pero, ¿cuál es el origen del mal?}  Existe un Principio eterno que es el Manantial de todas las creaciones.  Y cuando este Principio eterno encargó a los Elohim de formar…  no vayamos muy lejos, no digamos el Cosmos, sino solamente nuestra tierra, puesto que trabajaban con los dos principios masculino y femenino, positivo y negativo (pues estos dos polos son necesarios para la manifestación), era inevitable que apareciesen por aquí y por allá algunos deshechos, elementos que no estaban todavía ni utilizados ni organizados y que perturbaban la armonía del conjunto.  Estos materiales, estas energías que no representan un mal para el creador o los Arcángeles, son nocivos para los humanos que no saben cómo utilizarlos.
     
Os mostraré una imagen.  Supongamos que tenéis una casa; pues bien, en esta casa está previsto un lugar para una papelera o para un cubo de la basura.  Ahora bien, hagáis lo que hagáis, aunque seáis el ser más iluminado y más razonable del mundo, tendréis siempre algunos deshechos que tirar a la papelera: papeles, botellas vacías, cajas, mondas, restos de comida;  y en vuestro organismo también hay deshechos de los que os debéis desprender.  Incluso la cosa más perfecta que imaginéis sobre la tierra tiene al menos un pequeño aspecto negativo… el reverso de la medalla, como se dice.  Todo el mundo sea dado cuenta de ello.
     
Entonces, ¿cómo es posible que los humanos no hayan comprendido el lenguaje de todos estos detalles de la vida cotidiana que se presentan sin cesar ante sus ojos? 
     
Cuando se creó la tierra, hubo que almacenar en alguna parte los materiales no empleados, los vidrios y los ladrillos rotos, las planchas y los clavos inutilizables, simbólicamente hablando.
     Por eso la tierra también tiene sus papeleras: es un cono de oscuridad que se encuentra tras ella, su sombra.  

Su sombra.
     
¿Saben esto los astrónomos?
      
El origen del mal está ahí, en los residuos de los materiales empleados para la construcción de la tierra; y como los deshechos atraen toda clase de animales: hormigas, moscas, gusanos, etc…, necesariamente encontraremos estas criaturas cuando visitemos esta región creyendo encontrar en ella alegría y placer. Está región que llamamos infierno, el mundo de las tinieblas, está predestinado a recoger las basuras; ahí es donde se recogen y almacenan todas las impurezas.
     
Ahora bien, ¿por qué hay criaturas que van ahí a buscar la felicidad?  Porqué, de la misma manera que existen personas tan desvalidas que deben ir a buscar en las papeleras algunos restos de comida o algunos viejos zapatos, así también en el mundo psíquico existen pobres diablos que no pueden comer en los restaurantes de arriba junto a los Ángeles y a los Arcángeles del Señor.  No tienen el  dinero necesario (este dinero, naturalmente, son cualidades y virtudes) para comprarse este alimento puro y luminoso que viene del Sol, y se ven obligados a comer en los restaurantes infernales, que están repletos de inmundicias y de criaturas caídas.
     
Sin embargo, en esta región del mal, en esta región de las fuerzas desorganizadas se pueden encontrar muchas cosas, y si supieseis cómo arreglároslas para obrar como la tierra, que transforma todos los deshechos, sacaríais de esta región fuerzas y elementos capaces de alimentar incluso a los ángeles… Pues claro que sí:

     ¡Actualmente se han desarrollado procedimientos químicos para purificar las aguas polucionadas!   La naturaleza  tiene todos los medios para transformar los deshechos, y el hombre también posee en sí mismo estos medios, pero debe de encontrarlos y aprender a utilizarlos.  Para ello debe comprender primero que es el bien, pues solamente cuando se comprendido lo que es el bien se es capaz de hacer frente al mal.
     
El bien es un principio eterno, creador, todopoderoso, es el mismo Dios… aunque en realidad Dios esté por encima del bien.  En la Cábala, el bien y el mal son presentados como dos manifestaciones de una potencia que les supera.  Pero para facilitar la comprensión, puede presentarse a Dios como el Principio del Bien, aunque Dios esté en realidad por encima del bien. El bien es una manifestación de Dios y el mal es un deshecho del bien, algo que no ha podido encontrar su sitio en la armonía cósmica. En consecuencia el mal no puede jamás ser comparado al bien, no posee como él la eternidad, la potencia, la riqueza.  Por eso, aquellos que piensan que el bien y el mal son dos entidades de igual potencia que están combatiéndose sin que una pueda conseguir la victoria definitiva sobre la otra, se equivocan.  

El mal, os he dicho, es un residuo del bien, se le puede comparar a la materia que queda una vez se ha extraído de ella la quintaesencia de los pétalos de rosas o de otras flores, una materia que no habiendo podido ser refinada no está en estado de reflejar la Divinidad. El mal es lo que permanece cuando todo el bien ha sido {extraído}.  Así pues, ahí donde se encuentra el bien, fatalmente también está  el mal, pues el mal es lo que quedad del bien, no puede existir por sí solo, no tiene existencia independiente de la del bien, jamás conseguirán transformarlo, y el mal continuara acechando, pues son ellos quienes, por su ignorancia, le dan la fuerza y esta independencia. 
     
La luz engendra la oscuridad.  Donde hay luz, necesariamente hay sombra.  La presencia de un objeto ya proyecta una sombra.
     ¿Acaso hay sombras cuando no hay luz?  No.  Diréis :{Pero puede suceder que la oscuridad reine precisamente porque no hay ninguna luz}.  No, e incluso si en un lugar la oscuridad es total, es porque un objeto impide el paso de la luz.  Por eso hay siempre una mitad de la tierra sumida en la oscuridad.  Sin la luz las tinieblas no podrían existir, y no habría mal si no hubiese bien.
     
La manifestaciones del mal son, pues, necesarias, pero no son eternas ni absolutas, dependen de las fuerzas del bien.  Ahora bien, para poder resolver el problema hay que ir más allá del bien, y para ir más allá del bien hay que tener primero una idea exacta de lo que es.  El bien es una manifestación armoniosa en la cual interviene el amor, la fuerza, la inteligencia, la belleza, la dulzura, etc… Pero como ya os he dicho, el bien no es todavía Dios en Sí mismo; es una manifestación de Dios,  pero no es Dios.
     
Dios está por encima del bien y del mal, no podemos saber lo que ÉL es.
     
Pero puesto que el bien es una manifestación de Dios, al pensar en el bien se liga uno al Creador del Universo, al Principio Eterno;  nuestra conciencia se desplaza, sale de la región de las tinieblas donde se encuentran los sufrimientos, las angustias, los terrores, para ir a unirse de nuevo con el Centro, el Principio Creador de todas las cosas.  Y puesto que Él es, precisamente, el Creador, conoce el papel que desempeñan todos los elementos, todas las fuerzas, todas las criaturas, y sabrá como remediarlo.  Nosotros no podemos saber, pero Él sí puede, y es a Él, puesto que es todavía superior al bien y al mal, a quien debemos a recurrir para pedir ayuda.  Entonces seremos capaces de desencadenar potencias extraordinariamente sutiles que trabajarán en todo el universo.
     
He aquí el trabajo más digno y más glorioso para el discípulo. 
     ¡Y  que no se impaciente si este trabajo no produce inmediatamente resultados tangibles!  La mayoría de la gente no trabaja más que para conseguir realizaciones materiales en el plano físico, y por eso sufren tantas decepciones: porque estas realizaciones no duran.  Pero cuando os decidís a trabajar con  el Ser más inaccesible, el mismo Dios, entonces obtenéis las verdaderas realizaciones, realizaciones internas, en la conciencia, y estas realizaciones son inmediatas.  Lo que está más lejos es, en realidad lo más cercano, y lo que se imagina uno próximo, es, en realidad, lo que está más alejado: al desear vivirlo no se vivirá, al deseas obtenerlo no se obtendrá.  Solamente cuando trabajéis sobre las realidades más alejadas las viviréis inmediatamente.
     
Sí, si queréis obtener realizaciones inmediatas fijaros la meta más lejana.  Desde hoy deciros: {He comprendido ahora dónde está la verdad, dónde está la potencia, donde está la verdadera vida: está en ese centro único, por encima del bien y del mal}.  Y  pensáis con él, os fusionáis ininterrumpidamente con él,  no creéis más que en él, no buscáis más que a él, no trabajáis más que con él…
     
Entonces este centro irá a tocar al bien, el cual empezará a manifestarse en vosotros como una mejora en vuestra vida interna, para llegar un día a expresarse externamente.
Naturalmente, es verdad, es más fácil hacer el mal que el bien. 
Pero, ¿por qué?... No es porque el bien sea débil y el mal potente, sino porque aquí en la tierra, las condiciones que la humanidad ha creado poco a poco, son mucho más propicias y favorables al mal.  ¿Queréis hacer el mal?  Todos están ahí de acuerdo para echaros una mano.  Pero, desde el momento en que se trata de hacer el bien, es diferente, es como si el bien estuviera paralizado,  como si fuesen impotente. Sí, porque en las regiones inferiores siempre es así, y los hombres viven demasiado en las regiones inferiores.  Pero cuando se llega a salir de esas regiones, sucede todo lo contrario: el mal esfixia, quedad trabado, paralizado.  Cuando se vive en las regiones superiores es imposible hacer el mal, y se desea hacer el bien, todo funciona por sí solo.
     
Puedo daros un ejemplo: suponed que sea invierno, y que todo está húmedo, recubierto de nieve, si queréis incendiar el bosque, resulta imposible, el fuego no prende.  Pero en verano cuando hace calor, un pequeño trozo de vidrio que concentra los rayos del sol basta para encenderlo todo; es como si todo el bosque estuviese de acurdo en realizarlo, porque las condiciones son favorables. 
     
Intentad  también disparar con un cañón cuando la pólvora está húmeda; no funciona… y así sucesivamente.  Comprendéis ahora que sí,  sobre la tierra, el mal es mucho más potente que el bien, es porque los humanos le proporcionan las mejores condiciones.  Pero un día todo cambiará, ocurrirá lo contrario; el mal no podrá manifestarse porque no encontrará las condiciones favorables.
     
Para dirigir, dominar o trasformar el mal, no basta con ser un servidor del bien, porque el bien como lo he dicho, está limitado.
     Puesto que el bien no ha conseguido vencer al mal, no es, todavía, el mismo Dios, sino sólo la mitad, y el mal es la otra mitad.
     
El bien y el mal es la otra mitad.  El bien y el mal son hermano y hermana, si queréis, pero no son el padre.  Ahora bien, es hacia el padre donde hay que ir, porque es él quien manda al hijo y a la hija, o a los dos hermanos.  Ir hacia el Padre, es convertirse en servidor de Dios y no solamente un servidor del bien.  Hay pues que subir todavía más arriba con el fin de servir a Dios, el cual dirige el bien y el mal.  Ahí es donde está el verdadero cobijo.  Evidentemente arriba no existe el mal, y en la medida en que le bien significa perfección, se puede decir que ser servidor del bien es ser servidor de Dios.  Pero el bien tal como se le comprende intelectualmente, es decir opuesto al mal, no es todavía Dios; no es más que la mitad.
     
Puede daros todavía otros ejemplos que os harán comprender la verdad  que os harán comprender la verdad de lo que os digo.
     
Consideremos la circulación de la sangre.  Si sólo existiese la circulación arterial la vida no sería posible, pues es necesario que todos los desechos desaparezcan, y es entonces cuando la circulación venosa, la otra mitad, interviene: lleva la sangre a los pulmones donde se purifica, y cuando es pura entra al corazón, desde donde vuelve a salir hacia las arterías.  Es pues del corazón de donde sale la sangre pura, el bien; sí, pero este bien, al cabo de cierto tiempo, se carga de nuevas impurezas, y así sucesivamente…
     Se encuentra el mismo fenómeno en la circulación de los coches por las carreteras:   por la izquierda y por la derecha…Si no hubiera más que una sola dirección, un único sentido, ¿qué harían los coches que deben volver?
     
Luego el mal no se encuentra en el hecho de que existan fuerzas opuestas, pues ambas hacen un trabajo.  Pero si en lugar de hacer el trabajo determinado por la Inteligencia cósmica estas fuerzas chocan entre sí, se combaten y se aniquilan mutuamente, entonces sí se produce el mal.
     
Es como el fuego y el agua.  ¿Cuántas cosas extraordinarias uno puede producir colocando el agua sobre el fuego?... Pero con una pared que los separe, de lo contrario el fuego hará evaporarse el agua y el agua apagará el fuego, lo cual ocurre en todos los ámbitos de la vida cuando se es ignorante.  Las fuerzas, los venenos, no son nocivos más que para el hombre que no está ni suficientemente fuerte como para soportarlos.  Pero para la naturaleza el mal no existe.
     
Se puede incluso decir que de alguna manera el mal se encuentre en el bien.  Tomemos el ejemplo de la nutrición.  Cuando comemos, retiramos los elementos que son útiles, indispensables a nuestra salud, y eliminamos aquellos que el organismo no puede asimilar,  y que le envenenaría si no pudiera echarlos. El mal se encuentra, pues, en el bien, están ligados, y es al organismo a quien corresponde hacer una selección y eliminar este mal.  Tomemos otros ejemplos.  Encontráis  a la chica más encantadora, y la esposáis: he ahí un gran bien.  Sí, pero no sois el único en maravillaros ente esta criatura, hay otros que se interesan también por ella y ahí empiezan los problemas: las sospechas, los celos, las disputas… ¡Y a veces, eso es sólo el principio!  Imaginad ahora que heredáis una inmensa fortuna, que sois muy ricos.  Sí.  Pero ahí empiezan las preocupaciones, continuamente estaréis solicitados, correréis el riego de que os desvalijen en todo  momento y ya nunca más estaréis tranquilos… y así ocurre también en todos los demás campos de la vida.
     
Sólo la sabiduría es capaz de utilizar el bien y el mal, y sobre todo de obrar de forma que el bien no se trasforme en mal.
     Como os he dicho al empezar, el bien y el mal están atados a la misma rueda, si el bien existiera solo, no llegaría a hacerla girar. 
     Soy posiblemente el único que ose decir que el bien no es capaz de hacer todo el trabajo si el mal no le echa una mano.  Diréis que el mal es, sin embargo, una fuerza contraria… ¡precisamente, es necesario que sea contraria!  Cuando queréis tapar o destapar una botella, os servís de vuestras dos manos y hacéis que trabajen en sentido inverso: la una la empuja en una dirección y la otra en la dirección opuesta, y gracias a esta oposición conseguís meter o sacar  el tapón.
     
¿Comprendéis ahora cómo las fuerzas contrarias trabajan hacia una meta determinada?... Es un proceso que está cada día delante de vuestros ojos, pero no lo veis.
     
Para terminar, os diré que debéis de pensar cada día en uniros al Seños, al Centro, a ese punto que lo contiene todo.  Y Él, por su lado, que es infatigable, que está por encima del bien, reunirá las fuerzas del bien, y las fuerzas del bien limpiarán y organizarán todo maravillosamente.

OMRAAM