Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Cómo captar los elementos etéricos contenidos en el sol




Al mirar al sol, nuestra alma toma la forma del sol

El sol es el origen de todos los planetas, que han salido de él; por eso podemos decir que todo lo que existe aquí, en la tierra, los elementos químicos, las sustancias minerales o vegetales, existe ya en estado sutil, etérico, en el sol. La cuestión es, pues, ahora, saber cómo captar estos elementos, en particular cuando queremos remediar las enfermedades, las deficiencias. Sí, porque es preciso que el hombre se habitúe a tomar lo que le falta en las regiones sutiles. 

Cuando siempre buscamos remedios abajo, en el plano físico, sin hacer ningún esfuerzo para elevarnos, no ganamos nada en el plano espiritual: nos volvemos perezosos, nos apoltronamos, porque lo tenemos todo al alcance de la mano; ni siquiera nos desplazamos, llamamos por teléfono o mandamos a alguien a la farmacia... Es mucho más provechoso hacer el esfuerzo de remover todo nuestro ser para ir a buscar estos elementos, estas quintaesencias, arriba, en el plano etérico. 

La medicina oficial no conoce aún estos elementos etéricos, que son a la vez más sutiles y más eficaces que todos los que ella ha descubierto hasta ahora. La medicina piensa actualmente que las glándulas endocrinas, con sus secreciones, son las que gobiernan todo el organismo. No, no son las glándulas endocrinas las que juegan el papel esencial: son otros factores, en el plano astral y en el plano mental, los que gobiernan, desencadenan y dirigen el funcionamiento de las glándulas endocrinas. Porque, para que una glándula endocrina secrete demasiado, o demasiado poco, y produzca anomalías en el organismo, sin duda debe de haber una causa. ¿Y dónde se encuentra esta causa? 

La Ciencia iniciática responde: en el campo de los pensamientos y de los sentimientos. 
Yo no estoy de acuerdo con la medicina materialista que cree que la salud del ser humano depende exclusivamente de la cantidad de vitaminas o de hormonas que absorbe. En realidad, existen en los planos astral y mental otros factores más poderosos que excitan o perturban el organismo, y es ahí donde hay que armonizarlo todo y ponerlo todo a punto, en vez de ocuparse únicamente del cuerpo y de buscar siempre las causas de las enfermedades en el plano físico. Estas dos regiones, astral y mental, en donde se forman los pensamientos y los sentimientos, todavía no han sido exploradas ni dominadas, y desde ellas son proyectados los elementos nocivos que van a perturbar después los otros aparatos: las glándulas endocrinas, el sistema nervioso, el simpático, los ganglios... Hay que ir a buscar, pues, mucho más arriba las causas de las enfermedades y sus remedios. Poco a poco, la ciencia los descubrirá. 

Hace unas decenas de años, los médicos decían: 
“Si tomáis cada día tanto de prótidos, tanto de lípidos, tanto de glúcidos y tanto de sales minerales, tendréis tantas calorías que os darán tantas energías”. Y todo el mundo creía que eso bastaba para tener buena salud, hasta el día en que la medicina se puso a hablar de unos elementos más sutiles e imponderables: las vitaminas. Entonces, ¡todo el mundo se atiborró de vitaminas! Pero un Iniciado, en cambio, no tiene necesidad de ocuparse de calorías ni de vitaminas: en sus trabajos espirituales logra elevarse hasta muy arriba para captar otros elementos todavía más sutiles y necesarios que se encargan de ordenar y de poner todo a punto en su organismo, incluso la asimilación de las vitaminas mismas. 
Por otra parte, el descubrimiento de las glándulas endocrinas y el misterio de su funcionamiento prueba que le quedan aún a la medicina otros campos más sutiles que explorar. Por eso nosotros insistimos tanto en la calidad de los pensamientos y de los sentimientos: porque los pensamientos y los sentimientos son unas fuerzas que ponen en marcha ciertos centros sutiles, los cuales actúan, a su vez, sobre las glándulas endocrinas, sobre el sistema nervioso, y, después, sobre todos los demás sistemas, y de ello se deriva tal estado de equilibrio o de desequilibrio, de orden o de desorden. 

Hay, actualmente, algunos investigadores que trabajan en esta dirección, pero no son escuchados. 
Sin embargo, pronto la medicina se verá obligada a admitir oficialmente sus conclusiones, y sólo se estudiarán estos factores sutiles que son el pensamiento y el sentimiento: se crearán nuevas ramas de estudios, con laboratorios y técnicas especiales, y todos reconocerán que la Ciencia esotérica tenía bases sólidas y verídicas. Mientras tanto, se burlan de ella. Os diré ahora cómo podéis tomar estas partículas etéricas que el sol envía a profusión cada mañana. En realidad, es muy sencillo, ni siquiera hay que saber qué elementos restablecerán vuestra salud, eso no tiene ninguna importancia. Os esforzáis solamente en subir... en subir con el pensamiento hasta las regiones más sutiles: allí, os exponéis, esperáis... y, entonces, vuestra alma y vuestro espíritu, que son unos químicos y unos médicos muy competentes, que conocen exactamente la naturaleza de todas las sustancias etéricas, captan lo que os es necesario y dejan a un lado todo lo demás. 

Os concentráis, esperáis, con amor, con sumisión, con gozo, con confianza, y, un tiempo después, cuando volvéis, sentís que algo se ha restablecido, serenado, reforzado.Poco importa, pues, si, de momento, no conocéis la naturaleza de estos elementos. 

Lo que puedo deciros, en pocas palabras, es que se encuentran en el prana. El prana es una fuerza viva, es la vitalidad que viene del sol y que el hombre respira con el aire, y absorbe con todas sus células. Si queréis, podemos comparar al prana con el agua, un agua que fluye de las altas montañas, un río que contiene muchos elementos nutritivos para los peces, así como para los animales y los hombres que viven en sus orillas. El prana es un río que viene del sol hasta nosotros, y debemos extraer de él, mediante la respiración y la meditación, los elementos que necesitamos. Aquéllos que prefieran no tener que hacer otra cosa que abrir la boca para tragarse una píldora son libres de hacerlo, pero deben saber que esta solución es nociva y perjudicial para ellos, porque les impide desarrollar su voluntad; y, por otra parte, esto sólo les procurará un alivio pasajero y superficial, en lugar de una mejora profunda y duradera. Comprendedme bien, no digo que no haya que tomar medicamentos, digo solamente: no lo hagáis nunca sin haber captado primero estos elementos vivos, espirituales, que están en el prana. 

Porque el esfuerzo que ello os exige, psíquicamente y espiritualmente, refuerza vuestra voluntad, os pone en comunicación con unas regiones superiores, vivifica, estimula y pone en marcha ciertos centros que preparan el terreno, y, después, cuando tomáis el remedio físico, el efecto es mucho más poderoso y duradero. Preconizo, pues, los dos: el remedio del farmacéutico y el remedio espiritual, pero doy la preponderancia al espiritual. Evidentemente, ya os lo he dicho, los medicamentos contienen sustancias vegetales y minerales que vienen del sol, y, si Dios ha depositado estos elementos en la naturaleza, es para que nos sirvamos de ellos, sin ninguna duda. Pero creer que todo está en eso y que únicamente el remedio físico puede restableceros, es ir en contra de la Ciencia esotérica. 

¿De qué sirven, entonces, el pensamiento, el sentimiento, la voluntad?Veis, pues, mis queridos hermanos y hermanas, que no es algo sin importancia mirar al sol con amor, comprensión y agradecimiento. 
Diréis: “Sí, pero las partículas que captamos son imponderables”. Es cierto, son imponderables, pero son la quintaesencia más viva que el sol envía al universo. Y el hecho de que la medicina homeopática haya descubierto que las dosis muy diluidas son, a menudo, mucho más eficaces que las dosis muy concentradas, prueba la veracidad de lo que os digo. ¿Por qué no absorber estas partículas muy diluidas, imponderables, esta especie de vitaminas de una naturaleza muy sutil que nos aportan los rayos del sol? 

En el futuro, el sol será la primera fuente de energía. Hace ya muchos años, os dije que, un día, todas las fuentes de energía como el petróleo, el carbón, se agotarán, y, entonces, los hombres se servirán del agua, del aire, y, sobre todo, del sol, que es una fuente inagotable de la que podemos extraerlo todo, absolutamente todo. Ya se han hecho algunos intentos en este campo de la técnica. 

Pero nosotros, que vamos a extraer del sol la vitalidad, la salud, pero también el amor, la sabiduría, la paz, vamos varios siglos por delante de la humanidad. Además, algunos me lo han dicho: “Con sus ideas, lleva varios siglos de adelanto”. Es verdad, lo que nosotros pensamos hoy, el mundo entero lo pensará en el futuro. Me gustaría ahora presentaros otro aspecto del sol. Esta mañana, al mostraros la importancia del sol como centro de nuestro universo, os decía que, yendo a verle por la mañana, nos acercamos a nuestro centro interior de forma natural y, por así decirlo, automática. Porque, ¿sabéis lo que sucede cuando miramos un cuadro, un rostro, un pájaro, una montaña o el sol? Sí, ¿qué sucede cuando nuestros ojos se posan sobre un objeto? La mirada... Nada hay más vasto, más profundo, más significativo que el acto de mirar. Parece que sea algo sencillo, sin secretos, pero estudiad lo que es la mirada, descifradlo: todo el universo está ahí, desvelado. Es la magia más alta. 

Cuando miráis un objeto, no tenéis conciencia de que éste ya representa un peligro o una suerte que os acecha. Sí, eso depende de la naturaleza del objeto, de su forma, de sus radiaciones, y también de vuestro estado interior: porque todo vuestro ser toma, entonces, la forma, las dimensiones, y las cualidades del objeto. Diréis: “Pero el hombre no cambia de forma”. Exteriormente, claro, sigue siendo el mismo, pero interiormente, en el plano psíquico, se identifica con aquello que mira. Se trata de una ley natural, biológica. Observad a ciertos animales, el camaleón, por ejemplo, la mantis religiosa, las mariposas, las ranas, las serpientes, los osos, etc...: a fuerza de habitar en un determinado medio natural, se parecen a él, toman los colores y las formas de su entorno, y, a veces, se confunden con él. ¿Veis el oso polar?: es blanco como la nieve en la que vive. Su naturaleza ha llegado a parecerse a esta blancura que le rodea... Y la mantis religiosa: está ahí, en la hierba, en donde podemos apenas distinguirla; porque se parece a una ramita, o a un tallo. Un día vi también un pulpo que cambiaba de color según el color de la arena: según que la arena fuese rosa, verde, azul o gris, cambiaba de color; ¡era formidable! Me diréis: “Es por razones estratégicas, económicas, políticas”. Es cierto, la naturaleza quiere salvaguardar las especies animales y les da la posibilidad de esconderse, de pasar desapercibidos y estar en seguridad. 

Sea lo que sea, el mimetismo es una ley natural que no podemos negar, y el mismo hombre no escapa a esa ley. Si habita en unos lugares sucios, apagados, oscuros, también él se volverá, poco a poco, en sus pensamientos y en sus sentimientos, triste, sombrío, pesimista. No es su cuerpo, claro, sino su alma, su psiquismo, el que se deja influenciar: se produce una especie de ósmosis, de penetración del medio ambiente. Pero en otro lugar, lleno de flores, de verdor, de riachuelos, ahí aparecen poetas, pintores y músicos, porque son influenciados por el encanto, por la luz y los colores. Y ahora, cuando miramos al sol, incluso sin que nosotros lo sepamos, nuestra alma toma la forma del sol: se vuelve una esfera incandescente y luminosa. Es la misma ley mágica la que entra en acción: al mirar al sol, todo nuestro ser empieza a ser semejante a él. Con la mirada, el hombre se asocia con el objeto o con el ser al que mira, se pone a su nivel de vibración, le imita, incluso inconscientemente. 

Cuando vemos a alguien que se ríe, que hace muecas o gesticula, ¿no tenemos, acaso, tendencia a imitarle? Observad a los niños: ¡imitan todo lo que se hace delante de ellos! Y cuando veis a una persona que sufre, ¿acaso no empezáis a sentir también los mismos dolores o penas que ella? Es algo contagioso. Esto sucede más aún con los mediums: cuando entran en estado de trance, sienten exactamente los mismos dolores que las personas enfermas o desgraciadas que se encuentran ante ellos; hasta hay que despertarles, porque sufren demasiado. Así pues, más o menos, claro, según la sensibilidad, la mediumnidad o el desarrollo de las facultades psíquicas, al mirar a alguien, tomamos sus enfermedades, sus debilidades, sus dolores, o bien sus cualidades y sus virtudes. La ley es absolutamente verídica. Y cuando miramos al sol, esta ley mágica entra también en acción, y empezamos a parecernos al sol. Todos vosotros, que vais a ver la salida del sol, seréis un día como el sol... sí, ¡pero siempre que sepáis cómo mirarle! Para parecerse al sol hay que mirarle con mucho amor, con mucha confianza. Y entonces os volvéis más luminosos, más calurosos, más vivificantes y, cuando pasáis entre los humanos, igual que un sol, irradiáis sobre ellos luz, calor y vida. Sí, si durante años seguís yendo conscientemente hacia el sol, esta ley se manifestará con un poder real y os volveréis verdaderamente un sol. ¿Veis, queridos hermanos y hermanas, qué importante es ir cada mañana a la salida del sol con una conciencia iluminada, sabiendo el significado y el valor de lo que hacéis? Y, sobre todo, sabed que, puesto que el sol es el centro de su sistema, al mirarlo, os acercáis a vuestro propio centro, cuya conciencia habéis perdido, pero que sigue estando ahí dentro, en vosotros. 

El sol va a restablecer este centro, a despertarlo mágicamente en vosotros, porque él mismo es un centro. Y cuando hayáis encontrado vuestro centro, todas las corrientes que pasan a través vuestro, de manera desordenada todavía, empezarán a armonizarse a su alrededor... ¿Veis, pues, mis queridos hermanos y hermanas, la utilidad de las salidas de sol? Y, si seguís viniendo cada mañana con mucho amor, con mucha devoción, comprenderéis que el sol es verdaderamente... ¡una magnífica persona! Sí, sí, os lo aseguro, es alguien muy distinguido, muy bien trajeado, muy rico, muy desinteresado. Verdaderamente, ¡hasta os diría que es alguien perfecto!... ¿Encontráis que ésta es una curiosa forma de hablar del sol? Quizás, pero emplearé todos los medios para que me comprendáis. ¿Y sabéis que el sol también hace yoga? Sí, todos los yogas. Por ejemplo, el Karma-yoga, el yoga de la acción desinteresada, lo practica: da, da sin esperar recompensa, no quiere ni pago ni agradecimiento, da gratuitamente. 

Es más, los Iniciados descubrieron el Karma-yoga mirando al sol, cuando vieron que lo da todo gratuitamente, que hace que todo germine y crezca, que alimenta al mundo entero, y que en su generosidad encuentra su felicidad. ¡Ahora nos toca a nosotros practicar, como él, este gran y excelente yoga, el Karma-yoga!¡Y también practica el sol el Jnani-yoga, el yoga del conocimiento! Mira, observa, lo conoce todo; nada está oculto para él, porque envía sus rayos como la luz de un proyector, de un proyector extraordinario que ilumina hasta 150 millones de kilómetros, y nos ve. Y el Bhakti-yoga, el yoga del amor y de la adoración, también lo practica, porque hace su trabajo adorando al Señor. Vive sin cesar en una efervescencia y en una adoración tales que su luz, su amor y toda su gratitud para con el Eterno se manifiestan con ardor a través del espacio llegando hasta nosotros. Y el Kriya-yoga, ¿dónde lo encontraréis mejor que en el sol, puesto que es el yoga de la luz? Ser luminosos e irradiantes, proyectar luz a nuestro alrededor, ¡si el sol no hace más que eso! Y puesto que lo logra perfectamente, que es un maestro en este yoga, tenemos que ir a instruirnos con él. ¿Y el Agni-yoga, el yoga del fuego? ¡Pero si el fuego es él! Y el que distribuye el fuego con el que todo el mundo puede encender su corazón, su hogar, su llama. El es la perfecta encarnación del Agni-yoga. 

En cuanto al Chabda-yoga, todavía mejor, ¡puesto que el sol es el Verbo! Lo que todavía no han comprendido los hombres es que el sol canta; sí, canta, habla, explica, pero todavía no han llegado a oírle. Desde hace poco, hay sabios que tratan de descifrar las ondas sonoras que salen del sol; con sus aparatos ya han captado ciertos sonidos, pero todavía no han llegado a comprenderlos... Hay una música que sale del sol, la más bella de todas las músicas. El sol habla, canta, crea... Un día, los astrónomos podrán grabar la música del sol y de los planetas... Me diréis: “¿y el Hatha-yoga? ¿no lo practica?” ¡Ah! Me parece que, en efecto, ha ignorado este yoga y que ha dejado para los humanos el trabajo de doblarse, contorsionarse, replegarse... Sin embargo, dicen que sale y se pone... No lo hace muy rápidamente, no tiene prisa, ¡pero son, de todas formas, pequeños ejercicios de Hathayoga! Esto es lo que os quería decir hoy, mis queridos hermanos y hermanas; es algo muy breve, pero importante. 

Cuando miráis al sol, vuestra alma toma la forma del sol. Pronto os explicaré cómo mirarle, y os diré en detalle lo que es el sol. Porque el sol es todo un mundo, un mundo con seres, con viviendas, con palacios, con árboles, con ciudades, con océanos... ¡un mundo con una cultura que supera todo lo que os podáis imaginar! Es la tierra más bella, es la Tierra de los Vivos de la que hablan los Salmos cuando dicen: “Caminaré ante el Eterno en la Tierra de los Vivos”. Los Vivos son los seres inmortales, eternos, los que ya viven en la luz... Viven en el sol, y son ellos los que nos envían esta luz. El sol es un mundo extraordinario, poblado de ángeles, de arcángeles, de Divinidades. Desde el sol, van a visitar los otros planetas para trabajar, para ayudar a las criaturas, y después se vuelven a él... Es toda una organización increíble... Y hasta, a menudo, seres muy inteligentes y muy bellos, muy poderosos, vienen hasta aquí para visitarnos. ¿Creéis que el universo es una máquina absurda, sin alma ni inteligencia...? No, ¡todo es inteligente en el universo, todo está vivo, todo es sensato, todo es bello! ¿Cómo lo sé?... Yo no tengo el don de los videntes o de los cartománticos para deciros lo que hay en vuestros bolsillos, cuántos hijos ilegítimos tenéis, o cuántas deudas: esto no me lo pidáis, no lo sé, ni me interesa. 

Pero lo que sí veo es esto: un universo poblado por criaturas muy inteligentes, muy bellas, muy poderosas; vienen, se van, transmiten mensajes, aportan ayuda... Por todas partes, por todas partes, en las piedras, en las plantas, en los animales, en las aguas, en las estrellas, hay seres que trabajan sin cesar... Poco a poco vais a tener una idea de lo que es el Surya-yoga, el yoga del sol. Si verdaderamente lo practicáis con todo vuestro corazón, no puede dejar de ayudaros; porque el sol es el alimento más sustancial, el más necesario para nuestra época. En el futuro, el mundo entero irá a extraer fuerzas, calor, amor, ánimo, del sol. Abandonarán también las otras fuentes de energía, porque ya empiezan a agotarse, y se dirigirán hacia la fuente inagotable; se iluminarán las ciudades, se calentarán, viajarán, gracias a la energía solar; y hasta se alimentarán de la luz del sol, harán alimentos con ella. Buenas tardes, mis queridos hermanos y hermanas. Procurad pensar en el sol, más que en todas estas cosas que os arrastran hacia la periferia, en donde sois siempre mordidos, aplastados... Dirigíos hacia el sol, hacia la unidad, hacia la simplicidad, ¡hacia la claridad! 

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Bonfin, 31 de julio de 1967 (por la tarde)

miércoles, 5 de diciembre de 2018

JUSTICIA HUMANA Y JUSTICIA DIVINA




Desde hace milenios los humanos comprendieron que la existencia en común estaba basada en la ley del intercambio. La experiencia enseñó que la vida sólo es posible con la condición de tomar y dar, de dar y tomar en todos los planos, físico, psíquico y espiritual. A esta ley del intercambio la llamaron justicia : tomáis algo y debéis dar su equivalente a cambio. Si conseguís equilibrar las dos partes, os manifestáis como un hombre justo. Pero los hombres no se preocupan de dar o devolver exactamente lo que deben, sino de tomar mucho y dar muy poco. No saben que una tras otra sus deudas se inscriben en un registro donde todo se contabiliza, y que tarde o temprano deberán pagarlas mediante sufrimientos.

Han comido, bebido, robado y abusado del amor de algunos seres que han seducido y engañado. Y al huir se imaginan que no les descubrirán. Se equivocan. Aunque cambien de nombre,de dirección, de país, en lo alto, los señores del karma poseen sus huellas y pueden seguir su rastro ; a menudo durante esta encarnación, después de muchos años, se presentan y reclaman el pago. Muchos sufrimientos no son más que el pago de injusticias cometidas anteriormente por el hombre. Debemos entender la justicia como una liberación : solamente cuando hemos devuelto o pagado lo que hemos tomado, podemos ser libres. Por ello ahora quisiera que comprendiérais la justicia en vuestras relaciones con la familia, la sociedad, la naturaleza y todo el cosmos.

El hombre recibe de sus padres el cuerpo, la vida (aunque no sean ellos quienes la crean sino que simplemente la transmiten), recibe ropas, alimento, cobijo, educación . . . Esto produce una deuda acumulada que deberá pagarse. Muchos hijos se niegan a reconocerla, criticando a sus padres, oponiéndose a ellos, e incluso llegando a detestarles. Es injusto. Los padres les han querido, han sufrido por ellos, les han alimentado, vestido, protegido, les han cuidado cuando estaban enfermos, se han ocupado de su educación. Por lo tanto el hombre tiene una deuda hacia sus padres.
Además, el hombre tiene también una deuda con la sociedad o lo nación a la cual pertenece, porque ésta le ha dado toda una herencia de cultura y civilización, a través de escuelas, museos, bibliotecas, laboratorios, teatros . . . Pone también a su disposición trenes, barcos, aviones, médicos para curarle, profesores y catedráticos para enseñarle, ejército y policías para protegerle . . .

También debe algo a la raza porque le ha dado el color de su piel, una estructura fisica y psíquica, una mentalidad. Y eso no es todo, porque también ha contraído deudas con la tierra que le ha alimentado con sus frutos, con el sistema solar entero (porque gracias al sol y a los planetas estamos incesantemente vitalizados, reconfortados), con el universo y finalmente con el Señor.

¿ Cuántas personas comprenderán que han estado tomando, tomando, y que ahora tienen enormes deudas. . . Según ellos no deben nada ; no deben nada y además tienen el derecho de criticar y destrozarlo todo.  Qué mentalidad ! No saben que si persisten por ese camino desaparecerán, puesto que la naturaleza no tolera los que no respetan sus leyes ; para ella son seres peligrosos y los elimina de una manera u otra.
El discípulo que ha entendido esta ley quiere ante todo a sus padres, les hace el bien, devolviéndoles así lo que les debe. Devuelve también algo a la sociedad, a la nación, a la humanidad entera, al sistema solar, a todo el cosmos y finalmente a Dios. Ofrece su trabajo, sus pensamientos, sus sentimientos, su reconocimiento . . . mediante s u actividad envía continuamente algo al universo entero.

De esta manera paga sus deudas y la naturaleza le reconoce como un ser inteligente. A todos los que no actúan de ese modo se les considera unos ladrones, seres deshonestos e injustos, por lo que se les envían diversos castigos para encauzarles y volverles juiciosos. Ser justo es en principio comprender que existen leyes y que por todo lo que tomamos de la naturaleza, el alimento, el aire, el agua, el calor, los rayos del sol, contraemos una deuda con ella, y al no poder pagar esta deuda con dinero, debemos saldarla con nuestro amor, nuestro reconocimiento, nuestro respeto y nuestra voluntad de estudiar todo lo que ha escrito en su gran libro. Pagamos también haciendo el bien a todas las criaturas, dándoles nuestro calor, nuestra luz. Supongamos ahora que tenéis un Maestro : os ha dado el tesoro de la revelación . . . ¿ qué le debéis exactamente ? ¿ Iréis a su encuentro para iluminarle, enseñarle, consolarle, como él hizo con vosotros ? Naturalmente que no, porque no lo necesita.

No es a él a quien debéis dar todo eso, sino a los demás. Si hacéis a vuestros hermanos todo el bien que él os ha hecho, estará contento y se considerará pagado. No estamos obligados a devolver el aire que hemos respirado bajo forma de aire, ni el agua bajo forma de agua. ¿ Cómo podríamos nosotros fabricar aire, agua, calor y luz del sol ? . . Hemos recibido nuestro cuerpo de la tierra y a ella lo devolveremos algún día ; no puede ser de otra forma. Pero mientras estemos vivos, cuidamos nuestro cuerpo, no se nos pide que lo demos. Lo que sí podemos dar son nuestras emanaciones luminosas, puesto que el hombre fue creado en los talleres del Señor para irradiar, para brillar, para enviar sus rayos a todo el universo.

Recibió una quintaesencia de luz que puede ampliar, vital izar y enviar al espacio continuamente, a condición de haberse ejercitado, de lo contrario no emitirá más que tinieblas. j Ved que os traigo nuevas ideas ! En el plano físico estamos limitados, pero en el plano espiritual nuestras posibilidades son infinitas y podemos devolver centuplicado todo lo que se nos da. Diréis que nunca os ha sido presentada la justicia bajo esta forma. Ya lo sé, j la justicia humana es tan limitada ! Unas cuantas historias de robos, de asesinatos, de divorcios ante los tribunales... La justicia divina es otra cosa ; es la verdadera justicia, y debéis comprender su naturaleza. Cuando sentís que alguien os odia, debe haber una razón, buscadla. Quizás tengáis alguna deuda con él. . . ¿ Por qué no librarse de ese odio haciéndole el bien, en el plano fisico o en el espiritual ?

Si queréis acelerar vuestra liberación,elegid la justicia superior : la bondad, el amor, la generosidad y el sacrificio. Gracias a ella, una deuda que ni años ni siglos podrían saldar, es anulada rápidamente, a veces inmediatamente. Por eso algunos seres han aceptado las persecuciones, la muerte, el martirio, a fin de poder liberarse y pagar las deudas de varias encarnaciones. Los que están verdaderamente iluminados eligen la vía más rápida porque tienen prisa y no desean quedarse más tiempo atrapados, encadenados en las regiones inferiores. Desean la libertad y aceptan los sufrimientos. Por supuesto, estos seres no son muy numerosos, ya que la mayoría prefiere salvarse intentando escapar al pago de sus deudas mediante tretas.
Pero la ley kármica va siempre a su encuentro y les dice : «Vamos, ahora hay que pagar».

Muchos, al escucharme, se tapan los oídos, pero un día, bajo el peso de sus deudas, comprenderán la verdad de mis palabras y se decidirán a sumar sus deudas para saber cuánto, a quién y de qué modo las pagarán. Si no las pagan al padre, tendrán que hacerlo a sus herederos. La tarea del discípulo consiste, pues, en preocuparse en lo sucesivo de pagar sus deudas, e incluso en dar más de la cuenta a fin de librarse con más rapidez. Entonces, ahí tenéis otro trabajo : durante algunos días revisad vuestra vida, preocupaos de cómo habéis actuado, pensad 10 que habéis tomado sin dar nada a cambio y a quién, e id a buscar a esas personas, excusaos, y dadles 10 que les debéis, o por 10 menos decidles : « Fui un inconsciente, perdona mis errores y toma esto para que así estemos en paz el uno con el otro. » y suponiendo que no podáis encontrar esas personas porque ya no están en la tierra, os acercaréis a Dios con vuestro pensamiento y diréis : « Señor, hoy comprendo por primera vez cuán injusto he sido hacia los demás.

Les he engañado, he abusado de ellos . . . y ahora es demasiado tarde para reparar todo el mal que les hice, y sin embargo quiero evolucionar, quiero avanzar. Entonces, Señor, hagamos un trato (trato, comercio, justicia son un poco la misma cosa). Toma mi vida, la consagro a tu servicio ; es el tesoro más grande que tengo, dispón de ella para que pague así mis deudas. Tú sabes mejor que yo a quién y cuánto debo ; yo me pongo a tu servicio por toda la eternidad». Esta es la mejor forma de arreglar las cosas. y cuando el Señor vea que habéis llegado a un grado de conciencia tal que deseáis consagrarle vuestra vida eternamente (y subrayad bien : «Para la eternidad, Señor, no solamente para esta encarnación>}), se asombrará. El Señor se asombrará al ver la luz que sale de vosotros,puesto que sabe muy bien que para llegar a sentir y decir algo así hay que poseer una gran luz, y quedará fascinado por ello. Entonces, ante tanta generosidad, mostrará una generosidad aún más grande que la vuestra, y anulará la mayoría de vuestras deudas. «Ya está, dirá, no se hable más, todo está pagado, liquidado. Ahora, j ve y trabaja !

» Durante años, cuando era joven, supliqué al Cielo diciendo : «¿ Qué puedo hacer ?» Soy débil, tonto, vulgar, soy un cero a la izquierda . . . ¿ queréis realmente que siga así, sin se ros de ninguna utilidad ?
Os lo advierto, llegaréis incluso a desesperaros por mÍ. Entonces, daos prisa, tomadlo todo, matadme si queréis, pero entrad en mÍ. Ya no puedo vivir más tal como soy. Enviadme ángeles, enviadme todas las criaturas inteligentes, puras y nobles.

Sois vos quien os beneficiaréis, de lo contrario no haré más que tonterías y será por vuestra culpa, porque no escuchasteis mi oración». Ya lo veis, llegué a amenazarles ; entonces los de arriba se rascaron la cabeza y dijeron : « j Oh ! este es capaz de cualquier cosa». Se reunieron en consejo y vieron que si me dejaban tal como era, ciertamente sería capaz de hacer mucho daño. Por eso decidieron concederme lo que pedía.
Y ahora me parece que de vez en cuando hago cosas que no son del todo censurables . . . y vosotros,
¿ por qué no rezáis de la misma manera ? ¿ A qué esperáis ? Vamos, j pedidlo vosotros también !

Pero naturalmente, tenéis miedo de consagrar vuestra vida a Dios, queréis conservarla. Cuántas veces he oído decir a la gente : «Quiero vivir mi vida». Sí, pero, ¿ qué vida ? ¿ Una vida estúpida o una vida divina ? Todos quieren vivir su vida, es decir, una vida sin sentido. De ahora en adelante hay que dirigirse hacia otra meta, hay que decir : « Señor, empiezo a darme cuenta que sin Ti, sin Tu luz, sin Tu inteligencia, no soy nada. Y ahora estoy avergonzado, hastiado de mí, por eso estoy preparado para servirte, para hacer cualquier cosa por tus hijos, por el mundo entero». Hay que repetir esto día y noche. Aunque el Señor se tape los oídos porque esté harto de oíros, j continuad ! Se celebrará un consejo allí donde moran los Veinticuatro Ancianos, un consejo que conozco, así como a su guía, un ser formidable, sublime . . . y al verse tan importunados por vuestras oraciones, dictarán un decreto respecto a vosotros, diciendo : « Muy bien, a partir de tal día y tal hora, habrá un cambio en su vida», y este decreto se proclamará por todas las regiones del espacio. Los ángeles y todos sus servidores empezarán a aplicarlo instantáneamente, y podréis comprobar que algo ha cambiado verdaderamente en vuestro destino.

 La mayoría de la gente no tiene ningún control sobre sus impulsos. Si están decepcionados por alguien, harán lo indecible para desprestigiarle ante los demás, creándole una situación insostenible. El que esta persona pueda caer enferma, e incluso suicidarse, no les preocupa ; no piensan que el Cielo puede considerarles responsables y que están preparándose un karma terrible. El hecho de que alguien os haya engañado o decepcionado, no os autoriza a contarlo a los cuatro vientos. Diréis : « Pero,  si es para restablecer la justicia ! » No, esta concepción de la justicia es el origen de todas las desgracias.
En nombre de la justicia el primero que llega cree que puede castigar a unos y aleccionar a otros.

Dejad la justicia tranquila. «y entonces, ¿ qué hay que hacer? » Recurrid a un principio que está más allá de la justicia, un principio de amor, de bondad y de generosidad. Hace dos mil años que Jesús nos trajo la nueva enseñanza del amor, y sin embargo los cristianos siguen empleando la ley de Moisés : «Ojo por ojo, diente por diente». Todavía no han comprendido que para ser verdaderamente grandes y libres, debemos dejar de aplicar esta ley de justicia. ¿ Triunfáis realmente cuando veis a vuestro enemigo totalmente aniquilado ? Puede que no estéis tan orgullosos de vuestra hazaña y empecéis a arrepentiros de lo que habéis hecho cuando sea demasiado tarde. Por otra parte, os estáis preparando muy malas condiciones para esta encamación o la próxima. Hay que tomar una nueva actitud. Habéis hecho el bien a alguien, le habéis dado, por ejemplo, dinero, y un día decidís que esa persona no merecía vuestra ayuda : entonces contáis al mundo entero todo lo que hicisteis por él, mostrando que no ha estado a la altura de vuestra bondad.
¿ Por qué contar todo eso ? Si habéis hecho el bien y lo contáis a todo el mundo, lo destruís.

Arriba estaba escrito que seríais recompensados, pero al actuar de ese modo, deshacéis vuestra buena acción. A pesar de que alguien os haya engañado, os haya abandonado, a pesar de todos los pesares, da igual, no habléis de ello. Al contrario, debéis mostrar a esa persona que valéis más que ella ; un día se avergonzará y no solamente hará lo posible para reparar todo el mal que os hizo, sino que os tomará por modelo . ¿ Cuándo decidiréis mostraros grandes y nobles ? Debemos cerrar un poco los ojos y perdonar ; así es como creceréis y seréis formidables. De esta manera todo lo que hayáis perdido os será devuelto más tarde centuplicado, pero si tratáis de vengaros, . creáis tanta negatividad que un día seréis vosotros mismos aplastados por ella. Y en ese momento comprenderéis lo estúpido de vuestra conducta. Entonces no tratéis de vengaros por cualquier cosa que os hagan, sea lo que sea ; esperad a que el Cielo se pronuncie a vuestro favor, lo que ocurrirá tarde o temprano si habéis actuado correctamente.

En lo sucesivo comprenderéis cuán benéfico es recibir la luz de la Iniciación. Si vejamos u ofendemos a un hombre corriente, inmediatamente nos replicará para damos una « lección», y todo el mundo encontrará que es muy normal, que es justo. Sí, quizás sea justo según la concepción que la masa tiene de la justicia, pero ya os dije que lo que es justo a los ojos de la gente común es estúpido a los ojos de los Iniciados. Y os diré lo que ocurrirá : en el momento en que este hombre dé rienda suelta a sus deseos de venganza, entrará en un círculo infernal del que ya no podrá salirse. Se ha deshecho de un enemigo, de acuerdo . . . pero habrá siempre otros que aparecerán, y tendrá de nuevo que esforzarse para eliminarlos, es decir, que está alimentando en él sentimientos y actitudes que no hacen más que reforzar su naturaleza inferior. Y al final, ¿ qué habrá ganado ? Nada, puesto que todos los enemigos que ha aniquilado no habrán desaparecido completamente, y al reencamarse dispondrán de todas las posibilidades de desquitarse. He aquí cómo aquel que pensaba deshacerse de sus adversarios, en realidad se está preparando otros muchos para su futuro, y será él quien acabará sucumbiendo. Ese viejo método de la venganza no aporta ninguna solución ; al contrario, complica las cosas, las entorpece, aumenta las deudas kármicas y conduce finalmente a la derrota, y ésta, tarde o temprano, lleva al hombre a su desaparición. Si es así, no podremos decir que haya actuado precisamente con una gran inteligencia. Consideremos ahora a un verdadero Iniciado.

El también ha sido fatalmente ultrajado, manchado, pisoteado, abandonado y humillado por seres que estaban interesados en eliminarle. Pero al conocer las leyes, aplica otros métodos. En vez de vengarse directamente de sus adversarios, les deja tranquilos, libres, en paz : que progresen como quieran ! Sabe de antemano cuál será su fin, y esperando, se prepara. ¿ A qué ? ¿ A masacrarles ? No, os dije que él no quiere cargarse con deudas, él quiere ser libre y poderoso. Y el poder no consiste en coger la escopeta o el revólver para matar al enemigo ; eso no es poder sino debilidad . . . y además ignorancia. Así pues, el ' Iniciado se prepara. Dice : ¿ Creéis haberme anulado ? Esperad un poco y veréis. Y empieze un trabajo gigantesco en sí mismo, reza, medita, aprende y practica hasta el día en que al fin posee la verdadera sabiduría, los verdaderos poderes. Y si en ese momento sus enemigos le encuentran, se quedan estupefactos. Ocurre algo indecible en su cabeza, en su corazón, en su alma . . . Ante la luz de este Iniciado, que en vez de vengarse ha trabajado sobre sí mismo, se sienten feos y apagados porque ven que han desperdiciado su existencia, y deciden cambiar. Esta es la verdadera victoria, el verdadero triunfo para un Iniciado ; sin atacar a sus enemigos, simplemente dejándoles tranquilos, ha salido victorioso.

En Bu1garia decimos : «No empujéis al borracho, ya se caerá él solo». Y es verdad, aquel que se haya emborrachado de orgullo, de suficiencia, de grandeza, caerá solo sin que le empujéis. Es más, si le empujáis, la ley os hará responsables de su caída, pero si le dejáis tranquilo, caerá fatalmente sin vuestra intervención. y durante ese tiempo os habréis ocupado única mente de mejoraros, os habréis ocupado de todo lo que es puro, luminoso y divino. ¿ No es acaso la mejor solución ? Sí, naturalmente hay que tener mucha paciencia, bondad, amor y luz para poder praticar este método, pero no conozco otro más eficaz. Sin maldad ni venganza colocáis carbones encendidos sobre la cabeza de vuestros enemigos, y al reconeceros se arrepentirán y vendrán a reparar el mal que os hicieron. Porque hay una ley en la naturaleza : un día - si no es en esta encarnación, será en la próxima - todos los que os hicieron mal se verán obligados a buscaros para reparar sus faltas. Puede que sintiendo intuitivamente que son antiguos enemigos queráis apartarlos, sin embargo, os seguirán pidiendo que aceptéis sus servicios.

La ley es así, no será la primera vez que ocurra. A todos los que os hicieron algún mal y no les respondisteis con el mal, la ley les obliga (quieran o no, su opinión no importa), a repararlo. El Iniciado es capaz de vengarse, sí, pero solamente mediante la luz y el amor. Y vosotros también podéis vengaros ; es natural el vengarse, ¿ por qué no ? Pero hay dos maneras de hacerlo : anulando completamente a vuestro adversario y destrozándole, o bien, dejándole intacto, provocando en su alma, en su corazón, un cambio beneficioso para vosotros mismos 'f para él. Esta segunda actitud es doblemente ventajosa. Así pues aconsejo a los hermanos y hermanas de la Fraternidad que hagan todo lo posible por resolver sus problemas sin crearse nuevos karmas. ¿ Por qué los miembros de una familia deben apelar a los tribunales por cuestiones monetarias ? ¿ No pueden estar por encima de todo eso ? . . ¿ Por qué los humanos deben siempre aferrarse a sus intereses, a sus posesiones ? j Que hagan un gesto, Dios mío, y serán libres !

En un principio, claro, no pueden sentirse tan felices al hacer este gesto, sufren y se sienten oprimidos. Pero si lo consiguen, descubrirán nuevas regiones, nuevas luces y no habrá nadie que se sienta más feliz y orgulloso que ellos, porque habrán realizado algo muy dificil : vencer su naturaleza inferior, su personalidad. Es la personalidad la que aconseja sin cesar al hombre tirar la manta hacia sí, calumniar, vengarse e incluso recurrir a los tribunales para comprometer a los demás. Y después, j creemos haber comprendido la Enseñanza ! Pues no, no habéis comprendido nada. Escucháis las conferencias, leéis libros, os maravilláis, y sin embargo, continuáis actuando según los antiguos hábitos ; eso, lo veo. Ante tal luz, ante tales verdades y tales revelaciones, continuar actuando como todo el mundo, j es lamentable ! Si contáis con la bondad, la inteligencia y el amor divinos para ayudaros a resolver vuestros problemas, el Cielo no os abandonará porque habréis hecho algo que os une a El. He aquí un punto que muchos de vosotros aún no habéis comprendido ; no tenéis suficiente fe y confianza en el poder del mundo invisible, el cual puede ayudaros y facilitaros la existencia, simplemente trabajando en lo que os pida.

Preferís seguir confiando en las deshonestas artimañas que vuestra personalidad os ofrece, y precisamente por ello no conseguís encontrar soluciones, porque tarde o temprano el mundo invisible os enfrenta ante nuevos obstáculos. Mientras que a los Iniciados, que respetan las leyes y cuentan con el Cielo, no se les abandona jamás. Aunque el mundo entero les abandone, se les ayuda, se les anima y acaban por triunfar.


Omraam Mikhaël Aïvanhov

domingo, 2 de diciembre de 2018

EL SOL NACIENTE



Yo he venido videlina al mundo, para que todo aquel que cree en Mí no permanezca en tinieblas.”(Evangelio de Juan 12:46). 
(En todas partes donde pone “videlina” comprended “luz espiritual” la luz inmanifestada, el Verbo – n.d.t.) 

La palabra “yo”, del versículo leído, reemplaza la palabra actual “espíritu”. Las ideas de la gente vieja y de la gente joven, cuando se diferencian por forma, no se diferencian por contenido, y cuando se diferencian por contenido, no se diferencian por sentido; y por fin cuando se diferencian por sentido, no se diferencian por esencia. Esta diferencia entre jóvenes y viejos es natural. Los jóvenes y los viejos que observan las dos fases – el amanecer y el ocaso del Sol, tienen dos perspectivas diferentes en la vida. Para unos la luz aumenta, y para los demás – disminuye, por lo tanto ellos no pueden mirar igualmente al mundo. Si la gente dice que se distingue uno de otro, yo hago la siguiente comparación: desde el amanecer del Sol hasta el medio día, la gente tiene un tipo de ideas, y después del medio día hasta el ocaso del Sol, tiene otro tipo de ideas. Así que, cuando la gente dice que es diferente, yo pregunto: ¿Qué ideas tiene: las ideas del sol naciente o las ideas del sol poniente, preceptos matutinos o nocturnos? 

Hay otra categoría de gente, cuyas ideas se distinguen desde el ocaso solar hasta la media noche, y desde la media noche hasta el amanecer del Sol. Hay cuatro tipos de gente que se diferencian por sus ideas. Dos de las categorías caen hacia la videlina, y las otras dos – hacia la obscuridad. Cuando hablo de videlina y obscuridad, sobreentiendo el movimiento de la Tierra en sus relaciones con la vida razonable. Si hay movimiento habrá y luz, y obscuridad. Y esto se sobreentiende, que la Tierra se mueve hacia el centro, hacia el Sol. Hacia él ella procura. El movimiento significa Amor. El Amor mueve a todos los seres. Cuando una cierta materia tiene energía cinética, o sea, tal que produce movimiento, esto significa una manifestación del Amor en todas sus formas. La videlina es una de las formas del Amor. Cristo dice: “Yo”, o sea, “el Espíritu”, pero no esto lo que veis, porque veis solo las sombras de las cosas, simplemente el reflejo de la luz de la superficie de las cosas. Dices: “He visto un hombre en el camino”. ¿Qué has visto? – Su sombra. 

El reflejo de su cuerpo entra en el nervio ocular, produce una conmoción, produce una impresión, proyecta una sombra hacia fuera y luego dices que has encontrado a tal o cual señor. Simplemente es su sombra que os ha encontrado. Os pregunto: ¿Cuando amanece el Sol, sois vosotros que le recibís, o él a vosotros? ¿Quién recibe: aquel que atrae o aquel que se atrae? Esto es filosofía. Cuando alguien dice que se mueve, quiero saber si él es atraído, o es él que atrae. Cuando te mueves, tú puedes ser atraído, pero también y atraer. Que atraes es uno, y que seas atraído es otro – éstas son dos posiciones diferentes. Cuando te atraen en el movimiento, tú estás limitado, y cuando atraes, tú eres libre. Como decís que habéis venido a la Tierra, esto es porque ella os atrae. Vosotros os atraéis por ella, os ha clavado ella aquí y os mantiene. ¿Sois vosotros los que camináis o es ella la que camina? – Yo pienso que la Tierra camina en vosotros. 

Estos son solo pensamientos filosóficos lanzados. La Tierra camina y se mueve. Ella es una dama ideal, un andar tan gracioso yo no he visto, no he visto otra dama que camine tan flexible y decentemente. Cuando se mueve en el espacio, ella no produce ningún ruido. Ningún polvo levanta, como las damas contemporáneas. La Tierra es tan amable que no quiere despertar a nadie cuando pasa, por eso nadie la siente. Puesto que ella ha clavado sus ojos hacia el Sol, su amante. Y las señoras contemporáneas hacen lo contrario. Todos los que murmuran en este mundo, no han clavado su mirada, o dicho de otra manera, ellos son gente sin ideas. Cuando digo “gente sin ideas”, no comprendo que en tal gente no haya ideas, pero su mirada, su movimiento, su aspiración, no es tan fijo en una cierta dirección como el de la Tierra. Cristo, cuando dice: “Yo he venido”, con esto Él sobreentiende la venida de un hombre, de una idea magnífica, y nosotros nos engañamos, pensando que un hombre viene o que ha venido. Viene algún predicador y nosotros decimos: “Él arreglará el mundo”. Cristo vino hace 2000 años, y entonces dijeron: “Él arreglará el mundo”, pero el mundo de nuevo no se arregló, vinieron después de Él muchos otros, el mundo de nuevo no se arregló, según vuestra percepción. ¿Por qué? – Porque el mundo no se arregla aquí, sino en otro lugar. Yo os voy a hacer una pregunta: ¿Cuándo un pintor pinta un cuadro magnífico, a dónde dirige él su mente? – En el lienzo, y ahí hace la corrección. 

La idea en su mente es perfecta, pero cuando se proyecta hacia afuera, al lienzo, ésta no es tan perfecta como en la mente. Por lo tanto, la vida que está dentro de nosotros es perfecta. Dicen que la vida de unos es mundana, y de otros – espiritual. La vida por sí misma no puede ser ni mundana, ni espiritual, pero cuando lo animal vive en el hombre, él se vuelve mundano, y cuando lo humano se manifiesta en el hombre, él se vuelve espiritual. Si ponéis en el agua completamente limpia, alguna substancia amarga o dulce, ésta recibirá su sabor, ¿pero significa esto que el agua misma es dulce o amarga? Ésta no es ni dulce, ni amargo – esto no es comprensión, – sino que vosotros la hacéis así. Así es y con la gente: unos introducen en la vida pura Divina algún elemento que la envicia y la hace mundana, y otros introducen lo bueno en la vida, y ésta se hace espiritual. Por esta causa alguna gente es muy espiritual. Y hoy en día la gente ha enviciado la vida, que yo no veo diferencia ninguna entre la gente espiritual y mundana. Cuando llegan a proteger sus ideas, y el uno, y el otro retienen sus casas, toman sus alquileres. 

Uno pasa por dulce, y el otro – por amargo; el amargo es tal para la gente, y no para sí mismo; y el dulce es dulce de nuevo para la gente, y no para sí mismo. Estos son conceptos de la gente. Por lo tanto, la luz y la obscuridad son dos procesos de comprensión de todas las relaciones existentes. La luz es un concepto claro, y la obscuridad, pues, un concepto vago, confuso de las cosas. Ahora muchos entre vosotros pasan por gente mundana. En algunos aspectos yo desearía ser un hombre mundano, y en otros – espiritual. Si quiero descansar, sentarme debajo de la sombra de algún árbol denso, sombrío, al lado de alguna fuente, seré espiritual. Si estoy con una azada en la mano, seré un hombre mundano, porque a muchos gusanitos cortaré las cabezas. Por eso la gente espiritual no toma azadas y llevan el sobrenombre de “perezosos”, y la mundana – de trabajadores. La gente mundana soluciona la cuestión con el filo de su espada, y la gente de las ideas – con su pluma. La gente mundana son trabajadores negros, proletarios, y la gente espiritual – burgueses. No es malo que el hombre sea un burgués. Después de que alguien ha trabajado largo tiempo en el campo, como un proletario, luego descansará y llegará a ser un burgués, arreglará el mundo desde su punto de vista. Para que haya orden en el mundo, no se debe descansar más de lo que es necesario, pero y no se debe trabajar más de lo que nuestras fuerzas nos permiten. 

La luz y la obscuridad son dos fases en la Naturaleza que cambian: en la luz trabajamos, y en la obscuridad descansamos; cuando trabajamos la luz está por fuera y la obscuridad por dentro, y cuando descansamos la luz está por dentro y la obscuridad por fuera. Solo cuando piensa y comprende la vida así, la gente mundana y la gente espiritual encontrará los puntos de contacto del acuerdo entre ellos, que aclaren la ley del trabajo. Cristo dice: “Yo he venido”, o sea, el Espíritu ha venido. Cuando venga el Espíritu en vosotros, Él os dará una imagen clara de la vida. Cristo ha venido por vosotros, para que nadie que crea en Él ande en obscuridad. Yo tomaré la fe, no en el sentido ordinario como muchos la comprenden. 
Fe puede tener solo el hombre puro, impecable, solo él puede creer en todo y no dudar de nadie. Esto es fe, y no “creencia”. La fe es una cualidad de los ángeles. Algunos dicen: “Yo tengo fe”. – No, tú tienes una creencia. Tu fe es como la telaraña, cambia 100 veces al día: crees y no crees. 

Me encontré con un estudiante joven que se ocupaba con ciertas ciencias ocultas, y me decía que él creía que hay Señor. Pero luego, cuando empezó a estudiar el socialismo, confesó que ha pisoteado su idea de Dios y ahora ya se ha vuelto un hombre. Bajo las palabras “ha pisoteado a su dios” yo comprendo que ha pisoteado su egoísmo. Cuando alguien dice que cree en Dios, esto significa que cree en sí mismo y se considera como una divinidad. Toda la gente contemporánea son “divinidades”. Así que los unos o los otros, los que dicen que creen o que no creen en Dios, esto significa que unos son valientes para proclamar que creen en sí como divinidades, y los demás ocultan esto. El mundo de hoy está lleno solo con divinidades, con Cristos, con santas vírgenes, con santos Ivanes, Nicolases, etc. 

El mundo sufre de ellos. ¡No está todavía el Señor verdadero! ¿Dónde está Él? He aquí dónde: en aquel momento, cuando en tu alma tú amas a toda la gente, este Señor te ha enviado un rayo. Cuando todas las contradicciones desaparecen de tu mente, cuando tú concientizas tu deber y estás listo de sacrificarte, el Señor verdadero ha hablado en ti; tú y Él sois uno mismo en este momento. Cristo dice: “Yo he venido con este Señor que vive en mí, he venido con Él, a través de Él, para dar videlina a todos, para que crean.” ¿Quiénes? – Aquellas, las pequeñas, las almas puras. ¡Qué cosa tan magnífica es que el hombre sea puro en el mundo! Sobre esta pureza descansan todas las ideas, toda la felicidad, la salud y toda la bienaventuranza del hombre. Si el hombre es puro, no andará en tinieblas, tendrá una imagen clara de la vida y podrá ordenarla así como debería. Conozco a dos hermanos de Varna, uno de los cuales ingresó en una escuela militar, llegó a ser un oficial y poco a poco avanzaba en rangos cada vez mayores y mayores, hasta que se elevó al rango de coronel. Su otro hermano no terminó nada y por eso ingresó como un soldado simple para servir su obligación militar. Un día, el soldado encontró a su hermano en la calle y no le hizo honores. 

El coronel le detiene y le pregunta por qué no le hizo honores. El soldado respondió: “¿Eres mi hermano, verdad?, se puede y sin saludarte”. – “Yo soy, antes que nada, un oficial, y luego tu hermano, y por eso deberías saludarme”, responde el coronel-hermano. “Te arresto por dos días”. Y ahora el mundo está lleno con coroneles por fuera y con soldados simples por dentro, con burgueses y proletarios – un emblema de luz y obscuridad. ¿Cuándo llegó a ser un burgués y cuándo un proletario? Tú no has nacido ni burgués, ni proletario, sino que has nacido un hombre para pensar – que comprendas la ley de la luz y de la obscuridad. La luz sobreentiende riqueza, y la obscuridad – pobreza, pero y en la luz hay diferencias, hay distintos niveles de luz. Por ejemplo, hay una luz durante el amanecer del Sol, hay una luz al medio día, y hay una luz y durante el ocaso del Sol. Aquel burgués cuyo sol ha amanecido, mirará las cosas de una manera, y éste, cuyo sol se ha puesto, mirará las cosas de otra manera. 

Hoy en día, Cristo soluciona una gran cuestión social – la cuestión de la así llamada lucha de clases. Ésta no es una lucha idealista. Ésta es la misma que existe desde hace 8000 años expresada en la misma posición: “Baja tú, para que suba yo”. Hasta ahora dirigían las minorías, y en el futuro dirigirá la mayoría. Hasta ahora han trabajado los “mencheviques“, y en el futuro trabajarán los “bolcheviques“. Esto puede ocurrir. Diréis: “¿Cómo es posible que un hombre noble trabaje para el hombre simple, para el proletario?” 
Os voy a preguntar: ¿Cómo es posible que el padre y la madre que son burgueses, que trabajan por sus hijos – los proletarios en el mundo –, que se levanten temprano en la mañana, que les alimenten, que les provean de todos los medios para su existencia, que se sacrifiquen por ellos durante noches sin sueño, etc.? 

Los padres saben que de alguna manera deben cumplir sus deberes hacia sus hijos, porque un día éste proletariado se va a vengar. La madre, que es Amor, trabaja, también y el padre – deben éstos burgueses ponerse sus delantales, hacer quehaceres para el proletariado, porque este proletariado un día les va a echar de su casa, les cogerá el dinero a la fuerza y les va a obligar a trabajar. Esto era y será. ¿Hasta cuándo? Hasta que desaparezca esta lucha de clases que es puramente materialista. Ésta es una etapa pasajera en la vida de la humanidad. Después de miles de años, llegará otra época, cuando la gente vivirá de otra manera, y esta lucha será reemplazada por orden y arreglo en la vida. Hoy en día, nosotros observamos al hombre en sus comportamientos hacia sus semejantes, según la oración: “El hombre para el hombre es un lobo”. Sin embargo, yo digo que el hombre para el hombre es un hermano. 

Si tomamos la teoría de Darwin sobre el origen de las especies, y hacemos un seguimiento sobre las condiciones en que nació y vivió el primer lobo, veremos que primeramente él no tenía estas cualidades en su carácter que luego ha desarrollado en consecuencia de las condiciones en las cuales ha vivido. 

El lobo representa una cultura lejana del pasado. Y él se manifiesta ahora en la sociedad humana y en la vida. ¿Por qué? – Porque la gente no comprende aquellas grandes leyes que rigen la vida. 
Os voy a presentar figurativamente los comportamientos de la gente en la vida presente: suponed que las raíces de un árbol tienen una conciencia profunda dentro de sí, y en un momento, de ésta se separa una raicita pequeña que va por su camino, pero encuentra dificultades grandes. Esta raicita no puede encontrar una salida y por eso regresa de nuevo a su padre y se injerta. El padre no sabe que este es su hijo y comienza a luchar con él. Así hoy día, la gente lucha consigo misma, con sus hijos que tratan de cortarles y liberarse de ellos. Éstas son siempre las mismas raíces que han encontrado obstáculos en la vida, porque de otra manera no hubiera habido desarmonía. Cristo dice: “Yo he venido para mostrar el camino verdadero a todos los que creen y tienen la pureza de los ángeles”. 

El hombre todavía reflexiona si vivirá después de la muerte o no, si la vida tiene sentido o no. Esto no es vida, sino tan solo sedimentos de la obscuridad en la cual él vive. Una es la Vida, y ésta no puede morir ni tampoco nacer. 

Si derramo el agua de mi jarra, ¿se muere ésta? La jarra nunca fue viva y no puede morir. Por lo tanto, en su estado físico, el hombre es una jarra en la cual es vertida la vida. La jarra es solo una condición, mas la vida es todo. Cuando se llena la jarra, se vivifica, y cuando se vacía, se muere. 
La vida en el cuerpo es heterogénea, y en la muerte – homogénea. 
Los científicos actuales dicen que la materia es homogénea. Esto es un 50% cierto. De lo homogéneo no puede nacer la variedad. Si en las pinturas no hubiera heterogeneidad, de su uniformidad nada podría nacer. ¿Qué es la variedad? – Estas son todas las formas necesarias en las cuales la existencia, la vida, debe manifestarse. La vida no puede manifestarse solo en una forma, sino que se manifiesta en una serie de formas sin fin. Cuando estas formas se combinan y dan expresión a una forma más magnífica, digo que la vida es homogénea, o sea, que todas las formas tienen una aspiración igual hacia la manifestación de una forma superior. Pero al respecto de esta magnífica forma, que es homogénea – esto no significa que ésta esté sola, con ella hay más de tales formas que se juntan, y forman otros mundos. Cuando estudiamos la Naturaleza, vemos que existe esta gran ley de la homogeneidad y de la variedad. 

Esto, sin embargo, no tiene que tropezarnos. Un hombre, que está en obscuridad, está descansando, él da una directriz a los jóvenes; él será un poeta, un escritor, un príncipe, y permanecerá bajo la sombra. Y si es el proletariado, trabajará solo cuando hay luz. Por lo tanto, el Señor creó el mundo no para los burgueses, sino para el proletariado, o sea, para los trabajadores que progresan. Asemejaremos la gente rica a una riqueza recopilada del pasado, y la gente pobre – a una riqueza que ahora se está recopilando. Así que, la gente rica es del pasado, y la gente pobre es del futuro. Elegid entonces para sí: si eres rico – tú eres un hombre del pasado; si eres pobre – tú eres un hombre del futuro. En el lenguaje hebreo hay solo dos tiempos: pasado y futuro. No hay presente. Ellos dicen que cada cosa que ocurre, es pasado, y lo que viene es futuro. El presente es solo un momento pasajero, éste es un punto y no ocupa ningún espacio. 

Sed, pues, gente del futuro. Y así, Cristo dice: “Yo he venido para dar luz a la gente; a los pobres – la gente del futuro –, para que no anden en obscuridad, por el camino de los ricos, o sea, del pasado”. Todos los pecados son pecados del pasado. Nosotros llevamos el pecado como una sombra, y cada uno que quiere liberarse de éste, debe llegar a ser un hombre del futuro; de otra manera, él llevará su pecado así como la serpiente lleva su piel. Cuando alguien dice que quiere vivir en el futuro, comprendo que él quiere vivir sin pecado. Cuando alguien quiere ser rico, comprendo que él quiere pecar. Y así, la gente pobre es del bien y de la luz, y la gente rica es del pecado y de la obscuridad. Puede que estas palabras se os vean amargas, pero que salga alguien y que compruebe que esto no es verdad. Yo no considero hombre rico solo a aquel que tiene dinero, sino y a éste, el que tiene conocimientos y fuerza, utilizando esto no para el bien de sus prójimos, sino para su tropiezo en el mal. A él le llamo un burgués. A la gente que cumple la Voluntad de Dios les llamo proletarios o gente del futuro. A los proletarios les llamo aún abejas, trabajadores de la nueva cultura, de la nueva ciencia. ¿Cuál es la nueva cultura? – Que vivamos todos en luz, que seamos todos felices y que no estropeamos ni nuestra felicidad, ni la felicidad de los demás. 

Yo puedo solo con dos palabras estropear vuestra felicidad y para 100 años que no la encontréis. Imaginad que os llamo y ponga contra vosotros una bomba con un encendedor. ¿Si explota la bomba, qué ocurrirá con vosotros? Así y en cada pensamiento vuestro hay una substancia inflamable, la cual cuando explota, forma todas aquellas condiciones que llamamos mal. Así aclaro el mal – como una materia que no podemos controlar, porque no está sometida a nuestra voluntad. A la materia que está siempre bajo nuestra voluntad y podemos controlarla, llamamos bien. El mundo externo se controla por otra voluntad, el interno por la nuestra. Si y el Señor, el que controla la materia por fuera, pierde su hilo, entonces cualquier existencia desaparecería. Y por eso debemos mantener las yuntas de nuestro caballo, porque si las soltamos, el caballo huye y lo derrumba todo, pues de esto ocurren y las desgracias. Éstas son ideas comunes y simples. Cada día vuestro caballo, o sea, vuestra mente, camina con cola y orejas levantadas, es valiente, de nada teme, pero pasa alguien por su lado, le dice algo y él inmediatamente da una sacuda (zarandea – n.d.t.). Algún hebreo rico camina valientemente por el camino, pero le encuentran y le dicen que le quedan dos días más para vivir. Se asusta el caballo, o sea, la mente de este hebreo, inmediatamente él toma medidas, cierra su tienda y dice: “Voy a celebrar desde ahora por adelante”. Así toda la gente se asusta. 

Desde la guerra hasta hoy escucho que se habla de lo que va a ocurrir en Bulgaria. Muchos se asustan más de lo que deberían. Bulgaria no es la única medida, hay y otras medidas. ¿Decidme, había búlgaros, serbios, franceses, alemanes, ingleses, cuando el Señor creó el mundo? – No estaban, ellos luego solos vinieron. Podéis objetarme, pero yo pregunto: ¿Da la madre a luz a los niños como profesores, maestros, sacerdotes, jueces y otros? Ella da a luz a niños quienes luego se vuelven científicos, generales, doctores, ingenieros y otros, parecidos por servicio. Los servicios que cumplimos en la vida son los diferentes roles que jugamos sobre la escena. Mientras estamos sobre la escena, nosotros estamos vestidos en formas, somos artistas; cuando descendamos de la escena, nosotros ya somos hermanos. Cuando vayamos al Cielo, reiremos de esta lucha cuando nos acordemos de los diferentes casos de nuestra vida en la Tierra. Con un ejemplo os voy a aclarar la situación en la cual os encontráis. Un dios hindú, después de saciarse de su bella vida en el Cielo, pidió permiso para descender a la Tierra, para vivir un poco. Le permitieron y él escogió la forma del cerdo, y por eso se encarno en un cerdito pequeño. Comenzó a vivir como todos los cerdos, hociqueaba en las impurezas, se acostaba bajo la sombra y engordaba. En un momento se casó, le nacieron alrededor de 10-15 hijitos, vivía pacífica y felizmente. Le esperaban en el Cielo un año, dos, tres, diez, él no regresa. Le llamaron desde allí, él no quiso regresar. “Yo aquí estoy muy bien”, decía. Decidieron tomar sus cerditos para obligarle a regresar, pero y con esta desdicha de nuevo no quiso volver. Tomaron luego y su mujer, pero de nuevo no lo lograron, él comenzó a buscar otra mujer. Decidieron por fin infligirle a él mismo, y por eso le enviaron una enfermedad pesada, la cual y le regresó al Cielo. 

Cuando despertó al Cielo, empezó a reír de su vida que pasó en la Tierra. Mucha gente contemporánea tiene la experiencia de este dios, pero no saben lo que eran antes. Mucha gente tiene la experiencia de este burgués, hociquean y solucionan diferentes cuestiones en la Tierra. Vienen diferentes desgracias para hacer a la gente más razonable, pero cuando abandonen su forma de cerdo, entonces comprenderán cómo era su estado. ¿Qué representa la forma del cerdo? – Ésta es el materialismo extremo que ahora existe. ¿En qué consiste éste? – Exactamente en esto: se reúne la gente y habla de esto, de aquello, de aquel mundo, del bien en el mundo, pero ellos tienen sus gansos, gallinitas, vino, y viven espaciosamente. La gente pobre, cuando les escucha hablar así, se dice: “Esta gente siempre de aquel mundo habla, para Dios vive, pero no sabe cómo vivir en este mundo”. Y así, a la gente pobre le gusta la vida de los ricos, su materialismo, ellos le reciben como un ideal y procuran lograrlo. Este ideal se vuelve un blanco en la vida de los pobres y con esto se crea la enseñanza del materialismo. La gente pobre dice a los ricos: “Nosotros queremos vivir como vosotros”. Puesto que la gente rica se volvió la causa del desvío de la gente pobre del camino recto, el Señor les va a poner en su sitio, para que enderecen sus errores. Tal es la ley. Y por esto Cristo dice: “Yo he venido videlina al mundo, para aclarar las cosas”. 

En la Naturaleza no hay contradicciones, sino que nosotros mismos las creamos. ¿Cómo? – Una parte de la materia que Dios nos ha dado, nosotros no podemos dirigirla y por eso creamos el mal. Todos los pecados tienen su inicio en la materia. Cada pecado tiene forma. Mostradme un pecado que no tiene forma. Para algún hombre dicen que es egoísta. ¿En qué consiste su egoísmo? – Quiere tener casas, dinero, dominar sobre su mujer, etc. Por eso alguna gente dice para sí misma que es avara, que odia a la gente, etc. Todos los pecados tienen su soporte material. Cuando alisemos todas las formas malas, y el pecado desaparecerá. Por lo tanto, las formas malas crean el mal, por eso se recomienda a la gente crearse formas bellas. Se reúnen dos científicos y ofrecen diferentes teorías sobre el Sol, sobre su estado,etc. Otros científicos empiezan a disputar sobre qué opinión es más cierta y se dividen como seguidores del uno o del otro. Hoy en día, todos los científicos disputan sobre esto, quién de las autoridades en la ciencia tiene más seguidores. Dos sacerdotes disputan sobre quién de ellos tiene más seguidores parroquianos, etc. Cristo y Moisés no se ponen de acuerdo, no logran conformidad entre sí en el mundo. Cristo y Mahoma no tienen acuerdo entre sí en la Tierra. En el mundo no hay tal Moisés, no hay tal Mahoma, no hay tal Cristo. 
Aquel Cristo, Moisés o Mahoma, que son una causa para la división de la gente, no son servidores de Dios. 

Cuando el hombre ha sido enviado para traer alguna gran idea Divina, él no tiene el derecho de probar a la gente y de buscar su propio bien. Y Cristo dice: “Yo, el Espíritu, traigo esta luz a la gente que cree, o sea, los que tienen pureza”. Ahora, por ejemplo, ¿creéis vosotros en esto lo que yo os digo? – Diréis que todavía no lo habéis verificado. ¿Y en Cristo creéis? – Ya son 2000 años desde que la gente prueba a Cristo. Tanto como creéis en mí, tanto creéis y en Cristo. ¿Creen los hebreos en Moisés? Yo hasta ahora no he encontrado un hombre en el mundo que cree plenamente en su maestro. Esta gente que dice que cree en Cristo, o en quien sea otro, no habla la verdad misma. Creer en Cristo no significa ponerme de pie en la iglesia y permanecer en adoración, sino estar en tal disposición, en tal estado que ha tenido Cristo en Su alma. No os hablo de la religión, ya estamos saciados de religiones. 

Nosotros debemos vivir en el Amor Divino, en el Cariño Divino, en el Espíritu Divino. Que las religiones presentes queden para los burgueses, para la gente del pasado, mas la vida Divina es necesaria para la gente del futuro. Algunos piensan que nosotros queremos poner la gente en un engaño nuevo. Lejos está de mi tal pensamiento; en mi hay Amor, que es un movimiento de arriba hacia abajo. Comprendo lo que es el cariño, o sea, movimiento del alma humana de abajo hacia arriba; comprendo lo que es el Espíritu Divino, o sea, una fuerza que mantiene todo en armonía. Mientras vosotros tenéis los conceptos religiosos presentes, nunca podremos ponernos en acuerdo con vosotros. ¿Podéis decir como Cristo: “Yo he venido videlina al mundo”? ¿Podéis ser videlina para sí mismos y para vuestros cercanos? Esto se requiere de todos vosotros, porque todos podéis llegar a ser, en este sentido, salvadores del mundo. Mientras esperamos la salvación del mundo de un hombre, él nunca se va a erguir y arreglar, sino que todos debemos preocuparnos del nuevo enderezamiento y arreglo, y esto lo lograremos manteniendo el orden Divino de las cosas y procurando no quebrantarlo. Cuando alguien me pregunta si creo en Cristo, yo encuentro que ésta es la pregunta más banal, porque esto es equivalente como si alguien me preguntara si creo en la luz, en el Amor. Yo camino en la luz, ¿qué necesidad hay de creer en ésta? 

Cada día yo converso con Dios, ¿Cómo no voy a creer en Él? Si me hacen tales preguntas, esto significa que ellos me bajan de mi posición, para hacerme un demonio, un anticristo, un burgués. Yo no quiero ser ni un burgués, ni un proletario, así como ahora la gente entiende. Yo no os hablo del Cristo histórico, sino de Éste, el Cristo vivo, el Que está en vosotros y entre vosotros. Sacad esta cuña de vuestra mente – de pensar que Cristo está fuera de vosotros. Este Cristo es el Espíritu, y cuando Le comprendáis, Le veréis en cada hombre. Mientras buscáis a Cristo en un solo hombre, nunca Le encontraréis. Y otra vez os he dicho que cuando algún hombre quiere estudiaros, ¿podrá comprenderos solo por un pelo vuestro? Si alguien ama a alguien y toma un pelo de su cabello, ¿podrá decir que en esto se esconde todo su amor? ¡Esto sería todo un idilio! Y yo veo a la gente religiosa, sacan un pelo de Cristo, lo miran, lo miran y de nuevo lo ponen en su lugar, no lo comprenden. Todos toman no solo pelos, sino y trocitos de Su cruz, y el mundo de nuevo no se arregla. ¿Por qué? – Porque se ocupan solo con la parte física de Cristo. Mas Cristo ha dicho: “El que cumple la Voluntad de Mi Padre, éste vivirá en luz”. Con esto no tengo en cuenta la vida personal de la gente, sino que quiero purificar las zanjas. 

Yo he decidido purificar el agua turbia, no porque la odio, sino para que dé lugar al agua limpia y que riegue los jardines donde están sembrados pimientos, col, zanahorias y otras verduras. Para los jardines es necesaria agua turbia, mas el agua limpia es necesaria para los viajeros de la vida, que regresan hacia Dios. ¡Qué idea es ésta! Cuando el Señor creó el mundo sin nacionalidades, el mundo era feliz, pero hoy, desde que llegaron los antiguos egipcios, asirios, sirios, romanos, griegos, filisteos, la felicidad desapareció de la Tierra. La ciencia contemporánea y la vida me interesan, y en todas las contradicciones que encuentro, yo de nuevo encuentro muchas cosas útiles. Yo admiro mucho más a un niño descalzo, que a un niño rico y bien vestido. Este niño pobre es ideal, porque con él puedes conversar, él es modesto; en el niño vestido hay formas externas no sinceras, a través de las cuales él quiere mostrar que no es simple. Encuentro a un hombre borracho que se ha emborrachado mucho. Él se disculpa y dice: “Disculpe usted, señor, yo soy un burro, me he emborrachado bien”. Le digo: “Tú no eres un burro, porque el burro no bebe, pero eres un hombre sincero por lo cual y te respeto”. 

A veces el hombre, cuando se emborracha, puede volverse un burgués, porque el hombre trabajador nunca se emborracha. Todos los borrachos son burgueses. Y así, regresemos hacia Dios y vivamos sin la religión del odio, la envidia y el amor interesado. Con esto no quiero decir que se debe echar la religión, que exista la lucha de clases, porque y ésta es tan necesaria como son necesarias aquellas lombrices que trabajan el terreno. El labrador dice: “He arado el campo”. – No, tú no lo has arado, sino estas lombrices que viven profundamente en la tierra. Así y en la lucha de clases, los proletarios, los burgueses, son las lombrices que han trabajado muchos años y han oxidado el terreno. Después de esto vendrán a los ángeles con sus arados, sembrarán este terreno y dirán: “Habéis trabajado suficientemente, nosotros os agradecemos porque tenéis por miles de años qué comer y beber, y seréis todos hermanos”. Los cristianos dicen que durante estos tiempos bienaventurados estarán en el paraíso, los turcos dicen que tendrán montañas enteras con pilaf (arroz cocido – n.d.t.), etc. ¡Qué idilio es esto – pilaf sin cupón! Cristo, sin embargo, dice: “Yo he venido videlina al mundo”, y la videlina es el sentido de la vida, ésta es un alimento para la mente, el alma y el corazón. Esto significa que estéis contentos dentro de sí mismos, saciados en la vida, y que tengáis energía y deseo de trabajar en la vida. Ahora, cuando regresáis a casa, empezaréis a filosofar: “¿Puede el hombre vivir sin una religión?” Cuando el Señor creó el mundo no había religión. 

La religión apareció en el mundo cuando llegó el diablo. Antes de esto la gente vivía en Amor y cada enseñanza que no era dirigida por el Amor, no era reconocida como Divina. Según yo, la religión es un sanatorio, un hospital, para gente enferma es la religión. Cuando una muchacha se decepciona de la vida, y cuando el muchacho pierde a su bien amada, ellos se hacen religiosos. Por lo tanto, toda la gente religiosa son burgueses en quiebra, y aquella gente, que sirve a Dios por Amor, está es gente sin religión. A estos que están en el hospital, no les aconsejo salir de éste antes de tiempo, y si quieren salir, tienen que preguntar al médico si es tiempo para esto, si su organismo funciona correctamente; y si el médico les permite, que entren en el camino ancho de la vida, donde se vive sin religión. “Sois libres” – tiene que decir él –, os firmará un certificado para que seáis libres. 

La iglesia por ahora es un hospital, y los sacerdotes y los predicadores son los siervos y los médicos. Ahora, a algunos de vosotros les espera salir del hospital. Y yo estoy a su puerta. Aunque soy un predicador no llamado por nadie, un profeta sin monedero, os voy a preguntar: ¿Os fue agradable la vida en el hospital, comprendisteis vuestra lección ahí? Diréis: “¡Ay!, nos quebraron estas inyecciones”. El médico dice: “Un hombre que no vive en Dios, probará nuestras inyecciones y vivirá en el hospital”. Yo digo: No traigo ningunas inyecciones, cuchillos, ninguna farmacia tengo, bolsa no llevo, pero respirad aire puro, mirad hacia arriba, no caminéis en la obscuridad, que el Sol os caliente, para que no entréis de nuevo en el hospital. Si entráis de nuevo en el hospital ya es peligroso, porque la situación se complica. El doctor aparecerá, utilizará todos los medios científicos, mirará cómo la temperatura constantemente aumenta y el enfermo ya va a la quiebra, y le sacarán del hospital. Con una temperatura tan alta no hay vida, sino que le meterán en la habitación de autopsias, le abrirán el cerebro, el estomago, los intestinos, y mirarán por qué causas le despidieron. Cristo dice que se puede vivir y sin termómetros. 

No os inquietéis de esto – lo que es útil en la vida y lo que no – todo es útil, pero dejemos de pensar que la vida está solo en el hospital. Hospital, iglesia, sala de conciertos, escuela, éstas son cosas pasajeras, mas la vida sobreentiende algo mucho más serio dentro de sí. En la vida verdadera no debe haber ninguna inquietud, sino un trabajo constante. Con tres palabras os voy a determinar esto lo que Cristo dice: tortura, afán y trabajo. Algún alumno dice: “Mucho me he torturado hasta que entré en el bachillerato, mucho me afané hasta terminarlo”. Después de que os torturéis y afanéis, viene el trabajo – esta es la Enseñanza que ahora os estoy predicando. A estos que se torturaban, digo que no se torturen más, sino que se afanen. A estos que se torturaban y afanaban, digo: “No debéis torturarse y afanarse más, sino vengan a mí, yo os enseñare a trabajar”. Estas son las palabras de Cristo, quien dice en el versículo citado: “Yo, mi Espíritu, vendrá para enseñaros lo que tenéis que hacer”. 

Ahora es el momento para que estos que han terminado la escuela se detengan, que muestren su certificado o su diploma, porque antes de esto eran ignorantes. Hoy, en todas partes en el mundo piden diplomas; si no tienes tal, no puedes llegar a ser ni maestro, ni ministro, ni juez, etc. La vida futura no será una vida del pasado. Cristo dice: “Para el futuro no habrá necesidad de certificados”, sino que la vida presente servirá como una base de la futura, trabajará formas nuevas, y nosotros sabemos cómo serán estas formas: hermandad en Amor. Y así, aquellos que no han entrado en la escuela y no conocen la luz, se van a torturar y afanar. Pocos son estos los que trabajan, ellos son solo unos cuantos poetas, pintores, músicos. El trabajo es que no tengan absolutamente ninguna inquietud en su mente. Cristo dice: “Yo os traigo Amor Divino, entrad en él, manifestad vuestro cariño, y entonces el Espíritu llegará, entrará en vosotros y vosotros comprenderéis el sentido interno de la vida”.

PETER DEUNOV

sábado, 1 de diciembre de 2018

Surya-yoga

                                                                            

El sol, centro del universo
Todo lo que existe en la tierra
está contenido en estado etérico en el sol

El sol, centro del universo Todo lo que existe en la tierra está contenido en estado etérico en el sol Sin duda lo habéis observado, mis queridos hermanos y hermanas: cuando el sol aparece, la naturaleza está silenciosa, atenta; se recoge como si quisiera recibir algo del sol. Durante unos minutos, la tierra, los animales, los insectos, los árboles, todo se serena y se calla, incluso los pájaros... Los pájaros se despiertan antes de la salida del sol, están contentos, vuelan, cantan, pero, cuando el sol empieza a salir, se paran un momento... Sólo los hombres siguen haciendo ruido; son los únicos que no han comprendido nada. 

Toda la naturaleza se calla, pero ellos siguen dando golpes, hablando, gritando, como si este acontecimiento que afecta al universo entero no tuviese ninguna importancia. Ahí es donde se ve qué irrespetuosos e ignorantes son, porque no saben aprovechar todos los beneficios que aporta esta presencia del sol... Y vosotros, que venís cada mañana a la salida del sol a la Roca*, ¿por qué venís? Algunos, para hacer como los demás; otros, para admirar un bello espectáculo... ¿Pero cuántos vienen para hacer un trabajo grandioso y comprender, por fin, lo que es el sol? Muy pocos. Por eso, me gustaría hablaros del significado y de la importancia del sol, de las posibilidades y de las riquezas que nos da, para que tengáis nociones claras que os ayudarán a hacer un gran trabajo espiritual. 

* En el Bonfin, toda la Fraternidad se reúne en un promontorio rocoso para meditar viendo la salida del sol (Nota de los editores). 

 Actualmente, se habla mucho del yoga. Ya os hablé algo sobre él, al presentaros las diferentes clases de yoga que existen y que proceden, sobre todo, de la India y del Tibet, pero también de China, Japón, Egipto, Persia... Porque todas las religiones tienen su yoga, incluso el cristianismo. Sí, los cristianos han practicado siempre la adoración, la oración, la contemplación, la abnegación, el amor para con el Creador, éste es el aspecto predominante de la religión cristiana, y, en la India, a esto se le llama Bhaktiyoga, el yoga de la devoción, de la adoración, del amor espiritual. Sólo que este yoga conviene a ciertos temperamentos, mientras que otros tienen unas cualidades y unos dones diferentes y hay que darles, por tanto, otras posibilidades. Numerosos son los caminos que llevan al Señor. 
Los cristianos se han limitado a una sola vía, que es, por otra parte, maravillosa, no hay que criticarla; pero los hindúes, en cambio, son más ricos, han dado muchos otros métodos. Para aquéllos que están más bien hechos para el estudio, la reflexión filosófica, el trabajo del pensamiento, han dado el Jnani-yoga, el yoga del conocimiento, para que puedan unirse al Señor por la vía de la inteligencia. Hay otros que no tienen esta inclinación por la ciencia y la filosofía, ni ninguna gana de arrodillarse, de contemplar y de adorar: tienen una voluntad poderosa, energías que gastar, una gran abnegación. Quieren servir a los demás, quieren trabajar. 

El Karma-yoga está hecho para ellos, es decir, el yoga de las obras, de las realizaciones, de los deberes que hay que cumplir sin esperar pago ni recompensa. El Karma-yoga es el yoga de la acción gratuita y desinteresada. Para aquéllos que quieren dominarse, controlar sus instintos, sus impulsos y sus tendencias inferiores, existe el Radja-yoga: gracias a la concentración y al autodominio, también ellos llegan a alcanzar al Eterno, a fundirse con El, y se convierten en “reyes” (radja significa rey) de su propio reino. 

El Kriya-yoga es el yoga de la luz: pensar en la luz, conocerla, comprenderla, rodearse de colores, introducirlos dentro de uno mismo y proyectarlos a su alrededor. Este es un trabajo magnífico, es el yoga de Babadji. 

El Hatha-yoga es para aquéllos a los que les gusta hacer ejercicios físicos, realizar toda clase de posturas, de âsanas como se les denomina: doblarse, retorcerse, hacerse un ovillo, estirarse, ponerse boca abajo, levantarse, hacer pasar las piernas por detrás de la cabeza, etc... Estos ejercicios, que están basados en el conocimiento preciso de los centros que ponemos en funcionamiento al tomar tal o cual postura, exigen mucha voluntad y perseverancia. 

El Hatha-yoga es el más propagado en occidente, pero los pobres occidentales no tienen el temperamento y la constitución de los orientales, ni las condiciones de calma y de silencio para practicarlo, y muchos acaban desequilibrándose físicamente y psíquicamente. ¡Cuántos me han confesado que habían abandonado el Hatha-yoga porque sentían que se estaban desequilibrando! Hay que ser muy prudentes. Yo nunca he aconsejado a los occidentales que practiquen este yoga. 

El Agni-yoga es el yoga del fuego: pensar en el fuego, trabajar con el fuego, despertar el fuego en uno mismo. Puesto que el fuego es el origen de toda la creación, el Agni-yoga es también un camino que conduce hacia el Creador. 

El Chabda-yoga, el yoga del Verbo, consiste en pronunciar ciertas fórmulas -o mantras- en tal momento, tantas veces, con tal o cual intensidad... El Verbo es un poder, y aquél que sabe cómo actuar con este poder obtiene grandes resultados. Me gustaría hablaros ahora de un yoga que supera a todos los demás: es el yoga del sol. Ya era conocido en el pasado: los griegos, los egipcios lo practicaban, así como los persas, los aztecas, los mayas, los tibetanos... Ahora ha sido abandonado, sobre todo en occidente. 

Puesto que en sánscrito sol se dice “surya”, le damos a este yoga el nombre de “Surya-yoga”. 
Este es mi yoga preferido, porque reúne y resume por sí solo a todos los demás yogas. 
Sí, ¿por qué no juntar todos los yogas en uno sólo? El discípulo de la Fraternidad Blanca Universal no puede seguir siendo un ser estrecho, limitado, porque representa al hombre de la nueva vida que debe desarrollarse en todos los terrenos. 

Debe actuar con un desinterés absoluto, y esto es hacer Karmayoga. Debe buscar a Dios, amarle, adorarle, y esto es hacer Bhakti-yoga. Debe meditar, concentrarse, para llegar a dominarse, a gobernar todo el pueblo de sus células, y esto es hacer Radja-yoga. Cuando está sentado en meditación en la Roca, o cuando ejecuta los movimientos de nuestra gimnasia por la mañana, o los de la Paneurritmia, hace, si queréis, ¡Hatha-yoga!... Proyecta luz y colores, se rodea con un aura luminosa: hace Kriya-yoga. 
Se concentra en el fuego, y éste le da la posibilidad de quemar todas las impurezas que hay en él: hace Agni-yoga. Procura, sin cesar, ser dueño de su palabra, no pronunciar palabras que separen a los seres, que introduzcan en ellos la duda o el desánimo, y se esfuerza, al contrario, en ser un conductor de la nueva vida, lo que es hacer Chabda-yoga. 

Finalmente, se concentra en el sol, lo ama y lo busca, lo considera como una puerta que comunica con el Cielo, como la manifestación de Cristo, el representante de Dios: y esto es hacer Surya-yoga. El discípulo que lo practica no rechaza ninguno de los otros yogas, al contrario, es un ser completo, vive en la plenitud. Os muestro el ideal nuevo, el nuevo modelo de la humanidad que se crea en la Fraternidad Blanca Universal: el de unos seres cuyo ideal es desarrollar todas las cualidades y virtudes. Porque, en el Surya-yoga están comprendidos la adoración, la sabiduría, el poder, y también la pureza, la actividad, la abnegación, la luz, así como el fuego sagrado del amor divino. 

Por eso voy a ocuparme los próximos días de presentaros este yoga del sol, para que sepáis lo que es y qué beneficios recibís viniendo cada mañana a ver la salida del sol. Con los otros yogas sólo desarrolláis una parte de vosotros mismos, mientras que, con el Surya-yoga, ponéis en actividad todos los centros que hay en vosotros, porque os conectáis con el poder que dirige y anima a todos los planetas de nuestro universo, el sol, y, así, obtenéis obligatoriamente resultados. Por eso puedo deciros que todos estos yogas, que eran considerados en el pasado como magníficos, y que siguen siendo magníficos, cederán el sitio al Surya-yoga que los supera a todos, porque, a través del sol, trabajamos con Dios mismo. 

Algunos, que lo han experimentado, han tenido resultados, y no podéis imaginaros todo lo que han ganado, ¡en qué luz, en qué claridad, en qué maravilla viven! Hasta os diré que lo que nadie ha podido enseñarme me lo ha revelado el sol, porque ningún libro puede daros lo que el sol os dará si aprendéis a entrar en relación con él. Esto es muy fácil de comprender, y os daré un ejemplo muy sencillo. Imaginaos que leéis un libro, el mejor: la Biblia, o los Vedas, o el Zend-Avesta, pero es invierno, no tenéis calefacción, y cogéis frío y tenéis que acostaros. Sí, ¡el mejor libro no puede calentaros! Y si os habéis vuelto anémicos, porque habéis leído o trabajado demasiado, tampoco el libro puede volver a daros vitalidad. 

Mientras que el sol, en cambio, os da calor, luz y vida: es, pues, el mejor de los libros. Nadie se da cuenta aún de la importancia del sol. La ciencia se ocupa de él, claro, pero para utilizarlo, para embotellarlo, para venderlo. Sólo ven siempre el aspecto material, financiero. Del aspecto espiritual están lejos, ¡tan lejos!... Incluso los religiosos, y sobre todo los religiosos. Y es justamente este aspecto espiritual el que quiero mostraros: lo que representa el sol, sus rayos... cómo desarrollarse 9 espiritualmente gracias al conocimiento del sol, a la práctica del sol, sabiendo cómo mirarlo, cómo contemplarlo, e incluso cómo penetrar en él... El sol es el origen y el padre de todas las cosas, es la Causa primera; la Tierra y los demás planetas han salido de él, él es quien los ha engendrado. Por eso la Tierra contiene los mismos elementos que el sol, pero en estado sólido, condensado. Los minerales, los metales, las piedras preciosas, las plantas, los gases, los cuerpos sutiles o densos que se encuentran en el suelo, en el agua, en el aire y en el plano etérico, han salido del sol. Así pues, los productos farmacéuticos, que han sido fabricados a partir de sustancias minerales o vegetales, vienen del sol... Sí, todos los medicamentos, todas las quintaesencias que los químicos han logrado extraer y preparar, vienen del sol. Veréis en un momento qué camino se abre ahora para el discípulo, cómo, concentrándose en el sol, puede apropiarse, captar en su pureza original los elementos necesarios para su equilibrio y su salud. Actualmente, los hombres se atiborran de medicamentos, se tragan farmacias enteras con la esperanza de curarse. Nunca piensan en ir a buscar más arriba, en las regiones sutiles, otros elementos mejores; se contentan con tomar en el plano físico las sustancias que necesitan. ¿Y de dónde vienen estas sustancias? Del sol. ¿No es preferible, entonces, ir a buscarlas directamente, arriba, a la fuente? Para comprender esta idea, debemos saber que el universo en el que vivimos se ha formado por condensaciones sucesivas. Al principio había fuego. El fuego, poco a poco, emanó de sí mismo una sustancia más densa, el aire, que, a su vez, emanó el agua. Y el aire quiere volver hacia su padre, el fuego, pero el fuego le dice: “No, no, estoy harto de ti, vete, ¡eres muy feliz allí abajo!” Y el aire se pone a llorar, a llorar, ¡y ahí está la lluvia! Diréis: “¡Vaya explicaciones!” Sí, son explicaciones... ¡ “de la casa” !...  El agua, a su vez, se desembarazó de los elementos más densos, y se formó la tierra. 

Además, ahora se tienen pruebas científicas de que la vida en la tierra salió del agua. Cada elemento es una condensación de otro elemento más sutil: el aire del fuego, el agua del aire, la tierra del agua. Pero, más allá del fuego que nosotros conocemos, existe otro fuego, la luz del sol, que es el origen de todas las cosas y en la que podemos encontrar en estado sutil, etérico, todo lo que existe en la tierra. Diréis: “Pero, ¿qué sucedió para que todos estos elementos se condensasen?” Bastó con que se saliesen del centro. 

El centro, es el sol. Cuando los elementos contenidos en el sol se alejaron hacia la periferia, se condensaron, se volvieron opacos, pesados... Y lo mismo sucede con nosotros, mis queridos hermanos y hermanas: al alejarnos del centro, del seno de Dios, nos volvimos apagados y pesados. Para volver a encontrar nuestra pureza y nuestra luz, debemos volver hacia el centro. Vais a ver cómo todas las religiones coinciden en esta búsqueda del centro, o, si lo preferís, simbólicamente, del sol. Cuando el hombre decide volver hacia el centro, se producen cambios en todo su ser... Os he hablado a menudo de este artefacto que vi, hace años, en Luna Park. Era una plataforma redonda, giratoria, a la que se subían los jóvenes... La máquina se ponía en marcha, el movimiento se aceleraba cada vez más, y, pronto, los que se encontraban en la periferia eran atrapados por el torbellino de las fuerzas centrífugas que les desequilibraban y les proyectaban por todos lados hacia el exterior, mientras que los que permanecían en el centro, se quedaban en su sitio, de pie, inmóviles, sonrientes. 

Gracias a esta imagen, os mostré que, cuanto más os alejáis del centro, tanto más os veis sometidos a una fuerza desordenada, caótica, y, poco a poco, perdéis vuestro equilibrio y vuestra paz. Pero, cuando os acercáis al centro, al contrario, el movimiento cambia, y os sentís en la calma, el gozo, la dilatación.* * Ver la conferencia: “El círculo (el centro y la periferia)” (tomo VIII). 11 A partir de este tipo de observaciones los Iniciados descubrieron unos estados de conciencia extraordinarios que les permitieron establecer una ciencia, una filosofía, unos métodos. Sus investigaciones, sus descubrimientos han llegado hasta nosotros, y ahora os los transmito para vuestra utilidad y vuestro perfeccionamiento. Pero, debéis comprenderme: yo tengo el privilegio de disponer de un lenguaje muy claro, muy sencillo, casi infantil, mientras que todo lo que encontréis en las obras de los religiosos y de los filósofos ¡es tan abstracto y oscuro! Pero ¿por qué no simplificar la expresión de las grandes verdades?... Esta es una cualidad que Dios me ha dado: la de saber presentar las cosas clara y sencillamente. Al venir cada mañana con el deseo de contemplar al sol, de extraer fuerzas de él, de penetrar en él, pero también de encontrarlo dentro de nosotros mismos, abandonamos la periferia para volver hacia la fuente, en la paz, la luz, la libertad, en unión con Dios. 

El sol es el centro de nuestro sistema solar y todos los planetas gravitan a su alrededor en un movimiento armonioso. Este movimiento armonioso de los planetas alrededor del sol es el que debemos imprimir a nuestras células. Pero, para ello, tenemos que encontrar el centro en nosotros, el sol, el espíritu, Dios. Entonces, todas las partículas de nuestro ser entran en el ritmo de la vida universal y las sensaciones y estados de conciencia que experimentamos son tan maravillosos que no hay palabras para expresarlos. Hoy os presento el aspecto filosófico de esta cuestión del centro; después veremos el aspecto práctico, mágico. Todavía no lo conocéis, y nada es más importante. “Pero, diréis, ¿es absolutamente necesario ir a ver la salida del sol? ¿No es lo mismo rezar en casa?” En vuestra habitación podéis, desde luego, rezar, conectaros con Dios, encontrar el centro; podéis tener los mismos resultados, los mismos éxtasis, por supuesto. Pero, si al mismo tiempo que rezáis, respiráis el aire puro, si os exponéis a los rayos del sol, realizáis esta unión con Dios, no sólo intelectualmente, con el pensamiento, sino también físicamente, con el aire, con la luz, y entonces vuestra oración es más completa. 

Aquí, en la salida del sol, sois ayudados por unos factores muy poderosos: el aire puro, la paz, todo este espacio, este calor, esta luz... ¡Es la plenitud! ¿Veis?, queridos hermanos y hermanas, si sabemos situar correctamente las cosas y apreciar su valor, nos acercamos más rápidamente, más eficazmente, más maravillosamente a esta fuente de la vida que todos necesitamos. Todos los seres sin excepción tienen necesidad de volver hacia la fuente. Lo comprenden de diferentes maneras, pero, en realidad, todos buscan al Señor: los que no hacen más que comer y beber, los que buscan a las mujeres sin saciarse nunca, los que desean la riqueza, el poder o la ciencia... todos buscan a Dios. 

Mi interpretación ofuscará quizá a los religiosos, porque son a menudo estrechos de miras y están llenos de prejuicios, y dirán. “¡Es imposible que los hombres busquen a Dios por estos caminos tortuosos!” Sí, no existe ninguna criatura que no busque a Dios. Sólo que cada una comprende y busca a Dios a su manera. Sería preferible, claro, que supiesen dónde está y cómo encontrarle en perfección, pero Dios está un poco en el alimento, un poco en el dinero, y también en el amor de los hombres y de las mujeres... Sí, estas sensaciones de plenitud, de dilatación, de maravilla es Él quien las procura. Y desear la autoridad, el poder, es también querer poseer un atributo de Dios. Querer ser bellos, y arruinarse incluso en los institutos de belleza en operaciones de cirugía estética, o de no sé qué, también es tratar de tener una cualidad de Dios: la belleza. Y hasta los glotones, que se pasan todo el día en comilonas, si no fuese porque así degustan un poco al Señor, no sentirían este placer del paladar o de las entrañas. 

No existe nada bueno, hermoso o deleitable que no encierre por lo menos algunas partículas de la Divinidad. Sólo que, para encontrar verdaderamente al Señor, nosotros no preconizamos todos estos caminos tan costosos, groseros y deplorables. Mostramos el mejor camino, el que nos lleva a Él directamente. 
Lo primero que hay que hacer, es ser conscientes de la importancia del centro y comprender cómo la búsqueda de este centro provoca grandes cambios en nosotros, incluso sin que nos demos cuenta. 
Cuanto más nos acercamos al sol con todo nuestro espíritu, con toda nuestra alma, con todo nuestro pensamiento, con todo nuestro corazón, con toda nuestra voluntad, más nos acercamos al centro, que es Dios, porque, en el plano físico, el sol es el símbolo de la Divinidad, su representación tangible, visible. Y todos estos nombres abstractos y alejados de nosotros que se le dan al Señor: Fuente de vida, Creador del cielo y de la tierra, Causa primera, Dios Todopoderoso, Alma universal, Inteligencia cósmica... pueden resumirse en la imagen del sol, tan concreta y próxima a nosotros. Sí, podéis considerar al sol como el resumen, la síntesis de todas estas ideas sublimes y abstractas que nos sobrepasan. 

En el plano físico, en la materia, el sol es la puerta, la conexión, el médium gracias al cual podemos unirnos al Señor. Tomad lo que hoy acabo de deciros, consideradlo, meditadlo... Y, sobre todo, no digáis: “¡Ya lo sé, ya lo he oído, ya lo he leído!” Aunque sea verdad, haced como si no lo fuese, porque, si no, no evolucionaréis jamás. Esta es la actitud del mundo entero: para mostrarse superiores, todos se amparan y refugian detrás de esta reacción. Cualquier cosa que se les diga, ya lo saben siempre, ya lo han oído, ya lo han leído. ¿Por qué, entonces, no han realizado nada? ¿Por qué siguen siendo débiles, enfermizos, limitados? Si tuviesen el verdadero saber, saldrían de sus dificultades, vencerían los obstáculos. ¡El verdadero conocimiento hace triunfar en todo! Pero no han hecho nada, ni siquiera han vencido ciertas pequeñas debilidades, chapotean siempre, ¿cómo queréis, entonces, que crea en su superioridad?... 

Debéis cambiar de actitud, dejar de interpretar estos papeles. Vuestro orgullo oscurece tanto vuestra inteligencia que os impide evolucionar. Así que, expulsad este orgullo, sed más humildes, haced como si acabaseis de oír lo que os digo por primera vez, y decid: “¡Qué interesante!, ¡qué descubrimiento!, ¡qué revelación!”, y veréis, entonces, qué progresos haréis. Sí, yo sé qué es lo que os impide evolucionar. 
Tomad lo que hoy os he dicho como una verdad muy importante; anotadla, meditadla, y no la olvidéis jamás, porque cuanto más avancéis en este nuevo yoga, desconocido o despreciado, más descubriréis su eficacia: os dará las posibilidades de aclarar numerosas cuestiones, y de actuar después en consecuencia. 
Empezad, pues, por aprender que, al mirar el centro del sistema solar, restablecéis dentro de vosotros mismos un sistema idéntico con su propio sol en el centro: vuestro espíritu, que vuelve, que se instala y toma el mando. De momento, dentro de vosotros hay desorden y caos, no hay centro, no hay gobierno, no hay cabeza: todos vuestros inquilinos comen, beben, gritan, saquean; los pensamientos, los sentimientos, los deseos se pasean todos en desorden. ¿Cómo queréis resolver vuestros problemas con esta anarquía? 
¡No lo conseguiréis! Debéis ser primero, interiormente, como un sistema solar, poseer interiormente el sol, para que todo gravite alrededor de un centro, pero de un centro luminoso, caluroso, y no aceptar más un centro que sea apagado, débil, sucio, estúpido... ¡Vamos, limpieza! 

A todos aquéllos que habíais tomado como guías, ignorantes o sabios, gentes de vuestro entorno o personajes históricos, debéis verificarlos uno tras otro diciendo: “¿Acaso eres tan luminoso como el sol? ¿No? Entonces, ¡fuera, vete!... ¿Y tú, eres tan caluroso como el sol? ¿No? ¡vamos, fuera!” Después de este barrido, de esta purificación, instaláis al sol. Y, cuando el sol se presente, cuando vuelva a tomar su lugar central, cuando esté presente en vosotros, real, vivo, veréis de lo que es capaz. A  su llegada, todos los habitantes que hay en vosotros sentirán a su jefe, a su amo, a su señor. A menudo os he dado el ejemplo de los niños en una clase: riñen, se pelean... pero en cuanto llega el maestro, todos los niños vuelven a su sitio con un aire inocente y cándido, y le escuchan en un silencio formidable. 

Tomemos también el ejemplo de los cantantes de una coral o de los soldados de un cuartel: mientras que falta la cabeza, el director de la coral o el capitán, cada uno hace lo que quiere, pero, cuando la cabeza llega, todos se ponen en su sitio y empieza el trabajo... De momento, en el hombre, el corazón ha bajado al lugar del vientre y el vientre se ha puesto en el sitio de la cabeza... y el cerebro se ha caído a los pies. Esto es lo que yo veo: las piernas arriba, la cabeza abajo, ¡todo al revés! Tomemos otro ejemplo: una familia que está discutiendo... De repente, un amigo al que todos estiman y respetan viene a hacerles una visita; entonces, veis cómo se esfuerzan los pobres por olvidar sus rencillas y adoptar unos formas y unas actitudes decorosas: “Pero siéntese. ¡Qué felices estamos de verle! ¿Qué tal está?”... y hasta se miran amablemente para que el amigo no se dé cuenta de que se encontraban en plena tragedia. Pues bien, ¿por qué no utilizar la misma ley, e introducir dentro de nosotros mismos la “cabeza” más luminosa, la más calurosa, la más vivificante: el sol? Entonces, instintivamente, mágicamente, todos encontrarán su sitio, porque tendrán vergüenza de mostrarse groseros ante este amigo o este superior... 

Cuando estallan dentro de vosotros discusiones, tumultos, revoluciones, si os ponéis a rezar con mucho ardor, de un solo golpe todo se serena, y volvéis a encontrar la calma y el gozo: es porque ha venido dentro de vosotros un amigo, y, gracias a él, todos los habitantes se han callado. ¿Cuántas veces lo habéis verificado, verdad? Y si le rezáis a este amigo con más asiduidad y fervor todavía para que no se vaya, para que se quede y habite en vosotros  para siempre, para que se instale en el centro de vuestro ser y ya no se mueva más, entonces, la paz y la luz reinarán eternamente en vosotros. Los hombres viven como si se encontrasen en una caverna iluminada solamente por una velita: ven justo lo suficiente para salir del paso, y ni siquiera saben dónde están. Pero, cuando el sol llega con su luz, de repente se dan cuenta de que estaban rodeados de tesoros, de riquezas, de esplendores, pero, como no los veían, nunca habían tratado de acercarse a ellos. Es como aquél que está sumergido en el agua hasta el cuello y que grita: “¡Tengo sed! ¡Tengo sed!”... Toda su vida grita “tengo sed”; tiene agua y no es consciente de ello. 
Cuando el sol penetre en vuestra alma, en vuestro espíritu, podréis ver todas las riquezas que poseéis. 

La presencia del sol os aporta la luz, pero también el calor. Toda la vida, los hombres tiritan, tiritan: “Tengo frío, nadie me ama, necesito amistad, afecto”, y todos buscan un poco de calor en las mujeres o en los hombres. Qué queréis, ¡para calentarse se arriman unos a otros! Pero el verdadero calor no se encuentra en esta clase de acercamientos, porque, en cuanto cesan un poquito, de nuevo vuelve el frío y tiritan como antes. No, mis queridos hermanos y hermanas, las cosas no son así. Para poseer el verdadero calor, ¡debemos introducir el sol dentro de nosotros! Hará tanto calor que sudaréis y hasta os veréis obligados a desnudaros enteramente. Evidentemente, esto es algo simbólico, significa que conoceréis la verdad. Sabéis bien que se dice: “Ver la verdad desnuda”. Actualmente, los hombres son como los esquimales, están tan congelados que se arropan con espesos abrigos de pieles de donde les sale apenas la nariz. ¿Cómo queréis que se conozcan, que vean su belleza y se manifiesten su amor? 

Hace demasiado frío, no hay sol, es decir, amor. Cuando venga el sol, calentará y vivificará tanto a los seres, ¡que se verán obligados a desnudarse, simbólicamente 17 hablando! Verán su rostro, su belleza, su esplendor. Estarán liberados. Porque la liberación es eso: ser vivificado. Alegraos de tener semejantes condiciones y de poder venir cada mañana a la salida del sol para saciar vuestra sed, calentaros, aligeraros, liberaros. Sí, en mi opinión, el Surya-yoga supera a todos los demás yogas, porque os permite practicarlos todos juntos aquí, a la salida del sol, y sentís el efecto favorable del calor, de la luz, de la pureza del aire. Y aunque no hayáis obtenido resultados con los demás yogas, que son difíciles, os queda al menos una cosa: que el sol os ha calentado, os ha acariciado e incluso os ha dado unas pepitas de oro. Aunque no hayáis tenido resultados, el sol os ha magnetizado, os ha curado, os ha colmado con todos los bienes. Rezáis, meditáis, respiráis, y, al mismo tiempo, ¡sois ayudados por el sol! 

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Bonfin, 31 de julio de 1967 (por la mañana)