Desde hace milenios los humanos comprendieron
que la existencia en común estaba basada
en la ley del intercambio. La experiencia enseñó
que la vida sólo es posible con la condición de
tomar y dar, de dar y tomar en todos los planos,
físico, psíquico y espiritual. A esta ley del intercambio
la llamaron justicia : tomáis algo y
debéis dar su equivalente a cambio. Si conseguís
equilibrar las dos partes, os manifestáis como un
hombre justo.
Pero los hombres no se preocupan de dar o
devolver exactamente lo que deben, sino de
tomar mucho y dar muy poco. No saben que
una tras otra sus deudas se inscriben en un registro
donde todo se contabiliza, y que tarde o temprano
deberán pagarlas mediante sufrimientos.
Han comido, bebido, robado y abusado del
amor de algunos seres que han seducido y engañado.
Y al huir se imaginan que no les descubrirán.
Se equivocan. Aunque cambien de nombre,de dirección, de país, en lo alto, los señores del
karma poseen sus huellas y pueden seguir su rastro
; a menudo durante esta encarnación, después
de muchos años, se presentan y reclaman el
pago. Muchos sufrimientos no son más que el
pago de injusticias cometidas anteriormente por
el hombre.
Debemos entender la justicia como una liberación
: solamente cuando hemos devuelto o
pagado lo que hemos tomado, podemos ser
libres. Por ello ahora quisiera que comprendiérais
la justicia en vuestras relaciones con la familia,
la sociedad, la naturaleza y todo el cosmos.
El hombre recibe de sus padres el cuerpo, la
vida (aunque no sean ellos quienes la crean sino
que simplemente la transmiten), recibe ropas,
alimento, cobijo, educación . . . Esto produce una
deuda acumulada que deberá pagarse. Muchos
hijos se niegan a reconocerla, criticando a sus
padres, oponiéndose a ellos, e incluso llegando a
detestarles. Es injusto. Los padres les han querido,
han sufrido por ellos, les han alimentado,
vestido, protegido, les han cuidado cuando estaban
enfermos, se han ocupado de su educación.
Por lo tanto el hombre tiene una deuda hacia sus
padres.
Además, el hombre tiene también una
deuda con la sociedad o lo nación a la cual pertenece,
porque ésta le ha dado toda una herencia de cultura y civilización, a través de escuelas,
museos, bibliotecas, laboratorios, teatros . . . Pone
también a su disposición trenes, barcos, aviones,
médicos para curarle, profesores y catedráticos
para enseñarle, ejército y policías para protegerle
. . .
También debe algo a la raza porque le ha
dado el color de su piel, una estructura fisica y
psíquica, una mentalidad. Y eso no es todo, porque
también ha contraído deudas con la tierra
que le ha alimentado con sus frutos, con el sistema
solar entero (porque gracias al sol y a los planetas
estamos incesantemente vitalizados, reconfortados),
con el universo y finalmente con el
Señor.
¿ Cuántas personas comprenderán que han
estado tomando, tomando, y que ahora tienen
enormes deudas. . . Según ellos no deben nada ;
no deben nada y además tienen el derecho de
criticar y destrozarlo todo. Qué mentalidad !
No saben que si persisten por ese camino desaparecerán,
puesto que la naturaleza no tolera los
que no respetan sus leyes ; para ella son seres
peligrosos y los elimina de una manera u otra.
El discípulo que ha entendido esta ley quiere
ante todo a sus padres, les hace el bien, devolviéndoles
así lo que les debe. Devuelve también
algo a la sociedad, a la nación, a la humanidad
entera, al sistema solar, a todo el cosmos y finalmente
a Dios. Ofrece su trabajo, sus pensamientos, sus sentimientos, su reconocimiento . . .
mediante s u actividad envía continuamente algo
al universo entero.
De esta manera paga sus deudas
y la naturaleza le reconoce como un ser inteligente.
A todos los que no actúan de ese modo
se les considera unos ladrones, seres deshonestos
e injustos, por lo que se les envían diversos castigos
para encauzarles y volverles juiciosos.
Ser justo es en principio comprender que
existen leyes y que por todo lo que tomamos de
la naturaleza, el alimento, el aire, el agua, el
calor, los rayos del sol, contraemos una deuda
con ella, y al no poder pagar esta deuda con
dinero, debemos saldarla con nuestro amor,
nuestro reconocimiento, nuestro respeto y nuestra
voluntad de estudiar todo lo que ha escrito en
su gran libro. Pagamos también haciendo el bien
a todas las criaturas, dándoles nuestro calor,
nuestra luz. Supongamos ahora que tenéis un
Maestro : os ha dado el tesoro de la revelación . . .
¿ qué le debéis exactamente ? ¿ Iréis a su encuentro
para iluminarle, enseñarle, consolarle, como
él hizo con vosotros ? Naturalmente que no,
porque no lo necesita.
No es a él a quien debéis
dar todo eso, sino a los demás. Si hacéis a vuestros
hermanos todo el bien que él os ha hecho,
estará contento y se considerará pagado.
No estamos obligados a devolver el aire que
hemos respirado bajo forma de aire, ni el agua bajo forma de agua. ¿ Cómo podríamos nosotros
fabricar aire, agua, calor y luz del sol ? . . Hemos
recibido nuestro cuerpo de la tierra y a ella lo
devolveremos algún día ; no puede ser de otra
forma. Pero mientras estemos vivos, cuidamos
nuestro cuerpo, no se nos pide que lo demos. Lo
que sí podemos dar son nuestras emanaciones
luminosas, puesto que el hombre fue creado en
los talleres del Señor para irradiar, para brillar,
para enviar sus rayos a todo el universo.
Recibió
una quintaesencia de luz que puede ampliar,
vital izar y enviar al espacio continuamente, a
condición de haberse ejercitado, de lo contrario
no emitirá más que tinieblas. j Ved que os traigo
nuevas ideas ! En el plano físico estamos limitados,
pero en el plano espiritual nuestras posibilidades
son infinitas y podemos devolver centuplicado
todo lo que se nos da.
Diréis que nunca os ha sido presentada la
justicia bajo esta forma. Ya lo sé, j la justicia
humana es tan limitada ! Unas cuantas historias
de robos, de asesinatos, de divorcios ante los tribunales...
La justicia divina es otra cosa ; es la
verdadera justicia, y debéis comprender su naturaleza.
Cuando sentís que alguien os odia, debe
haber una razón, buscadla. Quizás tengáis alguna
deuda con él. . . ¿ Por qué no librarse de ese
odio haciéndole el bien, en el plano fisico o en el
espiritual ?
Si queréis acelerar vuestra liberación,elegid la justicia superior : la bondad, el amor, la
generosidad y el sacrificio. Gracias a ella, una
deuda que ni años ni siglos podrían saldar, es
anulada rápidamente, a veces inmediatamente.
Por eso algunos seres han aceptado las persecuciones,
la muerte, el martirio, a fin de poder
liberarse y pagar las deudas de varias encarnaciones.
Los que están verdaderamente iluminados
eligen la vía más rápida porque tienen prisa
y no desean quedarse más tiempo atrapados,
encadenados en las regiones inferiores. Desean
la libertad y aceptan los sufrimientos.
Por supuesto, estos seres no son muy numerosos,
ya que la mayoría prefiere salvarse intentando
escapar al pago de sus deudas mediante
tretas.
Pero la ley kármica va siempre a su
encuentro y les dice : «Vamos, ahora hay que
pagar».
Muchos, al escucharme, se tapan los
oídos, pero un día, bajo el peso de sus deudas,
comprenderán la verdad de mis palabras y se
decidirán a sumar sus deudas para saber cuánto,
a quién y de qué modo las pagarán. Si no las
pagan al padre, tendrán que hacerlo a sus herederos.
La tarea del discípulo consiste, pues, en
preocuparse en lo sucesivo de pagar sus deudas,
e incluso en dar más de la cuenta a fin de librarse
con más rapidez. Entonces, ahí tenéis otro
trabajo : durante algunos días revisad vuestra vida, preocupaos de cómo habéis actuado, pensad
10 que habéis tomado sin dar nada a cambio
y a quién, e id a buscar a esas personas, excusaos,
y dadles 10 que les debéis, o por 10 menos
decidles : « Fui un inconsciente, perdona mis
errores y toma esto para que así estemos en paz
el uno con el otro. »
y suponiendo que no podáis encontrar esas
personas porque ya no están en la tierra, os acercaréis
a Dios con vuestro pensamiento y diréis :
« Señor, hoy comprendo por primera vez cuán
injusto he sido hacia los demás.
Les he engañado,
he abusado de ellos . . . y ahora es demasiado
tarde para reparar todo el mal que les hice, y sin
embargo quiero evolucionar, quiero avanzar.
Entonces, Señor, hagamos un trato (trato,
comercio, justicia son un poco la misma cosa).
Toma mi vida, la consagro a tu servicio ; es el
tesoro más grande que tengo, dispón de ella para
que pague así mis deudas. Tú sabes mejor que yo
a quién y cuánto debo ; yo me pongo a tu servicio
por toda la eternidad». Esta es la mejor forma
de arreglar las cosas.
y cuando el Señor vea que habéis llegado a
un grado de conciencia tal que deseáis consagrarle
vuestra vida eternamente (y subrayad
bien : «Para la eternidad, Señor, no solamente
para esta encarnación>}), se asombrará. El Señor
se asombrará al ver la luz que sale de vosotros,puesto que sabe muy bien que para llegar a sentir
y decir algo así hay que poseer una gran luz, y
quedará fascinado por ello. Entonces, ante tanta
generosidad, mostrará una generosidad aún más
grande que la vuestra, y anulará la mayoría de
vuestras deudas. «Ya está, dirá, no se hable más,
todo está pagado, liquidado. Ahora, j ve y trabaja
!
» Durante años, cuando era joven, supliqué al
Cielo diciendo : «¿ Qué puedo hacer ?» Soy
débil, tonto, vulgar, soy un cero a la izquierda . . .
¿ queréis realmente que siga así, sin se ros de ninguna
utilidad ?
Os lo advierto, llegaréis incluso a
desesperaros por mÍ. Entonces, daos prisa,
tomadlo todo, matadme si queréis, pero entrad
en mÍ. Ya no puedo vivir más tal como soy.
Enviadme ángeles, enviadme todas las criaturas
inteligentes, puras y nobles.
Sois vos quien os
beneficiaréis, de lo contrario no haré más que
tonterías y será por vuestra culpa, porque no
escuchasteis mi oración». Ya lo veis, llegué a
amenazarles ; entonces los de arriba se rascaron
la cabeza y dijeron : « j Oh ! este es capaz de
cualquier cosa». Se reunieron en consejo y vieron
que si me dejaban tal como era, ciertamente
sería capaz de hacer mucho daño. Por eso decidieron
concederme lo que pedía.
Y ahora me
parece que de vez en cuando hago cosas que no
son del todo censurables . . .
y vosotros,
¿ por qué no rezáis de la misma
manera ? ¿ A qué esperáis ? Vamos, j pedidlo
vosotros también !
Pero naturalmente, tenéis
miedo de consagrar vuestra vida a Dios, queréis
conservarla. Cuántas veces he oído decir a la
gente : «Quiero vivir mi vida». Sí, pero, ¿ qué
vida ? ¿ Una vida estúpida o una vida divina ?
Todos quieren vivir su vida, es decir, una vida
sin sentido.
De ahora en adelante hay que dirigirse hacia
otra meta, hay que decir : « Señor, empiezo a
darme cuenta que sin Ti, sin Tu luz, sin Tu inteligencia,
no soy nada. Y ahora estoy avergonzado,
hastiado de mí, por eso estoy preparado para
servirte, para hacer cualquier cosa por tus hijos,
por el mundo entero». Hay que repetir esto día y
noche. Aunque el Señor se tape los oídos porque
esté harto de oíros, j continuad ! Se celebrará un
consejo allí donde moran los Veinticuatro
Ancianos, un consejo que conozco, así como a
su guía, un ser formidable, sublime . . . y al verse
tan importunados por vuestras oraciones, dictarán
un decreto respecto a vosotros, diciendo :
« Muy bien, a partir de tal día y tal hora, habrá
un cambio en su vida», y este decreto se proclamará
por todas las regiones del espacio. Los
ángeles y todos sus servidores empezarán a aplicarlo
instantáneamente, y podréis comprobar
que algo ha cambiado verdaderamente en vuestro
destino.
La mayoría de la gente no tiene ningún control
sobre sus impulsos. Si están decepcionados
por alguien, harán lo indecible para desprestigiarle
ante los demás, creándole una situación
insostenible. El que esta persona pueda caer
enferma, e incluso suicidarse, no les preocupa ;
no piensan que el Cielo puede considerarles responsables
y que están preparándose un karma
terrible.
El hecho de que alguien os haya engañado o
decepcionado, no os autoriza a contarlo a los
cuatro vientos. Diréis : « Pero, si es para restablecer
la justicia ! » No, esta concepción de la
justicia es el origen de todas las desgracias.
En
nombre de la justicia el primero que llega cree
que puede castigar a unos y aleccionar a otros.
Dejad la justicia tranquila. «y entonces, ¿ qué
hay que hacer? » Recurrid a un principio que
está más allá de la justicia, un principio de
amor, de bondad y de generosidad. Hace dos mil años que Jesús nos trajo la nueva
enseñanza del amor, y sin embargo los cristianos
siguen empleando la ley de Moisés : «Ojo
por ojo, diente por diente». Todavía no han
comprendido que para ser verdaderamente grandes
y libres, debemos dejar de aplicar esta ley de
justicia. ¿ Triunfáis realmente cuando veis a
vuestro enemigo totalmente aniquilado ? Puede
que no estéis tan orgullosos de vuestra hazaña y
empecéis a arrepentiros de lo que habéis hecho
cuando sea demasiado tarde. Por otra parte, os
estáis preparando muy malas condiciones para
esta encamación o la próxima.
Hay que tomar una nueva actitud. Habéis
hecho el bien a alguien, le habéis dado, por
ejemplo, dinero, y un día decidís que esa persona
no merecía vuestra ayuda : entonces contáis
al mundo entero todo lo que hicisteis por él,
mostrando que no ha estado a la altura de vuestra
bondad.
¿ Por qué contar todo eso ? Si habéis
hecho el bien y lo contáis a todo el mundo, lo
destruís.
Arriba estaba escrito que seríais recompensados,
pero al actuar de ese modo, deshacéis
vuestra buena acción.
A pesar de que alguien os haya engañado, os
haya abandonado, a pesar de todos los pesares,
da igual, no habléis de ello. Al contrario, debéis
mostrar a esa persona que valéis más que ella ;
un día se avergonzará y no solamente hará lo posible para reparar todo el mal que os hizo,
sino que os tomará por modelo . ¿ Cuándo decidiréis
mostraros grandes y nobles ? Debemos cerrar
un poco los ojos y perdonar ; así es como
creceréis y seréis formidables. De esta manera
todo lo que hayáis perdido os será devuelto más tarde centuplicado, pero si tratáis de vengaros, . creáis tanta negatividad que un día seréis vosotros mismos aplastados por ella. Y en ese momento comprenderéis lo estúpido de vuestra conducta. Entonces no tratéis de vengaros por cualquier cosa que os hagan, sea lo que sea ; esperad a que el Cielo se pronuncie a vuestro favor, lo que ocurrirá tarde o temprano si habéis actuado correctamente.
En lo sucesivo comprenderéis cuán benéfico
es recibir la luz de la Iniciación. Si vejamos u
ofendemos a un hombre corriente, inmediatamente
nos replicará para damos una « lección»,
y todo el mundo encontrará que es muy normal,
que es justo. Sí, quizás sea justo según la concepción
que la masa tiene de la justicia, pero ya os
dije que lo que es justo a los ojos de la gente
común es estúpido a los ojos de los Iniciados. Y
os diré lo que ocurrirá : en el momento en que
este hombre dé rienda suelta a sus deseos de venganza,
entrará en un círculo infernal del que ya
no podrá salirse. Se ha deshecho de un enemigo,
de acuerdo . . . pero habrá siempre otros que aparecerán, y tendrá de nuevo que esforzarse para
eliminarlos, es decir, que está alimentando en él
sentimientos y actitudes que no hacen más que
reforzar su naturaleza inferior. Y al final, ¿ qué
habrá ganado ? Nada, puesto que todos los enemigos
que ha aniquilado no habrán desaparecido
completamente, y al reencamarse dispondrán
de todas las posibilidades de desquitarse. He
aquí cómo aquel que pensaba deshacerse de sus
adversarios, en realidad se está preparando otros
muchos para su futuro, y será él quien acabará
sucumbiendo.
Ese viejo método de la venganza no aporta
ninguna solución ; al contrario, complica las
cosas, las entorpece, aumenta las deudas kármicas
y conduce finalmente a la derrota, y ésta,
tarde o temprano, lleva al hombre a su desaparición.
Si es así, no podremos decir que haya
actuado precisamente con una gran inteligencia.
Consideremos ahora a un verdadero Iniciado.
El también ha sido fatalmente ultrajado,
manchado, pisoteado, abandonado y humillado
por seres que estaban interesados en eliminarle.
Pero al conocer las leyes, aplica otros métodos.
En vez de vengarse directamente de sus adversarios,
les deja tranquilos, libres, en paz : que
progresen como quieran ! Sabe de antemano
cuál será su fin, y esperando, se prepara. ¿ A
qué ? ¿ A masacrarles ? No, os dije que él no quiere cargarse con deudas, él quiere ser libre y
poderoso. Y el poder no consiste en coger la
escopeta o el revólver para matar al enemigo ;
eso no es poder sino debilidad . . . y además ignorancia.
Así pues, el ' Iniciado se prepara. Dice :
¿ Creéis haberme anulado ? Esperad un poco y
veréis. Y empieze un trabajo gigantesco en sí
mismo, reza, medita, aprende y practica hasta el
día en que al fin posee la verdadera sabiduría,
los verdaderos poderes. Y si en ese momento sus
enemigos le encuentran, se quedan estupefactos.
Ocurre algo indecible en su cabeza, en su corazón,
en su alma . . . Ante la luz de este Iniciado,
que en vez de vengarse ha trabajado sobre sí mismo,
se sienten feos y apagados porque ven que
han desperdiciado su existencia, y deciden cambiar.
Esta es la verdadera victoria, el verdadero
triunfo para un Iniciado ; sin atacar a sus enemigos,
simplemente dejándoles tranquilos, ha salido
victorioso.
En Bu1garia decimos : «No empujéis al
borracho, ya se caerá él solo». Y es verdad,
aquel que se haya emborrachado de orgullo, de
suficiencia, de grandeza, caerá solo sin que le
empujéis. Es más, si le empujáis, la ley os hará
responsables de su caída, pero si le dejáis tranquilo,
caerá fatalmente sin vuestra intervención.
y durante ese tiempo os habréis ocupado única mente de mejoraros, os habréis ocupado de todo lo que es puro, luminoso y divino. ¿ No es acaso
la mejor solución ? Sí, naturalmente hay que
tener mucha paciencia, bondad, amor y luz para
poder praticar este método, pero no conozco
otro más eficaz. Sin maldad ni venganza colocáis
carbones encendidos sobre la cabeza de vuestros
enemigos, y al reconeceros se arrepentirán y
vendrán a reparar el mal que os hicieron.
Porque hay una ley en la naturaleza : un día
- si no es en esta encarnación, será en la próxima
- todos los que os hicieron mal se verán obligados
a buscaros para reparar sus faltas. Puede
que sintiendo intuitivamente que son antiguos
enemigos queráis apartarlos, sin embargo, os
seguirán pidiendo que aceptéis sus servicios.
La
ley es así, no será la primera vez que ocurra. A
todos los que os hicieron algún mal y no les respondisteis
con el mal, la ley les obliga (quieran o
no, su opinión no importa), a repararlo.
El Iniciado es capaz de vengarse, sí, pero
solamente mediante la luz y el amor. Y vosotros
también podéis vengaros ; es natural el vengarse,
¿ por qué no ? Pero hay dos maneras de hacerlo :
anulando completamente a vuestro adversario y
destrozándole, o bien, dejándole intacto, provocando
en su alma, en su corazón, un cambio
beneficioso para vosotros mismos 'f para él. Esta
segunda actitud es doblemente ventajosa. Así pues aconsejo a los hermanos y hermanas
de la Fraternidad que hagan todo lo posible
por resolver sus problemas sin crearse nuevos
karmas. ¿ Por qué los miembros de una familia
deben apelar a los tribunales por cuestiones
monetarias ? ¿ No pueden estar por encima de
todo eso ? . . ¿ Por qué los humanos deben siempre
aferrarse a sus intereses, a sus posesiones ?
j Que hagan un gesto, Dios mío, y serán libres !
En un principio, claro, no pueden sentirse tan
felices al hacer este gesto, sufren y se sienten
oprimidos. Pero si lo consiguen, descubrirán
nuevas regiones, nuevas luces y no habrá nadie
que se sienta más feliz y orgulloso que ellos, porque
habrán realizado algo muy dificil : vencer su
naturaleza inferior, su personalidad.
Es la personalidad la que aconseja sin cesar
al hombre tirar la manta hacia sí, calumniar,
vengarse e incluso recurrir a los tribunales para
comprometer a los demás. Y después, j creemos
haber comprendido la Enseñanza ! Pues no, no
habéis comprendido nada. Escucháis las conferencias,
leéis libros, os maravilláis, y sin embargo,
continuáis actuando según los antiguos hábitos
; eso, lo veo. Ante tal luz, ante tales verdades
y tales revelaciones, continuar actuando como
todo el mundo, j es lamentable !
Si contáis con la bondad, la inteligencia y el
amor divinos para ayudaros a resolver vuestros problemas, el Cielo no os abandonará porque
habréis hecho algo que os une a El. He aquí un
punto que muchos de vosotros aún no habéis
comprendido ; no tenéis suficiente fe y confianza
en el poder del mundo invisible, el cual puede
ayudaros y facilitaros la existencia, simplemente
trabajando en lo que os pida.
Preferís seguir confiando
en las deshonestas artimañas que vuestra
personalidad os ofrece, y precisamente por ello
no conseguís encontrar soluciones, porque tarde
o temprano el mundo invisible os enfrenta ante
nuevos obstáculos. Mientras que a los Iniciados,
que respetan las leyes y cuentan con el Cielo, no
se les abandona jamás. Aunque el mundo entero
les abandone, se les ayuda, se les anima y acaban
por triunfar.
Omraam Mikhaël Aïvanhov

No hay comentarios.:
Publicar un comentario