Bienvenidos a Ejercicios y Encuentros con El Sol, un espacio, basado en las enseñanzas de los Maestros Peter Deunov, y Omraam Mikhaël Aïvanhov Esfuércense en tomar cada vez más conciencia de que, cuando van a asistir por la mañana a la salida del sol, tienen grandes posibilidades para avanzar en su trabajo espiritual. Deben dejar a un lado todas las nubes: las aprensiones, los rencores, los deseos, las codicias, a fin de estar disponibles para hacer un trabajo formidable. Aquellos que son capaces de liberarse de las nubes, son capaces de remover el cielo y la tierra, son creadores de la vida nueva y el Señor les aprecia. ¡Cuántos de ustedes me han dicho que iban a la salida del sol sin resultado alguno, porque les asaltaban continuamente pensamientos desordenados que les impedían concentrarse! Pero, si toman en serio los ejercicios que les doy, tendrán resultados. Con la voluntad deben llegar a dominar, a yugular todas las fuerzas anárquicas que tienen dentro, hacer vibrar todas sus células al unísono con su ideal, en una única dirección. Si no, serán débiles, estarán expuestos a todos los vientos, a todas las penas, las tristezas, las tribulaciones. A veces nos encontramos con gente para la que se diría que nunca ha salido el sol. Si, por fin, unos rayos vienen a iluminar su horizonte, ahí les tienen con un gozo delirante; pero todo eso no dura, y de nuevo se ensombrecen, se apagan. Es porque no han querido cambiar su filosofía.

lunes, 12 de noviembre de 2018

MÁS CONCIENCIA Y LUZ



La luz es una función creativa de la augusta naturaleza. Establece los límites entre el ser y el no ser, lo temporal y lo eterno, lo real y lo transitorio. La luz es el acto inicial de despertar a la vida de la naturaleza. Por “despertar” entendemos el paso de un estado ilimitado de la naturaleza a otro limitado, de la superconciencia a la subconciencia. Éstas son unas palabras cuyo significado y esencia interior, es difícil de captar para algunas personas. 

Si preguntas a algún físico contemporáneo qué opina acerca de la luz, la definirá como un número de vibraciones en las que participan siete colores, del rojo al violeta, y te dirá después, que el color rojo tiene 428 billones de vibraciones, el violeta 730 billones, mientras que el ultra violeta tiene 833 billones de vibraciones. Éste es el límite de la región de luz en la que puede manifestarse en el mundo físico. En otras palabras: éste es el punto al que la gente ha llegado hasta ahora en el desenvolvimiento de su percepción. 

 Ello es cierto en lo que al mundo físico se refiere, pero ¿cuál es la relación entre la luz y la mente humana? Las observaciones y experimentos actuales prueban que ninguna actividad intelectual, de la clase que sea, es posible sin la presencia de la luz. Vamos a hacer una afirmación con carácter general: el grado de desarrollo de todos los seres, depende de la cantidad de luz que haya en un momento dado. 

 Esto puede también aplicarse al hombre: las personas se diferencian según el grado de luz que reciben y el modo en que la manifiestan. Podemos también afirmar que el verdadero carácter, la manifestación espiritual del hombre, depende de la cantidad y calidad de esta luz. Uno podría probar la verdad de esta afirmación mediante los más irrefutables argumentos, pero habida cuenta que estos pertenecen a las más elevadas matemáticas, conocidas por muy poca gente, y que ello requeriría muchas fórmulas y tiempo, recurriremos a uno de los argumentos más simples a fin de que pueda ser entendido. 

Echaremos mano a lo que es más claro. Por ejemplo: Donde quiera haya una luz roja en su más baja manifestación, la vida se manifiesta en un estado más inferior. Todos los seres que de una manera u otra tienen acumulada esta luz en su sangre, en su organismo, son extremadamente rudos y activos. Ello también es cierto en el caso del hombre: Cuando está muy excitado y da rienda suelta a la expresión de su descontento o indignación, este color se refleja en su cara. Si alguien pregunta por qué esa persona se encuentra en ese estado, le diremos: porque ha recibido poca luz (solamente la roja. No ha recibido la luz en su conjunto) Ha acumulado en su interior tanta luz roja, que no tiene otra manera de manifestarla. 
La ira irrumpe cuando la manifestación natural de la luz queda obstruida. 

El que tenga un exceso de esa luz roja y ande escaso de las otras, está predispuesto a la ira. Las energías de aquél que desee manifestar su cólera, no deben ser bloqueadas, por el contrario, hay que encauzarlas en otra dirección a fin de que puedan expresarse, deben ser puestas a trabajar. Éste es un método de autocorrección. Éstas son leyes que regirán la sociedad futura. Hay en el hombre energías superfluas que deben ser aprovechadas. La ira o el descontento en un momento dado son, en nuestra opinión, un estado por el cual nos damos cuenta de que nos falta algo, es una necesidad interna por cuya satisfacción luchamos. Y ¿quién lucha en el mundo? Los hambrientos. ¿Quién aspira a ser rico? Los pobres. ¿Quién busca el conocimiento? El ignorante. ¿Quién quiere el poder? El débil. ¿Quién ansía la gloria? El que no la tiene. ¿Quién busca la vida? El muerto. Empleamos estos términos en el amplio sentido de la palabra. 

Por la palabra “muerto” un estado limitado o potencial que debe pasar a un estado cinético. 
Todo ser desea experimentar este cambio. La muerte significa la mínima posibilidad de vida. Por eso, cuando decimos “más luz”, tenemos in mente las condiciones que puedan provocar un cambio en nuestra presente vida. 

La gente de hoy día, la sociedad y los países, padecen de falta de luz. Existe abundantemente en el mundo exterior, pero no permanece en nuestro interior. Hay poca luz en nosotros. No hay condiciones para que se manifieste dentro de nosotros en el estado en que nos encontramos actualmente. Como consecuencia de esta situación nacen sentimientos negativos que entorpecen el desarrollo de la humanidad y devoran su estructura, limitan su mente y pervierten su corazón. Si lo dudáis, haced un pequeño experimento: poned a una persona en un lugar antihigiénico, donde entre poca luz, y veréis al cabo de unos años el gran cambio que se ha operado en él. Os quedaréis pasmados ante su desorden y la degeneración de sus facultades morales e intelectuales. La luz es el factor principal del trabajo creativo de la naturaleza. 

Algunos se opondrán a esta afirmación diciendo que las plantas crecen más durante la noche que durante el día. Es cierto, pero esto indica que la luz acumulada por las plantas durante el día es asimilada y transformada por la noche. Para un mayor esclarecimiento de los hechos observemos el crecimiento de los melones. Todo el mundo puede realizar este pequeño experimento: plantad varias semillas y veréis que el brote crece un pie en una noche, mientras que el crecimiento durante el día es muy pequeño, pero si la temperatura cambia bruscamente por la noche, el crecimiento se detiene. ¿Qué representa ahí el frío? En nuestra opinión, el frío denota una cantidad pequeña de luz. 

El calor, en cambio, indica la presencia de luz. Donde hay poca luz, hay poco calor, porque el calor no es otra cosa que la primera manifestación del movimiento de la luz, que podemos sentir mediante nuestro sentido del tacto, ya que no podemos percibir el calor como una manifestación de la luz a través de nuestro sentido visual (el calor también corresponde a ciertas vibraciones, pero de diferente clase. 

Las vibraciones del calor, como menos poderosos que son, encuentran una mayor resistencia porque se mueven lateralmente también (como resultado de lo cual las partículas de los objetos son arrastradas aparte y se produce la expansión de los objetos), mientras que la vibración de la luz, como más fuerte, supera los obstáculos más fácilmente y se mueven directamente en su esfera. Otras vibraciones luminosas vienen desde el cosmos hacia la tierra, y cuando llegan aquí, sufren una transformación convirtiéndose en la luz ordinaria que tenemos. Tras esta luz ordinaria hay otras energías de rango superior y tras éstas, hay algo racional. 

Cada color produce un efecto orgánico y psíquico. 

 El color rojo, en su estado puro, tiene un efecto vivificante, pero si uno recibe en su organismo un rojo impuro, se sentirá irritado. 

 El color naranja puro produce una individualidad sublime, mientras que el impuro, alimenta el egoísmo en el hombre. 

 El color amarillo puro produce el equilibrio interior de los sentimientos: paz, calma y tranquilidad. Pero si uno lo recibe en su estado impuro, alimentará diversas enfermedades. 

 El color verde puro produce el crecimiento en todos los aspectos de los sentimientos, pensamientos, la manifestación de sentimientos nobles, etc. En su estado impuro causa la sequedad, tanto física como psíquica. 

 El color azul puro, en grandes cantidades provoca una expansión de los sentimientos y aspiraciones así como la manifestación de los más elevados sentimientos en el hombre. Recibido en pequeñas cantidades y en un estado impuro, produce efectos contrarios, siendo causa de las dudas, la falta de fe e incluso su pérdida. 

 El color azul oscuro, en su estado puro produce estabilidad en las convicciones y sentimientos, firmeza y resolución. En su estado impuro produce la inconstancia. 

 El color violeta puro produce fortaleza de carácter, mientras que la impura causa la pusilanimidad. 

 Uno podría estudiar la importancia educativa de los colores, cultivando flores de diferentes colores en un jardín. La influencia de cada color puede experimentarse. Si la gente conociera las leyes que rigen los efectos que los colores producen en las personas, podrían hasta cierto nivel, ser educadas por ellas. 
Todo pensamiento produce un color determinado. La fuerza del escritor depende del color que produce dentro de la vida interior del lector. Los escritores que producen colores puros en la gente, son considerados buenos. Incluso los que no saben nada sobre este tema, emplean los colores. 

Esto no es algo arbitrario. Los que ponen atención al color de sus vestiduras, aplican las mismas leyes, aunque actúan más por el subconsciente que por una decisión voluntaria. Algunos doctores llegan hasta el punto de usar colores para la curación de diferentes enfermedades. Ahora vamos a hacer otra afirmación: Que todas las grandes ideas, sentimientos y acciones elevadas, se manifiestan en la abundancia de luz, no la externa, sino la interna. Esta verdad puede ser comprobada por el hecho de que todas las grandes personalidades, que han alcanzado lo más grande en su desenvolvimiento, son llamados santos, es decir, refulgen y se han transformado en hombres de luz. Así, cuando todos los hombres consigan ese estado – refulgir – cuando todas las sociedades y naciones lleguen a brillar, podremos tener una cultura evolucionada. Bajo este punto de vista, todo lo que hay en la tierra, todas las plantas, animales y humanos, no son otra cosa que luz transformada en sus infinitas y variadas manifestaciones. 

En una palabra, todo es luz. De todo lo dicho se deduce que la luz de la que hablamos no está vacía de vida ni consiste únicamente de vibraciones, como comúnmente se admite, sino que contiene algo más. Desde un punto de vista meramente físico, definimos al hombre de acuerdo con sus apariencias externas, su figura, sus movimientos, pero para que pueda moverse debe experimentar ciertas sensaciones causadas por un pensamiento, que a su vez ha sido producido por una pequeña luz. Por eso, cuando estudiamos el misterio de la creación, en realidad tenemos a la vista aquel soberano principio de la vida que ha producido la luz, la que a su vez ha creado todas las formas vivientes en la naturaleza. 

Y cuando decimos que debemos ser portadores de las nuevas ideas, nos referimos a todo lo que es elevado y noble y sirve para el progreso del hogar en su trabajo preparatorio; de la sociedad en su trabajo organizativo; de la nación en las actividades para el crecimiento de la humanidad en su evolución y en la consecución de sus altos ideales – el florecimiento y soporte de los frutos del bien en el mundo para que pueda manifestarse una vida más elevada, para que nazcan pensamientos elevados, para que grandes personalidades aparezcan en el mundo, y el amor, en sus infinitas manifestaciones resida en la superconciencia del hombre para que con la ayuda de la sabiduría divina; que la senda del alma humana sea iluminada por el esplendor que fluye de la verdad y que sus aspiraciones alcancen los lindes asignados por la sublime justicia de Dios; para que los eternos fundamentos de las virtudes puedan colocarse allí donde todo lo demás deba ser edificado. 

Grandes y amplios ventanales deben ser abiertos para que un copioso conocimiento pueda entrar en el hombre. Y no sólo eso, sino que la techumbre del futuro hogar humano deben ser hechos de material transparente, del más fino cristal, a través del cual pueda pasar la luz. Hablando de una manera simbólica, queremos decir que la cabeza de la humanidad, el cráneo, debe ser tan flexible, el cerebro tan receptivo, el corazón tan sensitivo y la voluntad tan activa, que debieran ser siempre sensibles a todo lo que es elevado y noble en la vida. Los mejores carretes de fotografía son los más sensibles a la luz. Los hombres deben ser portadores de ideas y no podemos dar tal nombre a una persona salvo que sea un hombre de luz con el que podamos entendernos. La luz penetra todo el espacio y no se detiene ante ningún obstáculo, como así nos ha revelado los distantes mundos, todo el cosmos, y nos traen nuevas de esos mundos. De igual modo, nuestros pensamientos, nuestras ideas y sentimientos, nacidos de la luz, deben tener las cualidades de este principio, su ancestro. Las distinciones entre los hombres pueden establecerse según las reglas de la luz. ¿Qué es lo que distingue a un hombre cultivado? Su luz. ¿Qué es lo que distingue a un erudito? La luz de su conocimiento. ¿Qué es lo que distingue a un filósofo? 

La luz de la razón, que le revela el profundo significado de todo lo que existe. ¿Qué es lo que distingue al poeta? El poder de su divina intuición. ¿Qué es lo que distingue al hombre espiritual, al santo? El poder de la luz que penetra su vida y le ofrece la posibilidad de obtener una idea precisa sobre la vida de todos los seres y compartir sus alegrías y tristezas, no importa cuan pequeñas sean. Y finalmente, ¿qué es lo que distingue al hombre de estado y al político? La luz que debe iluminarle para que tenga una visión clara y penetrante y vea con perspectiva la dirección por la que debe conducir el carruaje de su país, para ver si dicho camino es practicable o no lleva a ninguna parte, donde debe hacer reparaciones y si en todas las paradas hay suficiente comida para los viajeros. Ésta es la manera en que el hombre de la nueva época debe analizar los problemas de la vida. 

 No debemos parecernos a Omar, que quemó la biblioteca de Alejandría. Se dice de él que cuando le preguntaron qué había que hacer con aquella riqueza, con aquellos libros, coleccionados a lo largo de miles de años, él respondió: “Si esos libros contienen la sabiduría del Corán, son inútiles, y si no la contienen, son dañinos. Así que tanto en un caso como en otro, no sirve de nada conservarlos.” Y dio la orden de que fuesen quemados. Si uno presenta la riqueza de las nuevas ideas como una necesidad a determinados guías de la nación, éstos no deben actuar como Omar y decir que las nuevas ideas no están de acuerdo con las tradiciones de sus antepasados. Pero ¿quién podría decirnos cuáles eran las tradiciones de nuestros antepasados? Dejemos que esa persona describa aquellas ideas con detalle. 

Las nuevas ideas aportan vida y todo lo que es bueno. Son los únicos portadores de la vida y del bien. Únicamente la luz del sol naciente es portador de todas las bendiciones para la humanidad. Una comparación nos enseñará el valor de las nuevas ideas progresivas. Cuando decimos “diamante”, imaginamos un cristal dotado de tres importantes cualidades: es la más dura de las piedras, es la que mejor refracta la luz, y la materia de que está compuesta se distingue por su grandísima pureza. Pero cuando decimos “agua” en su más primitivo estado, tenemos la idea del líquido más inestable. En cuanto la botella que la contiene se rompe, se derrama, se esparce. No puedes, por tanto, depender de su estabilidad. Puedes también considerarla como criminal, vacía de toda moral. A poco que la inclines en una dirección, se moverá hacia la misma. Cierto es que en lo que a cohesión se refiere, el agua es lo más débil que hay, pero por otra parte, es lo más necesario para la vida. Los hombres portadores de nuevas ideas no se parecen al diamante, sino al agua. Se les puede hacer los mismos reproches que al agua, pero hay que reconocer que en el mundo no se puede hacer nada sin ellos, son necesarios. 

El agua no es peligrosa en su estado natural, pero cuando se bloquea su flujo y se quiere detener su inclinación descendente, es sumamente peligrosa para aquellos que viven bajo la misma. ¿Podemos acaso levantar una presa hasta el cielo para que se detenga su fluidez? Evidentemente que no. Por el contrario, cuanto más levantemos un embalse, con mayor fuerza el agua estará presionada para seguir el camino que la naturaleza ha designado para ella. Todo esto no son más que simples ideas para reflexionar, sin reproche alguno para ellas. No debemos caer en el error en que incurrió la gente de Johnstown (América) hacia finales del pasado siglo. Tenían un tranquilo río que atravesaba la ciudad, que seguía su curso durante años, pero aquellos americanos abrigaron la idea de construir un embalse en la parte alta de la ciudad y hacer un lago para que remasen los botes y se practicase sky en invierno. 

Durante varios años habían disfrutado de su creación, hasta que finalmente una inundación se llevó por delante el embalse y toda la ciudad quedó sumergida, llegando el agua hasta el tercer piso de sus casas, pereciendo ahogados unas tres mil personas. SI preguntáis qué debería hacerse entonces, contestaremos que la librería de Alejandría, que albergaba tesoros de conocimiento durante miles de años, no debiera haber sido quemada, sino usada para altos fines culturales, y que el río De Johnstown no debía haberse obstruido con presas, porque estaba sobre la ciudad, sino dejar que siguiera libremente su curso y ser utilizado de un modo razonable. De la misma manera, la luz debe encontrar su camino natural en nuestras mentes. Entonces, de inmediato, acontecerá una iluminación interior y el recto pensar, que nos mostrará de un modo natural la relación y conexión que hay entre todas las cosas que existen en la naturaleza, así como los métodos para trabajarla. El camino de nuestro pensar se iluminará. 

 Esta luz debe ser introducida en nuestras conciencias, en nuestros corazones, donde producirá un calor placentero, al igual que los rayos solares afectan a las plantas. De este modo, nacerán en nosotros lo más nobles sentimientos. Esta luz debe penetrar en nuestra voluntad para crear aquellas flexibles fuerzas ante las que no hay obstáculo alguno en la naturaleza. Hace miles de años se dijo que el hombre sabio y honorable puede hacerlo todo porque trabaja de acuerdo a las leyes de la luz. Estas leyes albergan en su interior la gran armonía de todo el universo. Por tanto, sin preguntáis qué debe uno hacer, os responderé categóricamente con el lenguaje de la naturaleza: Opta sinceramente por pensar con lucidez, ten sentimientos honestos y actúa desinteresadamente. 

Cuando experimentes esto, verás los resultados. Si la generación pasada hubiese observado las leyes anteriormente citadas, no hubieran aparecido los resultados que podemos ver hoy día. Podemos tomar un ejemplo de la naturaleza. Colocad una flor cualquiera al sol e inmediatamente el verdadero conocimiento despertará en ella. Sabrá cómo florecer. Exponed un árbol frutal al sol y sabrá cómo florecer, cómo fructificar, madurar y producir sus semillas de un modo natural. Por tanto, si de acuerdo con la misma ley, os exponéis vosotros mismos a la luz divina, el conocimiento que permanecía dormido desde hace miles de años, surgirá en vosotros. Uno no debe buscar la luz, sino recibirla. 

 Cuando el alma humana se abre enteramente a esta luz, ésta entra libremente y lo regenera todo en nuestro interior en una nueva forma desconocida para los hombres contemporáneos. Cuando esta luz ilumina nuestras mentes, penetra profundamente en nuestros corazones y envuelve nuestra voluntad, la paz empezará a reinar en todos los estamentos de nuestra nación. Los corderos no lloriquearán tristemente, las gallinas no cacarearán temerosas, los cerdos no gruñirán bajo el cuchillo del hombre, los perros dejarán de ladrar y de morder, todas las disputas desaparecerán y la violencia será como un distante recuerdo perteneciente a un sueño. Los pensamientos elevados y nobles nacerán en el espíritu humano, caracteres llenos de abnegación y aparecerán auténticas madres y padres cuya luz sanará toda enfermedad. Y el profeta de tiempos pasados dijo en verdad que Dios enjuagará toda lágrima de los rostros humanos. Ha llegado el momento en el que los hombres tienen que vivir de acuerdo a esos elevados principios.

PETRA DEUNOV

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