Cualesquiera que sean las dificultades que se
presenten, no mostréis vuestra tristeza y vuestro descorazonamiento, intentad,
por el contrario, encender todas las lámparas en vosotros.
Sí cuanto peor estéis, más lámparas interiores debéis
de encender, y entonces, ¿sabéis lo que ocurrirá?
Que vendrán de todas partes preguntándoos: ¿Os falta algo? ¿Qué es lo que os hace
falta? ¡E incluso
llegaréis a fatigaros por todos los servicios que os querrán rendir…
simplemente a debido a vuestra luz!
Creéis que vuestras desdichas pueden llegar al corazón
de los demás, ¡entonces las contáis, y exageráis, añadiendo malestares y
pesadumbre con la esperanza de que se conmuevan, y decidan ayudaros. Pero ellos no persiguen otra cosa que
deshacerse de vosotros lo más rápidamente posible.
Sí, desgraciadamente, así es: en estas condiciones es
raro que la gente venga a ayudaros, porque no son las debilidades las que les
atraen sino solamente la belleza, la luz, el amor. Por lo tanto, cuanto peor estéis, más
contentos y radiantes debéis de mostraros.
Si fueseis un poco psicólogos, os darías cuenta que al
mostrar vuestras miserias, vuestras tristezas y vuestras enfermedades ante los
demás para que se compadezcan, no obtenéis el resultado esperado. No hay que imaginarse que los humanos son
compasivos, generosos, y que siempre están dispuestos a escuchar las quejas de
los infelices y a ayudarles… De ninguna manera: no persiguen más de lo que es
agradable, delicado, entretenido, simpático, y si no sois nada de esto, os
dejan.
Para guardar las formas vienen a animaros, a
manifestaros sus buenos deseos o sus condolencias, pero en su fuero interno
encuentran enseguida un pretexto para dejaros lo más rápidamente posible. Sí, desgraciadamente, o afortunadamente, la
naturaleza humana está hecha así. Si
queréis ahuyentar a todo el mundo, hablad cada día de vuestras desdichas, de
vuestras enfermedades, de vuestras penas: y entonces veréis como nadie os
escuchará por mucho tiempo.
Me he encontrado con gente a quienes les gustaba
extraordinariamente contar los detalles más negativos, los menos halagüeños de
su existencia, y después se extrañaban que todo el mundo los evitase o les
abandonase. ¡Qué actitud tan estúpida!
Es mejor
esconder todos estos detalles. Cuando
los demás son incapaces de ayudaros a encontrar la solución a vuestros
problemas, ¿de qué sirve exponerlos? No
pueden hacer nada.
De esta
forma, no solamente perdéis vuestro tiempo contando inútilmente vuestros
asuntos, sino que disminuye la estima que os tiene la gente, y ya no os
aprecian. Se dan cuenta de que no sois inteligentes ni fuertes, y os dejan
caer.
Si no queréis perder a vuestros amigos, esconded
vuestros problemas, no les digas nada, no os quejéis. Al contrario, encended lámparas, uníos a
todas las potencia celestiales, a todas las entidades luminosas que están ahí,
preparadas para ayudaros.
En ese momento os volvéis mucho más fuertes, más
poderosos, más luminosos, y esta fuerza y esta luz que emana de vosotros atrae
a los demás, pues sienten que sois diferentes: soportáis todas las
dificultades, resistís todas las pruebas sin quejaros. Y entonces os admiran, se acercan a vosotros
para aprender e incluso para fortalecerse. Si os mostráis abatidos,
aplastados, débiles y despreciables, no solamente no ganaréis la simpatía de
los humanos, sino que tampoco les ayudaréis.
Así pues, cualesquiera que sean vuestras dificultades,
encontrad palabras que puedan ayudar a los demás. Por este esfuerzo de desinterés y de generosidad,
veréis como llegáis a resolver rápidamente vuestros problemas en lugar de
esperar a que los ignorantes, los débiles o los pobres vengan a salvaros,
además, las entidades celestiales, maravilladas por el trabajo gigantesco que
habréis emprendido en vosotros mismos, os ayudarán.
En todo caso, cuando estéis deprimidos, os sintáis
desgraciados, no permanezcáis sin reaccionar; hay que salir de este estado sin
hacer, claro está, como la mayoría de la gente que se tragan todo tipo de
drogas calmantes o excitantes, lo cual es un medio infalible de debilitarse.
El Creador ha puesto en el hombre inmensas reservas
materiales y energéticas que están ahí, escondidas, ocultas, esperando el
momento en que las descubra y utilice.
Si buscamos ayudas y remedios exteriores, estas fuerzas permanecerán
dormidas.
Desgraciadamente esta pasividad está muy extendida
actualmente, porque la ciencia trabaja para atraer la atención de los humanos
hacia los medios externos, sin darse cuenta de que el uso de estos medios
debilita en lugar de curar. Y es verdad,
¡la gente se vuelve cada vez más frágil, vulnerable, cualquier contrariedad les
deja por tierra!
Otros creen resolver sus problemas haciendo deporte,
gimnasia.
El deporte está muy bien, no me opongo a él, pero las
piernas y los brazos solos no son capaces de remediar los problemas
interiores. ¡Corriendo no despierta el
poder del espíritu! Hay que proyectar la
luz sobre estos temas y saber que los medios físicos, cualesquiera que sean,
son insuficientes para resolver los problemas psíquicos.
Así pues, en lugar de dejaros sumergir en las
dificultades o de ir a buscar soluciones al exterior, pensad en las lámparas:
¡encended todas vuestras! {Pero diréis, ¿Cuáles son estas lámparas? ¿Dónde están? Son lámparas internas que Dios ha preparado
en nosotros desde el origen de los tiempos.
Todo tipo de lámparas, grandes, pequeñas, de todos los colores…
Hay también una corriente eléctrica que circula para
alumbrarlas y que viene desde muy lejos, desde la central eléctrica cósmica.
Pero nunca se piensa en encender estas lámparas.Y, ¿cómo se encienden? Es muy simple: en el mundo físico se hace con
un botón o un conmutador que basta con girar y apretar. Pero en el mundo psíquico basta con el
pensamiento para encenderlas: pensáis que las encendéis, e inmediatamente se
encienden.
Y cuando
algunas estén encendidas, no os detengáis, continuad, otras se encenderán, y al
final se producirá una iluminación fantástica.
Evidentemente, sé cuánto trabajo cuesta no contar lo
que nos preocupa: las propias penas, las decepciones, las amarguras…
¡Y sobre todo el rencor! Cuando alguien ha dicho algo malo de
vosotros, os ha vejado u ofendido, entonces resulta imposible retenerse, es completamente
necesario ir a quejarse a alguna parte.
Pero he ahí que a la persona a la que contáis vuestras desdichas se
siente sobrecargada con un gran peso, y la pobre, para deshacerse de él, va a
confiárselo a una de sus amigas; una vez que lo ha hecho, se siente contenta,
se siente aliviada.
Pero esta amiga hace lo mismo, y de amiga en amiga, se
da la vuelta y un día el mal vuelve a recaer sobre vosotros bajo una forma o
bajo otra.
El necesario prestar atención antes de querer
deshacerse de un peso poniéndolo sobre los hombros de otra persona. Suponed además que vuestras palabras lleguen
a oídos de la persona de la cual os quejáis: corréis el riesgo de aumentar en
ella el deseo de perjudicaros. Por lo
tanto, es mejor contenerse, dominarse y soportarlo todo, y al mismo tiempo
encender vuestras lámparas, es decir
volveros suficientemente fuertes y poderosos para transformaros,
sublimar vuestra cólera, o vuestra pena.
La vida es enriquecedora en todo aquello que es
necesario para instruir a los humanos.
Los sabios reflexionan, se instruyen, y utilizan todo para el bien. Mientras que los demás, que no tienen la luz,
no saben aprovecharse de nada, y si les ocurren cosas positivas, no solamente
no saben verlas y utilizarlas, sino que todavía se las arreglan para que se
convierten en desgracias para ellos. Si
sois conscientes y estáis atentos, todos los momentos difíciles pueden
contribuir a vuestra evolución porque sabréis utilizarlos.
Diréis: ¡Qué bien!
Otra magnífica ocasión para volverse más fuerte, más sabio, más
espiritual. Y cuantas más ocasiones de
este tipo tengáis, más vais a fortaleceros. Si no tuvieses estas ocasiones, no
os desarrollaríais.
Naturalmente, es muy difícil. Para conseguirlo hay que estar muy bien
ejercitado, y hasta que así sea, ¡cuántos fracasos cosecharéis! Caeréis, os levantaréis, volveréis a caer, os volveréis a levantar… hasta el día
en que llegaréis a controlaros y seréis verdaderamente extraordinario. He ahí el camino. Es difícil, pero es el camino de la
omnipotencia.

