El sol es una fuente de energía viviente para todo el sistema solar. Con relación
a la tierra, la energía solar es positiva. Esta energía genera electricidad positiva
y negativa, así como magnetismo positivo y negativo.
La energía terrestre con
relación al sol, es negativa (la tierra tiene dos clases de energía, pero la
negativa es la predominante, mientras que de las dos clases de energía que el
sol posee, la positiva es la que prima) La vida en la tierra se produce mediante
el contacto de estas dos clases de energía. El poderoso mediador que une y
transforma esas dos energías es llamado éter por los científicos. Penetra todo
el espacio y toda la tierra. Los ocultistas lo denominan plasma vivificante. Los
místicos lo conocen como espíritu. En el libro del Génesis (1:1-2) se dice: “En
el principio Dios creó los cielos y la tierra. La tierra era un caos y estaba vacía,
y las tinieblas se cernían sobre el abismo, y el espíritu de Dios aleteaba por
encima de las aguas”.
La estructura del sol es la misma que la de las células. En el sol hay tres zonas:
la primera prepara las energías; la segunda las reúne, acumula y transforma, y
la tercera, las dirige a la tierra. Esas tres zonas existen también en las células:
la zona externa recibe la energía solar; la segunda la acumula en su interior, y
la tercera la trabaja y transforma en una fuerza vital. Esas tres regiones se
encuentran asimismo en el organismo, aunque en una forma más
evolucionada. En el embrión, uno puede reconocerlas muy fácilmente. La
primera, externa, que envuelve al embrión, es llamada ectodermo; la intermedia
es el mesodermo; la que está en el interior, en el centro, es el endodermo.
La energía que nuestro sol recibe del sol central de nuestro universo visible, es
en principio positiva, pero posteriormente se polariza en positiva y negativa.
Existe una importante ley que establece que cuanto más negativa es la tierra,
mayor es su capacidad de recibir la energía positiva del sol, e inversamente,
cuanto más positiva es la tierra, menor es su capacidad receptiva.
Toda entidad del firmamento recibe energía a través de su polo negativo, y las
emite por su polo positivo. Cuando un centro es positivo, da, y cuando es
negativo, recibe.
La energía positiva crea, mientras que la negativa, construye.
La mayor parte de la energía que nuestro sol recibe del sol central, se consume
por el propio sol. En realidad, sólo una pequeña parte de la misma es
transmitida a los planetas.
Las energías que la tierra recibe del sol, experimentan una transformación
considerable, pues cuando atraviesan los estratos terrestres, éstos absorben
todos sus elementos nutrientes, quedando sólo los que no son aprovechables.
Luego, la tierra arroja al espacio cósmico aquellas energías que no son
beneficiosas a su crecimiento y desarrollo.
Desde allí, mediante ciertos mecanismos, esas energías vuelven al sol, quien a
su vez las reenvía al sol central para su ulterior modificación y transformación,
hasta conseguir su vibración original.
Desde la medianoche hasta el mediodía, la tierra es negativa y es cuando más
recibe. En cambio, desde el mediodía hasta la medianoche, es positiva y
cuando más da. Al comienzo de la medianoche, la tierra empieza a proyectar
energía negativa al espacio cósmico, y a cambio, a recibir energía solar
positiva.
En el ocaso, la tierra es positiva en grado sumo, y consecuentemente da el
máximo. Por la tarde, la tierra empieza a proyectar energías positivas en el
espacio cósmico, y después de haberlas emitido en suficiente cantidad, se
torna negativa.
Todo esto tiene lugar gradualmente, y es hacia la medianoche
cuando la energía negativa empieza a predominar. La tierra es negativa en su
mayor grado durante el amanecer, lo que significa que es en dicho momento
cuando más recibe. Este hecho es de vital importancia para nosotros, pues
revela el gran significado y valor de la salida del sol. Debemos tener presente la
siguiente ley: formamos parte de la entidad terráquea, y por ello, cuando la
tierra recibe, también nosotros recibimos, y cuando la tierra da, también
nosotros damos. Éste es el motivo de que los primeros rayos del sol sean los más poderosos.
En ese momento, el organismo humano es sumamente receptivo a las
energías solares. Existe siempre una mayor energía vital o prana durante la
mañana que al mediodía, y el organismo viviente absorbe la máxima cantidad
de energía positiva (prana) en aquel momento. Los primeros rayos del sol
(durante el amanecer) rebosan energía. Es el momento en que el sol está en el
apogeo de su actividad.
La energía solar, a lo largo del día, pasa por cuatro diferentes estados.
Desde
las 12 de la medianoche hasta las 12 del mediodía se produce un flujo de
energía solar, y desde el mediodía hasta la medianoche, un reflujo.
El flujo, que empieza a medianoche, alcanza su punto culminante en el
momento de la salida del sol, y es entonces cuando es más vigoroso y
vivificante. Va decreciendo gradualmente hasta el mediodía, comenzando
entonces el reflujo, que llega a su cenit durante el ocaso. Según la ley del
movimiento, la parte de la tierra que tiende hacia el sol y está más cerca de él,
se encuentra en óptimas condiciones para su crecimiento, en tanto que la parte
cuya distancia hasta el sol aumenta, pierde la mayor parte de tales
condiciones. Una hora antes de la salida del sol, la energía solar ejerce una
influencia purificante sobre las células del cuerpo humano, y al limpiarlas y
vigorizarlas, crea un nuevo impulso energético en todo el cuerpo.
Antes de la salida del sol, los rayos refractados en la atmósfera influyen
especialmente sobre el cerebro.
Durante la salida del sol, los rayos que llegan
directamente, afectan principalmente al sistema respiratorio y a nuestra
percepción. Hacia el mediodía, los mismos rayos influyen en nuestro sistema
digestivo. De ahí que el poder curativo de la energía solar difiera de acuerdo
con las diferentes horas del día. Antes de la salida del sol, es el momento
adecuado para el mejoramiento del sistema nervioso cerebral. Durante su
salida, para el fortalecimiento del sistema respiratorio, y desde las 9 hasta las
12 del mediodía, para robustecer el estómago, es decir, durante este lapso de
tiempo, los rayos solares tienen un efecto curativo sobre el estómago enfermo.
Por la tarde, las propiedades sanadoras de la energía solar son más reducidas
A primera vista parece que los rayos solares deberían tener su mayor poder de
curación entre la una y las dos de la tarde, cuando la temperatura es más
elevada. Pero si los rayos solares ejercieran su poder curativo a través de su
calor, ¿por qué, entonces, el calor de una estufa no puede sustituirlos a
efectos curativos? No es el calor solar el factor curativo más importante. Tal
función corresponde a otra energía de orden superior, a la que podemos llamar
prana (energía vital) debido a la cual la tierra es más receptiva por la mañana.
Las últimas investigaciones científicas han llegado a la conclusión de que los
rayos solares tienen su máximo poder curativo antes del mediodía.
Alguien
podría objetar que cuando es amanecer para nosotros, es el mediodía para
algunos y el ocaso para otros. Entonces, ¿por qué esta diferencia en la acción
curativa de los rayos durante las diferentes horas del día? La razón de esta
diferencia radica en la variante capacidad receptiva de la tierra y del organismo.
Sigamos el curso del año como un símil de este hecho. Los rayos solares no
actúan uniformemente durante todas las estaciones del año. La tierra es más
negativa al principio de la primavera, y por ello, es en dicha época cuando
recibe el máximo. Por esta razón, los rayos solares tienen su máximo poder
curativo durante la primavera. Luego, la tierra se va volviendo gradualmente
más positiva. Durante el verano es totalmente positiva y recibe menos. Los
rayos del verano también tienen propiedades sanadoras, aunque en menor
grado.
A principios de primavera es cuando hay más prana y el organismo absorbe la
mayor cantidad posible, en tanto que en verano aumenta el calor pero no el
prana o energía vital que tanto abunda en primavera. Hay ciertos signos
mediante los cuales podemos saber cuándo la naturaleza es más rica en
prana.
De esta forma, la energía solar ejerce cuatro clases de influencia durante cada
una de las cuatro estaciones.
La primavera y el verano representan el flujo de
energía, y el otoño y el invierno, el reflujo.
Por este motivo, la mayor influencia
benéfica del sol empieza el 22 de Marzo. Todos los organismos bien
constituidos se aprovechan de esa energía, mientras que, por el contrario, los
debilitados se debilitan todavía más.
La tierra empieza su trabajo creativo el 22 de Marzo. Sus fuerzas creativas
llegan entonces a la cima de su actividad. Al llegar a la tierra durante este
período grandes cantidades de energía solar positiva, la energía creativa de la
tierra se incrementa provocando un intenso crecimiento en todas las cosas. La
más grande actividad orgánica acontece en ese período.La época más favorable para la renovación y desarrollo empieza el 22 de
Marzo y continúa durante todo Abril y Mayo, hasta el 22 de Junio. A partir de
ahí, todo crecimiento cesa.
El día puede ser dividido en 4 períodos de 6 horas cada uno: desde la
medianoche hasta las 6 de la mañana equivale a la primavera. De las 6 de la
mañana hasta las l2 del mediodía, es el verano. De las 12 del mediodía a las 6
de la tarde (hasta la puesta del sol) es el otoño. Y desde las 6 de la tarde hasta
la medianoche, es el invierno. Debido a los movimientos de la tierra durante
determinadas épocas del año, el período de verano dentro del día, es más
largo, y el invierno más corto. En invierno ocurre lo contrario.
Nosotros, los habitantes de la tierra, debemos seguir en nuestras vidas el
ejemplo que nos dan las plantas. Ellas entienden mejor que nosotros la ley del
crecimiento.
La energía solar llega aquí en una gran corriente que envuelve a la
tierra de norte a sur y luego regresa al sol. Algunos estudiosos mantienen la
idea de que es precisamente esta energía la que hace girar a la tierra en torno
a su eje. Cuando ciertas plantas sienten que esta potente energía inicia su
influencia y manifestación en la tierra, comienzan a germinar y a prepararse, y
cuando la energía aumenta, florecen y tratan de absorber la mayor cantidad
posible de esta energía a fin de fructificar. Esta energía es transmitida a las
plantas mediante el plasma vivificante. Por esta razón, cuando vemos germinar
y florecer a las plantas, el alma humana debe experimentar una nueva
sensación de gozo interior, como si el día de su liberación se aproximase.
Todas las fibras del ser humano debieran vibrar con un sentimiento de ternura
hacia esta fuerza vigorizante que le envuelve, como recipiente de su influencia
benéfica que reverdece y renueva sus pensamientos, sentimientos y fuerza.
En primavera y verano, empezando el 22 de Marzo, es bueno acostarse
temprano y levantarse antes de la salida del sol para darle la bienvenida y
recibir la parte que a cada uno le corresponda, al igual que las abejas absorben
el néctar de las flores. Sería suficiente que las personas practicasen esto
durante algunos años para convencerse de la verdad de esta aseveración. No
es necesaria una fe ciega, cada uno debe trabajar según sus propias
concepciones y opiniones con relación a la beneficiosa influencia del sol. No
hay margen para la decepción, porque esto está basado en un entendimiento
profundo de una ley fundamental de la augusta naturaleza.
Deberíamos estar
siempre de acuerdo con sus preceptos y comprender que contienen métodos
para regular nuestra vida. Si vivimos de conformidad con ellos, podremos
permanecer siempre despiertos, sanos, fuertes y felices.
Por ello, debemos tener el corazón lleno de los mejores sentimientos cuando
vamos a dar la bienvenida a algún servidor de la naturaleza. Y uno de estos
sirvientes es el sol. Por eso los salmistas dicen: “Y se volvieron y vieron a Dios
en la mañana” (Salmo 78) y “Es bueno dar gracias a Jehová y cantar alabanzas
a Tu nombre, oh Altísimo; pregonar Tu amor por la mañana” (Salmo 92). Pero
no dice: “Cantemos alabanzas a Ti, Señor, en el atardecer”. Cuando la
naturaleza empieza a trabajar, también nosotros deberíamos empezar nuestro
trabajo. Y esto es lo divino, lo sublime de la vida: pensar y sentir según las indicaciones de la suprema inteligencia de la sublime naturaleza viviente, y no
seguir las invenciones de los diversos sistemas y creencias de los hombres. La
más correcta concepción de la vida es la Verdad; la esencia de la vida es el
Amor y el sentido de esta vida es la Sabiduría.
Hemos dicho anteriormente que existe una analogía entre el sistema solar y el
organismo. Los procesos que tienen lugar en el organismo son similares a los
que acontecen en el sistema solar. Cuando la energía solar penetra el cerebro,
éste experimenta las mismas modificaciones que acontecen cuando aquélla
entra en el sol después de dejar el sol central.
Este hecho es difícil de explicar, pues los hombres, por lo general, tienen una
concepción mecanicista de las cosas en lugar de una mental basada en la
razón.
Los sentimientos, la sensitividad, constituyen el polo negativo, mientras
que el pensamiento es el polo positivo. En el organismo humano, el cerebro es
positivo y el sistema nervioso simpático es negativo.
Ocurre lo mismo en el cosmos. En el lado izquierdo del ser humano, la energía
desciende hacia el pie izquierdo, y luego, a través del pie derecho y del lado
derecho, sigue un movimiento ascendente. Existe una corriente
electromagnética alrededor del organismo. Por ejemplo, la energía positiva
circula a través de la ceja derecha, después gira y pasa bajo el mismo ojo,
donde se convierte en energía negativa. Desde ahí sube hasta el ojo izquierdo,
donde se transforma de nuevo en positiva. Luego se desplaza hasta debajo del
mismo ojo como energía negativa. De este modo el movimiento de esta
energía se asemeja al número 8.
En el entrecejo o en la raíz de la nariz, hay un centro que regula las corrientes
alrededor de los ojos. Podríamos llamar a ese centro el Silencioso, el de
naturaleza Racional, que regula las fuerzas.
La circulación de la sangre se debe principalmente a las corrientes
electromagnéticas. Si éstas no ayudan a la circulación de la sangre arterial, el
corazón se verá incapaz de hacerlo por si mismo. Pero la sangre circula en el
organismo humano con la ayuda de ese impulso cósmico que hay en el mundo,
que regula constantemente la circulación de la sangre en todos los organismos.
Los movimientos de este protoplasma en la célula, la circulación y rotación, el
movimiento del sol, de los planetas y de las otras entidades celestes, se debe a
esta misma corriente electromagnética.
La energía que la tierra atrae del sol puede ser comparada a la sangre arterial,
y la que devuelve al sol, equivale la sangre venosa. Nuestro sol desempeña el
papel de un corazón, pero dicho papel es jugado de mejor manera por el sol
central. Del mismo modo que la sangre impura debe volver desde los tejidos al
corazón y luego a los pulmones para ser purificada, la energía de la tierra
vuelve al sol para recobrar su ritmo primitivo.
No consideremos al sol como un cuerpo inerte, ya que es una entidad viviente.
Supongamos, por ejemplo, que algún erudito se dirigiese desde un lugar muy
lejano a sus coetáneos enviándoles solamente su imagen externa. ¿Qué idea
nos formaríamos sobre este hombre?
El estudio que hiciésemos sobre él, se
referiría solamente a su aspecto físico. Supongamos por contra, que este
mismo erudito, sirviéndose de algún reflector, nos enviase sus rayos (unos
buenos poemas mediante los cuales nos envía sus saludos, o nos mandara
sus regalos) En el primer caso su energía sería destructiva, en el segundo,
estimulante, y en el tercero, revitalizadora.
En la actualidad estudiamos solamente las dos clases de energías solares.
Todas las enfermedades que hay en la tierra son causadas por el sol, es decir,
si somos duros de corazón, irresponsables y tozudos, el sol nos saluda
solamente con su aspecto material, pero si somos inteligentes, nos saluda con
bellos poemas que nos colman de gozo y alegría. Por último, si estamos
elevados espiritualmente y amamos la naturaleza, nos envía sus frutos vivos
que depositan en nosotros el germen de una nueva vida, lo que en la religión
se denomina Resurrección.
Los ignorantes entenderán la naturaleza según sus leyes restrictivas, físicas.
Los sabios, por sus hermosos e iluminadores poemas, y el espiritual, por sus
frutos vivificantes, de los cuales fluye la vida para toda la humanidad.
En la ciencia oculta ha sido establecido que cuando nos independizamos
de la influencia de la tierra, no recibimos a través de ella, sino del sol
directamente. De ahí vendrá nuestra libertad. Por ejemplo, los santos y
otros seres avanzados, reciben directamente del sol. Aunque el sol se
haya puesto, el genio, el santo o el iniciado, lo ven y atraen de él.
Durante el día somos menos dependientes de la tierra que por la noche,
cuando la tierra está entre el sol y nosotros. Para que el hombre esté en armonía con las corrientes cósmicas, su
cabeza, durante el sueño, debe apuntar hacia el norte o al este.
PETRA DEUNOV

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